Marinette se había convertido en una persona muy especial para Chat Noir. ¿Cómo había sucedido eso? Es que, ella siempre estaba dispuesta a escucharlo, y aunque no podía dar demasiada información, ella escuchaba pacientemente y lo apoyaba en cada problema que tenía. A veces, el simple hecho de tener a alguien que te escuchara era más que suficiente.
—Algún día sueño con salir de la casa de mi padre, quizás cuando cumpla la mayoría de edad —comentó Chat Noir mientras comía un poco de pastel de chocolate, estaba delicioso.
—¿Y qué piensas hacer una vez que te vayas de ahí? —preguntó Marinette.
—La verdad es que no sé qué es lo que quiero hacer con mi vida —la azabache lo miró con sorpresa, esa sí que era una gran revelación —. Durante toda mí vida he hecho lo que los demás quieren que haga, jamás me he detenido a pensar en algo que yo quiera hacer —explicó.
La mirada de la azabache se llenó de tristeza, era increíble como un chico que demostraba una infinita felicidad escondiera tanto dolor.
—Eso es injusto —ella se levantó para quedar más cerca de su amigo —. Chat Noir, no puedes vivir para complacer a los demás. ¿Qué hay de lo que tú quieres? Es tú vida.
—¿Y qué hay de las personas que aprecio? Si yo no hago lo que ellos quieren, ellos serán los afectados, ellos no serán felices —debería hablar solo de su padre, pero preferiría no dar más detalles, por eso se expresaba en plural.
—¿A qué te refieres?
—Que si un día los desobedezco, estoy seguro de que lo haré sufrir mucho.
Marinette se sentó frente a Chat Noir. Los ojos de la chica tenían un brillo muy lindo, uno que él nunca antes vio en ella. Pero sí le hicieron recordar un poco a... Ladybug.
—No pienses solo en los demás, tú también eres un ser humano y tienes todo el derecho del mundo a opinar y a decidir por ti mismo —le dijo con determinación —. Si vives complaciendo a los demás, lo único que conseguirás será ser infeliz durante toda tú vida.
Chat Noir asintió, aún pensaba un poco en su vida pasada. Recordó que cuando era pequeño le gustaba mucho jugar con su madre, interpretaban obras de teatro. Y si lo pensaba con detenimiento, ahora mismo él estaba interpretando a todo un personaje: Chat Noir.
La mayor actuación de su vida era ser Chat Noir, porque representaba el lado infantil que siempre quiso tener en su vida real, representaba a Adrien Agreste tal y cómo era. Entonces se dio cuenta de que era un gran actor, porque interpretaba a dos personajes completamente diferentes: Adrien Agreste y Chat Noir.
—¿Sabes algo, Marinette? Puede que aún no sepa que quiero hacer en el futuro, pero hay algo que me gusta: actuar.
Ella le sonrió.
—Algún día sé que serás él mejor actor del mundo. Y sí después piensas en otra cosa, sé que podrás hacerlo —ella lo ánimo. Él sonrió y se levantó, la fundió en un abrazo, uno largo y lleno de sentimientos. Cuando se separaron no pudo evitar emitir un sonido de dolor.
—¿Qué te pasó? —preguntó ella, preocupada.
—Estás pisando mí cola —explicó él. Ella en seguida observó el suelo, y efectivamente pisaba su cola de cinturón, apartó su pie de inmediato —. ¡Oh!, lo siento mucho.
—No te preocupes —él tomó su colita entre sus manos y la acarició suavemente.
—¿Cuándo te conviertes en Chat Noir, esa cola forma parte de ti? —preguntó ella asombrada —. ¿Si alguien la daña, a ti te duele?
—Sí. Al igual que las orejas —las movió de arriba hacia abajo, Marinette sintió mucha ternura ante eso —. Y las garras también —hizo un sonido de "¡GRR!" mientras mostraba sus garras. Ella rió.
—Yo pensé que la cola era solo un adorno, después de todo... es un cinturón.
—Pensaste mal.
—¡Oh, tengo una idea!
Marinette buscó entre sus cosas, y de ellas sacó un listón de color rojo. Luego con algo de timidez, tomó entre sus manos la colita de Chat Noir, y en ella colocó la cintita roja.
Chat la observó con algo de risa, ¿en serio se le ocurrió eso?
—Ahora cada vez que te transformes, pensarás en mí. Y así cuando te vea, recordaré que no debo pisar tú colita —explicó ella. Él solo fue capaz de reír tiernamente.
—Eres muy especial, Marinette —le dijo con ternura.
