La historia y trilogía de "The Darkness Within" pertenece a la autora Kurinoone, quien me ha dado el permiso para utilizarla.
El crédito a la traducción de la historia "The Darkness Within" es para la autora Nymphadora Tonks, quien también me ha dado autorización de usarla.
Como bien sabemos y aunque me duela en el alma la saga de Harry Potter es propiedad de la increíble J. K. Rowling, la trama es solamente mía
Yo solo juego y me divierto con los personajes de dichas autoras.
Esperó que les sea de su agrado.
Disfrútenlo.
–Eso es todo. – concluyó el menor, varón, de los Weasley. Dejó el libro en medio de la mesa con algo de pesar. Si alguien hubiera tirado una aguja hubiera hecho eco el sonido.
No pasó mucho tiempo, desde que Ron cerrara el libro, cuando "alguien" volvió a golpear la puerta con violencia y un toque de desesperación. Todos salieron de su estupor y, con los ojos abiertos de la impresión, miraron la puerta.
No tuvieron ni tiempo para ponerse, otra vez, en guardia cuando el espejo brilló y la segunda chica que habían conocido apareció. Su rostro estaba serio y, por primera vez, vieron un toque de perplejidad. No es que la hayan conocido de hace mucho, pero era evidente que esa expresión no era regular en ella.
– "Orden del fénix, prepárense."– Dijo con seriedad–. Lo que les espera no puede considerarse fácil y mucho menos agradable. No queremos asustarlos, pero..."– soltó un suspiro. Pasó su mano derecha por su rostro mientras, sin despistarlo, miraba algo o a alguien frente a ella, que era, suponiendo que las conjeturas fuesen correctas, lo que la tenía así–. "Paciencia… Y no hagan ni digan nada que no quieran se les sea dirigido a ustedes."– se cortó la comunicación.
Al mismo tiempo que la chica del espejo había desaparecido la puerta se abrió de par en par y una sombra, lenta y peligrosamente, se iba acercando.
Muchos tal vez mientan al respecto de lo que sucedió allí. Otros simplemente quieran olvidarlo o maquillarlo, pero nadie podía eliminar lo que se había efectuado allí.
Lily y James se pusieron de pie, el último con varita en mano, aunque parecía que podía caérsele en cuestión de nada, con asombro. Los ojos de ambos se encontraban abiertos de par en par, Lily temblaba sin saber cuál era la emoción que les embriagaba.
Sirius y Remus se encontraban, podría decirse, casi del mismo modo que James y Lily. La culpa del primero ante lo antes leído no dejaba de carcomerle y, el verlo allí… Sirius tuvo que recargarse en la mesa sabiendo que le sería imposible mantenerse un momento más de pie. Remus era otra cosa. Él jamás creyó que podría ser posible el hecho de que el dolor pudiera multiplicarse, pero había sucedido. La otra parte de él, que aun en la actualidad quería reprimir, empezó a agitarse. Quería acercarse a él, abrazarle, protegerlo. Protegerlo como no lo había hecho, protegerlo de todo lo que lo rodeaba, pero vio esos ojos… esos ojos que transmitían tantos sentimientos negativos. Había dolor, ira, enojo, rencor y venganza. Lunático, en su subconsciente, aulló de dolor.
Albus, McGonagall y Severus, los cuales también se habían parado, miraban con algo de incredulidad; más el primero y el último, ante lo que se les presentaba. ¿Cómo pudieron haber hecho eso? El encantamiento Fidelio también era algo que les preocupaba. La facilidad con la que lo burlaban…. Albus suspiró sin despegar la mirada de la puerta.
Moody y Kingsley sin esperar tiempo levantaron la varita y apuntaron en dirección a la puerta. El peligro, solo un tonto no se daría cuenta, se podía sentir a distancia.
Los Longbottom y los Weasley estaban perplejos. Deducir quien era podría ser sencillo, más por un característico elemento que la lectura regularmente mencionaba, pero esa no era la cuestión importante. La primera familia se había enterado del futuro que les esperaba de sus manos, y los Weasley, a estas alturas, tenían buenos motivos para su falta de reacción. Los patriarcas estaban en forma defensiva, dispuestos a proteger a su familia.
Los chicos, sí, habían estado todo el momento apoyando al príncipe oscuro, pero el verlo… se pusieron de pie, e inconscientemente, se fueron acercando a él, solo hasta el punto en el que Frank, Arthur y James los detuvieron con un simple movimiento, menos a uno.
Damien se acercó, evadiendo a su padre, sin dejar de mirarle. Dio unos pasos más hacia él.
– ¿Harry?
Un muchacho con máscara plateada miró al pequeño de los Potter. Verde con café se encontraron.
Nadie se movió ni dijo nada, y no es como si tuvieran mucho que decir. La tensión, el sentimiento negativo y el presentimiento de que algo malo podía ocurrir, obviamente, estaba presente en el lugar. Los adultos se removieron con algo de nerviosismo.
Todos miraban a los hermanos, aunque la principal atención se encontraba en el nuevo visitante, quién mantenía, desde que había llegado, las manos hechas puños, –un claro signo de que estaban ante alguien con un temperamento que no era para nada agradable–, mientras mantenía fija su mirada en el niño de 10 años.
–Harry, ¿eres tú? – se acercó un poco más a él. El sentimiento fraterno, no lo iba a negar, lo había sentido con los Weasley y Neville, pero el estar frente a su hermano, (¡Su verdadero hermano!) era algo único e inimaginable, no había punto de comparación, aunque quería mucho a sus amigos jamás habían podido llenar las ganas de tener un hermano, uno que ahora sabía que tenía.
Tal vez le podrían considerar estúpido al estar arriesgándose en esa "magnitud," acercándose a un chico que posiblemente ni siquiera sabía quién era, que tal vez lo hubiera pasado de largo si se lo hubiera encontrado en otra situación, pero no podía evitarlo. Cuando había oído de él, un sentimiento de pérdida se había instalado en su interior, pero lo había sustituido rápidamente con demasiados planes forjándose, por todas esas cosas que siempre había querido hacer, esas cosas que podían llegar a hacerlas juntos.
Dio unos pasos más, quitando el espacio que los separaba. Se sentía como si un imán lo estuviera controlando. Él quería estar junto a su hermano.
–Hijo…– llamó James con una voz neutra logrando contener la explosión de emociones y sentimientos que irremediablemente estaba sintiendo–. Acércate, lentamente, a mí. – dijo estirando la mano en su dirección, pero sin despegar la vista de aquella persona. De él, quien irremediablemente era su primogénito, y que nadie se atreviera a sugerir lo contrario. De él, quien le odiaba. Suspiró. Admitía que no sabía muy bien que era lo que sentía, se dividía entre correr y abrazarlo para jamás soltarlo, o, aunque le doliera, ponerse a la defensiva y alejar a su Damien de él por temer que estuviera en peligro. No hubo respuesta por parte de su hijo menor.
Damien, obviamente, no estaba ignorando a su padre, bueno, en parte sí lo estaba haciendo, pero no era por ser irrespetuoso ni nada parecido, simplemente que encontrarse en esa situación, con su hermano allí y que quisieran alejarlo, aun cuando pudiera llegar a comprender el motivo por el cual lo hacían, no le sentaba para nada bien y prefería no hacer caso. No, no quería que eso sucediese y no, no iba a permitirlo.
–Harry… – repitió/suplicó, pero ya no en forma de pregunta, sino de un modo relajado, un tono de voz que hubiera empleado todos los días, las 24 horas, cuando tuviera que dirigirse a él, ya sea para platicar de bromas, pedirle un consejo, o solamente por hablarle. Tal vez nunca había visto a su hermano y mucho menos había escuchado de él hasta que leyeron los libros, pero indudablemente, aun teniendo la máscara puesta, podía reconocerlo: él era su hermano mayor.
El enmascarado, Harry, cerró los ojos por un momento, como si estuviera luchando con recuerdos o pensamientos contradictorios, aunque en esta situación cualquiera lo hubiera entendido, después de todo, esto no era para nada fácil. Cuando el ojiverde abrió sus ojos Damien pudo ver reconocimiento. Lo reconocía como su hermano. Estaba tan extasiado que no iba a ponerse a cuestionar el cómo lo había hecho y la verdad es que a estas alturas eso era lo que menos importaba. Él aceptaba hasta si le decían que la conexión de hermanos era quien había intercedido para que pudiese aceptar el hecho de que estaban, sanguíneamente, relacionados. Ambos dieron un paso más de cerca, ignorando la situación del resto de la gente y el cómo se ponían, nuevamente, a la defensiva todos los adultos en la habitación.
– ¡Hijo, ven aquí inmediatamente! –gritó/gruñó James. Aun cuando los dos eran sus hijos, no sabía hasta donde llegaba el desprecio que su primogénito, claramente, profesaba hacia su familia, hacia él. No quería, por nada en el mundo, que algo pasara a su hijo menor. Por un milisegundo, y sin darse cuenta de lo que estaba haciendo y de lo que podía desencadenar, la varita, que antes apuntaba al príncipe oscuro, señaló al pequeño Potter. Un accidente que, obviamente, podría salir muy caro.
La sorpresa hizo que la mayoría viera como si todo estuviera ocurriendo en cámara lenta, y aun así lo sucedido había pasado tan rápido que ni siquiera un pensadero iba a ser de utilidad para poder apreciar lo que se estaba suscitando. Con los ojos abiertos los integrantes de la orden observaron como un cuerpo era arrojado hacia un lado de la habitación con una velocidad y precisión tan sorprendente. El silencio, en el cual se había sumido la habitación, hizo posible que se escucharan, lo que parecía ser unos huesos quebrándose cuando llegó el impacto contra la pared.
Un grito sordo. Una exhalación precipitada. Una posible amenaza. Y un…
– ¡JAMES! / ¡CORNAMENTA! – gritaron. Harry se colocó frente a Damien, quien estaba en shock y, podría decirse que hasta en trance, tanto así que ni siquiera se daba cuenta de lo que estaba por desarrollarse a continuación, de lo que se estaba desarrollando. El ojiverde tenía su mirada inmersa en un estoicismo, casi de una manera seca y, hasta podríamos decir, algo indiferente, aunque eso no quitaba que estaba en guardia, ante todo lo que se le presentaba.
– ¡Baja la varita, mocoso! – gruñó Alastor mientras se acercaba lentamente, siendo respaldado por los demás Aurores que se encontraban en la habitación, con varita en mano. Estaban en una formación lineal con una postura firme para enfrentar al chico, aunque su plan era, con suma sutileza, empezar a rodearlo y poder desestabilizarlo–. No queremos lastimarte, así que mejor ríndete. ¡Expelliarmus! – arrojó de improvisto. El hechizo fue desviado con tanta facilidad que hasta daba lástima. El príncipe oscuro ni siquiera había perdido su porte inicial, aunque sus ojos estaban entrecerrados y a la defensiva, y tenía una sonrisa casi irónica que dejaba perplejo a algunas personas.
– ¡Expelliarmus!
– ¡Expulso!
– ¡Desmaius!
Harry levantó una burbuja azul, con lo cual los hechizos fueron absorbidos. Aunque los Aurores ya habían escuchado de ese inusual escudo, no era lo mismo que el verlo en persona. El titubeo generado por ellos fue la grieta que el hijo de Voldemort aprovechó para el contrataque.
Los Aurores, uno a uno, fueron arrojados contra la pared con un simple movimiento, como si estuviera luchando con unos niños de parvulario. Harry hizo ademán de querer avanzar hacia ellos y empezar a atacar, –los que estaban de espectadores no pudieron replantearse el hecho de que los había dejado fuera de ronda y aún no había lanzado un hechizo tal cual–, pero una mano lo retuvo.
–Harry… no.– Damien reacciono después de un momento de shock y lo sujetó poniéndose enfrente de él como escudo. Sus ojos estaban abiertos, aunque no sabía con claridad que era lo que debía sentir. El haber visto a este chico, el cual era su hermano, herir a su padre como si nada, el cual aún no sabía cómo estaba, y a los Aurores sin siquiera moverse era algo que lo dejaba enmudecido, aunque estaba asombrado y algo maravillado, no le quitaba lo atónito. Miró a su hermano con sentimientos entremezclados. Seguía sujetándole la mano con fuerza, por si llegaba a necesitarla, aun cuando no sirviera de mucho, pero sabía que no lo iba a necesitar. En los ojos verdes de su hermano veía como se estaba tranquilizando o lo más cercano a la tranquilidad que podía poseer. Harry dio un asentimiento, un poco imperceptible, de acuerdo hacia la petición de su hermano, hecho que una castaña y pelirrojo no dejaron pasar, motivo por el cual compartieron una mirada extrañada.
En cuestión de un segundo, el ojiverde colocó al chico tras de él, al ver algo que, obviamente, nadie más había notado.
–Damien. – susurró antes de ser alcanzado por dos hechizos, que llegaron a la par.
El príncipe oscuro cayó desmayado al suelo. El pequeño Potter abrió la boca por la impresión y la sorpresa. ¿Quién le había dicho cuál era su nombre? No se movió ni un centímetro.
–Quisiera admitir que fue sencillo…– murmuró Moody soltando el aliento, mientras se acercaba adolorido por el golpe que se había dado con la pared, al chico con varita en mano preparándose por cualquier improvisto que se pudiera presentar.
Otra pregunta clave era, ¿quién había lanzado el segundo hechizo? Nadie se dio por enterado.
La situación que se envolvía en el cuartel general no era para nada agradable y mucho menos placentera. Algunas de las personas que se encontraban allí, preferían mejor alejarse del horrible campo minado que estaba a punto de estallar.
Los gritos iban en crecimiento, y no había que ser muy inteligente para saber por dónde iban los tiros. Si no habían recurrido a lanzarse maldiciones era porque no querían complicar más el problema de lo que ya estaba.
– ¡Eres un idiota, Moody! – gruñó Sirius, quien era sujetado por Remus aun cuando él también estaba molesto por la actuación del momento. El Auror simplemente lo miró con un rostro en estoico, sin decir nada, y no es porque no quisiera, sino que no quería perder su tiempo en tonterías como esas, aunque estaba a nada de dejar de lado su tranquilidad–. Lo dejaste algo más que inconsciente. ¡Admítelo! No fue solamente un simple Desmaius el que le lanzaste. – gruñó teniendo renovadas fuerzas para lanzarse hacia el viejo cascarrabias.
–No tengo que admitir nada, yo sé lo que le lancé. – gruñó caminando hacia su asiento como si no estuviera siendo amenazado. Él no estaba engañando a nadie, pero su orgullo le impedía hacer que le creyeran; solamente le había lanzado un simple hechizo para dejarlo inconsciente un momento, nada que un enervante no pudiera arreglar, pero al parecer ese no era el efecto que se había producido.
–Atacó a James y, posiblemente, nos iba a atacar a nosotros. – dijo Kingsley seriamente, mientras se encaminaba a un lado de Alastor tratando de que todo se mantuviera bajo control o al menos que no empezara un fuego cruzado.
–No, él no haría eso. – Sirius dejó de moverse inquieto ante la evidente falta de credibilidad al decir esa "afirmación". Aun cuando seguía enojado por lo que había pasado, tenía que admitir que según por lo que había leído era más que evidente el odio que el chico, su ahijado, les profesaba. A leguas se veía que tenía el odio arraigado hasta los huesos. Respiró para tratar de calmarse–. Aun así, no debían de haber hecho eso. – gruñó ante su pensamiento tambaleante, aunque decidió mejor no pensar en eso. Se giró y caminó hacia su amigo, quien ya había despertado acompañado, por su otro mejor amigo. No sabían qué iba a proceder después de esto. La verdad es que no sabía ni que era lo que tenía que sentir.
Sirius Black podía vanagloriarse de que, como buen Gryffindor, podía hacer frente a cualquier situación que se le presentara. Jamás, en todos sus años, había presentado un problema del cual no pudiera reírse al final después de resolverlo sin siquiera despeinarse ni un cabello, pero esto, este día había sido como una bofetada a la cara. La primera situación fue cuando leyó el libro de la otra dimensión. Enterarse de la muerte de sus amigos, de sus hermanos, fue un golpe horrible en su estabilidad, aun cuando eso no había ocurrido y, obviamente, no iba a ocurrir; después revivir el secuestro de su ahijado y, lo que ellos creyeron, era su muerte, fue desentrañar dolores que habían dejado en el fondo de sus corazones, para después recibir una puñalada profunda, al enterarse de que, por 13 años, él había estado vivo y estaba viviendo bajo el techo de ese… ese monstruo. Sí, podía superarlo. Podía superarlo… Sirius Black miró la esquina donde se encontraba su mejor amigo siendo retenido por la sanadora ante su insistencia de querer levantarse, después dirigió su mirada hacia el sillón que albergaba la figura inconsciente de su ahijado. Suspiró con cansancio y pareciera que su rostro, de la nada, había envejecido muchos años. Pasó su mano por su cara y trató de reprimir el llanto de tristeza, desesperación e ira. No, no creía poder superarlo. Por primera vez la valentía de la que presumía se estaba desmoronando frente a él. Mirar a ese niño que había anhelado demasiado, que quería como si fuese su hijo, despreciar a su familia, era un golpe duro.
Remus Lupín había pasado por muchas cosas en toda su vida, sí, admitía que algunas habían sido demasiado duras, pero gracias a sus amigos habían sido posible superarlas o al menos dejar que fuesen tan amargas como, normalmente serían, pero no siempre fue así. Los primeros trece años, después de que se enteraran de lo que había hecho alguien a quien consideraban uno de sus amigos, fueron un infierno, sí es que podemos ponerle una palabra, tanto que aún no podían decir que lo habían podido superar. Aun a sus 34 años no se creía capaz de mencionar que estaba bien, y luego esto. Un golpe tan imprevisto y tan certero, un golpe que había venido a alterar la cúpula de protección que habían forjado alrededor de ellos como mero escudo ante las dificultades; toda su estabilidad emocional se había hecho añicos como si de una gota de agua se tratara. Él no era tonto, tal vez lo que habían leído no era muy informador en cuanto a ciertos detalles que mencionaban, pero el odio que su casi sobrino profesaba hacia ellos, hacia sus padres, no podría tratarse simplemente de un odio arraigado o, en algún otro caso, enseñado por ese monstruo que lo había criado como hijo, no, había algo más allí y él no se creía preparado para afrontar cualquier información que pudiera revelarse. Remus Lupín siempre estaba en pro de descubrir la verdad, pero por primera vez, aun cuando se viera como un cobarde, y puede que lo sea, no se creía capaz de saber esa verdad oculta y menos cuando, –miró a su amiga, la madre de ese chico, acariciar el cabello de su Harry con añoranza, tristeza, alegría y enojo–, ellos podrían salir heridos. Tragó en seco lo que pudiera ser el aullido reprimido de un lobo que había sido herido con algo peor que un pedazo de plata.
–Cornamenta, ¿estás bien? – preguntó Sirius tratando de ocultar el coctel de sentimiento que le estaban invadiendo. Remus se posicionó a un lado de él y miró a James en silencio.
–Sí, lo estoy. En realidad, creo que me duele más algo dentro de mí que los huesos en sí, y eso que Poppy ya me dio algo para arreglar esto. – lo último lo susurró ante el temor de ser escuchado y ser sentenciado a seguir sentado, aunque sus palabras no habían superado el nivel de sonido para que alguien más que los que estaban cerca escucharan.
James les sonrió tratando de aparentar fuerza a sus amigos, pero era un caso absolutamente ridículo, aunque, posiblemente, el estado anímico impidiera que se dieran cuenta de cómo se encontraba.
James Potter no creía que esto en realidad estaba sucediendo, aunque sería un tonto el seguir en una constante negación. Él se caracterizaba por ser un Gryffindor hasta los huesos, y lo que los caracterizaba era la valentía, por lo cual no podía seguir así y tenía que empezar a enfrentar sus miedos, aun cuando su peor miedo se encontrara acostado en ese sillón y fuera su hijo. No le tenía miedo a su hijo en sí, sino de lo que era capaz y del odio y rencor que, indudablemente, les profesaba a ellos. No iba a negar que estaba muy enojado con el Auror cascarrabias que había noqueado a su hijo, pero una parte de su mente aún se cuestionaba hasta donde hubiera llegado todo sino lo hubieran lanzado ese Desmaius. Cerró los ojos con cansancio, como si sus escasos 34 años se hubieran duplicado de la nada.
Su hombrecito, a quien había deseado desde mucho antes de que su Lily hubiera querido salir con él, no lo conocía y un temor se apoderaba de él al pensar en que tal vez, solo tal vez, jamás llegara a conocerlo en su totalidad. Después de todo 13 años no pasaban en vano, ¿Cómo combatir lo que pudiera ser 13 años de odio en tan poco tiempo? No quería decir la palabra, pero hasta James podría reconocer que sonaba casi imposible.
Tomó las manos de sus amigos, con el fin de usarlas como base para poder levantarse. Tenía que verlo, aunque fuese así inconsciente, pero no podía simplemente ignorar el hecho de que estaba allí. Allí con ellos. Se fue acercando poco a poco, tratando de no moverse demasiado rápido, pero al mismo tiempo no aminorando el paso. Su corazón estaba acelerado a mas no poder. Lo que había perdido por lo que podría considerarse su culpa, había aparecido.
– ¿Lily? – musitó James con la voz entrecortada. Un par de ojos verdes, con lágrimas retenidas, le miraron.
Las palabras se le atoraron en la garganta sin siquiera tener voluntad para emitir ni el más simple de los ruidos. Lily Potter neé Evans nuevamente se sentía perdida. ¿Cómo puedes tener algo y al mismo tiempo no tener nada? En esa encrucijada se sentía y no es que pudiera evitarlo.
Sus manos temblaban mientras acariciaba el negro cabello de su hijo. Estaba entre la inminente desesperación de que todo esto pudiera ser un simple sueño y que de la nada fuese a desaparecer para, inevitablemente, le fuese arrancada la esperanza que se había permitido tener; y el dolor de saber que ni, aunque quiera, iba a poder compensar los años perdidos con su hijo. Un hijo a quien, al parecer, no le importaría despacharla y dejarla a un lado como si de nada se tratase.
– ¿Lily? – repitió James en un susurro mientras terminaba de posicionarse a un lado de su esposa. No hubo respuesta y, aunque alguien lo dudara, no es como si la estuviera esperando. Lily se debería de estar sintiendo exactamente como él se estaba sintiendo.
Lily miró el rostro tranquilo de su hijo. Así, aunque fuese solo por un momento, quiso fantasear de que todo lo que había acontecido cuando el solo era un bebé de menos de dos años, no había sucedido. Quiso creer que el hecho de que estuviera así era porque había terminado agotado después de enojarse cuando se le negara salir con sus amigos a tan altas horas de la noche, o que simplemente se estaba recuperando de una simple y sencilla enfermedad que lo había dejado con un severo cansancio. Quiso imaginar que mañana en la mañana el despertaría con mejor humor, con el enojo o enfermedad en el pasado, y le sonreiría mientras le daba un abrazo de buenos días antes de comunicarle que saldría a jugar Quidditch con sus amigos. Quiso… quiso. Pero sabía que, aunque era una linda imaginación, era solamente un simple sueño, un simple deseo que, inexorablemente, no se iba a hacer realidad.
Lily Potter quería acercarse a su hijo, de una manera más próxima que simplemente quedarse a su lado y acariciar su cabello, pero, por primera vez, no sabía cómo iba a proceder y lo que podía, ese gesto, desencadenar.
–James, Lily. – murmuró Albus mientras se acercaba a la triste atmosfera que inundaba el lugar–. Poppy comentó que no hay daño que ponga en riesgo su vida y que, posiblemente, no debe de tardar en despertar. – colocó una de sus manos en el hombro de la mujer pelirroja de un modo comprensivo–. Va a estar bien.
Albus Dumbledore, aunque no sonara muy bien, se vanagloriaba de poder conocer todo, o al menos la mayoría, de lo que sucedía a sus alrededores, aunque últimamente parecía que alguien había avanzado unos pasos por delante de él, y no se sentía muy bien con esos. Tom Riddle había sido demasiado astuto al conservar al hijo mayor de la familia Potter, quien era el más adepto a cumplir las características de la profecía dictada para derrotarle, y el hecho de que lo haya criado y apegado a él... negó ante esa situación tan irónica.
El director se dio la vuelta para retirarse de allí y seguir divagando y darle privacidad a la familia, aunque también influía el hecho de que James Potter le había lanzado una mirada irritada. Una mirada que ya conocía a profundidad que incluía enojo, amenaza, queja y, un poco, de recriminación.
–Tranquilo Damy. – los jóvenes estaban en una esquina, más por obligación y orden de los padres que por gusto, tratando de calmar al chico–. Ya verás que todo estará bien y todo se arreglará. Hay que confiar en los adultos. – concluyó Hermione, aunque alguien que prestase atención hubiera notado que había empezado a vacilar en creer que ellos tuvieran la completa solución.
–Pero… ahora va a odiarme. Por mi culpa lo dejaron inconsciente, si tan solo no le hubiese detenido. – casi, solo casi, quería romperse a llorar por la situación actual, más que nada invadido por la sorpresa de lo que estaba sucediendo. Todos, tanto los Weasley (los hijos), como Neville, Hermione y hasta Tonks, quien se había alejado de los problemas que afrentaban los adultos, se miraron de forma pensativa. Tal vez, solo quizá, las ideas que surgían en las cabezas de cada uno pudiesen diferir en muchos aspectos, pero todos sus pensamientos giraban en torno a Damien.
Hermione, más que nadie, era la que le daba vuelta y vuelta a esa situación, tal vez estaba hasta delirando, pero el hecho de que el hermano mayor de uno de sus amigos, no se sentía segura de sí podía usar su nombre de pila, hubiera hablado con tanta familiaridad no era normal, y más cuando ni siquiera se conocían, aunque… Hermione abrió los ojos, y noto que Ron y Neville también aunque desconociendo a que punto habían llegado, ante una repentina idea que surgió en su mente. Y si… existía una pequeña posibilidad de que el hijo de V–Voldemort supiera de la existencia de su hermano y, al igual que a sus padres, le despreciaba. Aunque eso no explicaba el cambio tan radical, de su actitud y mucho menos el instinto protector que evidentemente había mostrado hacia casi nada de tiempo.
Todos los presentes miraron con sorpresa como el espejo brillaba nuevamente
Salto de espacio y retroceso de tiempo.
–Orden del fénix, prepárense. – la bruja de cabello rubio dijo con un tono de seriedad que rara vez llegaba a utilizar. Sus ojos no estaban concentrados en los individuos que se encontraban en el otro lado del espejo, sino en un punto fijo detrás del artefacto–. Lo que les espera no puede considerarse fácil y mucho menos agradable. – eso era un eufemismo, pero tampoco era como si quisiera mentirles y no llegaran a prepararse–. No queremos asustarlos, pero…– no pudo evitar soltar un suspiro medio exasperado. Quería ir a ayudar, pero alguien tenía que dar el aviso, aunque todo se estuviera adelantando, y dado que ella era la que estaba a cargo del espejo por el momento, pues no quedaba de otra. Ver todo ese alboroto que se estaba gestando era innecesario. Se pasó la mano por el rostro–. Paciencia… Y no hagan ni digan nada que no quieran se les sea dirigido a ustedes. – un hechizo perdido tumbó el espejo lo que hizo que se cortara la comunicación.
Se acercó hacia donde se estaba suscitando la situación. La tensión podía palparse con demasiada facilidad. Con paso lento se interpuso entre la puerta. Ginny, quien se encontraba oculta tras un hechizo que borraba su identidad, le miró.
–Baja la varita. – la rubia le pidió a su mejor amiga de siempre–. Déjalo. – la pelirroja a regañadientes lo hizo. El enmascarado las miró con un toque de incredulidad y perspicacia. Caminó hacia su mediadora con un aura de amenaza y con la varita lista en caso de que la llegara a necesitar nuevamente. Miró los ojos azules desafiándola, pero ella simplemente le sonrió y se hizo a un lado.
–Adelante Harry. – susurró. La puerta se abrió con un golpe seco y el enmascarado salió de la nada para hacer frente a su mundo.
Cuatro ruidos de apariciones llegaron.
– ¿Qué fue lo que sucedió aquí? – dijeron Neville y Harry al mismo tiempo, mientras se acercaban, cada uno, a sus respectivas novias para verificar que no les hubiera pasado nada.
– ¿Acabó de leer el libro que le dimos? – cuestionó Ron con confusión e indignación mientras se ponía a reparar todo lo que se había destruido ante lo que fue una pelea.
–En realidad no sé muy bien ni como ocurrió. – dijo Ginny, sin mirar a nadie, mientras se quitaba el hechizo que se había lanzado de improvisto–. Luna estaba como guardiana del espejo y yo leyendo nuestras notas, cuando Harry adolescente salió de la habitación como si fuese nada. – suspiró la pelirroja.
–Eso es muy extraño, esta es la segunda vez que ocurre y esta vez sí tuvo éxito. – masculló Harry caminando hacia la habitación–. Neville, Ron, acompáñenme. – dijo el ojiverde mientras le daba una mirada a Hermione, quien se había mantenido en silencio solamente mirando a Luna.
Cuando los chicos se fueron la castaña dio un paso al frente.
–Ustedes estuvieron involucradas en este infortunio ¿no? – dijo tratando de que no se le notara lo divertido de la situación, aunque estaba, como era obvio, molesta.
–No sé de lo que hablas Mione. Tal vez tienes torposolos. – dijo Luna sonriendo. Caminó hacia su puesto–. Ouh. – masculló.
–Exactamente eso es lo que se quería evitar. – dijo enojada la castaña–. Bien, hay que aturdirlo. – salió de allí no antes de dirigirles una mirada tanto a la rubia como a la pelirroja.
Salto de espacio.
"–Bueno, eso no fue exactamente como esperábamos que reaccionaran." – dijo una voz que se les hacía conocida pero que no habían escuchado. La nueva chica estaba acompañada con la rubia que les había hablado con anterioridad–. "El chico no se va a despertar por un pequeño rato,"– muchos pudieron notar que al decir la palabra "chico" se había contenido la risa–, "así que les recomiendo que continúen leyendo". – les sonrió. Cuando estaba a punto de cerrar la comunicación alguien se adelantó.
– ¡Esperen! – la castaña de cabello alborotado se adelantó–. Tengo algunas dudas que han surgido con la evolución de los hechos, ¿podrían resolverlas? – los miró con los ojos entrecerrados. Lily, quien se encontraba un poco más lejos, aun a lado de su hijo, volvió a notar que los tres chicos del principio seguían sin aparecer.
– "Hasta en ese mundo sigues siendo igual, ¿verdad M... Hermione?" – se recuperó del trastabilló al querer llamarla por el diminutivo que ellos utilizaban–. "Al final del capítulo veremos qué podemos hacer." – dijo antes de cerrar la comunicación.
–Bien, creo que debemos de seguir su consejo. – sonrió Albus–. Ya escucharon, Harry estará bien. – dijo con ánimo mientras se dirigía a la mesa como si no hubiera sucedido nada. Con un movimiento de varita acomodo todo el desorden que había inundado la cocina de Grimmauld Place. Se sentó en la cabecera. Uno por uno fue dirigiéndose a su lugar. James fue ayudado por Sirius mientras Remus dirigía a una renuente Lily, quien se negaba a abandonar a su hijo–. ¿Quién quiere leer?
–Yo lo haré, director. – dijo Hermione doblando su hoja de apuntes. La mejor solución de resolver, poco a poco, todas sus dudas era leer. El director le tendió el libro. La castaña abrió el libro en la página marcada–. El siguiente capítulo se llama: ¿Harry?
Todos, unos más que otros, miraron al chico inconsciente. Hermione se aclaró la garganta y comenzó.
Sirius se apareció en la entrada del número 12 de Grimmauld Place. Miró a su alrededor rápidamente. No había nadie, así que corrió escaleras arriba hacia una de las habitaciones. En cuanto entró puso al chico en el suelo y corrió hacia la chimenea lanzando un puñado de polvos Flu en ella.
– ¡OFICINA DE DUMBLEDORE, HOGWARTS! – metió la cabeza en el fuego y esperó que dejara de girar. Pronto estuvo mirando la oficina del profesor Dumbledore–. ¡Albus! ¿Albus, estás ahí? – preguntó Sirius rápidamente. No quería que el chico despertara.
La ironía de la situación no se podía dejar pasar, aunque no había nadie lo suficientemente suicida como para reírse en este momento.
Sin mayor interrupción, continuaron.
–Sirius, mi muchacho, ¿qué pasa? – fue la respuesta de Dumbledore mientras se hincaba para mirar la cabeza de Sirius entre las llamas.
–Albus, ¡lo tenemos! Capturamos al Príncipe Oscuro. – Sirius se dio cuenta de lo emocionado que sonaba.
Quien mirara al heredero de los Black podría notar el gesto amargo que parecía lo había acompañado por un tiempo, más que nada desde que habían descubierto el paradero del joven Potter.
James y Remus le miraron con preocupación, aunque no podían dejar de comprenderlo.
– ¡Bien echo muchacho! ¿En dónde está ahora?
–Aquí en el cuartel general, necesito que vengas de prisa y traigas a una enfermera si es posible. – dijo Sirius en voz baja ante la mirada de Dumbledore.
– ¿Qué tan malherido está? – preguntó Dumbledore sin siquiera parpadear.
Todos se inclinaron con expectación. Los Aurores se removieron un poco incómodos, puesto que las miradas de las brujas mayores estaban alertas para enterarse de la situación física en la que había terminado el muchacho.
–Um… Yo… no lo sé. Va a necesitar atención médica, es todo lo que sé. – finalizó Sirius sintiéndose realmente culpable.
Sirius Black dio otro trago a su vaso con Whiskey de fuego con enojo.
–Estaré ahí con Madame Pomfrey en cuanto pueda. – Sirius sacó su cabeza del fuego y esperó a que dejara de dar vueltas. Miró hacia el chico y se sorprendió al ver a Moody y Kingsley en la habitación.
–Ey chicos, ni siquiera los escuché entrar. ¿En dónde están James y los demás?
–En el Ministerio, tenían que acompañar a los Mortífagos capturados. – fue la respuesta de Moody, pero no le quitaba los ojos al chico inconsciente en el piso.
–Dumbledore estará aquí en cualquier momento. – dijo Sirius mientras Moody se aproximaba al chico. Sirius miró a Moody inclinarse sobre el chico y revisar su pulso.
–Está débil, pero aun respira. – informó.
Todos soltaron un suspiro de alivio. Al menos no había salido tan herido, aunque eso no era mejor.
Después se puso detrás y tiró de los brazos del chico hasta dejarlos detrás de su espalda y comenzó a atarlos mágicamente. Un lamento cargado de dolor se escuchó del chico aun en su estado semiinconsciente. Sirius se puso de pie de inmediato.
- ¡Eres un idiota! – gruñeron los merodeadores queriendo lanzarse hacia el viejo Auror. Arthur, Frank y Tonks los detuvieron-. ¿Qué no ves que es solo un niño, que es mi ahijado? – la voz del Animago, la cual había opacado las de sus amigos, tembló
-Tranquilo Canuto, ya hablaremos con él. – dijo James fulminando a Alastor, aunque sí no había hecho nada era porqué ahora su Lily, quien contenía el enojo tras sus mejillas coloradas, lo había sujetado.
-Continué señorita Granger. – dijo McGonagall mirando a todos con severidad.
– ¡Espera! Alastor, ¿qué estás haciendo? – preguntó mientras se dirigía hacia Moody, quien aún seguía revisando que tan apretado estaba el amarre y sin prestar atención a los lamentos del chico ni a su respiración áspera.
–Asegurándome de que el mocoso no pueda huir o usar magia sin varita. – Moody ahora revisaba las ropas del chico y comenzó a sacar todas las armas ocultas entre ellas. Sirius miraba asombrado mientras Moody apilaba las numerosas estrellas ninja y diferentes tipos de dagas en un montón.
- ¡Esto es el colmo! - dijo Moody con incredulidad mientras se ponía de pie y, con una velocidad sorprendente tomando en cuenta sus características físicas, se acercaba al muchacho inconsciente.
- ¡Aléjate de él, Alastor! – dijo James poniéndose de pie de inmediato y esta vez no solo sus amigos se pusieron a su lado, sino que también Arthur y Frank. Los cinco sacaron sus varitas en caso de que las ocuparan.
- ¡Cálmate Potter!, no está haciendo nada. - dijo Severus, quien se había acercado silenciosamente para poder ver lo que se podía desarrollar.
- ¡ALERTA PERMANENTE! – gruñó Moody mientras checaba las ropas del muchacho.
-No va a tener ningún arma. - bufó exasperado Remus-. No creo que los chicos que nos trajeron los libros y… hayan permitido que viniera con ningún objeto punzante. - masculló el hombre lobo.
- ¡Exacto!, así que déjalo en paz. - James colocó su mano en el hombro del Auror y lo hizo para atrás.
-Bien. - se puso de pie y sujetó al muchacho de las manos, sin saber cómo no se le ocurrió antes-. Y no, no pueden quejarse de nada. Este chico podría ser muy su hijo, pero es un peligro para todos.
-Él no es ningún peligro. - gritó Damien, pero nadie le prestó atención por estar ocupados.
-Solo va a ser un momento, James, Lily. – dijo Albus sin saber que más hacer.
Lily se quedó un momento con su hijo y se checó que no lo hayan herido. Todos volvieron a sentarse y continuaron la lectura.
Sirius notó que el chico se había girado y miraba como le quitaban sus armas. Por instinto trato de detener a Moody, pero entonces se dio cuenta de que no podía moverse. Trató de desatar sus manos, pero en lugar de eso solo pudo soltar un grito de dolor cuando su brazo y muñecas rotos se movieron bruscamente por el tirón que les había dado. Sirius miró con pesar como el chico comenzaba a entrar en pánico y sus ojos verdes, aun escondidos tras la máscara plateada, miraban a su alrededor intentando descubrir en donde estaba. Después, los ojos verdes se encontraron con los de Sirius y sintió su corazón romperse al verlos tan llenos de dolor.
"¿Por qué no estoy haciendo nada?" pensaba Sirius tratando de reprimir la impotencia y el dolor que sentía. Tal vez era su subconsciente, pero sentía la mirada de James, Remus, hasta Damien llena de recriminación.
Dio otro trago. Sus ojos miraron a su derecha. Unos ojos verdes le miraron con tristeza. Lily tomo la mano de Sirius intuyendo lo que podría estar pensando y le sonrió.
Moody, sin embargo, no mostraba ningún tipo de simpatía. Caminó alrededor y tomó el montón de armas que había sacado y sin advertencia alguna comenzó a patear cruelmente al chico en las costillas. El muchacho jadeo de dolor. Se encogió sobre sí mismo en un intento de aliviar el dolor en sus ya rotas costillas.
– ¡Moody! ¡Es suficiente! No hay necesidad de hacer eso– Sirius tomó a Moody y tiró de él antes de que pudiera dar otra patada al pobre chico.
–No hay necesidad, ¿eh? Oh yo creo que si la hay. Este… ¡Este pequeño pedazo de mierda es la razón por la que Alice y Frank no están aquí! ¡Es el monstruo que los quemó hasta incinerarlos! ¡Él es la razón de las heridas de nuestros compañeros! ¡Lo voy a matar! –
Los Longbottom compartieron una mirada sin saber cómo reaccionar. Su parte lógica les decía que era incoherente sentir odio hacia alguien que aún no les había hecho nada, pero, aun así. Neville era otra historia. El volver a recordar cómo habían muerto sus padres o la manera en que morirían, no le sentaba nada bien. Apretó los puños con enojo, pero… "Promételo." Neville se tranquilizó al recordar la voz de la chica del espejo.
Moody luchaba contra el agarré de Sirius y se las arregló para alejarse de él. Se paró sobre el chico y lo tomo por el cabello levantándolo rudamente del suelo hasta ponerlo de pie. Sirius vio el dolor reflejado en los ojos del chico. Moody tiró del chico y acercó su rostro al de él–. Voy a hacer que pagues chico, aunque sea lo último que haga.
Sirius miró a Kingsley para ver si compartía el mismo placer que Moody al torturar al chico. Kingsley estaba de pie sin mostrar ninguna emoción en su rostro. La sangre seca de su nariz rota estaba pegada a su rostro y ropas, no le molestaba en lo más mínimo que Moody estuviera lastimando al niño que de por sí ya sufría mucho dolor.
Kingsley sabía que el orgullo también entraba en la ecuación de su comportamiento tan frio. Al menos esperaba que de eso se tratase, ya que dañar a un niño, aun cuando fuese ese niño, no le sentaba bien.
Sirius rezó en silencio por que Dumbledore viniera rápido. Él era el único que podría controlar a Moody. Sirius dio otro paso hacia él.
– ¡Moody, es en serio! ¿Crees que esto está bien? Digo, ya lo atrapamos. Pagará por todos sus crímenes. No tienes por qué hacer esto. – intentó hablar calmadamente con Moody ya que los gritos no habían funcionado. Moody rodeó a Sirius soltando el cabello del chico causando que cayera hasta el suelo tal cual costal de papas.
– ¿Estar bien? ¡Nada de esto está bien! ¿Estuvo bien que los Longbottom fueran asesinados en su propia casa? ¿Estuvo bien que Neville Longbottom quedara huérfano a una edad tan temprana? ¿Estuvo bien que James casi muriera? Eh, ¡respóndeme! – ante la mención de James, Sirius sintió la ira brotar dentro de él. Recordaba cómo se había sentido cuando había visto el cuerpo de su mejor amigo. Recordaba haber temido por la vida de James cuando miró la profunda herida en su cuello y toda la sangre a su alrededor. James había perdido mucha sangre. Pudo haber muerto.
De pronto Sirius, cegado por la ira, camino hasta el chico, quien había sido levantado por Kingsley ya que aparentemente no podía mantenerse de pie el solo. Sirius pasó sus dedos por negro cabello del chico y tiró de él para hacer que levantara el rostro y lo mirara ignorando el jadeo de dolor que escapó de los labios del muchacho.
El animago se tapó los oídos y pegó su rostro a la mesa en un desesperado gesto de no escuchar lo que ya había oído. Él no pudo haber reaccionado así, aun cuando su yo del libro aún no había descubierto nada no era suficiente justificación. Sus manos temblaban de ira reprimida que quería dirigirse hacia sí mismo. Quería gritar de coraje ante la evidente cobardía que estaba cometiendo con un niño. Con su ahijado.
–Creo que es tiempo de que veamos tu bonito rostro, ¿no lo crees? – dijo en voz baja. Los ojos del chico se abrieron con horror e intento zafarse del agarre de Sirius.
– ¡N… no! – se las arregló para murmurar. Sirius rio y lo liberó. El chico trató de alejarse de Sirius lo más que pudo, pero Kingsley lo empujó de vuelta. Sirius puso una mano sobre la máscara plateada y la arrancó de su lugar. La reacción que siguió fue una que Sirius jamás olvidaría. Sirius jadeó y se alejó del chico. Kingsley se las ingenió para mantener firme el agarre a pesar de que se sintió débil al ver al Príncipe Oscuro. Moody solo se quedó paralizado con la boca abierta por el shock.
Sirius rió con ironía ante el hecho. Nadie pasó desapercibido la amargura que salió de su voz.
Hermione miró a su profesora favorita, casi preguntando si debía continuar. La maestra de transfiguraciones dio un tenue asentimiento.
Sirius miró el rostro que le recordaba a alguien que era muy cercano a él, inclusive más que su propio hermano. Miró los ojos esmeraldas que ahora ya podía decir, sin la horrible mascara estorbando, que eran idénticos a los de Lily. Miró al chico que estaba frente a él, su cabello, su cara. Era una copia exacta de James a excepción de los ojos que eran los de Lily. Sirius no necesitaba más pruebas para descubrir quién era el chico de pie frente a él. Era el hijo de James y Lily, su propio ahijado.
Damien sonrió. Por fin conocería a su hermano.
– ¿Harry? – dijo Sirius con voz ahogada. Harry no respondió. Continúo mirando a Sirius con mala cara mientras trataba de permanecer consiente a pesar del dolor que recorría todo su cuerpo– ¿Harry? ¡Tú… tú eres… Harry Potter! – dijo Sirius dando un par de pasos hacia su ahijado. Al escuchar su nombre completo Harry levantó la cabeza y se las arregló para decir en voz baja.
– ¡Mi nombre es… Harry Marvolo! – Sirius se veía como si el cielo se le viniera encima. Rápidamente se acercó al chico y lo tomó por los hombros. Harry cerró los ojos por el dolor, pero no permitió que otro jadeo saliera de sus labios.
Hermione casi quiso leer solo para si para poder resolver con rapidez todas sus dudas, pero tenía que tranquilizarse.
James y Lily se abrazaron con dolor y soltando lagrimas silenciosas. Sí, habían recuperado a su hijo, pero ¿él se consideraba su hijo? No querían enfrentar la evidente verdad.
– ¡No! ¡Tú eres Harry Potter! Eres hijo de James y Lily. ¡Harry Potter! – le dijo Sirius, pensando ingenuamente que le habían ocultado la verdad todos esos años. Harry se sacudió para alejarse de Sirius ignorando el horrible dolor de su brazo y le dedicó una mirada de pocos amigos al Animago.
– ¡No! Yo soy Harry Marvolo. ¡Hijo de Lord Voldemort!
Los señores Potter no necesitaban otra respuesta a su pregunta no formulada y no es como si no la hubieran presentido.
–Harry, por favor…– Sirius se vio interrumpido por una llamarada verde que anunciaba la llegada de alguien. "¡Oh Merlín, por favor que no sea James, por favor, no aun!" deseó Sirius.
James miró a su amigo con una ceja levantada ante tal declaración, aunque tenía una leve idea de a donde iba su pensamiento. James Potter no quería ni imaginarse como reaccionaría si se enterara de ese modo que su hijo estaba vivo, que no lo quería como padre y que, para rematar, le odiaba.
Suspiró y siguió prestando atención.
Se giró para ver a unos desconcertados y sorprendidos Dumbledore y Madame Pomfrey parados en la chimenea. Sirius giró nuevamente para ver a Harry y se quedó en shock al ver la ira y odio que sus ojos desprendían cuando miró a Dumbledore. Harry aun respiraba pesadamente y Sirius estaba seguro de que, si Kingsley lo soltaba, Harry no podría mantenerse de pie por sí solo. Aunque a pesar de eso Harry seguía dedicándole una mirada de muerte a Dumbledore.
El director soltó un suspiro lleno de pesadez. Se talló los ojos perdiendo el brillo que caracterizaba en sus orbes azules. No tenía duda de que Tom le había inculcado ese odio hacia el lado de la luz.
Dumbledore, por otro lado, miraba a Harry con sus azules ojos llenos de incredulidad. Sirius podía ver que Dumbledore estaba en shock y se le dificultaba el hablar. Sirius no sabía qué hacer. Miraba sin poder hacer nada mientras Harry seguía mirando a Dumbledore con cara de pocos amigos.
–Albus, no creo que sea posible. Debe ser una trampa. – miraba a Harry cautelosamente, como si esperara que alguien más saliera de su piel. Sin embargo, Sirius se acercó a Dumbledore y Moody.
–Él es Harry Potter, ¡mi instinto no puede equivocarse en esto! – aseguró Sirius.
–Libéralo. – dijo Dumbledore calmadamente apartando los ojos de Harry para mirar a Moody.
– ¿Qué? – Moody estaba confundido. También a Sirius le tomó un momento darse cuenta de que Dumbledore se refería a los amarres en las manos de Harry–. Oh… claro. – gruñó Moody y con un movimiento de su varita las cuerdas se cortaron liberando a Harry.
Al instante, Harry tomó su brazo lastimado y lo acunó en su pecho protegiéndolo, gimió ante el dolor que sentía en todo su cuerpo. Al escuchar el gemido de dolor, Kingsley lo soltó provocando que Harry cayera hasta el suelo, no podía sostenerse por sí mismo.
Tonks, quién se encontraba a un lado del auror mencionado, le dio un golpe en el brazo. Ella sabía que su compañero, cuando estaba en una situación como esa, no actuaba como correspondía.
Remus gruñó para sí. Tal vez no era el momento adecuado, pero no podía evitar sentir celos al ver a la chica que, aunque no lo admitiera, amaba actuar con tanta naturalidad con alguien más.
Inmediatamente, Sirius y Dumbledore se apresuraron a intentar ayudar a Harry. Sin embargo, Harry los miró furioso y retrocedió tanto como su cuerpo lastimado se lo permitió. Dumbledore miró al niño que había creído era el "elegido". Aun no podía creerlo. ¡Harry Potter estaba vivo! Era nada más y nada menos que un milagro.
Harry tomaba respiraciones cortas y rápidas, como si tuviera problemas para respirar. Llevó su mano buena hacia su costado cautelosamente ya que su costilla rota estaba a punto de salir de su piel. Se sentía a punto de desmayarse. Su cabeza le daba vueltas y se sentía muy débil. Trató de luchar contra el negro vacío que lentamente se apoderaba de él. Sirius y Dumbledore aun trataban de acercarse a él y convencerlo de que intentaban ayudarle.
Todos se sentían mal, hasta el mas recio a sentir una emoción por un chico quien tampoco los quería. Nadie debía de pasar por un dolor como eso, y mucho menos un niño.
–Harry, está bien. Queremos ayudarle– trató Dumbledore.
–Lo siento tanto Harry, yo no sabía… por favor Harry, déjame ayudarte. – esta vez fue Sirius quien trató de ayudar a Harry a levantarse, pero se detuvo en corto cuando Harry se lanzó violentamente hacia atrás apartándose de él. Al momento, Harry jadeó y se mordió el labio para evitar gritar de dolor cuando el movimiento sacudió sus huesos rotos. Sirius y Dumbledore retrocedieron, no querían causarle más dolor a Harry. Sirius se giró hacia Kingsley que se veía muy pálido y miraba al chico tendido en el suelo con compasión–. Kingsley, ve a la oficina, no dejes que James venga para acá. ¡Dile lo que sea! ¡Asegúrate de que no venga! – le instruyó Sirius a Kingsley, quien se veía feliz de salir de la incómoda situación.
El Kingsley del presente soltó un imperceptible suspiro. Él admitía que no era muy bueno al reaccionar en situaciones como esas y mucho menos que le llegaban de impresión.
James estaba temblando. Aun cuando ya tenia a su hijo con él, aun cuando estaba inconsciente, sentía la presión del momento.
–Alastor, mantén al Ministerio alejado. Necesitamos resolver algunas cosas antes de que interfieran y quieran intervenir. – le dijo Dumbledore a Moody, quien comenzó a quejarse de lo imposible que sería distraer al Ministerio. Nadie se había dado cuenta de que una muy pálida madame Pomfrey se acercaba a Harry y lo ayudaba gentilmente a subir a la cama más cercana, para sorpresa de todos, el chico dejo a la enfermera ayudarlo. Ella quito el flequillo de los ojos de Harry y le sonrió tímidamente.
–Todo estará bien Harry. Yo te cuidare. – murmuró en voz baja a Harry y este se dejó llevar por la oscuridad que lo invadía.
"¿Por qué había aceptado con tanta facilidad a Madame Pomfrey? Severus, Albus, Minerva, Remus y Moody fruncieron el ceño.
-Hay un salto de tiempo. – comunicó Hermione antes de continuar.
–o–o–o–o–o–o–
Madame Pomfrey sacó a Dumbledore y Moody de la habitación y le dijo a Sirius que bloqueara la chimenea para que nadie la interrumpiera. Sirius hizo lo que le pidieron y se fue inmediatamente a reunir con Dumbledore y Moody en el comedor. Sirius miró aturdido como Dumbledore le repetía las instrucciones a Moody para que fuera al Ministerio y les diera algo de tiempo. Moody gruñó en voz baja lo inútil que sería y salió por la puerta. Sirius y Dumbledore se sentaron metidos en sus propios pensamientos. Sirius preguntó desesperadamente.
–Albus, ¿qué es lo que vamos a hacer?
– ¿A qué te refieres? – Sirius luchó por no ponerse de pie y sacudir al viejo tonto.
Una situación parecida quería desarrollarse aquí. Fred y George, ante la mirada exasperada de su madre, soltaron una risita tratando de aliviar la tensión. Solo funciono, en parte, con los jóvenes.
– ¿Qué a que me refiero? Me refiero a que, ¿qué vamos a hacer ahora? No podemos simplemente llevar al Ministerio a Harry. ¡Ordenaran el beso del Dementor sin siquiera un juicio! ¡Y no podemos ocultarlo para siempre! ¡No es que esté dispuesto a quedarse con nosotros por voluntad propia, y definitivamente no podemos enviarlo de vuelta con el monstruo de Voldemort! – Dumbledore miró a Sirius asombrado, era la primera vez que Sirius decía el nombre de Voldemort sin tartamudear. Emitió un pequeño suspiro y trató de sonreírle a su exestudiante.
–Sirius, mi muchacho. Por favor tranquilízate. Solo necesitamos hablar con Harry. El pobre chico esta confundido, Voldemort le mintió. Una vez que sepa la verdad acerca de quién es, estoy seguro de que querrá ayudarnos a resolver todo este lio.
- ¿En serio director? – masculló Remus sacando a todos de su mundo y regresándolos a la realidad-. ¿En serio cree eso? – el hombre lobo utilizaba un matiz de voz tan afilado que era extraño escuchar de él, hasta podría notarse la ironía mezclada en sus palabras-. Creo que usted debe de haber notado que Harry si nos reconoce, es obvio que no fue engañado. La pregunta importante es: ¿Por qué nos odia? – Dumbledore bajo la cabeza estando de acuerdo con el auror de ojos dorados.
La mayoría no estaba siguiendo el hilo de esa conversación, solo unos cuantos asentían o empezaban a hacer conjeturas. Tenía que haber, sin lugar a duda, algo retorcido gestándose allí.
- ¿Qué quieres decir Lunático? – preguntaron tanto Sirius y James, quienes no tenían la mente en sus cabales para poder llegar al mismo razonamiento que su amigo-. Explícanos.
-No puedo. - masculló Lupin-. Hermione, ¿podrías? – rogó a la amiga de su ahijado.
La castaña, quien también se había quedado reflexionando, asintió.
– si Dumbledore pensó que eso tranquilizaría a Sirius, entonces estaba en un gran error. Sirius se puso de pie tan bruscamente que la silla en donde estaba cayó al suelo detrás de él.
– ¡Ayudarnos! ¡Harry no estará dispuesto a ayudarnos! Por Merlín, Albus. ¿No viste la forma en la que reacciono cuando nos vio? ¡Especialmente cuando lo vio a usted! No fue engañado por Voldemort, él sabe quién es, sabía que James era su verdadero padre, pero aun así lo atacó. ¡Atacó a James y lo dejó para que muriera! Albus, Harry no va a ayudarnos con esto. Nos odia y tratara de escapar e ir de regreso con Voldemort sin importar lo que nosotros le digamos. – Sirius respiraba pesadamente y sus manos temblaban furiosamente. ¿Por qué Dumbledore no entendía que estaban realmente jodidos? Ese significaba que James y Lily iban a perder a su hijo de nuevo. Sirius no pudo evitar las lágrimas de frustración y el sentir que se le rompía el corazón ante el pensamiento. Cayó al suelo se cubrió el rostro con sus manos. Dumbledore se acercó a él y le puso una mano sobre el hombro tratando de consolarlo.
–Mi querido muchacho, entiendo tu dilema. James y Lily encontraran esto muy difícil de asimilar, pero te prometo que no dejare que ellos pierdan a Harry una vez más. – Sirius miró a Dumbledore aun con sus ojos llenos de lágrimas.
– ¿Cómo? – preguntó entre cortadamente. Dumbledore le dedicó otra sonrisa.
–Probablemente no te diste cuenta, pero cuando Poppy acostó a Harry en la cama y le quitó el cabello de los ojos vi algo en su frente que probablemente salve a Harry.
– ¿Qué… qué fue lo que vio? – Sirius casi le susurró, aun sentado en el suelo.
–Ha sido marcado por Voldemort. – Sirius jadeó y una mirada de horror se apodero de sus ojos.
–Él… él… él marco a Harry con… ¿la Marca Tenebrosa? – preguntó con la respiración entrecortada.
- ¿QUÉ? – fue un gritó que la mayoría emitió-. ¿CÓMO ES QUE…?
- ¿DÓNDE? – cuestionó Lily queriendo levantarse y buscar cualquier rastro de algún tipo de marca. Se lo impidieron.
-Ahorita lo explica. – interrumpió Hermione al haber leído el párrafo siguiente.
Todos esperaron.
–No. Lo ha marcado de una manera diferente. – Dumbledore miró directo a los ojos de Sirius y recitó la profecía que toda la Orden se había aprendido a pulso.
–El Lord Oscuro lo señalará como su igual. – dijo Sirius lentamente intentando entender lo que le había dicho Dumbledore. Sirius miró a Dumbledore en una expresión confundida.
- ¿De qué profecía, exactamente, están hablando? – preguntó Ronald Weasley como vocero de todos los jóvenes.
Los adultos se miraron, a pesar de la situación, con duda de si debían comentar sobre esa profecía que había traído muchos pesares.
-Hace 14 años se creó una profecía que dictaba el fin de Lord Voldemort. - comenzó Albus a pesar de que algunas personas se habían negado discutiendo que eran solo niños para entender o, en el caso, enterarse. Se abstuvo de recitarla-. Hubo dos niños que encajaban en ella. - bajó la mirada sin querer continuar.
Hermione, al ver que ya no hablaría, continuó.
–Verás Sirius, Harry es el elegido, no Neville Longbottom.
- ¿Yo? – se ahogó Neville ante la revelación. El solo escuchar eso fue como si le estuviera cayendo un mundo a sus hombros. Enseguida se relajó, al saber que no era el caso. Él jamás sería visto como el destinado a destruir al mago tenebroso más peligroso de la época.
Si tan solo supiera. Neville se perdió la mirada seria que su padre le lanzo al director de Hogwarts.
Después de todo, es por eso por lo que fue secuestrado hace 15 años y no lo mató como todos habíamos creído. Fue mucho más astuto. En lugar de asesinarlo, Voldemort escogió usar al elegido. Crio a Harry como a un hijo y se ganó que Harry lo amara como a un padre. Harry no sabe que el amor que Voldemort le dedica es solo una técnica de supervivencia, ya que Harry no puede siquiera pensar en lastimar a Voldemort ahora. Ha corrompido la inocencia que Harry tenía, lo ha convertido en un despiadado asesino, de esa forma él no tendría oportunidad con el Ministerio. Verás, Voldemort ha hecho un muy buen plan, Harry es un hechicero muy poderoso y Voldemort ha usado ese poder para acabar con sus enemigos, pero también se aseguró de que, si Harry fuese capturado, entonces el lado de la Luz aniquilaría a su salvador con sus propias manos. Dime Sirius, si este chico fuera otro y no Harry, ¿cuál sería su destino ahora? No habrías pensado dos veces para lanzarlo a los Dementores. Es solo el hecho de que es el hijo de tu mejor amigo, tu propio ahijado, que ha mantenido a Harry con vida hasta ahora. – Dumbledore se detuvo para dejar que la cabeza de Sirius trabajara en entenderlo. Sirius se veía un poco enfermo, pero se las arreglaba para mantenerse al paso de Dumbledore–. Sirius, creo que fue el destino lo que trajo a Harry directo hasta tus manos. Pudo haber sido capturado por cualquier otro Auror y pudo ser demasiado tarde para que alguno de nosotros lo salvara. Si Harry cayó en nuestras manos, debe ser porque aún podemos salvarlo. Sé que esto no va a ser fácil, Harry va a ser muy difícil de convencer, pero de verdad creó que podemos hacerlo.
Aun cuando ya habían dejado de ser estudiantes de Hogwarts y estar bajo la protección del mejor director que jamás hayan tenido, para convertirse en colegas, seguían sintiéndose seguros cuando el director, con tanta seguridad, decía algo como esto. Los adultos, algunos, trataron de tranquilizarse.
Por ironía de la vida, los jóvenes, especialmente Hermione, Ron, Neville y Damien, no se sentían así. Allí había una variable que podía hacer, de la nada, tambalear ese mundo feliz que el director planteó.
Hermione continuó leyendo.
– ¿Y el Ministerio? Fudge no cree en la profecía, nunca lo ha hecho. –
dijo Sirius con voz derrotada.
–Déjame a Fudge a mí. Estoy seguro de que el ministro y yo podemos llegar a un acuerdo. – Sirius aun dudaba un poco. Sabía que el ministro probablemente usaría la captura del Príncipe Oscuro para incrementar su popularidad ya que los recientes ataques la habían afectado. Antes de que pudiese abrir la boca para discutir, la puerta del comedor se abrió y una muy pálida y exhausta Madame Pomfrey entró. Sirius y Dumbledore se pusieron de pie rápidamente y ayudaron a Madame Pomfrey a sentarse en una silla. Les dedicó una mirada de agradecimiento y se dejó caer en la silla. – ¿Cómo esta, Poppy?
–Bueno, sobrevivirá. Tenía algunas heridas bastante feas. Su brazo y muñeca derechos estaban rotos, y también su tobillo izquierdo. Su espalda tenía muchos raspones. Tuvo suerte de no haberse roto la espina. También tenía dos costillas rotas y una astillada. Por eso tenía dificultades para respirar. He curado todos sus huesos rotos y le di una poción para el dolor. Dejé unas cuantas pociones más en la habitación para que se las tome, van a ayudarlo a aliviar las magulladuras y a aminorar el dolor. – Sirius se veía realmente horrorizado ahora. ¿Qué habría pasado si Harry no hubiese sobrevivido a esa terrible caída? Sirius trató de no pensar en el hecho de haber tenido que quitar la máscara plateada de un cuerpo sin vida entre los escombros–. Honestamente, ¿en qué estaban pensando al atacarlo de esa manera? ¡Se cayó de dos pisos de altura! ¡Tuvieron mucha suerte de que no muriera! – dijo mirando a Sirius seriamente. Se veía rígida y le recordaba a Sirius a la profesora McGonagall.
-Si algo le sucedió a mi hijo… - masculló Lily con la voz en un susurro, mientras miraba a cada uno de los que habían participado en la captura de su hijo, motivo por el cual había terminado así. Se había mantenido en silencio, solo controlando la actitud explosiva de su esposo, pero el escuchar todo el daño que le habían causado a su hijo, hasta el punto en el que una medimaga había admitido que pudo haber terminado en muerte. No, ya no podía dejarlo pasar.
–No pretendíamos que… espere… ¿cómo es que sabe eso? – Poppy lo miró por un momento, con aprensión evidente en su rostro, antes de responderle.
–Él me lo dijo. – Sirius se quedó sin habla un momento.
–¿Qué? ¿Él te lo dijo? ¿Por qué hizo eso? ¿Por qué hablo contigo y con nadie más? – Poppy se miraba un poco incomoda y después se decidió a decir la verdad.
–Porqué… porqué lo conozco.
– ¡QUE! – explotó Sirius–. ¡Lo… lo conoces! ¿Cómo lo conoces? – Sirius, por instinto tomó su varita, pero Dumbledore lo detuvo.
-No es posible. – dijeron los adultos.
- ¿Cómo lo conoció? - comentaron otros.
- ¿Dónde fue eso? – preguntaron los señores Weasley mirando a todos con confusión.
-Estoy en las mismas que ustedes. – dijo Dumbledore con intriga.
-Si dejamos que la señorita Granger lea, podemos, tal vez, descubrir como sucedió. - interrumpió Minerva con severidad. Todos se contuvieron de decir algo, aun cuando las ganas eran muchas.
–Poppy, por favor explica eso. – se miraba realmente cansado.
–Bueno, profesor Dumbledore. ¿Recuerda que hace aproximadamente seis meses hubo un ataque en mi hogar? Mi esposo Paul y yo estábamos en el jardín y no pudimos hacer nada más que observar mientras nuestros dos hijos se quemaban junto con nuestra casa. Los Mortífagos nos habían amarrado a cuerpo completo y habían prendido fuego a nuestra casa gritándome que me lo merecía ya que era una enfermera que ayudaba a hijos de Muggles en Hogwarts. Cuando los Mortífagos se fueron no había nadie alrededor para ayudarnos. Incluso nuestros buenos vecinos estaban demasiado asustados por los Mortífagos como para ayudarnos. De la nada, este joven llegó y corrió dentro de nuestra casa en llamas. Salvo a Jenna y David de morir quemados y también nos liberó a Paul y a mí del hechizo de las sogas. Me preguntó lo que había pasado y le conté lo de los Mortífagos. Aún recuerdo la furia en sus ojos verdes. Me dijo que no me preocupara y que los Mortífagos nunca más nos harían daño. Antes de que se fuera le pregunté quien era y solo me sonrió y me dijo que lo llamara Harry. Nunca lo volví a ver, hasta hoy. – terminó con lágrimas en sus ojos. Sirius se quedó sin habla. Harry había salvado a dos niños de morir. Pero ¿por qué? Harry había salvado personas que estaban de su lado. Harry había arriesgado su vida a la edad de 15 años por dos pequeños niños, hijos de sus enemigos.
–Poppy, ¿viste su rostro claramente?, digo, era definitivamente Harry, ¿no llevaba la máscara? – preguntó Sirius.
–No. No llevaba ninguna clase de máscara. Solo usaba ropas de mago, pero no máscara. Su rostro era fácil de ver.
Todos estaban en shock, y no era para menos. ¿cómo podían asimilar el hecho de que el hijo de Voldemort, que fue la forma en la que se crío, había salvado a dos pequeños?
James y Lily se miraron con esperanza. Tal vez si había una oportunidad para que su hijo estuviera bien, también contando el hecho de que el ministerio aun no se enteraba de su existencia, por lo cual no estaba en peligro de ser arrojado a Azkaban, como era el caso de su Harry del libro. Lily recargó su cabeza en el hombro de su esposo con una pequeña alegría surgiendo en su interior. Aunque fuese una pequeña oportunidad, ella iba a aprovecharla y hacerla favorable para ellos.
Damien miró a sus padres y al ver el alivio en sus rostros no pudo evitar sonreír. No entendía del todo que era lo que los tenía así, pero iba a tener esperanza.
– ¡Entonces por qué no le dijiste a nadie que habías visto a alguien que estaba idéntico a James! – Sirius casi le gritó. Poppy miró a Sirius y respondió tranquilamente.
–Porque, Señor Black, nunca había visto al señor Potter, así que no pude haberos relacionado de alguna manera. – Sirius la miró perplejo por unos instantes y luego el entendimiento lo golpeó. Claro, nunca había conocido a James. Poppy era la enfermera en Hogwarts, pero apenas si había iniciado en la orden. James había visitado Hogwarts muchas veces, pero no había conocido a todo el personal. Sirius se sintió como un completo idiota y murmuró una disculpa. Ella le restó importancia con un movimiento de su mano diciendo que estaba bien. Dumbledore, sin embargo, sonrió y se giró hacia Sirius.
–Bueno, parece que nuestro Harry tiene una pequeña cosa de salvar personas.
-Se acabó el capítulo. – suspiró Hermione con un poco de resignación. En lugar de ayudarla a resolver dudas había dado más incógnitas por resolver, pero ya habría ocasión para eso. Cerró el libro y lo colocó en el centro.
-Eso podría ser de mucha ayuda para nosotros, ¿verdad Albus? – preguntó Sirius-. Harry podría querernos, ¿no? – casi pareciera que estaba llorando, pero solo casi.
-Sin duda es una buena noticia. – admitió Albus recargándose en su silla con cierto alivio-. El hecho de que Harry no haya permitido que se lastimaran esos niños, habla muy bien de él. – el director estaba empezando a reunir un poco de certidumbre ante lo que se podía esperar del actuar del chico que se había criado con Tom.
-Pero no habla muy bien de ustedes que hayan hechizado a una persona que no les había dirigido ningún hechizo, ¿verdad? – una voz proveniente de atrás de la orden musitó-. Pero que se puede esperar de la maldita orden del fénix.
Todos se giraron de una sola vez, sin ninguna excepción. Allí se encontraba Harry despierto y con un ceño adusto. La ira había incrementado de ser posible y, aun con sus manos amarradas en su espalda, poseía una pose que destilaba peligro.
Harry Marvolo, porque era seguro que si le llamaban Potter se enojaría, había despertado.
Un gran agradecimiento a todo aquel que se tomó un momento de su tiempo para dejar un review, y un saludo a todos.
Daughter of Ares 74 77, Ari Black-18, Anonimus maximus, lorenachiquita, ChicaBlackMalfoy, pax399, GPCS. Sonitha Pico, Ciel-sama Michealis, andy-yare21, Nortia2, Alpha bellatrix Malfoy black, phoenix1993 y a todos mis estimados Guest.
N/A: Bueno, me gustaría decir que tengo una muy buena excusa para justificar mi larga ausencia, pero sería una vil mentira y, aunque suene raro en una ya casi no adolescente, no estoy de muchos ánimos para hacer eso.
Tengo que decir que, entre mi trabajo los fines de semana y mis clases de la facultad entre la semana, apenas y tengo tiempo de tomar un descanso.
Admito que el principio de este capítulo ya lo tenía, pero siempre me llegaba un bloqueo mental por el cual no lograba terminarlo, hasta ahora.
También, debo confesar, estuve tentada a abandonarlo, o simplemente dejarlo en el olvido, pero una parte de mí simplemente no podía lidiar con ello, y, siendo sincera, no creo que algún día pueda hacerlo.
Espero que lo disfruten.
¿Merezco un Review?
Saludos.
CecyBlack
