Y aquí vienen los acontecimientos esperados: Ni Skip Beat! ni los personajes me pertenecen, son de Yoshiki Nakamura-sama, yo escribo sin ningún ánimo de lucro, sólo por entretenimiento y porque quiero regalarle algo a Nybell que es una chica magnífica. Gracias por esperarme pacientemente y disfrutar leyendo mi humilde historia. ¡Sigo dando lo mejor de mi! :D
ADVERTENCIA!: Este capitulo contiene lemon así que léelo bajo tu responsabilidad. Humano quedas advertido.
Este fic participa en el Reto de la Princesa Rosa de Nybell del forum La Caja de Pandora (LCDP).
Disfrutemos de la lujuria, el sexo y la pasión,
hagamos el amor cada día y jamás digas que no.
Takarada María estaba muy, pero que muy muy muy cabreada. Bueno, la palabra exacta era frustrada. Y eso era algo que podía verse con solo mirarla, los labios tensos en una fina línea, el pelo recogido en un tirante y algo desordenado moño, su cuerpo inclinado encima del teclado del ordenador, su tecleo furioso en las débiles teclas y en su ceño profundamente fruncido.
Analizando el porqué de su frustración podías llegar a pensar que era en los estudios, sin embargo no era así ya que estaba a punto de graduarse, de dos carreras a la vez, con una media casi insuperable. A parte, con la familia estaba genial, su sobrina cada día estaba más guapa, su abuelo estaba mejor de sus problemas de espalda y Ren-kun por fin había conseguido la tan ansiada estatuilla de oro. Su vida era una celebración agobiantemente eterna. Y la causa de su frustración tampoco residía en su trabajo. Entonces, si eliminabas todas las variables sólo quedaba una cosa, o persona, que podía dar origen a esa frustración que se estaba comiendo, o devorando, a Takarada María. Sí, exacto, la clave para resolver la ecuación era su novio, ¡Kawabata Ryuji!
Pero claro ¿Cómo iba a ser Kawabata el problema? Pero el problema con P mayúscula… ¡Si el pobre era un encanto! No sólo era atento con ella, se sentaba a su lado, la ayudaba para sus clases de Artes Oscuras, aguantaba horas y horas de pie para ver a algún escapista y le llevaba las bolsas llenas de ropa sin rechistar. Además que siempre le abría las puertas para que pasara primera, le retiraba la silla y la cogía de la mano delante de la gente sin ninguna vergüenza. No, si el chico era perfecto, era exactamente lo opuesto a lo que siempre había esperado. Y eso le encantaba. El problema con Ryuji era de otra clase. Sí, quizás ya os lo imagináis pero a frustrada le falta un adjetivo, o adverbio, para poder precisar qué clase de frustración tiene a la pobre e inocente María en sus garras. Sexual, la palabra es sexual.
No penséis mal, no, Ryuji besaba como el rey de los besadores haría. Cada vez que sus labios se rozaban María perdía de vista el mundo, se sentía arder y sólo pensaba en sentir más adentro y más profundo a Ryuji. No, el problema era que después de un mes de relación, el mejor mes de su vida si le preguntaban, aún no habían mantenido relaciones sexuales. Y eso la enfurecía, la frustraba y la llenaba de inseguridad. Ella sabía que a él no le gustaba que se hubiera hecho un tatuaje en la espalda, pero claro, él se había cortado el pelo muy corto en su opinión y le había negado un beso durante dos días enteros. Sabía que su carácter era bastante difícil pero él tampoco era un dechado de virtudes. Pero la duda continuaba susurrándole, creando inseguridad en ella ¿Y si él no la quería tanto como ella pensaba? ¿Y si no la encontraba lo suficiente atractiva? ¿Y si había otra?
Sacudió la cabeza negando esa posibilidad. Eso era demasiado descabellado, Ryuji era demasiado noble para eso ¡Si casi le dio un ataque un día que salieron de fiesta y una chica borracha se le tiró encima! No, eso no era. Se mordió el labio inferior mientras se inclinaba y tecleaba más rápido en el ordenador. Tampoco es que él no se sintiera atraído hacía ella, eso no podía mentir ¿No? Acordarse de eso hizo sonrojarse a María, se puso derecha en el asiento de golpe sintiendo como su cuerpo empezaba a reaccionar al acordarse de eso.
— María ¿Tienes listo ese informe?
— ¡Sí! Sí, perdón, lo tengo listo y preparado para entregar.
Se dio una reprimenda mental mientras le entregaba los archivos a su jefe. Ahora estaba en el trabajo y debía concentrarse en eso. Le entregó el informe y continuó tecleando en su ordenador con su mundano problema bien alejado de su mente.
¡Joder como necesitaba echar un polvo con Ryuji!
§¤§
— Así que hay problemas en el país de Ryuji y María juntos para siempre ¿No?
María levantó la vista y fulminó con la mirada a su mejor amiga, e hija de un importante diplomático, Deguchi Akemi.
— No tiene gracia —contestó la aludida mientras le daba un sorbo a su bebida.
— Sí que la tiene —intervino su otra mejor amiga, Hatekayama Eiri, y camarera del establecimiento—. Lo que pasa que como tú lo estás viviendo no se la ves.
— Chicas, chicas, calma, la pobre María no tiene culpa de que su novio no quiera compartir su herramienta —apuntó su única mejor amiga del sexo opuesto Tomonaga Kenshin.
— Es que no sé ni por qué sigo quedando con vosotros. Sois unos bordes y malos amigos.
— ¿Crees que con ese carácter que tienes podría aguantarte alguien más que nosotros? —señaló Eiri haciendo un movimiento con la mano que los señalaba a ellos tres.
— Creo que voy a irle a contar mi problema a Dios y que sea él quien me responda con una señal o algo.
— ¿Vosotros creéis que ese Kawabata Ryuji es real? —Preguntó Akemi que tenía la cabeza junta con los otros dos y estaban ignorando completamente a María—. Porque por lo que yo sé es muy diferente a los perdedores con los que suele salir María.
— ¡Eh! ¡Que estoy delante! —replicó ella arrugando el entrecejo y cruzándose de brazos enfadada—. Puedo oír perfectamente todo lo que decís.
— Y por eso te lo estamos diciendo a la cara como los inmejorables y maravillosos amigos que somos —contestó Kenshin con una deslumbrante sonrisa—. De nada. Pero María sé sincera ¿Kawabata Ryuji es real?
— Sí que lo es. Y no, no es cómo os pensáis, es todo un caballero, simpático, agradable y está como un tren. Y para que lo conozcáis lo he invitado a que venga hoy para que os conozca.
María bufó derrotada después de haber soltado esa bomba y se reclinó contra el respaldo del sofá dónde estaba sentada. Miró distraídamente el reloj mientras sus amigos la miraban fijamente evaluándola y pensando en qué decir. Esperaba que no dijeran nada ya que eran las cinco en punto y ella le había dicho a Ryuji que se pasara a esa hora. Él era insufriblemente puntual así que estaría por aparecer.
— Voy un momento al lavabo. No hagáis nada que me prohíba la entrada aquí. Me gusta mucho esta cafetería.
— Oye Takarada, tú llevaste el cerdo al restaurante. Es tú culpa que ya no te dejen entrar ahí.
— En realidad la culpa es tuya Deguchi, nunca deberías haberle robado esa botella de alcohol a tu padre.
— ¡Pero joder que bueno que estaba! —admitió la acusada chocando los cinco con el único miembro masculino del grupo.
María negó lentamente con la cabeza mientras una sonrisa se formaba en sus labios. Adoraba a esos chiflados, pensó mientras iba sorteando mesas y camareros hacía el lavabo, siempre podía contar con ellos, además que eran los mejores amigos que podría pedir una persona con la personalidad y el carácter de Takarada María. Por eso iba a aguantar estoicamente todas sus bromas y comentarios insultantes para que la ayudaran con su problema.
.
.
.
— ¿Por qué tenéis esas caras?
María no podía creerse lo que veía, sólo había estado fuera por cinco minutos y sus amigos tenían cara de haber sido abducidos por extraterrestres. Intentando que reaccionaran movió su mano por delante de sus ojos pero no consiguió nada.
— ¿Se puede saber qué os pasa? ¿Hola? María llamando a amigos descerebrados. Hemos venido a hablar de mi problema no a que os deis cuenta de que habéis perdido el cerebro.
— María cariño, cállate y mira el monumento nacional que acaba de entrar. Ese trozo de carne debería tener la etiqueta de Calidad Suprema estampada en la frente… —dijo Akemi mientras apartaba la mano de María para que nada le impidiera ver bien.
La nieta del presidente se giró buscando con la mirada a ese dios hecho hombre que miraban sus acompañantes. No pudo suprimir la sonrisa de boba enamorada ni mirar con amor a Ryuji cuando lo divisó parado en la entrada buscándola con la mirada. Sintió su corazón detenerse para empezar a latir desbocado cuando él la sonrió y empezó a caminar con su paso firme y de hombre. Sintió como un escalofrío de placer le recorría la espalda, la boca se le secaba y notaba que le faltaba el aire en los pulmones. De verdad necesitaba mantener relaciones sexuales con Ryuji, sino moriría por lo increíblemente sexy que era su novio y no poder descargar tensiones.
— ¡Oh dios viene hacía aquí! —Susurró Eiri—. ¿Qué carajo hacemos?
— ¿Nos jugamos quien liga con él a piedra papel tijera? —sugirió Akemi.
— Lo siento chicas, pero esta vez me toca utilizar mi detector de gays —Kenshin se agarró de las solapas de la chaqueta de cuero que llevaba y tiró hacía atrás su flequillo con un movimiento de cabeza—. Aprended del maestro. María cariño, estás en medio, como los jueves. Deja paso a los solteros.
María fue brutal e insensiblemente apartada del camino de Ryuji y observó atónita cómo su amigo intentaba ligar con su novio. ¿Cómo? Dañando el material chocándose a propósito, aunque intentaba que pareciera accidental, con él.
— Ay, disculpa. Soy algo torpe —dijo su amigo como disculpa y con una cara de flirteo que no podía pasar desapercibida por nadie.
— Pues ten cuidado no vayas a sufrir un accidente.
Casi se pone a reírse a carcajada limpia ante la evasión de Ryuji, había sido tan limpio y tajante a la vez… No le dio mucho tiempo de seguir pensando ya que él se acercó a ella con esa sonrisa que tenía tan suya y la agarraba de la cintura para acercarla a su fibroso cuerpo y besarla en los labios.
— Siento llegar tarde —se disculpó con las mejillas algo sonrojadas debido a la vergüenza de ser observado por los tres pares de ojos que tenían sus amigos—. El metro se retrasó y yo…
Ella lo silenció dándole otro beso en los labios y pasando sus brazos por detrás de su cuello.
— ¿Bromeas? Has llegado asquerosamente puntual como siempre ¿Querías llegar a las cuatro? Digas lo que digas llegar antes no es llegar puntual.
Él se rió y se quedaron un rato mirándose a los ojos. Podrían haberse pasado así siglos sino los hubieran sacado de su ensoñación con un carraspeo.
— ¿Nos presentas María? —Cuestionó su amiga camarera con una sonrisa pícara en los labios.
— ¡Pues claro! —Quitó los brazos de detrás de su cuello y se separó un poco pero manteniéndolo cogido de la mano sólo por si acaso, Kenshin lo miraba de una forma muy sospechosa…—. Os presento a mi novio Kawabata Ryuji, Ryuji te presento a mis amigos, la chica con el traje y cara de pez es Deguchi Akemi, la pobre que lleva el uniforme de este establecimiento es Hatekayama Eiri y el estilista sin estilo que ha intentado ligar contigo es Tomonaga Kenshin.
— Un placer en conocer a los amigos de María por fin. Deguchi-san, Hatekayama-san y Tomonaga-san gracias por cuidar de María todos estos años. Espero que me traten tan bien como la tratan a ella —se presentó Ryuji haciendo una reverencia.
— Ryuji, que sean mis amigos no quiere decir que me traten bien ¿No te acuerdas de lo que te expliqué sobre el cerdo y el restaurante?
— Eso fue culpa tuya por ser tan impulsiva y ser una adolescente borracha —la regañó cruzándose de brazos.
— Se supone que debes de estar de mi parte no de la de ellos. Será mejor que te busques otra novia como no empieces a defenderme más.
— ¡Por favor elígeme a mí! —Se apresuró a presentarse voluntario Tomonaga-san—. ¿Sabes? Por hombres como tu fue que descubrí mi homosexualidad. Así que adelante, toma mi virtud.
— A ti no te queda nada de eso —lo cortó la camarera mientras lo cogía del codo y lo obligaba a sentarse a su lado—. Pero Kawabata-san, entendemos que quizás María lo ha traído aquí obligado y en contra de su voluntad, parpadeé dos veces si es así y nosotros la retendremos para que pueda huir.
Él se rió y le pasó a María su brazo por la cintura.
— No, tomé esta decisión en plena posesión y uso de mis facultades mentales y físicas.
— Kawabata-san, por favor únase a nosotros. Sino le molesta tenemos muchas cosas que preguntarle —habló Akemi utilizando toda la sabiduría que había adquirida observando a su padre.
Ryuji aceptó la invitación con un asentimiento de cabeza y una sonrisa en los labios. María se apresuró a sentarse a su lado, sólo por si acaso, para que nadie le metiera mano de improviso o él saliera huyendo despavorido debido a las preguntas de sus amigos. Todo era posible.
— Bueno Ryuji, háblanos un poco de ti —le pidió Eiri con un tono amable—. María sólo nos ha contado que lleváis un mes saliendo y poca cosa más. ¿Dónde os conocisteis? ¿Cómo empezasteis a salir?
— Está bien. La conocí ya que estudiamos la misma carrera, al principio no nos llevamos para nada bien pero nos vimos obligados a pasar tiempo juntos y acordamos una especie de tregua, después nos hicimos amigos y un día me di cuenta que quería que fuera algo más que mi amiga, se lo pedí, ella me dijo que sí y aquí estamos.
María sintió como sus amigos la miraban de reojo evaluándola a ella y a la respuesta que había dado Ryuji. Ella lo sabía, los chicos con los que había salido no hubieran dado una respuesta tan formal, seca y corta. Tenía miedo de saber qué estaba bullendo dentro de esas tres cabezas…
— ¿Tienes trabajo? —Lo interrogó Eiri quien era la más práctica de todos—. Y sobre todo ¿Cuánto ganas? María tiene gustos caros.
—Algo que tenemos claro María y yo es que no vamos a mantenernos el uno al otro. Cada uno gana lo que gana y vivimos de eso, de nuestro propio sueldo. Si necesitamos un poco de ayuda claro que nos la prestamos pero ella no va a mantenerme a mí y yo no voy a mantenerla a ella. Yo quiero que se gane la vida con lo que ella quiera.
— Muy bien —esta vez fue el turno de Kenshin de preguntar—. Has contestado bien a esa pregunta. Pero aquí viene una difícil ¿Qué opinas de la afición de María a las Artes Oscuras?
Ella tragó grueso y se puso recta de golpe, no habían hablado mucho de eso pero ella sospechaba que a él seguía sin hacerle gracia que se mezclara con el mundo sobrenatural.
— Me parece perfectamente aceptable —se limitó a contestar él.
— Le parece perfectamente aceptable —repitieron, incrédulos, sus amigos a coro y mirándolo con los ojos desorbitados debido a la sorpresa.
— ¡¿Cómo que te parece perfectamente aceptable?! Pero si tú… Yo… ¡¿Qué?!
El chico se giró un poco en su asiento para mirar a la cara a su novia y con una sonrisa conciliadora le explicó por qué le parecía perfectamente aceptable.
— Soy exorcista ¿Crees que estaría bien que no me gustara que te involucraras en este mundo pero yo sí que lo hiciera? Además, este mundo tiene sus cosas que me gustaría compartir y vivir contigo —finalizó dándole un casto beso en los labios.
Sus amigos dejaron escapar un suspiro de placer y de envidia al ver la muestra de amor y comprensión que Ryuji acababa de tener con ella. Ella estaba muy contenta, siempre que estaba con Ryuji, e incluso cuando pensaba en él, sentía una sensación de paz y de plenitud embargarla completamente, se sentía como si todo eso fuera natural, como si estuviera bien, como si pertenecería a ese lugar, a ese momento y a Ryuji. Y ella sentía que eso no podría sucederle con nadie más que no fuera su exorcista cretino, pero que en el fondo sólo era un torpe hombre más que la amaba con locura.
Se acercó más a él indicándole silenciosamente que quería que le pasara el brazo por los hombros. Él en mudo asentimiento lo hizo y la cogió de la mano por debajo de la mesa, con una sonrisa volvió a dejar que sus amigos lo interrogaran y que él fuera superando las preguntas con matrícula de honor. Lamentablemente llegó la hora en la que él debía irse ya que esa noche le tocaba trabajar. Se despidió de todos sus amigos llamándoles por el nombre de pila, lo cual significaba que la reunión había ido muy, pero que muy muy bien. Y si le preguntaban a María, sus amigos, por primera vez, no la habían dejado en ridículo y habían demostrado que podían guardarle un embarazoso secreto.
— Bueno Ryuji ¿Cuándo piensas hacerlo con María?
§¤§
La lluvia repiqueteaba contra el paraguas rojo de Takarada María. La gente caminaba apresurada intentando huir del inesperado aguacero de otoño, en cambio María disfrutaba en sobremanera los días lluviosos, le gustaba el olor que había en el aire, sentir sus pies chapoteando en los pequeños charcos que se formaban en la acera y de escuchar las gotas de agua acariciando las hojas de los árboles. Así que no era nada raro encontrarla caminando por la calle con una fina sonrisa curvando sus sonrosados labios.
Paró de caminar cuando llegó a un cruce con el semáforo en rojo y esperó pacientemente a que se pusiera en verde. Levantó su mirada al cielo y vio que empezaba a llover con más fuerza. Suerte que estaba cerca de su destino sino se vería obligada a coger un taxi muy a su pesar. Suspiró mientras apretaba más fuerte el mango del paraguas, era sábado por la noche e iba a salir con Ryuji. Estaba muy emocionada ya que él últimamente había estado trabajando mucho y con las clases casi no habían tenido tiempo de verse. Él la había llamado por la noche anterior para invitarla a salir, aunque en realidad la llamó para invitarla a bailar.
Ella no pudo decir que no, ya que desde que bailó con él en la fiesta de Saori se moría de ganas de repetirlo. Un baile los dos solos, con una música estridente retumbándole en los oídos, con sus cuerpos sudorosos y calientes rozándose… Bien, debía dejar de usar el paraguas así la lluvia la calmaría de esos pensamientos libidinosos que estaba teniendo en esos momentos. Inspiró hondo intentando tranquilizarse y soltó el aire lentamente, sino dejaba esos pensamientos de lado no iba a poder cumplir con su objetivo, el cual no era otro que seducir a Ryuji.
El semáforo por fin se puso en verde y ella pudo continuar con su camino. El plan era sencillo, un bonito vestido negro ajustado, pero no demasiado revelador, de manga tres cuartos y que le llegaba a mitad del muslo, unos tacones altos, sus técnicas de flirteo y lo más importante de todo: ropa interior increíblemente antisexy, porque llevar ropa interior de abuela, como lo habían calificado sus amigos, aumentaba un 60%, como mínimo, tus posibilidades de llevarte a alguien a la cama. Ropa antisexy que en esos momentos se le estaba metiendo por dónde no salía el sol... Tenía todos los ingredientes, todos los ingredientes para hacer la receta del diablo y que explotara en su cara el resultado final.
— ¡María!
La nieta del presidente levantó la vista y vio como Ryuji la esperaba a fuera del local con un paraguas de sobra debajo del brazo. No pudo evitar sonrojarse y que su corazón latiera con más fuerza contra su pecho. Un día de estos le daría un ataque al corazón.
— Perdón por llegar tarde —se disculpó ella al llegar a su lado.
— No te preocupes. Está lloviendo así que ya supuse que llegarías tarde. A ti te encanta la lluvia —habiendo dicho eso se inclinó y le dio un casto beso en los labios—. Además… Digan lo que digan llegar una hora antes en una cita no es ser puntual —murmuró él contra sus labios haciéndola reír.
Él le pasó el brazo por la cintura y entraron en el club. María no pudo evitar emocionarse, era la primera vez que vivía la vida bohemia con Ryuji. La música electrónica no paraba de sonar por los altavoces, en las barras no paraban de servirse bebidas, y los cuerpos de los jóvenes no paraban de rozarse y bailar.
— Gracias por traerme —le dijo ella en el oído para que la escuchara sin ningún problema.
Su novio simplemente sonrió y la cogió de la mano guiándola hacia la pista de baile. Estuvieron tres horas bailando, riendo y disfrutando. Para María era obvio que aunque Ryuji se lo estaba pasando bien, el haber estado trabajando tantas horas estaba empezando a pasarle factura, no sólo las horas de sueño que se había quitado para acabar trabajos y estudiar, sino también las horas de pies que había pasado atendiendo mesas, llevando pedidos y trayendo platos sucios a la cocina para que los lavaran.
— Oye —le dijo la nieta del presidente de LME procurando rozar sus labios con la sensible piel de la oreja y descuidadamente apretar su cuerpo en contra el de él—. Estás cansado, creo que será mejor que te vayas a casa a descansar. No te preocupes por mí, yo ya estoy algo aburrida de estar aquí.
Kawabata asintió con una sonrisa de disculpa y puso su mano en la base de la espalda de ella guiándola hasta la salida. Una vez salieron abrieron el paraguas de Ryuji, que era el más grande, se pusieron debajo, él la abrazó y caminaron despacio por la calle en silencio sólo para disfrutar de la compañía del uno del otro.
— Creo que es momento de llamar a un taxi —rompió el silencio el joven.
— Pero yo no quiero irme a casa —contestó la chica en un tono suave y bajo, un tono que decía a todas luces NO quiero dormir sola esta noche.
— Yo tampoco quiero que te vayas a casa —admitió Ryuji con sus labios a unos milímetros de María—. Pero mañana trabajo temprano así que el deber me llama.
María no podía creerlo. Estaba saliendo con un idiota jodemomentos. No sabía si reírse, llorar, pegarle hasta dejarle inconsciente o besarlo hasta que se muriera por falta de oxígeno para descargar todas las emociones que estaba sintiendo en esos momentos.
— ¡Gilipollas! —Chilló sin poder contenerse y pegándole una cachetada. Ella se apartó de él furiosa, con los labios apretados en una fina línea y con la barbilla en alto—. ¡Eres un completo idiota Kawabata Ryuji! ¡No entiendes para nada el corazón de una mujer! ¡No entiendes para nada mi corazón!
María volvió a pegarle haciendo que el paraguas que él sostenía cayera al suelo quedando los dos expuestos a la lluvia que parecía haber aumentado de intensidad.
— ¡¿Pero se puede saber qué te pasa?! —Chilló el mirando incrédulo a su novia.
Ella no pudo evitar soltar una pequeña risa histérica mientras se pasaba las manos por el pelo.
— ¿Qué me pasa? ¡¿Que qué me pasa?! ¿A mí? ¡Tú eres lo que me pasa! ¡Y estas bragas que no paran de metérseme por dónde no deben!
— ¿Bragas? ¡¿Qué tienen que ver ellas en esta conversación?! Además… ¡¿Se puede saber qué he hecho?! ¡No he hecho nada que pueda haberte hecho enfadar! ¡¿Por qué a veces actúas igual que una niña malcriada de cinco años a la que le está dando una pataleta?! ¡A veces me haces preguntarme si de verdad estoy saliendo con una persona adulta y madura!
— ¿Es eso lo que piensas? —Dijo ella con un hilo de voz mientras lágrimas empezaban a correr por sus mejillas—. ¡¿Es eso lo qué piensas?! ¡Porque yo lo tengo muy claro! ¡Yo estoy saliendo con el chico más maravilloso, sexy y a la vez frustrante del mundo! ¡Te quiero! ¡Te quiero cómo nunca pensé que sería capaz de querer a alguien! Lo quiero todo de ti, tu tiempo, tus sonrisas, que sólo me mires a mí como mujer, que sólo me ames a mí como mujer… ¡Y que me hagas el amor!
No pudo seguir hablando ya que los labios de su novio, o ex dependiendo de cómo se mirara, la silenciaron en un apasionado beso. Ella intentó separarlo poniendo sus manos en el pecho de él, pero para evitarlo él pasó su brazo por la cintura de ella, reteniéndola contra su cuerpo y con la otra mano la cogió por la nuca evitando que así le diera un cabezazo o algo. María quería que él dejara de besarla, que dejara de invadir su boca con su lengua, que dejara de sujetarla por la nuca intentando profundizar más el beso. Y sobre todo quería que la mano de él dejara de magrearle el culo. ¡Era una dama! No podía ser besada de esa forma en público. Así que dirigió sus dos manos al pelo de él para tirárselo y que él comprendiera que a ella, como la dama que era, no le gustaba para nada eso. Pero cuando lo hizo, Ryuji suspiró de placer e hizo más profundo y demandante el beso. Y la pobre María no pudo evitarlo, enredó sus dedos entre el pelo de él, se pegó más a su cuerpo, y fue su turno de suspirar cuando sus pelvis se rozaron.
— María —habló cortando el beso Ryuji—. ¿Por qué no me has dicho antes como te sentías?
Maldito ¿Cómo era capaz de pensar y hablar tan claro después de ese beso? No pudo evitar fruncir el ceño y aclararse la garganta intentando despejarse. Abrió la boca intentando que una frase coherente fuera articulada pero sólo salieron sonidos, algo estrangulados, y alguna palabra suelta, aunque incomprensible.
— María, te quiero —eso sorprendió tanto a la joven que despejó su cerebro de un golpe. Abrió la boca preparada para decir algo pero fue cortada por el chico—. No, no digas nada, déjame terminar por favor. Tú sabes que me cuesta mucho expresar mis sentimientos en voz alta, pero de verdad te quiero, y quería que nuestra primera vez, aunque sé que no es la primera vez de verdad, pero entre nosotros sí…. Bueno, quería que fuera especial. Por eso pedí a tus amigos que te sacaran de casa para preparar el escenario y…
— ¡No, no, no, no! ¡No me lo digas! —Chilló María mientras no paraba de darle besos frenéticamente en los labios—. ¡No he dicho nada! ¡Nada de nada! ¡Sí! ¡Cojamos un taxi! O lo cojo yo y le digo que dé más vuelta para que a ti te dé tiempo a esperarme en casa o…
— O podemos ir los dos corriendo bajo esta lluvia como los locos enamorados que somos —sugirió él divertido mientras acunaba la cara de María entre sus manos.
— ¡Sí! Y podemos besarnos cuando los semáforos se pongan en rojo, y…
No pudo seguir ya que la necesidad de besar al hombre que amaba se hizo más fuerte y no la pudo acallar por más tiempo. Lo besó y se agarró a las solapas de su chaqueta intentando acercarlo más. Aunque el beso paró porque tuvo que estornudar, Ryuji se rió, la cogió de la mano y salió corriendo con ella debajo de la lluvia. María no supo cuánto rato tardaron en llegar a su casa, sólo le importaba que sus labios se juntaran, no resbalarse por ir descalza, que se volvieran a besar, que no le robaran el bolso, que él la besara otra vez y huir de la gente que los llamaba locos e indecentes. Sorprendentemente había mucha vida en Tokyo, incluso de madrugada.
Cuando entraron en el portal del bloque de pisos dónde vivía María ella se dejó arrinconar en la pared después de apretar el botón reclamando el ascensor. Ryuji no paraba de besarla y recorrer su cuerpo con las manos, ella por su parte metió sus manos por debajo de su camisa y le acarició los pectorales con las uñas. Al parecer le gustó ya que emitió un gruñido gutural y la alzó por la cintura para que ella pudiera enrollar sus piernas alrededor de la cintura de él. Ambos gimieron de placer al notar como sus sexos se tocaban y al oír las puertas del ascensor abrirse entraron sin cambiar de postura.
Ryuji volvió a ponerla contra la pared y esta vez empezó a besarle el cuello. Ella lo tiró del pelo y él entendió que quería más y alternó los besos con mordiscos y algunas lamidas. Ella como agradecimiento empezó a mover sus caderas haciendo que sus sexos se rozaran y que cada vez tuviera más ganas de llegar a su apartamento.
Finalmente las puertas se abrieron y María lo apartó de ella con una mano. Con las manos temblorosas se bajó la falda por si algún vecino curiosa los veía y se dirigió con paso rápido hacia la puerta de su casa. Se paró delante de ésta, dándole la espalda al chico, y buscando frenéticamente las llaves. Por fin las encontró pero él le pasó las manos por debajo de sus hombros y agarró sus pechos y empezó a masajearlos. A duras penas consiguió abrirla, cuando lo hizo se giró y cogió de la corbata a Ryuji para entrarlo, tiró el bolso por ahí y cerró la puerta con llave. Y habiendo hecho eso apagó el botón de racionalidad que tenía encendido en el cerebro a duras penas y se concentró en hacer el amor con su novio.
Con las manos de él recorriéndole todo el cuerpo y besándola apasionadamente aprovechó para quitarle la corbata a tirones y de un movimiento brusco le abrió la camisa haciendo que la mitad de los botones salieran disparados por la habitación. Ryuji dejó de tocarla y con un rápido movimiento se quitó la chaqueta y la camisa. María iba a lanzarse otra vez a los brazos de su novio pero él le puso las manos en los hombros y bajó las mangas de su vestido por los brazos, ella se dio prisa en quitárselo y se quedó en ropa interior ante la devoradora y abrasante mirada de él.
En el salón sólo se oían las agitadas respiraciones de ellos. La chica sentía su cuerpo temblar de deseo, su piel caliente, el bello de su cuerpo erizado a causa del frío de la habitación y de la atenta mirada de Ryuji, los pechos los notaba pesados, sus sensibles pezones estaban erectos reclamando atención y su respiración cada vez era más agitada.
— La próxima vez que quieras mandarme una señal para hacer el amor… —pronunció él con dificultad—. Preséntate desnuda y cubierta de kétchup.
— Kawabata-san —ronroneó María mientras se enrollaba un mechón de su pelo con un dedo, ladeando ligeramente la cabeza, sonriendo seductoramente y acariciándose suavemente el cuerpo con la otra mano—. No deberías pensar en futuros encuentros cuando aún no hemos llegado al clímax del primero.
Kawabata se pasó lentamente la lengua por los labios mientras miraba fijamente los pechos de María.
— Tienes razón… Vamos a remediarlo.
Y habiendo dicho eso se acercó a ella, la cogió por la cintura y se la cargó en la espalda. Se dirigía a la habitación de ella con rápidas zancadas cuando ella hizo un sonido de protesta por la situación, él le dio una palmada en el culo y cuando se removió la mordió. Cuando por fin llegó al lado de la cama se agachó sin soltar a María y quitó el cubrecama con la mano que tenía libre. Después la tiró encima sin usar demasiada fuerza para no lastimarla, y mientras ella se acomodaba en la cama para recibirlo encima, él se quitó los zapatos y se desató el cinturón.
Se tumbó encima de ella y continuó besándola, mordió sus labios y empezó a bajar por su cuerpo hasta llegar a sus pechos. María gimió y se arqueó de placer dándole a Ryuji el ansiado acceso para desabrochar el sujetador. Cuando sus pechos quedaron expuestos fue su turno de gemir y empezó a morderlos, a chuparlos y a pellizcarlos con los dedos. María no paraba de gemir y suspirar extasiada mientras le recorría la espalda con una mano y le agarraba la cabeza con la otra instándolo a seguir.
Ryuji decidió bajar un poco más abajo depositando ligeros besos en su vientre. La chica se quejó pero cuando él le quitó las bragas de un tirón y la penetró con un dedo no pudo evitar arquearse de placer y gemir más fuerte. Ryuji sonrió complacido y sintió que su excitación crecía cada vez que María se arqueaba y le pedía que no parara. Él obedeció y sumó otro dedo en la exploración y con el dedo pulgar le estimuló el clítoris. Se inclinó para besarla y hacer callar sus gemidos. La joven se aprovechó e introdujo su mano dentro del bóxer que llevaba y empezó a acariciarle el miembro.
Fue su turno de gemir y arquearse contra la mano de su novia. Ella sonrió complacida y continuó haciéndolo, él aumentó el ritmo de sus dedos y ella bajó más la mano apretando sus sacos.
— Ryuji… Voy a… Voya a…
Logró murmurar María para avisarlo de que estaba a punto de llegar al clímax. Él retiró los dedos de dentro de ella haciéndola gemir de frustración, se levantó y en rápidos movimientos se quitó la ropa que aún llevaba puesta. De la cartera que llevaba en los pantalones sacó un condón y se lo puso. Con movimientos lentos y contenidos volvió a ponerse encima de María y a besarla con lentitud, saboreando sus labios y acariciando lentamente su cuerpo.
Ella abrió un poco más las piernas en una silenciosa invitación. Él apoyó todo su peso en su brazo derecho y con la mano que le quedaba libre cogió su miembro y lo guio a la entrada del sexo de su novia. Estaba tan mojada y caliente… No pudo evitarlo y la penetró de una sola estocada. María gimió al sentirse llenada pero fue callada por un demandante beso de Ryuji.
Él nunca había imaginado que hacer el amor con María pudiera ser como probar dulce y fría ambrosía en el infierno. Era un placer absolutamente abrasador. Se sintió arder de verdad cuando ella empezó a mover las caderas para sentirlo más profundo, no pudo evitarlo y posó una de sus manos en ella para evitar el movimiento.
— Lo siento María. Hoy tomo yo el control.
Ella se mordió los labios de placer al escuchar esas dominantes palabras y gimió ante la primera embestida de él, ante la segunda, ante la tercera y ante las que siguieron. Él aumentó el ritmo y los gemidos de ambos se sucedieron con más rapidez. La primera en llegar al clímax fue María y dos estocadas después Ryuji. Ambos sintieron como se descomponían en pequeños pedazos gracias a una explosión y cómo estos pedazos volvían a juntarse todos en uno sólo en unos segundos.
Después de recuperar el aliento se retiró de encima de ella y la acercó a su cuerpo abrazándola por la cintura, ella con sus últimas fuerzas y una sonrisa de satisfacción adornando sus labios los tapó y le deseó buenas noches escondiendo su cara en el hueco del hombro de él.
No fue la última vez que hicieron el amor, si le preguntan a Ryuji contestaría sonrojado pero muy serio que le encantó hacerlo con las primeras luces de la mañana colándose por la ventana y en el sofá cuando desayunaban. Si le preguntaban a María diría orgullosamente seria que esa fue la mejor noche de su vida y que nunca ninguna noche, con sesión de sexo incluida, de lluvia con Ryuji podría superarla. Evidentemente Ryuji la hizo cambiar de opinión cuando, en una lluviosa noche de verano después de haber tenido una buena sesión de sexo, le confesó que ella era la única mujer con la que quería amanecer en su cama cada día.
Bueno, aquí llegamos al penúltimo capítulo de este fic. Así que el próximo que subiré será el epílogo y sí, ahí serán contestadas muchas de vuestras preguntas, como la reacción de Ren al conocer que Ryuji es el hermano pequeño de Reino entre otras. Espero que hayáis disfrutado mucho del capitulo y que el lemon no me haya quedado muy vulgar (Es mi primer lemon u.u). Aunque creo que quizás me ha quedado algo largo... Al principio me daba mucha vergüenza escribirlo pero mientras lo iba haciendo más emocionada me sentía. No sé si es algo de lo que sentirse orgullosa xD Espero que tampoco haya sido muy brusca la introducción de los amigos de María, pero claro, no iba a ser una antisocial ¿No? :)
En fin serafín, no voy a decir que nos leemos pronto porque no sé cuando podré volver a actualizar pero si me dejas un review de seguro que nos leemos rapidín :3
¡Feliz Semana Santa! Y los que no la celebran... Disfrutad de los días de fiesta ;)
