Luego de haber quedado en tercer lugar y arribar en Kazajistán, el pelinegro no se espero la horda de gente que los esperaba en el aeropuerto.

Carteles de bienvenida y felicitaciones, chicas gritando como si se tratara de un ídolo del pop, hicieron que su acostumbrado rostro estoico, se deformara por la sorpresa. Serik reía, casi sin poder creerlo.

Había seguridad haciéndole lugar para pasar. Ni en sus más locos sueños se había imaginado algo así.

-¡Otabek! ¡Otabek!- entre todo el barullo que había, logró escuchar su nombre pronunciado con una voz distinta a las demás. Una niña.

Tenía debilidad por los infantes al ser un hermano mayor, así que no pudo seguir su camino sin prestarle atención.

Se volvió hacia la niña con una tenue sonrisa y se agacho para quedar a su altura. La pequeña, al tener la atención del mayor, se sonrojó fuertemente sin saber que decirle. No contaba con que se dirigiera hacia ella.

La madre de la niña río al ver la repentina timidez de su hija y la animo para que soltara las palabras.

- Yo... Em... ¡Autógrafo!- termino exclamando, presa de los nervios, mientras le extendía una libreta y un marcador. El moreno rió enternecido ante los mofletes rojos de la infante y procedió a conceder su deseo.

-¿tu nombre, princesa?-

Oh bueno, si antes estaba roja, ahora podría desmayarse. Las chicas a su alrededor suspiraron enamoradas. Otabek era muy guapo y todo un caballero, además de que le gustaban los niños y estaba soltero. Era deportista y el héroe de su país. El hombre perfecto.

-A... Aiday- dijo ella con los ojos iluminados mientras hacía que sus manos jugarán entre ellas. Estaba muy muy nerviosa.

Otabek sonrió mientras deslizaba el marcador por la libreta.

- "Hija de la luna" es el significado de tu nombre, ¿verdad?- la niña abrió sus ojos sorprendida- es un nombre tan bonito como su dueña- finalizó mientras le devolvía la libreta y el marcador.

La niña comenzó a reír y en un impulso lo abrazó, arrepintiéndose al instante de la vergüenza. Lejos de molestarse, el kazajo le devolvió el abrazo y le dirigió una mirada amable a la madre de la niña que tomaba fotos y vídeos de todo.

Serik palmeo su hombro indicándole que ya debían partir porque el aeropuerto podría tener problema por albergar tantas personas, le dirigió una última sonrisa a la pequeña y se perdió en la multitud.

La niña aun en shock por lo sucedido, fue arrastrada por su madre cuando la multitud se empezó a ir. La subió al auto y le puso el cinturón mientras no dejaba de decir lo amable que había sido el kazajo y que habia grabado todo.

La pequeña recordó su libreta y se dispuso a abrirla, ansiosa. Lo que leyó dentro logro llenarle de lagrimas los ojos a la vez que reía emocionada.

"Para Aiday, la princesa de la luna, gracias por creer en mi.

Otabek Altin"


-¡Otabek!- gritó Aruzhan al ver a su hermano entrar por la puerta. No lo hizo esperar y se abalanzó sobre él, quien no dudo en atraparla entre sus brazos y dar vueltas con ella en la habitación. Ambos reían ante la vista de ambos adultos que miraban la escena con infinita ternura. La niña lo lleno de besos repetidamente en la misma mejilla, haciendo reír al kazajo.

- Ya, ya, niña, deja lugar para mi- bromeo la señora Altin uniéndose al abrazo.

- Estamos tan orgullosos de ti cariño, estuviste increíble- dijo ella en un susurro contra su oreja mientras lo apretujaba fuerte.

Otabek sonrió feliz, sin poder contener su enorme sonrisa. Miro al frente y vio a Serik viendo la escena con una sonrisa casi tan grande como la suya. Le extendió el brazo para que se una al abrazo.

El entrenador lo miro pasmado, ganándose una mirada del pelinegro que claramente decía "ya no te hagas, se que sales con mi madre a escondidas" junto con una sonrisa tranquila, dándole a entender que estaba de acuerdo con esa relación.

El mayor sonrío conmovido y termino de cerrar el abrazo grupal que se había formado.

Otabek quiso llorar, pero se contuvo al ver que su madre se le había adelantado. Serik podría ser el nuevo integrante de la familia, pero él seguiría siendo el protector de sus dos mujeres sin importar nada mas.

El día finalizó con los 4 riendo, compartiendo anécdotas y hablando de lo famoso que se había hecho el patinador en su país. Buscaron artículos en internet donde lo nombraban como "el héroe kazajo", haciéndole reír incrédulo, ya que no sabia de donde sacaba la gente esos apodos.

Entre esos artículos encontraron un vídeo que había sido viralizado hace unas horas.

En él, se podía ver a Otabek con la pequeña niña del aeropuerto y a todas las chicas suspirando enamoradas por su paciencia con los niños. Su madre río mucho al ver a las "señoritas" que casi se agarran de los pelos por tratar de alcanzar a su hijo. Por supuesto, no falto la escena de celos de Aruzhan ante el momento en el que su hermano le dijo "princesa" a esa "niña cualquiera que no lo quiere tanto como ella", a lo que Otabek le respondió que habrían muchas princesas, pero que su hermanita siempre seria la reina entre ellas y su primer fan, ganándose el derecho de tenerlo para siempre.

Entre risa y risa, prepararon la cena todos juntos, y mientras veía como Serik intentaba pelar una papa que parecía más una tragedia que un alimento, mientras su hermana reía y se burlaba de él y su madre lo regañaba y se ponía a hacer la labor ella misma, no pudo evitar pensar en lo afortunado que era al tener una familia como esa, llegando a preguntarse como había vivido todo ese tiempo en el que no estaba Serik en su vida.
Su madre parecía tan feliz y enamorada y Aruzhan se había vuelto abierta y alegre, nada que ver a lo que era unos años atrás. Sin contar que les había salvado la vida.

Sin querer ponerse sentimental, procedió a ayudar con la cena, mientras que deseaba que esa felicidad jamás se extinguiera.


- ¡¿porque no respondiste mis mensajes?!- grito colérica, sin importarle estar en la vía pública.

Otabek respiro hondo. Sabia que al regresar a Kazajistán la paz le duraría poco, pero esperaba por lo menos no tener que lidiar con esto en plena luz del día. Había ido a lo de Brad para juntarse con los chicos que querían celebrar su medalla de bronce. Termino encontrándose con... ella.

- ¡Responde maldita sea, ¿con quién estuviste tanto que no podías ni enviarme un "hola" en respuesta?!- siguió ella.

- Alessa... ven, entremos a tu casa primero- dijo él, tomándola suavemente del brazo para ingresar a la vivienda.

- ¡No me toques!- insistió, sacando su brazo de un manotazo.

- Mira, no tengo problema en que sigas, pero alertaras a tus vecinos y eres tú quien vive aquí, no yo- trató de calmarla.

Ella bufó furiosa.

- Bien. Como quieras- entro dando zancadas y fue directo a su habitación, sabiendo que su... ¿novio? La seguiría.

Dicho y hecho, entro luego de ella y cerró la puerta para no incomodar al resto.

- Bien, explícate de una vez. No tengo todo el día.- se sentó cruzándose de brazos.

- ¿No lo tienes? ¿Te verás con alguien luego, Alessa?- continuó él, aún de pie, cansado de ser paciente.

- No empieces... - suavizó ella. Claro, cuando ella le gritaba no importaba, pero si él le reclamaba algo, estaba mal.

- Tu empezaste a gritarme ni bien toque el piso de tu casa. Y no tienes derecho a reclamar... agradece que estoy aquí aguantando tus gritos- dijo duramente mientras se cruzaba de brazos.

- ¡¿agradecerte?! Oh bueno, claro, el héroe de Kazajistán se cree mucha cosa, de acuerdo, pues gracias por ignorarme para acostarte con cuánta zorra se te cruzara- ironizó ella, sonriendo con sorna.

El Kazajo se sorprendía de lo fácil que perdía los estribos con esa mujer. En serio, estaba cansado. Desde que había sentido su perfume que su estómago comenzó a doler y su cabeza a martillear.

Suspiro hastiado.

- Mira Alessa... tú y yo habíamos terminado antes de tomar el avión. No tienes derecho a reclamarme nada, no tengo obligación a responderte llamadas o mensajes. Estuve ocupado con rondas de prensa y preparándome para competir -

- Ni siquiera lo niegas mierda- dijo ella parándose de golpe con la ira impregnada en la mirada.

-¿Se puede saber de qué demonios hablas?- dijo, visiblemente agotado de esa charla.

- Pues de lo que te dije antes idiota, ¡¿con quién demonios te acostaste?!- termino por gritar, fuera de si.

Antes de que pudiera responderle, la puerta se abrió de golpe.

-¡Basta ya!, Otabek, ve a la sala- dijo Brad mirándolo calmado- y tú- espetó con odio mientras volteaba a ver a su hermana- déjalo en paz, ya hiciste suficiente-

- ¡Tu no te metas!- grito ella tomando a Otabek del brazo- y tú no te vas, no terminamos aun- dijo mientras lo jalaba lejos de su hermano.

El pobre pelinegro ya no sabia que hacer. Sentía que vomitaría en cualquier momento de los nervios que se aglomeraban en su estómago. No quería tenerla cerca, no quería que le gritara. No quería sentirse asi.

Sintió como lo liberaban de su agarre y la fémina era empujada a un lado.

- Déjalo en paz, no me hagas repetirlo ¿Acaso te olvidaste de lo que hiciste la semana pasada hermanita?-

La pelirrosa se puso pálida.

- Ci... cierra la boca- siseo ella con furia, mientras volvía a ponerse de pie.

- Ha traído tres tipos la semana pasada a la casa, ¿que crees qué pasó?- dijo Brad ignorándola, mientras miraba a su amigo- pues claro que se revolcó con los tres, inclusive le dio una de tus remeras que olvidaste aquí a uno de ellos. Se ha cagado en ti-

El kazajo sentía como le faltaba el aire por un momento. Sintió como su pecho daba una última vuelta para terminar rompiéndose en pedazos, y el dolor de estómago se incrementó, llegando a marearlo. Él sabía de los engaños de su ex novia, pero eso no hacía que le doliera menos. Dolía muchísimo. La traición parecía seguir clavándole estacas en el pecho.

Recordó el día que la conoció, las risas, los besos, los abrazos, sus primeras veces. Recordó las salidas a la madrugada, salir a bailar con ella, recordó cada promesa. Y todo se rompió.

No sabia con claridad si la había amado o no, nunca lo supo. Pero haberle entregado su corazón y confianza a una persona y que le importe una mierda, tomando tus ilusiones, y haciéndola pedazos contra el piso, era una sensación que no espero vivir jamás. Y menos con su primera novia.

Sintió como Brad lo tomaba por los hombros para llevarlo a la sala y dejarlo con los demás chicos. Escucho los gritos de Alessa seguidos de los de su hermano y como cada vez se alejaban mas.

Vio a los demás preocupados, hablándole y tomándole el rostro para que reaccionara. Inclusive se sorprendió de ver a Vico que siempre se encontraba serio, con el ceño fruncido en preocupación.

Cuando volvió a tener los pies sobre la tierra, vio que sus amigos le habían preparado un té y algunas cosas dulces para que recupere el color del rostro. Se sentía patético ¿por que una noticia ya obvia le había hecho tanto mal?

Se tomo su tiempo para pensarlo mientras los demás hablaban entre ellos de la situación.

Se dio cuenta de lo enojado que estaba unos minutos después. Había quedado en tercer lugar por tener la cabeza metida en esa mujer... y ahora se enteraba de que mientras él se debatía entre darle una oportunidad o no, ella se había dado una gran fiesta en la cama donde estuvieron juntos tantas veces.

Alessa era una maldita perra.

Que lo disculpara su madre por pensar así de una mujer, pero es que no encontró una palabra más suave para definirla. Había gastado tanto tiempo en ella, tanto dinero, había perdido tanto. Se había enamorado tanto. Estaba tan prendido de ella. Quiso golpearse y se encontró furioso consigo mismo, asumiendo que todo era su culpa.

Como si leyera sus pensamientos, Jeff, que estaba sentado a su lado, puso la mano en su hombro.

- No ha sido tu culpa hombre... no te martirices.-

- Es cierto- continuó Demian- no tienes la culpa de que ella sea así, me sorprende que no le hayas gritado en todo este tiempo-

- Si tío, no sé cómo te has aguantado- comentó Vito.

- Lamentó no haberte protegido de ella lo suficiente- siguió Brad mostrándose arrepentido frente a él- pensé que luego de cortar su relación te dejaría en paz, como hace siempre con todos. Pero se ve que volverte famoso le dio pie a seguir intentando meterse en tu vida. No se porque es así... siempre ha sido dificil tratar con ella, desde niños. Pero jamás había visto a alguno tan afectado como a ti... mírate, aún estás pálido. Lo siento hombre, no te haré volver aquí-

- Esta bien...- interrumpió el kazajo- no es tu culpa, no debí meterme con tu hermana de todos modos... lo siento-

Ambos se sonrieron tenuemente y se dieron un apretón de manos. Nunca habían peleado y no lo harían por un asunto cerrado.

Todos estuvieron de acuerdo en largarse de ahí, tomando sus motos para irse lejos.

Él aún no tenía la suya, así que confiaba en que cualquiera lo tomara de pasajero. Fueron a un lugar despejado, lejos del ruido de la ciudad. Hablaron toda la tarde y entrado el atardecer, se ofrecieron a dejarlo en su casa.


Al llegar, no se esperaba nada de eso.

En la puerta de su casa se encontraba su familia y... una moto. Una hermosa moto nueva.

Y no cualquier moto. Era una Victory Vegas 8-ball.

Si fuese una niña ya estaría saltando y gritando alrededor de ella. Casi que no puede despegar los pies del piso y tampoco puede cerrar su boca.

Su madre empezó a reír al ver la cara de su hijo.

-Bueno... lo prometido es deuda cariño, es un regalo de todos nosotros-

"Todos nosotros". Se dio vuelta de golpe para mirar a sus amigos, quienes sonreían con complicidad.

- Bueno, no podías ser uno de los nuestros sin tu moto, ¿verdad?- soltó Demian con esa manera de hacerlo todo gracioso.

Otabek no pudo hacer más que negar en silencio con una enorme sonrisa en la cara. Se acercó a ellos y los abrazo grupalmente. Entre ellos, las palabras jamás hacían falta.

Luego hizo lo mismo con su familia, agradeciéndoles el regalo, mientras abrazaba mas fuerte a Aruzhan, la cual no dejaba de mira al pelivioleta de su amigo, oh no, los celos no se irían a ninguna parte.

- Oigan, no es gracioso. ¡No sabia que era su padre! Nunca hubiese hecho eso de saberlo- lloriqueó Jeff, mientras contaba una anécdota de su anterior novia mientras los demás se burlaban de él.

Estaban en la residencia Altin, en el patio a las 12 de la noche riéndose como niños. Su madre y Serik salieron a cenar y al parecer no volverían esa noche. Y su hermana se quedaba en la casa de una de sus amigas, para no poner más celoso al pobre kazajo. Tenían la casa para ellos solos y se habían tirado en el fondo a beber unas cervezas mientras hablaban. A veces contaban experiencias vividas, felices o tristes. Otras veces ponían al día al kazajo sobre las cosas que hacían antes de conocerlo. Algunas otras, hablaban de sus países. Al ser un grupo tan variado, jamás se aburrían juntos.

Esa noche comenzaron a hablar de sus ex, inspirados en la situación de Otabek.

Jeff les había estado contando las metidas de pata que había tenido en sus relaciones, las cuales eran muchísimas, haciendo que les doliera el estómago de la risa.

Demian jamás había tenido novias, solo chicas. Se aburría fácil y jamás había encontrado a alguna que le moviera el piso lo suficiente. Había experimentado con un par de hombres, pero solo un par. Era muy exquisito en sus elecciones. Y tenía con que, desbordaba atractivo sexual por donde lo vieras, con el cabello violeta peinado hacia atrás y sus afilados ojos. Tenía un acento muy marcado y las chicas de ese país se volvían locas por él. Claro, sumándole ese aspecto de chico malo.

Vico era bastante reservado. Había tenido una sola novia pero no hablo de ella, como si le doliera recordarla. Hablo de otros ligues, pero nada relevante. Se caracterizaba por ser una persona justa y directa, cuando algo que no le gustaba no se podía cambiar, desistía de ello y listo. Para él, las relaciones no eran complicadas.

Y Brad había tenido muchas novias. Aunque no lo parecía, era un romántico empedernido. Su hermana había acabado con muchas de sus relaciones por ahuyentar a las demás mujeres, poniéndolas en ridiculo, insultandolas o volviéndolas igual que ella. Esa era una de las razones por la cual no se llevaban bien. Actualmente, salía con una chica, pero aún no la llevaba a su casa ni le contaba a nadie por qué no quería arruinarlo.

Luego de terminar de reírse de las desgracias de Jeff,
Demian se limpió una lagrima mientras se volteaba hacia el kazajo.

-Oye Otabek, no quiero tirar sal a la herida pero... me sorprende que no hayas hablado con Alessa mientras estabas compitiendo. Normalmente corrías tras ella por cada discusión; la tenías caminando por las paredes del enojo-

- Oh, eso... iba a responderle luego de recibir mi medalla, pero...- lo recordó.

Los chicos se miraron extrañados- Oye, ¿que ocurrió entonces?-

El kazajo los miro- apreté el botón de eliminar mensajes por error justo antes de responderle-

-Mmm vale, no te creo, ya suéltalo, escúpelo, vomítalo o lo que sea pero cueeeeennnntameee- insistio el castaño arrimándose en su hombro- Otaaaaa- siguió molestándolo.

- Bueno ya, ya, pero no me llames así- lo empujó jugando el castaño, ese apodo no quería volver a escucharlo- cuando estaba por responder, un... futuro compañero cruzo en frente mío y me distraje y... los borre-

- ¿Futuro compañero? ¿Quien? Quiero fotos, hermano- insistió Jeff.

-Yuri Plisetsky, búscalo en Google- se resignó.

- ¡¿Plisetsky?! No necesito buscarlo tío, se quien es. ¿Son amigos?- se emociono Demian.

-... no, lo he visto de lejos cuando éramos niños, dudo que me recuerde. Jamás le he hablado y cuando lo vi, simplemente no supe qué hacer-

-Oh vaya, le admiras mucho- se dijo pensativo el pelivioleta- deberías proponerle ser amigos, después de todo serán compañeros-

- Mas bien, serán rivales idiota- agregó Vico, serio como de costumbre.

- Bueno, eso.- rodó los ojos.

- Esperen, él jamás dijo que lo admirara... no será... ¿que te gusta?- insinuó Brad, mirándolo con picardía. Otabek comenzó a ponerse rojo.- ¡Ja! Lo sabia-

- Oye que aún no digo nada- se atajo el pelinegro.

- Amigo, estas rojo hasta las orejas, no intentes defenderte o me ofenderás- rió el castaño.

- No me gusta... jamás hable con él- dijo lentamente.

-bueno bueno, ¿que se te viene a la cabeza de ese chico cuando digo la palabra "Plisetsky"?- acotó Demian.

- Sus ojos- respondió casi de inmediato. Cuando se dio cuenta, comenzó a enrojecer de nuevo.

Todos sonrieron cómplices- ¡te gusta! No hay vuelta atrás, tienes que hablarle-

Y así siguieron toda la noche, burlándose del pobre kazajo que amenazo con dejarlos dormir afuera. Pasada unas horas todos se fueron a dormir, dejando a Otabek sumido en los recuerdos del rubio.

Recordó sus ojos verdes y el dolor que su ex le había hecho pasar, se difuminó un poco, llevándolo nuevamente a dormirse con una sonrisa.


No he tenido tiempo de actualizar antes por este medio, lo siento. Subire este capitulo y otro mas, para compensarlo.

En fin, hoy vimos más la relación de Otabebe con sus amigos, con Alessa, con todos. Prepárense porque a partir del capítulo que viene, empieza lo bueno. Van a entender qué papel juega JJ en la historia y luego... al fin, Barcelona.