Apostando al Amor
Capítulo 9
"Para formar una familia"
Jueves 11 de Diciembre.
Shaoran bufó, apartándose un mechón de cabello de su rostro mientras veía al idiota de su amigo, acercarse con esa sonrisa de 'envídiame, soy el hombre más feliz y activo del mundo'. Cómo lo odiaba cuando sentía que tenía la razón en todo eso. Cómo lo odiaba.
—"¿Y qué me dices? ¿Preparado para formar una familia numerosa?"
—"Sigue soñando, Eriol". –respondió con una sonrisa desbordante de sarcasmo.
El moreno lo miró con una expresión que él no pudo descifrar, y se encogió de hombros.
—"Como digas, mi pequeño aprendiz. Aunque, ¿sabías que los sueños se hacen realidad?"
De lo que fue conciente Eriol, fue del cenicero que voló por los aires, dispuesto a dar en su cabeza, pero gracias a sus buenos reflejos y milagrosos movimientos, fue capaz de esquivarlo. Aún no sabía por qué Shaoran tenía un cenicero en su despacho si jamás había fumado. Bien, algo por hacer, quitar del escritorio de su loco y enojón amigo todo objeto peligroso.
—"Cállate, Eriol". –masculló, volviendo a sus labores, antes de salir del trabajo.
—"¡Eh! ¿Con la pata izquierda, no?" –dijo, hincándose para prevenir cualquier ataque de Shaoran, pero éste nunca llegó.
Se levantó del suelo, arreglando su traje en el transcurso, y se sentó en la silla que estaba en frente de la de su amigo. A pesar de encontrarlo con su típico humor de mala muerte, su expresión era relajada, e incluso… feliz. No, quizás decir feliz era demasiado, pero estaba contento, y se alegraba por eso.
—"¿Cómo van los sobrinos?" –preguntó, ojeando los contratos que leía Shaoran.
—"Bien". –respondió. —"Tranquilos. Sakura es una gran ayuda".
—"A Sakura siempre le han gustado los niños. Tomoyo me comentó que se vería kawaii siendo madre, y en especial… esposa".
—"Puede ser".
El tono monótono de Shaoran no satisfago su curiosidad. Le estaba hablando como un autómata sin demostrar lo que decía con sus facciones, y eso no era precisamente lo que buscaba. Demonios, quería ver algo favorable en ese castaño cabeza dura, pero no veía el cambio que tanto él como su novia buscaban. O, al menos, no veía el cambio en el exterior.
—"Seguramente, Sakura se lleva muy bien con ellos". –comentó, aparentando desinterés. —"Es más que sabido que su futuro esposo será muy afortunado. Tendrá una esposa fiel, hermosa y muy buena cocinera, por lo que tú me comentaste y por lo que Tomoyito me dijo".
—"Puede ser".
Los nervios de Eriol se estaban saliendo de su flujo natural. ¿Acaso ese día era el de 'puede ser'? ¿Por qué demonios Shaoran se estaba comportando tan tranquilo y desinteresado? ¿Sakura no le importaba ni un poco?
Muy contrario a lo que el joven de ojos azules creía, Shaoran reprimía el deseo de hacerle tragar esos lentes de botella a ese cuatro ojos al que llamaba amigo. A él le importaba un cuerno qué tan buena podría ser Sakura por esposa, o qué tan afortunado sería el idiota que pudiera conquistarla. No le importaba porque ella no le interesaba como algo más que una conocida hermosa a la que deseaba. El deseo no era amor. Y jamás podría convertirse en eso, ¿verdad? Además de que él no creía en ese sentimiento que sólo era para idiotas.
El amor era sinónimo de estupidez, de ceguera… de… de…
En fin, el amor era de idiotas y ahí se quedaría el tema.
—"Shaoran, ¿qué piensas de Sakura?"
No pudo evitar rodar los ojos ante la pregunta, ¿cuánto más seguiría psicopateándolo Eriol? ¿Y a dónde quería llegar?
Se levantó rápidamente de su escritorio y tomó el saco, dispuesto a salir.
—"Sakura es buena, mm… dulce, cocina bien, limpia bien…" –se quedó pensando un segundo, sosteniendo la puerta, mientras Eriol trataba de asimilar todo lo que su amigo le decía tan apresurado. —"… es buena con niños. Se ve sincera… en fin, por ahora creo que nada más. Hasta luego, dominado".
Y sin más salió dejando a Eriol con una sonrisa en sus labios. Shaoran podía ocultar mucho de lo que sentía, pero quizás las cosas sí estaban dando resultado.
Realmente esperaba que sí.
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—"¡Derecha, Sakura!"
—"¡No, no! ¡Izquierda!"
—"Idiota, ¿no ves que es derecha?"
—"Claro que no, ñoño. ¡Es izquierda!"
—"¿P-Pueden ponerse de acuerdo?" –preguntó ella, temerosa de pisar mal, y darse de lleno el rostro con el suelo.
Sakura caminaba de un lado para otro, con una soga en su mano, y los ojos vendados. Esos niños la podían, no era capaz de negarse a nada cuando le pedían las cosas con esos ojitos de cachorritos mojados, y siempre lograban embaucarla. Eran unos demonios, de eso estaba segura.
La habían convencido de jugar a ponerle la cola al burro –o lo que ella había sugerido –, pero daba la casualidad que en el departamento de Shaoran no había ningún juego para niños, motivo por el cual, tuvo que construirlo de manera casera. Una soga vieja para la cola… y el tablero con el burro… bueno, eso era demasiado humillante como para recordarlo.
Sintió ganas de reír, al rememorar esos instantes. Como no habían encontrado nada que se le pareciera a un burro, ella misma se había encargado de pintarlo. Y fue entonces cuando conmemoró que era muy, -demasiado – mala para la pintura y todo lo que tuviera que ver con la estética. Era por eso que siempre le pedía ayuda a Tomoyo cada vez que en la universidad le encargaban hacer alguna especie de obra de arte, porque lo que Sakura hacía, era un insulto para cualquier artista. Literalmente.
—"Sakura, derecha. Derecha". –escuchó la voz de Tao. Y se preguntó, por qué era ella la que había llegado a ese estado.
—"¿D-Derecha?" –cuestionó con temor. Ya había tropezado más veces de las que podía contar, y si no caía, era sólo de milagro.
—"No, te digo que es izquierda". –refutó Koda.
Ella se quedó quieta unos instantes, mientras una sonrisa aparecía en su rostro. Era indudable que si esos dos se ponían de guías de algo, lamentablemente, morirían de hambre. Se movió hacia un lado, chocando con la mesa de la sala. Bien, otro golpe no le haría más daño del que ya le habían hecho todos los demás. Aún no sabía qué era lo que hacía con los ojos vendados, pero no deseaba defraudar a esos pequeños. Parecían divertirse mucho, y jamás habían jugado a ese juego, ni escuchado de él, por eso quería mostrarle más cosas. Ellos seguramente tendrían una vida demasiado acelerada, al ser hijos de importantes empresarios, como la vida de Shaoran, por lo poco que él le había contado. Era una lástima que fuera así, pero ella se encargaría de hacerlos disfrutar mientras estuvieran ahí. De eso no cabía duda.
—"¡Sakura, cuidado con…!"
En ese momento, lo único que la joven pudo escuchar fue el grito de Tao, y luego se sintió tropezar, cerrando fuertemente los ojos, mientras esperaba el fuerte impacto con el suelo… con la particularidad de que nunca llegó; y en cambio, se sintió rodeada por un par de fuertes brazos. Unos brazos cálidos… unos brazos que conocía.
Se quitó rápidamente la venda, y sus ojos esmeraldas se encontraron con un par de ojos ámbar que la miraban divertidos por la situación. Sakura se miró a sí misma, una de sus manos estaba sobre el fuerte pecho de Shaoran. Podía sentir sus formas aún por encima del grueso polar negro y el traje de oficina. Su pecho era duro… oh, dios, muy duro.
Uno de los brazos del castaño rodeaba su cintura en un agarre suave y firme, mientras que con su otra mano sostenía una de las manos de la chica.
Sakura se sonrojó violentamente, al darse cuenta de la posición. ¡Estaban casi en una colocación para besarse! Se separó torpemente de él, pero no contó con que Shaoran reforzara el agarre de su cintura, y le regalara una radiante sonrisa. Demonios… esa maldita sonrisa arrogante cada día se volvía más efectiva, sin embargo, Sakura sabía controlarse y no le daría el gusto de sonrojarse o ponerse nerviosa ante ella.
Quizás porque ya parecía un tomate, y las piernas le temblaban como gelatina.
—"¿Qué hacían?" –preguntó el castaño, inclinándose a Sakura y besando su mejilla muy cerca de la comisura de sus labios, al tiempo que se separaba de ella para saludar a sus sobrinos.
Sakura se quedó estática. Se tocó, inconcientemente, la mejilla con una de sus manos. ¿Por qué lo hacía?, se preguntó. Hacía días que Shaoran había comenzado con esos extraños saludos. Bueno, no tenían nada de malo… era un beso en la mejilla. Un endemoniadamente tentador beso en la mejilla.
¿Tentador?
Se mordió el labio inferior, tratando de controlar los pensamientos que asaltaban su mente, tratando de concentrarse –al menos – en el dolor masoquista que ella misma se provocaba. ¿Por qué Shaoran se estaba comportando así?, esa pregunta llevaba haciéndosela toda la semana, desde que él se portaba un tanto… cariñoso con ella. Bien, siempre había tratado de acercársele, y todo eso sólo para ponerla nerviosa pero… pero todas esas veces…
—"¿En serio?" –indagó Shaoran, mirándola atentamente.
Sakura parpadeó confundida, y fijó su mirada en la miel de él.
—"¿Eh?"
Shaoran sonrió, satisfecho de haberla dejado en el estado en el que estaba. Quizás no había sido él, pero quería jactarse de haber podido poner nerviosa a la chica que no caía bajo sus encantos.
—"Me dijeron que estaban jugando". –aclaró. —"¿A qué jugaban? Porque supongo que este juego tiene doble riesgo". –bromeó, mientras a la castaña se le subían los colores al rostro.
Ella, sin decir una palabra, señaló la pared del living, mostrándole el dibujo del burro que había confeccionado para los chicos.
El joven de ojos ámbar, lo miró con una ceja alzada sin poder descifrar del todo bien lo que representaba ese garabato hecho en un trozo de madera. Tendría que recomendarle a su hermana que le pagara un curso de dibujo y diseño a sus sobrinos, porque esa cosa dejaba mucho que desear.
—"¿Quién hizo esa rata deforme?" –la pregunta apenas pudo salir de sus labios, sin dejar salir una carcajada de por medio. No podía creer que en toda la mañana hayan estado dibujando eso.
Koda y Tao miraron a Sakura al borde de la risa. Su tío estaba metiendo la pata hasta el fondo. La chica de ojos verdes levantó una ceja, ofendida. ¿Qué tenía de malo su dibujo? De acuerdo, no estaba tan lindo… pero, ¿rata?
¿¡Que no veía que era un burro!?
—"Tío, en realidad eso lo hizo…"
—"Dios… creo que a su madre le daría un ataque al ver esto". –dijo Shaoran, interrumpiendo a Koda. —"Ella que es tan… fashion. Sí, creo que le daría un ataque nervioso".
Sakura carraspeó, llamando la atención de los presentes. Tao sólo sonreía divertido, mientras Shaoran seguía mofándose de su vergonzoso dibujo, y Koda mantenía una sonrisita nerviosa, tratando de explicarle a su tío lo que realmente pasaba ahí.
Lástima que ya era tarde.
—"¿No te gusta mi dibujo, Shaoran?"
—"Demonios, es horrible. Increíble que…" –él paró de repente, mirándola con los ojos abiertos. —"¿Tú dibujaste esto?"
—"Sí". –masculló, haciendo una mueca de enfado que lo hizo reír.
—"No puedo creerlo". –expresó, conteniendo la risa. —"Por favor, trabajas en una empresa de diseño y modas y… ¡Dios! Esa rata es lo más deforme que he visto en mi vida".
—"No es una rata. Es un burro". –corrigió Sakura, cruzándose de brazos. Demasiado estaba soportando ya como para que él continuara insultando su… obra de arte. ¿Qué? ella misma lo reconocía, pero era muy diferente a que se lo dijeran tan abiertamente. A veces la verdad dolía. Pero es que shaoran tenía una forma tan… poco convencional de burlarse de las cosas que la sorprendía.
—"De acuerdo… está hermoso. En serio". –dijo él con una sonrisa arrogante que ocultaba la gracia que le daban cada una de las expresiones que adoptaba el rostro de la castaña. Esa chica se le hacía cada vez más interesante. No recordaba divertirse tanto todos los días, a menos que fuera en… un dormitorio. Sus sobrinos, con la combinación de la chica de la limpieza, estaban colmando sus días con la diversión que no recordaba haber tenido… nunca, quizás. Y también representaban un importante estímulo para quitarse toda la tensión que el trabajo en la empresa estaba ocasionándole. Los días se estaban volviendo fatales. Gente corriendo de un lado para otro, Eriol llevándole catálogos de comidas y decoraciones para que escogiera entre los mejores, sin mencionar sus estúpidas charlas de lo agradable que sería tener una familia; la prensa que no se cansaba de hacerle reportaje tras otro, y más aún con el problema de su cuñado. Todo eso era un cúmulo de cosas que estaban agotándolo de sobremanera, y al no tener ninguna especie de relajamiento para quitarse la tensión, sus sobrinos representaban esa fuente de distensión.
—"Para la próxima, dilo más creíble". –refunfuñó ella, haciendo un mohín.
Koda rió divertido. Le gustaba ver a su tío y a Sakura juntos. No recordaba demasiado bien las cosas, pero la última vez que había visto a Shaoran, cuando tenía la edad de su hermano pequeño, recordaba que nunca estaba acompañado como todo adulto, con una mujer. Los mayores siempre tenían a un acompañante, él no entendía esa necesidad por sentir que alguien estaba contigo, como le había explicado su madre, pero su tío rompía con los esquemas de familia que se había imaginado.
Feimei Li era una mujer por sobre todas las cosas muy romántica, que le inculcaba esas ideas a sus hijos. Pero Koda sabía muy bien que su tío no era así, y por lo que sabía, también tenía el conocimiento de que era un mujeriego. Al principio no lo había entendido, pero una vez, mirando la televisión, los medios de prensa lo habían mencionado y supo que Shaoran podría tenerlo todo, menos una familia; y a pesar de su corta edad, deseaba ayudarlo. Mucho más ahora que había conocido a Sakura, y lo que ella les había contado de una especie de apuesta… Quizás el destino tenía mucho que ver.
El destino no son tus acciones, simplemente es lo inevitable, le había dicho una vez su madre. Aunque aún no comprendía lo que eso significaba –porque los adultos eran increíblemente complicados –, sólo sabía que ya tenía a su prototipo de tía.
Y esa no era otra más que Sakura Kinomoto.
—"Sakura tiene razón, tío". –apoyó Tao. —"Ella nos enseñó a jugar a ponerle la cola al burro, y bueno… mm, creo que sería lo mismo con una rata, ¿no?" –preguntó, volteándose a Sakura, quien asintió con la cabeza. —"Pero de todos modos está bonito".
—"Yo no dije lo contrario". –murmuró Shaoran, divertido, encogiéndose de hombros.
—"Dijiste que era deforme". –espetó Sakura con una ceja alzada. ¡Hey! Ella no era tonta como para no saber que ahora trataba de arreglarla, aunque eso sonara infantil, ella quería una disculpa por parte de él. Sabía que era un juego, pero le gustaba jugarlo. Era algo extraño lo que se había formado entre ellos, sin embargo, no dejaba de ser divertido; y por sobre todas las cosas, diferente para ella.
—"Sí". –afirmó el castaño con una sonrisa socarrona. —"Eso dije. No te lo negaré, pero digo, ¿Que los artistas no dibujan abstracto? Esto podría ser una obra de arte, y tú aún no te das cuenta".
Sakura supo por el tono de sus palabras que estaba burlándose de ella. Lo miró, entrecerrando sus ojos, mientras él sólo quería escapar para dejar salir el aire que estaba reteniendo en sus pulmones, por retener las carcajadas. De acuerdo, había metido la pata, ¿y qué? ahora trataba de arreglarlo, además de que no sabía que decir la verdad era algo tan malo. Aunque verla con ese supuesto enfado, y los brazos cruzados en su pecho, con sus ojos verdes clavados en él, y esa fina ceja alzada, la hacían ver endemoniadamente atractiva.
—"Es más…" –agregó él, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón de oficina. Sakura en ese instante notó lo bien que esa actitud relajada podía verse en él. —"Yo mismo te la compro". –dijo, haciendo que ella lo mirara confundida. ¿Qué había dicho…? —"¿Cuánto quieres? ¿Un millón, está bien? ¿Quizás dos?"
Koda rió, junto con Shaoran, mientras Tao los miraba sin entender. ¿Estaban locos o qué? siempre que su tío decía algo extraño, Koda y él se largaban a reír, y sinceramente, no podía entenderlos. ¿Por qué se reían?
Miró a Sakura con la interrogante pintada en el rostro, y ella le regaló una sonrisa, sacudiendo negativamente su cabeza.
—"¿Sabes, Tao?" –inquirió ella, acercándose a él, mientras los otros dos se descostillaban de la risa.
—"¿Qué?" –preguntó, mirándola atentamente. Sakura se parecía a su mamá. No físicamente, porque eran muy diferentes, pero se parecía a ella, en el sentido de siempre saber qué decir o hacer… además de siempre estar con una dulce sonrisa en el rostro. Tal vez, Koda tenía razón, y ella sería lo mejor para su tío.
—"Cuando los locos actúan extraño, hay que dejarlos, porque sino puedes contagiarte, ¿entiendes?"
Él sonrió, asintiendo.
—"Síp, entiendo. Entonces no tengo que acercarme ni a mi hermano, ni al tío, mientras se comporten como locos, ¿no?"
—"Exacto, pequeño". –sonrió la castaña, desordenando los sedosos cabellos castaños. A veces se preguntaba si los oscuros y rebeldes cabellos de Shaoran serían tan suaves como aparentaban. Sus sobrinos se parecían tanto a él… Seguramente su hermana también sería parecida. Ella debería ser muy hermosa si es que mantenía unos rasgos afines a los de él, y…
Se sonrojó violentamente, al darse cuenta del curso que estaban tomando sus pensamientos. ¿Por qué últimamente le sucedía lo mismo? Estaba dejando volar demasiado su imaginación… ¡pero es que esos niños eran tan monos! Eran tan parecidos a Shaoran en la fotografía de niño que…
Suspiró, sabiendo que ya era demasiado. Detente, se dijo a sí misma, tratando de controlar un poco sus alocados y deliberados pensamientos. ¿Desde cuándo pensaba tanto? Quizás desde que esas estupideces habían salido de su boca aquel día que habían ido al parque. Con esos recuerdos, también volvieron a ella su inseguridad… y el miedo. Recordó un miedo que creía haber superado, pero como todo en ella, nunca podría dejar el pasado atrás.
¿Por qué? ¿Por qué siempre tendría que ser así?
El sonido del teléfono logro hacerla volver de sus pensamientos. Aparentemente habría estado un largo rato con expresión imperturbable porque Tao la miraba curioso, casi con temor a despertarla de su ensoñación. ¿Tan sumida estaría?
Se dirigió hacia la mesita de cristal en la que se encontraba el teléfono, notando que esos dos, sobrino mayor, y tío infantil, seguían con una charla de la que tanto ella como Tao estaban excluidos. Negó con la cabeza suavemente, y atendió el teléfono que no dejaba de sonar. El escuchar la voz del otro lado de la línea le heló la sangre; y nuevamente se preguntó, ¿por qué a ella?
…
Shaoran conversaba animadamente con su sobrino. Ese niño era inteligente y perspicaz cuando quería. Sabía bastantes técnicas de artes marciales que él recién había aprendido cuando era un adolescente. Era increíble hasta cierto punto, y se sentía orgulloso de él. Ese chico sería todo un don Juan, como él. El mejor.
No supo el motivo, pero pensar que sería como él no le causó la satisfacción que debería haberle causado. Sabía que su hermana no podría soportar que uno de sus hijos levara una vida tan libertina como la suya, pero además de lo que le gustara o no a su hermana, él mismo no se sintió bien con lo que estaba imaginando. Le encantaba su vida, no tenía compromisos, era completamente soltero; podía hacer lo que quería, cuando quería, sin darle explicación alguna a alguien, sin embargo, eso no era algo bueno para su sobrino.
Pasó una mano por sus cabellos, y miró a sus alrededores, vio a Tao, entreteniéndose con unos autos de juguete que antes le había regalado. Buscó con la mirada a Sakura, y la vio en uno de los rincones de la sala, cerca del balcón, con una extraña expresión en el rostro… como si estuviera desesperada. Al verla más atentamente, notó que estaba hablando por teléfono, mordiéndose a cada instante su labio inferior.
Era irremediablemente adorable cuando hacía eso.
Se acercó, muy lentamente a ella, y pudo escuchar parte de la conversación que mantenía. Por el tono que estaba utilizando, trataba de no gritar, pero se notaba con los hombros tensos, y las manos temblorosas. ¿Tan malo era lo que estaba pasando?
Y otro punto… ese era su teléfono. Nadie tendría que llamar a su chica ahí.
—"Lo que pasa es que… sí, sí, claro que entiendo". –la voz cansada de ella le indicó que la conversación no era demasiado amena. Los gritos del hombre que se encontraba del otro lado de la línea lograban llegar a sus propios oídos. Frunció el ceño, dándose cuenta de lo que había pensado… un hombre. Claro, la voz gruesa que podía escucharse era la de un hombre… y Sakura lo conocía. ¿Quién demonios le había dado su número telefónico? —"Ya no soy una niña para que me estés diciendo estas cosas, Touya…" –bien, ahora al menos sabía su nombre. Touya… Touya… Eriol no le había mencionado que Sakura tuviera una relación con nadie. ¿Quién rayos era ese tipo? ¿Y por qué mierda a él le importaba si ella estaba en una relación o no? jamás se había fijado si las mujeres tenían novio, amante, esposo… o lo que fuera; siempre las había tomado y luego… adiós, no sé quién eres. ¿Por qué ahora debería de importarle? —"Touya… Touya… ¡Touya! ¿¡Puedes callarte por un segundo!?"
Shaoran frunció el ceño contrariado. Demonios, ¿quién era el tipo para gritarle de esa manera a Sakura?
—"Mira, entiendo tu punto". –continuó ella, más calmada. Se notaba que trataba de respirar tranquila para no salir de sus casillas más de la cuenta. Cosa que no le estaba resultando del todo bien. —"Pero entiéndeme tú a mí, por favor; no es nada del otro mundo, ¿sí? Somos… amigos, sí, amigos, nada más que eso. Y ahora estoy cuidando a dos niños". –Sakura suspiró, cansada, ¿por qué su hermano tenía que ser tan cabezotas? —"¡Claro que estoy de acuerdo, Touya! ¿Por qué siempre te metes en mi vida?"
Shaoran observó con atención el cambio en las facciones de Sakura. Ella sin duda alguna era hermosa. No sólo su cuerpo había sido labrado por los mismos ángeles, sino también su rostro. Siempre con ese aire ingenuo y despistado. Una característica que la hacía irresistible para los hombres, y en él había dado resultados desde el principio. Y seguramente en ese Touya, también. Pero a pesar de todo, ella no parecía demasiado a gusto con la llamada. Su ceño estaba fruncido, y luego pasó a una expresión taciturna que al castaño no le gustó para nada, ¿qué mierda le estaría diciendo ese condenado tipo del demonio?
—"Sé eso, hermano". –suspiró, pasándose una mano por el rostro, y volteándose hacia el gran ventanal, en una posición que Shaoran no pudo ver; ni mucho menos notar el tono vacilante de su voz. En lo único que él había centrado su atención había sido en esa palabra… hermano… hermano.
¡Ese hombre era su hermano! No tendría de qué preocuparse, o quizás sí, porque parecía discutirle el que ella estuviese en ese lugar. Ah no, a su chica no iban a quitarla de ahí hasta que hubiera cumplido con lo que debía. Eso sí que no.
Sacudió la cabeza, dispuesto a acercarse a ella. No sabía por qué, pero sentía la enorme necesidad de acercarse para brindarle… ¿apoyo? Bueno, no sabía bien si era apoyo lo que deseaba brindarle, pero lo que sí quería era que ese tipo dejara de vociferar en su teléfono y que dejara tranquila a Sakura.
Porque ella era de él.
—"No soy una niña". –la firme voz de la joven de orbes esmeraldas volvió a llamar su atención. —"No me importa, hermano. Si tengo o no una relación con Shaoran es mi problema. Mis asuntos, ¿entiendes?... ¡No, nadie tiene que ver en todo esto! ¿¡Qué si llamo a Shaoran por su nombre!?... ¡Es su nombre, hermano! ¿Cómo quieres que lo llame?"
El joven castaño encrespó los puños, reprimiendo el impulso de dirigirse a ella, y arrebatarle el tubo del teléfono para mandar a ese tipo a… freír espárragos. ¿Acaso no se daba cuenta de que Sakura deseaba quedarse con él? ¿Tan ciego o sordo estaba? Dios, ¿cómo no estarlo si apenas podían escucharse los argumentos de ella por sobre los de él?
—"Ya basta, Touya, cuando puedas mantener una conversación civilizada, llámame, pero no, mientras tanto. Salúdame a papá". –y colgó el teléfono con un movimiento brusco, presionando el botón rojo con más fuerza de la que debería. ¿Por qué Touya tenía que ser tan… celoso y sobreprotector? Así nunca podría salir adelante sola. Desde que aquello había sucedido, había querido hacer cosas por sí misma, sin embargo con Touya siempre encima, nunca había podido. Su padre sí respetaba su espacio, pero su testarudo hermano parecía no entender sus necesidades de superación personal. La familia era importante, claro que sí. Sin ellos, no habría podido entender que todo había sido un error, y sin ellos no podría haber superado sus miedos… bueno, parte de ellos.
Por eso fue que se mudó junto con Tomoyo a la cuidad de Tokio; para tener la privacidad que necesitaba. Para superar sola las cosas que la afligían, aún después del transcurso del tiempo siguiera su rumbo natural. Para ser independiente.
Pero a veces sentía que aún era una niña aparentando ser grande. Se sentía tan tonta… y más aún cuando su hermano la cuestionaba de esa manera. ¡Por favor! Shaoran y ella eran únicamente amigos; no tenían ninguna especie de relación amorosa por la que no debieran vivir juntos. ¿Qué tan malo podría ser eso? Dios… nunca tendría que haber dejado olvidado su celular por tanto tiempo, ¡pero es que nunca se acostumbraba a él! No le gustaba que el aparatito resonara con melodías estridentes, y mucho menos que le causara sobresaltos por el sistema vibrador. La tecnología y Sakura Kinomoto definitivamente no compatibilizaban demasiado.
—"¿Todo bien, Sakura?"
Se volteó tan rápido que perdió el equilibrio y, si fuera por Shaoran que la había agarrado como hacía tan sólo unos instantes, ya estaría limpiando el suelo con su cara. Pronto tendría que llamarlo mi héroe, si se seguía apareciendo así. No supo cuánto tiempo se había quedado ensimismada en un mismo sitio, pero de lo que sí se percató fue de que –nuevamente –se encontraba entre los fuertes brazos de ese castaño que no la miraba como si fuese un trozo de carne. Ya no la miraba así, había dejado de hacerlo; quizás no del todo, pero algo era algo.
Ahora él la miraba con sus ojos de color miel, prestando atención a todo lo que ella pudiera decir, o hacer.
—"Yo…" –se sintió turbada por un segundo, e inconcientemente confundida, pero tras una suave sacudida de cabeza, le brindó una de las sonrisas conciliadoras que no solía brindarle con todo su esplendor a él. —"Está bien. Estoy bien". –aclaró. —"Sólo unos cuantos problemas… de familia".
—"¿Era tu hermano?"
Quiso llamarse idiota en ese mismo instante, claro que sabía que era su hermano, y suponía que ella en algún momento logró captar su presencia, ¿no había una pregunta más estúpida para hacer, además de esa?
—"Sí, mi hermano llamó". –dijo, con la voz más ronca de lo normal. —"Estaba algo enloquecido al enterarse de que no estaba viviendo en mi casa. Eso es todo".
Para su sorpresa, Sakura volvió a sonreírle, pero esta vez no era una sonrisa verdadera como la anterior… ni mucho menos una sonrisa hermosa como las que solían adornar su rostro, ni una de esas sonrisas que le provocaban el acumulamiento de sangre. Sino que esta vez era una sonrisa triste… tan triste, ¿por qué? ¿Por qué tan triste?
Tuvo el impulso de preguntarle… pero ¿qué le diría? Supuestamente a él no tendría que importarle, sin embargo ahí estaba, viendo su rostro adornado por esos transparentes ojos verdes que habían perdido uno de sus brillos más característicos. Ahí estaba, viendo el rostro de Sakura Kinomoto con un pequeño rastro de una traviesa lágrima que se había escapado de sus ojos.
Llorando…
¿Ella estaba llorando?
Se sintió como un tremendo idiota en esos momentos. No sabía qué hacer, aunque agradecía que su llanto no fuera uno tan escandaloso. Es más, parecía como si no lo sintiera… había sido sólo una lágrima. ¿O la habría imaginado?
Sintiendo un impulso involuntario, levantó su mano hacia el siempre sonrosado rostro de la chica. Ella parpadeó, para luego cerrar los ojos por inercia, mientras la suave mano de él se posaba en su rostro.
¿Qué le pasaba? Sakura no podía entender por qué Shaoran se estaba comportando así con ella, pero no le desagradaba, y muy por el contrario, le daba temor que le gustaran demasiado las atenciones que él estaba teniendo para con ella. De lo único que fue conciente, fue del pulgar de Shaoran que acariciaba suavemente una de sus rojas mejillas. Las sentía arder, pero le gustaba la sensación. La hacía sentir una niña pequeña recibiendo una caricia, pero al mismo tiempo… al mismo tiempo…
—"¿Q-Que pasa, Shaoran?" –se animó a preguntar, dudando de si mirarlo al rostro o no. las reacciones que estaba adoptando no le gustaban, y mucho menos perderse en sus mares de fuego.
—"Nada". –musitó él con una expresión extraña en su apuesto rostro. —"Es que pensé que tenías una mancha; pero… no era nada". –sonrió, mirando las mejillas rojas ante su tacto. Tal vez ella podría serle indiferente en casi todo, pero aún así podía ponerla nerviosa. Y más allá de satisfacer a su ego, eso lo satisfacía a él. A Shaoran Li, más como persona… que como hombre. —"Estás algo roja, Sakura. ¿Estás bien?"
—"Ehh…" –ella apartó su rostro del tacto de Shaoran para que no se diera cuenta de que su sonrojo se había intensificado. Pero eso parecía no hacer resultado; después de todo, un tomate con una enorme cabezota podía verse a leguas, ¿no? —"No me pasa nada, es sólo que…"
—"Está bien". –interrumpió el castaño, sin estar seguro de por qué no deseaba incomodarla. Quizás fuera por la situación, se dijo. —"Supongo que luego de tener una discusión con tu hermano y no poder gritarle como hubieses querido, frustra un poco a las personas, ¿no?"
Sakura abrió los ojos ante lo dicho por él.
—"¿Me… escuchaste?"
Si ella no hubiese estado ahí en esos momentos, él mismo se hubiera ofrecido para darse a sí mismo una buena cachetada por idiota.
—"Sí, digamos que pasaba por aquí, y escuché un poco". –explicó. —"No te preocupes, la familia siempre se mete en lo que no les importa".
—"No creo que sea así. Les importamos, por eso se meten, pero mi hermano piensa que tengo algo contigo". –musitó, y al instante volvió a sentir la sangre acumulándose en su rostro.
—"¿Y eso qué tiene de malo?" –inquirió Shaoran con una ceja levantada. —"No tengo rabia, estoy vacunado, y bañado. ¿Qué problema hay conmigo?"
Sakura rió, y él la acompañó con una pequeña sonrisita, pero ninguno de los dos se había percatado de cuán serias eran esas palabras, que bien estaban disfrazadas en forma de broma.
—"Mi hermano es muy celoso". –dijo ella, después de unos instantes. —"Y sobre todo muy sobreprotector desde…"
—"¿Desde qué?" –preguntó el castaño al ver como ella se frenaba automáticamente. ¿Qué tanto ocultaba Sakura? Desde hacía unos días se estaba comportando extraño… más de lo normal. Ella de por sí no era una chica demasiado normal, pero… había algo en ella… en sus ojos verdes que le decían mucho más que cualquier palabra que pudiera conferir.
Dios… la curiosidad lo estaba matando, y si el gato no había sobrevivido a ella, estaba seguro de que él sí lo haría.
—"Nada, Shaoran. Olvídalo".
Olvídalo…
Eso no era nada fácil, ¿por quién lo tomaba? ¿Por un crío al que podría engañar? Demonios, por supuesto que no.
—"De acuerdo". –concedió, encogiéndose de hombros.
Pronto averiguaría, pero eso sería cuando ella estuviera dispuesta. Y si nunca estaba dispuesta… él no tendría que seguir respetando su privacidad porque ya le habría dado la oportunidad. Aunque de por sí, no tendría por qué meter las narices donde no le importaba.
Pero así era un Li…
Tendría lo que quería.
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Domingo 14 de Diciembre.
Shaoran bufó por milésima vez en ese día, ¿por qué mierda había ido a parar a ese lugar? Había tantos otros tan divertidos y, por sobre todo, tranquilos que visitar. Pero no. Tenían que ir –justamente un domingo – al lugar más transitado y ruidoso de todos.
—Ya. ¿Podrías quitar esa cara?" –preguntó la castaña a su lado, emitiendo una sutil risita, al verlo con la mandíbula tensionada y las manos en sus bolsillos con sus anchos hombros rectos, cubiertos por un gran abrigo.
Tenía que admitir que Shaoran se veía bastante bien con ropa informal, y nunca parecía menos. Era como si él llevara la clase social en la sangre. O así lo creía ella.
—"Es la única que tengo. Imposible quitármela, Sakura". –dijo con sarcasmo. No estaba de humor, y no le importaba si le tuviera que contestar mal a ella, al presidente, o al mismísimo Papa.
—"¿Nos levantamos con el pie izquierdo hoy?" –se mofó Sakura. No acostumbraba a hacerlo, ni tampoco tenía demasiadas oportunidades, pero cuando se le presentaba alguna no podría desperdiciarla.
—"No es eso". –farfulló el castaño, sin perder de vista a sus sobrinos que iban adelante suyo en ese enorme parque de diversiones. ¡Estaba tan repleto de gente que apenas se podía caminar! —"Nunca me gustaron los parques de diversiones".
—"Yo creo que son muy bonitos". –sonrió la joven. —"A ti seguramente no te gustan porque hay mucha gente, y eres un antisocial".
Él la miró con pequeños atisbos de fastidio ante las certeras palabras de ella. Se sorprendía de que ya lo conociera tan bien; cada gesto, cada sonrisa, cada seña que él emitía eran interpretados por Sakura de la manera correcta… o muchas veces, de la manera más inocente.
—"Achuu…" –Shaoran masculló una maldición, mientras Sakura reprimía una carcajada. Él la miró ceñudo, y ella volteó el rostro para no encontrarse con esos ojos ámbar relampagueantes en un típico 'te lo dije'.
—"No me mires así, no fue mi culpa".
Él bufó, sin creer lo que ella le decía.
—"Como sea".
—"En serio, Shaoran, yo no tuve la culpa de que Kero entrara en el departamento para esparcir todo su pelaje por todos lados. Es que como por diversas cosas que tenía que hacer no iba a verlo, él mismo fue a mí". –explicó con una sonrisa. —"Además de que a Koda y Tao les encantó. Kero siempre ha atraído a los niños".
—"Claro, y por ese motivo se paseó por todo el departamento, subiendo a cada mueble, en especial, a mi cama para dejar su asqueroso pelo en todos lados, sólo porque te extrañaba, ¿no?"
—"No seas tan exagerado". –replicó, haciendo caso omiso al sarcasmo utilizado por él. —"Cuando regresemos, limpiaré todo. No tienes de qué preocuparte porque no dejaré ni a una mísera pelusa que pueda dañarte".
—"Oh, que considerada. Aunque también podrías ser considerada en otras cosas".
—"¿Por ejemplo…?" –cuestionó Sakura con una ceja alzada. Realmente no sabía a qué se refería.
Shaoran sonrió de medio lado, volteando a verla un segundo para no perder tanto tiempo de vista a esos demonios.
—"Me debes un beso".
La joven de ojos verdes parpadeó, y se sonrojó de repente. ¿Acaso eso no estaba olvidado? Dios… no podía ser.
—"No estás hablando en serio…" –dijo, insegura. —"¿O sí?"
—"Por supuesto que sí. Me lo debes, Sakura y algún día tendrás que pagármelo".
Shaoran sonrió para sus adentros con ironía… Un beso. Un mísero beso. ¿Es que ahora se iba a conformar sólo con eso?
No, pero por el momento era mejor que nada.
Vio el rostro rojo de la chica, y amplió su sonrisa. Le divertía verla en esos estados, y agradecía a esos diablitos de cabellos chocolates el ayudarle con Sakura, porque en realidad, él tampoco se había dado cuenta.
—"No me dirás que crees en eso, Shaoran". –habló Sakura, al fin, tratando de recuperar los colores.
—"¿Por qué no?" –cuestionó con una sonrisa. —"Yo no tenía la culpa de que el muérdago se encontrara encima de la puerta de salida del edificio. Y tampoco soy el culpable de que sea una costumbre". –dijo encogiéndose de hombros. —"Como dijo Tao, quizás sea el destino".
—"No seas tonto, ¿no puedes olvidarlo y ya?"
La esperanza en la voz de Sakura lo hizo sentirse algo extraño. Vamos, era sólo un beso. Para nadie era algo tan grave un beso. Son tan comunes, ¿por qué ella ponía tantos peros para algo que carecía de importancia como un beso? Pero claro, él no se la dejaría pasar por mucho que ella no quisiera besarlo. Cualquier mujer en su sano juicio lo querría… ¿Por qué Sakura Kinomoto rompía esos esquemas? ¿Y por qué era la que tanto le interesaba? Tal vez era porque a él siempre le habían gustado los retos y lo difícil.
—"No". –contestó. —"Me lo debes, y si ayer te escapaste, algún día me lo pagarás. Soy un hombre que cobra todas las deudas que tengan con él".
—"Que malo eres". –protestó, haciendo un mohín que lo hizo reír. —"Yo que siempre te cocino; te lavo la ropa… mm… te acompaño en este último mes del año, y me pagas con tratar de obligarme a cumplir con un estúpido muérdago".
Shaoran sonrió… si tan sólo ella supiera que no sólo quería eso. Si tan sólo lo supiera.
¿Escaparía? ¿Lo golpearía? No supo muy bien por qué, pero de repente le entró esa curiosidad porque sabía que ella nunca podría ser su amiga. Él nunca podría ser amigo de una mujer… ¿o sí?
—"Ah, no. Eso sí que no. El que cocines y laves es porque perdiste la apuesta". –Dijo, bajando por un instante la mirada, si tan sólo lo supiera… —"Y eso de el último mes del año… también adjudícale lo de la pérdida de la apuesta puesto que se te ocurrió hacerla en casi el último mes del año".
—"De acuerdo, mejor dejemos el tema".
—"Anda, admítelo. Te diviertes conmigo". –incitó Shaoran con una sonrisa, pero ella sólo lo miró sin contestarle. Bien, Sakura no se lo admitiría. —"Sin mencionar que te divertirás a lo lindo en la fiesta de Navidad que estamos organizando en la empresa". –añadió.
—"¿Yo voy a ir?"
El rostro sorprendido de ella, con esos ojos verdes, enormes y brillantes provocó que una carcajada se escapara de sus labios. Increíble. Ella era increíble y podía hacer cosas que nadie. Como hacerlo reír con una absoluta sinceridad.
—"Claro que vas a ir". –dijo, volviendo su mirada a sus sobrinos que iban unos metros por delante de él. Demonios, nunca más iría a un parque de diversiones. —"No habrás pensado que no iba a invitarte, ¿no? Después de todo, serás mi pareja".
El último día…
Fue entonces que lo recordó. Recordó los motivos de tenerla en su casa, y recordó todas sus intenciones. ¿Cómo pudo haberlas olvidado? Sin embargo, con Koda y Tao ahí no se le hacía fácil. Pero… ¿Cómo olvidarlo? Eso sí que era extraño.
Aunque ahora… ya no estaba tan seguro de nada. Y siendo Shaoran Li, eso no le gustaba.
—"¿Y quién te dijo que yo quería ser tu pareja?" –la pregunta de Sakura lo sacó de sus cavilaciones, mientras clavaba sus ojos ambarinos en el bello rostro de la castaña. —"Quizás yo quiera ir con alguien más, ¿no te parece?"
No supo bien por él, pero imaginarla en los brazos de otro le hizo hervir la sangre en las venas. Bien, ella ni era suya, ni tampoco quería que lo fuera para más de una noche, pero mientras estuviera con él, Sakura no sería de nadie. A eso le pondría la firma. De eso no cabía duda.
De pronto, dirigió sus ojos para todos lados, y los hombres dirigían sus miradas a ellos. ¿Qué veían? Ahí no había nada que ver porque Sakura era suya, al menos, hasta el final de ese mes. Demonios… ¿Ahora todos se giraban a verla? ¿O acaso él estaba volviéndose loco por la abstinencia e imaginaba cosas que no eran?
—"No, Sakura". –musitó con voz aterciopelada, mientras pasaba un brazo por los hombros de la chica, provocándole un sobresalto. —"Recuerda que hasta que el plazo de la apuesta se termine, tú eres mía".
Sakura sintió que su estómago se revolvió de gozo ante esas palabras. ¿Suya? No sabía cómo interpretar lo que Shaoran le decía, pero el hecho de sentir que le pertenecía a alguien era algo que le llenaba el pecho de un calor que ni ella podía descifrar. Ahora consideraba a Shaoran como su amigo, y quizás fuera por eso. Se sentía querida por él… aunque tampoco tanto, porque con lo que había permanecido con ese castaño, sabía que él no la apreciaba como ella había aprendido a apreciarlo. A veces sentía que Shaoran la veía como un trozo de carne, siendo él, una hiena hambrienta; pero luego desechó aquello, sin saber qué sentir en esos momentos. Se estaba sintiendo tan confusa. Tanto, que no sabía qué hacer, ni qué decir, ni cómo actuar.
Y ese fuerte brazo que demostraba todo el dominio y el poder del joven castaño, tampoco le ayudaba a pensar demasiado bien. ¡Si alguna de sus neuronas aún estuviese en funcionamiento, realmente estaría agradecida!
Carraspeó, tratando de ocultar su incomodidad, y observó a los niños que estaban dando vueltas y vueltas sin subir a algún juego en particular. ¿Para qué pidieron ir ahí, si no lo disfrutaban?
—"¿Sabes?" –preguntó, captando la atención de él. Hacía todo su esfuerzo porque la voz no le temblara como todo su interior lo hacía de una forma que estaba muy lejos de ser desagradable. —"Nunca te lo había preguntado antes, es más, al principio pensé que era una broma, pero siempre me pareció muy extraño que no contrataras a alguien que en verdad pudiera servirte siempre. Dinero no te falta". –comentó, feliz de salir del tema que antes estaban tocando. Trataba de distraerse, y eso haría; veía a sus alrededores para huir a la penetrante y clara mirada de Shaoran, sin embargo, eso aparentemente, había sido un error… Por allí, no muy alejado de ellos, una pareja estaba besándose en un banco, mientras el muchacho le pasaba un brazo a la joven por los hombros. En otra oportunidad, Sakura habría criticado la desfachatez de esa pareja por estar en un sitio rodeado y plagado de niños, pero en esos momentos, ningún pensamiento coherente surcaba su cabeza. Sintiendo aún el brazo de Shaoran sobre sí, se preguntó qué se sentiría tener a alguien a quien querer… y que te quiera.
Hacía un tiempo que ella había dejado de creer en esos cuentos de hadas, y en el amor eterno… y hacía un tiempo que se había prometido nunca más enamorarse. No quería salir herida nuevamente, así como tampoco quería preocupar a los demás… Ya no confiaba en sí misma, y no podría llegar a confiar en un hombre como algo más que un amigo. Jamás le había mencionado eso a Tomoyo, ni a nadie, simplemente porque no quería que se preocuparan por ella, pero en esas circunstancias, el miedo estaba invadiéndola. Tenía miedo, un miedo que había nacido una vez en su interior, y un miedo que nunca se había ido de ella… desde esa vez.
El beso que le debía a Shaoran volvió a su mente como un relámpago. No quería hablar de eso, y mucho menos quería que la obligaran a hacer algo que no quería. Sin embargo, besar a Shaoran ya no se le presentaba en sus pensamientos como algo tan grotesco o desagradable; sino, más bien, como… una necesidad.
—"Nunca cumplen mis expectativas". –la profunda voz de él logró sacarla de sus pensamientos. Y se lo agradecía. Dios, cómo se lo agradecía. Al principio no entendió sus palabras, pero analizándolas, recordó que se refería al personal de la limpieza. —"Todas terminan siendo unas huecas".
—"Que raro…" –musitó, poniendo un dedo en su barbilla, sintiendo sobre sí, la mirada atenta de Shaoran. ¿Por qué sus ojos tenían que ser tan abrasadores? La ponían tan nerviosa. Y eso era mucho mejor que estar triste, aunque ella no se hubiese dado cuenta del efecto que él tenía sobre sus emociones. —"Cuando yo estaba terminando mi carrera, no me quedaba tanto tiempo, y contrataba a una señora para que se encargara de la limpieza que yo no podía hacer. Mira, estoy segura, incluso de que si a la señora Kaede se lo pides amablemente, ella con gusto lo haría".
Le sonrió, olvidando por completo todos los fantasmas del pasado.
—"No lo sé, no estoy seguro de eso. Creo que Momishi tiene demasiado de qué ocuparse como para encargarse de mi departamento, también". –contestó Shaoran, tratando de zanjar el tema. No podía decirle que buscaba a sus chicas por las curvas, y no precisamente por sus capacidades de limpieza. —"Además," –añadió. —"… cada vez que estoy cerca de ella, me pongo a estornudar sin parar. Creo que está mucho tiempo con esos animales del demonio".
La risita de Sakura inundó sus sentidos, sin poder evitarlo. Nunca le había gustado compartir demasiado con una mujer por sus exageraciones, o su voz chillona, o simplemente por sus risas escandalosas y falsas. Pero la risa de Sakura, su voz, su sonrisa… todo en ella era suave y delicado, a pesar de no ser más femenina de lo que debería ser.
Perfecta.
Ella era perfecta.
Lástima que él no pudiera saber cuán perfecta podría llegar a ser.
—"A veces pienso que eso de tu alergia es porque quieres estar solo".
Él bufó, olvidándose de las tonterías que estaba pensando.
—"Si fuera así, dudo que cada vez que estoy cerca de un animal me inflara como un pez globo. O que mi piel se pusiera roja, y la picazón me provocara arrancarme pedazos del cuerpo con mis propias manos".
Sí, todo eso era cierto. Pero también lo era el hecho de que sí quería estar solo porque disfrutaba de la soledad.
Siempre había disfrutado eso, y no cambiaría ahora, ¿cierto? Aunque, para ser sinceros, se estaba acostumbrando demasiado a no tener privacidad, y en cierto punto, temía extrañar el estar a cada instante rodeado de personas que no aparentaban simpatía por dinero, o por querer un acostón. Temía acostumbrarse demasiado a las cálidas sonrisas de Sakura; a su rostro adormilado y tierno por las mañanas; a sus pijamas de estrellitas, ositos y conejitos. Temía acostumbrarse a ella. Y temía acostumbrarse a sus sobrinos como para querer… formar una familia.
—"Creo que estás loco". –dijo ella entre risas.
Yo también lo creo, quiso decirle. Pero estaba demasiado sorprendido con sus pensamientos como para poder omitir alguna palabra.
Shaoran observó a lo lejos como Koda los llamaba extendiendo el brazo y, fortaleciendo su agarre con Sakura, apresuró el paso, mientras ella seguía sonriendo con esos ojos brillantes.
Odiaba admitir que esos ojos le encantaban. Odiaba ese brillo tan bello que siempre los adornaba. Y odiaba esa hermosa sonrisa que siempre adquiría su rostro cuando veía a sus sobrinos jugando con ella.
Odiaba todo eso porque nada tenía que ver con una atracción sexual hacia ella.
Lo odiaba porque no significaba nada que pudiera convenirle. Ni nada que quisiera realmente que sucediera. Lo odiaba porque por primera vez en su vida estaba reconsiderando ciertas cosas que creyó nunca tener en cuenta.
El pronóstico le estaba dando una patada en el hígado.
O lo que era peor… más abajo.
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Después de subir a más juegos de los que podía recordar, Sakura miró sonriente al moribundo Shaoran que estaba en la banca, tratando de evitar que lo que había comido, saliera de una forma bastante desagradable por su boca. Se veía realmente mal. Apostaba a que no estaría acostumbrado a comer una enorme hamburguesa con refresco y papas extra grandes antes de subir a la montaña rusa más grande del lugar.
Ella estaba completamente acostumbrada ya que cuando era niña, siempre iba al parque de diversiones de Tomoeda. No tenía tantos juegos como este, pero sí tenía una enorme montaña rusa que podría dejar azul a una persona, tanto así como estaba Shaoran.
De pronto, sintió un tironeo a su pantalón, y dirigió sus ojos verdes a Tao que la miraba con un dedo en su boca.
—"Sakura, quiero ir a otro juego".
—"Tao, espera un poco, ¿sí?" –sonrió ella. —"Tu tío aún no se siente del todo bien".
—"Yo creo que el tío se está muriendo, Sakura". –comentó Koda, reprimiendo la risa.
Shaoran gruñó al escucharlos. ¿Qué, no se daban cuenta de que él aún estaba ahí… vivo? Se reían de él porque a ellos aún no les habían atacado las nauseas, pero ya les pasaría. ¿Cómo pretendían que resistiera si nunca en su vida se había subido a una montaña rusa? No sabía que se podía sentir un vértigo tan grande, ni tampoco esa extraña sensación en el estómago que hasta cierto punto llegó a ser agradable. Y tampoco sabía cuánto esfuerzo tuvo que hacer para evitar gritar como lo sentía. Si una cosa él tenía, eso era orgullo, y era algo que le impedía mostrar lo que sentía, así eso fuera miedo.
—"¿Estás bien ahora, Shaoran?" –fuera de ser una burla, la pregunta de Sakura fue hecha en un tono de voz cálido y suave. Sus ojos… ¡Estaba preocupada por él! ¿Tan mal se veía como para que ella lo mirara así?
—"Ya… ya estoy mejor". –replicó, parándose del banco en el que se había sentado para evitar caer al suelo. —"Creo que se me fueron las nauseas".
—"Tío, no pensé que alguien tan duro como tú podría ser tan débil por un juego".
—"Supongo que Koda tiene razón, tío. Si no fuera por Sakura que te acompañó, estarías tirado en medio del parque".
Sintiéndose un idiota por lo que esos traidores a los que llamaba sobrinos le decían, y por la risa que Sakura se esforzaba en ocultar, Shaoran bufó, dándose la vuelta para que no vieran el producto del calor que estaba subiendo a su rostro. ¿Cuándo había sido la última vez que se había sonrojado? Probablemente, eso hubiese sido cuando aún era un niño y sus hermanas lo metían en apuros; pero hacía tanto tiempo, que ya no recordaba lo que se sentía tener el rostro caliente con la sensación que acompañaba en el estómago.
—"Como sea, ¿nos vamos?" –preguntó, rogando porque alguien en los cielos lo ayudara de una vez por todas.
—"No". –protestó Tao. —"Aún tenemos muchos juegos a los que subir. El día todavía no termina".
Bien, los cielos no sabían de la existencia de Shaoran Li.
—"Pero, Tao, Shaoran quiere irse. Creo que ya hemos estado lo suficiente". –intercedió Sakura, sin saber lo agradecido que el castaño estaba con ella en esos momentos.
—"Pero…"
La interrupción no se hizo esperar, sin embargo, esta vez resultaba completamente ajena a su discusión. Un flash provocó que todos cerraran los ojos, para luego tratar de recuperar la visión. Shaoran masculló una maldición, fijándose en el tipo que estaba frente a ellos con una sonrisa de idiota, y la cámara fotográfica. Cuando estaba dispuesto a gritarle, la imagen que salió del gran aparato lo desconcertó, ¿para qué el tipo quería una foto de ellos?
—"Oh, pero miren que bonita familia". –Shaoran levantó una ceja, diciéndose a sí mismo que tendría que aguantar sólo un poco más, al menos hasta salir de ese satánico lugar. Aunque eso incluyese a un idiota con una sonrisa de oreja a oreja. —"¿No quieren un lindo recuerdo? Lo mejor es cuando sale espontáneo".
—"¿Cuánto es?" –preguntó Sakura, con cortesía.
Shaoran rodó los ojos, a veces le fastidiaba que ella fuera tan cordial con cualquiera. Ya bastante tenía cuando los pobres idiotas perdedores se acercaban a ella para 'pedir indicaciones', y Sakura de tan ingenua se las daba sin siquiera sospechar que esos tipos se la estaban comiendo con la mirada. Claro, por ese motivo, ahí estaba él. Con tan sólo una de sus miradas asesinas, lograba ahuyentarle a cualquiera que la mirara con algo más que la intención de pedir indicaciones.
—"De acuerdo, démela". –dijo el castaño, sacando un billete de su bolsillo y tomando la fotografía de mala manera, mientras se la metía en el bolsillo de su abrigo. —"Quédese con el cambio".
El hombre se quedó viéndolo sin mover un solo músculo de su cuerpo. Los jóvenes de hoy en día estaban cada vez más fatales, y eso lo deducía con sólo ver que esos jovencitos ya tenían dos hijos. Negó con la cabeza, sonriente, siempre había visto a muchas parejas rondando los alrededores, pero nunca una que compatibilizara tan bien. Esos dos hacían una estupenda pareja.
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Sakura lo vio con ojos acusadores, mientras él bufaba al sentir la mirada de ella clavada en su persona. Bien, lo admitía, había sido descortés pero realmente tenía ganas de ir a su casa a tomar un baño de agua caliente. Sobre todo, desde que los traicioneros copos de nieve comenzaron a surcar el cielo soleado, anunciando la tan esperada tormenta de nieve del año.
—"Shaoran…"
—"Lo sé". –la cortó él. —"Lo siento, no quise ser así, pero me estaba cansando. Además, le dejé bastante dinero como para cubrir el inminente daño moral que pude haberle causado".
Sakura quiso reír por su picante sentido del humor, sin embargo, su moral se lo impedía. Estaba muy mal que él tratara a los demás de esa forma. Nadie tenía la culpa de que tuviera un mal día.
—"¿Entonces sí nos vamos?". –investigó Koda.
—"Sí, sí, nos vamos".
—"No, tío, primero tengo que hacer algo".
Lo siguiente que Shaoran pudo ver, fue a Tao corriendo entre las personas, perdiéndose entre toda esa multitud. Fue conciente de que él comenzó a llamarlo, así como Koda y Sakura lo hicieron, pero ese diablillo escurridizo no les hizo caso.
De acuerdo, el día sería largo.
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Sakura lo observaba caminar de un lado a otro como si fuera un león enjaulado. La verdad, la expresión que tenía en el rostro daba miedo, pero así como decían que perro que ladra no muerde, ella deseaba que en Shaoran también pudiera aplicarse aquello. Aunque en esos momentos, el castaño no ladraba ni mordía… por ahora.
—"¿Qué se supone que pretendías hacer, Tao?" –hizo la pregunta, masticando cada palabra.
La joven de ojos verdes no pudo evitar dar un sobresalto al escucharlo. Estaba todo tan silencioso… no volaba ni una mosca, y de repente, la grave voz de Shaoran irrumpió en todo el departamento. Luego de buscar a Tao el resto de la tarde por todo el parque de diversiones y luego de hallarlo, habían regresado casi muertos de cansancio. Sin embargo, eso aparentemente, no saciaba la furia de Shaoran.
Habría resultado cómico, incluso, el hecho de que Tao se hubiese perdido en el parque. Habían estado buscándolo hasta el cansancio, hasta que finalmente, tuvieron que acudir a pedir la ayuda de las promotoras de altavoces. Por supuesto que estando Shaoran ahí, no se negaron, y se ofrecieron gustosas a colaborar; pero lo que más sorprendió a Sakura fue que él, en esos momentos, no coqueteó ni un sólo segundo, sino que estaba más que preocupado por el bienestar de Tao, y no lo vio relajarse hasta no haberlo encontrado.
Miro a Tao con sus ojos verdes conciliadores, tratando de traspasarle un poco de valor. Pondría las manos en el fuego porque estaba segura que lo que puso a Shaoran tan furioso fue el haberse preocupado tanto. Aunque no quisiera admitirlo, él tenía un gran corazón.
Y ella estaba dejando expuesto el suyo.
—"Yo… tío, yo quería…" –Tao miró al suelo, incapaz de continuar con lo que venía diciendo. Aún sentía pavor al ver cómo los ojos de su tío se encendían como queriéndolo devorar. Le hacían recordar a uno de los monstruos que había visto en una de sus películas favoritas.
—"¿Tú qué?" –espetó Shaoran. —"¿No podías sólo obedecer y quedarte quieto? ¿Tenías que armar tanto alboroto? ¿Para qué?"
—"Tío…"
—"Shaoran, yo creo que…" –Sakura calló, frunciendo el ceño, al sentir sobre sí la mirada furiosa de Shaoran. Con esos ojos le estaba indicando que guardara silencio, y aunque eso no le gustara, no podía hacer más que obedecer, porque ella no era nada en su familia. No era nada.
—"¿Tienes algo para decir, Tao?" –preguntó Shaoran, dirigiéndole la misma mirada que le había otorgado a Sakura a su otro sobrino previniendo algún tipo de abogacía de él para defender a su hermano. Suficiente tenía con todo lo que le habían hecho pasar. Ante el silencio de Tao, no pudo hacer más que tratar de contener su furia, ¡Por Dios! Por poco y algo podía haberle pasado a ese niño. Moriría si algo le pasara, y él aún no se daba cuenta. Estaban a su cargo, sin mencionar que su hermana lo mataría, aunque no necesitaría hacerlo porque él mismo se encargaría de realizar el crimen antes que Feimei. —"¿Te das una idea de lo que pudo haber sucedido?". –continuó. —"¡Podrían haberte secuestrado, hecho cualquier cosa! ¡Tienes que hacerle caso a tus mayores, con un demonio, Tao!"
—"No me grites…" –susurró, conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos color miel.
—"¡Que no te grite!" –exclamó el joven empresario con sarcasmo. —"Que no te grite, dices. Demonios, tu madre te ha mimado demasiado. Más de la cuenta para ser un hombre".
—"Mami nunca me grita".
Sakura apretó sus puños para contenerse. Bien, Tao ya se había disculpado, ¿por qué Shaoran se empeñaba en seguir con el tema? Ya estaba bien. Era común en los niños hacer esas cosas, ¿por qué no la terminaba de una vez?
—"Tu madre te ha malcriado demasiado". –dijo con dureza, sin importarle que estaba hablando con un niño de seis años.
—"¡No es cierto!" –explotó el pequeño castaño, enfrentando la mirada de su tío, con la suya cobriza. —"Mamá nunca ha hecho nada más que querernos. No nos trata como a niñitas mimadas, y si a ti nunca supieron darte un abrazo de mamá, ¡no es mi culpa que mi mamá si sea cariñosa conmigo! ¡Era verdad lo que decían por ahí, Shaoran Li jamás tuvo corazón para algo más que los negocios! Aunque mamá dijera lo contrario…"
Sin decir una palabra más, y con las mejillas empapadas por el llanto, Tao corrió a la habitación de Sakura, cerrando la puerta detrás de él.
Shaoran suspiró con cansancio, pasándose una mano por el cabello. Aún no podía creer que un niño… su propio sobrino le hubiese gritado esas cosas en la cara. Aunque eran ciertas. Podrían ser muy ciertas, si se ponía a analizarlas.
Observando cada una de sus expresiones, Sakura vio cómo el castaño se dejó caer en el sillón, mientras Koda se retiraba silenciosamente a la habitación de su tío, ya que sabía muy bien que cuando Tao se enfadaba, nada lo haría cambiar de parecer, y no saldría de ahí en un buen rato.
Sakura se sentó al lado de Shaoran, sin hacer ningún ruido. Sólo se quedó en silencio, sintiendo su cansada respiración en el ambiente. No supo por qué, pero en el instante en el que Tao había dicho esas palabras tan hirientes, creyó ver algo removerse en los ojos de Shaoran… como si su vida comenzara a mostrarle vacíos que requerían ser llenados urgentemente.
—"¿Qué?" –inquirió Shaoran con amargura. —"¿Tú no vas a irte también?... Que extraño".
La joven castaña suspiró, tomando una de las manos de Shaoran, para su sorpresa. Fue extraña esa corriente que había sentido en todo el cuerpo al sentir el suave tacto de la pequeña y delicada mano de ella, pero en esos momentos, no estaba como para pensar en estupideces.
—"Sé que te preocupaste por él, Shaoran". –comenzó con voz suave, dando un leve apretón a su cálida mano. —"Pero también sé que aún no sabes ser padre porque no lo eres, y puedes excederte cuando quieres poner orden".
—"¿Y tú cómo puedes saberlo? Tampoco eres madre, que yo sepa".
—"Lo sé, pero soy mujer, y sé controlarme más, en especial, con un niño de seis años".
Shaoran se sintió como un idiota inexperimentado al escucharla. Ella tenía razón… se había portado peor que el mismo Tao al querer demostrar autoridad.
—"Estaba algo asustado al no encontrarlo". –confesó, sabiendo que en una situación normal, jamás rebelaría algo como eso. Y mucho menos dejaría que alguien lo viera vulnerable. Porque él era Shaoran Li, y los Li nunca se encuentran vulnerables. Los Li son de acero… eso había sido lo que aprendió en toda su niñez y adolescencia. Toda su vida había tratado de llevarlo a cabo sin ninguna equivocación. Suspiró, sin poder contener el hastío que sentía hacia ocultarse, y por una vez en su vida se sintió comprendido por el silencio de Sakura, sumado a su cálida sonrisa. ¿Por qué en momentos como ese se replanteaba el hecho de querer que ella lo acompañase… como amiga? sacudió la cabeza, mirando el techo blanco de su departamento. —"Son mi responsabilidad y… no sé, supongo que me excedí".
—"Los niños no son papeles ni contratos millonarios, Shaoran". –explicó Sakura con paciencia. —"Estás acostumbrado a manejarlo todo a tu antojo, pero no puedes hacerlo con ellos, a pesar de que te admiren por ser su tío".
—"¿Me admiran?" –preguntó, incrédulo. —"Debes estar bromeando".
Y deseaba que no lo estuviera. Antes habría pensado con arrogancia, ¿quién no podría admirarlo?, Sin embargo tenían que ser en esas situaciones en las que notaba lo vacía que se encontraba su vida.
—"Si vieras un poco más allá de tus narices, mi querido Shaoran, te darías cuenta de que ambos te admiran y quieren mucho. Te miran como si fueras su sol, y su luna con todas las estrellas a su alrededor".
—"Wow… eso es profundo". –musitó él, permitiéndose esbozar una pequeña sonrisa. Era extraño, tonto, quizás… pero saber eso lo alegraba. Y mucho.
—"Lo sé, ni lo digas". –replicó la joven, encogiéndose de hombros. —"Aún lo recuerdo de mi loca profesora de literatura, pero no hace más que representar lo que ellos sienten por ti, cosa de lo que no te has dado cuenta".
Ambos sonrieron, quedándose en silencio. Un silencio que fue roto por Sakura.
—"¿Y? ¿Qué esperas?"
—"¿Qué espero de qué?" –cuestionó, levantando una ceja.
—"Tienes que ir a hablar con Tao, Shaoran".
—"Sakura, lo conozco, y sé que me será imposible hablar con él ahora". –respondió, resignado.
—"Es mejor que hables ahora, a que sigas dudando y dejes pasar el tiempo. A veces es muchísimo mejor aclarar las cosas en el mismo instante en el que surgen".
Suspirando y siguiendo su consejo, Shaoran se levantó del sofá, para luego encontrarse a sí mismo llamando repetidas veces en la puerta de la habitación de Sakura que ahora era ocupada por su sobrino, sin obtener una respuesta más que el silencio.
Suspiró rendido. Realmente estaba muy cansado de tratar de hacer bien cosas, que sabía, no podría hacer nunca bien. Un motivo más para jamás ser padre.
—"Tao, abre la puerta…" –intentó, nuevamente, obteniendo silencio, y más silencio. —"Tenemos que hablar".
—"¿Quieres que lo intente yo?"
La voz a sus espaldas lo hizo voltearse, encontrándose con la única persona de la casa que podría tener una voz tan suave y cálida, con esos ojos brillantes que lo estaban confundiendo cada día más. Él asintió con su cabeza, al tiempo que se apartaba de la puerta para dejarle el paso libre, viendo con sorpresa, que tras un único llamado de Sakura, la puerta se abrió para dejarla pasar a ella… y sólo a ella.
Shaoran, en esos momentos, se sintió desplazado. Iba a retirarse a la sala, ¿para qué permanecer ahí como idiota buscando el perdón de uno de sus sobrinos que le igualaba en el carácter? Sin embargo, algo lo hizo quedarse, sin saber el verdadero motivo de esa fuerza etérea. Se pegó más a la puerta, pudiendo oír más fácilmente las voces del interior.
—"¿Por qué lo defiendes, Sakura?" –preguntó Tao. Se notaba el rencor en su voz. —"Él es malo, no nos quiere".
—"Tao, pequeño, si no los quisiera, no se preocuparía tanto por ustedes, ¿entiendes? Ni tampoco haría hasta lo imposible por verlos sonreír, ni mucho menos, se levantaría temprano un domingo a la mañana para llevarlos al parque al que querían ir desde que llegaron".
El castaño sonrió al escuchar a Sakura, ¿por qué tenía que ser tan endemoniadamente dulce cuando él en un principio la había tratado, prácticamente, como basura?
—"Pero él me gritó…"
—"Lo sé, pequeño". –musitó ella, tan bajito, que apenas pudo escucharlo. —"Pero, ¿sabes? Te voy a contar un secreto: tu tío tiene mucho, mucho miedo de perderlos. Es como un niño con juguete nuevo, sólo que su juguete es tan valioso que no sabe qué hacer para mantenerlo a salvo. Y al sentirse incapaz de protegerlo, se enfada más consigo mismo que con los demás, pero al no saber cómo regañarse su genio va contra los que le rodean, ¿me entiendes?"
—"¿Quieres decir que el tío se enfadó porque nos quiere mucho y tiene miedo que algo malo nos fuese a pasar, y no lo hace sólo porque no quiere tener problemas?" –preguntó con inocencia. Shaoran frunció el ceño detrás de la puerta. ¿Acaso no había dejado eso claro? ¡Si le había dicho que no quería que le pasara nada malo! Bueno… quizás con otras palabras, pero ¿era entendible, no?
Quiso golpearse contra la pared cuando se dio cuenta de su error. Mierda, estaba hablando con un niño, ¿cómo pretendía que lo entendiera si a duras penas se entendía él mismo?
—"Exacto, Tao". –la voz de Sakura volvió a escucharse. —"Por eso creo que debes perdonarlo, ¿sí? Él sólo te quiere mucho pero no sabe cómo demostrarlo. Si miras en los ojitos de tu tío podrás verlo".
—"Eso mismo me dijo una vez mi mami. Dijo que el tío siempre ocultaba lo que sentía, pero que sus ojos siempre decían más que él mismo. ¿Entonces eso no era mentira?".
—"Claro que no". –respondió la castaña. —"¿Ves? Eso era porque tu mamá conoce mucho más que yo a tu tío, y a él le cuesta mucho expresarse".
—"Entiendo". –murmuró el niño, pensativo. Shaoran sintió un prolongado silencio, hasta que volvió a escuchar la pequeña vocecita de Tao. —"Sakura, tú serás una mami muy linda, ¿sabías? Estoy seguro de que tus hijitos van a ser muy lindos. Con ojos como los de mi tío".
Shaoran sonrió. Casi podía ver el sonrojo que estaría cubriendo las mejillas de esa chica de ojos verdes en esos momentos. Y no pudo darle más que la razón a ese demonio, ella sería una madre excelente. Pareciera como que había nacido para eso; pero lástima que su sobrino pensara que ella era algo más para él. Pobrecito, si supiera todo lo que había planeado desde un principio, o todas las cosas que habían pasado por su mente, estaba seguro de que la inocente mente de Tao se vería corrompida por la suya.
—"No lo sé, Tao. Eso sólo el tiempo lo dirá. Ahora… ¡anda, ve! Tienes que reconciliarte con un tío algo enojón que seguramente estará esperándote muerto de miedo en el sillón de la sala".
Shaoran apresuró el paso hacia la sala, sentándose en el sofá en el que había estado con Sakura, asumiendo internamente sus errores. ¿Por qué todo era más fácil cuando Sakura lo ayudaba a asumirlos?
No sabía cómo responderse a sí mismo todas esas interrogantes que surgían en su cabeza cada vez que conocía un poco más a Sakura. En un principio, había comenzado sabiendo que tenía un cuerpo muy deseable, y sin importar nada más, que deseaba acostarse salvajemente con ella, pero a medida que el tiempo y los días fueron pasado, supo que no sólo era un cuerpo con una cara bonita, sino una mujer muy inteligente, dulce y –por sobre todas las cosas – con una inocencia realmente envidiable, en algunos aspectos. Y ahora, con su más reciente aspecto de madre, se veía cada vez más apetitosa… pero ya no era como en el principio. Se veía más deseable pero de otras maneras… y realmente no quería descubrirlas. Podrían llamarle cobarde, idiota y demás, pero sabía cuándo parar de divagar y de pensar cosas que no tenían un sentido favorable con la vida que –creía – deseaba seguir teniendo.
Repentinamente, notó como el asiento en su sofá comenzaba a hundirse mientras una cabecita castaña trepaba cabizbaja y avergonzada hacia donde él estaba.
Sonrió en silencio, mirándolo por el rabillo del ojo, notando a Sakura, espiándolos desde la puerta de su habitación. Al encontrarse con sus ojos verdes, ella le dedicó una cálida sonrisa que él no pudo hacer más que corresponder. Sorprendiéndose de sus propias acciones, Shaoran se preguntó a sí mismo qué demonios estaba haciendo. Las cosas con Sakura se le estaban yendo de las manos, y más allá de conquistarla, estaba ganando una compañera… una amiga.
—"Tío Shaoran…"
La voz de Tao llamó su atención al tiempo que sus ojos ámbar se encontraban con los mieles de él. Nunca había notado el tono más oscuro de los ojos de su sobrino.
Shaoran no supo cómo… o por qué, pero la sonrisa que el pequeño demonio le brindó significó algo importante. Nunca se había detenido a ver esos pequeños detalles de la vida… quizás ahora comenzaría a hacerlo.
—"Siento haberte gritado, Tao". –habló, por fin, pasando una mano y alborotando los cabellos de su sobrino. —"Pero sabes que no sé tratar demasiado con niños".
—"Lo sé, Sakura me lo dijo. Y tenía razón al decir que eres un cabeza hueca cuando de nosotros se trata".
Shaoran levantó una ceja, divertido. Sakura no había dicho eso, pero no iba a decirle que había estado detrás de la puerta escuchando, ¿verdad?
—"Ajá… así que eso dijo…" –musitó, dirigiéndole una mirada cómplice a Sakura que miraba desde la habitación.
—"Sí, y también dijo que lo que tienes de guapo, lo tienes de tonto, pero que le gustas de todas formas".
Mentiroso ingenioso, pensó Shaoran con una sonrisa en sus labios. Digno hijo de Feimei Li, siempre metiendo sus naricitas donde no le llamaban. Aunque aún no entendía el empeño de sus sobrinos por emparejarlo con Sakura… como si él alguna vez llegara a sentar cabeza. La miró divertido, sorprendiéndose del sonrojo que ahora adornaba las mejillas de ella, alternándose con esos ojos verdes y brillantes. Dios… no podía ser más inocente y deseable, ¿por qué se avergonzaba si no había dicho nada, y ella sabía que él estaba detrás de la puerta?
—"De acuerdo". –dijo, volviendo a alborotar los cabellos castaños de Tao. —"No importa eso ahora, lo importante es que me disculpes por haber sido ese tonto guapo, y que dejemos de causarle tantos problemas a Sakura".
—"Está bien. Discúlpame también por haber dicho esas cosas. Estaba algo enojado y… bueno, tú sabes…"
—"Sí, lo sé". –sonrió el joven. —"No te preocupes por eso".
—"Entonces… ¿amigos de vuelta?" –inquirió, extendiendo una de sus pequeñas manos.
—"Amigos". –sentenció Shaoran, tomándola, y sonriéndole a la vez, siendo vistos por Sakura con una enorme sonrisa en su rostro.
¿Por qué en esos momentos Shaoran Li parecía el hombre más encantador y apuesto del universo? Realmente no quería saberlo, pero el calor y el cosquilleo que había sentido en su estómago en el mismo instante en el que él le había guiñado un ojo con esa bella sonrisa inocentemente seductora en sus labios, había sido algo que la había asustado. Así como la espantó el latido acelerado de su corazón… y así como le espantó…
Abrió sus ojos verdes desmesuradamente al caer en la cuenta de lo que creía estarle pasando. No podía ser eso. No… no podía. No.
No le podía gustar Shaoran Li más que como un amigo… y no podía pensar en él como hombre. No, porque sus amigos dejaban de ser hombres para ella, sólo para pasar a ser amigos. Pero no podía dejar de ver a Shaoran como un hombre… un hombre muy guapo que siempre tenía una sonrisa seductora en el rostro, a pesar, de que muy pocas veces, esa no fuera su intención. No podía verlo como algo más… aún cuando esos hoyuelos en sus mejillas cada vez que sonreía la volvieran loca y se perdiera en sus ojos del color del fuego, y del otoño que tanto le gustaba.
No podía ser que…
—"¡Ya hicieron las paces!" –la voz animada de Koda, saliendo de la habitación de Shaoran, interrumpió sus pensamientos por un momento. Agradecía que fuera así… aunque no estaba segura de ser algo bueno, o malo.
—"Así es, hermano". –rió Tao. —"Vamos a ver televisión, ¿nos acompañas?"
—"Está bien, ¿y Sakura?"
Shaoran observó a la habitación de ella, y al no verla allí, se levantó, dirigiéndose hacia la puerta.
—"Sakura, ¿quieres venir con nosotros a ver televisión? No te prometo un buen programa que le pueda gustar a una mujer pero…"
—"Estos bien". –interrumpió. —"No se preocupen. Estoy algo agotada y no tengo muchas ganas de ver algo. Voy a dormir un poco".
—"Eh… de acuerdo". –farfulló Shaoran, algo inseguro por su extraño comportamiento. —"¿Segura de que estás bien?"
—"Sí, segura, sólo quiero descansar".
El castaño se extrañó un poco ante las respuestas apresuradas de ella. Supuso que realmente estaba muy agotada.
—"Si necesitas algo, no dudes en pedirlo. Estamos en la sala".
No supo de dónde había salido tanto caballerismo, pero se lo debía. Ella había hecho demasiado por ellos y le debía bastante. Le daría una tregua hasta próximo aviso… o al menos, hasta que él mismo recuperara el rumbo de su voluntad… de lo que realmente deseaba hacer. Sin decir una palabra más, ni esperar una réplica por parte de la chica, se dirigió a la sala, para ver lo que sus locos sobrinos lo obligarían a ver; encontrándose, sorprendentemente, con un buen partido de tenis a medio empezar. No era un amante del tenis, pero no lo consideraba un deporte aburrido, sino algo divertido con lo cual poder entretenerse. Y ahora que lo recordaba, su cuñado amaba el tenis, probablemente por ello a Koda y a Tao les gustaba.
Se ubicó en el medio de ambos, para evitar peleas tontas de posesión del tío, y se dispusieron a ver ese partido a pesar de prestarle muy poca atención.
Luego de lo que parecía una hora, ambos se habían quedado dormidos en sus brazos, que también estaban entumidos por el peso de ambos, aunque no se animaba a moverlos con temor a despertarlos. Estaban cálidos, y aún a pesar del clima, no sentía frío porque esos dos cuerpecitos lo abrigaban como cuando era pequeño, y a regañadientes, sus hermanas lo abrazaban para ver alguna película romántica.
Quizás hacía semanas que no estaba con una mujer… ni sentía esos calores típicos del sexo, ni ese placer. Pero lo que sentía en esos momentos, no se comparaba con nada, simplemente, porque era mucho más que cualquier cosa. No se sentía vacío al estar así con ellos porque eran su familia, y sabía que sí los vería. No eran una conquista de una noche a la que nunca jamás volvería a cruzar. Quiso mofarse de si mismo al pensar en esas cosas, pero aunque sabía que Eriol había tenido razón en lo que le decía, nunca le haría saber aquello… y tampoco dejaría de hacerlo aunque estuviera mal, y lo supiera.
Sin querer seguir forzando a su mente, cerró sus ojos esperando porque Morfeo estuviera dispuesto a recibirlo a él también, para dormir como quizás, no lo haría por mucho más tiempo ya que sus sobrinos no iban a quedarse para siempre.
Sakura sentía que la cabeza le daba vueltas y vueltas. No había dormido un sólo segundo desde que se había recostado, y lo único que había hecho fue pensar en tonterías en las que no quería pensar más. Estaba completamente hastiada de tratar de negar cosas que eran inevitables. Suficiente tenía con sus confusiones como para sentirse más y más extraña. Aunque pensándolo bien, en algunas cosas prefería estar confundida a saber realmente lo que le sucedía. La verdad la aterraba… y no quería eso.
Asomándose por la puerta, supuso que Shaoran y los niños ya estarían durmiendo en su cuarto. Eran más de las dos de la mañana, y ella no podía dormir. Seguramente sería la única, porque no se sentía ni el sonido de las moscas sobrevolar en el departamento. Saliendo con cuidado de no hacer el mínimo sonido, se dispuso a ir a la cocina por un vaso de agua… no podría forzar al sueño si no iba a obtener nada a cambio.
La noche sería larga.
Al llegar a la sala, los ojos verdes de Sakura se toparon con un escenario que creyó nunca llegar a ver. No por ser algo imposible, sino por ser algo completamente… hermoso. Tan hermoso.
Shaoran, Koda y Tao estaban dormidos en el sofá. Shaoran no se veía en la mejor de las posiciones, pero su dormir aparentaba ser muy tranquilo… Dios, sí que estaba tranquilo. Parecía un angelito, tan sereno y… y… hermoso. Con sus cabellos alborotados, y esas espesas pestañas oscuras que lo hacían aún más varonil. Con su nariz perfilada a lo hombre y con esos labios… unos labios que parecían tan cálidos y apasionados.
Una vez más, sintió como el piso a sus pies se convertía en un precipicio, y un revoloteo incómodo invadía su estómago con tan sólo imaginar a ese apuesto castaño sonreír como sabía que lo hacía… con cualquiera de sus sonrisas. La sonrisa seductora y falsa, la sonrisa inocentemente seductora… la sonrisa sincera… con cualquiera de ellas.
Dios… ¿qué le estaba sucediendo?
Sin saber el motivo, sintió el impulso de salir corriendo y meterse debajo de las sábanas como una niña asustada por un supuesto monstruo de leyenda que la asechaba. Pero ella no era una niña… y esos monstruos… esos monstruos ya la habían abandonado hacía tiempo, no podían volver. No quería que volvieran.
Como si algo realmente la estuviese persiguiendo, Sakura dio un paso atrás. Estaba cansada, así que lo mejor sería ir a dormir, y no levantarse hasta el próximo día en el que volvería a ver a Shaoran como el amigo que pretendía que fuera, o como cualquier cosa… como el hombre que le ganó la apuesta, metiéndola en un aprieto, o como el idiota que a cada instante quería conquistarla… o como el mujeriego que era. Cualquier cosa con tal de no seguir confundiéndose… cualquier cosa para dejar de esforzarse por mantenerse confusa y no dejar salir la verdad…
Se dio la vuelta, olvidando completamente el agua, y se encaminó a su dormitorio. Sería una larga noche. Sin embargo, el escalofrío que sintió en la columna vertebral le recordó el frío que hacía por las noches. Afuera estaba nevando, y el frío se estaba volviendo cada vez más intenso. Apresuró el paso, metiéndose en su habitación, pero al instante salió con una manta en sus manos, encaminándose hacia los tres hombres de la casa, profundamente dormidos en el sofá.
Con una sonrisa en los labios, Sakura los cubrió a los tres, sin despertarlos. La luz de la luna ingresaba por la ventana de la sala, cerca del balcón, y servía como faro para no estar inmersos en una profunda oscuridad.
Shaoran parecía aún más atractivo debajo de esa luz… no tenía más que ojos para él. No podía evitarlo. Sin reprimirse más los impulsos, pasó una de sus manos, delicadamente por sus cabellos chocolates. Eran tan suaves como se los había imaginado… todo él era más de lo que se había imaginado.
Si en un principio no parecía un padre, en esos momentos se veía como uno. El mejor de los padres, con un rostro sereno, abrazando a los pequeños, protegiéndolos del frío, sin importar la postura incómoda en la que estaba.
¿Por qué?
Esa era la pregunta que invadía la mente de Sakura sin poderla evitar.
Ya no valía la pena.
Sin saber qué más hacer, se alejó de ellos con una extraña sensación en el estómago, encaminándose definitivamente a su habitación. Sentía que quería gritar, saltar… escapar. Quería moverse… moverse sin parar para poder perder parte de las nuevas emociones que estaba descubriendo, pero era imposible… porque las emociones no podían perderse.
Dando una última mirada a esos tres y con una pequeña sonrisa en su rostro, se metió a su cuarto para pensar en todo lo que le estaba sucediendo.
Sería una larga noche.
Una noche de verdades…
… y de valentías inconclusas…
Notas de la autora (sí, de la loca esa xD):
¡Hola! ¿Cómo están? Espero que bien n.n… Bueno, ¿hace cuánto no nos vemos? ¿Dos semanas? No es nada xD bueno, sí es algo, pero tampoco tanto, aunque no me estoy justificando en nada porque sé muy bien que mi retaso –esta vez – fue principalmente, porque estaba adelantando unos proyectos futuros que no creo que vean la luz en estas páginas dentro de mucho, mucho tiempo xD pero es que justo me dieron algunas buenas ideas y me volqué ahí de una, además de que estoy trabajando en un nuevo One-shot (no, no es el que dije que sacaría para mi cumpleaños xD) y ya llevo bastante, la cosa es que será largo, más de veintiséis mil palabras, calculo, y ahora viene mi pregunta… ¿les gustaría que lo publique entero o de a pedacitos? xD j eje, ya saben, pareja SS.
Bueno, otra de las razones de mi retraso, fue la muy desgraciada –seguro que la conocen xD – flojera, y por último, y no menos importante, mi vida ja ja ja… nah, bueno, me arrepiento de haber desgastado unas cuantas horas en ver unas películas que no valían la pena, y sí me gustó la de Batman, pero llegó a irritarme tanto que casi me como yo sola un enorme paquete de palomitas de maíz de tamaño familiar, junto con dos refrescos enormes y dos M&M. Ni se imaginan xD apenas salí del cine, ataqué el baño, mi estómago parecía una gelatina llena de refresco xD
Bueno… luego de hacer mis comentarios acelerados de siempre xD ¡Muchas gracias como siempre a todos los que me apoyan en cada episodio! Y muchas gracias también a aquellos que leen, en fin, a todo el que no quiere insultarme, gracias. Bien, tema reviews, no tuve tiempo de contestarlos para ahora, pero como no quiero atrasar más la entrega, voy a contestarlos a través de las cuentas, y para los que no la tengan (caso de los reviews anónimos) esos sí estarán en mi perfil, mañana, o más tardar el viernes, pero ya sabes, de esta vez no se pasa.
Comentando el capítulo… no sé si tengo más que decir de lo que ya sucedió. Como vemos, Shaoran va cambiando de a poco su actitud, tampoco puede cambiar tan de repente, y Sakura está más que confundida con sus sentimientos, mientras que el miedo la asecha y no quiere desconfundirse xD Ya en el capítulo que viene, veremos qué es lo que ella se trae con sus miedos e incertidumbres y veremos cómo es que reacciona nuestro Shaorancito. Y como ven, no está en este capítulo el avance de la vez pasada, bueno… pronto… pronto estará porque es algo importante por saber. También aviso que los dos diablitos se nos van en el próximo, y la verdad no lo lamento xD porque ya no habrá dos obstaculitos para impedir cosas sucias, ¿no? ja ja, no puedo evitarlo. En fin, xD también aviso que esta historia tendrá epílogo… ¿no ve? A veces creo que es verdad que estoy loca, xD ayer comencé a escribirlo, sin siquiera tener el final… pero bueno.
Ahora, por último y no menos importante n.n quiero dedicar este capítulo a Carly que cumplió recientemente años, ¡Muchas felicidades por tu cumpleaños, amiga! y ya que estamos, también a Perver, y a Lili que también cumplieron hace unas semanas, y que no tuve oportunidad de hacerles algo lindo, (a excepción de Perver que obtuvo algo xD)
En fin, muchísimos besos a todos n.n esperaré sus comentarios del capítulo, y que tengan una bonita semana, (y a todos aquellos en vacaciones, ¡Felices vacaciones de invierno!)
¡Nos vemos! :D
