Mientras caminaba por el nevado bosque de Siberia el Caballero dorado de acuario buscaba las palabras correctas para darle la noticia a la joven de ojos rojos que esperaba impacientemente en aquella humilde cabaña. Repasaba una y otra vez su pequeño discurso y consultaba en un pequeño manual de lenguaje de señas algunas palabras nuevas en su vocabulario y las practicaba durante el camino. Tras un hondo suspiro apretó la pequeña cajita de terciopelo rojo que traía en el bolsillo derecho del pantalón, y nuevamente inspeccionó su contenido como para asegurarse de que seguía ahí e intacto. Hasta que al fin llego a la morada en medio del bosque. Eran las 10 de la mañana, el sol brillaba los perros jugueteaban frente a la entrada, mientras Isaac y Hyoga median sus fuerzas haciendo chocar su aire congelado contra el del otro haciendo brillar partículas de hielo alrededor de ellos, resultante del choque de poderes.
el jovencito del cabello verde fue el primero en notar el regreso de su maestro y rápidamente le advirtió a su rubio compañero que su maestro estaba de regreso.
-Isaac- ¡maestro!
-Hyoga- ¡Maestro! Ha regresado muy pronto
-Isaac- maestro, ¿donde esta Nicolás?
-Camus- Tuvo que quedarse hospitalizado en Moscú... ¿Donde esta Misha?
-Isaac- esta adentro...
-Camus- sigan entrenando.
el caballero de acuario entro a la cabaña donde encontró a Misha sentada en la sala remendando un pantalón de su abuelo. El repentino cambio de iluminación por la entrada de luz a travez de la puerta principal advirtieron a la chica que alguien ingresaba a la vivienda, cuando levanto sus ojos carmesí su rostro se iluminó al encontrar a su apuesto francés, sin embargo su sonrisa se transformó en un gesto de preocupación al notar que no venia acompañado de su querido abuelo, por lo que salto de su asiento para encontrarse con el galo en busca de noticias del viejo cazador.
-Misha- Camus, ¿donde esta mi abuelo? ¿Le ha pasado algo malo?
-Camus- se ha quedado hospitalizado en Moscú
La chica llevo su mano derecha al rostro en un gesto de sorpresa y preocupación.
-Camus- Su pierna esta en muy mal estado, es por eso que deberá estar hospitalizado un tiempo, pero debes confiar, esta muy bien atendido...
Misha se sentó en uno de los sillones de la sala, su expresión era de dolor y devastación, nunca se había separado de su abuelo, y se sentía sumamente impotente ante la situación. El Santo dorado se arrodilló frente a ella y siguió hablándole con sus manos.
-Camus- debes ser fuerte Misha, ya veras que estará bien, Nicolás es muy fuerte, además el te ama y volverá a tu lado...
Nuevamente llevo la mano a su bolsillo tomo el objeto, y respiro hondo para proseguir:
-Camus- ahora que Nicolás no esta no debes preocuparte, pues me tienes a mi...Misha...yo
Ella lo miró entre lágrimas mientras apretaba el remendado pantalón entre sus manos.
-Camus- Ahora y siempre te cuidare como la joya más valiosa, si tu me aceptas viviré por siempre devoto a ti... Si tu me aceptas te amare hasta el fin de mis días... Ya no puedo ocultar lo que siento, te amo y no puedo esperar mas... Ya no.
Coloco sobre las rodillas se la muchacha la pequeña cajita que traía en el bolsillo, la abrió ante ella revelando un precioso dije en forma de copo de nieve cuajado de diamantes.
-Camus- No tienes que responder ahora... Y sea cual sea tu repuesta seguiré pendiente de ti, tal y como ha sido hasta ahora. Pero si tu me aceptas no te prometo darte todo de mi porque ya lo tienes... Si tu me aceptas me darías la felicidad que he anhelado y creí que no existía.
-Camus- si tu me aceptas jurare mi amor por ti ante la tierra y el viento del norte, ante la nieve y el cielo. Este atardecer, Misha... Este atardecer en donde nos conocimos en medio de la tormenta de nieve, ahi uniremos nuestras vidas... Si me aceptas Misha...ahí esperare.
El santo de acuario se puso en pie dejando a Misha pasmada ante la declaración del francés. Entre sus manos brillaba el copo de nieve con los rayos de sol que se colaban entre las cortinas de las ventanas.
En la parte de afuera de la cabaña los chicos seguían practicando su aire frio. Camus siguió caminando en dirección a la playa congelada.
-Camus- Hyoga, Isaac... Vámonos
los adolescentes se miraron entre si, definitivamente su maestro era un tipo muy raro... Prefirieron no preguntar y limitarse a obedecer, porque generalmente cuando su mentor se ponía así el entrenamiento se volvía inhumanamente imposible, así que mas les valía no abrir la boca o la cosa iba a ponerse de verdad fea.
- Camus- puedo ver que cada día dominan mejor el aire frío y son capaces de congelar algunos objetos, el día de hoy el reto será más...estimulante.
y tras unos minutos el caballero de oro regreso con un enorme y fiero oso polar, que se encontraba furioso por haber sido molestado a medio almuerzo.
-Camus- observen muy bien, esta técnica es muy útil en adversarios con gran tamaño y fuerza física.
El el santo de oro corrió y tocando ambas patas delanteras del oso rápidamente congeló las extremidades dejándolo pegado al piso y totalmente inmóvil. Los muchachos miraron maravillados la habilidad de su maestro.
-Camus- el secreto esta en hacerlo lo más rápido posible y escapar ya que mientras mas se tarden en lograr congelar las extremidades más expuestos estarán al enemigo. Pero si lo logran tendrán una gran ventaja al inmovilizar a su adversario.
ambos jovencitos quedaron anonadados ante la demostración.
-Camus- Ahora es su turno.
Les dijo señalando un área donde se encontraban varios osos junto a sus crías.
Los muchachitos algo asustados se acercaron a donde se encontraban los animales con gran determinación. el primero en intentarlo fue Isaac, que se abalanzó contra un enorme macho que se encontraba vigilando al grupo de hembras cerca de El enorme oso grupo ante la presencia del invasor, el futuro general marino dio un respiro y calculo tiempo y distancias, y cuando lo considero adecuado se deslizó hasta por debajo del enorme animal tomando ambas patas delanteras concentrando su cosmos en ambas manos y comenzó a crear trozos de hielo sin embargo su concentración era bastante asimétrica consiguiendo inmovilizar solo la garra izquierda del oso, y al tener la derecha libre acertó un fuerte golpe en el costado del chico peli verde mandándolo a volar varios metros de ahí.
Hyoga, por su parte corrió hacia una de las hembras que alimentaba a dos oseznos, se deslizó por el hielo quedando debajo de ella, las crías chillaron al sentirse amenazadas por el extraño, la madre gruño parándose sobre sus patas traseras adoptando una apariencia temible, ah yoga tomo ambas patas traseras y comenzó a congelarlas sin embargo al tener las patas delanteras libres le acertó un golpe en el costado con la garra desecha, el ruso estaba logrando inmovilizar a la osa, pero aun le faltaba mucha velocidad, pues le dio tiempo a esta de darle un segundo zarpazo pero esta vez en la cabeza haciendo rodar al rubio violentamente por el hielo.
-Camus- ¡suficiente! Isaac, debes de concentra el cosmos a la misma intensidad en ambas manos, y tu Hyoga, no debes dudar y hacerlo lo mas pronto posible, si sigues dudando puedes perder el combate y hasta la vida. Practiquen hasta corregir sus errores, mañana lo intentaran nuevamente con los osos.
Los aprendices asintieron y practicaron el uno con el otro hasta quedar exhaustos. Pasaban de las seis de la tarde, por lo que la hora de recibir su tan anhelada respuesta estaba cada vez mas cerca. Mandó a descansar a sus alumnos a su cabaña, como era de esperarse jamás les daba explicaciones sobre si iba o no a llegar, los muchachitos estaban acostumbrados a ello.
Una vez que los vio alejarse se dirigió hacia los límites del bosque de los hielos eternos, elevó su dorado cosmos y de inmediato la armadura sagrada de acuario cubrió el cuerpo de francés mientras continuaba caminando tranquilamente hacia el lugar acordado, su blanca capa ondeaba junto a sus largos cabellos azules que hacían un magnífico contraste en el blanco paisaje siberiano.
-( en esta parte sugiero escuchar la música de la siguiente dirección: /bNl39-g73cU Tours les visages de l'amour de les stentors)-
Esperanzado por la respuesta que tendría en breves instantes Camus comenzó a entonar una canción en su lengua materna, su voz era hermosa y totalmente educada que deleitaría hasta el más exigente amante de la música... Oh que triste ironía que la mujer a la que entonaba esa dulce melodía no pudiese jamás oírlo, sin embargo Camus sabia que si con sus manos podía hablarle, con sus manos cantaría sobre la blanca piel de su amada.
Llego al lugar prometido y se quedo de pie esperando mientras el sol comenzaba a ocultarse... Espero...espero... Su corazón latía frenéticamente y un nudo en la garganta apenas y le permitía respirar, cuando de repente noto algo acercarse a donde se encontraba, era un trineo, un trineo que había visto en infinidad de veces, cuando se encontraba a unos 20 metros de distancia los perros se detuvieron y la mujer que lo conducía bajo para encontrarse con el hombre de la capa blanca y coraza dorada qE brillaba imponente con los últimos rayos del sol.
Misha llevaba puesto un vestido de terciopelo rojo vino estilo medieval, sobre su hombro izquierdo llevaba una larga y voluptuosa estola de piel blanca, y de su cuello colgaba el copo de nieve de diamantes que había recibido esa mañana. Su cabello plateado caía suelto alrededor de la chica y el ceñido vestido acentuaba sensualmente su diminuta cintura y el reto de las curvas de su cuerpo. En conjunto le daban un porte de realeza, de criatura mitológica fuera de esta realidad.
El caballero de los hielos se acercó a Misha y la tomo de la mano sonriendo de auténtica felicidad, beso con devoción la mano de la chica.
-Camus- Misha... Estás aquí ...
-Misha- Amor mío, no podría ser de otra forma, te he amado desde el primer momento...
Y ahi, en el silencio de aquel místico lugar con el sol del ocaso, el viento del norte y la nieve como testigos se juraron amor eterno, sus silenciosas palabras conmovieron hasta la médula a los amantes que se unían ante la naturaleza.
Sellaron su amor con un largo beso en el que se entregaron por completo el uno al otro.
La humilde y sencilla cabaña del bosque contrastaba con la belleza y majestuosidad del la pareja que ingresaba tomados de las manos, el caballero ateniense, alto e imponente con su brillante armadura dorada llevando en brazos a la mítica ninfa de las nieves poseedora de una belleza sobrenatural se miraban desbordando pasión mientras atravesaban la obscura estancia hasta llegar a la sencilla habitación de la joven, la cual estaba alumbrada por dos austeras lámparas de aceite, ya que las ventanas estaban completamente cubiertas por laminas y tablas de madera impidiendo la entrada de la luz de la luna, las paredes estaban marcadas por las garras de una bestia y la cama estaba cubierta por múltiples pieles pertenecientes a distintos animales.
El santo dorado coloco a la chica gentilmente sobre el lecho para besarla en los labios, inicialmente de una manera tierna y gentil, pero con el pasar de los segundos aquel beso se fue tornando mas pasional, clavando su lengua dentro de la boca de su amada y posando sus manos en su cuerpo disfrutando cada curva de su delicado cuerpo encendiendo el deseo acumulado en el cuerpo del francés. Poco a poco fue despojando a su amada de aquel pesado vestido de terciopelo exponiendo su bella figura enfundada en un ceñido corset victoriano, el santo de acuario sintió una oleada de calor situada en su entrepierna. Sabia que debía ir lento, que debía ser gentil pero ardía en deseo, tanto que no estaba seguro de poder controlarse. Se separo de ella para despojarse de su armadura.
Con el torso descubierto el caballero de la undécima cambio su expresión dulce y llena de alegría por una mirada penetrante que destellaba todo el deseo que tenía por aquella criatura que encendía su pasión, ella le miraba de igual forma anhelante y apasionada, sus ojos brillaban cuales llamas milenarias mientras se acercaba lentamente a su amado para acariciar ru rostro y posteriormente sus perfectos pectorales, Camus fue desatando las cintas del corset disfrutando el deslizar de las cintas como si de una caricia se tratara, y cuando por fin termino de retirar la complicada prenda quedo maravillado ante la hermosa perfección del cuerpo de la ninfa así que el mismo se despojó de lo que le quedaba de ropa dispuesto a cubrir su desnudez con la blanca figura que le hacia perder la razón.
Entre la suavidad de las pieles se deleitaron con sus caricias y la humedad de sus cuerpos, hasta que de pronto, así porque el instinto natural y el deseo saben guiar las acciones de los amantes, El miembro de Camus se posó en la entrada del virginal cuerpo de Misha abriéndose paso lentamente en la tibia humedad que le ofrecía, causándole a ella un agudo dolor y a el un enorme placer, cuando por fin venció la resistencia de ladelicada entrada y se sintió por completo dentro del cuerpo de ella ,el caballero de acuario dejó escapar un ronco quejido de satisfacción mientras miraba fluir cristalinas lagrimas de los ojos carmesí de Misha, poco a poco los movimientos de sus caderas fueron arrancando agudos e involuntarios gemidos de la muchacha cosa que a Camus excitaba cada vez mas, incrementando la fuerza y velocidad de sus envestidas al mismo tiempo que acariciaba sus redondos senos, estaba como Poseidón por algo mas grande que el, amor, deseo, pasión, todos difuminados entre sí, mientras poseía a aquella mujer . Mirarla, sentirla ,saborearle le proporcionaban las sensaciones mas puras y placenteras de su existencia, entre sus brazos no existía el mundo definitivamente si debía salir algún día al campo de batalla todo tendría sentido si al regresar estuviera nuevamente entre los fibrazos de su diosa blanca.
Absorto en sus emociones Camus segura aumentando el ritmo de sus caderas dejando escapar sin pudor alguno gemidos y gruñidos de placer mientras apretaba toscamente la pequeña cintura de su amante, Misha se retorcía bajo el musculoso cuerpo del francés poseída totalmente por el placer que este le daba hasta que en un momento ambos explotaron en una oleada de placentero calor y estrellas, impregnando el a su adorada con su esencia.
respirando agitadamente ambos amantes se miraron a los ojos fundiendo sus cuerpos en un estrecho abrazo, como si las palabras sobraran se miraron con complicidad como diciéndose el uno al otro cuanto se amaban y que la noche aún era joven... Muy joven para poder consumando una y otra vez su gran amor.
