Capítulo beteado por Pulpi Mortensen, Beta EFF.
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Capítulo 8: Angustia
Edward POV.
En toda la semana, Bella se la pasó en la tienda trabajando sin descanso; casi no se veía en la casa. Extrañaba mucho compartir con ella, en ocasiones solo coincidíamos en la cena, pero siempre está muy distraída.
No quise molestarla, sabía que me estaba evitando. Lo que no sabía era el porqué de su actitud. Lo mejor sería darle su espacio.
Terminé el auto antes de lo esperado, sin ningún problema.
Pensé en probarlo por el pueblo, y sin duda mi pensamiento fue hacia Bella, así que no dudé en buscarla en la tienda, tal vez, cerraría temprano para acompañarme.
El carro funcionaba excelente, el motor rugía fuertemente; en la carretera todo un vehículo de carreras. Si mi padre estuviera vivo, estaría orgulloso de su hijo. A él le encantaba los autos. Toda su vida reunió para comprarse el Mustang, hasta que un día se cayó del caballo en la hacienda dejándolo en silla de ruedas; eso fue lo que acabó con su vida. Al recordar a mi padre no pude dejar de derramar una lágrima por él.
No tardé nada en llegar a la tienda, pero, para mi sorpresa, ya estaba cerrada por completo.
—¿Dónde estará Bella? —comenté en voz alta.
No me quedó de otra que buscarla por el pueblo pero ninguna señal de ella, al parecer la tierra se la comió, y eso me estaba preocupando.
Donde mi madre no estaba, también fui donde María pero nada, en la casa ni rastro de ella. Ya se estaba haciendo tarde y no aparecía, eso si estaba grave, si le había pasado algo no me lo perdonaría.
Su desaparición me estaba preocupando demasiado, mis manos estaban sudadas y mi mente maquinaba todo tipo de cosas malas que le pudieron haber sucedido.
Salí muy rápido de la casa, preguntando a todos los que veía pero nadie sabía el paradero de ella. Busqué sin parar por el pueblo de nuevo hasta que me decidí por ir a los pueblos vecinos, a los más cercanos, ya que eran los únicos a los que era factible llegar caminando.
En la salida de Forks se encontraba un viejo en su casa, no lo reconocí a primera, pero al mirarlo bien distingo a Mateo, un viejo amigo de mi padre. Los años ya le estaban pasando factura, se veía muy delgado.
Lo saludé cordialmente, pregunté por su salud, y fui al grano del asunto preguntando por Bella. Recé porque la haya visto, y sí, Dios me escuchó, me dijo la dirección en que se fue y sin duda se fue al otro pueblo, no estaba muy lejos de aquí, pero era muy solitario.
Comencé a conducir rápido por la vía, mirando para todos los lados a ver si veía a Bella, pero sin resultado. Ya no sabía qué hacer. Bella pocas veces hablaba de ella, no sabía ni su apellido, ni de dónde venía; la verdad no conocía nada de ella.
Visualicé un cuerpo tirado a un lado de la carretera; estacioné para ayudar, pero, al bajarme, la sorpresa que me llevé fue grande, era Bella tirada en la vía. Desmayada por completo, la llamé varias veces pero nada, no respondió. Tenía signos vitales. La agarré y la subí al auto tenía que llevarla a un hospital lo antes posible; no sabía cuánto tiempo había estado desmayada.
Los desmayos de Bella me tenían preocupados, no era para nada normal que en una semana llevara varios desmayos, también lo peligroso de salir sola.
No quería pensar en lo que le hubiera pasado si alguien distinto a mí la hubiera encontrado, si le hubiera hecho algo a mi hermoso ángel.
En el pueblo no tenían hospital, sólo un consultorio público que a esta hora estaría cerrado, no dudé en salir lo más rápido en busca de un hospital.
Bella aún seguía desmayada, en el auto no daba razón de vida. Si no fuera por su respiración lenta, creería que estaba muerta.
No duramos mucho en llegar a el pueblo vecino, éste era el más grande de los pueblo a su alrededor. Aparqué en el estacionamiento del hospital y bajé a Bella cargándola inconsciente. Entré por la parte trasera del establecimiento, un letrero decía: "EMERGENCIAS".
En un momento la enfermera ya estaba atendiendo a Bella. Pero me prohibieron el paso al consultorio, tenía que esperar afuera, en la sala de espera. Cada minuto que pasaba y no salía nadie, me asustaba más. El sufrimiento que sentía por no saber de Bella me estaba matando.
Por fin, salió un doctor de emergencia llamando a los familiares de Bella Cullen, tuve que dar mi apellido porque no sabía cómo se apellidaba Bella.
—Sí, doctor, soy yo —dije rápido. Él me miró con cara de tristeza, pero no dijo nada.
—Dígame, doctor, ¿qué tiene Bella, por favor? —supliqué.
—Es sólo un desmayo, pero su cerebro está teniendo problemas. Tiene que ir a la capital a hacer un chequeo —respondió el doctor.
—¿Pero es algo grave? ¿Se va a morir? —dije con los ojos aguados.
—No es nada grave, sólo es un chequeo para verificar funcionamiento. Sólo tiene que comer mejor y nada de disgustos —explicó.
—Gracias a Dios y la Virgen —dije quitándome las lágrimas que caían por mis ojos—. ¿Puedo verla?
—Sí, claro, adelante. Está en la habitación 10 —dijo el doctor.
Corrí hacia la habitación, la desesperación por verla me mataba. Al entrar la veo. Está con los ojos cerrados, se veía tan tierna durmiendo, que me hizo suspirar más de una vez; sus brazos están llenos de agujas donde le pasaban varias vitaminas.
Abrió los ojos lentamente, se quedó un rato quieta, pero después se movió muy rápido.
—¡Eh!, calma Bella, estás bien ahora —dije con una sonrisa. Miró para el lado derecho donde me encontraba.
—¿Que me pasó? —preguntó.
—Te desmayaste en la vía —respondí.
—¿Cómo me encontraste? —volvió a preguntar.
—Busqué hasta por debajo de las piedras —dije.
—Lo lamento tanto, no debí salir sola, lo siento. —Estaba comenzando a llorar.
—No, tranquila, sólo que me tenías preocupado, pero ya estás bien, aquí conmigo —dije secándole las lágrimas—. ¿Tienes hambre? —pregunté.
—La verdad que sí, mucha. Caminé un montón —contestó.
—Bueno, ya vengo, te iré a buscar algo, no te vayas —dije jugando
Ella sólo rió un poco. Salí en busca de la cafetería, a ella le darían comida, pero a mí no y tenía mucha hambre, ya que no había almorzado nada porque estaba terminando el auto.
—Dos pasteles de carne, por favor —pedí en la cafetería.
—¿Algo más? —ofreció la chica.
—Dos jugos de manzana y una caja de chocolate, si es tan amable —dije con una sonrisa.
—Tenga, señor —dijo.
—Gracias. —Saqué la cartera y pagué la comida.
Los pasteles de carne se veía irresistibles, su olor incomparable. Visualicé una enfermera que pasaba por mi lado.
—Disculpe, señorita, ¿a qué hora dan de alta a la paciente de la habitación 10? —pregunté.
—Espere para verificar, señor —contestó la enfermera. Buscó en la computadora de la recepción—. En una hora cuando le termine el medicamento que se le está suministrando.
—Está bien, gracias —dije.
Fui a la habitación de Bella, quién estaba mirando con sufrimiento la comida que le habían traído del hospital.
—¿Qué no te gusta? —pregunté.
—La verdad, no. Mi madre siempre me obligaba a comer esta comida y la aburrí —dijo suspirando.
—Si quieres te comes estos pasteles —ofrecí. Vi como sus ojos se iluminaban. No pude evitar sonreírle.
—Gracias, Edward. Eres el mejor, no sé qué haría sin ti —dijo sonriendo.
—No es para tanto, Bella. Ten, come. Yo me comeré tu comida para no desperdiciarla. Y te traje una caja de chocolate. —Ella hizo un gesto tierno y comenzó a comer.
Los dos comimos en silencio, en ocasiones la miraba a la cara para ver sus hermosos labios y sus ojos. ¡Cómo anhelaba besarlos! En momentos, Bella me sorprendía mirándola como un tonto y desviaba la mirada.
—Permiso —habló una enfermera en la puerta.
—Pase. —Me paré de la silla.
—Vengo a quitarle el medicamento —dijo la enfermera.
—Gracias a Dios —dijo Bella. No pude no reírme, no pasó ni tres horas y ella parecía tener una eternidad en el lugar.
—Ya lista, señorita, se puede ir —dijo botando todo a la papelera y saliendo de la habitación.
—Bueno, niñita, vamos a nuestro hogar que mi madre debe estar muy preocupada —dije recogiendo las pocas cosas que teníamos.
—¡Dios, verdad! ¿Qué hora es? —preguntó.
—Las 10 p.m. —respondí.
—¡Que tarde!
Salimos del hospital lentamente, ya que aún Bella se sentía un poco mareada por el fuerte medicamento que le habían colocado.
—¿En qué nos vamos a ir? —preguntó Bella algo pensativa. Señalé el vehículo rojo que se encontraba en el estacionamiento—. ¡Qué! Lo arreglaste por completo. —Yo sólo asentí.
Nos montamos en el auto y comencé a conducir rápido para no llegar a la casa tan tarde. En el camino no sabía de qué hablar hasta que decidí preguntarle por su pasado.
—Bella, nunca me has dicho, ¿cómo es tu nombre completo? —pregunté.
—Mi nombre... —Tardó un rato pensando. Yo dudé, nadie se tarda en responder algo tan simple— Bella Jazmín Swan.
—Jazmín —reí al saber el segundo nombre de Bella.
—Hey, no te burles, yo no tengo la culpa que mis padres me colocaran ese nombre —se defendió—. ¿El tuyo, cómo es?
—Edward Anthony Masen Cullen —dije.
—El tuyo no se queda muy atrás —dijo Bella burlándose ahora del mío.
—¿Qué hacías antes de venir a Forks? —pregunté.
—Estudié Comercio Internacional —respondió. Yo abrí los ojos como platos. Esa carrera costaba una fortuna en cualquiera de las universidades del país.
—¿Y tú que hacías? ¿Por qué tenías tanto tiempo sin venir? —preguntó Bella.
—Soy Oficial Especial de Crímenes de Tráfico de Drogas, y no tenía vacaciones desde hace mucho —contesté—. ¿Por qué viniste al lugar menos comercial del país?
—¡Umm! —Se queda callada por varios minutos— Dejé la carrera y éste lugar me gusta más.
—¡Oh, vaya! Viajar por el mundo no es lo tuyo —dije. Ella sólo hizo un gesto de amabilidad.
—No me gusta la hipocresía de las personas. —Suspiró—. Donde estudiaba ese era el pan de cada día. Además, estaba estudiando esa carrera por mi padre.
—Tienes que hacer algo que a ti te guste —comenté—, seguir a tu corazón.
—Eso mismo pienso yo. —Me regaló una hermosa sonrisa—. Quiero hacer lo que mi corazón me dice. Seguir mi sueños, no lo sueños que han creado para mí.
—¿Cuál es tu sueño? —pregunté.
—Ser feliz al lado de una persona que me ame, como yo a ella. —La miré por un momento, sus ojos brillaban—. También poder ayudar a los demás.
—Un hermoso sueño.
—No tiene nada de especial, sólo quiero ser feliz como cualquier persona.
—¿Qué te detiene? —inquirí.
—Nada, ahora puedo ser feliz.
—Llegamos a la casa —murmuré.
Guardé el vehículo en el garaje y fui directo a la sala, pero sólo se encontraba mi madre tejiendo.
—Madre, ¿cómo te fue hoy? —pregunté.
—Muy bien. La señora Carmen pasó por la tienda y estuvimos todo el día hablando —contestó Esme.
—Me alegro. Madre, ¿dónde está Bella?
—Está en su cuarto descansado, dijo que estaba cansada —respondió Esme.
—La encontré en la carretera desmayada —comenté.
—¿Qué? —gritó mamá—. ¡Esa niña no aprende! Debería ir y dejarla encerrada para que no vuelva a salir. ¿No ve que es muy peligroso? ¡Ella cree que puede ser la mujer maravilla! —Mamá formó un monólogo. Preguntando y respondiéndose ella misma.
—La llevé para el hospital más cercano —dije interrumpiendo su monólogo—. El doctor dijo que sólo tenía un desmayo, pero que se hiciera unos exámenes.
—Mañana mismo vamos a hacerlos.
—Mamá cálmate. —La coloqué junto a mí—. Los exámenes de Bella no lo hacen aquí, sino en la capital.
—¿El doctor qué dijo? —preguntó mamá angustiada—. ¿Es algo peligroso?
—No lo creo, sólo dijo que le hiciéramos los exámenes para ver qué tiene.
—Esa niña no vuelve a salir sola de esta casa. —Y así se fue parloteando para su habitación.
Subí a mi habitación para descansar, el día había sido agotador.
Cerré los ojos y la imagen de Bella se me vino a la mente, no podía dejar de pensar en ella. Era tan dulce, tan amable, tal linda.
En los días siguientes le ayudé en la tienda, me gustaba pasar tiempo con ella, era tan divertida.
Desde el desmayo de Bella nos unimos más, no pasaba ni un día que estuviéramos lejos, pero era tan responsable que en ningún momento dejó de trabajar y mi única opción de hacer algo y protegerla era también trabajar con ella.
El día de hoy no fueron muchos visitantes a comprar, Bella estaba leyendo y escuchando música. Yo arreglaba la mercancía nueva, sin muchos ánimos. Necesitaba hacer algo diferente que me liberara adrenalina.
—Vamos hacer algo esta noche —propuse, pero Bella seguía hipnotizada en su música.
Dejé lo que estaba haciendo y fui para donde ésta estaba, le saqué los audífonos de los oídos.
—¿Que ha pasado? ¿Llegó alguien? —preguntó.
—¡No! Sólo te estaba preguntado si quisieras hacer algo conmigo esta noche. —Vi como ella pensaba.
—Sólo si no hacemos algo muy loco —dijo.
—Te lo prometo. —Sonreí.
—Bueno, será mejor que ya cerremos —propuso Bella.
—Déjame terminar de acomodar la mercancía.
Cerramos la tienda y fuimos a preparar la cena; en cuanto estuvo, Bella se fue a arreglar.
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Tarde pero seguro. :D
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LOQUIBELL gracias por tu comentario
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