Bleach propiedad de Kubo Tite.

Basado en la novela Un hombre bueno de Kristin Hardy.


Capítulo Noveno:

-Un café solo, dos con leche y uno con leche desnatada, nada de bollos- pidió Rukia.

-Un café solo, dos con leche y uno con leche desnatada- repitió Mashiro- Nada de bollos.

-Nada de bollos.- Dijo Rukia con voz melancólica.

Mashiro preparó los cafés de forma eficaz.

-Aquí se quedan los bollos.

-Exacto. Que pases buena tarde- Rukia se volvió y echó a andar hacia la puerta, pero tras dos pasos se detuvo y se giró sobre los talones- Bollos- pidió- Tres.

-Marchando-Dijo Mashiro, esforzándose por contener las carcajadas mientras metía los tres bollos redondos en una bolsa encerada- ¿Sabes? Hoy casi has llegado hasta la puerta. Ya te estaba aplaudiendo.

-Es el olor- se excusó Rukia exasperada- Si no hicieras el mejor café de la ciudad, podría ir a otro sitio, pero tu café es el mejor, entro, huelo todo lo que has horneado y ya estoy perdida.

-Es una forma de hablar.-le entregó la bolsa con bollos- Y dime ¿Qué tal va la búsqueda de pistas?

-No avanza lo suficiente. Si no encontramos algo pronto, no pasare por la puerta dentro de poco.

Mashiro la escudriño de pies a cabeza.

-Eso lo dudo. De todas formas considera tus hábitos un favor especial hacia mí. Si te comes mis bollos, tengo que hornear más, lo cual me da algo que hacer y así puedo evitar acercarme durante dos o tres horas a los formularios del IVA del trimestre.

-¿Los 941?

Mashiro hizo una cruz con sus dedos índices delante de Rukia.

-Atrás Satanás. No pronuncies esas palabras aquí.

-Mashiro, un genio culinario como tú no debería perder el tiempo haciendo papeleo. ¿Es qué no tienes un contable?

-Lo tenía, pero se mudó hace un par de meses. Aún no he tenido tiempo de encontrar a otra persona. Estoy demasiado ocupada amasando bollos.

-Deberías habérmelo dicho antes- Rukia le dio un billete- Escucha, tengo que volver a la tienda, pero tengo tiempo mañana por la mañana. Vendré y echaré un vistazo a esos papeles. Seguro que puedo arreglarlo- Rukia se detuvo- Perdona, estoy segura que no querrás que una persona que podría estar implicada en un asunto de blanqueo de dinero se acerque a tus libros de cuentas.

-Al demonio con eso. A quien buscan es a Kaien no a ti. Lo que ocurre es qué se supone que has venido aquí a relajarte no a trabajar.

-No pasa nada.

-Pero…

-No hay pero que valga. Di que sí, gracias y se acabó.

-Mandona-dijo Mashiro con gesto en la boca entregándole el cambio.

-Eso me han dicho- dijo Rukia con una sonrisa.

El aire de la mañana era frío, el cielo era de un azul cristalino. Rukia regresó a la florería y se detuvo sólo a dejar el dinero suelto en la hucha para niños huérfanos.

-Gracias.- dijo el hombre de hábito religioso.

-De nada- contestó ella con una nueva sonrisa.

Era extraño. Al principio no le había hecho gracia volver a Karakura. Más bien le habían dado escalofríos sólo de pensar en lo sofocante, aburrido y cansado que sería. Pero le estaba resultando acogedor. Dormía tranquilamente sin despertarse con el ruido de las sirenas y por la mañana iba andando al trabajo sin tener que apretujarse dentro del metro. Había algo agradable en su rutina de ir a ver a Mashiro, en la sensación de comunidad que nunca había sentido en Tokio. Aunque eso no quería decir que deseara quedarse.

-Aquí estas.

Rukia levantó la vista al oír el tono impaciente y vio que Ichigo se acercaba a ella a grandes zancadas. No pudo evitar que el estómago le diera una vuelta de campana.

-Hola.

-¿Dónde estabas? Te he estado llamando al móvil.

-Lo he dejado en la tienda- sintió como si le faltara el aliento- He salido por café.

Ichigo tomó la bandeja.

-Eso me ha dicho tu hermana.

-Dime que no has hablado con Mastumoto- gimió Rukia.

-¿La mareadora? ¿Por qué?

-No importa. ¿Qué pasa?

Ichigo agitó algo delante de ella.

-¿Qué es eso?

-¿Qué te parece que es?

-Una llave- respondió sin prestar atención, pero entonces cayó en la cuenta- ¿Una llave?

-Sí. La encontré en el despacho de mi padre. El que solía usar Kaien.

-La llave de la casa- dijo ella con un hilo de voz.

-No lo sabemos con seguridad, pero creo que así es.

-¿La has probado?- preguntó Rukia con el corazón latiéndole a toda velocidad.

-Te estaba esperando, colega- respondió él enarcando una ceja- ¿Crees que podrías escaparte una hora o dos después de dejarles los cafés en la tienda?

-Por supuesto, colega- dijo ella con una amplia sonrisa.


Les resultó más fácil encontrar la casa la segunda vez, a plena luz del día, bajo el sol de la tarde, y sin el desapacible viento del día anterior. Parecía un lugar casi encantador.

-Apuesto a que tiene que ser un lugar precioso en verano- dijo Rukia contemplando los árboles que se extendían colina abajo.

-Probablemente. Aunque dudo que Kaien la comprara por la vista- estaban de pie uno junto al otro en el porche. Las cortinas no les dejaban ver el interior. Ichigo metió la llave en la cerradura- Allá vamos. Cruza los dedos.

- Cruzados- informó ella.

Empujó levemente y la llave se deslizó suavemente por la cerradura.

-Buena señal.- comentó él.

El corazón de Rukia empezó a golpearle las costillas.

-También están cruzados los dedos de los pies.

Ichigo le dirigió una sonrisa y giró la llave. Ésta rotó suavemente y con un pequeño clic el pomo también se giró. La puerta se abrió ante ellos sin problemas. Entraron en una pequeña habitación con piso de cemento que conducía a una cocina amarilla. El calzado con suela de goma que llevaban no hacía ruido sobre el linóleo del suelo. En cualquier otra circunstancia habría sido una habitación alegre, con sus soleadas paredes y el acogedor mirador con su mesa y sus bancos para desayunar, el hecho que estuviera cerrada y en silencio no hacía más que acentuar la sensación de que estaban invadiendo una propiedad privada. De nada importaban sus motivos, aquello no estaba bien. Ichigo abrió el frigorífico que estaba vacío y desenchufado.

-Démonos prisa- susurró Rukia. Uno de los extremos de la cocina conducía a la entrada y el salón. Rukia pensó que era grande, más de lo que parecía desde fuera. También era espaciosa y estaba completamente vacía de muebles.- Parece que es de gustos minimalistas.

-Con minimalista quieres decir que la casa está vacía, ya lo creo- Ichigo abrió la puerta del cuarto de baño en el que no habían ni toallas ni papel.

-Supongo que es una casa para guardar datos no para vivir- observó Rukia.

-Supones bien.

El lugar era sorprendentemente luminoso a pesar de las cortinas que cubrían las ventanas gracias a tres tragaluces que dejaban entrar la luz del sol. Rukia e Ichigo atravesaron el enorme y diáfano salón cuyo suelo estaba cubierto por una gruesa alfombra. Con las cortinas descorridas habrían podido divisarse desde allí los árboles y el salón habría sido precioso.

-Pobre casa- dijo Rukia- Seguro que hubo un momento en que fue la casa de alguien, un lugar querido y ahora está aquí sola y vacía.

Ichigo encendió la luz- No está vacía del todo si hay luz- la apagó de nuevo- Supongo que si hay electricidad es porque hay algún aparato encendido en algún lugar.

-Seguro que tiene un ordenador a menos que guarde copia impresa de todo.

-Pues busquémoslo- dijo Ichigo. Avanzaron por el pasillo que conducía a los dormitorios.

-Hasta aquí la posibilidad de qué tuviera estufas de madera- Rukia señaló hacia un termostato que había en la pared y se detuvo a subirlo. Captó el diminuto resplandor de una luz y se oyó un breve zumbido seguido del sonido de la bomba de calor al ponerse en funcionamiento. Rukia sacudió la cabeza mientras continuaban pasillo adelante hacia el primer dormitorio que estaba vacío.

-Calefacción y electricidad, pero nada de muebles. No tiene sentido.- el segundo dormitorio también estaba vacío. El sol se colaba por debajo de las cortinas. ¿Y el tercero?

-Premio- susurró Ichigo.- en el interior del dormitorio había un amplio y confortable sofá de cuero negro y, delante, una mesa de centro cubierta de mandos a distancia, revistas y posavasos. Enfrente, colgada de la pared, había una televisión de pantalla plana. Y a un lado una lustrosa mesa de escritorio de color gris.

-Tiene que estar en algún sitio en esta habitación- Ichigo se inclinó sobre el escritorio.

De forma tácita Rukia se dirigió hacia el vestidor. Estaba vacío a primera vista. Abrió los armarios empotrados en el interior. El más alto estaba vacío. El amplio cajón de debajo crujió cuando lo abrió, y vacio también. El siguiente cajón estaba en el mismo mal estado. El inferior, sin embargo, se abrió con suma facilidad. Y allí estaba; la funda negra de un portátil.

-Ven con tu ama- susurró Rukia con un deje de emoción.

Ichigo se volvió y la vio sacando el ordenador- Que bien.

-Ya veremos si encontramos lo que queremos- Rukia depositó el portátil sobre el escritorio con manos temblorosas de los nervios, mientras Ichigo registraba los demás cajones.- ¿Encuentras algo?

-Me temo que todo estará en formato electrónico. Es fácil de almacenar, transportar y enviar a su colaborador en caso de necesidad.

Rukia se estremeció al pensar en Stark.

-Creía que querría evitarlo todo lo posible.

-¿Por qué? Desde el punto de vista de Kaien es su fuente de financiación. De ahí recibe el dinero y apuesto a que los dos dependen en gran manera del otro.

El portátil emitió un suave zumbido y cuando el software terminó de cargarse apareció el recuadro para la contraseña. El nombre de usuario estaba escrito, no así la contraseña.

-Me lo temía- dijo Rukia presionando la tecla Enter.

Contraseña no valida. Por favor, inténtelo de nuevo.

-Deberíamos haberlo supuesto. La mayoría de los ordenadores requieren contraseña de entrada- observó Ichigo.

-Sigue siendo un problema- Rukia escribió el nombre de Kaien.

Contraseña no valida. Por favor, inténtelo de nuevo.

-¿Has probado con su nombre?

-Acabo de hacerlo- repuso ella emitiendo un sonido de frustración al ver que el ordenador se obstinaba en mostrar el irritante mensaje- El apellido, el nombre de tus padres. Pensemos. La gente usa nombres de cosas o personas que significan algo para ellos. ¿Qué elegiría Kaien?

-¿El tuyo?- sugirió Ichigo.

-No caerá en esa breva.

-¿Supongo que también habrás intentado Enter por defecto?

Rukia no se molestó en responder, se limitó a mirar de reojo y empezó a mirar por el escritorio, en la parte de abajo del ordenador, en los cajones.

-¿Qué buscas?

-La contraseña. Kaien nunca se acuerda de sus contraseñas por eso las va escribiendo por ahí.

-Probablemente la lleve en la cartera- dijo él ayudándola a buscar.

-No lleva cartera. Ocupa demasiado. Lleva uno de esos clips para sujetar el dinero, un par de tarjetas y el permiso de conducir. No, si ha actuado como siempre estará por aquí.

Pero no estaba.

-Puede que esté en alguna otra parte de la casa- sugirió Ichigo.

-Supongo que no pasará nada por comprobarlo- Rukia se levantó, aunque con reticencia. Se dirigieron al pasillo poco iluminado inspeccionando muebles, armarios y hasta en el interior del cuarto de baño de camino, pero estaban todos vacios. Llegaron al dormitorio principal, entraron y se quedaron quietos.

-Otra vez el minimalismo- observó Ichigo.

Una enorme cama con dosel era todo el mobiliario. Ni espejo, ni mesillas, ni cómoda, ni sillas. Ni siquiera lámparas. Sólo una cama del tamaño de Australia, casi cubierta con un edredón de color vino y un par de almohadas.

-¿Para qué necesitaría una cama?- preguntó Rukia finalmente.

-¿Para dormir?

-Si quería dormir, tenía el sofá.

No, aquella enorme y opulenta cama no estaba para adornar. No sabría que decir qué la impulso a hacerlo, pero algo la llevó a acercarse a las puertas del armario y las abrió. En el interior había una ordenada pila de sabanas. Se dejó caer sobre el mullido colchón.

-La casa está vacía. No hay muebles, ni vajilla, ni toallas. Faltan la mayoría de las bombillas. Hasta el frigorífico está vacío. No usaba la casa para quedarse aquí- su voz se tensó-¿Para qué necesitaría una cama?- bajó la vista. Y entonces lo vio. Un cabello largo y oscuro, completamente lacio sobre la almohada. Sin que pudiera evitarlo su imaginación conjuró la imagen de Kaien allí, desnudo, abrazado a una mujer, ambos excitados, sudorosos y jadeantes. Engañándola.

-Acuéstate conmigo- le dijo de pronto a Ichigo.

-¿Qué?- le contestó con la boca desencajada por la sorpresa mirándola.

-Acuéstate conmigo. Ahora- se quitó la chaqueta y la dejó caer al suelo. Fue hasta la puerta y la cerró. Un escalofrío la recorrió al notar el gélido aire.

-Espera un momento Rukia. ¿Qué está sucediendo aquí?

-Es una petición bastante sencilla. La otra noche querías hacerlo, a menos que hayas cambiado de opinión. Y Kaien ha sido considerado al ponernos esta enorme cama- empezó a desabotonarse la blusa- Yo digo que la utilicemos- se desabotonó el último botón por abajo.

-¡Estás loca!

-¿Es qué no me deseas?- exigió saber ella con un brutal y despiadado brillo en los ojos.

-Esto no tiene nada que ver conmigo. Tal como yo lo veo tiene que ver contigo y con Kaien.

Se desabrochó otro botón acercándose a Ichigo.

-Venga- se inclinó sobre él y le susurró contra los labios- Sera divertido. Lo sabes.

En contra de su voluntad, Ichigo sintió que su cuerpo se tensaba, pero la rabia ahogó todo su deseo.

-Quiero que sepas que no voy a ser una herramienta en esto. He tenido que venir para limpiar uno de los mayores desastres causados por Kaien. No pienso recoger también los restos de otro.

Rukia se giró sobre sus talones con las mejillas completamente enrojecidas.

-¿Soy un desastre? ¿Es eso lo que soy? Gracias por la etiqueta.

Esta vez fue Ichigo quien se acercó.

-No pongas en mi boca palabras que no he dicho. Si quieres irte a la cama conmigo porque eso es lo que deseas, no me lo pensaré dos veces. Pero no pienso permitir que te acuestes conmigo por despecho.

-¿Quién ha dicho que sea por eso? Tú no sabes lo que estoy pensando.

-No hay necesidad de ser adivino Rukia. Dime entonces… ¿Por qué rompiste con Kaien?- terminó por preguntar sin alterar la voz.

-Eso no es asunto tuyo- respondió ella, pálida.

-Ya lo creo que sí. ¿Por qué rompiste con Kaien?

-No voy a decírtelo- trató de alejarse, pero Ichigo la sujetó por los hombros.

-¿Por qué rompiste con Kaien?

-¡Suéltame!

-¿Por qué rompiste con Kaien?

-Por qué no era más que un asqueroso y embustero hijo de perra- explotó ella.

Las palabras se quedaron flotando en el aire unos momentos durante los cuales Rukia pudo oír hasta los latidos de su corazón. Ichigo y ella se sostuvieron la mirada. Aunque hubiera querido no habría podido dejar de mirarlo.

-¿Qué te hizo?- preguntó entonces Ichigo con un deje de ternura.

-Me engañaba- respondió con voz seca, desprovista de toda emoción- Un día pasé por su casa a recoger unas cosas y lo encontré en plena postura del Kamasutra con una mujer.

-Caray.

-Fue una sorpresa para mí- admitió- Rukia- Cuando regrese a casa me encontré con Hisagi y sus chicos que habían puesto patas arriba mi apartamento. Todo porque habían relacionado mi nombre con un asunto de estafa y blanqueo de dinero.

-Caray.

-No fue uno de mis mejores días. Oh, y dos días después mi jefe me dice que me esfume de la ciudad por los titulares de los periódicos. Así que no tuve otra opción más que venir a Karakura a refugiarme. Y me encuentro aquí una cama que obviamente ha utilizado con alguien…-tragó saliva- Así que sí, me parece que el despecho es una buena razón. ¿Te apuntas?- Ichigo se inclinó y la besó en la frente.

- No. De esta forma no. No quiero acostarme contigo porque quieras vengarte del imbécil de quien estás enamorada porque te hizo daño.

-Te equivocas Ichigo. No estoy enamorada de Kaien. Llevaba un tiempo sintiéndome así, mucho antes de aquel episodio de película porno- se dirigió a las ventanas cubiertas por cortinas y miró por una rendija los árboles sin hojas, como si no hubiera vida en ellos, ni color.- Iba a romper con él esa noche. Por eso fui a su apartamento a recoger mis cosas.

-¿Por qué? ¿Habías averiguado algo?

-No tenía ni la más puta idea…simplemente…empecé a sentir que algo no funcionaba entre nosotros poco después de que nos comprometiéramos. Como si hubiéramos entrado en una rutina y no hubiera emoción. Sentía que los dos lamentaríamos casarnos. Yo lo lamentaría. Por eso fui a recoger mis cosas. Para poder decirle lo que sentía esa misma noche. Y ya ves.

-Lo pillaste con las manos sobre la carne.

-Extraña sensación la de la humillación. Aun cuando no estás enamorada del tipo en sí, te sientes fatal- trató de sonreír, pero no lo consiguió. Para su absoluto bochorno notó en los ojos la picazón de las lágrimas.

-Fue un idiota- dijo Ichigo. Se acercó hasta ella y le rodeó la cintura con los brazos- Debía de ser un completo imbécil para engañarte.- se inclinó para depositar un beso en la cabeza de Rukia, en su frente, en sus ojos.

Su intención era reconfortarla, nada más. En un principio. Rukia abrió los ojos y al mirarlo comprobó que ya no había rabia en los ojos de Ichigo, sino sólo ternura. Cuando sus labios se rozaron fue un contacto lleno de una inocencia juvenil. Era una manera de insuflar fuerza.

De pronto todo cambió.

Rukia no sabía quién cambió el ángulo del beso, que labios se abrieron antes. Como si hubieran subido el termostato, la fricción de los labios creó una reacción de respuesta en su cuerpo, un deseo que se convirtió en pura necesidad. Ichigo la estrechó fuertemente entre sus brazos. El calor que emanaban sus cuerpos aumentó y, de pronto, ya no estaban compartiendo un beso tranquilizador. Llevaban días dando vueltas alrededor del beso que habían compartido, como polillas en torno a una vela. Pero ya no daban vueltas. No tenían ninguna razón para detenerse. Estaban en un lugar privado, a solas. Se acabaron los rodeos. Ichigo deslizó la mano entre los cuerpos de ambos y terminó por desabrochar los botones de la blusa de Rukia mientras ésta le bajaba por los hombros la chaqueta y la dejaba caer al suelo. Ichigo se acercó más a ella y la estrechó con fuerza para poder tomar su boca y devorarla a plenitud. Una sensación maravillosa. Rukia dejó caer la cabeza hacia atrás y se abandonó al placer embriagador de sentir cómo Ichigo trazaba con su lengua un cálido sendero desde su barbilla hasta llegar a la base de su cuello. Dónde él presionó con los labios el hueco que formaban los huesos de la clavícula como si la vida le fuera en ello. Y mientras, sus manos hacían cosas maravillosas, explorando el cuerpo de Rukia de arriba abajo, deslizándose y acariciándola de tal forma que, pese a estar todavía vestida, despertó a la vida todas sus terminaciones nerviosas.

El sexo con Kaien siempre había sido moderado. Se había excitado con él, pero siempre dentro de unos límites. En ese momento no quería límites. Quería, necesitaba sentirse transportada al placer completamente. Quería perder el control.

-Nunca fue así- dijo Rukia con voz temblorosa- Nunca fue como entre tú y yo, nunca fue así con Kaien.

-Ni siquiera hemos empezado- le susurró Ichigo contra la piel.

Pero iban hacerlo. Esta vez no habría interrupciones. Esta vez llegarían hasta el final. La ropa era un impedimento del que desembarazarse lo antes posible. Poco a poco las manos fueron tomando vida, estando poseídas por el deseo de sentir su piel desnuda. La blusa de Rukia voló aún lado, aterrizando sobre el frío piso. Al igual que la chaqueta de Ichigo. Los dígitos fueron bajando hasta poder deshacerse de las prendas inferiores quedando solamente en interiores. Con pausa y caricias furtivas fueron delineando la delicada tela de cada una de las prendas hasta deshacerse de ellas y quedar a merced uno del otro en total desnudez. Estando desnudos se tumbaron sobre la cama y Rukia nunca había sentido algo tan fantástico. Notando que Ichigo tenía un cuerpo esbelto y fibroso. No era el cuerpo tallado a golpe de gimnasio, sino uno que fue forjado duramente por un hombre acostumbrado a estar en movimiento, cargando con material pesado, trabajando. Ahuecó la mano contra su rostro y descendió suavemente desde las mejillas hasta la garganta pasando por la mandíbula y su atractiva cicatriz. La primera vez que se vieron después de tanto tiempo se había preguntado qué se sentiría ser acariciada por aquellas manos. Su imaginación no se había ni acercado. Sus caricias la hacían arder en deseos de sentir aquellas manos en los lugares más íntimos. Ichigo descendió con las yemas de los dedos hasta el nacimiento de sus pechos, una zona de piel tierna y frágil. Rukia ahogó un gemido.

-Por favor- susurró ella.

-No- dijo él resiguiendo con las yemas de los dedos el contorno, primero de un pecho y, a continuación, del otro. Ichigo ignoró completamente los ruiditos de impaciencia de Rukia y continuó atormentándola con aquella placentera tortura, descendiendo en espiral hacia su centro, inclinándose a contemplar con fascinación cómo la rosada carne de las areolas se fruncía alrededor de los erectos pezones.

¿Cómo podía ser que un leve roce pudiera provocar semejante necesidad sexual? ¿Cómo podía incendiarla tan violentamente con unas simples caricias con las yemas de los dedos? En ese momento Ichigo se inclinó y sopló sobre la sensible carne. Rukia se estremeció y ahogó un gemido. Con los ojos cerrados, oyó que Ichigo se reía suavemente. Y de una manera tan súbita que hizo que diera un respingo de pura sorpresa, empezó a lamerla. Cálidos y húmedos, rápidos y juguetones, sus labios y su lengua le arrancaron varios gemidos de placer mientras se arqueaba contra ellos. Ichigo tomó su tiempo centrándose primero en uno de los pezones, después en el otro hasta que Rukia se puso a gemir enfebrecida, con los dedos enredados entre los anaranjados cabellos. Rukia creía que no podría seguir soportándolo, pero él se demoró un poco más. Al tiempo que iba descendiendo, haciendo dibujos con la punta de la lengua sobre el tembloroso vientre de Rukia, usaba sus manos para amasarle los senos. Está se estremeció. Sabía que su cuerpo no dejaba de estremecerse mientras Ichigo la acariciaba, complaciendola, tensándola, como la cuerda de guitarra a punto de ser afinada.

Ella esperaba con la respiración agitada. Cada vez era más agudo el dolor sordo que sacudía su vértice formado por sus muslos. Rukia se agitó al sentir el roce de la mejilla contra la tersa piel de la cara interna de sus muslos, seguido de un cálido aliento sobre la parte más sensible de su cuerpo. Sin embargo, seguía sin tocarla donde más deseaba. Tuvo que agarrarse a las abanas mientras se esforzaba por no suplicar. Y de pronto la boca de él estaba sobre su carne íntima, cálida, húmeda e implacable. Aquello era demasiado…demasiado intenso…demasiado directo. El mundo de Rukia quedó reducido a aquella caricia liquida. No reconocía el sonido que brotó de su garganta, algo sumamente urgente y completamente salvaje. Ichigo le acariciaba los pechos con las manos. Se estaba derritiendo bajo su calidez, contoneando las caderas conforme iba creciendo la sensación de deseo dentro de ella. Cada átomo de su cuerpo estaba concentrado en aquel punto exquisitamente sensible que la deliciosa y hábil boca de Ichigo iba tensando cada vez más hasta que le pareció alcanzar un nivel insoportable que la llevó a gritar de forma incoherente, agitando la cabeza a uno y otro lado sobre la almohada. Segura que no podría seguir ni un segundo más. Entonces se dejó caer al abismo y su ser estalló en un millón de partículas de placer. Los últimos espasmos del clímax la sacudían cuando Ichigo trepó hacia la parte superior de la cama. Los dos apretaron sus cuerpos contra el del otro, se acariciaron y atormentaron hasta que Rukia notó que en su interior empezaba a pulsar de nuevo el deseo, la necesidad de tenerlo por completo dentro.

-Te deseo- susurró.

Él se colocó sobre ella, entre sus muslos.

-¿Estás segura?- preguntó con el rostro tenso por la necesidad de controlarse.

A modo de repuesta Rukia lo tomó por las caderas y lo atrajo hacia ella. Sintió cómo se colocaba en posición y su excitación alcanzó límites insoportables al notar su miembro erecto deslizándose entre su abertura húmeda.

-Por favor. No puedo más- suplicó ella con la voz enronquecida por el deseo.

Con una leve rotación de las caderas Ichigo se sumergió hasta el fondo y los dos gimieron de gusto. Rukia sólo podía pensar que aquello era insoportable; tenerlo dentro, encima de ella, pegado a ella, rodeándola, su boca abierta contra la piel de su garganta. Ichigo levantó la cabeza y empezó a moverse sin dejar de mirarla a los ojos. Rukia jadeó con la primera embestida. Lo sentía con todas las fibras de su ser. Sentía sus dedos enredados en su cabello y su caricia interna, dura y potente; sentía como se tensaba y relajaba los músculos en cada movimiento que los hacía parte del otro. Nunca había sentido nada igual, pensaba febrilmente, nunca había sido así con Kaien, con nadie en realidad. Deslizó las manos por su espalda y lo abrazó con las piernas.

-Más- exigió- No pares.

Pero Ichigo deslizó una mano debajo de las caderas de ella, la rodeó con una pierna y rodó sobre la espalda llevándola consigo.

-Tengo una mejor idea.

Rukia quedo sentada sobre él a horcadas, ayudándose con las manos en las caderas a encontrar el ritmo. Nunca antes había sentido el cuerpo de un hombre tan dentro. Empezó a moverse por instinto, sintiendo una intensa mezcla de placer y dolor. Parte de ella quería reducir la velocidad y saborear la sensación, pero la necesidad de sentir aquellas oleadas de placer a cada embestida era demasiado fuerte. Tenía a Ichigo dentro y a la vez la acariciaba, a hora los pechos, ahora su sexo. Rukia no podía dejar de pensar que nunca antes había sentido nada igual…nada…Sintió que su cuerpo se rompía y lo que sobrevino no es qué fuera mejor que otras veces, fue increíble. La recorrió una riada de placer que la obligó a embestirlo con fuerza, gritando de manera incontenible, desconcertada. La sensación creció y creció hasta llegar a la cumbre del clímax antes de empezar a ceder suavemente. Su cuerpo se estremecía con las últimas sacudidas. Observó a Ichigo que se tensaba como si le doliera algo, y entonces gimió al alcanzar su propia culminación y la atrajo contra él con fuerza.


N/A: Lemon no tan candente, pero hago el intento XD

Siento estar tardandome tanto en actualizar, sólo que ahora trabajo y no he tenido chance sobre todo con el horario que me ha estado tocando. El cual es intermedio, osea ni para aca ni para allá. Ademas no he tenido descanso ultimamente, estoy de una semana si y una semana no. Y de cachito en cachito es como he ido haciendo estos capitulos, referente a mi otro fic quiza ya publique la siguiente semana, igual de chacho en cacho le voy avanzando. Ademas no he tenido la suficiente inspiracion para poder trabajar rapido. Hay mucho ruido en casa y no me concentro. Suelo distraerme facilmente … e.é…

Y antes que nada muchisimas gracias por sus comentarios alentadores, sin ellos no seguiria presente en este maravilloso mundo de los fics :)

Si no respondo a cada fic es porque no cuento en este momento con internet en casa, publico desde mi cel…debido a que el servicio fue malo decidimos dejarlo. Y sera hasta mayo quizá, cuando se contrate el nuevo. Y sí es tedioso hacerlo desde el cel u.ú

Cuidaos mucho…