Hola a todos!

Regreso con nuevo capi y aprovecho para deciros que terminé mi proyecto, al fin soy arquitecta :D con lo que tendré un poquito más de tiempo para escribir mis fanfics ^^

Pido disculpas por no haber contestado a vuestros reviews, intentaré hacerlo desde ahora, y gracias de corazón por dejármelos, me animan mucho para escribir :D

Y ahora a leer, que ya toca xD


Capítulo 9. Pero tú me ves...

Hermione abandonó la cama que compartía con Draco, aunque su marido ya hacía un par de horas que no estaba allí. Miró su lado vacío y su ligera sonrisa no se alteró. Por primera vez en los siete años que llevaba de matrimonio, no estaba experimentando esa desagradable sensación de pérdida al advertir la ausencia de su marido. Y no era precisamente porque supiese que el rubio le decía la verdad cuando avisó que tenía una importante reunión aquella mañana, eso era algo que nunca sabría con certeza, sino porque realmente le estaba empezando a dar igual. Se había cansado de sufrir por él, de llorar como una tonta mientras él hacía lo que le daba la gana. Draco no merecía que ella sufriera tanto por su causa, y en este cambio de actitud Harry Potter tenía mucho que ver.

Puede que su marido ya no se fijase en ella, puede que su marido ya no encontrase nada en ella digno de ser apreciado, deseado, amado… pero ahora sabía que otros hombres sí lo veían…. Harry lo veía.

Terminó de retocarse en el espejo. Esa mañana empleó un maquillaje un poco más llamativo. Sonrió a su propio reflejo, satisfecha con el resultado y abandonó sus habitaciones dispuesta a emprender una nueva semana de trabajo junto a Harry.


El moreno se refrescó la cara para espabilarse. No había dormido demasiado bien. Con las manos apoyadas en el borde del lavabo, dedicó unos instantes a perderse en sus ojos verdes. Pero no veía sus orbes color esmeralda, la veía a ella, a Hermione, con las mejillas húmedas tras el llanto pero sonriendo alegre. Aquella imagen la tenía grabada a fuego en la memoria.

Realmente consiguió consolarla e incluso hacerla reír, y eso le hacía experimentar una felicidad insólita para él. Pero no era todo bueno, de la mano de esa felicidad le azotaban los recuerdos de su trato con Malfoy y de sus primeros días en Malfoy Technics, cuando su único interés en Hermione Granger Malfoy era seducirla como fuera para cobrar una gran suma de dinero. Apenas había pasado un mes, y, sin embargo, Harry lo sentía como todo un año. Era absurdo seguir negándoselo a sí mismo. Estaba cambiando desde que trabajaba junto a esa mujer.

No esperaba pasar por semejante situación. No debía sentir nada por ella, pero aquel trabajo era tan distinto a todos los que había tenido, se le estaba empezando a ir de las manos. Hermione le provoca ternura y afecto, sentimientos que no debería albergar hacia la que era en realidad su víctima., pero ¿cómo dejar de sentirlos? Se puso la chaqueta y recogió las llaves del coche de la mesita del recibidor.


La castaña cruzó la puerta del ascensor y le dedicó un enérgico saludo a Katie Bell, que se lo devolvió con algo de sorpresa. Por el camino hasta su despacho dedicó saludos igual de alegres a Remus, Severus, Dean y Lavender. El moreno y la rubia se miraron extrañados.

―¿Has visto eso? ―preguntó Dean con cara de no entender nada.

―Sí… se la veía muy contenta ¿verdad? ―añadió Lavender.

―¿Habrán mejorado las cosas con Malfoy? ―sugirió sin mucho reparo. Era un secreto a voces que el director general no había sabido guardar mucha fidelidad a su esposa.

―Es posible… no lo sé. ―La rubia estrechó los ojos y desde la distancia, no perdió detalle cuando Hermione miró la mesa de Harry sin dejar de sonreír.

―¡Hola, buenos días Harry! ―saludó al entrar en su despacho. El moreno se volvió hacia ella son una sonrisa discreta en los labios, acababa de colocar en la mesa el café y la pieza de bollería recién hecha.

―¡Buenos días… Hermione! ―Le costó más de la cuenta pronunciar su nombre, entre otras cosas, porque se había quedado unos segundos traspuesto al reparar en lo hermosa que se veía esa mañana.

―¿Preparado para una semana de trabajo intenso? ―exclamó sonriendo.

―Si es a tu lado, desde luego que sí… ―Ella amplió su sonrisa y apartó la mirada.

Hermione colgó la chaqueta en el perchero y se sentó en su mesa para disfrutar del desayuno que su secretario le había llevado. Harry la miraba sin perder detalle, deseaba decirle algo pero no encontraba la forma. Era ridículo, dos semanas atrás no habría dudado un instante pero ahora… todo parecía diferente. Dedicarle un cumplido ya no era algo tan gratuito y sencillo, porque ya no lo decía Harry el gigoló, sino Harry el hombre, eso le causaba cierta inquietud. Pero quería decírselo, quería que la castaña supiera que se había fijado en ella, quería hacerla sentirse bonita… quería… resolvió no seguir por ahí. Dio media vuelta y caminó hacia la puerta, pero un impulso lo hizo detener sus pasos y hablar.

―Hermione…

―¿Sí? ―replicó ella antes de dar un nuevo sorbo al café.

―Estás preciosa esta mañana…

El moreno escuchó como la castaña se atragantaba y empezaba a toser. No se lo pensó mucho antes de correr a su lado.

―¿Estás bien?

―Sí… es sólo que… se me fue por… otro lado… ―explicaba entre toses y muy azorada.

Harry comenzó a darle golpecitos en la espalda con cuidado. Cuando la tos pareció irse, los golpecitos se volvieron caricias enérgicas sobre su blusa, que la reconfortaban al tiempo que la ponían nerviosa, pero no quería que se detuvieran. El moreno advirtió de repente que su mano estaba rozando el cierre de su sujetador debajo de la fina blusa. Su inocente caricia empezó a provocar deseo en ambos. Fue Harry quien interrumpió aquel extraño momento apartando la mano de su espalda. A la castaña se le escapó un suspiro casi inaudible.

―Bueno… voy a volver a mi mesa… si quieres cualquier cosa…

―Te llamaré Harry… ―terminó ella.

―Sí. ―Inclinó la cabeza y se marchó del despacho, dejando a Hermione medio revolucionada.

Se recostó sobre su sillón y respiró hondo, sorprendida por la escena de tensión sexual que acababa de vivir con su secretario. No podía culparlo a él, ella lo había provocado en cierto modo al arreglarse más que de costumbre por la mañana. Se llevó las manos a la cara para ocultarla.

―Pero, ¿qué estoy haciendo? ―musitó mientras sus mejillas ardían al recordar el cálido tacto de la mano del moreno sobre su cuerpo.

Harry ocupó su silla de trabajo y observó la palma de su mano en silencio, después cerró el puño y lo apretó hasta que sus nudillos se volvieron blancos. Negó ligeramene con la cabeza y retomó sus ocupaciones dedicando toda su atención a la agenda de su jefa.

Lavender Brown lo estuvo mirando desde que lo vio salir del despacho de Hermione. Se había fijado en su gesto alterado y en ese curioso reproche que parecía haberse hecho a sí mismo a saber porqué razón. Cada día le intrigaba más la relación que existía entre su jefa y su secretario. Sonrió y reanudó sus pasos hacia las mesas donde trabajaba.


―Hoy no podré comer contigo, tengo que atender unos asuntos con Theo ―anunció el rubio con frialdad, como acostumbraba.

―Muy bien ―contestó la castaña en tono neutro y sin levantar los ojos de los planos que ocupaban su mesa. Draco frunció el ceño asombrado e insisitó.

―A lo mejor tengo que apurar esta tarde, no sé cuando llegaré a casa.

―No pasa nada Draco, entiendo que el trabajo es importante. ―Ahora sí lo miró pero con una inesperada sonrisa en el rostro.

―Sí… lo es… bueno pues ya te diré algo cuando termine.

―Perfecto, yo recogeré a Scorpius hoy. ―De nuevo miraba los planos.

El rubio abandonó el despacho de su esposa tan extrañado como complacido. Por fin notaba distancia e indiferencia en ella, ¿cómo lo había hecho Potter si sólo unos días atrás prácticamente le había suplicado sexo?

―Enhorabuena Potter… ―dijo arrastrando las palabras. Harry levantó la vista con molestia.

―No le comprendo señor Malfoy.

―Creo que estás haciendo progresos con mi esposa.

―Ah, eso… ―El moreno mostró una sonrisa de medio lado. Le gustaba darse importancia cuando estaba con aquel tipo tan estirado y malicioso― Sí… creo que la cosa va por buen camino.

―Estupendo, y ¿cómo has conseguido que cambiase tanto en unos días?

―Eso es secreto profesional. ―El rubio se rió complacido.

―Veo que escogí al mejor… sólo espero que esto no se dilate demasiado en el tiempo, me desespero por divorciarme de ella.

"Qué curiosa es la vida, yo me desespero por pasar más horas con ella…"

―¿Me escuchas Potter? ―se quejó. El moreno salió de sus pensamientos.

―Fue usted quien me dijo que no la presionara para evitar asustarla. Y ahora que la conozco mejor le doy la razón, lo mejor es ir despacio, si quiere lograr su propósito.

―Sí, sí, lo sé… supongo que tendré que seguir esperando ―Harry le sonrió como única respuesta―. Sigue así Potter, ya hablaremos.

Torció la boca con aprensión mientras veía como el director general se alejaba de allí.


Por la tarde, Hermione terminó de revisar unos cálculos de estructuras con Sirius y Remus y se despidió de ellos para regresar a su despacho. Pero al cruzar el vestíbulo algo llamó su atención. Una mujer joven y atractiva se apoyaba con gracia en el mostrador de recepción de Katie Bell. Durante unos instantes temió que se tratase de una nueva becaria contratada por Draco. Aunque empezaba a importarle menos lo que hiciera su marido, no podía dejar de dolerle conocer sus escarceos y traiciones.

―Perdona, ¿eres una nueva becaria? ―preguntó temerosa Hermione. La guapa pelirroja la miró con amabilidad, ignorando que se trataba de la jefa del departamento que ocupaba toda la planta veintinueve del edificio.

―¿Eh?, no, no… he venido de visita. ―La castaña respiró aliviada, se acababa de quitar un gran peso de encima.

―¿Y a quién esperas?

―A Harry Potter, trabaja aquí ¿verdad? ―exclamó con energía. Hermione sintió un golpe en la boca del estómago. Qué poco había durado la calma. Pero ¿por qué le molestaba tanto que una mujer joven y hermosa buscase a Harry?

―Sí… ―replicó débilmente―, perdona la indiscreción pero… ¿quién eres? ―¿Se había desvergonzado hasta el punto de preguntar algo así?, definitivamente estaba perdiendo la sensatez y ni siquiera entendía el porqué.

Ginny estrechó sus bonitos ojos de color chocolate e hizo cábalas rápidamente. Si aquella mujer le preguntaba tan directamente sólo podía significar que tenía cierto interés en Harry y quería saber si ella era una rival a tener en cuenta. Era una locura pero ¿por qué no?

―Soy Ginny… su novia ―afirmó con una sonrisa. Un halo de sorpresa desagradable cruzó el rostro de Hermione.

"Así que ésta es Ginny ―reflexionaba internamente―, la que lo llamó por teléfono hace un tiempo… y su novia."

Cuando Harry salió de un despacho con papeles en la mano, la pelirroja se arrojó a su cuello.

―Hola cariño ―Lo besó en la mejilla―, he venido a darte una sorpresa.

Harry se movía nervioso, no comprendía la repentina intimidad que Ginny empleaba con él, y encima delante de Hermione, que asistía a la escena con una profunda sensación de desagrado.

―Hola Ginny, perdona pero todavía estoy en horario de trabajo ―Se deshizo de su abrazo con educación―. Si quieres espérame por el vestíbulo y nos vemos cuando termine.

―Perfecto. ―Le guiñó un ojo y se alejó de ellos contoneando las caderas. El moreno la observaba con una ceja alzada, no daba crédito. Hermione ya estaba junto a la puerta de su despacho.

"¿Por qué no me ha dicho que tenía novia?, cuando le pregunté me dijo que no, deben llevar juntos muy poco, ¿o me mintió cuando negó tener novia?... ¿y por qué coño me preocupo de la vida sentimental de mi secretario?... pues porque me dijo que yo le gustaba, ¿acaso era una mentira?, ¿o quizá ya no le gusto?, qué rápido dejé de gustarle, ¿no debería alegrarme de los problemas que eso evitará?, no, joder no me alegro... ―se torturaba internamente― Dios, estoy desquiciada…"

Una vez dentro y a solas no pudo evitar sacar el tema. No lo podía evitar, se sentía decepcionada desde que aquella chica se había presentado.

"De verdad que hoy no me reconozco, pero si no lo sonsaco reviento."

―Es muy guapa.

―¿Quién? ―preguntó Harry despreocupadamente.

―Ginny…

―Ah… sí, supongo que sí ―La miró extrañado―. "¿Por qué me hablas de Ginny?"

―Seguro que te consideras afortunado.

―¿Cómo?, perdona pero no te sigo.

―Sí, por tener una novia tan guapa como Ginny.

―¿Qué?, ¿novia?...

―Ella me dijo que era tu novia ―explicó sin mucho entusiasmo.

―¿Ginny qué…?, Dios… no es mi novia, ni siquiera he tenido una sola cita con ella. Es sólo una amiga, además de la hermana de mi mejor amigo ―exclamó de inmediato.

De pronto fue como si algo hubiese dejado de oprimir el corazón de Hermione, se sintió libre, tranquila… ¿feliz?

―Vaya, pues creo que Ginny no lo ve así ―dijo divertida.

―Creo que le gusto desde hace un tiempo, pero yo la veo como a una hermana pequeña, jamás podría fijarme en ella de esa manera.

―Entonces debe ser duro para ella.

―Supongo, pero no está bien que vaya mintiendo por ahí… ¿me disculpas un momento?

Pidió permiso para salir del despacho y la castaña se lo concedió. Caminó hasta el vestíbulo, allí encontró a una Ginny visiblemente aburrida, sentada en un sofá.

―¿Ya has terminado? ―preguntó alegremente la pelirroja.

―No Ginny, todavía no, pero necesitaba hablar contigo… ¿has dicho que eras mi novia? ―inquirió sin rodeos.

―Bueno yo… ―No tenía una respuesta convincente preparada― Es que ella…

―Ella es Hermione Granger Malfoy, la directora técnica de la empresa y más concretamente, mi jefa directa, yo soy su secretario.

―¿Es tu… jefa? ―Ginny se empezó a arrepentir de su impulso, no quería crearle problemas al moreno.

―Sí, he tenido que aclararle la verdad, ¿por qué le dijiste eso?

―Es que… ella me preguntó descaradamente que quién era yo.

―¿En serio?, "¿te sentías amenazada Hermione?, qué felicidad" ―Harry sonreía tontamente, ajeno al gesto de descontento de la pelirroja.

―¡Harry!, ¿no te parece poco educado preguntar algo así?

―Que va mujer, ella sólo querría saber si venías por algo urgente para mandarme llamar. ―La excusó sin dejar de sonreír.

―Te veo muy contento ―observó con disgusto.

―Lo estoy.

―¿Os lleváis bien? ―Ginny se mostró suspicaz y Harry optço por cortarle las alas.

―La verdad es que sí, muy bien. Pero antes de que sigas montándote películas, está felizmente casada y tiene un niño de seis años ―mintió, pero era la mejor manera de evitar provocarle celos, y a la larga, problemas.

―Lo siento… no volveré a hacer algo así… ―aseguró arrepentida.

―Bueno, no te preocupes, no ha sido nada grave Ginny… ¿por qué has venido a verme al trabajo?

―Quería hablar contigo… sobre Cho Chang, la otra noche yo…

―Lo sé, viniste a buscarme al apartamento… ―La sonrisa se borró de su rostro. Le inquietaba tratar esos temas en las oficinas, era peligroso porque cualquiera podría escucharlos.

―Cuando empezaste en este trabajo yo pensé que… que habías cambiado tu estilo de vida, que…

―Ginny detente ―rogó con firmeza―, éste no es lugar para hablar de estas cosas. Esta noche iré a cenar al restaurante de tus padres, allí hablaremos de lo que quieras ¿de acuerdo?, y dile a Ron que espero que se una a nosotros.

―Está bien, siento haberte molestado hoy, de verdad ―musitó.

―¡Ey! ―Alzó su barbilla para que lo mirase. Ciertamente, Ginny Weasley era una mujer hermosa, pero Harry nunca podría mirarla con deseo, sino con el orgullo y la admiración de un hermano― No ha pasado nada, pequeña pecosa, nos vemos esta noche. ―La besó en la mejilla y le sonrió. La pelirroja agitó la mano para despedirse y tomó el ascensor.


―¡Bienvenido Harry!, ya te extrañábamos por aquí ―saludó efusivamente Molly Weasley, la matriarca de la familia pelirroja, mientras lo abrazaba y llenaba de besos.

―Y yo a vosotros Molly, pero he estado muy ocupado adaptándome a mi nuevo trabajo, prometo venir más a partir de ahora ―aseguraba el moreno.

―Más vale que cumplas tu palabra hijo, ya conoces a mi mujer ―replicó el señor Weasley asomado por la puerta de la cocina. Harry se rió.

―Este Arthur… ―Su esposa le dedicó un ceño fruncido, aunque era todo más teatro que otra cosa― Como hoy no tenemos casi clientes por ser lunes, mis hijos podrán cenar tranquilamente contigo.

―Estupendo ―dijo con una sonrisa. Después se dirigió a su mesa favorita, la de la esquina, junto a la amplia ventana de la fachada.

Ginny salió de la cocina en unos minutos y al poco apareció Ron, que regresaba de hacer los últimos encargoss de la noche, pues se encargaba del reparto a domicilio.

―Hacía tiempo que no cenábamos los tres juntos ―afirmó el pelirrojo tranquilamente.

Pero Ginny seguía callada, buscaba la forma de sacar el tema de Cho y Harry lo notaba por las miradas que le lanzaba.

―Adelante, pregúntame lo que quieras… que lo estás deseando ―bromeó. La pelirroja resopló, la repateaba cuando no la tomaba en serio.

―Ya que me das permiso… ¿estás liado con Cho Chang? ―Ron tragó el bocado mirándolos alternativamente. Cuando tocaban temas como ése era mejor no intervenir.

―Define "liados" ―replicó sin dejar de sonreír.

―Harry… hablo en serio… ¿estás con ella?

―No Ginny, no tenemos ninguna relación… más allá de la carnal, claro ―Ron contuvo una risita y su hermana lo miró con odio―. Cho es una amiga.

―Una amiga con derechos… ya… ―añadió desilusionada.

―Si la quieres llamar así ―Se encogió de hombros y la pelirroja se arrebujó en su asiento―. ¿Qué problema tienes con Cho?

―Ninguno… si no fuera Cho sería otra ―alzó la mirada para encontrarse con sus ojos verdes―, sigues siendo el mismo de antes, nunca contemplarás la posibilidad de salir en serio con una mujer ¿verdad?

―Ginny… ―Era un buen momento para dejarle claras las cosas― Yo soy como soy, y francamente, a mi edad dudo mucho que pueda cambiar, lo siento.

Aunque ninguno de los dos lo había dicho con palabras, ambos sabían que hablaban de la posibilidad de salir juntos.

―¿Sabes Harry?, creo que algún día cambiarás… algún día querrás algo más que pasar ratos con esas amigas tuyas…

El moreno no fue capaz de replicarle nada, en otros tiempos lo habría hecho y habría tratado de terminar la conversación con alguna broma, pero ahora no podía, porque su admiradora pelirroja estaba en lo cierto. A veces sentía cosas que iban más allá del deseo físico, cosas mucho más sentimentales, cosas que no debería sentir… y todo desde que empezó a trabajar junto a Hermione.

―¿Alguien puede echarme una mano con esto? ―chilló Molly desde la cocina.

―Yo te ayudo mamá. ―Ginevra se levantó, dando por finalizada la triste conversación con Harry. En aquellos momentos necesitaba alejarse de él, y su madre, sin saberlo, le había ofrecido una buena salida.

―No te preocupes, has hecho lo correcto, has sido sincero ―exclamó Ron intentando animarlo. Había confundido las razones de que Harry mostrase un gesto taciturno.

―Gracias Ron… ―Al encontrarse con la mirada celeste de su mejor amigo, Pansy se cruzó por su mente. También era buen momento para aclararle las cosas al pelirrojo― Hay algo de lo que quería hablarte…

―Dime ―dijo alzando las cejas.

―Sobre Pansy… he hablado con ella. ―El pelirrojo le apartó la mirada, temiéndose lo que iba a escuchar a continuación.

―¿Qué te ha dicho de mí?

―Cree que deberías dejar de buscarla, y yo también lo creo Ron.

―¿Por qué? ―Frunció el ceño, mostrando más seriedad de la que acostumbraba― ¿Qué problema hay si quedo con ella?

―Ron… no estás hablando de tener citas con una chica, estás pagando a una prostituta de lujo por su tiempo, y la verdad es que su tiempo vale oro.

―Eso es asunto mío, ¿no crees?

―No puedes permitirte esos gastos, me ha contado que la llamas varias veces a la semana, ¿cuánto te queda del sueldo de este mes?

―Tengo algunos ahorros ―informó.

―¿No estamos ni a veinte de octubre y ya te gastaste el sueldo de septiembre? ―gritó el moreno.

―¡Lo que haga con mi dinero es asunto mío, maldita sea, ya soy mayorcito! ―contestó bruscamente el pelirrojo.

―Joder Ron… ¿no te das cuenta de lo importante que es ese dinero?

―Ya sé que para ti el dinero es lo primero Harry, siempre lo ha sido, por eso has trabajado como gigoló y yo nunca te he reprochado nada, ¿por qué pretendes ahora darme lecciones? ―En eso su amigo tenía razón, no era quién para criticar su comportamiento.

―Tienes razón… olvida mis palabras, pero haz caso a las de ella. Pansy opina que lo mejor es que no os veáis más.

―Si no te importa, eso lo hablaré yo con ella directamente.

―Está bien, como quieras… "espero que le hagas más caso que la última vez que intentó decírtelo, es por tu bien" voy un momento al baño. ―Ron asintió con la cabeza.

Le molestaba profundamente que su mejor amigo le dijera lo que debía hacer, sobre todo si se trataba de mujeres. Harry no era quien para hablar de relaciones ni de sentimientos, porque él nunca se había enamorado de nadie, vivía sólo para su placer y su beneficio. Y aún con todo eso lo quería mucho, por eso le dolía discutir con el moreno.

Rodó los ojos y se repantigó en la silla. Se llevó las manos a la nuca y respiró hondo. Después bajó la mirada y vio el móvil de Harry. ¿Tal vez en su agenda…?

No estaba bien, pero nadie lo miraba y probablemente tardaría en tener una ocasión como ésa. Se apresuró a cogerlo y teclear para acceder a la agenda telefónica. Llegó a la pe y dio con el móvil de Pansy Parkinson y con otros datos la mar de interesantes. Cuando se aseguró de que los tenía grabados en el suyo, dejó el teléfono de Harry sobre la mesa y esperó a que su amigo regresase con él.

―Ron… siento haberme puesto tan intransigente antes. Es cierto que tú nunca me has juzgado por la vida que llevo… ―Ron se levantó de su silla para alcanzarlo y le sacudió el brazo.

―No pasa nada, son gajes de ser mejores amigos, a veces perdemos un poco los papeles. ―Sonrió y Harry lo imitó.

―Sí, es cierto… ―Sus finos labios perdieron la curva de la sonrisa― Hay algo que quiero contarte, necesito que lo sepas, pero que quede entre nosotros.

―¿Qué ocurre? ―Estrechó los ojos― No me asustes.

―Trabajo como secretario de Hermione Granger Malfoy, pero ése no es mi verdadero trabajo en Travicom.

―¿Cómo?

―Su marido me contrató para que la sedujera y después poder acusarla de infiel cuando le pida el divorcio ―Ron escuchaba con la boca abierta―, de ese modo le saldrá mucho más barato y también podrá quedarse con la custodia del niño de ambos… di algo, no te quedes callado.

―Espera, joder, dame unos segundos para que asimile… ―El moreno no pudo reprimir una sonrisa― Entonces… ¿sigues trabajando de gigoló, pero ahora te paga el marido?

―Sí… eso es…

―¿Para que seduzcas a su…?, Dios, es un plan retorcido… ¡te paga para que manipules y engañes a su mujer!

―¡Ron, baja la voz!, se supone que debe quedar entre tú y yo ―le reprendió en el acto.

―Joder Harry… ¿cómo has podido aceptar un trabajo así?

―Me paga una fortuna Ron, es mucho dinero…

―Pero la estás engañando, y después de eso su marido la destrozará con el divorcio, es muy cruel… ―exclamó el pelirrojo irritado.

―La verdad es que ya no me siento tan bien como cuando empecé hace un mes.

―Vaya, me alegro de que mi mejor amigo tenga un poco de conciencia.

―Hermione es una buena mujer, demasiado buena ―Ron negaba con la cabeza―, pero su marido es un bastardo, no la quiere, nunca la quiso, estar con él le hace mucho daño.

―Aunque sea así Harry, ¿crees que la hará feliz saber que has jugado con sus sentimientos para favorecer a ese marido que no la quiere?

―¿Y si no estuviera jugando?

―¿Qué?, ahora sí que me pierdo…

―A veces… a veces le digo cosas sin pensarlas, me salen solas… y siento algo… no sé… ―Los ojos de Ron se abrieron como platos― No me mires así, maldita sea.

―¿Te has enamorado de esa mujer? ―preguntó incrédulo.

―¡No!... pero… mentiría si te dijera que no la aprecio, que no siento admiración y cariño por ella.

―¿Cómo es Hermione?

―¿Cómo es de qué?

―Físicamente… ¿es guapa?, ¿tiene un cuerpo bonito?

―¿Por qué me preguntas esas cosas?

―Tú contéstame, no seas rancio.

―Pues… a ver, tiene cabellos castaños, ondulados… mide aproximadamente metro sesenta y cinco… tiene unos bonitos ojos marrones con reflejos dorados… y su sonrisa es… es preciosa… también tiene una risa muy bonita… no podría decir que es una mujer exuberante, pero no le hace falta, en su discreción y elegancia encuentro mucho atractivo…

―No sigas Harry, ya me hago una idea. ―Sus labios mostraban una sonrisa pícara.

―¿Una idea de qué?

―Creo que esa mujer te gusta, y bastante por la cara de bobo que pones al hablar de ella.

―No es tan raro, es una mujer muy interesante ―se defendió.

―Claro, la cuestión es… ¿hasta qué punto te gusta Hermione?

―¿Qué quieres decir?

―A ver si mi hermana va a tener razón antes de lo esperado respecto a ti.

―No bromees con eso por favor.

―¿Te asusta sentir algo fuerte?

―No puedo sentir nada fuerte por ella, tengo que seducirla… ―En sus palabras había tan poca convicción que el pelirrojo no pudo contenerse.

―No quieres herirla ¿verdad?

―Joder no… no quiero hacerle daño… ―Bajó la mirada.

―Pues manda a freír espárragos el trato con su marido y después ve a por ella.

―¿Qué dices?, ¿acaso he dicho que quiera salir con ella?, te estás adelantando Ron.

―Vale, vale… pero si no quieres herirla, deberías contarle lo que ocurre, no creo que merezca lo que su marido quiere hacerle.

―Por supuesto que no lo merece… pero si se lo cuento sabrá quien soy yo… un gigoló que la ha estado engañando.

―¿Y qué más te da?, valdrá la pena si así se salva de la trampa.

―Pero yo… no quiero que sepa lo que soy, no quiero que me odie, yo…

―¿Ves?, te importa mucho lo que ella piense de ti… me parece que si pudieras, sí saldrías con ella.

―Déjalo ya Ron, no me estás ayudando nada.

Unos ruidos los sacaron de la conversación, Molly y Ginny salían de la cocina.

―Piensa en ello Harry ―susurró Ron antes de que las mujeres alcanzaran su mesa.

El moreno terminó el día doblemente amargado. No podía dejar de darle vueltas a las palabras de Ron y algo de la cena debió sentarle mal porque el estómago le dolía mucho. Le costó conciliar el sueño.


Todavía no eran las ocho de la mañana y el móvil de Hermione vibró avisándola de la llegada de un nuevo mensaje de texto.

"Hola Hermione. Hoy no podré ir a trabajar, lo siento. Creo que la cena de ayer me sentó mal y he pasado la noche visitando el baño sin parar, también tengo algo de fiebre. Espero recuperarme para mañana. Un abrazo. Harry."

El rostro de la castaña mostraba decepción y preocupación a partes iguales. Una de las principales razones para que sintiera ganas de ir a trabajar cada día era saber que Harry estaría allí, a su lado. Su ausencia la entristecía pero la preocupación porque estuviese bien era aún más fuerte. Tecleó con presteza el móvil.

"Hola Harry. No te preocupes por el trabajo, cuídate y recupérate muy pronto. Ya sabes que tu presencia en el estudio es muy importante para mí. Besos. Hermione." El moreno sonrió al leer el mensaje de su jefa. Así que su presencia era importante para ella, pero ¿hablaba como directora técnica o como mujer?, tal vez como ambas.

Sonó el móvil de Harry, con ésa ya iban cuatro veces que Molly lo llamaba, la matriarca pelirroja se preocupaba por él casi tanto como por sus hijos de verdad.

―Que sí… que ya sé que tengo que comerme el arroz hervido aunque no me guste nada, ¿ya te quedas tranquila?

―Pues no sé qué decirte… ―afirmó la castaña riéndose.

―¡¿Hermione? "tierra trágame". ―Había dado por hecho que sería Molly y no se había molestado en mirar el nombre en la pantalla del teléfono.

―Si llego a saber que contestas así me pienso el llamarte ¿eh? ―bromeó.

―Lo siento de verdad, es que pensé que eras otra persona, me ha llamado tres veces y pensé que repetía.

―No pasa nada ―hablaba con una sonrisa, sentada en el sillón de su despacho.

―¿Algo va mal?, ¿ha pasado algo en el estudio?, no esperaba tu llamada.

―Sí que ha pasado… ―Harry se preocupó.

―¿Qué?

―Que no has venido a trabajar ―contestó cogiéndolo desprevenido.

―Mierda, hoy tenía que organizarte la visita de obra para la casa de los Dursley, lo siento… ―musitó.

―No hombre, no lo dije por eso… ya arreglarás mi agenda cuando vuelvas ―dudó unos segundos, pero finalmente lo dijo―, te echo de menos en el despacho…

Sus mejillas estaban arreboladas, un indicativo más de que su secretario significaba algo más para ella que un simple empleado de Malfoy Technics. Harry sintió algo en el pecho. Tragó saliva con dificultad y se sinceró con la castaña.

―Yo también te eché de menos hoy… un día entre semana sin verte se me hace "una mierda" raro.

Ambos se quedaron en silencio, muchas palabras cruzaban sus mentes pero no se atrevían a pronunciar ninguna, por miedo, por vegüenza, por no entender a qué venían…

―Bueno y ¿cómo te encuentras? ―logró formular ella.

―Pues… mejor que esta mañana, pero todavía me duele el estómago y tengo algo de fiebre. Espero que se me pase pronto, siento faltar al trabajo.

―No te preocupes de eso ahora, la salud es lo primero ―afirmó en un tono amable.

―Hermione…

―¿Sí?

―Gracias por llamarme, ha sido todo un detalle. ―Realmente lo había hecho feliz.

―No ha sido nada… oye, ¿necesitas algo?, ¿quieres que me acerque y te ayude con la cena cuando termine en el despacho?, no me costaría nada. ―Deseaba devolverle el afecto que él le había demostrado en varias ocasiones, cuando había consolado sus lágrimas.

―¿Eh?... ―Harry no podía creerlo, Hermione se preocupaba por él hasta el punto de ofrecerse a visitarlo en su casa, eso eran palabras mayores. Cuánto habría deseado decirle que sí, pero no era conveniente, seguía viviendo en su lujoso apartamento dúplex de Kensignton y eso no se vería lógico para un simple secretario― Muchas gracias, pero no hace falta que te molestes, de verdad.

―Si no es ninguna molestia Harry, podría pasarme sobre las ocho… ―insisitía, hasta que una voz femenina de fondo la interrumpió.

―¡Harry, ¿ya estás aireándote otra vez?, métete debajo de la manta si no quieres que te azote el culo! ―Pansy chillaba desde el pasillo, lo había visto sentado en la cama, con la oreja pegada al teléfono.

"¿Quién es esa mujer?" se preguntó Hermione.

―No, de verdad, no quiero causarte más problemas, y ya me están riñendo por aquí ―explicó sin percartarse de la situación―, mañana a primera hora te diré algo para que sepas si iré al despacho.

―Muy bien… pues nada, cuídate… y que te cuiden bien…

―Sí, gracias… y gracias otra vez por llamarme, hasta luego.

―Adiós.

Harry advirtió un cambio en el tono de voz de Hermione desde el instante en que se escuchó a Pansy. Si dejaba hablar a su cordura, diría que simplemente se había sorprendido porque lo imaginaba solo en su casa, pero si hablaba su vanidad, diría que la castaña se había puesto celosa, como cuando Ginny le mintió en las oficinas. Celos… un claro indicativo de que la persona siente más que amistad por ti. El moreno sonrió mientras se arrebujaba bajo su manta. Tomó la decisión de buscar esa misma semana un apartamento más humilde, puesto que en cualquier momento ella podría querer presentarse en su casa.

Hermione permaneció unos minutos pensativa en su sillón después de colgar la llamada. Le daba vueltas a dos cosas, quién podía ser esa mujer que estaba con Harry y porqué demonios le importaba a ella saberlo. Lo que tenía claro es que al escuchar aquella voz se había ofuscado por completo. Quería visitar a Harry, quería cuidarlo, sentía que se lo debía y además deseaba hacerlo, pero esa mujer, a la que ya había cogido manía sin conocerla, la había crispado con su inesperada aparición, y le había impedido dar excusas más convincentes para aparecer en casa de su secretario.

"Podría tratarse de su novia, que la pelirroja no lo fuera no significa que no tenga otra novia ―reflexionaba para sus adentros―, pero me lo habría dicho ¿no?... ¿cómo pudo estar a punto de besarme si tiene novia?, ¿y por qué demonios me preocupa tanto su vida sentimental?, ¿estoy celosa?". Agitó la cabeza, intentando alejar de su mente esos pensamientos.


Por la noche, Ron llamó a Pansy para concertar un nuevo encuentro, pero la morena se mostraba muy reticente.

―Ron por favor, dejémoslo estar ya…

―¿Qué hay de malo en verte si te pago siempre que quedamos?

―Sé que me pagas, pero ¿cuánto dinero estás gastando en mí?, por favor no sigas con esto ―rogaba la morena.

―Es mi dinero Pansy, yo decido en qué me lo gasto. Quiero volver a verte, tengo algo para ti.

―¿Qué?... mira Ron, no puede ser, además tengo que colgar que estoy esperando a un cliente. ―Cortó la llamada un tanto inquieta, la perseverancia del pelirrojo la empezaba a afectar.

El timbre de la puerta sonó en menos de dos minutos. Pansy se extrañó, era un poco pronto para su cliente, pero podía haberse adelantado, no sería tampoco la primera vez.

Lo que ella no esperaba era encontrarse frente a frente con Ron al abrir la puerta de su apartamento. El pelirrojo le sonreía con el móvil todavía en la mano.

―¿Qué haces aquí?, ¿cómo has sabido dónde vivo?... ¿Harry? ―preguntó recelosa.

―No fue Harry, no a propósito ―Pansy frunció el ceño―. Espié su teléfono sin que él se diera cuenta.

―Has llegado un poco lejos ¿no crees? ―lo acusó.

―Sabía que no querrías verme, Harry me lo dijo y yo necesitaba verte a ti.

―Ron… ―La morena apartó la vista― ¿qué esperas de mí? ―Volvió a mirarlo con sus hermosos ojos de color azul eléctrico.

―Sólo quiero estar contigo, pasar tiempo juntos… ―confesó― Creo que tú y yo podríamos…

―¿Quieres salir conmigo?, ¿quieres a una prostituta como novia? ―exclamó sin reparos.

―Pansy… podrías dejarlo…

―No quieres verlo Ron, pero yo soy feliz así, me gusta el dinero que gano y el lujo que me proporciona, no necesito ser salvada. No estamos en Pretty woman, tú no eres Edward Lewis, ni yo soy Vivian.

―Ya lo sé… más bien estaríamos en el Ceniciento, donde tú eres la princesa y yo el pobretón ―dijo con una sonrisa resignada en el rostro. Pansy sintió un pinchazo de ternura por él.

―Por favor vete, mi cliente estará a punto de llegar.

―Está bien, sólo quería darte esto… ―Se sacó una pequeña caja del bolsillo de la chaqueta.

―¿Qué es? ―preguntó desconcertada.

―Poca cosa… pero quería hacerte un regalo de cumpleaños.

―¿Cumpleaños… cómo has sabido…?

―La fecha aparecía junto a tu dirección, en la agenda de Harry. Adiós Pansy.

El pelirrojo dio media vuelta y tomó las escaleras. La morena cerró la puerta lentamente y miró aquella caja. La curiosidad pudo más y la abrió. Dentro había una figurita, era una versión en miniatura de "la Afrodita de Cnido". Sonrió. Así que a pesar de que nunca quiso llamarla "Friné", se había informado sobre su alias. Al fondo de la cajita había un papel blanco doblado, en él aparecían unas frases escritas:

"Seguro que sabrás que Friné fue musa de algunos escultoras griegos, y que se inspiraron en ella para crear esculturas de Afrodita. Pues tú eres mi diosa Afrodita, mi diosa del amor y la belleza. Feliz cumpleaños Pansy."

Siempre la habían cubierto de joyas y vestidos caros. Nunca nadie había tenido con ella un detalle tan sencillo y tan hermoso al mismo tiempo. ¿Era por eso que sus ojos se habían humedecido con el regalo de Ron?

Cuando en menos de diez minutos sonó su timbre de nuevo, la morena acudió apresurada a abrir, y al ver al hombre maduro que le sonreía su gesto de descompuso ligeramente, ¿era decepción lo que sentía por no tener al pelirrojo ante sus ojos?


El miércoles por la mañana Harry se sentía bastante mejor, la fiebre ya había pasado y no quiso pasar más días lejos de ella.

―Señora Malfoy, Harry ha llegado hace un rato, está en su despacho ―informó Katie Bell.

―Gracias Katie, ya me había avisado por mensaje. ―La morena la despidió asintiendo con la cabeza. Parecía que todos se alegraban de tener por allí a su secretario, tenía buena reputación entre el personal. La castaña pensó que la merecía y sonrió, aunque no podía olvidar la voz de aquella misteriosa mujer en casa del moreno.

Cerró la puerta tras ella y vio a Harry de pie, junto a la mesa principal. Su café y su croissant la esperaban, como siempre.

―¡Harry, buenos días! ―Él se giró hacia ella con una sonrisa. Su rostro estaba más pálido que de costumbre― ¿Cómo te encuentras?

―Buenos días Hermione… ya estoy mejor, afortunadamente. No suelo comer mucho y cuando me falla el estómago se me suele notar ―bromeó.

―Me alegra ver que estás mejor. ―Lo miró con ternura y sintió el impulso de apartarle los cabellos que le caían sobre la frente, pero se contuvo. Aquella dulce mirada lo embargó de felicidad.

―Me pondré ahora mismo con tu agenda. ―Se despidió de ella para volver a su mesa de trabajo.

―Espera Harry… ¿tienes hermanas? ―Había estado dudando de preguntar durante todo el trayecto hasta el Tower 42, y finalmente se atrevió a hacerlo.

―¿Eh?, no… soy hijo único ―contestó sorprendido.

―Ah… "entonces ¿quién era la mujer del teléfono?".

―¿Por qué me preguntas si tengo hermanas? ―cuestionó sin mala intención.

―Pues… por la mujer a la que escuché ayer en tu casa, no sé, como estaba cuidándote… pensé que igual era tu hermana…

El moreno sonrió con disimulo. No cabía duda, Hermione había sentido celos al escuchar la voz de Pansy al otro lado de la línea, y eso sólo podía significar una cosa, que él le empezaba a importar. Se sintió dichoso al ver que no era el único al que le afectaba el trabajar juntos.

―Ésa era Pansy, una vieja amiga. Nos llevamos muy bien y como tenía el día libre se pasó por casa para echarme una mano.

―Vaya. ―El alivio que experimentó fue tan inmenso que no pudo ocultar una amplia sonrisa.

―Bueno, estaré fuera si me necesitas.

―Estupendo Harry…

Se dedicaron una última mirada cargada de pensamientos que quedarían en sus mentes.

A la hora de comer, el moreno entró al despacho para concretar con su jefa las citas de su agenda. Hermione le daba indicaciones mientras terminaba de recoger unos planos que enseñaría a los ingenieros por la tarde. Cuando alzó la cabeza para mirarlo directamente descubrió en él un gesto de dolor.

―Harry, ¿estás bien? ―De inmediato dejó los planos sobre la mesa y acortó la distancia entre ellos.

―Sí, bueno no… es que me duele un poco el estómago ―admitió en voz baja.

―Si es que tienes mala cara, a ver… ―Hermione no se lo pensó, actuó por instinto, como hacía con su pequeño. Levantó la mano y la posó con delicadeza sobre la frente de su secretario, después se tocó la suya con la otra mano― Pues no parece que tengas fiebre, menos mal. ¿Qué te notas exactamente? ―Harry no respondía, estaba todavía en shock por el tierno gesto de la castaña― ¿Harry?

―¿Eh?, pues… dolor en la tripa. Creo que hoy no podré comer mucho ―bromeó.

―¿Por qué no comemos juntos? Le diré al camarero de Rhodes que preparen platos adecuados para ti ―exclamó sonriendo.

―Bueno, si eso no es molestia para ellos…

―Claro que no, en el edificio trabaja mucha gente y hay personas con problemas que requieren de alimentaciones concretas, están acostumbrados.

La pareja pasó por delante de recepción.

―Bajamos a Rhodes para comer, si alguien pregunta por mí di que volveré en una hora.

―Sí señora Malfoy ―dijo Katie.

Harry le cedió el paso a Hermione cuando se abrieron las puertas del ascensor.

―Gracias.

―De nada. ―El moreno pulsó para bajar a la planta veinticuatro.

―Vas a tener que comer arroz blanco y manzana hervida unos días más, estas cosas no se pueden ignorar, que debilitan mucho. ―Lo hizo sonreír su forma de hablarle como a un niño pequeño.

―Hermione… ―La castaña se volvió hacia él encontrándose con esos ojos como esmeraldas que la atravesaban.

―¿Sí…? ―musitó.

―Eres encantandora… realmente encantadora ―Llevó su mano hasta la mejilla de su jefa y la acarició moviendo el pulgar. El estómago de Hermione se encogió y sus pulmones necesitaron tomar aire a mayor velocidad―. Tu marido está tan ciego.

―Pero tú me ves… ―No sabía qué la había incitado a decir aquellas palabras, pero las había dicho.

―Sí…

Seguía acariciando su mejilla y empezó a agacharse para aproximarse a su rostro. Buscaba sus labios. Necesitaba besarla, ya no podía contenerse más. Le había demostrado tanto cariño, tanta ternura… que el cielo se apiadase de los dos, estaba empezando a querer a esa mujer. Hermione experimentaba sentimientos semejantes, Harry había supuesto para ella un consuelo y un apoyo inmensos, y un resurgir de su propio auto estima y confianza como mujer.

Los labios del moreno se posaron con delicadeza sobre los de su jefa. Ambos tenían los ojos cerrados y se sentían transportados muy lejos de aquel ascensor. La castaña apoyó una mano sobre el pecho de Harry, él temió que pretendiera alejarlo pero no fue así. Sus labios compartieron caricias, roces, ligeras presiones, mientras sus corazones latían acelerados y sus cuerpos temblaban implorando mucho más.

De repente la puerta del ascensor se abrió de par en par, habían llegado a su destino. El frenazo amortiguado y el sonido que anunciaba la planta los hizo separarse bruscamente y volverse hacia el hueco. Se quedaron blancos como el papel cuando la vieron frente a ellos boquiabierta.

―Lavender… ―susurró Hermione angustiada.

CONTINUARÁ…


Nuestra pareja por fin cruzó la línea jijiji, pero Lavender los pilló con las manos en la masa xD