Hola a todos mis queridos seguidores, para compensar el retraso del anterior capítulo, este capítulo es un poco más grande de lo normal y lo he publicado más pronto de lo normal.

Bueno, entre todos mis seguidores ya están haciendo sus apuestas para saber quién es quién. Un ejemplo, es con mi personaje inventado rubio que salvó a Flora hace unos capítulos (Y antes de seguir, Rick es su padre, para los que han estado confusos por este dato). Muchos dicen que puede ser el hermano de Flora. Y os aviso, que aunque tenga el mismo color de ojos, no tiene que significar esto. Pero no voy a decir si es verdad o mentira. Además, también hay personas que creen que Krystal es su hermana, y yo me he quedado o.o Lo mismo digo con el chico, no voy a decir si es verdad o si es mentira.

Bueno, también he tenido un montón de comentarios, me han empezado a nuevas personas y agradezco a Allison por seguir mi historia. No podría estar más feliz…

Capítulo 8: La Resistencia

Flora se miró a si misma a través del espejo que tenía delante. Había cambiado sus sucias prendas por unas limpias. Le quedaban algo grande, pero se las apañó para ajustarlas a su cuerpo delgado.

Emily le había pedido que bajara al despacho del misterioso Rick, antes de irse sin decir nada más. Parecía una tarea fácil, ¿no? Error, grave error. No tenía ni idea de dónde estaba ese despacho.

Bueno, algo tendría que hacer. Empezó por darse una pequeña ducha y cambiarse de ropa. Ahora venía lo más complicado: adentrarse en territorio desconocido.

Sin embargo, lo hizo.

Lo primero que encontró fue un enorme pasillo con un montón de puertas iguales. Parecía que no tenía fin. Además le mareo un poco. En definitiva, estaba metida en un laberinto.

Después del encuentro con Faragonda, nadie podía expresar bien sus emociones. Las Winx y los especialistas solo realizaban gestos. Cada pareja abrazada mutuamente, sin decir ni una solo palabra en sus habitaciones. No había ánimos para hacer nada.

Helia, por su parte, estaba en la orilla del lago más cercano a la aldea Pixie. A su lado, se encontraba Miele, quien había estado más animada desde que había hablado en el despacho de la directora.

Ella quiso seguir a Helia No sabía exactamente porque, pero necesitaba estar con él. Este se había percatado de su presencia y le había llevado en sus hombros hasta el lugar donde se encontraban actualmente.

—¿Por qué has venido aquí? —preguntó Miele, acostándose en la fría hierba.

—¿Por qué? Bueno, muy cerca de este lago, está el lugar donde Flora dijo que me quería por primera vez —le respondió Helia mirándola.

Pensaba lo tonto que era por no haberse dado cuenta de que ella no era su verdadera hermana. Había una parte de Flora que todavía no conseguía comprender y eso lo hacía sentir cada vez más distanciado de ella.

—¿Y tú, la quieres? —le preguntó Miele mirando sus ojos azules.

Helia reaccionó de inmediato con los ojos abiertos como platos.

—Claro que sí. Yo la amo.

Miele se rio ante tal divertida reacción.

—Tranquilo, se nota un montón. Deberías haberte visto tu cara antes.

Helia tenía ganas de preguntarle algo un poco incómodo. Una simple tontería que le habías estado comiendo la cabeza hacía ya unos cuantos días.

—¿Sabes si ella me sigue queriendo? —le preguntó a la pequeña figura que se levantó de forma brusca al oír su pregunta.

—Claro que sí. Flora está locamente enamorada de ti. Solo que mi hermana es un poco complicada, a veces.

—¿Complicada?

—Eres un idiota —le dijo Miele—. No te das cuenta de que a mi hermana le cuesta expresar sus emociones y que se guarda todo su dolor para ella misma. No quiere preocupar a nadie.

—Cuando está conmigo no lo parece —le señalo Helia.

—Bueno, ahí la primera parte se elimina, pero dudo que alguna vez te haya dicho cosas que le preocupan de su vida.

Helia miró avergonzado al suelo. Apenas sabía nada sobre Flora. Y pensar que ahora la podía perder para siempre. No sabía cómo una niña de doce años, se había dado cuenta antes que él de los sentimientos de su novia.

—No. Tienes razón. No la merezco. Soy un inútil."

Después de pronunciar esas duras palabras, notó una pequeña mano cálida que apretaba su mano derecha.

—¡Qué va! Eres el novio ideal que toda chica podría desear. Si no fuera porqué ya estás cogido, me enamoraría de ti. Además, Flora confía en ti. Y yo también.

Esta declaración, hizo sonreír a Helia. Y lo dos, empezaron a jugar un buen rato por los alrededores. Habían aceptado toda la situación tal como estaba y comprendido que todavía había esperanzas

Ahí estaba. En frente de ella había un cartel que ponía: Despacho de Rick. Todavía no se creía como consiguió encontrarlo. Por lo menos, la media hora tocando y abriendo puertas desconocidas, había dado su fruto. Por no hablar de todas las disculpas que había pedido a los huéspedes de estas habitaciones.

Tocó la puerta. Nadie respondió. Lo adecuado habría sido que esperara hasta recibir alguna señal de vida, pera estaba cansada de esperar y todos los buenos modales que había aprendido, habían desaparecido.

La abrió, encontrándose con un despacho muy similar a la de la directora Faragonda; no tan grande, por supuesto.

En él, había un hombre de unos cuarenta años, aproximadamente, sentado en la silla principal. Tenía su largo pelo negro, recogido con una coleta baja. Sus ojos eran plateados como la luna. También, era bastante musculoso. Intimidaría a cualquiera.

Al verla, le ofreció una cálida sonrisa para darle la bienvenida.

—Bienvenida Flora, sabía que tarde o temprano vendrías.

—Lo…lo siento, si te he molestado.

—Tranquila, esperaba tu llegada. Aunque, reconozco que tardaste un poco —dijo Rick dejando lo que estaba haciendo apartado a un lado.

—Emily, creo, no me dijo donde se encontraba el despacho —aclaró Flora, intentando no tartamudear.

Rick suspiró.

—Sí, Emily. Suele ser muy olvidadiza. No importante, al menos encontraste el camino y estás aquí. Siéntate, por favor —le pidió señalando un sitio cercano al suyo.

—Gracias —le agradeció y se sentó.

Unos segundos más tarde, una de sus mil preguntas que deseaba preguntarle salió por su boca inevitablemente:

—¿Dónde estoy?

—Bueno, estamos en el sur de Linphea, como habrás visto, ya que estamos muy cerca del mar y tenemos varias playas a solo unos metros de distancia.

—¿Y esto es…? —siguió preguntando Flora, un poco confundida.

—Una simple casa que hemos encontramos y en la que nos hemos acomodado. Muy cerca de esta casa, hay otras más.

—¿Quiénes?

—Todas las personas que hemos encontrado. Aunque aquí, concretamente, estamos la llamada Resistencia."

—¿Qué es eso?

—Es un grupo que se encuentra en este edificio. Al que pertenezco y soy su líder. Las personas que lo forman están cualificadas para luchar o para controlar el área. El ejército de Lynx ha invadido casi todo el norte, y se está aproximando. Nosotros intentamos detenerlo. No solo eso. También nos encargamos de proteger a la gente y de buscar una manera de salir —dijo Rick con total naturalidad, como si le estuviera contando un cuento.

—Eso es una tarea muy complicada. Eres genial liderando un grupo así —le dijo Flora, admirada por la grandeza de sus actos.

—Estamos bien organizados. Y no soy solo yo, somos todos —dijo con mucha honestidad en sus palabras.

—Quiero ayudar —le pidió levantándose de su asiento rápidamente.

—Flora, ahora mismo no estás en las condiciones adecuadas para ayudarnos.

—Entonces mejoraré y ayudaré en lo que sea. Quiero ser útil —dijo y se volvió a sentar, más calmada.

—Ya lo estás siendo. Has traído más calma y esperanza a todos los supervivientes de aquí.

—¿Yo, pero qué he hecho?

—Estar aquí. Renunciar a tu posibilidad de irte y salvar tu vida para protegernos —El hada de la naturaleza le siguió mirando confusa—. ¡Eres Flora, un miembro del Winx Club! Eres fuerte y valiente, te has enfrentado a situaciones parecidas antes. Tener alguien así, es un honor.

—¿Un honor? Seré un miembro del Winx Club, pero soy la más débil, inútil, cobarde…

—Te estás subestimando. Eres mucho más que eso. Solo tienes que confiar más en ti misma.

¿Confiar en mí? Eso le parecía una tontería a Flora. Todo lo que hacía se estropeaba. A quien quiere engañar. No servía para nada. Solo era un cero insignificante a la izquierda.

—Lo dudo —murmuró para sí misma un tanto triste.

—Supongo que ya sabrás quien es Nathan.

—Ese soy yo —dijo de repente una voz desconocida, que provenía de la puerta principal.

Flora giró la cabeza y se encontró con el mismo chico que le había ayudado cuando estaba herida. Es verdad, estaba herida. No se acordaba porque no le dolía nada. Se miró el pie en el que tenía que encontrar la herida. En él había una venda blanca que la cubría.

—Oye, ¿no me has prestado atención? —preguntó el chico rubio.

Gracias as u incómoda y arrogante presencia, le dieron unas enormes ganas de empezar una batallita de palabras. Hacía tiempo que no participaba en alguna, pero con la ayuda de Stella y Riven había recordado algunos trucos. Aunque no les hacía falta esa sangre, lo llevaba dentro de ella y sacarlo, era una tarea fácil.

—No, perdona, es que prefiero concentrarme en cosas bonitas que de verdad valgan la pena —comentó una sarcástica Flora, sonriendo.

—Yo también me alegro de verte Flora. ¿En serio eres tú? Todo el mundo hablaba de ti como una chica tímida, dulce, agradable… Al final veo que eres todo lo contrario.

—¡Nathan! —gritó Rick enfadado—. No trates así a nuestras invitadas.

—¿Invitada? Dudo que yo la haya invitado —dijo mirando a Flora con un tono de desprecio—. Además, ella empezó.

—Pareces un niño pequeño, Nate. —Este cometario hizo reír a Flora—. Los dos lo parecéis —Nathan se rio—. Nathan, ella se va a quedar con nosotros y nos ayudará.

—¿Por qué? —dijo Nate molesto—. ¿No la has oído? No sirve para nada.

—Espera, ¿estabas espiando? —la acusó Flora levantándose de su asiento, otra vez, y encontrándose cara a cara con Nathan.

—No lo digas de un modo tan trágico. Aunque, si lo miras de otro modo, lo es. He malgastado mi tiempo en ti. ¡Que bajo he caído!

Flora iba a continuar peleando con Nathan, pero Rick le detuvo.

—¡Parad! —gritó, y después de unos pocos segundos de silencio, se le ocurrió una perversa idea—. Mira Flora si quieres ayudar tendrás que aprender a luchar. Y Nate, tú la ayudarás.

00000000000000000000000000000000000000000000000000000000000

Aquí está. Ya habéis conocido al famoso Nate- chico que salvó a Flora aunque esta no quiere reconocerlo. Sé que he cambiado un poco su personalidad, pero no me gusta que siempre sea tan dulce y amable. Eso es imposible. Tiene que tener un lado oscuro.

Aviso que si en este capítulo tengo unos cuantos comentarios y alguien por cualquier cosa me anima… (redoble de tambores) ¡El próximo fin de semana publicaré dos capítulos! Eso es lo que tengo planeado, ya que tengo unos pequeños días libres. No serán tan largos como este, pero son dos.