Mail Jeevas

El humo de mi cigarrillo describía traslúcidas florituras en el aire a medida que se elevaba. En consecuencia, la tos de Ryuuzaki resonó a mi lado.

—Podrías apagar eso...—se quejó, carraspeando varias veces—, o al menos abrir una de las ventanas.

—Exagerado…

—No lo creo —respondió, volteando sobre el colchón—. Dejé de fumar hace un tiempo.

Haciendo caso a sus palabras, terminé aplastando la colilla contra el fondo del cenicero.

—¿Mejor?

—Mucho.

Delicadamente deposité un húmedo beso en uno de sus desnudos hombros, provocando que un leve estremecimiento lo recorriera. Si, el encuentro había concluido en su departamento, más precisamente sobre su cama, aunque ese no era el punto. Aquella experiencia junto a Ryuuzaki había conseguido que todo lo concerniente al tema "Mello" quedara cerrado.

—Ryuuzaki…

—Mmh…

—Debo irme…

El muchacho despegó el rostro de la almohada, enarcando una ceja.

—¿Y eso por qué? Son las siete de la mañana, Matt.

—Por eso mismo, creo que debería regresar.

—Y yo creo —opinó, tomando mi brazo al tiempo que volvía a acostarse—, que deberías quedarte. Fin del asunto.

—Me gustaría hacerlo, pero tengo cosas pendientes.

—Cosas pendientes, claro…

Mis ojos observaron su esbelta figura mientras se sentaba sobre su lado de al cama, dándome la espalda. Una serie de marcas y rasguños surcaban su piel, todos de mi autoría.

—Podrías decirme al menos qué es lo que tanto te inquieta…aunque creo saberlo.

—Yo…

—Se trata de Mello.

—Si… —resoplé finalmente—. Se trata de él, pero no de la manera que imaginas…

Lógicamente, no obtuve ningún tipo de respuesta, sólo silencio.

—El…no se encuentra bien. Está pasando por una situación difícil y más allá de todo, sigue y siempre seguirá siendo mi mejor amigo. Eso es algo que ni tú ni nadie podrá cambiar.

—Genial.

—Mírame.

—Qué…

—Vamos, Ryuuzaki…

Finalmente sus oscuros ojos se enfocaron en mí.

—No siento nada por Mello.

—Tengo mis dudas.

—No deberías. Estoy hablándote con la verdad.

—De todas maneras, entiendo a la perfección toda la situación. Cuando te invité a esa cafetería lo hice sin ánimo de involucrarme contigo. Así que… puedes irte, tienes razón.

La presión de su mano fue disminuyendo lentamente, hasta que me hubo soltado por completo. Su cuerpo desnudo volvía a agazaparse bajo las sábanas. Se lo veía tan solo… tan necesitado de compañía y afecto…

—Oye…

—(…)

—El sábado, aquí mismo… te cocinaré algo. Prometo hacer mi mejor esfuerzo.

—No creo tener tiempo.

—Entonces será el domingo. No aceptaré un no como respuesta. Sé que estás sonriendo —dije, tumbándome repentinamente sobre su cuerpo—. Mmh… ahora puedo verte mejor…

La expresión de su rostro era completamente risueña, con los ojos entornados y ese rubor en las mejillas. Sus labios se separaron, invitándome a besarlo pasionalmente. Con un rápido movimiento aparté la sábana que lo cubría, acomodándome entre sus piernas, tomándolo lentamente. Un intenso calor se agolpó en todo mi cuerpo, haciéndome perder la razón…

—M-Matt…Matt creo que…

Esos no eran gemidos comunes y corrientes. Muy por el contrario, Ryuuzaki parecía estar quejándose de algún modo. Su pecho comenzó a hincharse compulsivamente al tiempo que su boca luchaba por obtener oxígeno.

—¡RYUUZAKI! ¡¿QUÉ TIENES?!

—Me….me… —tartamudeó, tomándose el pecho—…me cuesta…respirar…

—Llamaré a un médico.

—No… no es necesario, Matt… en se…

La frase fue interrumpida por un nuevo ataque de tos. Suficiente para mí.

—No esperaremos a ningún médico. Suelen tardar una eternidad. Directamente iremos al hospital- concluí, comenzando a vestirme precipitadamente—. ¡¿Necesitas ayuda con eso?!

—N-no…estoy mejor…ya te dije —respondió, cazando sus pantalones—. No sé que me sucedió…

—Pronto vamos a averiguarlo. Vamos.

(…)

Nate River

Mi cuerpo sudaba a causa de la ansiedad. Sabía que esos buenos para nada no tardarían en llegar.

"Prométeme que vas a cuidarte…"

Las últimas palabras de Mello resonaron en mi cabeza. Tal vez pudiera cuidar de mí mismo mucho mejor si escapaba de allí. Cualquier maldito rincón sería más seguro que permanecer cerca de ellos. Con suma rapidez tiré de los pequeños cables adheridos a mis brazos, deshaciéndome de ellos. Mi visión se volvió algo borrosa pero lentamente fue recobrando su nitidez habitual hasta que con algo de dificultad me hube incorporado por completo. Salir de allí sin ser visto no sería tarea sencilla, pero tampoco podía quedarme esperando de brazos cruzados. Era hora de reaccionar. Alcancé el marco de la puerta, asomándome con recelo en busca de alguna señal que me permitiera escapar de una vez por todas. Estaba a punto de huir cuando un conjunto de voces llamó mi atención. El timbre de una de ellas me resultó familiar. Inmediatamente volví a ocultarme, pegando mi espalda a de los muros…

—Él está bien. Solamente se trata de una reacción alérgica. ¿Tienes idea de qué ha estado comiendo durante las últimas tres horas?

—Bueno… dulces, prácticamente.

—Dulces…—repitió, anotando los datos—. Quizá debamos hacerle un análisis de sangre con el fin de corroborar su estado con mayor detenimiento.

—Eso estaría bien.

—Disculpa, ¿podrías repetirme el nombre del muchacho?

—Claro. Ryuuzaki Lawliet.

Mi pulso se aceleró de sobremanera al oír aquel peculiar nombre. ¿Se trataría únicamente de una coincidencia?

—¿Eres parte de su familia?

—N-no… tan solo… un amigo.

—Pero, ¿diste aviso a sus familiares?

—Él… no tiene familiares vivos.

Me asomé nuevamente con el fin de corroborar la identidad de aquella voz. En efecto, la persona que le brindaba aquellos datos a la enfermera era Mail Jeevas. Tragué con dificultad mientras una serie de irracionales ideas me atacaba.

—En breve le administraremos los medicamentos y luego podrá regresar a su hogar. ¿Le molestaría aguardar en el pasillo?

—No, está bien…

Los pasos de la enfermera fueron oyéndose cada vez más distantes hasta desaparecer por completo. Debía actuar en ese preciso momento, de lo contrario no tendría escapatoria. Asomé uno de mis pies descalzos por la puerta sólo para volver a introducirlo al cuarto. ¡¿En qué mierda estaba pensando?! Había atacado a ese muchacho sin importarme en lo más mínimo ¡¿y ahora iba a pedirle ayuda?! Era un "NO" rotundo. Una incontenible oleada de desesperación provocó que me faltara el aliento, por lo que me deslicé lentamente hasta el suelo, envolviendo mi cuerpo con brazos temblorosos. Debía resignarme. En cuestión de segundos, quizá, esos buenos para nada me llevarían nuevamente, consiguiendo que las pocas esperanzas que tenía de desaparecer se desvanecieran.

—Nunca creí que alguien como tu fuese capaz de llorar.

Mis ojos se abrieron de par en par, comenzando a ascender en un lento trayecto hasta toparse con esa fría mirada esmeralda.

—Hace rato que estás espiándome. ¿Qué es lo que quieres?

Mi boca se separó torpemente, dejando escapar un par de débiles balbuceos, ninguno de ellos, entendible. Jeevas entornó los ojos con desdén.

—No tengo a Mello en el bolsillo, por las dudas…

—A…ayuda…

—¡¿Eh?!

—¡POR FAVOR, AYÚDAME!

Mis débiles manos se cerraron en torno a la tela de sus jeans, jalando en busca de una respuesta. A pesar de las densas lágrimas que empañaban mi visión, pude distinguir la expresión de su rostro. Estaba completamente sorprendido e incluso incómodo por todo aquello.

—¡¿Qué… qué te ayude?! ¡Pe…!

Mi voz se tornó un desesperado ronquido.

—Necesito… que me saques… de aquí…

—¡¿Qué te…?! ¡¿Cómo haría eso y por qué?! ¡¿Por qué debería ayudarte?! ¡Casi matas a mi amigo e incluso pudiste matarme a mí también!

—Lo… lo lamento mucho —me disculpé, bajando la vista con pesar—. No quise…

Repentinamente, ambos dirigimos la vista hacia la derecha, de donde provenía el conjunto de voces.

—Le digo que no. Ni lo sueñe…

—¡Pero, muchacho…!

—¡¿Ryuuzaki?! —preguntó el pelirrojo, bastante confundido—. ¿No deberías estar recostado, o algo por el estilo?

—Esta mujer quiere que deje de comer fresas por un tiempo. Está loca.

—¡Es sólo a modo de precaución! ¡Llévese los medicamentos, por lo menos! ¡No nos dejó sacarle sangre, siquiera!

Los oscuros ojos de aquel chico se clavaron en mí, pero no pareció inmutarse al respecto.

—Lawliet…

—¿Eh? ¿De dónde conoces a Ryuuzaki, River?

—¡¿River…?!

Mi apellido fue pronunciado con aspereza, al tiempo que sus ojos se volvían vidriosos.

—Fue mi padre. —solté sin poder contenerme—. Él tuvo la culpa…Lo sé…

—Qué… de qué hablas…

Su tembloroso cuerpo comenzó a retroceder, hasta chocar contra una de las blancas paredes. Jeevas tampoco parecía comprender demasiado, ya que no dejaba de mirarnos alternadamente con una ceja enarcada.

—Puedo contarte lo que sé…

—¡¿De qué mierda están hablando?! No entiendo absolutamente na…

El eco de una voz distante llegó hasta nuestros oídos.

—¿Nate River? Si, señora. Si no me equivoco se encuentra en una de las habitaciones ubicadas al final.

Mis piernas flaquearon, debilitándose repentinamente al tiempo que mi visión se volvía borrosa. No colapsé contra el suelo gracias a la fuerza de Matt, quien se encargó de sostenerme en ese momento.

—Por…por favor… ayúdame… —supliqué nuevamente.

Esas fueron mis últimas palabras antes de perder el conocimiento por completo.

(…)

Mihael Keehl

La cama de Matt aún se encontraba vacía. Al menos uno de los dos estaba pasándola bien. Observé con fastidio el contenido de mi taza. Ni siquiera un buen café conseguiría tranquilizarme un poco. Mis sentidos se agudizaron al oír el sonido de una llave girando en la cerradura.

—Matt…

El pelirrojo se detuvo a mitad de camino, volteando hacia la cocina. Al verme allí se acercó arrastrando los pies.

—¿Aún despierto o recién te levantas?

—Una mezcla de ambas.

—Cómo es eso…

—Fui al hospital.

—Tu cara no podía significar otra cosa.

Sus ojos verdes se clavaron en los míos.

—Sé que lo odias, pero…

—Momento —me interrumpió, alzando la palma—.Que ese crío no me caiga bien no significa que quiera verlo mal. Son dos cosas muy distintas.

—Ok…

—Es más…me alegro de que esté mejor… sinceramente.

Parpadeé varias veces mientras me perdía detrás de la taza. Las palabras de Matt me habían tomado por sorpresa.

—Cómo… cómo sabes que está mejor…

—Simplemente lo sé, como también sé… ¡y no vayas a golpearme por esto! que realmente… te importa. Nate te importa.

—Cómo te fue a ti…

—¡Vaamos, Mello! ¡¿Hasta cuándo piensas ocultarme las cosas?! O mejor dicho, ¡ocultártelas!, porque al único al que le mientes es a ti mismo. No necesitas fingir conmigo, Mells…No voy a juzgarte…

Repentinamente me vi envuelto en un afectuoso abrazo. Tal vez Matt tuviera razón. Sabía que tomaría muy en serio mis sentimientos. No por nada era mi mejor amigo. Exhalé un extenso suspiro y dejé los secretos de lado.

—Está bien. Tú ganas.

—Genial. Soy todo oídos.

—Yo… no sé qué siento por él…

—Pero sientes algo —insistió, encendiendo un cigarrillo—, o al menos eso es lo que crees.

—Fui el único que lo vio retomar la consciencia. Nadie más estaba en el cuarto.

—Y cuando te encontró allí, él…

—No lo sé…

—¡No me estás ayudando!

—Matt…— continué, comenzando a caminar de un lado a otro— hay cosas que deberías saber…

—Si tú lo dices…

—Near y yo tuvimos sexo.

Un silencio sepulcral se alzó entre ambos. Sacada de contexto, la expresión de su rostro hubiese resultado graciosa.

—No-me-jodas…

—Y quiero que permanezcas calmo mientras te…

—¡JAMÁS DIJISTE NADA, MALDITO IDIOTA! ¡NUNCA ME PONES AL TANTO DE LO QUE SUCEDE CONTIGO!

—Dios…—susurré, sacudiendo la cabeza—.Matt…

—¡Yo, aquí, preocupándome como un infeliz, mientras…!

—Matt…

—¡¿Y Mello?! ¡¿Se encontrará bien?! ¡¿Qué estará…?!

—¡MAAATT!

Su respuesta fue una mueca de enojo bastante infantil, lo que consiguió sacarme una sonrisa.

—Calma, de lo contrario no voy a contarte una mierda.

—¡Qué novedad!

—Ok, mejor me voy a descansar.

—No, espera…prometo comportarme…

—Confío en ti…

—Cuándo sucedió…

—Fue mientras me mantenía cautivo…

—¡¿Eres consciente de que no me contaste NADA acerca de lo sucedido?! Nunca supe qué carajo ocurrió. Simplemente me topé contigo a la hora de halar el gatillo y luego me mantuve en el hospital, aguardando por ti. No estoy al tanto de nada, Mello.

Un gran sentimiento de culpa me aguardó, abriendo un hueco en mi pecho. Mi amigo estaba en lo cierto. Ni siquiera conocía la verdad de los acontecimientos. Mi egoísmo a veces era tan grande que no me permitía actuar con racionalidad, mucho menos pensar en los demás.

—Tienes razón, Matt… disculpa…

—No quise presionarte porque creí que tarde o temprano lo soltarías, pero eso jamás sucedió.

—Realmente lo siento. Tengo la cabeza en cualquier lado…

—Veo…

—Entonces… supongo que debo empezar desde el principio…

—Si, vas a tener que hacerlo, pero antes deberías salir. Hay un paquete para ti en el pasillo.

—Un... ¿Qué coño…?

—¡¿Puedes mover el culo y hacer lo que te digo?! Debo ir por unas cosas.

Su fibrosa espalda se contorsionó mientras hacía crujir los huesos de la columna, provocando que las rayas de su camiseta se arrugaran. Luego desapareció nuevamente. Deposité la taza vacía en el lavabo, dirigiéndome hacia la puerta principal. Un halo de luz se colaba por una de las ovaladas ventanas, evidenciando la presencia de pequeñas partículas flotantes. Mi mano dudó antes de girar la llave, pero segundos más tarde finalmente estuve fuera.

La oscuridad allí presente era inversamente proporcional a la luminosidad que abundaba dentro del departamento, lo que no impidió que me focalizara en aquella contorsionada figura, ubicada en un rincón. Mi corazón se aceleró con violencia.

—Near…

La cabeza del muchacho se alzó rápidamente, observándome con desesperación. Sus grandes ojos se encontraban totalmente hinchados a causa del llanto.

—Me…Mello… Mello, yo…

—¿Qué haces aquí?

—Yo lo traje.

Volví la cabeza hacia mi amigo, comprendiendo poco y nada de todo aquello.

—Tú lo… ¿Qué haces con ese bolso?

—Me…yo… —tartamudeó, sonrojándose instantáneamente—. Tengo que hacer unas cosas.

—Y soy yo el que oculta todo…

—Prometo ponerte al tanto, no seas llorón. Procura solucionar todos tus problemas.

Su mirada se volvió completamente seria, por lo que me limité a asentir.

—Cualquier cosa me llamas —dijo, lanzándome un nuevo celular.

—¿Y esto? —pregunté, analizándolo con aprobación.

— Era necesario. Mi número está allí. Lo dejaré prendido toda la noche.

—Ok…

—Y tú, pequeño salvaje —soltó, dándole un puñetazo a Near—, me debes una.

—Ah-ah… S-si… —asintió el dolorido muchacho, frotando su cabeza.

Los zapatos de Matt hicieron eco mientra bajaba los escalones de dos en dos hasta que todo quedó nuevamente en silencio.

—Supongo que… deberíamos pasar. Vamos, levántate.

Luego de varios intentos, optó por tomar mi mano, incorporándose torpemente. Genial, Nate River aparecía espontáneamente en mi camino…una vez más. La situación volvía a repetirse, como una rueda que no deja de girar, como un circuito que nunca acaba, como el mismísimo destino, dispuesto a ejercer presión sobre nosotros, importándole un carajo el resto…

(…)