La historia aquí contada es de mi total autoría; aunque los personajes, son de Sthephenie Meyer.

Capítulo beteado por Jo Beta Ffad, Betas FFAD

www facebook com / groups / betasffaddiction


ROXANNE's POV

Las 7:30 am.

No he podido dormir en toda la jodida noche.

La imagen del barbudo con cara de pirata me ha levantado como veinte veces de la cama, jadeando y con unas ganas asombrosas de meterme algo alargado, duro y cilíndrico justo en medio de mis piernas. Sin duda estoy perdiendo el juicio, y voy como loca por encontrar el poco que me queda.

Me miro en el espejo, buaaa… vaya cara. Sin duda voy a tener que echar mano a todo el repertorio de cremas, sérums y demás. Estoy horrible pero antes, hago caso a mi instinto e intento localizar a Bella. No sé nada de ella desde que salió con el capitán de la discoteca del centro. No puedo disimular una sonrisa al pensar en el dolor de caderas que debe de tener a estas horas de la mañana.

Agarro el móvil, toco la tecla S y espero pacientemente a que la voz de Bells irrumpa al otro lado del auricular. Uno, dos, tres, cuatro toques; y no pasa nada. Lo intento de nuevo y otra vez me manda al vacío. No quiero ser pesada y me desnudo para darme una poderosa ducha fría.

Las 8: 00 am.

Me siento fenomenal, aunque por el primer estornudo, no sé cómo voy a escapar del día sin pillar un buen resfriado. Vuelvo a mirar el móvil y no hay llamadas de Bella. Sigue follando con Edward y, por lo visto, no tiene pensado llamarme antes de salir a trabajar. Bueno… no soy su madre como para que me dé explicaciones.

Vuelvo a mirarme en el espejo y sonrío como una bruja.

.

.

.

9:00 am.

Después de trabajar varios días en Cullen Ltda., no conozco mucho al personal, pero me he quedado con algunos nombres y sé que la mujer-robot que hay en recepción, se llama Jane.

El agente de seguridad que hay en la tercera planta se llama Collins y la chica que me lleva el café, se llama Ángela. Su función no es exactamente hacerme el café, pero es realmente eficaz, ya que antes de sentarme en la mesa de mi despacho ya lo tengo al lado, bien calentito; como a mí me gusta.

Estoy en la misma oficina que Bella, pero la mesa de ella está desocupada.

No se oye a nadie en los despachos colindantes y, antes de colgar mi chaqueta y bolso en el perchero, veo como pasa Tanya junto a una chica de unos catorce o quince años, ella parece confundirme con alguien pero breves segundos después se ve claramente su rostro decepcionado.

—Hola —saludo. No es que Tanya sea fruto de mi devoción, pero me llama terriblemente la atención el parecido entre la pelirroja y la criatura.

Tanya me mira con atención, de arriba abajo… podría cortarse un poco.

—Elizabeth, ella es Roxanne, la amiga de Bella. —Tanya eleva una ceja y mira la mesa vacía de mi Bella—. Parece ser que ella y tu padre se han puesto de acuerdo en no venir esta mañana.

Me quedo muda por unos instantes. Bella ha obviado que el capitán es padre de una deliciosa criatura, pero por más que miro a la muchacha solo puedo compararla con Tanya.

—¿Eres muy amiga de Bella? —La chica sonríe de lado y aquello, sí me hace recordar al cabronazo de su padre.

—Así es —le digo rozando su pómulo con la yema de mi dedo índice—. No sabía que Edward tuviera una hija tan grande y tan bonita. —Miro Tanya y ella me devuelve la sonrisa—. ¿Conoces a Bella desde hace mucho? —pregunto.

—Sí. La he echado de menos. Se fue sin despedirse de mí. Aunque papá ya se encargó de decirme que había salido de Washingthon para ir a estudiar a Londres. Tú la conociste allí, ¿no?

—Así es —hablo rápidamente sin perder la sonrisa—. Has venido a verla, supongo.

—Sí —responde ella, ensanchando mucho mas la boca—. Pero me voy contenta, porque veo que papá tampoco está.

Tanya y ella estallan en una carcajada al unísono, mientras que se despiden de mí con la mano y se marchan.

Alzo las cejas, absolutamente perpleja, y vuelvo a mirar el escritorio de Bella vacío. Suspiro, el café que me ha traído Angela esta frío como los muertos.

12 am

Hora de almorzar.

Escucho como los empleados que trabajan en la tercera planta van caminando y charlando entre ellos hacia la cafetería. Mi estómago ruge, pero estoy observando una serie de fallos en auditoría y no quiero dejar ese asunto hasta que me derive a alguien de ese área.

Marco los números de extensión de auditoría y me responde una voz gangosa de mujer.

—¿Auditoría? Quisiera hablar con el responsable. Soy Roxanne Randall, asistente personal de Bella Swan.

El tono de la chica parece cambiar levemente y suena mucho mas formal.

—Señorita Randall, el señor Cullen se encuentra almorzando en estos momentos. De hecho todo el mundo esta almorzando en estos momentos. Si usted desea yo le informo en cuanto llegue que usted ha llamado y la derivo a él.

—¿El señor Cullen? —pregunto sin saber realmente de quién me está hablando—, ¿Carlisle Cullen?

La chica carraspea al otro lado del hilo telefónico.

—No. El señor Ben Thomas Cullen.

No digo ni una sola palabra. Cuelgo.

Genial….

No demoro en levantarme para ir a almorzar, los pasillos están vacíos y el vigilante de seguridad esta jugueteando con su móvil cuando paso. Me sonríe débilmente y marcho hacia la cafetería, con la convicción de que voy a llegar la última, siendo el blanco de todas las miradas.

Aunque me siento más segura al traspasar el umbral y ver que todo el mundo va a su aire. Están sentados casi todos en grupos de cuatro o cinco personas, ríen y conversan mientras comen algún trozo de tarta, sandwich o bocadillo. Camino hacia la barra y consigo del buffette un sandwich de pollo con lechuga y una Coca-Cola. La muchacha que hay dando las bebidas me sonríe antes de toparme con alguien. Elevo la mirada y me encuentro con unos ojos negros, un semblante oscuro y una enorme sonrisa con dientes blancos.

—No hay duda que eres Roxanne. —Su sonrisa se hace más grande, no lo puedo creer. Vaya bocaza. Me ofrece su mano y... Guau, vaya bíceps, tríceps y demás—. Soy Jacob Black, no le perdonaría a Bells que no te haya hablando de mí. —Claro que me ha hablado de él, es Jacob Black el hermano adoptado de Edward.

—Sí… sí que lo ha hecho, pero no te imaginaba tan… grande. —Me turbo algo ante su presencia—. Hola, llámame Roxy.

Él agarra mi mano con fuerza y me lleva a su pecho recogiéndome y dándome un poderoso abrazo. Siento el calor que emerge de él y me ruborizo intensamente.

—Jake, suelta a la señorita Randall. —Él, su voz con aquella cadencia perfecta. El pecho de Jake desaparece de mi nariz y su brazo me acoge con camaradería por la cintura.

—Es la amiga de Bella, Ben. Siéntate con nosotros nena. ¿Sabes dónde está? Estoy intentando encontrarla para darle una buena noticia.

Busco la mirada de Ben, él me mira terriblemente serio. Abriendo las aletas de la nariz y apartando el rostro de golpe como si algo le hubiera asestado un puñetazo.

Puede que sí… que le duela el hecho de que Bella no esté en esta cafetería y Edward tampoco; no hay que hacer muchas conjeturas.

—Yo… no sé. —Busco a alguien conocido, me da igual, la misma Tanya me valdría en esos momentos. Correría hacia donde estuviera y le dedicaría la más bella de mis sonrisas para que me hiciera un lugar en su mesa, pero no…

—¿Miedo, señorita Randall? —Vuelve a mirarme, y esa mirada es ardiente, aunque hay un brillo de insolencia de la marca Cullen.

Jake pone cara de perderse algo, pero sólo durante unos instantes.

Me toma con más fuerza y me lleva hacia una mesa. Seguimos al tío del pendiente y quiero encontrar mi lengua, pero joder… no sé dónde coño se ha metido.

—Aquí, en medio de nosotros. —Jake parece pasárselo bomba, haciendo migas conmigo. ¿Es que no ve la cara de circunstancia que tengo?— Y bien, ¿qué tal te tratan por aquí? Aquí mi cuñado, no está haciendo demasiados amigos, pero es un buen tío, aunque parezca un mierda. —Miro con cara de sorpresa a Ben y él pega un bocado a un sandwich, es de pollo y lechuga como el mío. No puedo evitar mirar como se mueve su boca. Es desquiciante lo que me hace este hombre.

—Estamos comiendo cuñado. Haz el favor de tener algo de educación. —Lo mira y parece relajarse, casi sonríe— . Sino, me encargaré de decírselo a mi hermanita Bree.

Admiro la escena. Están hablando con tanta cordialidad que creo que Ben se ha olvidado que estoy allí. Quisiera desaparecer para saber qué es lo que enamoró a Bella, que se muestre tal y como es.

—Vosotros… —Jacob mira a Ben y segundos después a mí—. ¿Os conoceís, no?

Bajo la cabeza, me he ruborizado, hacía décadas que no lo hacía.

—Sí. Tengo el gusto de conocer a la señorita Randall, Jacob. —Ben ríe roncamente y acto seguido noto como alguien me toca la barbilla, la eleva, estrellándome con los ojos negros de mi pirata. Su sonrisa hace que me tense de una manera exquisitamente sexual, tirando de la parte más íntima de mi autonomía y volviéndola loca de deseo.

.

.

.

BELLA's POV

Abro lentamente los ojos, tan lentamente, que pienso que es un sueño el metro ochenta y siete de hombre que tengo tumbado a mi lado: Edward Cullen.

Su rostro se ve relajado, el cabello mucho más despeinado de lo habitual y está completamente desnudo; al igual que yo.

Intento agarrar con fuerza la sábana que tiene apresada justo debajo de su espalda, despacio… pero es técnicamente imposible.

Los rayos del sol inundan su habitación y me pregunto qué hora será.

Edward no ha faltado a su promesa de darme el mejor sexo de mi vida. Pero en toda esa guerra de placer , creo que he sentido algo más, algo que me perturba y me hace sentir mal.

No quiero despertarlo, pero me incomoda mi desnudez y vuelvo a tirar de la sábana, haciendo que él se mueva hacia un lado y me deje tirar de ella, pero es tan sólo algo efímero.

Su manaza agarra la mía y tira de ella, lanzándome a su pecho y haciendo una cárcel con sus atléticos, pero fuertes brazos de hombre.

—Buenos dias, Afrodita. ¿Qué tal ha descansado su deidad? —Sus ojos están increíblemente verdes y parece tan sereno como dormido. Es un rostro con el que no estoy familiarizada y me sorprendo. Me gusta este Edward, pero sigo sin fiarme de él.

Miro su boca, elevo mi mano y con uno de mis dedos rozo el contorno de sus labios, aún hinchados por los besos de hace breves horas.

—Muy bien, señor Cullen. Supongo que eso de Afrodita será un cumplido, ¿no? —sonrío, al ver como él lo hace y me vuelca, teniendo mucho cuidado en no aplastarme con su peso.

—Todo un cumplido. —Acaricia mi cabello, lo enreda en uno de sus dedos, se lo lleva a la nariz e inhala cerrando los ojos—. Me encanta como huele tu pelo. Siempre me ha gustado, desde que eras apenas una cría. —Coloca un codo sobre el colchón, justo al lado de mi cabeza y suspira—. No puedo creer que hace cinco años, al verme de nuevo, no me recordaras.

Elevo una ceja.

¡Maldito creído de mierda!

—Señor Cullen, usted tampoco me reconoció y aún recuerdo su rostro al saber quién era. —Hago un mohín con los labios y giro un poco la cabeza—. Si no te importa, no quiero hablar de eso.

—Bella…

Lo miro, hay algo en sus ojos diferente, ¿arrepentimiento? No. No lo creo.

—¿Qué? —Estoy enfurruñada y eso lo hace reír.

—Nunca hubiera pensado que aquella muchacha de cabellos caoba y ojos chocolate fuera mi Bella.

Frunzo el ceño y le doy un manotazo en la cabeza, volviendo a hacer que se carcajeé, pero no me mueve ni un ápice y aunque intento zafarme de su cuerpo, me es imposible.

—¿Tu Bella? ¿Qué dices, Cullen? ¡Yo no soy propiedad de nadie!

Su mirada cambia, me deja escapar de sus brazos y me pongo a su lado, enroscándome con la sábana. Él da pequeños tirones y no puedo tapar mis pechos.

—Te voy a hacer una pequeña revelación, es una concesión; no te equivoques. —De nuevo el Edward que yo tan bien conozco, hace acto de presencia—. Cuando era un niño, siempre me llamó la atención que te gustara estar sola. Veía como Alice intentaba llevarte a su terreno. A veces las miraba sin ser descubierto y observaba con fastidio cómo mi hermana intentaba hacerte jugar con muñecas, cambiarles de ropa e intentar sonsacarte si te gustaba algún chico, pese a que eran unas auténticas mocosas. A ti te gustaba mirar las puestas de sol, hablar con tus padres y leer comics de niños. Eras la antítesis de una chica y eso, me llamaba poderosamente la atención. Intentaba preguntarte cosas… por el colegio, títulos de esos horribles cómics que leías, pero siempre huías de mí, siempre… y no lo comprendía.

—No tenía ni idea que eras un perturbado acosador conmigo, Edward Cullen. —Se lo digo realmente seria, pero en mi interior estoy destornillándome de la risa, no puedo ni creérmelo—. Pues deberías comprenderlo. Me amenazaste, ¿recuerdas?

—Fue tu culpa. —Me apunta con el dedo índice, acusador—. Te vi dándole un beso a Thomas Jhonson.

—¡Serás… serás! Fue un beso inocente, ¡pero el que tú me diste…! —Salto de la cama y me llevo toda la sábana conmigo.

—Me vomitaste en plena boca, Bella. Creo que ya fui lo suficientemente ultrajado además, ¿no crees que después de todo aquello, si me hubiera dado la gana, ¿no se lo hubiera contado a Renée?

No puedo encubrir mi dolor al escuchar el nombre de mi madre.

Llevo demasiado tiempo sin su calor, sin sus sonrisas y sobre todo, sin sus consejos.

Escucho como Edward se levanta, agarra mi rostro con las dos manos y lo eleva, mirándome con esos ojos increíblemente verdes. Parece atormentado.

—Lo siento. Lo último que quiero hacer es causarte dolor. —Me besa dulcemente y yo me dejo llevar por ese beso, haciendo que arda por dentro y tironeé en mí el deseo por su cuerpo—. Te tiraría de nuevo a la cama y te follaría viva, pero quiero que vengas conmigo a un lugar. —Suspira, sacando fuertemente el aire por la nariz—. Ve a ducharte, yo tengo que hacer unas llamadas.

Niego con la cabeza. Es imposible.

—No puede ser, Edward. No tengo nada que ponerme que no sea un vestido de fiesta; osea que lo dejaremos para otro día.

—Negativo, nena. Tú date ese baño y déjame hacer unas llamadas, antes de que salgas de la ducha, estará todo solucionado. —Guiña un ojo y me da una palmada en el trasero haciéndome gemir—. Ve, corre… antes de que me arrepienta y no salgamos jamás de esta habitación.

Brota en mis labios una risa tonta y corro hacia el lavabo. Me miro en el espejo y veo a una Bella horrible, mi cabello parece un nido de pájaros, mis mejillas teñidas de un eterno rubor y mis labios están tan hinchados que parecen maquillados… pero mis ojos, mis ojos tienen un brillo especial, algo de lo que sinceramente estoy asombrada.

Abro la regadera y dejo que el agua caliente fluya de ella y de repente Roxanne me viene a la mente como una aparición.

—Joder… ¡mierda!

.

.

.

A la luz del día, los departamentos que en los que un día viví, me parecen totalmente diferentes.

Edward se ha quedado en su suite, me ha pedido amablemente que lo espere en el bar de recepción y yo he aceptado. Estoy encantada.

Al salir de la ducha, enroscada a la mullida toalla de rizo portugués, he encontrado encima de la cama, varios conjuntos de ropa interior, un par de pantalones vaqueros, dos camisas entalladas y varias zapatillas de deporte.

Edward debe saber que me encanta la comodidad, pero esta vez se ha pasado de la raya. Desde que viví con Roxy en Londres, estas prendas prácticamente han desaparecido de mi armario.

Llama mi atención un sujetador color frambuesa y lo agarro para colocármelo con sus preciosas braguitas de encaje, de ellos pende la etiqueta, me da calambre tenerlos en la mano: ¡580 dólares! ¿Alguien puede gastarse ese dineral en un conjunto de ropa interior? Me niego en rotundo a ponerme aquello, ya que me ofende profundamente y me enfundo los pantalones y la camisa sin nada que tape mis partes mas íntimas.

Edward está al otro lado de la suite y me grita que lo espere en el bar.

Le grito un "vale" y me calzo unas deportivas con sus calcetines previos, hay etiquetas con el precio en todas partes, pero me niego a mirarlas.

Y aquí estoy…

Tomando un café y observando la prensa del día.

Miro las acciones en bolsa de Cullen Ltda. y eso hace que con una exhalación vuelva Roxanne a mi cabeza.

Agarro el móvl y marco automáticamente su número.

—¿Bella? ¿Dónde coño te has metido? ¡Hay problemas aquí, eh! ¡Mueve el culo tú y tu capitán hacia aquí inmediatamente!

—¿Qué…? Roxanne, oye mira…

No se oye nada. ¡Mierda, me he quedado sin batería! Estas cosas solo me pueden pasar a mí.

Bufo y tiro el móvil a la pequeña mesa donde estoy intentando tomarme un café, pero un grito de mujer me hace elevar la cabeza y echar las manos a mi boca.

Es Rosalie… con Emmett. ¡Dios mío, que alegría!

Y Edward viene detrás de ellos, mirándome cómplice.

Continuará….


¿Qué os pareció chicas? ¡Gracias por leer preciosas!

Muakisss!