—Algo te pasa —murmura Germania decidiendo empezar por lo más evidente y lo que le parece más extraño.
—¿Eh? —Roma sale de sus pensamientos.
—Ja, algo te sucede.
—¿Algo de qué? —le mira de reojo.
—Algo, Rom, no hagas como que no tengo idea. Te conozco bien y algo te pasa.
—Es que no sé a qué te refieres...
Germania se sonroja porque no quiere explicarle que lo que pasa es que no le toca y eso es raaaaro. Vacila un poco y se le acerca aun caminando. Roma inclina la cabeza, mirándole.
—Sólo... quiero demostrar algo —murmura.
—¿El qué?
Le germano levanta una mano y le toma la suya, entrelazando sus dedos, haciendo que Roma se sonroje un poco y se tense, tragando saliva. Germania le aprieta la mano y le mira a la cara, pero el latino no le devuelve el apretón, mirándole, pero no hace para que la suelte.
Germania parpadea, notando que hay algo mal pero sin ser capaz de describir qué es. Definitivamente, eso sí, es algo que no le gusta. Traga saliva.
—¿Qué quieres demostrar? —pregunta nervioso.
—Pues que tú... —le mira de verdad sin saber cómo explicarlo dejando de apretarle tanto.
Se humedece los labios y aparta la mirada. Germania suelta el aire por la nariz y le suelta la mano un poco desconsolado, cruzándose de brazos y sintiéndose absurdamente idiota. Y cuando le suelta, Roma cae en la cuenta de algo.
Germania no cae en la cuenta de nada, saliendo un poco del agua y caminando en la arena para caminar más rápido.
Está... está haciendo las cosas al revés, normalmente, para este momento ya se lo habría tirado cuatro o cinco veces y lo único que está haciendo es casi huir cada vez que se le acerca, apenas si le ha besado dos veces en toda la mañana... Y eso debe ser lo que está entendiendo el germano, por eso esa obsesión con decirle que no quiere estar ahí y que reparten la isla... Parpadea, suponiendo que eso es lo que nota raro, mirándole mientras anda más deprisa.
Germania mira en ese momento hacia atrás, siendo que ya no ve la casa desde hace un rato, preguntándose cuánto tardarán en darle la vuelta a la maldita isla. Claro que cuando se la dieran, ¿qué? Comerían al menos (sigue medio muerto de hambre), y luego encontrarían algo que hacer, quizás hablar... o algo. No estaba funcionando hablar del tema, quizás podría hablar con él de... los niños, lo grandes que eran, un tema neutral. Y luego vendría la noche, que sería un caos absoluto... Aprieta los ojos pensando que él sabía que todo esto iba a pasar, y se sostiene sólo un poco con la esperanza de que les rescaten y poderles decir a todos "ves, yo tenía razón", lo cual en este caso no es NAAAAAAADA alentador.
Quizás podía contarle lo que estaba haciendo en realidad, pero... eso era muy arriesgado. Poner todas las cartas sobre la mesa y destapar la estrategia... seguramente de igual modo no iba a creerlo. El romano saca un kiwi de la bolsa, partiéndolo a la mitad y empezando a comerse la pulpa, aun mirándole de reojo y pensando que posiblemente no hay más opción que confiar en la suerte y en el tiempo.
Germania se guardaría las manos en los bolsillos y patearía una piedrecilla en caso de traer ropa, pero como no la trae, lo único que hace es de vez en cuando limpiarse el sudor de la cara y caminar más rápido que Roma, intentando dejarle atrás.
No debían haber venido, no tenían nada que hacer juntos, Roma parecía nervioso e histérico y... no que quisiera que le tocara o que estuviera encima suyo... ¡pero es que siempre le tocaba y estaba encima suyo! ¡Siempre! Estaba eso, los besos, y... el sexo *orejitas sonrojadas*. Nunca habían pasado tanto tiempo juntos sin... nada de nada, y no era que lo quisiera, pero...
Después de un rato de andar... aparecen por el otro lado de la playa, porque la isla es realmente pequeña, y estos chicos además andan deprisa.
Germania se mete directo a la casa muerto de sed, un par de minutos antes de que llegue Roma... peleando como un minuto y medio con la puerta de la nevera para conseguir abrirla y sacando una botella de algo que ya ha aprendido que dice "cerveza".
Roma entra tranquilamente unos minutos más tarde, comiéndose otra de esas frutas misteriosas que parece ser una... chirimoya, mientras Germania está haciendo un gran esfuerzo por no romperle la boca a la botella de la cerveza para quitarle la corcho lata.
El latino entra a la cocina mirándole, dejando la bolsa con la piña aun dentro en el mármol. Mármol contra el cual Germania está dándole de golpes a la corcho lata, bestia que es, repentinamente, sale volando la corcho lata, es que bestia como es también podría salir volando la cerveza, pero no, no es el caso esta vez. Y el romano sigue la trayectoria con la mirada.
Y conocemos lo que sigue, se escurre un poco de espuma, la detiene con la boca, y se enchufa casi toda la cerveza de un trago, ante la atenta mirada del moreno.
—Tú debes saber cómo hacer que tus hijos vengan por nosotros y nos saquen de aquí.
—¿Yo? A mí no me dijeron ni a dónde íbamos.
—Da lo mismo, Rom. Debes saberlo, son tus hijos.
—Por esa regla de tres, tú deberías poder hablar con Preussen.
—No puedo... por eso te estoy pidiendo a ti que lo hagas.
—Yo tampoco puedo —se encoge de hombros yendo él a la nevera y sacando una botella de vino.
—Es decir, estamos encerrados aquí. Encerrados de verdad encerrados.
—Encerrados... —repite yendo a los armarios y cajones buscando si hay alguna herramienta como la que usó ayer el camarero para quitarle el corcho a la botella.
—No quiero estar encerrado contigo así —protesta.
—Aún podemos dividir la isla —se burla un poco encontrando el tirabuzón, aunque no es como el que usó el camarero, así que sólo lo clava y tira con fuerza, sin usarlo bien.
—Todo es tu culpa —protesta fastidiado, echándose en una silla.
—¿Mi culpa? —levanta las cejas buscando un vaso y sirviéndose el vino.
—Sí, tu culpa, tú eres el idiota.
—¿Y eso por qué? —toma un trago de vino, que fresquito además está de vicio
—Pues por idiota, por portarte así.
—¿Portarme cómo? —vuelve a buscar en los cajones.
—Pues así —frustrado.
—No sé a qué te refieres con ello —saca unas tijeras.
—Qué no sabes... No te creo. Sabes perfectamente bien lo que haces, quieres... Yo que sé. No vas a conquistarme —en automático.
—No lo pretendo —se encoge de hombros y le mira fijamente—. Quizás es eso lo que te parece raro —sonríe cínico—. Pero ya no tienes tierras —sale de la cocina.
Germania vacila sin saber que quiere decir eso, frunciendo el ceño y entendiendo ALGO.
—¿Qué quiere decir eso? —frunce el ceño con el corazón un poco acelerado.
Roma se va a por las cortinas del comedor, tirando de ellas con fuerza hasta que se desprenden y a Alemania le va a doler la tarjeta de crédito cuando Seychelles se las cobre.
—¿Qué quiere decir qué parte?
—No pretendes conquistarme... ¿Qué pretendes?
—Nada, estoy de vacaciones —aparta unos cuantos muebles haciéndose espacio en el suelo, estirando la tela blanca semi transparente para que no queden arrugas, estirándola y luego doblándola—. ¿Qué pretendes tú?
—Y yo... —se queda viendo lo que hace el otro. Roma mide a palmos un par de cosas y corta por aquí y por allá, apañándose una túnica. Sonríe—. Oh... Haz una para mí.
—¿A cambio de qué? —le guiña un ojo, poniéndosela.
—¿Qué es lo que quieres, Rom? —pregunta con el ceño fruncido.
—¿A cambio de una túnica para ti? No lo sé, ¿qué me ofreces?
—No sé qué quieras, Rom. Realmente no sé qué quieras ni qué pretendas en este viaje —bufa.
—Ya te lo he dicho, nada, estoy de vacaciones... yo ni siquiera sabía que veníamos —repite volviendo a doblar la tela, recortando otra cosa —. Quizás deberías preguntarte qué crees o quieres tú que pretenda que no estoy cumpliendo y por eso no dejas de preguntar a pesar de ya haber tenido una respuesta.
Germania frunce el ceño y suspira.
—¿No vas a hacerme una túnica entonces?
—Quizás, si me ofreces algo mejor que tenerte todo el día desnudo… —trago de vino.
—¿Qué es lo que te parece que no te he ofrecido ya? —pregunta pensando en el maldito corte de pelo y la estúpida barba y los besos que ya le ha dado. Hasta le tomó de la mano. Niega con la cabeza apretando los ojos.
—No lo sé, pero no parece mucho —acaba de recortarse unos calzones de una pieza que se montan sin costuras, con un sólo cinturón, como la túnica.
Germania le mira con el ceño fruncido detestándole a él y a su maldita habilidad con las manos, sintiéndose especialmente desnudo.
—No te necesito. Ni a ti ni a tu túnica —murmura dándose la vuelta hacia la puerta para ir a ponerse otra funda de almohada mal amarrada en la cintura.
Roma suspira, tomándose otro trago de vino, acabando de vestirse y mirándole ir al cuarto.
Germania le mira de reojo antes de salir de la sala, habitualmente le detenía antes de irse. Gruñe al ver que no es así, saliendo al vestíbulo y dirigiéndose directamente a las escaleras
El romano le mira tomándose el vino y doblando la poca tela que ha sobrado de la cortina.
Germania gruñe cerrando la puerta, pellizcándose el puente de la nariz, preguntándose qué estaba yendo mal desde el principio. Estaba yendo MUY mal, por no decir completamente fatal. Suspira yendo hacia la cama.
Roma acaba por dejar por ahí la tela y se va a la cocina de nuevo a ver qué hay... saca una olla y pone agua al fuego tras encontrar las cerillas, para hacer pasta como le enseñaron sus nietos… todos los italianos son iguales.
Se sienta en la cama y quita la funda de la almohada. La descose tooooda consiguiendo tener un solo trozo de tela; y hace varias tiras más o menos anchas del lienzo, que procede a amarrar entre sí y luego a enrollarse en la cintura y entre las piernas haciéndose unos calzones anticuados como los que hacia él mismo cuando era pequeño.
Se oye a Roma cantar una canción que le enseñaron para medir el tiempo de cocción de la pasta mientras prepara los tomates para freírlos.
Frunce el ceño, mirando la ventana y pensando seriamente en atrancar la puerta y salir por ahí para largarse a su lado de la isla, pero... Si se iba no podría volver. Y al otro lado de la isla no había NADA, lo que implicaba tener que buscar donde dormir y que comer (le ruge la tripa de nuevo). No era justo que el idiota de Roma se quedara con la casa y trajera ropa mientras él tenía que irse a vivir a la playa.
Hace los ojos en blanco, levantándose para ir a la cocina de nuevo por otra cerveza. Si Roma no quería nada, pues que no lo quisiera, no lo necesitaba pero no planeaba cederle NADA del terreno útil de la isla.
—Ma n'atu sole cchiu` bello, oje ne', 'o sole mio, sta 'nfronte a te!
Germania entra a la cocina y se sonroja un poquito al oírle cantar, tratando de ignorarle a él y a eso que huele tan bien, yendo al refrigerador mientras Roma sofríe la cebolla y corta zanahorias, que le mira de reojo sin dejar de cantar para que no se le pase el tiempo.
A Germania se le hace agua la boca y le rugen las tripas otra vez porque eso que hace huele bueniiiiiisimo. Roma le sonríe echando el tomate en la cazuela y yendo a mirar a la nevera.
El sajón, que la ha abierto ya, mira adentro con aire crítico como eligiendo lo que va a comer de un montón de cosas conocidas, cuando lo que hace en realidad es tratar de conseguir ALGO que conozca. Levanta las cejas mirando los huevos y sonríe un poco, sacando tres.
Roma encuentra un paquete de salchichas de Frankfurt, que es lo más parecido a carne, sin dejar de cantar se vuelve al mármol, echando la zanahoria y mezclando un poco el sofrito para que no se le pegue, bajando el fuego... luego abre el paquete de salchichas oliéndolas y cuando decide que sí es carne, empieza a picarlas también con el cuchillo, mirando al germano de reojo.
Germania le mira de reojo también, hasta que le mira y da un saltito, sonrojándose, haciéndole un agujerito al huevo y empezando a bebérselo.
—Estoy preparando para los dos, no chupes huevos de esa manera en mi presencia que me pones nervioso —le comenta en ese tono de doble sentido sonriendo, yendo a sacar ya la pasta, bañándola para enfriarla.
Se sonroja más (aunque secretamente agradece que esté preparando esa cosa que huele tan bien para los dos...) con el comentario, abriendo la puerta del refrigerador y guardado uno de los tres huevos, bebiéndose el otro por sus propios huevos, que no se diga que le dice qué hacer.
Acaba de enfriar la pasta mirándole de reojo y le da otro meneo al sofrito, echando las salchichas, saca dos platos y reparte la pasta, probando una por si le falta sal. Poco decir es que Germania está BABEANDO, mientras saca otra cerveza del refrigerador y con bastante esfuerzo y cara de asco mira al romano.
—¿Quieres?
El moreno niega y saca del cajón lo que ha visto antes que se parece a lo que Alemania usa para abrir las cervezas, pasándoselo mientras controla el sofrito y busca especies abriendo potecitos, oliéndolos.
Germania se toma un par de minutos para conseguir abrir la cerveza con lo que le ha pasado Roma, pero parece ser mucho más efectivo que darle de golpes contra el mármol. Sonríe levemente cuando lo consigue sentándose en la barra esperando que Roma le pase su plato, un poquito sorprendido del silencio que no es TAN incómodo como se podría esperar.
—Ven —pide Roma cuando acaba de sazonar el sofrito, tomando un poco con la cuchara, soplándolo.
Germania se acerca a él mirando la cuchara. Roma abre la boca para que le imite, acercándole la cuchara a los labios. Pos nada, Germania abre la boca y se acerca a la cuchara para probarlo, escena que se ha visto incontables veces en la cocina de Berlín... con otros protagonistas.
—¿Le pongo más picante? —pregunta sonriendo, esperando el veredicto.
Germania prueba el preparado y quiero decir que le parece absolutamente delicioso, a pesar del picante. Hace hasta un poco los ojos en blanco mientras se relame, aunque sopla un poquito porque pica levemente.
—No más picante.
—Cuando lo mezcle con la pasta se bajara un poco —se ríe tomando igual la cazuela sin ponerle más, yendo a mezclarlo.
El rubio toma un laaaaaaaaargo trago de cerveza, con el doble de hambre que antes, mirándole hacer con la pasta ansioso porque le sirva. Roma monta los platos echándoles queso por encima y poniendo un tenedor en cada uno, llevándolos a la mesa.
—Trae mi vaso y mi botella de vino —pide.
Germania toma su cerveza con una mano, vaso y botella de vino con la otra siguiéndole, aunque creo que más que seguirle a él, está siguiendo a la pasta.
Deja los platos en la mesa y se sienta frente a uno de ellos, sonriéndole al germano cuando se acerca con el vino. Germania suspira y se sienta enfrente del otro plato.
—¿Qué pasaaa? —pregunta arrastrando la ultima letra mientras se sirve más vino, medio burlón.
—Llevo un buen rato preguntándote eso yo —replica un poco aliviado de que Roma hable de nuevo.
—Pero si ya te lo he dicho, ¿qué es lo que no entiendes? —pregunta empezando a comer.
Germania mira el plato y luego mira a Roma de reojo porque tiene problemas desde que empezaron con esto de la pasta para comerla. Se encoge de hombros metiendo los dedos.
—Me has dicho que no pasa nada, que estás de vacaciones y que no esperas nada... y aun así...
—¿Aja? —pregunta él sí usando el tenedor, pero ayudándose con las manos un poco.
Frunce el ceño metiéndose bastantes espaguetis a la boca, cerrando los ojos porque están BUENÍSIMOS, hasta desfrunce un poco el ceño, haciendo que el moreno sonría satisfecho al notar su cara, porque es la primera vez que los prepara.
—Aun ashi... —boca medio llena, traga —, no estás actuando normal.
—Claro que no.
—¡Finalmente lo admites!
—¿Finalmente? Pero si te lo he dicho antes... —sonríe.
—No, me has dicho que no pasa nada —protesta.
—Es que no pasa nada. Lo que pasa es que estoy de vacaciones.
—¿Y eso qué quiere decir?
—Pues... que no hago las cosas que hago cuando estoy trabajando —sonríe y el sajón parpadea —. ¿Sabes a qué cosas me refiero?
Mira su plato y se lleva otro bocado a la boca, frunciendo un poco el ceño y pensando. Las cosas que no hace... son las que hace cuando está trabajando. Eso no tenía sentido.
—Nein.
—Bien, vamos a analizarlo, ¿a qué me dedico yo?
—Yo qué sé, a ser idiota y a seducir a todo el mundo.
—Exacto —sonríe y toma un poco más de vino.
—Estas de vacaciones de... seducir —repite.
—Por lo visto de la idiotez no puedo tomármelas —le guiña el ojo y brinda con la botella de cerveza. Germania frunce más el ceño, sin tomar su cerveza pensando en ello.
—¿Entonces no vas a seducirme y a hacer tus jueguitos idiotas? —murmura metiéndose otro bocado de espagueti a la boca y cerrando los ojos—. Perfecto, siempre he esperado que llegue este día en que finalmente me dejes en paz.
—Eso mismo. Todo lo que haga por o para ti va a ser de manera desinteresada y porque me gustas, no para conseguir algo a cambio —asiente.
En este momento, desgraciadamente, no lo veía así. No lo pensaba ni siquiera un poco, y muy por el contrario, todos esos jueguitos estúpidos y sexuales eran los que echaba de menos. Frunce más el ceño con rabia consigo mismo por esto y luego abre los ojos para mirarle.
—Was? —pregunta levantando las cejas porque oooooootra vez su línea de pensamiento iba por otro lado. Roma le mira sonriendo y tomando un poco más de vino, nerviosito.
—Quid?
—Voy a repetir lo que has dicho porque no te explicas bien —mentira, lo que pasa es que no estás seguro de entender lo que te ha dicho. El latino asiente—. Siempre que estás conmigo es por interés y para conseguir algo a cambio.
—Mmmmm... No exactamente.
—Para que me anexe, siempre ha sido así.
—Sí, más o menos —asiente.
—Y ahora como no tengo nada... —inclina la cabeza. El latino le mira sin sonreír —. Lo que hagas o no hagas no será para que me anexe, sino por —se incomoda un poco—, mí.
Roma asiente, sonriendo un poco de nuevo y el germano toma aire, poniéndose un poco nervioso.
—¿Eso es desde ahora, o llevas todo el día con esa misma idea? —pregunta entrecerrando los ojos.
—Todo el día.
Aprieta los ojos, metiéndose otro bocado y pensando que entonces toodo el día lleva sin quererle besar demasiado, tensándose cuando le ha tomado de la mano y no hablemos del sexo... se sonroja, mastica y traga pensando que al menos esto es lo que es sincero de su parte.
—Entiendo.
Roma sonríe, volviendo a comer. El germano suspira de nuevo dándole un trago largo al a cerveza.
—¿No te sientes extraño por no tener que estar actuando cosas todo el tiempo? Debe ser distinto para ti.
—Bastante... aunque había menos actuación de la que pretendo hacer creer —asiente—. Además, no es tan horrible, me gustaba hacer eso y las cosas que conseguía, más allá de si tenía o no que hacerlas.
El rubio se sonroja un poco pensando en todas las cosas que conseguía con él, sin irse más lejos.
—El problema era estar seguro de qué quería yo realmente si todo el tiempo ponía por delante los intereses del imperio.
—¿Y qué querías tu realmente? ¿Tomar vacaciones? —pregunta tras pensárselo un poco y entender esto de la expansión y el conseguir más tierras. Él mismo habría querido más de alguna vez ceder y anexarse al puto imperio romano con tal de descansar un poco y terminar la tensión, en vez de estar peleando contra él todo el tiempo... de haber seguido al menos lo que él quería.
—Creo que sí —asiente y se ríe.
Germania le mira un instante y luego sonríe levemente.
—No teníamos "vacaciones" entonces, ni podíamos soñar con un lugar así... de haber venido alguien nos habrían invadido allá mientras tanto.
—Es cierto... no me desagrada la forma en la que se vive ahora, realmente es mucho más relajado.
—Yo no acabo de entenderla, pero... por primera vez en... nunca, siento que estoy aquí y no tengo que estar ni cuidando a los niños, ni cuidando mi casa. Es extraño, ja, y un poco... desalentador, pero si hubiera tenido que elegir con quien estar en... —se detiene a sí mismo y se sonroja—, nein, nein... es decir...
El latino sonríe y se sonroja un poquito, tendiéndole la mano hacia él por encima de la mesa.
—Juegas con mi cabeza... todo el tiempo —protesta mirándole la mano y sonrojándose más—. No es eso lo que quise decir.
—Yo también me alegro de estar aquí contigo antes que con cualquier otro —mueve los dedos para que le dé su mano.
Medio renuente, le da la mano sin mirarle. Roma se la aprieta un poco y tira de ella hacia él. Germania se acerca un poco hacia él, mirándole de reojo y el latino tira hasta darle un beso.
Y Germania se deja, sonrojándose más pero necesitándolo de manera bastante sorprendente incluso para él. Tras unos instantes, el romano se separa del beso y Germania se le va detrás, echándose un poquito al frente, pese a mis recomendaciones.
En cuanto lo nota le da otro beso suave, pero sin abrir los labios y Germania el impaciente frunce un poco el ceño y se separa. Roma sonríe, le aprieta la mano y se levanta.
—Was?
—Voy a hacer la siesta —le pone la mano en la mejilla.
—Ohh... —arruga la nariz pensando: aburrido.
—¿No quieres dormir tú?
—¡Pero si hay sol y luz!
—Por eso mismo, hay demasiado sol... —se acuerda y se quita la túnica.
Germania levanta las cejas sonrojándose un poquito y dejando de mirarle.
—¡Deja de desnudarte!
—Llévatela si vas a salir al sol o acabarás rojo como un tomate y no podrás ni moverte —le sonríe.
—Oh... —sonríe levemente porque le está dando una túnica! YEAH!—. Danke —susurra muy, muy bajito. Roma le guiña el ojo.
—Despiértame cuando haya bajado un poco el sol —pide pasándose una mano por el pelo y Germania se sonroja un poquito.
—Vendré a echarte un cubo de agua en la cabeza.
—Si no se te ocurre una forma mejor —se encoge de hombros.
Germania se sonroja un poquito más pasándose una mano por la mejilla. Carraspea.
—Te despertaré —murmura extendiendo una mano y tomando la túnica, echándosela por encima de los hombros en cuanto puede.
—Bien —se dirige hacia el cuarto tan tranquilo, sonriendo.
Germania espera a que se meta al cuarto antes de sonreír un poco más y pasarse la mano por el pelo, sintiéndose considerablemente más tranquilo que un rato atrás. Quizás las cosas no fueran tan mal... TAN mal...
Roma abre las ventanas para que corra el aire y se tira en medio de la cama abriendo brazos y piernas. Suspira.
Germania tarda exactamente tres segundos en salir otra vez de la casa, esta vez no a la playa sino a los árboles que hay en el centro, empezando a buscar algo, lo que sea, que le pueda llevar a Roma y le parezca algo novedoso y... que le guste. Se sonroja sólo de la idea de pensarlo.
El romano se queda tumbado en la cama pensando antes de dormirse la pregunta... LA PREGUNTA que le había hecho Germania que es... ¿Qué pretende? No tiene ni idea. ¿Pasarse los próximos días compartiéndolo todo sin tocarle? Cada vez que le besaba con un poco más de fuerza... maldita sea, antes al menos podía darse un par de revolcones con él antes de que las cosas empezaran a ser... raras.
Luego recuerda que de hecho ayer mismo se lo tiró cuando empezó todo este desastre y se lleva una mano a las regiones vitales porque tiene una imaginación muy vívida y una libido especialmente guerrillera.
Germania corretea felizmente por entre los árboles, con menos escozor y complicación que un rato antes. Al menos le había dado un beso y le había sugerido que fuera un rato más tarde a despertarle... Otra vez se sonroja solo, sacudiendo la cabeza y tratando de pensar en cualquier otra cosa menos en ESO. Falla miserablemente.
Pero... es que si pasaba con los besos, ¿Qué pasaría cuando todo fuera a peor? Gira en la cama haciéndose un poco bolita. Los niños decían que eso era bueno e increíble pero... La verdad es que estaba aterrorizado. Había conseguido calmar a Germania, estaba seguro y probablemente le creería más de ahora en adelante si le decía cualquier cosa, como cuando le había dicho que le gustaba, pero... ese no era el asunto preocupante.
Trata de hacer toooodo el tiempo posible, toooodo, recorriendo más de una vez la isla, yendo y viniendo y pensando que la isla es muy pequeña y que le cuesta un montón de trabajo distraerse pensando sinceramente en que luego volverá a la casa y todo irá más normalmente. Se sonroja otra vez... Tan feliz.
Estaba... quizás simplemente no estaba preparado para el futuro, a pesar de sus esfuerzos en observarlo e imitarlo todo.
En su exploración por la mini isla, encuentra un montón de unas flores muy, muy extrañas, y decide cortar una con el cuchillo de la cocina que se ha llevado antes y llevársela al romano... arrepintiéndose a los cinco minutos de tener la idea (y la flor ya cortada en la mano).
Roma se queda dormido, medio girado sobre la cama, con la cabeza en los pies, estrangulando un cojín con las piernas.
Germania escucha desde que se acerca al romano roncar y opta por hacer algo aún más ridículo que es ir a la ventana y asomarse. Y ahí está tirado en la cama hecho un desastre con un sueño agitado.
El germano frunce un poco el ceño al verle moverse como si tuviera pulgas, intentando entrar al cuarto y siendo detenido por el mosquitero de la ventana... así que tiene que irse a dar la vuelta enteeeera entrando por la puerta.
Entonces se mete al cuarto y ha tenido toooooooooodo el tiempo entre que lo vio por la ventana y ahora, para pensar qué coño va a hacer y entrar en pánico... ou yea, ahora son dos apanicados. Awesome.
Mira a Roma en la cama, que trae aun los calzones, se sonroja, se revuelve y se pellizca el puente de la nariz riñéndose a sí mismo por ridículo.
Germania se acerca a la cama un poco... mirándole, cada vez más nervioso, antes de sentarse en el bordecito y poner la flor en la mesa de noche, sintiéndose completamente absurdo y ridículo. Piensa por última vez en las últimas dos horas, que Roma al final le dijo que prefería estar aquí con él, y... cosas bonitas en general. También le había dicho claramente que fuera a despertarle.
Se sonroja mucho, mucho más con la idea de despertarle como le había despertado él, de un beso, y niega con la cabeza levantando un poquito una mano y tocándole el pelo.
—Rom?
Este se revuelve, pero no se despierta. Germania piensa una vez más que Roma es terrible e irritantemente guapo. Se sonroja, traga saliva y se levanta. Carraspea.
—Rom.
—¿Mm? —entreabre un poco los ojos.
Germania vacila, sentándose en la cama otra vez.
—Ehh... Ha-Hallo —susurra pensando que es inapropiado sentarse y volviéndose a levantar.
—Nnn —remolonea, hundiendo la cara en el colchón.
—Ya ha bajado bastante el sol, no hace tanto calor —susurra cambiando el peso de pie sin saber qué más hacer, esperando, como siempre, a que sea Roma el que resuelva y le atrape.
—Oh... —se masajea la cara y lo ojos.
—Encontré... mira —levanta la flor.
El romano le mira por entre los dedos y ahí está Germania tan mono, serio, con su cara de huelepedo, y su graan flor en la mano. Levanta las cejas, quitándose las manos de la cara.
—¿Qué es eso? —pregunta mirándola con curiosidad.
—Una flor —asegura extendiéndola hacia él y luego vacila—, ¡no te la traje a ti!
—Oh... —la mira y sonríe con esa aclaración, estirando la mano para que se la dé—. ¿Y a quién se la trajiste?
—La traje para mí —asegura sentándose en la cama.
—Ya veo... —la toma igual—. ¿Estás seguro que es una flor? Es muy rara.
—Estaba en la tierra y tenía hojas también. Pensé por un instante que sería un pájaro, pero nein.
—¿Qué vas a hacer con ella?
—Ehh... —cosasqueunotienequepensarantesdementir —... pues...
El latino le mira intensamente, a lo que Germania se sonroja hasta la punta del pelo y cierra los ojos.
—Dártela.
—Gracias —responde sonriendo, un poquito sonrojado. Germania abre un ojo, sonrojado aún, le mira—. Me gusta mucho —le sonríe.
El rubio traga saliva y se sonroja más acercándose un poquito hacia él, que sigue mirando su flor aun tumbado en la cama, con una sonrisita idiota. Se agacha un poco en la cama con los labios en beso. Roma le mira de reojo y entra en pánico sin moverse.
Germania se agacha más sobre él, cierra los ojos y le roza los labios, pero Roma tiembla un poco... y gira la cara, apretando los ojos dejándole la mejilla. El germano abre los ojos descolocado separándose un poquito.
Roma se muerde el labio sin mirarle.
—¿Por qué te quitas? —pregunta directamente en la primera pregunta que se le viene a la mente.
—Ah... —traga saliva, nervioso—. Yo...
Germania recuerda el asunto de las vacaciones.
—No quieres un b... —aprieta los ojos callándose e incorporándose, sonrojaaaaaaaaaaaaaado.
—Non! NON! —chilla con esa deducción.
Peor aún con la confirmación verbal. Suelta una grosería entre dientes en su instante tragametierraenesteinstante.
—¡No es eso! —aprieta los ojos tomándole del brazo.
—¿Y qué es lo que es? —pregunta en un chillido, his te ri co.
—Es... e-es... —vacila apretándole el brazo.
—¿Es qué? —protesta—, me has dicho antes que lo que hicieras era porque querías hacerlo y ahora dices que no es eso, Rom... No te entiendo. No quieres esto, vale, ya lo entendí, ahora déjame retirarme dignamente.
—Sí que quiero —aprieta los ojos llevándose las manos a la cara. Parpadeo, parpadeo germano.
—Lo que dices es poco convincente después de todo lo que has hecho hoy —suelta sincerote.
—¿Eh? —le mira desconsolado. Germania suelta el aire por la nariz ruidosamente.
—Rom, eres tú el que siempre... hace esas cosas, ¿sabes? Y hoy no las estás haciendo, y... —aprieta los ojos —, cada vez que las hago yo actúas como si no quisieras.
Se deja caer de espaldas sobre la cama otra vez con las manos en la cara y suelta una grosería. Germania parpadea otra vez
—Estás actuando como en el día dos.
—El... quid?
Germania se sonroja un poco.
—El día dos... —se mira las manos. Roma se quita las manos de la cara y le mira.
—Siempre hay dos días contigo, uno en el que actúas como tú y otro, cuando te hartas —carraspea—, y yo también —carraspea otra vez —, en el que actúas así.
—¿Me... harto?
—Pues lo que sea que hagas, lo que pasa en el día dos. Día dos, es el día en que te largas y hoy no puedes. Pensé que antes habría un día uno, pero... —hace una pausa —, acabo de caer en la cuenta que ayer mismo nos vimos, así que hoy es el día dos. No sé qué pasa después de hoy, ni qué pasa después de que no puedes largarte.
El sajón se incomoda una vez termina de hablar, mirándose las manos. Roma vuelve a cubrirse la cara soltando otro taco. Germania le mira y suspira extendiendo una mano hacia él.
Y ahí sigue el moreno cubriéndose los ojos un poco hasta dejar caer los brazos, derrotado, entonces Germania le toma del brazo y se acerca un poco a él.
—¿Por qué es que te largas siempre? —pregunta mirándole a los ojos.
—Yo... —retrocede un poco.
—Rom.
Este le mira en pánico con el corazón acelerado. Así que Germania levanta las dos manos, un poco desesperado y le toma de los hombros.
—Haz algo. Grítame o chilla o pégame o... dime por qué te largas.
Roma le mira a los ojos aun unos segundos y el otro le sostiene la mirada, impaciente, con ganas de sacudirle un poco. Pero Roma le salta encima y le besa.
Germania, que estaba a NADA de pedirle un beso por primera vez en su vida, agradece no haberlo tenido que hacer, apretando los ojos, abrazándole con fuerza y perdiéndose en el beso más rápido de lo que yo quisiera.
El latino le tira contra la cama o contra el suelo o contra lo que sea y de nuevo es un beso súper intenso, comiéndoselo y de nuevo se separa inesperadamente.
—Aaaaaargh... Nein! —protesta el sajón y Roma pelea por soltarse, así que Germania lo suelta —. ¿Qué haces? —protesta.
—Merda, merda, merda! —protesta poniéndose de pie y pateando la cama.
—Merda was?
—MERDA! —le grita.
—Merda was?! —insiste levantándose también y medio arreglándose las putas regiones vitales que no le dejan en paz —. ¡¿Qué es lo que quieres?!
—¡No lo sé, NOLOSÉ! —chilla y golpea la pared con el puño.
Germania hace los ojos en blanco, sin inmutarse demasiado con este arranque de furia.
—¿Por qué estás TAN histérico? ¡Si no pasa nada que no pase siempre, verdammt!
—¡Sí que pasa! ¡JODER! ¡SÍ QUE PASA! —toma cualquier cosa que haya ahí y se la lanza a Germania a la cabeza con furia.
El rubio la medio esquiva como puede, no sin pensar que Roma ha perdido la cabeza ahora sí. Aun así se lleva un buen jarronazo en la cabeza.
—¿Y QUÉ ES LO QUE PASA? —grita Germania de vuelta.
—Aaaargh —se da golpes en la cabeza contra la pared con esa respuesta.
—¡PARA! —grita Germania con el antecesor de voz de general nazi que no estamos seguros de que sirva contra Roma, pero bueno, es lo que hay. El moreno acaba con la cabeza contra la pared intentando respirar —. No voy a hacerte daño —susurra recordando que Roma lo que tiene es miedo.
El latino se da la vuelta y le mira levantando las cejas. Germania le sostiene la mirada sin saber si va a atacarle para matarle o si va a atacarle para besarle o las dos a la vez. Roma da un pasito atrás.
—Sigo sin saber por qué huyes —susurra el sajón.
Roma se plancha contra la pared con la respiración agitada y los ojos muy abiertos.
—No te estoy atacando... te estaba... besando.
—Yo hago... yo... —sigue planchado contra la pared.
El germano da un pasito hacia él, cayendo en la cuenta por primera vez que Roma le recuerda a sí mismo. Este se separa un poco más, nervioso, acercándose a la ventana. Germania nota que se le aleja otra vez, y suspira, echando la cabeza al frente derrotado. Se da la vuelta.
—Vete, Rom.
Roma parpadea y un segundo más tarde sale corriendo, saltando por la ventana… Y va a darse en la cara con el mosquitero, rompiéndolo.
Germania toma la flor y la tira de cabeza en el cesto de la basura, acostándose en la cama, mirando al techo y frunciendo el ceño, sin siquiera entender lo suficientemente bien como para siquiera sentirse genuinamente mal. ¡Joder con Roma, estaba LOCO!
Roma se quita sus calzones y de nuevo acaba directo al agua.
Bien... progreso... 2%. Eso es Germania... en otros años podemos sacarles de la isla quizás ya hayas conseguido el 3%. Germania nos fulmina a ambas aun en la cama acostadito.
Roma nada por una hora entera, subiendo a las piedras y saltando al mar, viendo los peces y jugando con las olas en general hasta calmarse. Vuelve a la casa chorreando agua por todas partes.
Y aun así, me gusta mucho Roma cantando para controlar el tiempo de la pasta... mi abuela les reza a lo huevos por lo mismo. ¡No olvides agradecer a Josita su beteo y edición!
