Palabras: 3326
Beta: Yin
Nota: ¡Más headcanons! ¡Nadie se salva de mis headcanons sobre los kwamis!
También me gustaría comentar que muchas veces, mientras escribía este capítulo, estuve escuchando una de mis bandas favoritas: Of Monsters And Men (OMAM). Creo que si tuviera que darle tres temas de ellos comos OST del capítulo, serían "Dirty Paws", "Backyard" y "Thousand Eyes". En ese orden.
—¿Qué es lo que estás viendo, Bugaboo? —preguntó Chat Noir, hablando a través de su bastón-teléfono celular. Wayzz se acomodó sobre su hombro para poder ver a Ladybug. Ese día ella llevaba una cola de caballo. Al héroe le encantaba cómo le quedaba.
—Es una mujer pájaro, emite unas ondas de destrucción cuando canta. Si es que a ello puedes llamarle cantar, claro —respondió ella, molesta.
—Recuerda que no debes interactuar directamente con el akuma.
—Lo sé, minou. Aunque creeme que no me faltan ganas de patearle ese trasero plumífero —Su mirada y su voz se tornaron serias—. Pero tú recuerda también que prometiste sólo hallar a Le Papillon, no enfrentarlo.
—A la orden, my lady. Ten cuidado. —después de una pausa corta, añadió canturreando—: Te quiero.
A pesar de la oscuridad de la noche, Chat Noir vio con claridad cómo Ladybug se tensaba y sus mejillas se ponían rojas para hacer juego con su máscara. Encontraba las reacciones de su compañera extremadamente adorables. Y sumamente graciosas, ¿para qué mentir? Disfrutaba cada segundo de ellas.
—Yo también te quiero, chaton. Te veo en un rato —Y cortó la comunicación.
—Parecía molesta —preguntó Wayzz con cuidado—. ¿Pasó algo?
—No, nada importante. Sólo que al akuma y a Le Papillon se les ocurrió atacar justo hoy, durante nuestra primera cita oficial —Sonrió, malicioso—. Y, si te soy honesto, yo también estoy con ganas de patear traseros malvados. Pero hice una promesa. ¿Vamos?
Chat Noir dio un salto y se embarcó en la aventura de hallar a su mayor enemigo. Seguía sin estar de acuerdo con el plan, pero, como se lo había remarcado Ladybug, él no había tenido una idea mejor. Así que cumpliría todo al pie de la letra: localizaría a Le Papillon con la ayuda de Wayzz sin ser detectado, pegaría la vuelta y volvería a ayudar a su dama. Una vez derrotado el akuma, estudiarían con la ayuda del Maestro Fu cómo proseguir.
En el mientras tanto, el kwami-tortuga guiaba al héroe mientras éste lo seguía de cerca.
—Wayzz, ¿puedo preguntarte algunas cosas que no entiendo?
—Por supuesto.
—En teoría, el poder de Le Papillon le permite crear campeones para que luchen en su lugar, ¿verdad?
—Exactamente.
—Entonces… ¿cómo puede ser que haya un solo akuma a la vez? Me imagino que, en una ciudad tan grande como París, debe de haber varias personas teniendo sentimientos negativos al mismo tiempo, ¿no?
—Rango y falta de compatibilidad —respondió Wayzz.
—¿Eh?
—Es decir que, por un lado, los poderes de Le Papillon tienen un gran alcance, pero aun así no llega a cubrir toda la ciudad; por el otro lado, él no fue elegido para ser portador de Miraculous —giró la cabeza y miró a Chat Noir—. Cualquiera puede usar un Miraculous, no obstante, no todo el mundo es compatible. Tú y Plagg lo son, Ladybug y Tikki también; pero él y Nooroo no. Por eso no puede sacar el máximo provecho a sus poderes, lo que se traduce a que no puede manipular más de un akuma a la vez. Ha habido maestros de la mariposa capaces de levantar cuatro o cinco campeones a la vez, todo depende de sus capacidades. Uno, hace un par de siglos, llegó a siete.
—Tiene sentido… —dijo Chat Noir, pensativo.
—Sin embargo —continuó, frunciendo el entrecejo—, entre más en contacto están un kwami y su amo, más fuerte se vuelve su lazo... Y el amo comienza a despertar habilidades, aunque a mucha menor escala, que son parecidas a las que posee cuando se transforma.
—No… comprendo. ¿Acaso podré empezar a usar Cataclysm fuera de batalla?
—No, no; por ello digo que es a menor escala. Tiene más que ver con lo que cada kwami representa —Al notar que Chat Noir no terminaba de entender, siguió—: Por ejemplo, la tortuga, en la mitología (y en este caso, yo), representa longevidad y salud.
—Ajá.
—El Maestro Fu tiene más de 180 años y ha desarrollado poderes de sanación.
—Oh… ¡Oh! —Se sorprendió el héroe. Ahora todo cuadraba.
—Además, si bien no puede leer auras como yo, sí posee una gran intuición que le permite juzgar a las personas sin conocerlas mucho. Por ello los guardianes son siempre héroes de la tortuga: por los poderes que obtienen de mí.
—Es algo así como… ¿Que se te pega lo de tu kwami?
—Dicho de una manera sencilla, sí —Rió Wayzz, mas su voz no tardó en recuperar la seriedad—. Nooroo confiere a su amo la habilidad de crear campeones. Así que, después de un determinado tiempo, Le Papillon sabrá persuadir o arengar mejor a las personas para su conveniencia sin la necesidad de transformarse. Dudo que esté al tanto de ello, pero no deja de ser peligroso. Por ello es imperativo que rescatemos a Nooroo lo más pronto posible.
Chat Noir no respondió. A pesar de la gravedad de lo que Wayzz acaba de responderle, había otra cosa que le preocupaba. Recordó que él tenía el poder de la destrucción y Ladybug el de la creación. Esperó que ella tuviera todo bajo control en ese momento. Tuvo que tomar coraje para hacerle la siguiente pregunta:
—Wayzz, si Plagg me confiere el poder de la destrucción, ¿significa que eventualmente arruinaré todo lo que toque?
—Oh, no, no, no —El kwami se volteó y le regaló una sonrisa tranquilizadora—. Tu poder y el de Ladybug son un poco más abstractos y complejos que los de los demás. Por ello ustedes dos son los únicos que se complementan el uno con el otro, mientras que los otros cinco somos algo así como su soporte —Hizo una pausa, pensativo—. No pienses al poder de la destrucción como algo inherentemente malo, por más que a Plagg le guste dárselas de villano. Veamos… Imagínate que hay un derrumbe y se forma una suerte de dique que bloquea el paso del agua de un río. El agua empieza a desbordarse de un lado, mientras que del otro empieza a haber una sequía. ¿Qué harías?
—Necesitaría destruirlo para que todo vuelva a su orden natural —dijo después de saltar de un tejado a otro.
—Efectivamente. En el caso de Ladybug, ella, el poder de la creación, erigiría el dique si fuera necesario. Así se complementan. En tu caso particular, Chat Noir, fuiste elegido porque deseabas romper con tu antiguo estilo de vida; pero cuando viste al Maestro Fu caído sin que nadie lo ayudara, sacrificaste tu posibilidad de entrar a la escuela para ir a socorrerlo.
—¡Es verdad! ¡Ya sabía que había visto al Maestro Fu en algún lado!
—Hemos estado más cerca de lo que te imaginas, Chat Noir —rió nuevamente Wayzz—. También hay otra razón por la cual se complementan: a veces el exceso de "creación" o el de "destrucción" pueden crear un desbalance mágico. Por ello son las dos caras de una misma moneda, para evitar que cualquiera de los dos caiga en los extremos.
—Ya veo. Gracias por la explicación.
—No hay de qué.
El kwami no agregó nada más hasta unos minutos después.
—Por aquí. Estamos cerca.
Se hallaban en una zona residencial, cuyas construcciones eran casas o casonas con jardines y con varias décadas encima. Un par de tejados y varios saltos más adelante, Wayzz le indicó dónde sentía la ubicación de Le Papillon con más intensidad. Agregó que Ladybug seguramente todavía estaría entreteniendo al akuma, por la manera en la que la energía de Nooroo se manifestaba. Ya habían cumplido su misión, así que era hora de volver para ayudar a su compañera.
No obstante, Chat Noir no podía quitarle los ojos de encima al lugar donde se encontraba su enemigo. La casa no llegaba a ser una mansión, pero no era particularmente pequeña tampoco. Tenía dos pisos y una cúpula con un ventanal redondo coronándola en el medio. Las ventanas y la puerta principal estaban tapiadas con largos tablones de madera; las paredes, cubiertas de humedad y enredaderas. A pesar de ello, la casa seguía ahí en pie con toda su dignidad, rodeada de un jardín que claramente no había sido cuidado en años.
Sintió que él la había visto alguna vez.
—Quédate aquí, Wayzz, voy a echar un vistazo.
—¿Qué? ¡No, Chat Noir! —le rogó desesperado—. ¡Se supone que debemos volver!
Pero él hizo oídos sordos. Con un sigilo que haría a cualquier gato orgulloso, cruzó el jardín y se acercó a inspeccionar las ventanas. Tal y como lo había esperado, dio con una que tenía las tablas mal colocadas. O quizás el tiempo las había aflojado un poco. Tomó su bastón y lo usó como palanca para quitar las tres tablas inferiores, lo suficiente para poder entrar cómodo. Y así lo hizo. Se quedó quieto por unos segundos, tratando de agudizar sus sentidos. Nada se oía, nada se movía. Agradecido con la máscara que le permitía ver en la oscuridad, observó la habitación en la que se encontraba. Era una enorme sala de estar. Le sorprendió encontrar la casa todavía amueblada, con sábanas viejas y otras telas cubriendo mesas, sillas, sillones y otros muebles para que no se llenaran de polvo.
Sintió una opresión en el pecho. Definitivamente no era la primera vez que ponía un pie en ese lugar.
Con mucho cuidado, salió de la sala y recorrió la planta baja. Una cocina, un comedor con una mesa para diez personas, una sala más pequeña con unas escaleras que conducían al segundo piso, el hall de entrada. Buscó la entrada a un sótano, mas de alguna forma sabía que allí no habría ninguno. Algo en su interior le rogaba a gritos que se diera la vuelta y esperara a estar con su dama para volver. Pero un sentimiento de nostalgia y de intriga lo obligaban a quedarse. Luego de una discusión interna entre ambos bandos, el sentido común perdió. Volvió a donde había encontrado las escaleras y las subió, crispándose cada vez que un escalón delataba su presencia.
El piso superior estaba tan desierto y silencioso como el que había dejado atrás. La mayoría de las habitaciones eran dormitorios, también había un par de baños mohosos, una sala de juegos y un estudio. La biblioteca de éste y sus libros estaban sumergidos en una espesa capa de polvo. Chat Noir decidió que cuando todo el asunto con Le Papillon terminara, volvería para rescatar a esos pobres libros del olvido.
Era evidente que su enemigo no se había percatado de su presencia. Y que se encontraba o bien en una habitación oculta o bien en la cúpula. El acceso a ésta, una escalera que desembocaba en una trampilla, había estado en una de las habitaciones más grandes. Se mordió el labio dudoso. "La curiosidad mató al gato", decían. No obstante, mucha gente desconocía el resto de la frase: "Pero la satisfacción lo trajo de vuelta".
"La curiosidad mató a Chat Noir, pero Ladybug lo trajo de vuelta con su Lucky Charm para estrangularlo ella misma" era más adecuado para él. De cualquier forma, estaba decidido a no morir.
Subió los escalones agachado, ayudándose con las manos delanteras y esperando que esta vez el ruido de la madera no fuera tan delatora como la anterior. O no lo era o había tenido la fortuna de pisar en los lugares indicados. Se asomó con lentitud.
Y allí estaba. Frente al enorme ventanal y dándole la espalda, se erigía la silueta de un hombre vestido de traje, cuya sombra se proyectaba ominosa casi llegando hasta donde se encontraba Chat Noir. Sobre su rostro flotaba el contorno de una mariposa, como tantos otros que había visto sobre las caras de los akuma. Sólo la intensa luz de la luna iluminaba el lugar. Miles de maripositas blancas reposaban llenas de calma sobre el piso, algunas incluso sobre las paredes adornadas con refuerzos de metal. Pero la mayor concentración de insectos estaba a los pies de Le Papillon. Estando tan juntas una de la otra, parecían una gruesa alfombra de luz.
Por un segundo, le pareció que la figura se desdibujaba, se ponía borrosa. Como si algo hiciera interferencia sobre ella.
Su enemigo estaba muy ocupado con su akuma, al cual le ordenaba que le arrebatara el Miraculous a Ladybug (buenas noticias: ella seguía en pie y peleando); por lo que ignoraba la presencia del otro héroe. Era una oportunidad perfecta, pero ¿qué podía hacer? Consideró la idea de arrebatarle el bastón que blandía de aquí para allá cada vez que llamaba idiota al akuma, quizá con eso rompería el vínculo que los conectaba.
La figura volvió a borronearse. Esta vez, no obstante, le pareció ver a otra persona. ¿Quizás el Miraculous de Nooroo se había dañado, y por lo tanto su magia esconde-identidades se desvanecía momentáneamente? ¿O tal vez se tratara de aquello que Wayzz había notado del aura del kwami mariposa?
Estudió sus posibilidades. Reconoció que había hecho mal en venir: no sólo porque estaba sin compañía, sino que quizás con la ayuda del libro y del Maestro Fu, hubiera obtenido más información sobre los poderes y las debilidades de Le Papillon. Maldita sea, ni siquiera había preguntado qué clase de joya era el Miraculous de Nooroo. No obstante, sí contaba con el factor sorpresa como su mayor aliado. Volvió a sopesar la idea hacerse con el bastón de su enemigo… O probar si su Cataclysm era capaz de destruir al susodicho objeto. ¿Pero… si el bastón era el Miraculous? ¿O la joya que adornaba su punta? ¿Significaría el fin del kwami si desintegraba alguno de los dos? Utilizar su propio poder sobre el hombre fue también barajada, pero temía causar un daño irreversible. Le Papillon podría ser una persona horrible, mas él no se rebajaría a su nivel.
Recordó que hacía unas semanas el Lucky Charm de Ladybug había arreglado la máquina de golosinas que él había asaltado, incluso estado a una distancia no menor. Y había sanado la herida de su compañera al punto de dejarla como nueva. El poder de la creación todo lo podía, todo lo regeneraba. Le hubiese gustado saber si también funcionaba con objetos mágicos, como los Miraculous. Wayzz le había dicho que el gato y la mariquita representaban los aspectos más poderosos; quizás la respuesta a su pregunta era un sí.
Le Papillon volvió a insultar la inteligencia del akuma que estaba controlando en ese momento, lo cual trajo a Chat Noir de vuelta a la realidad.
—Cataclysm —susurró casi inaudiblemente.
Sintió cómo una oleada de poder nacía de su palma y empezaba a danzar por sus dedos, generándole un cosquilleo. Decidió confiar en que todo saldría bien al final. Ladybug podría arreglarlo seguro. Su dama todo lo podía.
Se agazapó para tomar impulso y saltó. Sólo cuando el héroe estuvo en el aire, Le Papillon se percató de su presencia. Mas no fue lo suficientemente rápido por culpa de su sobresalto. Con la mano en la que había invocado Cataclysm, Chat Noir le arrebató su bastón. Aterrizó unos tres o cuatro metros de su enemigo, haciendo que las pequeñas mariposas blancas escaparan para no ser aplastadas. Sonrió triunfante y con petulancia a su enemigo mientras observaba cómo se desvanecía el contorno de mariposa que lo vinculaba al akuma. Unos segundos después, el bastón se había deshecho en una humareda lila y violeta.
—Interesante —dijo el héroe mirando su mano vacía.
—Chat Noir, pero qué agradable sorpresa —habló Le Papillon con voz aterciopelada—. ¿Has venido a entregarme tu Miraculous por las buenas? ¿Es por eso que dejaste a Ladybug sola?
—Podrías haber elegido una frase menos cliché para mi bienvenida —se burló mientras tomaba su bastón y se preparaba para la batalla. Teatralmente agregó—: Y para tu información, Ladybug me lleva siempre en su corazón; y yo a ella.
El hombre hizo caso omiso al comentario. Su imagen volvió a emborronarse, pero Le Papillon permaneció inmutable. Chat supuso, casi con seguridad, que no estaba al tanto de ello. Allí fue cuando notó que un broche de mariposa adornaba su pecho, esa era la joya que tendría haberle quitado.
—Es una pena que no hayan venido los dos… a decir verdad, hubiese preferido obtener ambos Miraculous juntos —Colocó los brazos detrás de la espalda, lo cual le dio un aire regio—. Pero supongo que uno es mejor que ninguno.
—¿Qué te parece si hacemos exactamente lo opuesto? Tú me das el Miraculous que robaste, te entregas a las autoridades, yo vuelvo a los brazos de mi dama y terminamos con esto de una vez por todas.
—Chat Noir, creo que si hay algo en lo que tú y yo podemos estar de acuerdo, es que no hay nada divertido en eso —Le sonrió con malicia. El héroe no pudo evitar contagiarse de él.
—Quisiera decir que voy a extrañarte, Papillon; pero estaría mintiéndome.
Se abalanzó sobre el hombre. Había usado Cataclysm hacía un rato, no tenía tiempo que perder. Extendió su bastón y lo blandió, buscando dar un golpe certero para derribar a su enemigo y quitarle el Miraculous. Con cada paso que ambos daban —Chat avanzando y Le Papillon retrocediendo—, las mariposas huían de la batalla, elevándose como si fueran una nevada invertida. Para la sorpresa del joven héroe, Le Papillon esquivaba su arma con destreza y gracia. Esperó que el hecho de que él fuera compatible con Plagg y su enemigo no lo fuera con Nooroo le diera cierta ventaja; o que al ser un Miraculous "soporte" fuera menos poderoso. No obstante, reconoció a regañadientes las habilidades de su enemigo.
Los intervalos entre los que la figura de Le Papillon se difuminara se hacían cada vez más y más frecuentes. ¿Tendría que ver con el hecho de que le había arrebatado y destruído el arma? ¿O se trataba de Nooroo, manipulando su magia y energía?
Al mismo tiempo que el anillo de Chat Noir emitía un ¡bip! de advertencia, el bastón de Le Papillon se volvió a formar en su mano con una luz violeta.
—Ya veo. Puedo destruir cosas mágicas, pero sólo temporalmente.
—Una pena, ¿verdad, Chat Noir?
—¡Pfft! Puedo derrotarte aún estado armado, Papillon.
—Veamos, entonces, si tus acciones reflejan tus alardes.
Ambos dieron un salto hacia adelante al mismo tiempo, casi sincronizados. La imagen de su enemigo se borroneó una vez más… sólo que esta vez pudo ver con claridad que la persona bajo la máscara no era otro sino su padre. El héroe se detuvo en seco, helado ante la revelación imprevista; lo cual significó una apertura que Le Papillon aprovechó para propiciarle un golpe con su bastón en la cien. Chat Noir cayó y rodó por el suelo, aturdido. Levantó la vista para observar a su enemigo acercarse lentamente.
—Ahora veo que eres más palabrería que otra cosa, joven héroe.
—Sé quién eres —farfulló mientras trataba de ponerse de pie—. Sé quién eres tras la máscara.
Eso hizo que Le Papillon se congelara, y su sonrisa se borrara. Negó con la cabeza y en sus labios se dibujó una curva que mezclaba victoria y crueldad.
—Eso no importa. Ya perdiste esta batalla, Chat Noir —Tomó su bastón y lo señaló con la punta enjoyada—. Cocoon.
Las mariposas blancas probaron no ser únicamente parte de la decoración del lugar. Todas y cada una de ellas se arremolinaron, intensificando su brillo, en torno a Chat Noir, encerrándolo en lo que parecía una cárcel lumínica. Trató de dispersarlas haciendo girar su bastón, pero eran demasiado pequeñas y, por cada una que lograba alejar, otras miles tomaban su lugar. Entre ese caos de alas y antenas, pudo divisar la espalda de Le Papillon una última vez. Cuando éste se volvió para despedirlo con una última sonrisa petulante, el héroe vio a su padre nuevamente. Entonces los insectos empezaron a achicar el espacio que lo rodeaba hasta unirse los unos con los otros. Cambiaron el blanco fantasmal por un negro de muerte y se endurecieron. Chat Noir sintió cómo algo serpentino lo envolvía hasta dejarlo inmovilizado y se vio atrapado en un mar de oscuridad.
Nota: Satán llamó. Me preguntó cuándo bajo a tomar su lugar. Le dije que esperara a que termine el fic y luego iba para allá :V
Edit 19/7/16: Recibí un par de mensajes de "guests" que, por obvias razones, no puedo contestar. Siempre pueden pasarse por mi tumblr (nanamiii) y preguntarme por ahí.
