Capítulo 9: Dos opciones.

Guen, Abi y Shuten seguían mirando anonadados a Zeno a través de la especie de ventana mágica que había creado Hiryuu.

-¿De verdad ese es Ouryuu? ¿Zeno? – preguntó el dragón blanco rompiendo el silencio, reflejando los pensamientos que también tenían los otros dos dragones.

Una parte de ellos no podía creerse que aquella bestia salvaje que despedazaba a sus enemigos con tanta frialdad pudiera ser el mismo Zeno al que habían visto horrorizarse ante la simple visión de la sangre fresca cuando les acompañaba a los campos de batalla.

Zeno siempre había sido un pacifista, no le gustaban las guerras ni las batallas. Pero esa bestia dorada parecía habituada a la muerte y a la destrucción, persiguiendo a los soldados que huían sin mostrar piedad alguna, como si se negara a que la batalla terminara hasta que no quedara nadie en pie.

Ese no era el Zeno que conocían, no podía serlo. Sin embargo allí estaba Hiryuu para decirles una vez más las palabras que no querían oír.

-Sí, él es Zeno – repitió Hiryuu, pareciendo realmente apesadumbrado.

-Pero… ¿qué le ha pasado? – atinó a preguntar Abi estupefacto -. ¿De dónde han salido todas esas escamas doradas? ¿Por qué parece como si tuviera los poderes de Hakuryuu y Ryokuryuu?

-Ya sabéis que Zeno sana rápidamente de sus heridas – comenzó a explicar Hiryuu -. Pero además, cuando las heridas llegan a un punto crítico, su cuerpo genera esas escamas doradas para defenderse. Esas escamas son impenetrables, ni siquiera por el acero más afilado, y le confieren un poder equivalente al de Hakuryuu y Ryokuryuu en sus extremidades.

-¿Quieres decir que ese idiota desde el principio ha tenido el potencial de ser como Hakuryuu y yo juntos en un solo cuerpo? ¡Eso es de locos! – espetó Shuten.

-Un poder tan grande debe tener un terrible efecto secundario. Como me pasa a mí cuando me paralizo al abusar del poder de mis ojos – razonó Abi.

-Así es – corroboró Hiryuu a su pesar -. El poder de Zeno trae consigo una maldición. Aunque muchas personas, a primera vista, podrían llegar a considerarlo la mayor de las bendiciones.

-¿Qué quieres decir? ¿Cuál es la maldición del poder de Ouryuu? – preguntó Guen, temiéndose ya lo peor ante el semblante sombrío de su antiguo Rey.

-Como el mismo Ouryuu dijo, su poder es un cuerpo robusto que no puede ser herido, un cuerpo inmortal – Hiryuu hizo una pausa, y los otros tres se tensaron al pensar en las implicaciones que podría tener lo que el Rey acababa de decirles -. Zeno no puede morir – añadió el antiguo dios dragón.

Todos se quedaron en silencio durante unos segundos mientras asimilaban sus palabras.

-¿Cómo que no puede morir? – inquirió Guen, aun escéptico -. Aunque no pueda morir por una herida física, Zeno se hará viejo como todos ¿no? Entonces debería morir.

Hiryuu negó con la cabeza.

-Zeno no ha envejecido desde que bebió la sangre de dragón. Él no envejecerá nunca y tampoco hay ninguna manera de que muera. El mismo Dios Dragón Ouryuu me lo ha confirmado – afirmó el Rey Hiryuu.

-Pero eso no es malo ¿no? – intervino Shuten, llamando la atención de todos -. Quiero decir, si no puede morir y puede tener el mismo poder que Hakuryuu y yo, entonces es el maldito guerrero perfecto. Nadie podría derrotarle. Y si goza de juventud eterna, puede estar haciendo lo que le dé la gana para siempre. Es un chollo.

-Eres tan bruto – le reprendió Abi indignado -. Tienes el cerebro tan pequeño que no alcanzas a entender todas las implicaciones que esto tiene para él.

-¡El que tiene el cerebro pequeño eres tú, cabeza de pájaro! – se defendió Shuten cabreado -. ¿Y qué quieres decir con eso?

-Zeno nunca podrá ir a los cielos – intervino Guen, con el humor ensombrecido -. La promesa que hicimos de reencontrarnos ya nunca podrá cumplirse. Nunca podremos volver a estar con nuestro hermano – sus palabras fueron seguidas por un denso silencio -. Zeno verá como todos a su alrededor mueren mientras que él permanece eternamente inmutable, incapaz de avanzar hasta los cielos como todos los demás. Él jamás sabrá lo que hay más allá de la muerte. Aceptó el poder de Ouryuu sin saber qué era lo que le esperaba al final. ¿O acaso me equivoco, majestad?

-No. Todo lo que has dicho es cierto – confirmó Hiryuu, con el ánimo también ensombrecido.

-¿Cómo ha podido Ouryuu hacerle esto? ¿Cómo pudieron consentirlo los demás dragones? – preguntó Guen indignado, perdiendo por primera vez el respeto que siempre les había tenido a las deidades, al ver que eran capaces de cometer semejante atrocidad -. ¿No podéis hacer nada para revertir esto, majestad?

-Hablé con mis hermanos dragones al respecto nada más regresar a los cielos, pero ya no se puede hacer nada. El mal está hecho…

-¿Son incapaces de deshacer lo que ellos mismos han hecho? ¿Qué clase de Dioses son entonces? – espetó Shuten, que ya parecía haber comprendido el autentico alcance de la situación. Ni Guen ni Abi le reprendieron por su falta de respeto, ya que ellos también estaban indignados y cabreados en este momento.

-Hay determinadas reglas que se deben respetar, incluso entre los Dioses, si no se desataría el caos – trató de razonar Hiryuu -. Al igual que aunque yo quisiera volver a ser un Dios Dragón me resultaría imposible, al haber renunciado a ello para convertirme en un ser humano, hay algunas decisiones que son irreversibles.

-Estupideces – volvió a espetar el dragón verde.

-Pero nos has confirmado que Zeno no sabía las consecuencias que tenía aceptar el poder de Ouryuu al beber la sangre ¿no? – intervino Abi -. Eso no es justo. Él no es como usted, que sabíais a qué os exponíais cuando renunciasteis a vuestro antiguo rango. En su caso, se debería poder hacer una excepción.

Hiryuu negó con la cabeza.

-Es imposible, Abi. Lo siento.

-Con todos mis respetos, majestad – comenzó a hablar Guen, aunque su tono no era muy respetuoso -. Si realmente lo sintierais, habríais actuado de otra manera. Nos tendríais que haber dicho esto antes, cuando aún estábamos vivos; y no ahora, que ya no podemos hacer nada para ayudar a Zeno a soportar su carga. ¿Ni tan siquiera se lo dijisteis al mismo Zeno?

-No, no tuve el valor – reconoció el Rey Hiryuu apesadumbrado y aceptando sus reproches sin rechistar -. Es cierto que tal vez debí actuar de otra manera, compartir mis tribulaciones con vosotros, o por lo menos decirle lo que pensaba a Zeno cuando él me preguntó si sabía en qué consistía el poder de Ouryuu en mi lecho de muerte.

-Así que esa es la pregunta sin responder que mencionó Zeno – añadió Abi, recordando su breve charla con el dragón amarillo en santuario del Rey Hiryuu.

-Así es – confirmó el antiguo Dios Dragón -. En ese entonces Zeno ya comenzaba a sospechar sobre el verdadero alcance de sus poderes, pero yo no quise confirmar sus sospechas por si acaso podía conseguir revertir la situación una vez que regresara a los cielos – el Rey suspiró pesadamente y dejó caer aún más sus hombros -. Aunque en el fondo sabía que eso sería imposible, supongo que no quería perder la esperanza de que todo se arreglaría al final.

-Pero no ha sido así – afirmó Guen, sin rastro de rencor en su voz, solo estaba señalando un hecho.

-Así es – corroboró Hiryuu -. Durante todo el tiempo que he pasado en los cielos, contemplando vuestras acciones desde aquí, me he estado arrepintiendo de haber guardado silencio. De no haber hecho más. Desearía poder descender de los cielos nuevamente para estar junto a Zeno, pero eso me va a resultar imposible hasta dentro de muchos años, así son las reglas. Por eso mis hermanos dragones llegaron tan lejos para asegurarse de que hubiera alguien que soportara el tiempo suficiente en la tierra para protegerme cuando ese momento llegara.

-Ese alguien es Zeno – añadió Guen con tono sombrío.

-¿Pero Ouryuu no podría haber hecho que su poder fuera hereditario como los nuestros? ¿Por qué era necesario ser tan extremos? – inquirió Abi.

-Los Dioses dragones acordaron que sería mejor que alguien estuviera siempre ahí para cuidar del legado de su sangre y guiar a mis futuras encarnaciones en la tierra. Ouryuu fue el encargado de esa tarea, y por eso creo un guerrero inmortal, capaz de ser el soporte y el escudo de todo lo que ellos iban a construir.

-¿Qué se podía esperar de unos Dioses? – espetó Shuten cabreado -. Se creen con derecho de disponer de la vida de los humanos a su antojo. Les importa una mierda las consecuencias de sus acciones siempre y cuando se cumplan sus objetivos. No me extraña que la gente cada vez esté perdiendo más la fe en ellos.

Un denso silencio siguió a sus palabras. Guen y Abi se veían incapaces de refutar sus crudas palabras después de las últimas revelaciones. Mientras que Hiryuu parecía realmente apesadumbrado, con los hombros caídos y la mirada gacha.

-Lo siento mucho – habló Hiryuu, sacando a los demás de sus pensamientos -. Todo esto no habría pasado si yo no hubiera sido tan egoísta, si no hubiera insistido en descender de los cielos y convertirme en humano.

-Usted solo sacrificó su poder como Dios Dragón para guiar a la humanidad hacia la paz. Usted lo dejó todo por su amor a la humanidad, no se os puede reprochar nada – le disculpó el dragón blanco -. No hicisteis daño a nadie salvo a usted mismo. No hubo nada de egoísmo en vuestras acciones.

-Mis hermanos también hicieron lo que hicieron por amor a mí. No podían soportar verme sufrir sin hacer nada – trató de justificar el antiguo Dios dragón.

-Pero, en vez de hacer algo en persona, ellos pasaron su carga y su responsabilidad a otros – razonó Abi -. Actuaron egoístamente, sin pensar en las consecuencias o en quienes sufrirían por sus acciones.

-Vuestras acciones no se pueden comparar – añadió Shuten -. Ya que tú actuaste como un idiota, pero con buenas intenciones; y ellos simplemente fueron unos tiranos cabrones.

-¿Por qué siempre tienes que ser tan bruto a la hora de elegir las palabras, Shuten? – inquirió Hiryuu, sin poder evitar esbozar una leve sonrisa, a pesar de la gravedad de su conversación.

-Solo soy sincero – se limitó a declarar el dragón verde.

Un nuevo silencio se volvió a formar entre ellos, hasta que Hiryuu lo volvió a romper.

-No tiene sentido seguir discutiendo sobre el pasado. Se nos está agotando el tiempo.

-¿El tiempo para qué? – preguntó Guen, expresando los pensamientos de todos.

-Como os he dicho, no se puede cambiar lo que está hecho. Pero aún puedo utilizar el poder y la influencia que me quedan para hacer una última cosa. – Hiryuu hizo una pausa y los tres se quedaron en silencio, expectantes -. Puedo hacer que vuestra promesa de reencontraros se cumpla.

-¿Qué quieres decir? – inquirió Abi confundido.

-¿Acaso no acabas de decir que Zeno no puede morir, rey idiota? ¿Entonces cómo demonios nos vamos a reencontrar? – espetó Shuten.

-No puedo hacer que Zeno venga a los cielos – corroboró el dragón rojo, con tono solemne -. Pero puedo hacer que vosotros lleguéis a él.

-¿Cómo? ¿Nos vas a devolver a la vida? – preguntó Guen confundido.

-Claro, ¿y qué más? ¿Inmortalidad gratis para todos? – intervino el dragón verde sarcástico.

-No puedo devolveros a vuestros antiguos cuerpos – aclaró Hiryuu -. Pero puedo enviar vuestras almas de vuelta a la tierra.

-¿Nos convertiríamos en fantasmas? – inquirió Abi abriendo ampliamente los ojos.

-Eso podría ser divertido – Shuten mostró una sonrisa afilada.

-Algo así – les confirmó el dragón rojo, con una leve sonrisa divertida por sus reacciones.

-Explíquese mejor, por favor – le pidió el dragón blanco.

-El medallón dorado que le di a Zeno aún permanece en el mundo de los vivos y contiene parte de mi esencia vital. Una parte del Dios dragón que fui una vez quedó sellada y tomó la forma de ese medallón, es un objeto divino. Puedo utilizar su poder latente para atar vuestros espíritus a él, y así vuestras almas podrían permanecer en el plano terrenal sin desintegrarse o corromperse. Podríais llegar hasta Zeno en espíritu – los tres guerreros dragones permanecieron en silencio, asimilando sus palabras -. Pero esto también tendrá consecuencias.

-¿Qué quieres decir? – intervinieron Guen y Abi a la vez.

-Una vez que vuestras almas queden ligadas al medallón, la unión no se podrá deshacer. Es algo irreversible. Quedareis atados al objeto mientras esa parte de mi esencia vital permanezca en el mundo de los vivos. Os quedaréis atrapados en el mundo terrenal durante lo que podría ser una eternidad.

-En otras palabras – habló Guen, una vez hubo asimilado sus palabras -. ¿Nos volveremos igual que Zeno?

-En cierto modo sí, pero no sería lo mismo. Zeno está atrapado en su propio cuerpo, mientras que vosotros estaríais unidos a mi esencia vital latente a través de vuestras almas y el vínculo y la promesa de sangre que compartís conmigo.

-Pero eso nos permitirá estar al lado de Zeno durante su vida inmortal, ¿no? Eso es lo que importa. Entonces yo me apunto – declaró Guen sin dudar.

-Entiendo los motivos de tu ímpetu Guen, pero no deberías aceptar algo así tan precipitadamente – le reprendió levemente el dragón azul, antes de dirigirse a Hiryuu - ¿Zeno podrá vernos? ¿Podremos comunicarnos con él de alguna forma?

El dragón rojo negó con la cabeza.

-Lo siento, pero no.

-Pero Zeno es sacerdote, ¿no? – señaló Guen confundido -. Supuestamente debería poder oír las voces de los Dioses y otros espíritus.

-Antes de ser un guerrero dragón podía hacerlo. Yo mismo hablé con él varias veces antes de descender de los cielos. Pero lo que permite a los sacerdotes comunicarse con el plano espiritual es su habilidad única de expandir su propia alma fuera de las fronteras de su cuerpo y tocar así otras almas. Sin embargo, cuando Ouryuu le concedió la inmortalidad a Zeno atrapó su alma dentro de su propio cuerpo así que cortó todos los vínculos que él tenía con los cielos y el mundo espiritual.

-No me lo puedo creer – espetó Abi haciendo un gesto de exasperación -. Varias veces hice alusión a su supuesta capacidad para hablar con los cielos y él nunca me dijo nada de que ya no podía hacerlo – soltó un bufido de molestia -. Aunque creo que tampoco puedo acusarle de mentir porque yo nunca le pregunté directamente, simplemente no me sacó de mi error.

-Pero nos ocultó la verdad una vez más – intervino Guen cabreado -. Me estoy empezando a cuestionar todo lo que creía saber sobre él. Ya ni si quiera se si realmente le llegué a conocer de verdad alguna vez. ¿Cuántas cosas más nos ha ocultado?

-Todos tenemos trapos sucios escondidos. Es normal que nos ocultara que ya no podía hablar con los cielos, yo también lo habría hecho en su lugar – le defendió Shuten, para sorpresa de los otros dos dragones.

-¿Qué quieres decir? – le preguntó Guen, tan curioso como desconcertado.

-Es obvio. ¿Acaso nunca has ocultado ninguna herida para que el Rey idiota no te impidiera salir al campo de batalla? Al igual que el cerebro del pájaro insiste en decir que todavía puede seguir utilizando su poder cuando apenas se puede tener en pie por la parálisis.

-No es lo mismo – le interrumpió Abi levemente cabreado por su insinuación.

-Sí que lo es – insistió Shuten -. Ocultaba su incapacidad, como nosotros ocultamos las nuestras. Supuestamente el único punto bueno que tenía ese zoquete era su título de sacerdote, eso fue lo que le permitió quedarse en el castillo mientras que nosotros tuvimos que marcharnos. Reconocer que ya ni siquiera podía ser sacerdote sería lo último que quisiera hacer. Por no hablar de cómo se debió de sentir al perder una capacidad que poseía desde que tenía uso de razón, debió ser como si de repente se hubiera quedado sordo. Es normal que no quisiera hablar de ello – Shuten se giró para encarar a los otros dos dragones para descubrir que le miraban con una gran expresión de conmoción y desconcierto-. ¡¿A qué vienen esas caras de idiotas?! – espetó molesto.

-Jamás pensé podrías reflexionar sobre los sentimientos de otra persona y ponerte en su lugar, Shuten. Y pensar que este momento finalmente llegaría… – Guen dio un paso al frente, apoyó su garra de dragón sobre el hombro del dragón verde con una expresión solemne y emocionada -. El paso de los años finalmente te han convertido en un buen hermano mayor para Zeno. Estoy orgulloso.

-¡¿Qué coño dices idiota?! – espetó Shuten a la vez que su rostro enrojecía varios tonos, ya fuera por el cabreo, la vergüenza o ambas cosas a la vez -. ¿Por quién me tomas? ¿Por un monstruo sin sentimientos?

Hiryuu soltó una risita y les sonrió enternecido.

-Sin duda, os habéis terminado convirtiéndoos en una auténtica familia, ¿eh? – señaló el antiguo Rey satisfecho.

-¡Cállate, Rey idio-

La puya de Shuten quedó inconclusa por su sorpresa al ver que el cuerpo de Hiryuu se había vuelto semitransparente.

-¡Majestad! – exclamaron Guen y Abi preocupados, dándose cuenta de ello al mismo tiempo que el otro dragón.

-¡Oh! Parece que mi tiempo finalmente está por agotarse – señaló Hiryuu tranquilamente, mientras miraba su propia mano que casi se había desvanecido, y luego alzó la mirada con una expresión seria -. Lo siento, pero tenéis que tomar una decisión ya. ¿Aceptaréis esta oportunidad que os doy para permanecer junto a Zeno o seguiréis vuestro camino hacia los cielos junto conmigo? Toméis la decisión que toméis, será algo irreversible. Tenedlo en cuenta – les advirtió con tono grave.

Los tres dragones permanecieron en silencio durante unos segundos mientras meditaban, cada uno perdido en sus propias dudas y preocupaciones, pero finalmente los tres adoptaron una expresión determinada y encararon a su Rey.

-Yo me quedo con Zeno – declaró Guen en primer lugar, pareciendo completamente convencido -. Aunque él no pueda verme u oírme, de ninguna manera puedo consentir que pase el resto de la eternidad solo.

-Sin importar lo que depare el futuro, nosotros estaremos a su lado – añadió Abi, mostrando también su conformidad.

-Como sus hermanos mayores tenemos que asumir la responsabilidad y vigilar a ese inútil para que no haga ninguna tontería, ¿no? Qué molestia – espetó Shuten con una expresión de fastidio y un exagerado tono sarcástico.

Sin embargo los otros dos dragones sabían que esa era la particular manera del dragón verde de mostrar su conformidad y preocupación por Zeno. Por eso le miraron agradecidos y asintieron conformes ante sus palabras. Shuten chasqueó la lengua exageradamente ante su gesto de camaradería, pero miró a Hiryuu determinado al igual que sus otros dos hermanos dragones.

Hiryuu por su parte sonrió orgulloso y conmovido.

-En ese caso, no queda nada más por hablar. Realizaré el hechizo y os enviaré junto a Zeno sin más dilación – declaró el dragón rojo a la vez que su expresión se tornaba en una de concentración y unía sus manos en posición de rezo. Un aura roja comenzó a rodear su cuerpo semitransparente.

-Gracias por concedernos esta oportunidad, alteza – le agradeció Abi con tono solemne en nombre de todos; mientras unas auras azul, blanca y verde comenzaban a rodear a los tres guerreros dragones respectivamente.

-Yo soy el que debería daros las gracias por sacrificaros para acompañar a Zeno en su vida inmortal. Os estoy realmente agradecido – les dijo el antiguo Rey con una sonrisa sincera, antes de que su expresión se ensombreciera -. Sé que no es justo. Me gustaría haber podido hacer algo más que esto, pero…

-Es suficiente, alteza – aseguró Guen interrumpiéndole -. Nosotros mejor que nadie sabemos lo que vos os habéis sacrificado por el bien de la humanidad y que siempre os esforzáis por hacer incluso más de lo que deberías. Ahora es nuestro turno – declaró determinado a la vez que le dirigía una amplia sonrisa -. Déjenos a Zeno a nosotros. Solo asegúrese de no tardar demasiado en volver junto a nosotros. Esta vez realmente puedo prometer que te estaremos esperando siempre, sin importar los años que pasen.

-¿Aunque te conviertas otra vez en un vejestorio? – inquirió Shuten burlón.

-¡No arruines el momento, Shuten bastardo! – le reprendió Guen cabreado y Abi le dirigió también una afilada mirada acusatoria.

-Oh, perdóname por arruinarte el conmovedor discurso esta vez – se disculpó con un claro tono sarcástico -. Solo es que ya me aburres. Te has vuelto aún más cursi con los años, vejestorio.

-¡¿A quién estás llamando vejestorio, idiota?! – espetó Guen, ahora obviamente azorado.

-Solo dejad ya las discusiones tontas, par de idiotas – se quejó Abi con una expresión reprobatoria -. ¿No os dais cuenta de que ya estamos muertos y somos solo fantasmas? Tener en cuenta nuestra edad ya no tiene sentido – bufó exasperado y luego añadió -. De solo pensar que me va a tocar estar quién sabe cuántos años aguantando vuestras estupideces… Ya estáis haciendo que me arrepienta de esta decisión – declaró, obviamente en broma por su sonrisa ladeada, aunque se aseguró de ocultarla con la manga de su traje para que no fuera visible.

-Déjate de bromas Abi, no tiene gracia – se quejó el dragón blanco en un ligero ataque de pánico -. No puedes abandonarnos.

-Exactamente, ya no puedes echarte atrás Abi-chan – concordó Shuten -. Aunque seas un cabeza de pájaro, no creo que pudiera soportar estar a solas con el jabalí y el idiota.

-¡¿A quién estás llamando cabeza de pájaro?!

-¡¿A quién estás llamando jabalí?!

Exclamaron los dragones blanco y azul a la vez cabreados.

Hiryuu se rió, disfrutando al poder volver a presenciar de cerca las divertidas interacciones entre sus guerreros dragones. En el fondo sabía que estaban actuando así a posta para hacer más fácil la despedida y aligerar la gravedad de la situación. Realmente se lo agradecía mucho. Por estas cosas amaba a sus lindos dragoncitos.

Durante la charla de los dragones las luces de colores que les rodeaban no hicieron más que aumentar en tamaño e intensidad. El hechizo ya estaba casi terminado.

-Ha llegado la hora de la despedida, mis queridos dragones – declaró Hiryuu con tono solemne -. Recordad que, aunque no pueda comunicarme con vosotros, siempre estaré pendiente de vosotros desde los cielos.

-Solo no tardes demasiado en volver, rey idiota – le exigió el dragón verde con expresión severa.

-Recuerda que ahora también tienes una familia aquí en la tierra – añadió Guen con una sonrisa cariñosa.

-Te estaremos esperando – concordó Abi, también con una pequeña sonrisa, para luego advertirle -: No nos olvides.

-No lo haré – aseguró el antiguo Rey con una sonrisa brillante -. Nos volveremos a encontrar. Sin duda. Hasta entonces, adiós mis queridos dragones.

Después de esas palabras de despedida las luces de colores que les rodeaban se volvieron tan brillantes que cegaron a los tres guerreros dragones, obligándoles a cerrar los ojos a la vez que sentían como su conciencia comenzaba a desvanecerse. Las últimas palabras que pudieron escuchar antes de ser consumidos por las luces fueron:

-Os encargo a Zeno. Gracias por todo.

oooooooooooooooooooooooo

Hasta aquí este nuevo capítulo, espero que os haya gustado.

Quería disculparme por tardar tanto en actualizar, pero entre unas cosas y otras este capítulo parecía no querer terminar de escribirse. El destino se volvió en mi contra el maldito. Pero por fin estoy de vuelta con este fanfic y no pienso parar hasta escribir unos cuántos capítulos más por lo menos. De hecho ya tengo un extra de mi fanfic complementario a este llamado "DESDE MÁS ALLÁ DEL CIELO: CAPÍTULOS EXTRA" que tengo pensado publicar el miércoles o el jueves que viene a más tardar. Os animo a pasaros a leerlo cuando lo publique porque en este fanfic se pueden ver diversos sucesos desde el punto de vista de Zeno a los que hago alusión aquí, así que si os gusta este fanfic os puede resultar revelador e interesante dedicar un tiempo a leer estos extras para disfrutar plenamente de la historia desde todos los puntos de vista.

Ahora sí que me despido, me comprometo a subir pronto el siguiente capítulo esta vez, y mientras tanto os animo a estar al pendiente del resto de mis fanfics y traducciones. Por cierto, os adelanto que el sábado que viene por fin publicaré otro capítulo de "AMNESIA", para poner los dientes largos a los que siguen este fanfic.

Nos vemos.