I: Ingenuo.

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—Eres un completo ingenuo, Echizen.

Ryoma detuvo la pelota por encima de la raqueta en perfecto equilibrio mientras sólo levantaba un poco la cabeza para poder ver por debajo de la visera el rostro de Horio. El chico volvía a ser un bocazas en ese momento; para no perder la costumbre, por supuesto.

El uniceja sonreía orgulloso, como si tuviera siempre el conocimiento de todo y jamás se metiera en líos por culpa de su gran bocota.

Deseó preguntar a qué venía esa acusación, pero Horio era de los que no necesitaban preguntas que él sólo se daba carrete para lo que hiciera falta. Aunque nadie lo necesitara.

—Te has dejado engatusar por el poder femenino.

Aquello era nuevo y viejo a la vez. Nuevo porque no esperaba ese tipo de conversación en ese momento, mientras observaban a los novatos pasar las pruebas para entrar en el equipo de tenis. Y viejo, porque Horio —persona sin novia desde que nació—, parecía tener un amplio —por no decir nulo— repertorio de información femenina que al resto se le escapaba.

Quizás a él, que hasta ahora no había sentido más interés del necesario en una chica. Aunque cuando era niño, por los doce o trece años, sintió que o empezaba a marcar terreno o le quitaban a cierta jovencita de trencitas que —jamás se lo confesaría a nadie y menos a Horio—, le había robado completamente todo su ser. Excepto esa parte que amaba el tenis.

—Te preguntarás por qué…

—La verdad: no.

—… y yo te lo diré —continuó sin inmutarse por su negativa—. Y es muy simple. Has permitido que tu novia te haga cosas que no te hubieras dejado jamás. Porque tu orgullo masculino no lo permitiría ni de broma. Apuesto lo que quiera que hasta vas de compras con ella y le sostienes las bolsas y has dejado de ir a ver películas de acción para ver películas ñoñas. Las tardes en las que te sentabas a jugar videojuegos han cambiado a convertirse en tardes de estudio y las horas que usabas para dormir se han convertido en horas de teléfono y facturas que provocaran que tus padres quieran que trabajes para costearlas.

Ryoma lo miró atónito. Más por el hecho de que hubiera dicho todas aquellas frases casi sin respirar que por todo lo nombrado.

—Con los años irás perdiendo más y más masculinidad y…

Ryoma bufó y volvió a dar golpecitos con la pelota.

—No sucederá.

Se alejó de él antes que continuara. Lo que Ryoma no había visto y que Horio había recalcado era la trencita que colgaba en la parte trasera de su cabeza. No le había molestado, pero con la gorra no era imposible de verla.

Sin embargo, cuando salió a la cancha para enfrentarse a uno de los novatos, su novia, que sí estaba ahí, se llevó las manos a la boca, muriéndose de vergüenza y disculpándose a mares después, mientras que él chasqueaba la lengua antes de robarle un beso y la promesa de algo más mientras se la deshacía.

Podía ser muy ingenuo o lo que quisiera Horio. Pero él no sabía que a veces, hacerse el ingenuo por una chica como aquella, era lo mejor del mundo a la hora de conseguir recompensas.

¡Gracias por leer! Espero que lo hayan disfrutado.

¡Nos leemos pronto con más Ryosaku!