CARES FOR ME
Prestado
La vuelta a Scotland Yard resultó uno de los trayectos más duros para Greg. Seguramente iba justo detrás del que apenas unos días había tenido que hacer, con Thomas a su lado, en un silencio total, y el de ese fatídico día, camino al hospital para enterarse de que su hermana había muerto. Sinceramente, se iba a plantear no conducir o ir en un coche nunca más.
Él conducía mientras que John estaba sentado a su lado. Detrás estaban Sherlock, Mycroft y Anthea, los dos últimos abrazados. No se habían soltado desde que se habían visto y el policía podía notar perfectamente los sentimientos contradictorios que aquello le provocaba.
En parte estaba contento, y aliviado. Por fin la habían encontrado, a ella y a los otros desaparecidos, y el caso parecía que pronto se terminaría de resolver. Eso implicaba que pronto podría ir a recoger a Thomas.
Por otro lado, en cambio, sentía como si algo le estuviera estrangulando el pecho, dejándole, incluso, sin respiración. Mycroft y esa mujer… Estaba claro que tenían algo. El político siempre se había mostrado indiferente y calmado en cualquier situación, excepto en esa. Excepto por ella. Eso significaba que no había lugar para él en su vida, y que lo de aquella noche… Había sido un error. Cosa del alcohol.
Greg, sinceramente, seguía sin querer pensar en aquella noche. No es que no quisiera aceptar la posibilidad de sentirse atraído por otro hombre – incluso en la universidad había tenido… Algo parecido a una experiencia -, sino que simplemente no quería pensar en ninguna posibilidad, con nadie. No era el momento, ya demasiado patas arriba estaba su vida como para encima añadir una nueva relación en ésta… Aunque bueno, ese claramente no era el caso, ya que nunca habría nada entre Mycroft y él. Encima, ¿qué sabía realmente él de ese hombre? Poco, por no decir nada. ¿Por un par de conversaciones agradables, por verle tratar bien a Thomas y por ese momento de debilidad ya le gustaba? Sinceramente, si fuera así, él mismo se llamaría patético.
Pudo notar, por el rabillo del ojo, como John lo miraba algo preocupado. Supuso que no estaría haciendo una muy buena cara, en realidad. Gracias a Dios faltaba menos de un minuto para llegar a Scotland Yard, y a John parecía quedarle aún unos cinco minutos de "observemos-a-Greg" antes de preguntarle nada que hiciera que los dos hombres que estaban en la parte de atrás, demasiado inteligentes para su bien, le prestaran atención.
-oOo-
Nada más entrar en el despacho de Greg, Sherlock comenzó a vomitar su palabrería habitual. El policía entendía, generalmente, un 25 por ciento de las cosas que decía, que generalmente era aquello importante y realmente necesario para resolver los casos. Pero hoy no estaba de humor ni para eso, así que simplemente se desplomó – literalmente – en su silla, apoyó su cabeza en su mano e intentó fingir lo mejor que pudo que estaba escuchando la conversación que mantenían las cuatro restantes personas en esa habitación. Greg simplemente quería irse. Simplemente quería ir a casa, SU casa, meterse en su cama y no salir de allí durante varios días. Aunque tal vez antes debería ir a por su sobrino, el cual seguramente ahora le odiaba o algo así… - ¿Era pronto para su etapa adolescente? – Y estaba claro que no era capaz de hacerse cargo de él.
- Está claro quien es la responsable de todo esto. – Soltó Sherlock, de pronto. Eso captó la atención de Greg. Por fin llegaban al punto donde, seguramente, sí que debía prestar atención.
- ¿En serio? – preguntó desconcertado John. Gregory daba gracias de que allí hubiera gente normal, como él. - ¿LA responsable? – añadió.
- Sí. – Afirmó confiado. - ¿Mycroft? – y miró a su hermano. El mayor de los Holmes suspiró pesadamente. Greg pudo ver como el político abría lo boca para empezar a hablar, pero el sonido de la puerta abriéndose y la entrada de una nueva persona en el despacho lo interrumpió.
- He sido yo – dijo la recién llegada. Una mujer de unos 35 o 40 años, a su parecer, elegante y bien vestida. De pelo negro recogido en un moño, piel pálida y sus labios rojos parecían ser lo único maquillado en ella.
- Martha… - suspiró Mycroft, con cansancio. Anthea, que seguía al lado de éste (el brazo de Mycroft rodeando sus hombros hubiera impedido cualquier intento de ella de apartarse), se acercó un poco más a él, usando al político de escudo o de pared para esconderse. Greg no sabía cual era la verdadera razón.
- No me digas que te sorprende, querido. Estaría algo decepcionada – dijo la mujer, con una sonrisa que al policía no le gustó nada. Estaba llena de rabia, satisfacción, venganza, celos…
- ¿Y quién es usted, si se puede saber? – decidió interrumpir por fin. Bueno, bien que tenía que hacer su trabajo, ¿no? Encima, no le gustaba nada como ésta miraba a Mycroft, ni como él parecía todo amedrentado delante de ella.
- Oh, usted debe ser el detective inspector que está al frente de esta mediocre investigación por parte de la policía… Soy Martha Holmes, la esposa de Mycroft.
- Exesposa – corrigió Sherlock rápidamente, pero el anuncio ya había dado los resultados que ella esperaba. John había dejado escapar un "Oh" de sorpresa, mientras que Greg se había quedado congelado por lo dicho.
Un tenso silencio prosiguió a la conversación. Greg, ciertamente, estaba bastante en shock. Era imposible que la esposa – vale, exesposa – de Mycroft hubiera hecho algo así… Pero si era cierto, estaba claro que tanto Mycroft como Sherlock lo sabían hace tiempo. Sabían desde hace días que ella era la responsable de todo - ¿Cómo no podían saberlo? Era imposible – y no habían dicho nada. Sinceramente, Greg no sabía de qué se sorprendía. Esos hermanos eran las personas más egoístas y egocéntricas de todo el planeta.
Una rabia que hacía mucho tiempo que no sentía le embargó, aunque sabía que no era ni el momento ni el lugar de sacar todo aquello que se había callado durante tanto tiempo. Por lo contrario, decidió ser profesional.
Cogió el teléfono y se puso en contacto con Donovan, mientras el resto seguían en silencio y sin moverse – ni respirar –casi. Pidió un par de hojas para las declaraciones y a continuación colgó.
- ¿Quiere hacer una declaración ahora, señora? – le preguntó, mirándola a los ojos. La mujer lo miró sorprendida, no esperando aquello para nada. Seguramente había vivido demasiado tiempo rodeada de Holmes y su dramatismo. Greg no era así. Greg no era de ponerse a airear los trapos sucios de la gente en público. Era de los de irse a casa y golpear un par de cojines hasta destrozarlos. Así era él.
- Sí – respondió al cabo de varios segundos.
- Muy bien. Pues ahora mismo mi compañera me traerá los documentos necesarios. ¿Le parece bien que lo hagamos aquí? ¿Con los presentes?
- Sí.
- Bien, bien. Pues tiene que saber que todo lo que diga ahora podrá ser utilizado en su contra ante un tribunal y que… -
Y desconectó por un segundo. Siempre lo hacía cuando leía los derechos a alguien. Era como recitar el abecedario. Si se los pensaba, se equivocaba. Así que durante ese instante él no estaba en ese despacho, donde la exmujer de Mycroft Holmes – de un hombre que seguramente sentía algo más que un simple "gustar" amistoso – había planeado y asesinado a varios miembros del Gobierno y que ahora estaba allí, plantada, admitiéndolo como si explicara que hoy había llovido. Estaban en Londres, claro que había llovido en algún momento del día.
- Señor, los papeles – dijo Donovan, entrando, y dejándoselos en el escritorio antes de abandonar el despacho.
- Empecemos, pues. Diga su nombre y apellido, y a continuación relate su historia. Yo la gravaré y transcribiré gran parte de ésta. Luego podrá revisarla y modificar de la transcripción todo lo que quiera.
- Perfecto. Me llamo Martha Holmes y he planeado el asesinato de varias personas. – Y se calló. Greg soltó un suspiro de frustración.
- Necesito que me cuente todo lo que pueda. A quiénes planeó asesinar, cómo, dónde… Pero sobretodo, el por qué.
- ¿Por qué? ¿No es obvio? Por esa puta – dijo señalando a Anthea, y por primera vez Greg vio en ella a una mujer totalmente desquiciada, loca y para nada elegante o sofisticada, calmada y educada, como en un primer momento había podido pensar.
- ¡Martha! – dijo Mycroft, algo escandalizado. ¿Era eso posible? Tal vez su voz había sido más de reproche. – No sigas con esto… - le pidió.
- ¿Con qué? ¿No quieres que todos sepan que durante nuestro matrimonio me fuiste infiel? ¿Con ella? ¿Por tu reputación? Creo que está claro lo poco que me importa eso ya…
- ¡Ja! – soltó Sherlock, pero John le apretó el brazo en clara señal de que se callara.
- Sabes que no es cierto – dijo Mycroft.
- Sí, claro.
- Por favor, ¿podemos volver a lo…?
- Martha, no hagas esto. Ya te lo conté. ¿Por qué no me crees? – Greg se sintió ignorado al ver que nadie de allí le hacía caso.
- ¿De verdad quieres que me crea semejante cosa? No, Mycroft, tú no. Además, ella siempre estaba contigo. Siempre está contigo. Está claro que rompiste nuestro matrimonio por ella.
- Rompí nuestro matrimonio porqu-
- ¡No! ¡Ni se te ocurra! Si lo dices, te juro que voy a matarla. Voy a arrancarle todos esos preciosos pelos de la cabeza y voy a mandártelos uno por uno a tu apart-
- ¡Basta! – gritó Greg de pronto. Aquello era… Intolerable. Y menos en un interrogatorio. Y menos en su despacho. - ¡Todos fuera! – gritó. - ¡Ya! – dijo al ver que nadie le hacía caso.
John fue el primer en ponerse en movimiento, arrastrando a Sherlock por el brazo – que no había soltado – hacia la puerta. Mycroft miró tristemente a la mujer que ahora mismo estaba roja, llevándose a Anthea con él.
El policía soltó un suspiro de alivio cuando se fueron y cerraron la puerta tras de ellos, hasta que volvió a mirar a esa mujer y supo que le esperaban, aún, un par de horas allí. Sólo esperaba que no pusiera las cosas difíciles.
-oOo-
Al cabo de lo que le había parecido una eternidad, Greg salió de su despacho, llevando esposada a Martha Holmes y pidiendo a Donovan que la bajara a las celdas y archivara su confesión.
A la que recogiera sus cosas y apagara el ordenador se iba a ir directo a casa de Sherlock, recogería sus cosas y se iría a un hotel, o algo así. Mañana buscaría, en serio, un sitio nuevo donde estar, cerca del colegio de Thomas, si podía, lo alquilaría/compraría (le daba igual ya todo) e iría a buscarlo lo más pronto posible. Y sino, a visitarlo. Necesitaba alejarse un poco de todo aquello.
Pero al girarse para volver a su despacho se topó con que Mycroft (jodido) Holmes estaba allí, esperándole, sin su ayudante pegada a él.
- Gregory – dijo, con voz suave, con un tono parecido a la preocupación -, siento mucho haberte causado tantos problemas.
- Es mi trabajo – respondió algo fríamente. Esa era su primera conversación desde hacía varios días, desde "ese" día, y le había fastidiado mucho más de lo esperado a Greg que hubiera empezado con una disculpa.
- Claro, lo sé. Eres un gran inspector – le dijo, sonriéndole un poco. El muy hijo de… Greg no dijo nada, se limitó a mirarlo, tan indiferentemente como pudo. Mycroft, al ver que éste no hablaba, hizo una especie de movimiento raro con sus manos que a Greg le pareció que podría ser por nervios. ¿Pero podía haber un Mycroft Holmes nervioso realmente delante de él? No, nunca. Todo eran malinterpretaciones del policía, como siempre. – Yo quisiera…
- ¿Necesita algo más? – le interrumpió. No quería seguir allí. En serio que no. Necesitaba irse de allí ya.
- ¿Te pasa algo? – preguntó el político, irguiéndose un poco, adoptando una posición algo defensiva. Greg se río.
- ¿Muchas cosas? Pero principalmente, estoy cansado – e intentó implicar en la palabra "cansado" mucho más significado que un simple "necesito dormir unas 20 horas".
Greg notó como Mycroft le miraba, intensamente, para luego poner su mirada de "te-estoy-analizando-y-voy-a-descubrir-por-qué-estás-así-te-guste-o-no". El político, seguramente, tan sólo quería averiguar por qué el siempre paciente y simpático (y tonto) detective inspector parecía de mal humor cuando habían resuelto el caso por fin. A Greg, personalmente, le daba absolutamente igual lo que el otro quisiera. Se había cansado de siempre fingir estar "bien".
- Lo entiendo – dijo por fin, al cabo de un rato que a Greg se le hizo eterno. Pero por su mirada el policía sabía que en realidad no, no entendía nada. – Antes de que te vayas, pero, me gustaría hablar del otro día – se puso serio, Gregory se tensó. ¿En serio? ¿Allí quería hablar de "eso"? ¿De aquello que hasta hacía tan solo unos segundos Greg hasta dudaba que éste recordara?
- ¿Qué pasa con el otro día? – preguntó, no queriendo marear más la perdiz y dejando claro que sabía a qué se refería.
- Verás, ese día estaba algo… Afectado. ¿Sentimental? Por los asesinatos, las sospechas e interrogatorios, lo de Anthea y porqué ese mismo día supe, con total seguridad, que era Martha la que estaba manejando los hilos. – Greg apretó los dientes, sintiendo una nueva rabia invadirlo. Era cierto, pues, que sabían desde hacia tiempo quién estaba detrás de todo aquello… (Si lo sabía él, lo sabía Sherlock) – Bebí demasiado para olvidarme un poco del todo, una tontería si me lo preguntas – continuó -, y luego fui para hablar con Sherlock, y estabas tú y…
- Lo sé – le interrumpió otra vez. No quería tener esa conversación. No quería estar allí. Quería irse. De verdad. – Estabas borracho, no era tu intención, fue un error… Lo que sea, Mycroft. Somos dos adultos y lo entiendo. No hay que darle más vueltas. – Le dio un golpe en la espalda para intentar demostrar algo de ligereza o divertimiento en sus palabras. Sinceramente, falló estrepitosamente. - ¿Algo más? – preguntó, notando cierto dolor en la mirada de Mycroft. No quiso ponerse a pensar el porqué de ésta.
- No, nada más. Buenas noches, detective inspector – dijo girándose y marchándose a continuación el político.
- Buenas noches – respondió algo tarde. Mycroft ya se había ido.
-oOo-
Otra eternidad más tarde (¿Qué hora había dicho la recepcionista que era?) Greg se desplomó en la cama del hotel, cerró los ojos y se durmió. Durmió catorce horas seguidas. Al despertarse pensó en que ya era hora de poner las cosas en orden en su vida. Esta vez de verdad.
Fin del capítulo 9.
¡Capítulo nuevo! En serio, tardo demasiado en actualizar… Y lo sé. Pero es que tuve dos semanas de "negrura" total. No escribí naaaaada de naaaaada… Y de pronto, ¡puf! Y en unas horillas libres he escrito esto.
Espero que… Al menos, os haya gustado un poquitín.
En el próximo habrá "momento family" :P
Y antes de despedirme, lo de siempre. Agradecer a todos los que leéis esta historia, la seguís, me comentáis o me insistís por Twitter (por si alguien se atreve a seguirme… Soy Riku_Lupin - pero aviso, soy como una adicta de eso) de que escriba. Os quiero, aunque no lo demuestre :P
¡Besos!
Riku Lupin
