Esta vez no he tardado tanto, ¿no? xD
En fin, creo que este capi es un poco meloso xDD pero me apetecía escribirlo así. No tengo muchas oportunidades de escibir algo como esto xP Además, lo estaba escribiendo a ciegas, sin saber como acabarlo.
El fic ya está acabando, seguramente le queden dos capis o tres... Pero bueno, no podía durar para siempre. Aunque prometo que haré más cosas con Lena y Fidio ^^
Y también con Gianluca y Caprice, ya que también les he cogido cariño xD
Bueno, muchísimas gracias por los comentarios en el anterior capi, me alegrasteis mucho mucho ^^
Espero que os guste el capi, y lo que queda del fic.
Adiosh gracias por leer ^^
...
Lena se quedó paralizada por las palabras de su abuela.
- ¿Que habéis hecho qué? -Preguntó con voz temblorosa.
Levantó la cabeza y miró a Fidio, y pudo ver que él estaba en su mismo estado.
Él tampoco sabía nada.
Se había quedado petrificado, y no se movía.
- Verás, Lena -Dijo Piero-. Creemos que vosotros dos sois perfectos el uno para el otro. De momento sois los únicos en las familias de la misma edad, sois amigos, y aunque hace poco hayáis tenido una pequeña discusión, eso no quita que a la gente le guste veros juntos. Queríamos una nueva unión entre los Aldena y los Di Angelo.
- Pero si ya va a haber una unión pronto... -Dijo Mercurio.
- Y nos alegramos mucho por el compromiso de Leoni y Lidia -Intervino Eleanora-. Pero entendedlo, Fidio es nuestro único hijo, y Lena es una de las pocas chicas de las nuevas generaciones de los Di Angelo.
- Consideramos que Lena era perfecta para Fidio -Dijo Valentina.
Lena ya estaba a punto de desmayarse.
- ¿Como podéis estar hablando de nosotros como si no estuviéramos delante?
- Lena, querida... -Dijo su abuela, mientras hacía que se levantara- Ven. Debemos hablar con calma.
Las dos salieron hasta la terraza trasera, dejando solos a los demás, que también intentaban hablar con Fidio.
Valentina miraba a su nieta, esperando su reacción.
- ¿Cuando decidiste todo esto?
- Desde el momento en que llegaste a Italia. En un primer momento, decidimos no actuar, pero viendo lo que había pasado entre los dos la semana pasada, lo hicimos.
- ¿Pero como te has atrevido a prometerme? -Lena ya se estaba enfadando- ¿Qué derecho tienes tú a decidir con quien me voy a casar?
- Lena, las cosas son así en la familia. Después del incidente de tu padre yo me responsabilicé de tu vida en Florencia.
- ¡Papá nunca me haría algo como esto!
- ...
- Él siempre quiso que hiciera lo que quisiera, lo que me hiciera feliz. Jamás se le pasó por la cabeza prometerme en matrimonio a los catorce años. ¿Como has podido hacerme esto?
- Lena, tú misma me dijiste que sentías algo por él. Estuviste toda una semana deprimida porque sabías que habías hecho mal rechazándole. Solo he asegurado que puedas estar con el chico que quieres.
- Pero no quiero que sea así, abuela. No quiero que estemos juntos solo porque nuestras familias lo han decidido. Mira Gianluca y Caprice. Sonríen y están juntos, pero no sabrías decir si se quieren o no.
- Su unión lleva planeada durante años. Han aprendido a quererse.
- ¿Aprendido? Eso no es natural. No me parece justo que me hagas esto.
Valentina suspiró, y le dio la espalda a su nieta, para empezar a caminar hacia dentro otra vez.
- Hemos firmado vuestro compromiso, pero la decisión es solo vuestra, Lena. He intentado ayudarte, así que esperaré a que lo pienses y lo comprendas. No quiero presionarte. Pero ya es hora de que empieces a atender tus deberes en la familia.
Lena miró a su abuela, y sintió como los ojos se le llenaban de lágrimas,
Y salió corriendo, esperando que su abuela no la siguiera.
Corrió hasta llegar a un pequeño cenador de madera, de tejado octogonal, y se apoyó en una de las columnas.
No podía creerse lo que estaba pasando.
Así que su abuela solo había querido que asistiera para eso, para anunciarle su compromiso.
Perfecto, con catorce años y ya debía estar con una persona para toda la vida.
Odiaba que le dijeran lo que tenía que hacer.
Hasta ese momento había aguantado muchísimas cosas por la familia, y jamás se había quejado.
Pero no quería que planearan su vida por completo.
- Anda, hola.
Se sobresaltó por la voz que escuchó a su espalda, y casi se sorprendió aun más cuando vio a la chica rubia, Caprice, sonriéndole.
- Hola... ¿Qué haces aquí fuera?
- Quería alejarme un poco de ahí. Los invitados no dejan de pasar a saludarme, felicitarme, y me asfixian. ¿Estás bien?
- No lo se...
Caprice la miró sin entender, pero decidió hacer algo.
- ¿Por qué no nos sentamos un rato y hablamos?
...
- Creo que por ahora es mejor dejarla sola -Dijo Valentina, mientras se sentaba-. Necesita pensarlo.
- Fidio, llevas ya mucho tiempo callado -Dijo Eleanora.
- Es que... no me parece bien. ¿Por qué lo habéis hecho? Sabéis perfectamente lo que ocurrió entre Lena y yo...
- Si, la verdad es que no estuvo muy bien lo que hiciste -Dijo su madre en tono severo-. Pero decidimos que era el mejor momento. Así que Valentina y tu padre se reunieron esta mañana y lo hablaron.
- Pero a ella no le parece bien.
Valentina sonrió compasiva.
- Solo está un poco sorprendida. Tú dale tiempo para que piense.
- ...
...
- Así que te han prometido con Fidio... -Dijo Caprice, sorprendida.
- Si... Al parecer, lo tenían decidido desde hace tiempo, pero lo acordaron esta misma mañana.
- ¿Pero como puedes estar triste? ¡Es Fidio! Muchas familias querrían poder prometer a sus hijas con él. No sabes lo afortunada que eres.
- Me dijeron que alguna vez tu familia intentó hacerlo...
- Pues si, pero bueno... Los Aldena no estaban muy interesados. Y la verdad, prefiero a Gianluca. Siempre congenié más con él. Creo que nos irá bien cuando estemos casados.
- ¿Tú le quieres?
- Quererle... Bueno, no se si puedo llamarlo así. Nunca me paré a pensarlo. Pero siempre le tuve mucho aprecio. No se, siempre fue tan atento, detallista, encantador... Mis padres siempre dijeron que era perfecto para mí.
- ¿Pero no te molesta que hayan planeado toda tu vida? ¿No te sientes como si te hubieran privado de tu libertad?
- La verdad es que no. Para mí la familia siempre ha sido lo primero. En fin, creo que es normal... Fueron bastante estrictos conmigo en ese sentido. Pero se que todo lo hacen por mi bien. Ellos no planean mi futuro, solo hacen que sea posible. Solo quieren asegurarse de que no los necesite cuando crezca. Y créeme, tu abuela es un corderito comparada con mis padres y el resto de mi familia. Se de buena mano que no te faltaban pretendientes, y ella hizo cuanto pudo para que pudieras estar con Fidio.
- ...Ya se que mi abuela quiere lo mejor para mí. Firmó nuestro compromiso sabiendo que yo siento algo por él... Pero no me sentó bien. No quiero que Fidio y yo estemos juntos por obligación. Es como si fuera un amor falso.
- Mira, Lena... Somos hijas de grandes familias. Nunca podremos evitar que tomen decisiones por nosotras. Tú al menos gozas de la suerte de tener parientes que se esfuerzan en que si tienes que comprometerte, puedas hacerlo con la persona que quieres. Si realmente tú sientes algo por Fidio, y él siente algo por ti, no habrá nada de falso en vuestra relación. Un compromiso arreglado por vuestras familias se convertirá en algo verdadero.
Lena no dejaba de sorprenderse por las palabras de esa chica, y le sonrió sinceramente.
- Caprice... eres un verdadero encanto...
- Si, lo se.
Las dos rieron.
- ¿Tú crees que entonces debería aceptar mi compromiso con Fidio?
- Creo que deberías darle una oportunidad. Prueba a ver que tal os va... no se, no directamente como pareja, pero si compartiendo algo más. Tú sientes algo por él, ¿no? Y es obvio que él siente algo por ti. Intenta romper las distancias. Si al final os acabáis casando... deberíais saber como estáis el uno con el otro.
- Puede que tengas razón...
- Lena, estás aquí...
Las dos chicas se sorprendieron al oír la voz, y entonces vieron al chico.
Fidio caminaba hacia ellas, algo avergonzado. Lena lo miró fijamente, y Caprice se dio cuenta de que ahí sobraba. Además, debía volver con Gianluca y sus padres.
- Bueno, chicos, os dejaré solos. Ah, Lena... Voy a estar unos días por Florencia, con la familia de Gianluca. Si te apetece podemos quedar.
- Claro, me encantaría.
- Bien, pues ya hablamos. Hasta luego.
La chica se fue, y los dejó solos.
Se miraron algo incómodos, y Lena bajó la mirada.
- ¿Puedo sentarme?
- Claro...
Fidio se sentó a su lado, y la miró fijamente, aunque ella no levantaba la mirada.
Ya era de noche, y solo estaban iluminados por las pequeñas luces del cenador, y el reflejo de la catedral, iluminada por completo.
El chico no sabía que pensar ni que decir, al igual que ella.
Pero en algún momento tendrían que hablar.
- Siento mucho lo que está pasando...
- No tienes que sentir nada. No fuiste tú el que lo decidió.
- Pero yo sabía que desde hacía tiempo ellos pensaban en prometerme... Y la verdad en alguna ocasión sospeché que pensaban en ti...
- En fin... Tú al menos tenías esa ventaja... Yo no pensaba que mi abuela fuera capaz de algo así. Genial, prometida con catorce años... Si se lo cuento a mis amigos de España no se lo creerán.
Fidio rió discretamente.
- ¿Tú que piensas de todo esto? -Preguntó Lena- De nuestro... compromiso.
- Bueno... -Comenzó. No sabía muy bien como decirlo- Ya te dije que me gustabas... y siento algo muy fuerte por ti, Lena. Cuando me rechazaste... me dejaste destrozado, la verdad. Y me encantaría que estuviéramos juntos, pero... no podría ser feliz con esto si tú estás conmigo por obligación. Si tú no sientes nada por mí...
- Ya te dije que si sentía algo por ti. Pero... no se con exactitud lo que es. Y me da miedo precipitarme, Fidio. Bueno, esta semana lo he pasado fatal, la verdad... Porque sabía que había hecho algo malo. No debí tratarte así. Y ahora llegamos aquí, y nos dicen que estamos prometidos... Ya no se ni que pensar. Es como si de repente pudiera ver mi futuro. Y no se si me gusta... En fin, si estuviéramos realmente juntos... me gustaría que fuera real.
Fidio bajó la cabeza, pero Lena pudo notar como el chico sonreía.
- ¿Entonces realmente sientes algo por mí? -Dijo, como si no hubiera escuchado lo demás.
Lena lo miró con incredulidad, para luego reír por lo bajo, consternada.
Era increíble que solo fuera capaz de preguntarle eso, mientras sus impresionantes ojos azules se iluminaban.
- ¿Es que solo puedes pensar en eso?
- No, pero mira. He conseguido que por fin sonrías.
La chica volvió a sonreír, y en un impulso se apoyó en su hombro.
Fidio la observó atentamente y le rodeó la cintura con el brazo.
- Si es que... ¿Como quieres que no me sienta mal, si no dejas de portarte tan bien? -Dijo Lena, a modo de reproche.
- No puedo evitarlo, es mi encanto natural. Y contigo me sale más natural todavía.
- Otra vez. ¿Quieres dejar de hacer eso? -Decía entre risas.
Fidio también se reía, hasta que de repente se levantó, para luego ponerse de rodillas.
- Venga, ahora en serio -La cogió de las manos-. Lena Di Angelo, ¿Querrás casarte conmigo dentro de cuatro años?
- Fidio...
- Te prometo que haré lo que quieras, te llevaré el desayuno a la cama, limpiaré, aprenderé a cocinar, aunque me dan bastante mal rollo los hornos... Incluso si tú me lo pides dejaré el fútbol.
- Eso es chantaje emocional, y no te pega para nada. Y yo jamás te pediría que dejaras el fútbol. Aunque eso del desayuno en la cama suena bastante bien...
Madre del amor hermoso, le gustaba tanto cuando tenía esos arrebatos...
Delante de ella tenía a un chico guapísimo y encantador, con traje de gala y de rodillas, pidiéndole su mano en matrimonio, aunque fuera en el futuro.
Pero que demonios, estaba loca por él.
Y ya había tenido bastante con la tremenda depresión de la semana pasada.
Iba a hacer caso al consejo Caprice.
- Fidio... Mira, no se si dentro de cuatro años nos casaremos, pero...
- ¿Pero?
- Pero al menos podemos intentar convivir juntos, no se, intentar ver como saldría todo... Y bueno, ver como estamos juntos, aunque de momento no sepa lo que siento.
Fidio se sorprendió, para después Lena imitarle.
- Entonces... ¿Estamos prometidos?
Lena sonrió algo vergonzosa, para luego acercarse un poco más a él, y besarle tiernamente en la mejilla.
- Pues... si, estamos prometidos.
El chico sonrió, y la abrazó fuerte por la cintura, elevándola y dando vueltas sobre sí mismo, como si bailaran, mientras los dos reían animados.
...
- ¿No crees que están tardando demasiado? -Preguntó Mercurio discretamente a Leoni.
- Ni siquiera se si ha sido buena idea dejar que Fidio vaya a por ella él solo... Debería haber ido yo a buscar a Lena. Seguro que conmigo habría hablado.
- Niños -Reprendió Valentina a sus nietos-. No seáis pesimistas. Ya habéis oído a Caprice, todo va a salir bien. Debemos fiarnos de ella.
Los dos la miraron con cara de circunstancia, para luego disimular mirando hacia otro lado. La mujer se exasperó por esa reacción, pero aguantó la compostura.
- Dios mío, Piero... ¿Y si le dice que no?
- Tranquila, cariño... Sabes perfectamente que hay algo especial entre ellos...
- Si, si... ¿Pero y si le dice que no?
Piero suspiró exasperado. Tanto su mujer como su hijo tenían la misma actitud impetuosa e impaciente. Se ponían nerviosos con facilidad en ese tipo de situaciones.
Y la conversación de Leoni y Mercurio y el tiempo que llevaban Lena y Fidio en el jardín de atrás no ayudaban.
Hasta que Leoni se sorprendió.
- Eh, mirad, ahí vienen...
Los otros cuatro se dieron la vuelta y se quedaron pasmados, al ver que los dos caminaban hacia ellos, juntos, riendo y agarrados de la mano.
Un poco avergonzados por las miradas indiscretas, se sentaron de nuevo el uno junto al otro, ya que el sitio que antes ocupaba Fidio había sido cogido por Valentina.
- Bueno, chicos... -Comenzó la abuela de Lena- ¿Alguna noticia?
- Pues ahora que lo dices, abuela... si -Dijo Lena con seriedad. Aun estaba algo enfadada con ella.
- Veréis, hemos estado hablando... -Empezó Fidio- Y bueno, hemos decidido que...
- ¿Que...? -Todos estaban de lo más nerviosos.
Lena suspiró, y sonrió, asintiendo a Fidio.
- Damas y caballeros, a partir de este momento estamos oficialmente prometidos.
Todos en la mesa se sorprendieron de verdad, aunque muy en el fondo se lo esperaban. Llamaron la atención de los demás invitados, que observaban intrigados.
- ¡Ay, dios mío! ¡Qué felicidad! -Exclamó Eleanora- ¡Siempre supe que dirías que si, Lena!
- Madre mía, Lena. ¿Tú sabes en lo que te estás metiendo? -Dijo Mercurio, irónico, hasta que su abuela le reprendió de nuevo, para luego felicitarlos.
- Bueno, chicos -Dijo Piero-, ¿Vais a querer una fiesta de compromiso? ¿O preferís solo anunciarlo?
- Yo... creo que es mejor no hacer una de estas fiestas ostentosas, papá...
- Bien, bien, se lo que quieres decir.
Piero se levantó, y cogió una copa, para sorpresa de Fidio.
- ¡Atención, señoras y señores! -Fidio y Lena se sorprendieron, e intentaron frenarle, pero ya todos los invitados le estaban mirando- Primero, antes de nada, quiero dar mi más sincera enhorabuena a la pareja. Es maravilloso que por fin haya una unión tan hermosa entre la familia Zanardi y la familia Manfredi -Los aludidos sonrieron y alzaron sus copas-. Y bueno, debo decir que gracias a esta unión y a esta noche tan especial, os vamos a anunciar una gran noticia. Aquí mismo, hace unos momentos, mi hijo, Fidio Aldena, y la hija de nuestro muy querido Leandro, la hermosa Lena Di Angelo, ¡Se han prometido en matrimonio!
La sorpresa en el salón no pudo ser mayor.
En seguida todos los invitados estallaron en aplausos y felicitaciones, mientras que Eleanora y Valentina hacían que Fidio y Lena fueran a la mesa central, junto con Gianluca y Caprice.
Los dos caminaron juntos, algo nerviosos.
- ¿Me quieres decir que hacemos ahora? -Susurró Lena a Fidio.
- No lo se, mi padre es un bocazas que no sabe escuchar...
- En fin, supongo que solo tendremos que saludar y sonreír...
Caprice y Gianluca se levantaron, y fueron junto a ellos, para felicitarse mutuamente.
La rubia le dio dos besos a cada uno, y abrazó a Lena.
- Que sepas que has hecho lo correcto.
- Gracias, de verdad. Me ayudaste mucho.
- Alguien tenía que conseguir a este chico algún día, ¿No? Me alegro mucho por ti.
- Bueno, no es que estemos juntos de verdad...
- Tiempo al tiempo, guapa. Ya lo verás.
Los cuatro estuvieron unos segundos felicitándose, sonriendo y saludando a los invitados.
Hasta que todos comenzaron con unas palabras inesperadas.
- ¡Que se besen!
Todo el mundo empezó a corearlo, lo que hizo que se pusieran nerviosos, aunque por lo que vieron, Gianluca y Caprice lo hicieron sin problemas. Ya estaban acostumbrados a ese tipo de cosas.
Pero Lena y Fidio se quedaron cortados, mientras todos los invitados no dejaban de insistir.
Fidio la miró, y sonrió.
- No tenemos por qué hacerlo, si no quieres...
- ¿Y te crees que ellos se van a rendir?
- Ya, pero...
Lena estaba algo avergonzada, pero se puso de puntillas y juntó sus labios durante un breve instante. El chico se sorprendió muchísimo, pero no se apartó hasta que ella decidió hacerlo.
...CONTINUARÁ...
