Noche de estreno, brilla la Luna

"Vientos que claman el fulgor de una estrella, llama a esa duermevela que tanto ansío encontrar, más no se háyase en la sombra o luminar , solo en el brillo de una estrella que canta tanto de noche como de día. Muerta tras la nueva, completa que se llena, espejismo invisible del brillo espectral, que sucumbe a ella al mirar"

Se mordió el pulgar en clara señal de nerviosismo, tenía todo lo que una chica podía desear en un cuento de hadas, un traje sencillo pero hermoso, unos complementos que podían envidiar más de una de las alumnas de Hogwarts y un encantador príncipe azul que muchas deseaban, pero que solo ella era quien tenía hasta las doce. Miró al reloj, tenía que ir a la sala Gryffindor, no es que fuera la primera vez que iba, pero temía salir de allí y que la vieran, preferiría vestirse allí y entonces bajar, para que todo el mundo pensase que era una Gryffindor, así desconcertaría aún más... sonrió levemente a sabiendas de que pocos o nadie la reconocería.

Buscó una bolsa, la misma que había traído de Honeyducks y metió el vestido cuidadosamente junto a los complementos y un suave antifaz plateado con lentejuelas brillantes a su alrededor. Lo ocultó todo para que ningún chismoso empezara a murmurar sobre si la loca de Ravenclaw había conseguido pareja para el baile, o mejor dicho, que ella iba a ir al baile, que ya de por sí era un gran cotillón, dejó dentro de la bolsa tapando su contenido con una revista del Quisquilloso y un libro, para que nadie pensara que era el vestido más hermoso que se hubieran podido imaginar. Suspiró mientras se miraba la ropa, un bonito conjunto de vaquero y camiseta sicodélica muggle, donde predominaban los colores rosa y rojo, su pelo recogido en una sencilla cola baja y unas botas altas de color marrón cenizo pálido, frunció un poco el ceño al mirarse al espejo, para ver sus pálidas mejillas las que había acostumbrado a ver rosadas estos últimos días.

Pasó su mano por el flequillo que se había dejado dejándolo caer suavemente sobre su frente, recordó el pelo desordenado de su amigo y sonrió infantilmente mientras sus mejillas sin darse cuenta se encendían, él si que necesitaba una buen peine, comparado con lo suyo, su pelo eran hebras de seda. Carraspeó un momento mientras cogía la bolsa y bajaba haciendo en encantamiento ha su habitación mientras se ponía la varita como si fuera el lápiz de un carpintero y asentía satisfecha. Abajo muchas chicas nerviosas por sus parejas, apariencia o si sus vertidos eran bonitos, unas cuantas miraron a Luna y apartaron la vista, pero una de la quedó mirando con algo de burla en su rostro, Chang.

- Vaya, así que la loca decidió bajar – con mirada altiva junto a su amiga Marietta – la pobre no creo que tenga pareja, es una lastima – con toda la falsedad del mundo.

- Mejor sola que mal acompañada Chang – la desafió con la mirada – los bailes nunca han sido lo mío, prefiero estar leyendo por la tarde – le señaló la bolsa – y hacer otras cosas que tu intelecto no alcanzarían a entender – con una sonrisilla burlesca.

- ¡Pero como te atreves a meterte conmigo niñata! – levantándose de repente con la cara roja de rabia.

- Cálmate Cho, ella solo te tiene envidia, jamás podrá llegar a ser como tú – sonriendo de forma despectiva a la rubia.

- Ni quisiera ser como ella, y envidia no tengo – fue hacia la puerta cuando habló en voz alta como si fuera para ella – además Chang se ha conformado con Roger Daivis por que Harry no le hace caso, seguro que tiene una pareja mejor que tú – soltó una fresca risotada – estoy deseando que me cuenten que pasará – y salió del retrato .

Corrió por los pasillos con la respiración agitada, aunque le hubiera contestado a esa asiática aún le quedaba el recuerdo del día que dijo que ella no podía ser mejor que esa, claro que iba a ser mejor, iba a ser el lucero que brillara entre las estrellas. Se mordió el labio mientras subía las escaleras para ir al séptimo piso mirando que muchos corros de chicas hablaban impacientes sobre el baile y otras como ella se iban a sus casas para arreglarse, lo suyo era bastante complicado, pero con ayuda de Ginny a lo mejor podría hacerlo y demostrar que el brillo plateado podía alumbrar más que el mismísimo sol. Giró corriendo la esquina casi tropezándose con un grupo de chicas que le gritaron que tuviera cuidado mientras esta se disculpaba a lo lejos. Llegó al lugar donde tenía que ir y sonrió.

- Contraseña, contraseña... – musitó por lo bajo - ¿cuál era la de esta semana?.

- ¿Vas o no a decir la contraseña? – replicó la dama Gorda mientras la observaba.

- Espera un minuto... era algo como de música... a ver... ¿Moonligth? – rezó por haber aceptado y dio en el clavo por que el retrato se abrió.

- Gracias – dijo al cuadro mientras en la estancia de la sala una pelirroja leía con tranquilidad un libro y otros chicos hacían diversas cosas, algunos extrañados al verla en esa sala, se acercó a la pelirroja y sonrió - ¿me ayudarías con mis arreglos por favor? – preguntó.

- ¿Cómo que arreglos?.¿Es que vas a...? – la rubia se anticipó y asintió señalándole a la bolsa mientras la pelirroja sonreía abiertamente - ¡Y a qué esperamos! – cogiendola del brazo y arrastrándola técnicamente hasta su habitación.

- Si que estás efusiva hoy – se sentó en la cama – espero no molestarte, pero es que no sé arreglarme y necesito alguien que me ayude – tímidamente sonrojada.

- ¡No es molestia! – exaltó a la joven – con tal de que me digas quien es él y como te lo propuso me conformo – Luna negó con la cabeza, Ginny siempre sería Ginny.

- Cuando acabes de arreglarme lo descubrirás, he traído todo lo necesario, el traje, los zapatos, el colgante, los pendientes y la corona – Ginny parpadeó.

- ¿Vas de princesa? – la rubia negó rotundamente - ¿entonces?.

- Cuando acabes ya lo descubrirás hay que tener paciencia aunque... ¿tienes poción alisadora?. Es que la necesito para el pelo... – la pelirroja se puso a mirarla con ojo experto y asintió, iba a ser una sesión muy larga.

Tardó media hora en desenredarle del todo el pelo para que le quedara lacio, como hebras de seda doradas. Su amiga alabó que tuviera un pelo tan hermoso, la rubia dijo que dejara de bromear en tono de guasa. Sabía que no era muy guapa, sabía que no era muy lista, pero había aprendido a saber mantener la calma en la peor de las situaciones y a no rendirse por mucho que alguien la atosigara, si podía mostrarse y verse por un momento guapa en su reflejo, lucharía por ello, miró de reojo a su traje mientras Ginny le terminaba de alisar el pelo, era tan bonito que seria una pena desperdiciarlo, por eso tenía que lucir hermosa, para ser merecedora de tal obsequio.

- ¿Te gustaría tener algunos rizos?. Para la parte de la cara te vendría muy bien, quedarías muy linda – sonrió Ginny mientras le ponía algo de colorete.

- Sea lo que sea lo que me tengas que hacer, hazlo antes de que me arrepienta – bufó en tono de broma, esos mundos no eran los suyos.

- Oh vamos, no te cortes, ya verás lo guapa que quedas, aprende de la maestra – le siguió el juego mientras le daba un toque de varita quedando el poco flequillo que aún conservaba rizado un poco menos que los tirabuzones, y le quedaban demasiado bien – te quedan perfectos.

- No exageres – mirándose al espejo con una pequeña sonrisa.

- Yo me voy a arreglar el pelo, tú ponte el vestido y procura que no le pase nada a tu pelo, luego te vendré a maquillar – le guiñó un ojo y se fue para el servicio dejándola sola.

Suspiró y lentamente se fue deshaciendo de la ropa mientras se ponía muy cuidadosamente el vestido que le quedaba como anillo al dedo, blanco plateado iluminado por las luces del cuarto, parpadeando con ese brillo fantasmal que tenía en su sueño. Sus pequeñas cintas se le pegaban al cuerpo mientras que la parte de los hombros se le descolgaba un poco haciendo que se le colocase en los brazos como por arte de magia. El cierre lo tenía en el lado del traje, bien disimulado por unas tiras que se pareaban, haciendo crear una linda visión óptica. Cogió unas medias blancas, y se las puso en las piernas lentamente mientras se alisaba una parte del traje, sonrió discretamente mientras se miraba al reflejo y se colocaba los zapatos con brillantes poniéndose de pie acostumbrándose mientras andaba a ellos.

- Bueno Luna hoy es la noche – se decía a si misma – reza para no meter la pata – sostuvo los pendientes mientras se los ponía en las orejas – y por que todo salga bien – retuvo un sonoro suspiro mientras se terminaba de retocar los pequeños colgantes.

En ese momento salió Ginny del baño mientras llevaba un traje de algo parecido al cuelo negro pegado al cuerpo, el pelo lleno de ondas mientras con una meno se los desenredaba, era una imagen muy picaresca teniendo en cuenta de cómo se le pegaba al cuerpo y la sonrisa de aprobación que tuvo en cuanto la miró. Su traje era de medicas rojas botas altas de color sangre, de una pieza sin mangas y con un pronunciado escote, detrás del vestido le salía una pequeña cola que se movía graciosamente como si estuviera viva, y sostenía entre las manos un parte cuernos postizos que más tarde se colocaría en el pelo.

- Vamos a ser el ángel y el demonio de la fiesta – mirándola de arriba abajo – te vez muy guapa esta es la noche de encantos escondidos ¿no es cierto? – se sonrojó a más no poder.

- Prometí que esta noche sería la el astro que brillara en la oscuridad, y creo que lo he conseguido – arrascandose la mejilla.

- Tu pretendiente deberá de sorprenderse mucho al verte – le guiñó un ojo – solo tengo que maquillarte y brillarás de verdad, tienes un cutis muy blanquecino como la leche, te quedará bien cualquier color pastel... o el dorado y un rosa claro para los labios... con un poco de colorete y rimel nadie te reconocerá.

- Esa era la idea desde un principio – rió débilmente mientras sacaba la varita y se apuntaba las orejas haciéndoselas puntiagudas – no seré un ángel, pero sí en elfo del bosque.

- Estas loca – negó burlescamente.

- Y adoro estarlo – la miró con su hermosa sonrisa.

Ginny cogió su set de maquillaje y empezó a darle sombra de ojos dorada haciendo que su pelo y ojos quedaran igual de brillantes, por lo menos los párpados. Son un poco de rimel sombreó sus extensas pestañas que realzaban el azul metal de sus profundos ojos, hipnotizantes y picarescos. Con un poco de colorete sus mejillas tornaron de color pálido que solían hasta llegar al hermoso color que tenía cuando se sonrojaba haciéndola quedar más que adorable. Con un fino pintalabios lineó los suyos de un rosa con brillo mientras que la rubia descansaba la vista, nunca se había maquillado la verdad y la experiencia no es que fuera tan incómoda, olió una suave fragancia a melocotón proveniente de sus labios y abrió los ojos.

- Estás como una princesa – levantó el pulgar con la mano derecha – muchos hombres caerán rendidos a tus pies Luna.

- ¿Por qué huele a melocotón? – fue lo primero que preguntó algo desconcertada.

- Es el aroma de el pintalabios, no te lo lamas aunque tengas la tentación, no creo que ni siquiera tu padre te reconociera – con una mano en la mejilla.

- No puedo haber cambiado tanto – se dijo a si misma en voz alta y se fue a mirar al espejo sorprendiéndose a su misma.

Puede que para Luna Lovegood el apelativo belleza o hermosura para aquellos que la veían con ojos ajenos en realidad nunca lo llegaran a concordar con ella, pero toda regla tiene su excepción, y este era el momento de ello. No se tocó su nívea piel por temor a que fuera un espejismo o que el maquillaje se quitara, estaba más que preciosa en estos momentos, nunca en su vida se había visto de tal manera, se emocionó de sobre manera haciendo que su sonrisa temblara en un intento de contener la emoción. Pero para romper el sueño, Ginny se acercó a ella colocándole cuidadosamente la corona en su pelo mientras giraba la cabeza dándole las gracias, por lo que ella solo dijo de nada y se fue a arreglar, esta sería su noche, la noche en la que brillaría más que la Luna.

En baile empezaría en unos quince minutos y todas las parejas se encontrarían en él, aunque como muchos habían quedado antes para recogerlos o encontrarse, en el caso de nuestra sinuosa pareja, era la chica la que le había dicho al chico que se encontrarían en su torre. Harry tenía unos pantalones marrones y una camiseta sacada como de la edad media, una capa que casi rozaba el suelo con ella, llevaba el pelo por los ojos, gracias a que Hermione le había hecho el apaño de ir complementado con el traje, su antifaz negro con toques verdes hacia que se admirara mejor el clamor de sus centelleantes ojos, los cuales buscaban impacientes a su acompañante. Ron a su lado esperando también ha su pareja vestido de un tipo Drácula intentaba sacarle quien diablos era su pareja.

- Te lo he dicho mil veces, si ni tú ni Hermione la reconocéis no e mi culpa no os lo diré – cruzándose de brazos.

- ¡Pero si no me acuerdo de quien es! – bramó – y te puedo asegurar que una cara así no se me olvidaría fácilmente.

- No apuestes por ello, perderías – negó con la cabeza intentando ser razonable – por cierto ¿con quien va Ginny? – con curiosidad.

- Bah, no lo sé, pero como ese alguien se intente propasar con ella, le tiraré al lago desnudo lleno de tiburones mientras que el calamar gigante lo despedaza y.. – no continuó ya que Harry hizo que se callara.

- Lo he captado, pero creo que estás siendo demasiado sobre protector a mi parecer – bufó.

Entonces dos chicas bajaron del dormitorio de las chicas de quinto curso, una de ellas era Ginny, vestida con un traje que no dejaba paso a la imaginación, aunque para vestir así y que no se le viera más de lo que se le podía ver, era ya de por si dicho un logro. Sonreía picarescamente mientras su hermano muerto de la vergüenza murmuraba cosas sobre que trapos eran eso o que iba prácticamente desnuda, o cosas parecidas a esas. Harry solo pudo sonreír débilmente ante a reacción de su mejor amigo, aunque era cierto, Ginny iba muy guapa y de por sí provocativa. Pero entonces divisaron a la segunda que iba detrás de ella...

Un traje algo antiguado pero precioso, plateado y blanco, el pelo de la muchacha era dorado y sus ojos escondidos detrás de un antifaz rosado con reflejos, la pelirroja era el fuego del deseo, pero la rubia en estos momentos era la luz de la inocencia, un pequeño brillo que iluminó la sala Gryffindor mientras los hombres la miraban con curiosidad para averiguar su identidad y quien era su pareja. Unos pendientes, corona y zapatos a juegos combinaban a la perfección con el traje, su suave maquillaje dando paso a una real vergüenza pero orgullo de ser a ella a la que miraban, convirtiéndola en un centro del cual las burlas habían dejado paso al enigma de quien era ella. Vio a su pareja con un poco la boca abierta intentando saber quien era también... sonrió débilmente y le susurró algo a la pelirroja que también lo hizo.

Sus pasos firmes se fueron dirigiendo al interprete de montaraz que tenía enfrente suya a escasos metros, mientras la envidia corroía a aquellos que pasaba de largo aquel hermoso ángel. Harry no sabía que hacer o decir, estaba estupefacto, si esa era su pareja... sabia que ella era muy linda cuando se lo proponía, pero esto ya rayaba lo ridículo, aunque al ver detrás de ese antifaz unos preciosos ojos metal azulado su corazón dio un vuelco.

- Hola Romeo – dijo con su calmada voz mientras hacia una reverencia recordatoria a la Edad Media.

- Julieta – contestó de la misma forma cogiéndole la mano.

Continuará...

Bueno, todos se preguntarán por que lo he acabado aquí, pues por que no tenía ganas de continuar y seguramente si lo hiciera me volvería a trabar y eso no es algo que este mucho por la labor, me quedaba muy poco así que decidí acabarlo lo más pronto posible, ya que como bien saben las cosas en mi mente no es que suela estar muy... bueno, cuerdas n.n... ¡Pasamos los 100!. Estoy tan feliz de haber sido la primera escritora de esta pareja en castellano que sobrepase esa cifra, Talhos como es chico sería escritor n.n que siempre me acuerdo de él cuando termino el capítulo de este fics, pues eso. Creo que ya queda menos para el final, recordad que cuando acabe este fics será después del baile, y si me he llevado dios sabe cuando tiempo preparándolo imaginad cuanto tiempo tendré para terminarlo n.n. Mi muy gran agradecimiento a las siguientes lectoras:

Lupi – chan; Linz Hidaka; Isabella Riddle; Chidori – 15; Tahlos; Daina – chan; Ana Lovegood de Potter; Jomelie; Aye436; Lunix; Neko; Utena – Puchiko – Nyu (Has acertado en el novio de Ginny XD); Lord Moetensen; Loves Harry; Gabriela.

:Adelanto:

- ¿Sabes que en las fiestas besarse en medianoche significaba amor eterno? – habló Luna recordando sus cuentos – no creo que esas parejas lo pasen muy bien en sus vidas, no siguen la tradición.

- ¿Así que es una tradición, no? – con las mano en su mentón pensativo.

Próximo capítulo...

Comienza el Baile

Nos lo perdáis n.n!

ASUMI - CHAN