Pues estamos llegando al final este es el penúltimo capítulo, así que espero que lo disfruten y comenten. Hoy es 2x1, actualizo este fic y el otro llamado redención, vino a visitarme una musa por ello mi inspiración.
Capitulo 9. Falso sueño.
Se encontraba sentado en las escaleras de capricornio, ya se le había hecho costumbre al santo de la decima casa, que al anoche cuando el manto estelar gobernaba sobre la tierra y Artemisa dejaba al enorme astro blanquecino iluminar el cielo, salía a observarlo, el ver las estrellas por unos segundos le daba tranquilidad a su alma, contemplaba su propia constelación y su principal estrella llamada Deneb Algedi, aquella luz incandescente del cielo que era la cola de la cabra en el firmamento.
Bajo su mirada a la tierra y observo a lo lejos, detrás de las montañas que rodeaban al santuario, pequeñas luces incandescentes que pertenecía a uno de los pueblos aledaños al recinto sagrado, justo cuando lo invadió una punzada de dolor de nuevo, se llevo ambas manos a la cabeza y la apretó, en un intento desesperado por que aquel dolor taladrante desapareciera pero este no cedió, se incorporo rápidamente y entro en la parte privada de capricornio.
-Maldición. – Abrió la pequeña alacena de donde extrajo un vaso de vidrio, el cual lleno de agua con rapidez, cuando estuvo a punto de llevárselo a los labios, apretó el recipiente con fuerza rompiéndolo en mil pedazos y cayó de rodillas al suelo, recargo la frente en el frio suelo de alabastro y comenzó a perder el conocimiento.
No supo porque en aquel momento recordó la amistad y la felicidad que había compartido con el traidor de sagitario, evoco los sentimientos que una vez tuvo por aquel que fallo a su juramento como caballero y hombre y de repente aquel momento fue sustituido al instante, cuando encontró a Aioros con una bebe en brazos que seguramente sería la impostora que el santo de la novena casa intentaría cambiar por Athena, sintió la rabia que experimento en aquel momento y la gloria que sintió al ver correr la sangre de aquel sucio traidor.
Su vista comenzó a regresar a pesar que al principio vio su entorno borroso, poco a poco todo tomo claridad a su alrededor y vio que la sangre que había visto en su sueño era la propia, aquella escena le pareció un deja vu, pero le resto importancia, no había que darle más vueltas al asunto el había matado al sucio traidor de Aioros, el cual no debía ser mencionado como un santo ya que se había auto provocado la peor deshonra y cometido un acto ruin de infidelidad a su diosa, por lo que él estaba más que orgulloso de haber permanecido fiel a sus principios y su diosa.
Lo que el santo de capricornio ignoraba que ese dolor de cabeza era debido a la presión de la técnica del Satán imperial ejercida sobre él por Ares, haciendo que ejecutara y pensara las órdenes y sentimientos que Saga de Géminis le hacía creer, aunque en su corazón se mantenía fiel a su diosa y amigo, a pesar de las acciones que hacía en contra de su voluntad.
…
Mu entro por la parte trasera a la casa de Virgo, camino en silencio por el salón principal de esta, esperando que el Shaka apareciera en cualquier momento, espero unos segundos cuando miro al rubio aproximarse hasta él, Mu lo analizo de arriba abajo, sometiéndolo a un duro análisis al no saber cuáles eran las intenciones de aquel guardián, que se mantenía tranquilo pero que intentaba mantener oculto aquel cosmos de por más agresivo.
-Veo que has regresado de tu visita al maestro. – Observo el hindú, acercándose con sus ropas blancas al otro santo que portaba su armadura dorada. -¿Qué te ha parecido? Sé que es la segunda vez que estas frente a él.
-No sé a qué te refieres, Virgo. – Mu se sintió incomodo al no poder ver los ojos del rubio, pues para él era una gran ventaja mirar y conocer expresiones y sentimientos de las persona con las que hablaba con solo mirar a aquellos luceros que le servían para leer entre líneas en el alma.
-A su cosmos. – Menciono como si, su pregunta fuera de por más clara, Mu arrugo la nariz un poco molesto ante aquella cuestión, de lo cual el santo de la sexta casa se percato. –Lamento si mi pregunta esta fuera de lugar solo que…
-No, te preocupes, es solo que no estoy acostumbrado a hablar con otros santos dorados. – Claro que no sean Dokho y Aldebaran pensó para sí mismo el santo de Aries. – Su cosmos es agresivo, hay algo raro en él.
-Siento lo mismo que tu, Mu de Aries, eres muy perspicaz. – Shaka se hizo a un lado para permitir que el peli lila continuara con su camino. – Muchas gracias, por confirmarme esta sensación, extraña que percibo de él.
-Confió que esto quede entre nosotros caballero. – Mu miro por el rabillo del ojo la expresión pasiva de Shaka quien asistió.
-Así será, caballero. – Y con esta frase ambos santos se despidieron.
…
Aldebaran había organizado una pequeña comida en tauro para recibir a Mu, en la cual también asistiría Aioria, por lo que se encontraba ya sentado frente a la mesa, donde se encontraba la mejor comida brasileña que el santo del segundo templo hubiera podido preparar para un comensal y digna de participar en un torneo del mejor chef, esperaba que sus dos convidados para aquella comida no se retrasaran más pues no quería que la probaran fría, ni tampoco tenía ganas de recalentarla.
-Tengo hambre… - El santo bajo su mano derecha hacia el estomago y lo sobo como signo de que se moría por probar lo que el mismo había preparado. – Podría probarlo por si le falta sal … - Se dijo a sí mismo, pero se detuvo a escasos centímetros de tomar el platillo que le quedaba más cerca al oír pisadas en la parte posterior del templo.
-¡Hola Aldebaran! – Saludo Aioria alegrementey contemplo al guardián de la segunda casa acomodando un platillo, por lo que sonrió al ver el magnánimo banquete que le esperaba. - ¡Alde me sorprendes, esto es… increíble!
-Aldebaran es un excelente cocinero. – Menciono Mu que recién llegaba por la parte anterior del templo del toro. – Lamento llegar tarde, pero estoy algo oxidado para subir las escaleras. – Se disculpo honestamente el tibetano.
-A todos nos pasa. – Le resto importancia el león dorado, olfateando el delicioso aroma de la comida brasileña frente a él. - ¿Qué es todo esto? – Aioria estuvo a punto de tomar un trozo de comida, pero recibió un pequeño golpe de Aldebaran en la mano. – ¡Auch!
-Es picanha bahiana, aquella que tiene Mu al lado es la carioca, esa que está cerca a ti Aioria, es una brocheta de picanha, es la reina de la carne asada, les encantara y ese es un churrasco, combinación de una picanha, pollo y chorizo. – Menciono el toro dorado orgulloso, entre los otros platillos se encontraban algunos postres y ensaladas que se veían de por más suculentas.
-Sera la primera vez que coma decente. – Contesto Aioria extasiado, sintiendo como empezaba a salivar mas, ante el aroma exquisito que despedía aquel digno banquete de dioses.
-Pues entonces a ¡Comer! – Rio alegre el santo de la segunda casa dando su "ligera" palmadita a sus invitados los cuales tuvieron que impulsarse con ambos brazos en la mesa, para impedir verse estrellados contra los platos que rebosaban deliciosos frente a ellos. – Provecho.
La comida transcurrió en silencio, rieron un poco del regaño que había recibido el guardián de la primera casa por parte de Arles, bromearon sobre ellos mismos, hablaron acerca de sus compañeros de orden que se encontraban en sus casas y que se perdían de aquel glorioso banquete.
-La verdad, preparas mejor comida que las cocineras del santuario, Aldebaran. – Sonrió introduciéndose un trozo de carne a la boca, que le hizo sentir el Olimpo. – Sabe a gloria.
-Es Aldebaran tiene un toque especial para la comida, te lo dije Aioria. – Mu había equilibrado adecuadamente su alimentación entre carne y ensaladas a diferencia de los otros dos, uno que cometía canibalismo y el otro que era digno de ser llamado en aquellos momentos león, pues sus platos rebosaban de carne de diferentes especies.
-Santos dorados. – La voz del patriarca se escucho vía cosmos, por lo que el trió presto atención a la voz del sumo sacerdote. – Para evitar altercados entre los santos dorados y mantener el misticismo entre los doce templos, queda estrictamente prohibido el realizar asambleas entre ustedes, ya que será considerado como un desacato a la autoridad del patriarca y por ende de nuestra diosa, quien así lo ordena.
El silencio cayo entre los tres santos que habían perdido la sonrisa que expresaban en sus rostros, Mu arrugo el ceño confuso por aquella orden, Aioria doblo por completo el tenedor que tenía en su mano y se levanto molesto del asiento, por su parte el toro dorado alzo los hombros restándole importancia y continuo comiendo.
-¿Quién se cree? – Rugió Aioria enfurecido, mientras Aldebaran le robaba un trozo de carne del plato. -¡Oye te vi hacer eso!
-Tu continua quejándote…- El toro dorado se metió el trozo a la boca mientras Aioria volvía a sentarse y rodeaba con sus brazos el plato, dejando un rugido al aire que le hizo soltar una carcajada a Mu y Aldebaran.
-¿Qué haremos? – Articulo Mu una vez que dejo de reír, Aldebaran le resto importancia con un ademan de mano.
-Que baje a separarnos si quiere. – Se rebeló Aioria, vigilando las manos del santo de tauro que planeaban robarle otro trozo de carne, para aligerar el ambiente.
-Desconfía hasta de nosotros… - Mu retiro su plato satisfecho e imagino la preocupación que Arles estaba sintiendo por la amistad que los santos dorados comenzaban a llevar entre sí, temiendo a lo mejor de una posible traición.
-Y nosotros de él… -
…
El escorpión dorado sintió el frio cosmos del santo de acuario entrar por la parte posterior de la octava casa, por lo que sonrió con malicia y lleno de felicidad, al saber que Camus era capaz de desobedecer una orden directa del patriarca para visitarlo como todas las tardes lo hacían; entrenaban, cumplían con sus misiones y guardias, para después pasar un tiempo en Acuario o Escorpio platicando, o bien, él hablando mientras el mago de los hielos se quedaba atento escuchándolo.
-Sabia que soy irresistible pero no sabía cuánto lo era para ti, para que desobedecieras tan pronto una orden. – Comenzó a fastidiar a su amigo en cuanto lo vio recargarse en el marco de la puerta, pero el rostro de Camus permaneció inexpresivo. -¿Qué ocurre? ¿Paso algo con el patriarca? – Camus fijo una mirada en el que le indico que algo malo había pasado aquel día cuando el gran patriarca lo había mandado llamar aquella tarde, lo que hizo que el escorpión dorado tuviera un escalofrió que lo recorrió hasta los talones. - ¡Habla Camus! ¿Qué paso?
- Me ha… -
-Me estas asustando. – Milo se dejo caer en uno de los sillones de la sala del octavo templo, pues las peores noticias era mejor recibirlas sentado y en algo que amortiguara el golpe, por si este ameritaba.
-Tranquilo Milo. – Le pidió el francés, tomando aire, tampoco le resultaba tan sencillo a él decirle lo que había pasado y que le desagradaba por completo, sabía que tenía la capacidad y la paciencia para aquella misión por demás ardua, pero que al final había descubierto que era una forma de separarlos a él y Milo, pues el patriarca comenzaba a dudar de ellos.
-Estoy tranquilo. – Mintió el santo del octavo templo, recargándose con los brazos en el respaldo del sillón, lo que le saco una media sonrisa al galo.
-Me ha enviado a Siberia… -
-Ha no es tan malo, vas realizas la misión y vuelves. – Lo simplifico el alacrán dorado, pero Camus sonrió divertido y detuvo a Milo con la mirada impidiendo que se levantara de su lugar, pues aun no había dicho la peor parte.
-No es tan sencillo, me ha asignado a dos alumnos en Siberia, a los cuales debo entrenar haya … - Milo se había quedado en shock por lo que guardo silencio, esperando que la cabeza del guardián del octavo templo volviera a pisar tierra, pues dudaba que Milo lo continuara escuchando, parecía ido.
-¡¿Por qué te está castigando?! – Se levanto de pronto asiéndolo retroceder varios pasos, miro que Milo se molesto pues su cosmos aumento abruptamente. - ¡¿Por qué no se lo encarga a otro?! Iremos a hablar con él, haremos huelga si es preciso, Camus no puede mandarte a cuidar chiquillos, para eso están los santos de plata.
-Sabes que no podemos hacer eso. – Camus puso sus dos manos en los hombros de su amigo para intentar tranquilizarlo, pero sintió que el cosmos de su amigo que le quemo por unos segundos las manos, por lo que aumento el suyo, introduciéndole una ventisca de aire helado al cuerpo que calmo al escorpión. – Milo, escúchame…
-No ha pasado mucho tiempo desde que volvimos de nuestros lugares de entrenamiento y ya te quiere mandar lejos… lejos de nuevo. – Milo entrecerró sus ojos con coraje mientras Camus se sentaba y tapaba su rostro con ambas manos. -¿Y qué haremos?
-Nada. – Camus se recargo en el respaldo del sillón y miro a su compañero. – Iré a Siberia, entrenare a esos dos niños para que puedan luchar por la armadura del Cisne y regresare, soy un caballero dorado, tendré que venir a rendir reporte o alguien ir…
-Si ese es el caso iré yo. – Admitió Milo sintiéndose desolado como aquel día que les echaron del santuario para ir a entrenar a otro lugar y les separaron. – Al menos estas feliz.
-No sabes cuánto. – Lo miro con reproche, está orgulloso de ser el primer candidato para maestro de los dorados, pero le molestaba que lo enviaran lejos del santuario, como si fuera la única forma de asegurar su fidelidad y la de Milo.
…
Golpeo al guardia que se encontraba en el suelo, asestándole una patada en el costado, que le hizo toser sangre mientras hacia un intento desesperado por levantar e intentar huir de ahí, por unos segundos corrió desesperado entre las rocas pensando que tendría la posibilidad de salir del santuario, pero cuando vio al santo dorado de cáncer frente a él, cayó de rodillas al suelo y comenzó a suplicar.
-¡Por favor! ¡Se lo ruego! ¡No le diré a nadie lo que he visto! Nadie sabrá quien es el patriarca, se lo juro. – El hombre se arrastro hasta sus pies, pidiendo clemencia, no había hecho nada malo, su único error había sido ver el rostro de Saga tras la máscara del patriarca, cuando esta se cayó al suelo frente a él. – Por favor, hare lo que sea, pero no me mate, se lo ruego.
-Tendrás que guardar silencio. – Menciono el santo regocijado de ver la humillación de aquel insecto que se arrastraba hacia él, suplicante, retiro su pie de las manos sucias de aquel moribundo. –Viste algo que no debiste ver.
-Perdón señor, yo no hice nada, la máscara se cayó frente a mí, yo… - Miro los ojos sádicos del cuarto guardián. – Por favor, guardare silencio lo juro.
-Solo hay una forma de guardar silencio o al menos de garantizármelo. – Macara de la muerte de cáncer sonrió sádicamente y se agacho para levantar por el cabello el rostro de aquel guardia que lo miraba suplicante y que estaba manchado de sangre, el santo rio al ver aquel trabajo tan perfecto que había hecho.
-Se lo garantizo, nadie lo sabrá, hare lo que sea para garantizárselo señor. – Mascara de la muerte, soltó plenamente la carcajada al escuchar lo que él deseaba oír.
-¿Sabes cuál es la única forma de garantizarlo? – El hombre negó, por lo que el amplio su sonrisa. –La única forma de guardar silencio para siempre, es la muerte. – El rio sínicamente, mientras el hombre desencajaba el rostro y comenzaba a llorar, combinando el sudor, las lagrimas y su sangre en aquel rostro desfigurado por el terror, el caballero levanto del cuello a aquel moribundo que pedía auxilio en aquel lugar desolado. – Te lo voy a conceder.
-Señor Afrodita, ¡Ayúdenme! – Menciono el hombre esperanzado al ver aparecer al caballero de piscis por unas colinas, llevaba una rosa blanca en la boca y caminaba lentamente. - ¡Se lo ruego, ayúdenme!
Afrodita giro lentamente la cabeza y la rosa fue lanzada hacia la parte posterior del hombre, la flor se clavo en la espalda del hombre, matándolo casi al instante, pero no tan rápido para que la esperanza que había aparecido en su rostro se desvaneciera para formarse llena de terror y después su sangre tiñera aquella rosa blanquecina. Mascara de la muerte gruño al verse interrumpido por su amigo y arrojo el cuerpo del guardia, con desprecio hacia unas rocas con gran cantidad de fuerza lo que ocasiono que el cuerpo se desfiguraba.
-¿Por qué me interrumpes? – Gruño el santo de la cuarta casa al pisciano.
-No había necesidad de hacerlo pensar que sobreviviría. – Se excuso el santo acercándose al otro. – Eres demasiado sádico.
-No debiste de haberme interrumpido. – El santo se dio media vuelta para dejar al doceavo guardián solo, pues no había nada que lo molestara más que su presa le fuera arrebatada de las manos como su compañero lo acaba de hacer.
-Mascara… -
-¿Qué quieres florecita? – Le contesto enojado ante su llamado.
-No fue el único que lo vio. – Repuso este como si no tuviera importancia, pero vio a su amigo sonreír gustoso y que su cosmos ardía con emocionado
-Vamos de cacería… -
….
Continuara…
El próximo será su último capítulo, no hay plazo que no se cumpla ni fic que no tenga final así que el mío se aproxima.
Muchas gracias a Kaito Hatake Uchiha por tu reaview, agradezco comentarios, dudas, mensajes etc. Que son las que me motivan a actualizar más pronto.
Atte: ddmanzanita
