Suspicious

Aunque el comienzo entre ambas no había sido el que habrían deseado, Rukia sintió una simpatía hacia Nel casi inmediata en los minutos posteriores. Esa muchacha desprendía vitalidad y buen humor por cada poro de su piel. Le agradaba estar en su compañía, y no le importaba en absoluto que ella tomara las riendas en la conversación. De hecho, lo prefería, pues ella no era demasiado habladora.

Descubrió que, a pesar de su desarrollo físico tan prominente, Nel aún estudiaba en el último curso de instituto. Todo el mundo le echaba más años encima de los que realmente tenía, por lo que no le dio importancia al hecho de que Rukia también lo hiciese.

A pesar de sus arrestos y desparpajo, se adivinaba aún su carácter infantil al oírle hablar. Sobre todo cuando lo hacía de Ichigo. Mediante sus comentarios, sus anécdotas y su actitud, Rukia supo advertir hasta qué punto mantenía una relación de dependencia con el chico. Hablaba de Ichigo con pura adoración, sin ocultar el hecho de que contaba con él para prácticamente todo. Él siempre estaba para ayudarla y sostenerla en sus momentos frágiles. Era su soporte en todos los sentidos.

Llegados a este punto de la conversación, Nel pareció sentirse un poco incómoda con su propia confesión. Se mordió el labio, con los carrillos más sonrojados de lo normal, y ladeó la mirada con brusquedad, como si se arrepintiese de haber dicho o recordado algo. Rukia sabía reconocer cuándo se reflejaba el dolor en los ojos de alguien, y Nel parecía una chica con un gran sufrimiento interior. No pudo evitar fijarse en la cicatriz de su rostro una vez más. ¿Qué podría haberle ocurrido a esa niña?

Tras unos instantes confusos, Nel esbozó una sonrisa y prosiguió con otro relato como si nada hubiese ocurrido. Gracias a ella, Rukia consiguió comprender y conocer algo más a Ichigo.

Al parecer su madre, Masaki, falleció cuando apenas tenía nueve años. Estaba tremendamente unido a ella, y su pérdida fue la clave para forjar su retraído y huraño carácter. Nel no quiso ahondar en las causas de la muerte, pero sí que recalcó el hecho de que era preferible no mentársela o no preguntar por ello.

—Ichigo siempre se pone triste cuando hablan de ella—dijo Nel entonces.

Rukia entendió perfectamente sus reservas. Ella tampoco soportaba que aludieran al tema de Kaien, así que acordó consigo misma no mencionar el de Masaki. Al fin y al cabo, si Ichigo quería contárselo ya lo haría cuando creyese conveniente.

Desde aquel terrible suceso, la familia Kurosaki sufrió un total desequilibrio del cual les costó volver a recuperarse. Con Masaki todo giraba en torno a ella, era el pilar fundamental de cada uno de ellos. Siempre vital, con una sonrisa y una palabra de alivio. Derrochaba amor incondicional por su familia y conseguía hacerte sentir bien con tan solo un gesto suyo. Por cómo la describía, parecía que Nel se refiriese a un ángel.

Una vez se fue de su lado, tuvieron que esforzarse mucho para seguir adelante sin ella, para vivir con su ausencia. Ichigo se refugió en sí mismo y nunca volvió a sonreír como lo hacía antes. Ni a llorar. Se volvió reservado, incluso hermético, y se dedicó en cuerpo y alma a cuidar del resto de la familia. En concreto de sus hermanas pequeñas, pues al parecer Nel no era la única.

Rukia sonrió interiormente. Es cierto que Ichigo tenía muy malas pulgas, pero también había comprobado que podía ser generoso y protector. Se alegró al haber descubierto a alguien que, pese a haber sufrido tanto, no había perdido lo bueno que poseía.

— ¿Por qué me cuentas todo esto?—quiso saber Rukia. Habría entendido que no lo hubiera hecho, pues se trataban de cosas personales.

Una risa cantarina propia de niña se escapó de su boca.

—Ya te lo he dicho. Creo que eres diferente.

Y para Nel, eso lo resumía todo.


Abrió un ojo. Después el otro. Nada. Los volvió a cerrar. Parpadeó. Los abrió de nuevo. Enfocó. Nada otra vez. Nel no estaba allí. ¿Qué hora era?

Dirigió entonces su mirada hacia la ventana. Los rayos de sol se filtraban a través de los cristales, pero aún no estaban demasiado altos. Era temprano.

Bostezó desde su posición y esperó unos minutos antes de levantarse. No sabía por qué pero se sentía muy cansado, a pesar de que había dormido como un tronco. Cuando se hubo desperezado, se incorporó de la cama y estiró sus brazos hacia arriba, ampliando el arco de la espalda. Le encantaba esa sensación. Lo único que le quedaba era conseguir algo que llevarse a la boca. Al igual que Rukia, él tampoco había cenado nada la noche anterior.

Se estaba preguntando dónde estaría Nel cuando la estampa que se encontró en la sala de estar respondió por sí sola. Sobre el sofá cheslong, y sin que hubiesen advertido su presencia, yacían dormidas las dos chicas, arropadas por un grueso mantón. Nel, como siempre, en su típica posición fetal y con las mejillas sonrosadas. Rukia también descansaba sobre un lateral de su cuerpo, aferrándose a la almohada con ambos brazos. Su rostro sereno contrastaba con la expresión osada que había conocido la noche anterior. Su mechón de pelo, rebelde como de costumbre, caía graciosamente sobre su cara. Parecía que en cualquier momento abriría los ojos y le miraría con aquellos ojos violetas que tanto le habían llamado la atención. Sí, suponía que era guapa. Pero sólo lo suponía. Que no cantaran victoria.

Miró a su alrededor y todo parecía en orden, excepto que sobre la mesa había una bandeja con un bol con pepinillos, frutos secos y patatas chips. No entendía cómo habían llegado hasta aquella situación, pero tampoco quería averiguarlo.

Se acercó a ellas con la mayor cautela y se colocó en cuclillas frente al rostro de Nel, comprobando que de nuevo colgaba saliva de la comisura de sus labios. Siempre con sus babas nocturnas. Sacudió la cabeza con una leve sonrisa. Estaba completamente seguro de que no pudo aguantarse las ganas y fue a incordiar a Rukia para hablar con ella. No tenía remedio.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que la joven temblaba ligeramente, tal vez debido al hecho de que un lateral del mantón se había deslizado y tenía parte de su cuerpo al descubierto. Tardó menos de un segundo en agarrar la colcha y echársela por encima a su hermana.

—No es tan fiero el león como lo pintan.

Volteó su rostro al escuchar la voz de Rukia. ¿Cuándo había despertado?

Ella sonrió, segura de que le había sobresaltado. Él ignoró su comentario.

— ¿Cómo has dormido?

Rukia se encogió de hombros.

—Más o menos. —Extendió su brazo hacia la mesilla y señaló la comida que había visto antes—. Asalté tu nevera.

—Enana glotona…

Ahora fue Rukia quien ignoró el suyo con gesto ofendido. Aunque la realidad es que le hizo gracia.

—Tu hermana es muy simpática. Y entusiasta.

—Debiste caerle en gracia. Las chicas no suelen gustarle. —Se detuvo a pensar unos instantes—. Creo que sólo se lleva bien con una amiga mía.

Rukia no sabía si sentirse afortunada. Al final iba a ser verdad que era especial.

— ¿Quieres algo para desayunar o me has dejado sin provisiones?

—No soy un oso panda comiendo bambú. Sé controlarme.

—Entonces, ¿qué? ¿Vas seduciendo hombres por las calles de Tokyo para adentrarte en sus casas y desvalijar sus despensas?

— ¿Eso significa que te he seducido? —contraatacó ella con la voz más sensual que pudo poner.

Ichigo quedó totalmente desarmado.

— ¿Qué? ¡Claro que no! ¡No es eso a lo que me refería!

—Baja la voz, Kurosaki-kun, que nos van a oír—susurró Rukia de nuevo con aquella voz que le erizaba la nuca, refiriéndose a una Nel que aún dormía.

—Cállate, sabes que era una forma de hablar.

Ichigo seguía excusándose en vano, porque un segundo después tenía el rostro de Rukia a apenas un palmo del suyo en una actitud más que provocadora. Podía sentir su respiración y, si echaba un vistazo más concienzudo, incluso se atisbaba el cuello del pijama entreabierto.

—A lo mejor no es sólo eso lo que hago con los hombres que seduzco.

Ichigo notó cómo en un momento se le quedó la garganta seca, como si se hubiera tragado un puñado de arena. Quiso decir algo, aunque no supo qué. Sin embargo temía que lo peor era aquello que no podía ver. Su cara. Sabía con certeza que el bochorno que sentía se reflejaba en ella sin barreras y en su máxima expresión. Esa humillación era más de la que podía soportar, por lo que se levantó de un salto y apartó su mirada con rudeza.

—Olvídame—gruñó.

Aunque Rukia reía divertida, en secreto agradeció que aquella broma terminara. Los ojos de Ichigo vistos de cerca eran tan intensos que ella también llegó a sentirse cohibida por un instante. Valoró como nunca sus dotes de actuación.

Iba a decirle algo para tranquilizarle cuando un extraño sonido llamó la atención de ambos. Provenía de la puerta principal, aunque tuvo que pasar un tiempo hasta que supieron identificarlo.

Parecía un objeto rozando la cerradura. Como cuando vas a introducir la llave pero no aciertas.

Se miraron con intriga mientras Ichigo se acercaba a la entrada con sigilo. Cuando se asomó a la mirilla y comprobó el origen del ruido no debió gustarle demasiado lo que vio, porque su semblante pasó de la curiosidad a la irritación.

Abrió la puerta con desgana y resopló con molestia.

— ¿Qué cojones te pasa?

Al otro lado de la puerta, un chico moreno de gafas se tambaleaba mientras intentaba atinar con su llave en el aire. Parecía que aún no era consciente de que la puerta se había abierto y la cerradura ya no estaba allí.

—Joder, ¿estás borracho?

El chico parpadeó con fuerza e intentó sujetarse al larguero de la jamba. Estaba muy mareado. Volvió a tantear sin éxito.

—Ishida, por el amor de dios, ¿no ves que estoy yo aquí? —Le arrebató las llaves de un gesto—. Deja de intentar abrir la puta puerta.

Se tambaleó de nuevo y se sujetó a los hombros de Ichigo.

—Tengo sueño—fue lo único que acertó a decir.

—Tienes más que eso. —Pasó su brazo bajo los de Ishida para que pudiera apoyarse en él y le acompañó al interior del apartamento—. Anda, siéntate. Voy a prepararte algo.

Le acompañó hasta el sofá y lo dejó caer como un peso muerto. Apestaba a humo de tabaco y alcohol.

—No recuerdo haber comprado eso—señaló a Rukia como si fuera una parte más del mobiliario—. ¿De dónde es?

Rukia no salía de su asombro. ¿Ese era Ishida? ¿El decorador? ¿El costurero? No podía ser cierto.

— ¿Qué ocurre?—rezongó Nel saliendo del letargo del sueño. Se frotó los ojos para despejarse y se fijó en que Ishida estaba sentado a su lado, en unas condiciones tan lamentables que nunca lo habría imaginado—. ¡Ishida! ¿Estás bien?

El muchacho se llevó la mano a la cabeza.

—No.

—Pero… ¿qué te han hecho? ¿De dónde vienes? —Percibió la cara de consternación de Rukia y se apresuró a aclarar la situación señalándole acusadoramente con el dedo—. Ishida nunca bebe. ¡Es Don Perfecto!

—Ocurre—señaló la voz de Ichigo desde la cocina—que es un estúpido. Cuando me llamó me dijo que estaba bebiendo un líquido púrpura muy rico. Y que ya llevaba unas cuantas copas de lo mismo.

—Me dijeron que no llevaba alcohol. Sabía a zumo.

Se excusó con un gruñido lastimero mientras intentaba, en vano, colocarse las gafas.

—Pues te engañaron. —Ichigo regresó a la sala de estar con lo que parecía una manzanilla—. El muy idiota no bebe nunca y ahora está como una cuba.

— ¿Dónde ha estado?—quiso saber Nel mientras sostenía la cabeza de Ishida en su regazo.

—En la despedida de soltero de un amigo del trabajo—contestó Ichigo por él—. Seguro que te vieron esa cara de pringado que tienes y no pudieron resistirse.

—Cállate Kurosaki—le espetó Ishida aún con la cabeza dándole vueltas. Notó entonces cómo unas gotas de algo viscoso caían sobre su cara—. ¿Por qué llueve?

— ¡Uy, lo siento! Soy yo. —Nel empezó a reírse nerviosamente mientras se secaba la comisura y le limpiaba las babas a un Ishida demasiado ido como para reaccionar con normalidad—. Aún estoy medio dormida.

Ichigo puso los ojos en blanco y se sentó junto a su amigo ofreciéndole el vaso que llevaba en la mano.

—Bébete eso y a dormir. Te llevaré una palangana a tu cuarto por si te entran ganas de echarlo todo.

— ¡Puaj! —Nel puso cara de asco sólo de imaginarlo.

— ¿Dónde está mi corbata?

Empezó a palparse nerviosamente la camisa procurando encontrarla.

—La llevas ahí. —Ichigo señaló la frente del muchacho. Efectivamente, la corbata azul estaba anudada alrededor de su cabeza en plan apache.

—Ah, sí, ya me acuerdo.

Ichigo se preguntó qué locura podría haber hecho en pleno periodo de enajenación y qué clase de amigo desalmado dejaba que fuese así de ridículo por la calle.

—No sé si quiero saber de qué te acuerdas.

Rukia, mientras tanto, observaba el panorama desde la distancia. La situación, en verdad, no podía resultarle más cómica. A pesar de los comentarios que se dedicaban o de sus actitudes, podía entreverse que los tres estaban bastante compenetrados.

Si bien el aspecto de Ishida era más que penoso en esos momentos, se apreciaba que debajo de ese estado de embriaguez había, en general, un tipo sofisticado. Los rasgos de su cara eran finos y sobrios, resaltando esa imagen de formalidad. En cuanto a su constitución, no tenía mucho que ver con Ichigo. Su cuerpo era menos fibroso y más blanquecino, aunque igualmente se le veía saludable. A Rukia los chicos con gafas siempre le daban buena impresión. No sabía por qué pero le inspiraban ingenio y sensatez.

— ¿Puedo ayudar?—se ofreció entonces.

Ishida dio un bote del susto al percatarse de la presencia de Rukia como ser humano.

— ¿De dónde ha salido?

Ichigo bufó con cansancio, pasando totalmente de explicarle nada. Lo que necesitaba su amigo era una buena siesta. Le hizo una seña a Rukia para que le ayudara a levantarle y, juntos, cada uno sujetándole por uno de los hombros, le encaminaron a trompicones hacia su dormitorio.

—Kurosaki…—volvió a insistir Ishida— ¿por qué hay una niña en casa? ¿Y a dónde me lleva?

Una vena en la sien de Rukia se hinchó con violencia al oír su comentario.

¿Niña?

—Lo siento pequeña, no tengo caramelos—le dijo ladeando una sonrisa.

¿Pequeña?

Ichigo rompió a reír.


Desde el mismo instante en el que finalizó su conversación con Renji, Byakuya se puso manos a la obra. En principio no tenía por qué preocuparse, la situación de Rukia parecía del todo controlada. Había puesto mucha tierra de por medio y no existían sospechas previas de que la hubiesen descubierto.

Sin embargo…apenas quedaban unos meses para el juicio. Seguramente estarían nerviosos. No podía permitirse el lujo de fallar y ponérselo fácil, por lo que utilizó a sus contactos para ponerles al corriente de lo que había ocurrido. Necesitaba toda la colaboración posible, porque el caso de Rukia era especial.

A la mañana siguiente, fue él mismo quien llamó al departamento de policía que llevaba la investigación del incendio.

—Quiero que me mantengáis informado de todo lo que encontréis. Es máxima prioridad. Testigos, algún indicio de que alguien haya podido estar en la casa, lo que sea. Sobra decir que tiene que haber discreción total.

— ¿Necesita que enviemos vigilancia de algún tipo?

Byakuya reflexionó unos instantes. Mejor no, podría ser peligroso.

—No es necesario, ya me ocupo yo.

—Enviaré un equipo de reconocimiento ahora mismo, señor Kuchiki. Le llamaré si hay novedades.

—De acuerdo. Si necesitan apoyo de algún tipo, contacten con Kisuke Urahara—. Ese tipo le sacaba de sus casillas, pero debía reconocer que gracias a él Rukia llevaba a salvo mucho tiempo—. Él sabrá qué hacer.

Colgó el teléfono y se recostó en su butaca procurando poner en orden sus ideas. Ese mes tenía que encargarse de un montón de papeleo y casos, Hisana no se encontraba mejor y, para más inri, ahora lo de Rukia. Deseó con todas sus fuerzas que todo quedara en un desafortunado accidente.

Dirigió su mirada a la fotografía de su esposa que reposaba en el escritorio de su despacho. Se la veía frágil, pero igualmente hermosa.

Tenía que decirle lo de Rukia cuanto antes, si no se enteraría por boca de otra persona y a él le gustaba ser sincero. Aunque si lo pensaba mejor…No podía contarle sus sospechas, se preocuparía demasiado. Cuanto menos supiera, mejor.

Cogió de nuevo el teléfono y, en esta ocasión, marcó el número de Renji. El pelirrojo no tardó mucho en contestar.

—Rukia no puede quedarse sola.

—Lo sé—coincidió Abarai—. Podemos coger el primer avión que salga para Osaka. ¿Quiere que me la lleve a mi casa mientras tanto?

—No, es arriesgado. Si la han descubierto, acabarán dando con tu rastro.

—Entonces… ¿qué podemos hacer?

Byakuya calló unos segundos. No estaba seguro de si funcionaría, pero no se le ocurría otra cosa mejor.

—Déjala donde está. Con… ¿cómo se llamaba?

—Ichigo. Kurosaki Ichigo. —Renji tardó unos instantes en caer en la cuenta de lo que Byakuya acababa de decirle-. Un momento… ¿que la deje allí? Pero si tengo que ir a recogerla en un rato.

—Eso no va a poder ser posible, Renji—su voz era pausada, pero no estaba expresando ninguna petición—. Si anoche asaltaron su casa, es porque obviamente no sabían que estaba vacía. Cuando se den cuenta de que allí no había nadie, si saben quién es realmente Rukia…

—Pensarán que está conmigo—concluyó Renji.

—Exacto. Ese Kurosaki no tiene ninguna conexión con Rukia. Mientras no sepamos qué ocurrió, con él estará a salvo.

Renji chasqueó la lengua con desazón. Estaba muy preocupado por su amiga, y le dolía no poder ser de ayuda.

—He comprado un billete para ti—le informó. Miró su reloj—. Sale dentro de cuatro horas. Date prisa y tómalo.

—No puedo dejar así a Rukia, tengo que avisarla. Yo…Tengo que…—Sonaba terriblemente frustrado—. Joder, no voy a dejarla aquí y a huir como una jodida gallina.

Byakuya sabía que Renji no se iría así como así, por eso lo tenía todo pensado.

—No te preocupes. Estará más segura allí que con nosotros.

— ¿Cómo lo sabe?

—Dame el teléfono de Kurosaki. Yo mismo me encargaré.


Apenas un minuto después de dejarlo sobre el colchón, Ishida ya dormía a pierna suelta.

—Este lleva una cogorza encima que no se despertará hasta mañana—opinó Ichigo mientras echaba el edredón sobre el cuerpo de su amigo.

Rukia no podía estar más de acuerdo.

— ¿Estará bien?

—Sí, solo necesita descansar. Cuando despierte le tomaré la tensión. —Bajó las persianas de las ventanas para evitar que le diese el sol y le doliera más la cabeza de lo que ya de por sí iba a hacerlo—. Ishida la tiene baja desde siempre, no es bueno que tome tanto alcohol.

—Te veo muy puesto en el tema—murmuró ella con sorna.

—No es por eso, lista. —Le indicó con la cabeza que saliese de dormitorio para poder cerrar y dejar a Ishida tranquilo—. Estudio medicina. Venga, vamos.

— ¿En serio?

— ¿Por qué te extraña tanto?

—Bueno, Ichigo… ¡mira qué cara! No te pega nada.

— ¿Mira qué cara? ¿Qué clase de razón es esa?—exclamó ofendido—. ¿Qué le pasa a mi cara?

—Parece que has bebido un vaso de leche agria. Si hubieses sido mi pediatra tendría traumas infantiles.

Lo que le faltaba por oír.

— ¿Y qué hay de ti? ¿Crees que alguien va a poder verte sobre el escenario sin los prismáticos?

Rukia hinchó los mofletes y apretó los puños con tensión. Maldita la hora en la que le comentó sus aspiraciones teatrales. Fue a responder a su improperio cuando una Nel saltarina interrumpió su disputa.

—Ichigo—llamó—. Creo que te están llamando al teléfono. Lo oigo desde aquí.

—Voy.

Le lanzó una fugaz mirada de victoria a Rukia y ésta se la devolvió con actitud retadora. Quizá esa vez lo hubiese hecho, pero no ganaba la guerra.

Ichigo se dirigió a su dormitorio siguiendo la melodía del móvil y comprobó que el número que aparecía en pantalla no estaba registrado. Ni siquiera le sonaba haberlo visto antes. Descolgó igualmente.

— ¿Kurosaki Ichigo?

—El mismo. ¿Quién es?

—Soy Kuchiki Byakuya, el hermano de Rukia.

A Ichigo le pareció extraño el hecho de que hubiese contactado con él y no directamente con su hermana, pero tampoco le otorgó demasiada importancia. Seguramente querría hablar con ella para saber si se encontraba bien.

—Ah, sí, Rukia está aquí conmigo. —Echó un vistazo a la sala de estar, donde Nel y Rukia volvían a estar charlando distendidamente—. ¿Quieres que se ponga?

—No es con ella con quien quería hablar, sino contigo.

Desde que Renji le había proporcionado los datos básicos de ese chico, Byakuya se había puesto tan pronto como pudo a investigarlo. El bienestar de Rukia estaba por encima de todo, por lo que tenía que asegurarse de que iba a dejarla en un lugar donde no corriese ningún riesgo.

Ichigo no tenía ningún antecedente penal, si bien sí que encontró algunas faltas por agresión y peleas callejeras. Al parecer, desde su juventud siempre ha sido un chico bastante conflictivo e impetuoso. Huérfano de madre, su padre regentaba una clínica privada en su ciudad natal, Karakura. Él también estudiaba medicina en esos momentos, en la universidad de Tokyo. Los fines de semana, trabajaba en una pequeña empresa llamada Unagiya.

No es que fuera la persona que él habría elegido para proteger a su hermana, pero era lo único que tenían y no parecía tan mala opción. Estaba seguro de que Rukia sabría arreglárselas con él.

—En unos minutos Rukia recibirá una llamada de Renji comunicándole que no podrá ir a recogerla. —Su tono era al mismo tiempo sereno y duro—. Que tiene que quedarse contigo

— ¿Conmigo? —repitió Ichigo desorientado por completo.

—Escúchame con atención porque no voy a repetirlo, muchacho. Rukia está en una situación muy delicada, su vida puede correr peligro. Es indispensable para que esté a salvo que se quede contigo unos días hasta que la situación se normalice.

El cerebro de Ichigo sufrió un pequeño shock mientras procesaba todo lo que aquel hombre estaba diciendo. Se sentía como el protagonista de un thriller policíaco.

—Eh, eh, para el carro. No entiendo nada de lo que estás diciendo. ¿Rukia está en peligro?

Caminó hacia la puerta con disimulo y la entrecerró de forma que las chicas no pudieran oír su conversación desde donde estaban.

Byakuya, desde el despacho de su domicilio, se frotó la sien con impaciencia. No tenía tiempo para dar explicaciones, y se temía que ese chico no iba a ser fácil de convencer.

—Sí, eso he dicho.

Ichigo apretó el teléfono contra su mano. Tenía que ser una broma, no sabía que Rukia tuviese problemas.

— ¿Por qué? ¿Alguien quiere hacerle daño?

—Hay una persona que la busca. —Omitió el nombre, era más información de la que necesitaba y de la que podía dar—. Quién sea o por qué lo haga a ti no te importa, a lo que te tienes que limitar es a retenerla contigo el tiempo que estimemos necesario. Rukia puede ser testaruda, así que encárgate de ello.

Eso ya era el colmo. No sólo no entendía absolutamente nada de lo que le estaba diciendo aquel tipo, sino que, encima, le pedía arrestar en su casa a la chica más cerril que conocía. Y sin ningún tipo de razón explícita, salvo que alguien iba tras ella.

Su cabeza empezó a embotarse cuando se dio cuenta de que había más gente en la casa aparte de ellos dos. Estaba Ishida. Y estaba Nel.

—Yo no retengo a nadie, y menos por nada. Aquí no estoy solo yo, está mi familia. No voy a exponerles por una llamada de un desconocido sobre un peligro que ni siquiera sé si es real.

Kuchiki resopló al otro lado de la línea. Ese chico tenía que atender a maneras, no había otra opción si quería salvaguardar la vida de su hermana. Estaba dispuesto a utilizar cualquier arma de persuasión que estuviese a su alcance, inclusive el peor de los sentimientos: la culpabilidad.

—No lo entiendes, muchacho. Si dejas que se vaya, lo que le ocurra será únicamente culpa tuya.

—Joder…

Eso era jugar sucio. No quería involucrar a Nel, pero tampoco podía permitir que hicieran daño a Rukia. ¿Y si resultaba ser cierto?

—Recibirás una compensación económica por ello—siguió hablando Byakuya, intentando disuadirle—. Ni Renji ni yo podemos hacer nada por ella salvo intentar borrar su rastro. Mientras tanto, necesita quedarse en un lugar donde nadie la busque. Ahí es donde entras tú.

Ichigo vaciló.

—No me importa el dinero—replicó con sinceridad. Sus ojos atravesaron el resquicio de la puerta para posarse en la figura de Rukia. Pequeña, aparentemente frágil, incluso serena. No podía imaginarse quién querría herirla. Suspiró—. Lo haré. Pero necesito saber de qué estamos hablando. Alguna garantía de que no estoy haciendo el imbécil.

Byakuya relajó su semblante. Rukia estaba a salvo. Por ahora.

—Lo sabrás a su debido tiempo. Estaremos en contacto.

Cuando Ichigo quiso contestar, la llamada ya se había cortado.

Por un instante tuvo ganas de gritar dando rienda suelta a su frustración. No entendía nada. Había sido la conversación más extraña que había tenido nunca. Propia de un gangster haciendo tratos de dudosa naturaleza.

Sólo tenía una cosa clara: estaba ayudando a Rukia. Ayudándola a esconderse de alguien desconocido con intenciones desconocidas porque su hermano hasta ahora desconocido se lo había pedido. Era una locura. Ni siquiera hacía un día que conocía a esa chica. ¿Cómo podía haberse involucrado en algo así?

Unos metros más allá, Rukia escuchaba a una Nel animosa sin poder imaginarse lo que estaba fraguándose desde la noche anterior por su causa. La muchacha le estaba enseñando una carpeta escolar donde guardaba fotografías de sus amigos y su familia. Hablaba atropelladamente mientras iba presentándole a cada una de las personas que salían en ellas.

—Este de aquí es Pesche—dijo señalando a un chico joven rubio y larguirucho— y éste grandote es Dondochakka.

Rukia reprimió una sonrisa. En la fotografía ambos chicos posaban con Nel en una postura propia de los Power Rangers. Un perro de gran tamaño les acompañaba en tan extraña estampa.

—Es Bawa—añadió Nel señalando a éste último.

— ¿Quién les puso esos nombres tan…?—no se atrevió a terminar la frase por no ofenderla. Eran un grupo de lo más variopinto.

—Son sus apodos. En realidad no sé cómo se llaman—admitió encogiéndose de hombros, divertida—. Nunca me han dicho su verdadero nombre.

— ¿Dónde los conociste? Parecen muy peculiares.

Nel dudó antes de contestar. La verdad era demasiado cruda para confesársela a alguien que acababas de conocer.

—Fue hace mucho tiempo—contestó tan solo—. Son buena gente. Pesche se lleva muy bien con Ishida. Cuando vengas otro día lo traeré para que lo veas. ¡Te vas a morir de la risa!

Rukia se limitó a asentir. No estaba segura de si volvería a aquel lugar. Ichigo le había caído bien y en cierta manera…le había gustado. Pero no había futuro, no mientras sus heridas no hubiesen cerrado del todo. Lo mejor era no crear falsas esperanzas.

— ¿Y esos papeles de ahí?—quiso saber Rukia. Señaló una pila de folios sobre la mesita del salón. Pensó que cambiando de tema evitaría responder a la invitación, lo cual le ayudaría a sentirse menos culpable—. He visto que son dibujos. ¿Los haces tú?

—Ah, esos…—Nel se incorporó de su asiento y los alcanzó estirando el brazo—. Son de Ishida. Tiene talento, ¿verdad? Te dije que es Don Perfecto.

Nel se los cedió a Rukia para que pudiera echar un vistazo. Eran realmente buenos. La mayoría constituían bocetos rápidos sobre paisajes o escenas cotidianas de Tokyo. Quizás hechos durante un desayuno antes de ir a trabajar, quizás en los largos viajes en transporte público por la ciudad. Pero también había retratos. Había uno de Nel jugando a las cartas con Ichigo, ella claramente perdiendo por su expresión infantil de enfado. Otro de un chico de tez morena, ojos profundos y pelo oscuro rizado. No parecía japonés. El mismo chico salía en compañía de Ichigo un par de ilustraciones más tarde, ambos echando una partida de dardos.

Rukia se sorprendió al comprobar que la mayoría tenían como protagonista una chica de cara risueña y cabello rojizo, lacio y largo. Podía percibir que, de algún modo, esa persona era especial para él. El trazo, las sombras, la postura, los detalles…denotaban esfuerzo y esmero. Era evidente que se había tomado su tiempo para captarla.

Siguió pasando las hojas deleitándose con el talento de aquel chico cuando uno de los retratos llamó sumamente su atención. Quiso pellizcarse. No podía creerse lo que estaba viendo.

Era un hombre de mediana edad y corpulento. La postura en sí misma resultaba amenazadora, demandante. Tenía la mandíbula muy marcada, amplia, en la cual destacaban gruesos labios que dibujaban una sórdida sonrisa. Casi macabra. Casi lasciva. Aquella expresión le dio escalofríos. Parecía dañino, incluso a sabiendas de que se trataba de una serie de trazos sobre el papel. Supo, no obstante, que lo más perverso en aquel hombre eran sus ojos. Oscuros, como un pozo sin fondo. Vacíos, carentes de emoción. Marcados por los tatuajes de unas lágrimas tan negras como su alma.

Ante el turbado semblante de la morena, Nel no pudo evitar preguntarse qué escudriñaba con tanto interés. Se deslizó unos centímetros en el asiento poniéndose a la altura de Rukia y ojeó por encima de su hombro para ver cuál de los retratos había captado su interés de esa manera.

Cuando contempló horrorizada de qué dibujo se trataba sintió cómo la sangre se desvanecía dentro de su cuerpo. ¿Qué hacía ese dibujo ahí?

—Nel, ¿quién es este?—se atrevió a preguntar Rukia a media voz. Se asustó al comprobar que la chica parecía haber visto un fantasma.

Nel obvió totalmente la pregunta. Hizo el amago de robarle el dibujo de las manos e intentar poner tierra de por medio con cualquier tontería, pero Rukia fue más rápida. Nunca forzaba a nadie a contar nada, pero tenía una corazonada y necesitaba respuestas.

— ¿Quién es?—insistió Rukia.

Nel sintió una punzada de ira. ¿Por qué tenía que contestarle? No podía. Qué diablos. ¡No quería! No era quién para inmiscuirse en sus vidas. No en la de Ichigo. Una cosa era contarle lo sucedido con Masaki para que no metiese la pata y otra muy distinta desvelar las verdaderas causas de su desaparición. De tan horrible crimen. Eso era algo que sólo le concernía a Ichigo. Que haría cuando se sintiese preparado.

— ¿Por qué quieres saberlo?—La expresión de Nel reflejaba enfado, pero también dolor. Era obvio que no quería seguir más allá. No sin una buena razón.

—Porque creo que le conozco.


Ruego paciencia con los próximos capítulos hasta navidades. Apenas tengo tiempo libre, así que lamentablemente no podré actualizar semanalmente como he venido haciendo este mes. A partir de aquí, las cosas se pondrán más difíciles y necesito hilvanar los datos para que la trama quede congruente y sin cabos sueltos. ;) Por eso tardaré un poquito más en subirlos.

¿Qué pasará con el arresto domiciliario de Rukia? ¿Quién la busca con tanto ahínco? ¿Por qué Ichigo se ha lanzado a la piscina en esa empresa, a priori, peligrosa, por una desconocida? ¿Quién será el extraño personaje perverso del dibujo? Seguro que ya sabéis por dónde andan los tiros.

Gracias por vuestros comentarios y opiones sinceras, siempre son bienvenidos. Sobre Nel, intento aunar tanto su carácter inocente e infantil como su faceta más seria y protectora (que pudimos comprobar como adulta). Me gustan sus dos caras, distintas pero complementarias. También tenemos que tener en cuenta que es hermana de Ichigo (por motivos aún desconocidos para vosotros), por lo que se ha forjado una relación de confianza bastante grande XD Espero, no obstante, mejorar con el paso de los capítulos. Pido disculpas por Byakuya porque ha salido terriblemente hablador en este capítulo para lo calladito que es él, pero no podía acortar sus frases...¡eran necesarias! XD

¡Nos leemos pronto!

PD: Ah, no os preocupeis. El Ishida que todos conocemos regresará en todo su esplendor en el próximo capítulo.