Sweet Love Dark.
Capítulo 9.
Una mirada peligrosa.
(Shaoran)
La soledad no solamente significa estar solo, también es aquello que sientes al no tener absolutamente nada que te haga ser feliz. Ahora mismo después de varias horas encadenado, por aquellos hombres endemoniados que me encerraron para tal vez impedir que encontraran a la persona más importante para mí, estoy sintiendo una inmensa soledad. Mi padre se ha ido, ni siquiera se ha dignado a quitarme estas horribles cadenas, que siguen haciéndome heridas en las muñecas. Me duele todas y cada unas de las partes de mi cuerpo. Aún percibo el olor a sangre mezclado con sudor de mi camiseta. Pierdo las esperanzas de salir de ese solitario lugar, tal vez me muera aquí dentro. Tal vez, por mi culpa ella muera también.
El miedo invade terriblemente mi cuerpo y me desespero por luchar. Los parpados me pesan de no haber dormido en horas. Siento que se van cerrando y que posiblemente no se vuelvan a abrir, pero cuando casi los tengo cerrados oigo un ruido desde fuera. Alguien viene hacia aquí…
Abro los ojos con pesadez, intentando mantenerlos abiertos.
-¿Padre? ¿Eres tú?-digo con voz angustiada, pensando que quizá haya venido alguien a ayudarme.
Nadie contesta. Una leve brisa fría atraviesa los barrotes y me deja helado. Detrás de ellos se puede apreciar una sombra.
-Hola Shaoran.-dice la voz tenebrosa del otro lado. – Tienes un aspecto horrible.
- ¿Quién eres?
No responde y miro con detenimiento a través de los barrotes. Un chico con el cabello de un tono gris oscuro y los ojos azules grisáceos está mirándome con una mueca horrorizada. El me mira fijamente, pero en sus ojos no puedo apreciar un gran odio. Su mirada está vacía, pero puedo percibir una gran tristeza en ella.
Yue. El gran hechicero de sueños, al cual todo el mundo teme, porque él puede a través de su magia, saber cuál es tu mayor miedo. La visión es tan real, que puedes llegar a morir en ella. En realidad es una muerte simple y dolorosa. Sentir que el miedo se apodera de ti dejándote sin vida…
-Así que tu eres la persona más importante para ella, que despreciable.-dice escupiendo las palabras.
-¿De quién diablos hablas? – mi voz suena firme y tensa a pesar de que estoy muy débil.
Yue alza su mano derecha y levanta los dedos apuntando hacia mí. Una fuerte angustia se crea en mi interior. Unos dolores fuertes comienzan a recorrer mi cuerpo, lentamente. Aguanto el dolor, apretando los puños y clavándome las uñas en las palmas de mis manos.
Él sonríe fríamente y una luz azul, sale de sus dedos.
Comienzo a gritar sin poder evitarlo y la garganta comienza a dolerme como si estuvieran acuchillándomela. Los parpados comienzan a cerrarse lentamente y siento una gran impotencia en mi interior.
No puedo dormirme. Hago un gran esfuerzo por mantenerlos abiertos y él me mira frunciendo el entrecejo.
-Vaya eres más fuerte de lo que pensaba, Shaoran Li.- su voz sonó maliciosa y pude ver una media sonrisa en su cara.-Nightmare.-dice susurrando.
Nuevamente siento una gran debilidad en mi interior. El sonríe con malicia y me mira con su mirada envenenada. Esta vez, solo emito un grito ahogado. Noto un dolor profundo en el brazo izquierdo y en el estomago. Aprieto los dientes haciendo fuerza para no mirarle. Su mirada fría e inexpresiva hace que se me hielen los huesos.
No puedo mirarle.
Tiro de mis brazos, para liberarme. Tras varios intentos totalmente inútiles, dejo caer la cabeza mirando fijamente al suelo. Levanto la cabeza, para comprobar si el hechicero de los sueños sigue ahí. Le veo con su mirada inexpresiva y él vuelve a sonreír. Los brazos comienzan a dolerme intensamente y tiro de ellos para intentar quitarme las gruesas cadenas. Las muñecas comienzan a sangrarme de nuevo y los parpados se cierran sin que pueda evitarlo.
Sakura…
(Sakura)
La estatua en forma de ángel estaba delante de nosotros. Miré a Ryou que estaba dando vueltas alrededor de ella con la mirada preocupada.
-¿Has encontrado alguna manera de entrar?- digo desesperadamente.
Ryou se gira lentamente angustiado, parándose delante de mí y mirándome intensamente. Me abraza. Siento el calor de su cuerpo y empiezo a sonrojarme, sin poder evitarlo.
-No te preocupes.-se separa de mi y mira a nuestro alrededor.- Seguro que la encontraremos.
Comienzo a pensar el estado desfavorable en el que se encontrará Shaoran. Esos horribles hombres, intentaron matarle una vez y lo volverían hacer.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo al pensar que quizá, él esté muerto.
-Tenemos que darnos prisa.-miro a Ryou que sigue dando vueltas- ¡Le mataran!
Ryou me mira asombrado y empieza a temblar levemente.
-Sakura, no le pasará nada. Shaoran es fuerte.-dice con una sonrisa torcida.
Lentamente comienzo a caminar hacia el ángel, como si algo me atrajera a él. Me acerqué mucho más y vi unas inscripciones en la parte superior. Las letras eran de un idioma completamente distinto al que yo utilizaba, pero de alguna forma podía entender lo que ponía.
Cuando la luz te ilumine, un ángel abrirá su puerta.
Recordé la explicación de nuestro profesor de historia, sobre la ciudad de cristal. La puerta solo la podían abrir los hombres que eran de esa ciudad, los iluminados. Recordé el dibujo de esa página, un hombre que ponía su mano en la estatua y de ella salía luz.
Ryou me miró desconcertado, debido a que estaba totalmente paralizada mirando al suelo fijamente. Suspiré y levanté la cabeza, mirando a la estatua nuevamente.
Lentamente con un gran dolor, me acerqué mucho más a la estatua y apoyé mi mano derecha en ella. Esperé unos segundos pero no pasó nada.
-¿Qué haces Sakura?-Ryou se acercó poniendo sus manos sobre mis hombros.
No se abrió. Sentí como una leve impotencia surgía de mi interior. Me pregunté nuevamente si llegaría a tiempo. Si podría salvarle o si ya estaría muerto.
Lloré. Las lágrimas caían lentamente por mis mejillas, haciéndome sentir un gran dolor. Cerré los ojos con fuerza y oculte mi rostro con los mechones desordenados que caían sobre él, ocultando mis ojos. Ryou abrió la boca para decir algo, pero la cerro al segundo, rindiéndose por animarme.
-Sakura, mira.- Ryou me miró asombrado.
-No quiero mirar, solo quiero encontrar a Shaoran.- nuevas lágrimas cayeron con más fuerza por mis mejillas.
-Pero si has abierto la puerta…
-No tiene sentido, Ryou eso es imposible.-dije realmente ofendida.
Levanté la vista mirando desconcertada a la estatua. Una luz blanca salía levemente de mi mano derecha, iluminando la estatua. Sentí que el suelo comenzaba a temblar y que la estatua comenzaba a moverse.
(Shaoran)
La niebla invadía las calles, provocando un paisaje realmente escalofriante. Corría, con la respiración agitada y un dolor en el cuerpo insoportable. Las piernas me dolían de correr a una gran velocidad. No podía usar mi magia, debido a un escudo, creado especialmente para que no pueda usarla. Al fondo se pueden oír unos gritos de dolor.
Sakura…
Sentí que una fuerte tormenta estaba a punto de comenzar, la lluvia caía débilmente, dejándome totalmente mojado. La camiseta estaba totalmente pegada a mi espalda y formando unas arrugas en ella. Olía a sangre y sudor, mezclado con el agua que ocupaba toda su superficie.
Un árbol de cerezo estaba delante de donde yo estaba. Vi a una chica sentada en el suelo y apoyada en él. Me acerqué lo más rápido posible. Sentí que la imagen estaba cada vez más lejos de mi alcance y empecé a debilitarme.
Comencé a ir mucho más deprisa, pero las piernas me fallaron haciéndome caer al suelo precipitadamente. Los ojos se me cerraron, sumiéndome en una gran oscuridad.
Al cabo de unos minutos los abrí, encontrándome en un lugar totalmente diferente. Los pétalos caían del cielo, provocando que el suelo estuviera casi cubierto por ellos.
¿Dónde estás Sakura?
Me levanto con pesadez, agitando la cabeza para recomponer mis pensamientos. Una mujer vestida de blanco, mira hacia el otro lado. Me acerco a ella y le abrazo, pegando mí estomago a su cuerpo.
-Sakura. Creí que te había perdido.
Ella se dio la vuelta y me miro fijamente. Ella lloraba y me suplicaba que me alejara de ella. Las lágrimas caían por sus mejillas, empapando mi camiseta.
Oí unos pasos hacia nosotros. El hombre situado enfrente de nosotros comenzó a aplaudir.
-Que conmovedor, una pena que no podáis estar juntos.- se detuvo y saco su espada, que ocultaba detrás de él.
-¡No le hagas daño a ella!- dije realmente irritado.
-No te equivoques, a quien voy a matar es a ti…
El hombre apunto firmemente a mi estomago y comenzó a andar hacia mí. Sentí que debía protegerla, que si moría yo, ella se salvaría y podría continuar viviendo una vida junto a otra persona.
Eso debía hacer, morir para salvarla.
El hombre hizo una sonrisa torcida, acercándose mucho más a mí. Que me matara mi padre, no era una cosa que me agradara precisamente. Sentí un dolor enorme, al sentir que la punta se su espada se clavaba en mi estomago, pero no era así…
Sakura estaba delante de mí y la espada que mi padre sostenía le atravesaba el pecho. La sangre caía por su vestido, haciendo que el blanco se llenara de manchas rojas.
Lancé un grito ahogado. Un dolor invadía mi cuerpo, produciéndome unas ganas terribles de matar a mi padre.
-¡SAKURA!- grité con todas mis fuerzas.-No... No puede ser…
(Sakura)
Bajamos por las escaleras de cristal. Estaba bastante oscuro; una poca luz, que entraba por las ventanas, iluminaba un poco la inmensa oscuridad. Ryou estaba detrás de mí siguiendo mis pasos y agarrándome del brazo para no caerse. Los escalones eran resbaladizos y sentía que me caería de un momento a otro al suelo.
Finalmente el tramo de escaleras terminó. Llegamos a una gran sala completamente vacía, en ella había dos pasadizos. Miré a Ryou con cara de preocupación.
-¿Cómo vamos a continuar?-dijo preocupado.
-No lo sé, pero no podemos equivocarnos. Me pregusto si Shaoran… - mi voz se apago al pronunciar su nombre. Shaoran no puede estar muerto, tiene que seguir con vida.
Miré fijamente al suelo y me concentré para oírle en mis pensamientos. Últimamente, me costaba mucho más oírle con claridad. Desesperada por oírle en mi cabeza, cerré los ojos con fuerza.
Ryou puso una mano en mi hombro, haciendo que me sobresaltara. Abrí los ojos de golpe y le miré desconcertada. Me beso en la mejilla y me ruboricé. En ese momento lo oí su voz gritando.
¡Shaoran, está vivo!
Corrí desesperadamente por los pasadizos oscuros, intentando oír más cerca su voz. Ryou me seguía a unos metros intentando alcanzarme, pero yo iba demasiado rápido.
-Sakura, ¿Por qué vamos por aquí? ¡Esperame!.- Ryou seguía gritándome.
Pero a pesar de todo, yo solo podía pensar en él. En sus caricias, en sus abrazos, en la forma en la que me besó. Esos sentimientos que me transmitía al besarme, tan intensamente que hacía que temblara. En la manera en la que me miraba, su mirada vacía y inexpresiva. En lo mucho que le necesitaba en mi vida.
Shaoran...
Por mi culpa se lo habían llevado y ahora probablemente estaría en un estado desfavorable. Ojalá llegara a tiempo para salvarle, para que no le hicieran daño.
Oí de nuevo su voz. Esta vez mucho más ahogada y débil.
Entré más cerca y vi a un hombre en el suelo. Lancé un grito ahogado, estaba muerto. Un gran charco de sangre, invadía toda la superficie, haciendo que el tono grisáceo de él, se consumiera, provocando que un rojo intenso lo inundara completamente.
Horrorizada miré de un lado para otro. Todo estaba lleno de celdas oscuras, que probablemente dentro de ellas, había un asesino o un simple condenado. Un escalofrío subió por mi columna vertebral.
No había nadie en ese pasillo, solamente estaba yo. Intenté no caer rendida y continuar buscando a Shaoran. Pero sentía que no le encontraría…
(Shaoran)
Oí unos fuertes pasos. Suspiré y miré con resignación a Yue. Había estado a punto de morir. Pero quien quiera que corriera hacia aquí, me había salvado. No había muerto, pero había estado a punto de hacerlo.
Yue me miro haciendo una sonrisa torcida y se encogió de hombros.
-Nos volveremos a ver Shaoran Li.- dijo de nuevo maléficamente.- Y cuando sea el momento, nadie logrará salvarte.
-No estés tan seguro.
El me dio la espalda y rió a carcajadas. Desapareció, como una nube cuando se evapora, no dejo ni rastro de él.
Nuevamente me encontraba solo. Seguramente los hombres endemoniados que me raptaron, vendrían a matarme. Aunque ellos eran los que me habían salvado de mi posible muerte, ellos mismos acabarían con mi vida.
Suspiré y miré fijamente al suelo, esperando una muerte que no fuera dolorosa. Los pasos se acercaban con más rapidez y comencé a contar los segundos que me quedaban de vida. Ya no volvería a ver a Sakura, no volvería a sentirla entre mis brazos y a sentir esa descarga eléctrica que me producía al besarla. Recordé sus ojos de color verde intenso, su mirada y su sonrisa que me hacía feliz. Todo eso nunca volvería a sentirlo.
Finalmente vi una sombra desde la otra parte de los barrotes. Oí un crujido en la puerta y la persona de la otra parte me miró asombrada. Puso sus manos en los barrotes, dando pasó a lo que sería mi muerte.
-¡Open!- reconocí su voz al instante. Entonces me pregunté si realmente estaba muerto o simplemente oía su voz en mi cabeza.
La puerta crujió nuevamente y cayó hacia dentro, haciendo que retumbara el suelo. Por suerte me hallaba a varios metros y la puerta no cayó encima de mí. Las esposas se abrieron, haciéndome caer al suelo y las manos cayeron a los lados de mi cuerpo, agotadas por la fuerte sujeción. Unos pequeños hilos de sangre continuaban saliendo por mis muñecas.
Con pesadez conseguí ponerme en pie. Preparado para recibir una muerte, probablemente dolorosa.
-¡Shaoran! Dios mío…
Me he vuelto loco, ¿He llegado al punto de sentir que Sakura me estaba hablando? ¿De sentir su presencia?
Levanté la cabeza lentamente y abrí los ojos por la sorpresa. Lancé un grito ahogado y ella se acercó a mí rápidamente. Me abrazó, no té su cuerpo pegado al mío. Era casi imposible, notar de nuevo su olor, su calidez y esa descarga eléctrica que invadía mi cuerpo.
-¿Estoy muerto? ¿Sakura? No puede ser…
-¡Shaoran! No me lo puedo creer. ¡Estás vivo!- su voz comenzó a temblar y noté que sus lágrimas mojaban mi camiseta. Estaba llorando.
-No llores…-dije con voz ronca.- Sakura, no puedo creer que estés aquí.
Sakura me apretó mucho más fuerte contra ella y mi corazón palpitó frenéticamente. Me separé y sentí un gran impulso de besarla, pero me contuve. Ella me miró con los labios apretados. Me cogió de las manos e hice una mueca de dolor.
-Heal.- dijo Sakura cerrando los ojos y una luz blanca iluminó mis brazos.
Comenzó a arderme la piel, como si me la estuvieran acuchillando, pero el dolor fue disminuyendo. Sentí que dejaban de dolerme todas y cada una de las partes de mi cuerpo. Me sentí mucho mejor y dejé de sentir la misma debilidad que sentía antes.
Abrí los ojos lentamente y Sakura me miro sonriendo. Volví a acercarme a ella y me incliné para besarla. Sus labios rozaban casi los míos, cuando oí nuevos pasos. Habían vuelto.
Me alejé de Sakura. Aunque continué rodeándola con mis brazos.
-¡Shaoran!- Ryou me miró asombrado.- ¡Tío, estás vivo!
-¿Ryou?-me separé un poco de Sakura y ella sonrío dulcemente.
-Oye, siento interrumpiros pero me temo que tenemos que largarnos de aquí.-dijo mirando hacia el pasillo.
Me separé de Sakura y le cogí de brazo tirando de ella. Íbamos a una buena velocidad, para que Ryou nos pudiera seguir. Corrimos por encima de la superficie de cristal, esperando a que los demonios no estuvieran por el lugar. Los ruidos no cesaban, alguien más estaba por los alrededores y probablemente nos perseguían. Sakura me apretó la mano, con sus débiles dedos. La miré y corrimos por las escaleras.
-Chicos, está cerrada.- dijo Ryou que se había adelantado.
Sakura me miró y asintió. Puse una mano en el techo y cerré los ojos. No ocurrió nada, así que abrí los ojos, incrédulo y noté la mano de ella sobre la mía. Un fuerte calor invadió mi cuerpo y sentí que me estremecía. Cerré los ojos y noté que la puerta crujía. Se abrió y salimos rápidamente de ese oscuro lugar.
Caminamos a toda velocidad por las calles para alejarnos de ese lugar, lo más rápido posible. Todo era silencio, ninguno se atrevía a romperlo y mucho menos a articular palabra. Seguimos caminando hasta llegar al metro.
Un hombre apareció por detrás sin que pudiéramos verle. Finalmente me di cuenta de que nos seguía y me giré. El hombre con los ojos oscuros y mirada fría, tenía a su lado a una bestia demoniaca. El sacó una espada negra y apuntó hacia nosotros.
Rápidamente junte las manos y saqué la mía. Ryou se sorprendió abriendo mucho los ojos y me miró desconcertado. El hombre comenzó a atacarme y yo esquive cada uno de sus golpes. Sentí que me caería y moriría, pero tenía que impedir que les hicieran daño. Aunque estaba demasiado débil, para esquivar todos los golpes.
El hombre ordenó a la bestia que atacara y se dirigió hacia Sakura. Ella comenzó a chillar y a correr mientras la bestia le seguía velozmente. Apreté los dientes y empecé a correr para salvarla. El hombre comenzó a reír a carcajadas.
Noté un fuerte golpe. Era Ryou, había sido empujado, por la gran fuerza de un hechizo que había lanzado ese hombre y ahora estaba en el suelo, rodando y retorciéndose. El hombre comenzó a acercarse a él y le calvó su espada en el hombro. Ryou lanzó un grito ahogado y yo corrí para detener a la bestia.
Sin pensármelo dos veces, la alcancé y alcé mi espada para golpearle fuertemente pero el animal había desapareció al igual que ese hombre. Sakura estaba inmóvil en el suelo y yo corrí desesperadamente hasta situarme a su lado. Ella abrió los ojos lentamente.
-¡Sakura! ¿Estás bien?- dije con gritos de dolor. Ella asintió- Dios mío…
Me giré y Sakura se puso en pie a mi lado. Corrimos hasta donde estaba Ryou. El estaba en el suelo gritando de dolor.
-¿Está bien?-dijo Sakura preocupada.
-No, no lo está. Le ha alcanzado la espada del demonio. Tenemos que curarle o morirá.-dije angustiado.
-No os preocupéis… por mí.- dijo con voz débil Ryou.
Miré a Sakura y ella puso su mano en su brazo herido.
-Shaoran, no sé si funcionará. El es humano, podría matarle.- rompió a llorar y cerró los ojos.
-Sé que podrás.-me giré hablando esta vez a Ryou.- Sé fuerte, esto dolerá.
La luz blanca apareció de la mano de Sakura. Ryou comenzó a chillar y noté como el dolor me recorría el cuerpo. Finalmente dejo de chillar cerrando los ojos y continué llevándole en mis brazos. Seguimos caminando hacia la estación. El tren paró delante de nosotros, emitiendo un horrible sonido al parar. Ryou abrió los ojos lentamente, me miró desconcertado y suspiró.
-Creo que tendrás que explicarme unas cuantas cosas, Shaoran.- dijo rompiendo el incomodo silencio.
-Ryou, se que te debo una explicación pero…
-Oye, ya me lo explicaras, ahora ves a tu casa y recupérate. No quiero tener un zombi en clase, los próximos días. ¿Entendido?
Asentí. El cruzó los brazos sobre el pecho y miro hacia otro lado. Hubo de nuevo un largo silencio.
-Ryou, tu también debes dormir, tardarás en recuperarte…
-No te preocupes por mí. Tú tienes un estado más lamentable. -El tren paró y Ryou se levantó. Hablo nuevamente y me miró seriamente.- Me tengo que ir, nos vemos dentro de unos días.- dejo de hablar y comenzó a caminar, cuando se detuvo y se giro.- Por cierto Sakura, cuida de él o sino no se recuperara del todo.
Ella asintió y se sonrojo levemente. Sonreí. Sentí una felicidad inmensa, a pesar de mi lamentable estado. Comenzamos a caminar y Sakura me cogió del brazo. Las calles estaban poco iluminadas y ella tiraba poco a poco de mí. Fuimos introduciéndonos con resignación por el laberinto de las largas calles cruzadas de Tomoeda. Finalmente llegamos a mi casa y nos paramos delante de la puerta. Sakura me soltó y se puso delante de mí.
-Bueno, me tengo que ir. –suspiro y me miró preocupada- Shaoran descansa.
Se giro lentamente para comenzar a caminar y volver a su casa. Le cogí del brazo impidiendo que pudiera caminar mucho más y ella me miro desconcertada. Puse mis manos en su rostro y le miré directamente a los ojos.
-No te vayas, te necesito.- dije con voz ronca.
Sakura me miró intensamente. No podía apartar mis ojos de los suyos, dejar de mirarla era como si se me parara el corazón durante unos segundos, dando paso a dejarme sin vida. Ella sonrío y cerró los ojos. Sentí un impulso dentro de mí, me incline hacia delante. ¿Acaso quería besarla?
Seguía confundido, no sabía si ella compartía mis sentimientos y mucho menos sabía cuál sería su reacción si lo supiera. Me había planteado varias veces decirle lo que siento, pero no quiero perder lo que tenemos. He estado muchas veces a punto de perderla, cosa que nunca voy a permitir. Incluso estos últimos días, sentía que realmente nunca la volvería a ver, pero estaba equivocado. Está aquí delante de mí, mirándome intensamente y sonriéndome, como siempre.
-Me quedaré, si es lo que quieres.- dijo finalmente rompiendo el silencio.
Asentí y me aleje unos centímetros de ella para abrir la pesada puerta. Subí las escaleras a trompicones, mientras Sakura seguía sosteniéndome del brazo. Busqué en mi bolsillo y obtuve las llaves. Abrí la puerta y entramos lentamente. No había nadie, para mi suerte. No podría explicarle a Emma lo que había ocurrido y mucho menos podría explicarle que hacía en mi casa Sakura.
Entramos y Sakura me empujo hacia mi habitación. Aun conservaba la ropa que se dejo en mi casa la otra vez. La miré y ella miró cada rincón de mi habitación.
-Voy a cambiarme. Sakura, aun tienes tu ropa, por si quieres cambiarte.-ella asintió.
Sentí un nuevo impulso, que recorrió rápidamente mi cuerpo. Ella se sentó en mi cama, con las manos apoyadas en ella y la mirada fija en el suelo. Sin pensármelo dos veces, me di la vuelta y comencé a caminar a su lado. Sakura me miró atónita. Me resbale con el suelo mojado y caí encima de ella. Mi corazón comenzó a palpitar frenéticamente y empecé a respirar agitadamente. Ella solo me miraba, mientras un tono rojizo aparecía en sus mejillas.
-Shaoran, yo…- su voz se apagó.
Me incline hacia delante, teniendo su rostro demasiado cerca del mío. Seguí acercándome, estaba demasiado débil pero no me importaba en absoluto. Sentí que la besaría, pero no lo hice. No era el momento adecuado. Tampoco me alejé, continué estando cerca de ella. Finalmente irritado me levanté y comencé a andar. Sentí que ella estaba detrás de mí y me giré hacia ella. Ella se apoyó contra la pared y apoyé mi mano en esta, acercándome mucho más a ella.
-No lo entiendo. ¿Qué me está pasando, Sakura?- dije irritado. Miré fijamente al suelo, intentando no mirarla.- ¿Por qué no dejo de pensar en ti? ¿Por qué preferí salvarte a ti y no salvé a Ryou? Por mi culpa el casi se muere…
Sakura me miró desconcertada. Yo me alejé y me metí en el cuarto de baño, dejándola en la habitación. ¿Por qué le he dicho lo que siento? Soy idiota.
Abrí el grifo y el agua fría comenzó a golpear mi piel suavemente. Tras varios minutos, de aclarar mis pensamientos. Salí de la ducha y entré en la habitación. Sakura estaba en la cama, totalmente dormida. Aunque se había cambiado de camiseta, seguía teniendo los mechones desordenados que caían cubriéndole los ojos. Me senté en el sillón y esperé a que se despertara.
(Sakura)
La brisa fría golpeaba en mis mejillas mientras estaba sentada en el árbol, mirando fijamente al cielo. Hacía días que Shaoran no aparecía en este lugar. He venido muchas veces, pero todas he estado sola. Noté de nuevo su presencia como si él estuviera aquí todo el tiempo. Levanté la vista y sonreí para saludarle, pero para mi sorpresa él no estaba, solo había encontrado un paisaje vacío.
-¿Estás sola de nuevo Sakura?-una suave voz, hizo que me sobre saltara y mirara detrás del árbol.
Me levanté y le miré fijamente. Él estaba aquí.
-¿Qué haces aquí?- dije algo sorprendida.
-He venido a verte.- Sonrió y se acerco a mí.
Él me cogió por la cintura y me miró fijamente. Noté como me estremecía, mi corazón se detuvo por unos segundos al igual que el tiempo. Aunque estaba el delante de mí, yo solo podía pensar en otra persona.
-Sakura, ¿Por qué te enamoraste de él?- abrí los ojos y le miré intensamente sin saber que responder.
-Eso no es verdad. No estoy enamorada de Shaoran.-Mentí.
-¿Seguro?- dijo abriendo los ojos.
El se acercó a mí, inclinándose hacia delante. Sus labios casi rozaban los míos. Noté un dolor enorme dentro de mí. No le quería a él, pero no quería hacerle daño.
Me desperté sobresaltada y miré a mí alrededor. Shaoran continuaba sentado en el sillón, mirándome fijamente. Entonces recordé lo que me había dicho antes de que se fuera. Me estremecí, noté que comenzaba a ruborizarme y mire hacia otro lado, ocultando mi rostro a Shaoran. Él se levantó y me miró fijamente.
-Voy a hacer el desayuno. ¿Vienes?- dijo lentamente. Asentí y me levante de un salto de la cama.
Desayunamos y me fui de su casa, para dejarle descansar. Comencé a caminar por las calles de Tomoeda y oí un ruido detrás de mí. Yue.
