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Capítulo 9. Una conciencia tranquila para un derrumbe que se encuentra cercano.
By:
HirotoKiyama13.
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Tu semilla y mi semilla nunca se unen. La conexión de esta sangre es eterna.
No puedes terminar suprimiendo el deseo.
A la hija única.
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—Ciel Phantomhive.
—Sebastian Michaelis—te respondí al aire mientras tú me mirabas fríamente y con una notoria mueca de disgusto, al tiempo en que te entregaba una tarjeta de presentación sobre mi persona y tú la tomabas entre tus pequeñas manos blanquecinas. No te gustaba esa situación.
Y al parecer, tu hermana lo hacía a propósito, porque habías insistido muchas veces en que no era necesario. Y en verdad no lo era; porque, ¿quién no conocería al gran Sebastian Michaelis, heredero del más famoso patrocinio hotelero de toda Inglaterra? Sería demasiado idiota de tu parte.
Ah, soy un arrogante.
—Veo que eres muy pequeño—te digo con cierto toque de burla en mi voz, mientras mostraba un de mis típicas sonrisas simpáticas y colocaba mi brazo derecho en mi vestimenta—. Eva me dijo que pronto cumplirías trece años. ¿Es eso cierto?
—La verdad no creo que a usted le deba importar cuando es mi cumpleaños. No me agradan demasiado las fiestas, y usted apenas es un conocido—lanzas un suspiro de fastidio, mientras entierras tus finos dedos entre tus cabellos oscuros.
Sigo cada movimiento que haces con notoria curiosidad, y de eso te has dado cuenta. Comienzas a examinarme de arriba hacia abajo, mientras mi sonrisa, la cual aún se mostraba en mi rostro, se ensanchaba mucho más. Meneo ligeramente mi cabeza al observar cómo comienzas a dar vueltas a mi alrededor, con tus brazos detrás de tu espalda.
—Vaya, vaya, vaya. Mi hermana al fin saldrá de la pobreza con usted a su lado, Sr. Michaelis.
Oh, comentario crudo y perturbador. Tuve la necesidad de morderme la lengua para no dejar escapar una risa que se atoraba en mi garganta. Ese odio hacia tu hermana era tan palpable, tan grande, que incluso me llegaba a preguntar cómo un niño de tu edad podía tener esos sentimientos hacia su familia.
—Llámame Sebastian, Ciel—con toda la confianza que tenía, giré sobre mí mismo para quedar frente a frente de nuevo—. Y no entiendo su comentario.
Inocencia fingida. Lanzas un bufido, completamente molesto. No sé qué fue lo que te molestó más; el que te llamar por tu nombre cuando eta ocasión era la segunda vez que nos veíamos, o el que haya fingido el no saber nada con respecto a tu palabrería.
Pero voto más por la segunda.
Al parecer, a ti te gustaba la situación tanto como a mí.
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—Mierda.
El empresario aceleró con una desesperación a flor de piel. Sin despegar su vista carmesí del camino, tomó su celular ente sus manos, y se dispuso a marcarle a esa persona en particular. De la nada, se había preocupado. Sí, y no sabía exactamente el porqué.
Eran cerca de las diez de la noche. Minutos atrás le había mandado un mensaje al pequeño Ciel, pero éste no le había contestado. Bien pudiera pensar que estaba dormido, pero el cabeza de los Phantomhive siempre terminaba cayendo ante el sueño después de la madrugada, cuando terminaban de 'platicar' por el teléfono celular.
—Soy yo, Grell. —respondió luego de escuchar que del otro lado de la línea comenzaron a hablar.
—¡Oh, Sebas-chan! ¿Tan tarde me llamas? ¿Vas a declararme tu amor y así seremos como Romeo y Julieta?
El hombre de cabellos negros se limitó a voltear los ojos con un notorio estrés. Tomó una bocanada de aire, pidiendo paciencia a quien quiera que lo escuchase y comprendiera su situación en esos momentos.
Aún tenía en la cabeza la idea de que Eva pudiera hacerle daño a Ciel. Y si lo que Alois dijo era cierto, entonces su única ayuda se encontraba en el hogar de su amigo extraño.
—No. No seas idiota, Grell. Necesito que me hagas un favor. Uno muy importante.
—¡Claro, claro! —Respondió efusivamente al otro lado de la línea—. Tú dime lo que puedo hacer por ti, mi queri-
—William T. Spears—Sebastian le interrumpió algo hastiado por la situación. Detuvo su Lancia Ypsilon negro justo enfrente de una gran casa con aires victorianos, al mismo tiempo en que bajaba de él—. ¿Lo conoces?
—E-Eh… y-yo…
—¡Ya lo sé todo! —Sebastian elevó un poco la voz—. Estoy en tu casa. Así que abre ahora si no quieres que derrumbe la puerta.
Entonces colgó.
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—¿No tienes hogar, Amber?
—Por supuesto que lo tengo.
—Entonces… ¿qué mierda haces aquí con nosotros?
Amber miró con cansancio y con furia contenida al rubio que se encontraba delante de ella. Colocó un montón de papeleo en la mesa de noche que se encontraba justo al lado del sillón de piel color beige, mientras se dejaba caer en él.
—No digas nada si no quieres que acuse a Claude de…—su rostro comenzó a tomar un color rojizo, al tiempo en que volteaba su mirada a un lugar en específico de la habitación—… ya sabes, relaciones con menores.
Alois se alejó de golpe de Claude, para después acercarse más a la chica de cabellos rubios que se sentaba cómodamente en su sillón. Abrió su pequeña boca para decir algo, pero nada salió de ella. En cambio, se dedicó a hacer un puchero de lo más infantil mientras se cruzaba de brazos con aparente molestia.
—Todavía que nos obligas a ir a tu estúpida oficina, quieres culpar a mi hermoso Faustus de un cargo que él no comete.
—Tienes sexo con él, Trancy. —respondió Amber con inteligencia, ignorando olímpicamente la mirada fría que le dedicaba el maestro.
—¡Que te den!
Claude, al ver que la pelea se estaba elevando más de lo que pensaba, dejó de mirar a la agente. Con pasos lentos se acercó al rubio, que parecía querer golpearla sin razón aparente. Vale, que se había enojado un poco; pero sabía que Brust tenía razones muy buenas para decir todo lo que estaba diciendo. Se acomodó maestralmente sus lentes y tomó a Alois del brazo, mientras la halaba hacia él.
—Cálmate, Alois—le dijo con tranquilidad—. Al parecer Amber tiene algo que decirnos. No tienes que defenderme, ¿sabes? —ambos divisaron como la rubia se levantaba del lugar y tomaba el mismo papeleo que había dejado en la mesa minutos antes.
Alois dejó salir un suspiro de resignación y se dejó caer en el sillón, con Claude tomándolo delicadamente de la mano. Dejó caer su cabeza en el hombro de su acompañante, mientras miraba a Amber, que no hacía más que caminar de un lado a otro.
Comenzó a arrastrar la mesa hacia donde se encontraban el niño y el hombre; lo suficientemente cerca para que lograran ver a simple vista lo que quería mostrarles. Ahora que Sebastian sabía el monstruo que era Eva, no había necesidad de ocultarles más información. Entrecerró los ojos con pesadez, mientras abría el portafolio sin despegar su vista de él.
Sacó una fotografía y la dejó caer sobre la mesa.
—Charlotte Rowlisther—recitó con voz fría—, murió a causa de varios golpes que recibió en su cabeza; al parecer con un bate de béisbol. Fue encontrada dos días antes de su cumpleaños hace aproximadamente siete años, en el jardín de su mansión—movió su mano, y otra fotografía mostrando a un joven de rostro calmado, cabellos azulinos y mirada gris con una sonrisa en su rostro—. Charlie Rumsfeld, veinte años de edad. Su cuerpo fue encontrado mutilado en diferentes puntos de un callejón, cerca de la calle Durward[1], en el distrito de Whitechapel. No había rastros de huellas y al parecer el asesino se había divertido antes con él, como se muestran en estas fotografías—dejó caer otras cinco más—. Lo hizo a propósito. Es como la costumbre de Londres de la era victoriana: el tomarle fotos a los muertos como si estuvieran vivos. —Claude las tomó y se dedicó a observarlas con fervor. Alois, en cambio, cerró los ojos con firmeza.
—E-Eso es… asqueroso, Amber—opinó el rubio con repulsión. Su mirada no se quitaba de algún punto de la habitación, con temor a mirar a lo que la agente estaba mostrando.
Amber miró con cierto temor al rubio, pero después dejó caer otra fotografía.
—Audrey Willson, cerca de los veinticinco años de edad. Estaba a punto de casarse, pero una semana antes fue asesinado. Recibió dos disparos cerca de su corazón, no sin antes ser despojado de todos y cada uno de sus dedos. De los pies y de las manos. Su cuerpo fue dejado ahí, en su habitación; fue su prometida el que lo encontró—tragó grueso, dejando caer, de nuevo, varias fotografías—. Alissia Lauper, Anthony Morrison, Ralph L. Clapton, Geoffrey Marshall, los gemelos Herbert y Albert Fellow y la niña Andya Smith, fueron asesinados en un prostíbulo cerca de Chrishall Common[2], Essex. Todos sin excepción mostraron señales de tortura y en dos cuerpos había marcas de cuchilladas en el cuello y en el ojo derecho.
—A-Amber…—la voz chillona y temblorosa del rubio se hizo escuchar. Colocó su mano en la herida de su brazo derecho, mientras hacía una mueca de disgusto—. Sé que esto es necesario, pero…
—Adeleine Bush, una señora de ya avanzada edad—continuó la agente sin prestarle atención a Trancy. No es que no quisiera escucharlo, pero es que ya era necesario—. Ahorcada y golpeada constantemente en su estómago. El cura Audrey Green, cuarenta y cinco años de edad. Fue acuchillado hasta el cansancio, en St. Bartholomew the Great [3], la iglesia que está a sólo unas calles del Harrods[4], hace unos días por la tarde. Y, por último, pero no por eso menos importante…—se detuvo en seco, mirando a Alois con un dolor en su corazón.
El chico temblaba y se aferraba a Claude con fuerza, mientras éste mantenía la mirada fila en las imágenes algo perturbadoras que le daban un aire al post mordem [5], tal y como había dicho Amber. Con su mano libre (o más bien, lo que podía mover, ya que Alois la estaba tomando con fuerza), acarició los cabellos del niño, lacios y algo mojados debido al sudor; suspiró, y le indicó a la chica que continuara. Ella se limitó a suspirar, sentándose en el suelo y apoyando sus codos sobre la mesa. Dejo caer dos fotografías, mientras miraba una en específico.
—Vincent y Rachel Phantomhive. Su mansión con estilo victoriano fue prendida en fuego, quedando ellos atrapados ahí. No pudieron escapar y, claramente, murieron quemados. No se recuperó del todo de sus pertenencias, y se fueron a una mejor vida cuando Ciel tenía ocho años de edad y Eva veinte, respectivamente—dijo con amargura—. Las fuentes cercanas a esta familia decían que Vincent se había enterado por su amigo Undertaker que Eva estaba mal de la cabeza—su mirada estaba apagada, observando la imagen con algo de cautela.
—A-Amber…
—Kristen McCallis, hermana de William T. Spears. Este se cambió el apellido en cuanto salió de la cárcel, así que eso explica la diferencia en cuanto a eso. Fue encontrada en una bolsa en un terreno baldío, con señales de tortura y las típicas marcas de cuchilladas por todo su cuerpo. No sabría decirte si es un hacha o qué, eh—una sonrisa tétrica se surcó en su rostro—. Al parecer, había forcejeado con el asesino antes de morir.
—Esto es Eva Phantomhive—susurró Claude, mientras cubría los ojos de Alois y esparcía besos en su cabeza, a fin de calmarlo—. Son demasiados… Y todavía te faltan más, ¿no?
—Así es. También… está ella… Trabajó con Eva por un tiempo. ¿Sabes? Decía que Eva era una muy mala persona y que siempre la trataba mal; incluso llegó a decir que le soltó una bofetada un día en que su trabajo estaba, según Eva, mal. —suspiró, y una lágrima rodó por su mejilla.
Y la última foto cayó de la mano blanquecina y delgada de la mujer de cabellos rubios. Sus ojos azulinos con motitas grisáceas se veían apagados, con una notoria tristeza. Claude alzó una de sus cejas, curioso, mientras tomaba la fotografía en sus manos. Mostraba a una mujer guapa que aparentaba unos cuarenta y cinco años de edad, con cabello rubio, con rizos, casi parecido al cabello atado a una coleta que Amber traía en esos momentos. Su mirada alegre, grisácea, miraba a la cámara y sonreía con felicidad y sinceridad. Unas cuantas arrugas se notaban en su rostro, pero no por eso le hacía ver mal. Su piel ni tan morena ni tan pálida, justo en su punto medio, exacto, se veía iluminada por el flash del aparato.
Alzó su rostro, estupefacto. Se parecía tanto a…
—Angelique Brust, mi madre.
Claude quedó más sorprendido de lo que estaba. Alois, al escuchar eso, levantó su rostro y miró fijamente a Amber, la cual tenía su mirada gacha.
—¿Qué has dicho?
Y el celular de Amber sonó, mostrando una llamada recibida en su pantalla.
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El cuerpo del pequeño Phantomhive comenzó a moverse con algo de cansancio. Sus ojos azulinos se fueron abriendo con algo de dificultad, pero luego los cerró con firmeza al sentir un punzante dolor en su cabeza que no le dejaba en paz. Tomó aire, buscando no sentirse ahogado. Emitió una sonora queja, al tiempo en que trataba de esparcir sus brazos por los aires.
Pero no lo logró.
Sólo entonces abrió sus ojos con algo de duda. Miró a su alrededor, y se encontró en un lugar insólito, sucio y claramente descuidado. Agachó su mirada y se dio cuenta de que estaba atado de pies y de manos, con una cuerda gruesa alrededor de su cuerpo. Y, su boca, cubierta de una cinta color gris con pequeñas fibras de tela en sus costados. Entonces, en su mente recordó lo que había pasado antes.
El encuentro con el amigo de su padre, la discusión con Eva, el mensaje de Sebastian y el golpe que recibió en su cabeza.
Y ahora sabía a la perfección en dónde estaba. O más bien, con quién y por qué estaba ahí.
—Al fin has despertado, mocoso. Ya te habías tardado.
La monótona e inconfundible voz que tenía su hermana se escuchó por el lugar, cerca de él. Comenzó a moverse con desespero, mientras fruncía el ceño con profundo enojo y un miedo muy grande. Sintió como algo de sí se derrumbaba.
Un aplauso y una sonrisa irónica hicieron acto de aparición, mientras frente a él se mostraba Eva, que traía un pantalón blanco y una camisa de botones al frente color rosa, de cuadros, con su cabello café suelto y una diadema en él. Sus ojos azules, vivaces, lo miraban con superioridad.
—Por un momento pensé que estabas muerto—decía, mientras tomaba un palo algo delgado y comenzaba a jugar con él—. Incluso me burlé de ti y te conté una de mis divertidas anécdotas para matar el tiempo. Pero veo que estás vivo.
Se acercó a él con la sonrisa aún en su rostro y, como los típicos secuestradores, estiró la cinta de su boca, sacando de Ciel un gemido de dolor. Una marca roja quedó alrededor de sus labios. El palo que anteriormente había tomado estaba encima de la cabeza del niño, mientras Eva no quitaba esa sonrisa de su rostro.
—Estás loca—susurró Ciel, con furia contenida—. Estás mal de la cabeza. Eres una vergüenza para mí y para la familia.
—Hablas como si me importara, mi querido Ciel—acarició su mejilla con cariño fingido—. Y no estoy loca, sé a la perfección lo que hago. Y disfruto de ello. Incluso puedo decir que es mucho mejor que el sexo—una carcajada retumbó en la habitación, y el chico se dedicó a poner una mueca de asco.
Eso, a Eva no le gustó. Lo tomó de sus lacios cabellos y le obligo a echar su cabeza hacia atrás. Ciel apretaba los dientes con algo de miedo, mientras se dejaba hacer y deshacer por Eva. Esta, que jamás le había quitado la mirada de encima, lo soltó de golpe, mientras le propinaba una dura patada en su estómago.
—A-Ah…. —fue lo único que logró salir de la boca de Ciel, mientras dejaba su cuerpo caer de lado.
—Eres un mocoso insolente—continuó, mientras le daba otro golpe en su estómago, ignorando olímpicamente los quejidos del menor, el cual luchaba por no gritar—. No sé por qué no te maté antes. ¿¡Por qué! —gritó cambiando su estado de ánimo, mientras apastaba la pierna izquierda de Ciel con el palo que había tomado con anterioridad.
—¡D-Déjame en paz, maldita lo… ca! —estalló Ciel, mientras retorcía su cuerpo un poco débil para quitar ese palo de él. Pero se quedó quieto en cuanto sintió que el objeto le prohibía a su cuerpo el que la sangre siguiera su curso.
—¡Cierra la boca, niño! —el palo se alejó de la pierna de Ciel y se alzó por los aires, dándole en seco en su estómago. Una fuerte cantidad de aire salió de la boca del niño, que cerró los ojos ante el dolor—. ¡Nadie te ha dicho que hablaras! ¡NADIE! ¡Me tienes harta, harta! —Otro golpe en el delicado cuerpo de Ciel.
El menor no podía creer lo que estaba sucediendo. Aunque él no fuera débil y no quería mostrarse así ante esa persona que decía ser su hermana, no podía evitarlo. Le dolía, en verdad le dolía. Un quejido de dolor salió de sus labios al sentir otro golpe de parte de Eva, pero esta vez en su espalda. Uno, dos, tres, cuatro golpes le propinaba, como si con eso le quería mostrar lo mucho que le odiaba. Y vaya que lo estaba consiguiendo. Sentía su cuerpo aplastado, como si un montón de personas hubiesen caído sobre él, aplastando su cabeza, su torso, sus piernas, sus brazos. Se sentía inmóvil y, aunque no quisiera admitirlo, una gran decepción se formó en su corazón.
Ya no sabía ni qué pensar o sentir.
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—¿Por qué debería de creerte?
—Porque Ciel está en peligro, por eso.
William miró a Sebastian con algo de desconfianza, mientras le daba un sorbo a su té de hierbas. Algo dentro de sí le decía que aceptara, pero otra parte racional le decía que no, que no había razón alguna para que el hombre de mirada carmesí que se encontraba frente a él le ofreciera el matar a Eva la cual, por cierto, era su novia.
—¡Bendito sea el mocoso ese! —chilló Grell, mientras se colgaba del brazo de William. Este seguía con su mirada clavada en Sebastian—. Will-san, deberías aceptar. Yo confío en Sebastian. Aunque he de admitir que me sorprende el hecho de que vengas aquí a pedir favores. Es decir, ¡eres tú!
—Cierra la boca, Grell—ordenó Sebastian, mirándole a los ojos—. Si me permite, señor William, le explicaré la situación en la que estam-
—No tiene por qué explicarme nada, lo sé a la perfección—le interrumpió con odio—, así que no tiene que hacerlo. Personas como tú son molestas. Pero no te preocupes, no lo voy a pensar en absoluto.
Michaelis frunció el ceño con notorio enojo. No se puso de pie porque en el fondo era caballeroso y todo un hombre, y sabía que no se vería bien el agarrarlo a golpes hasta que aceptara. Había luchado demasiado para que su voz no se tornara temblorosa al presentarse ante él y pedirle el favor. Pero no porque tuviera miedo ni mucho menos, sino porque estaba preocupado por su niño, por Ciel.
Y William T. Spears era su única salvación.
—Acepto.
Al escuchar lo que creyó escuchar, le miró con duda en sus ojos. Después, posó su mirada en Grell, que estaba igual o más sorprendido que él. ¿Había…?
—¿He escuchado bien? —preguntó con desconfianza en su voz.
—Sí, ha escuchado bien. Acepto. Aunque eso implique el que me metan a la cárcel de nuevo, algo dentro de mí estará en paz—lanzó un suspiro mientras tomaba de su té—. ¿Sabe? Me sentí mal en cuanto me di cuenta de que había acabado con la persona equivocada. Y es que mi querida Kristen siempre hablaba tan bien de esa, que jamás pensé que en realidad fue ella la asesina. Lloré demasiado con la muerte de mi hermana, y en parte me siento culpable por ello al no estar ahí para protegerla. Le hubiera gustado verme feliz—se acercó a Grell y le tomó de su mano, causando un sonrojo en este—, pero yo hice todo lo contrario. Y debido a eso, no hay marcha atrás.
Grell y Sebastian le miraban. El primero con amor, y el segundo con agradecimiento. Michaelis se puso de pie con una pequeña sonrisa en su rostro, mientras se ponía de pie y se acercó al perchero para tomar su saco.
—Se lo agradezco. Yo jamás me imaginé en esta situación. El pedirle a alguien que mate a Eva es…
—Es lo justo. Sin ánimos de ofender, pero Scotland Yard hace un pésimo trabajo atrapando a los criminales. A mí me atraparon sólo porque lo hice a propósito—una risa amarga se escapó de sus labios—, y en verdad no me arrepiento de ello.
A pesar de estar mostrando sus sentimientos, el rostro de William seguía sin mostrar expresión alguna. Y eso a Sebastian le recordó a cierta persona en particular. Asintió en silencio, mientras se despedía de ellos y se encaminaba en la puerta. Pero justo cuando la iba a abrir, lo hizo por sí sola, dejando estupefacto a los presentes. Alois apareció de repente.
—¡Apúrate, Michaelis! —le tomó de las mangas y se lo llevó a rastras del lugar. Después, miró por detrás del de cabellos negros y divisó a Grell y a William—. ¡Ustedes también! ¡No tenemos tiempo! —su voz denotaba nerviosismo y miedo.
—¿Alois? ¿Cómo supiste que…?
—¡He dicho que no tenemos tiempo! —salió corriendo del lugar con Sebastian detrás de él, y William y Grell siguiéndoles.
Este último se quedó a cerrar la puerta de su hogar, pero William, estresado y aún sin comprender la situación, se lo llevó a rastras, subiéndose así a un automóvil verde oscuro, que era conducido por un hombre de lentes y mirada ámbar.
Al estar todos dentro, miraron con duda a los que ya estaba ahí. Amber, que iba en el asiento del copiloto, rompió el silencio.
—Sabía que estabas aquí. Te instalé un chip rastreador en tu celular, y sin que te dieras cuenta, un micrófono en tu camisa—le miró con algo de diversión, y Sebastian puso una mueca de odio. Luego dirigió su mirada al hombre de cabellos negros y mirada verde amarillenta—. Un gusto, señor William T. Spears. Soy Amber Brust, encargada del caso en contra de Eva Phantomhive—habló rápidamente mientras se escuchaba el rechinido del auto, mostrando así que Claude había comenzado a conducir—. Y me alegra que Sebastian hablara con usted.
William se limitó a asentir con la cabeza, sin mediar palabra. Aunque seguía sin entender la situación, suponía que era serio.
—¿Qué pasó, Amber? —preguntó Michaelis, con su mirada confundida.
—Tanaka-san me llamó mientras estábamos hablando sobre unos asesinatos—explicó a la vez que movía su mano apuntando a Claude y Alois sin importancia—, diciéndome que Ciel y Eva, como todos sabemos, no estaban ahí. Como sabes, Tanaka-san no es estúpido. Al parecer, Vincent le había confesado días antes de morir que su hija estaba loca, y eso Tanaka-san siempre lo supo, ya que su padre era bueno explicando todo eso.
—Y por eso llegó a salvarme—explicó Alois. Amber le miró con reproche.
—¿Te puedes callar? —Alois hizo un puchero mientras le sacaba la lengua, en un gesto infantil—. Gracias. Como decía… dijo que había sólo un lugar posible a donde Eva podría haber ido en automóvil y con Ciel en él. Y pienso lo mismo si tomamos en cuenta de que se prostituía y…
—Ve al grano.
Amber se calló y suspiró con parsimonia. Hombres tenían que ser.
—Whitechapel—una sonrisa irónica, aunque con un poco de tristeza, se surcó en su rostro. Su mano se coló dentro de su suéter color blanco, y de él sacó una pistola. La cargó con decisión y la miró con frialdad. Los presentes, a excepción de Claude que no quitaba su mirada de la carretera, le miraron con sorpresa—. El lugar de Jack el Destripador.
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—Estuve encerrada por casi tres años en el Tindal Centre [6], justo después de que quemé la mansión. Nuestros padres supieron todo antes de morir—escupió con veneno, divisando como Ciel se retorcía de dolor y una marca roja en su mejilla izquierda se hacía más notoria—. Ese maldito de Undertaker, amigo de Vincent, se lo dijo todo. Le dio muchas pruebas, e incluso dijo que me había visto asesinar a alguien. Y me encerraron ahí, de eso no pude escapar. Por suerte, estoy aquí—explicó, mientras se apuntaba a sí misma con una sonrisa en su rostro—. Conocí a Kristen y luego a Sebastian. Claude Faustus, tu maestro, era mi psicólogo en el hospital. Por eso acepté ir a aquélla junta. Lamentablemente no lo encontré.
—¿Dónde estamos? —preguntó el niño por fin, ignorando la palabrería de su hermana. A ella, lejos de enojarle, le pareció patético. Pensó que ese mocoso era mucho más fuerte, pero al parecer sólo quiere escapar de los problemas que él mismo causó.
—Whitechapel—respondió a secas—. Aquí me vine a prostituir por un tiempo. Ya que no ganaba mucho dinero en la empresa Funtom que tú al final viniste controlando, tuve que ganar dinero de otra forma.
—Estás… loca…
Eva frunció el ceño de una forma brusca, y miró con odio oscuro a su hermano menor, que se encontraba sentado con su rostro sangrando de las mejillas, debido a las recientes bofetadas que le había propinado.
—¡Que no estoy loca! ¡Sé perfectamente lo que hago! —gritó mientras se acercaba a él—. Sé a quién asesiné, sé qué es lo que voy a hacer, sé quién soy y recuerdo todo y cada uno de los sucesos que pasaron en cada asesinato que cometí. No estoy loca—lo tomó de nuevo de las mejillas y lo zarandeó un poco.
Después, lo soltó de golpe, haciendo que su cabeza se golpeara con la pared que estaba detrás y soltara un quejido de dolor. Sus ojos azules, llenos de orgullo y arrogancia, seguían intactos. Y eso, a Eva Phantomhive le molestaba. Le molestaba demasiado.
—Me recuerdas al mocoso de Alois. No sé el por qué. Ambos son… unos idiotas—Alzó una de sus piernas y con ella comenzó a patear el cuerpo adolorido de Ciel, que lo único que hacía era, claramente, retorcerse del dolor—. Debería de bañarte en ácido.
Patada tras patada, Ciel sentía como una de sus costillas estaba rota. Y le dolía, le dolía mucho. Una lágrima quería aparecer, pero él, al ser un niño demasiado orgulloso, no se lo iba a permitir. Una imagen de Sebastian sonriendo se le vino a la mente, y no pudo evitar mostrar una minúscula sonrisa. Cerró sus ojos azules como los de su madre con fuerza, hasta que sintió que los golpes de Eva se detuvieron.
—Me quiero divertir contigo, mocoso del mal.
Y entonces, el sonido de unos pasos acercándose alertaron a Eva.
—¿Qué fue eso?—Comenzó a mover su mirada por los alrededores, y en el fondo se maldecía por no haber puesto las suficientes lámparas en un prostíbulo abandonado. Los pasos se detuvieron en un punto fijo, del cual la chica de cabellos castaños no supo cuál era. Chasqueó la lengua y, pensando que es su imaginación, continuó con su labor.
—Hnm…—Ciel se removió un poco, esta vez sin cerrar los ojos. Tengo que sobrevivir cueste lo que me cueste, pensó.
Eva, en cambio, seguía paseando su mirada por la sala del prostíbulo. Es decir, ¿quién podría saber que estaban en un lugar como este? Nadie podría saberlo. Los únicos que lo podrían saberlo eran tres personas: sus padres y Undertaker. Sabía que el hombre de melena grisácea no vendría, no aún. Así que al final, lo dejó con que todo es idea de su cabeza.
Tomó al niño de ojos cobalto de los pies y comenzó a arrastrarlo a la mitad de la sala, la cual estaba toda cubierta de telarañas y sólo mantenía uno que otro sillón y mueble del lugar.
El sonido de una bala recién disparada se escuchó por el lugar, dando en el techo. Eva, al ver que eso no era producto de su imaginación, se agachó un poco y observó con su mirada azulina a un lugar en específico. Ciel, que estaba atento ante todo, miró al mismo lugar al que su hermana.
La silueta de una mujer de la edad de la chica se hizo presente, mostrando a una rubia con mirada azul grisácea, completamente decidida, que se encontraba apuntando a la de cabello castaño.
Eva se enderezó y miró fríamente a la intrusa.
—Quédate quieta, Eva Phantomhive.
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Mente secreta es una inestabilidad distorsionada. Por favor, libérame antes de quebrarme.
Cuando tiempo en humillación… Las incontables cicatrices fatales fueron creadas.
… Dentro de un cerebro causando error.
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Más de un mes sin actualizar…
En serio, PERDONEN. Pero es que aaah~, su servidora es una verdadera floja, ¿lo sabían? Sí que lo es, y una de las buenas. Tenían todas las ideas en mi mente, y ya tenía las escenas a la perfección. Pero al abrir el Word para comenzar a escribir, mi cuerpo me decía 'No. Tengo flojera.', y el programa quedaba abierto por más de media hora con sólo el título en él. Y el que haya dejado Química II en segundas no me ayudaba en nada. Me la pasé una semana completa estudiando y estudiando. Por suerte pasé, así que eso es lo de menos. En serio les pido mis más sinceras disculpas si las dejé esperando por mucho tiempo. ¡Por Kami-sama! Incluso me sentí mal. Awns, en serio PERDÓN. Trataré de actualizar lo más pronto posible para la próxima ocasión.
Ciel's Law está en proceso. Actualizaré a más tardar el sábado por la tarde o noche, no lo sé con exactitud. Esta semana la tendré muy movida, así que no lo sé. Pero como con ese fic en específico ya es más tiempo, me apuraré para ello.
Hum, hum ¿qué más? ¡Ah, sí! Como pueden ver, este capítulo fue corto. Corto a comparación con los anteriores, al menos en su mayoría. Así que pido disculpas por eso. Debido a que mi madre me pone a ser mil un quehaceres en la casa, no tendré todo el día libre, así que desde este capítulo, el tamaño de él disminuirá. No mucho. Claramente serán como unas diez hojas en Word… O al menos que mi madre me dé un respiro. Entonces, hago unas veinte. Vale no. O quizás sí, quién sabe xD. Espero y me comprendan.
Ahora, el fic.
Sebastian decidido a hablar con Grell sobre William, Eva enojada al máximo, Alois con un pequeño trauma a la muerte, y una Amber un poco fría debido a la situación.
Sí. Aquí se puede mostrar el por qué nuestra querida Amber Brust tiene tanto empeño en acabar con Eva Phantomhive, la loca de Londres. Claramente para ella son suposiciones; pero como conoce lo suficientemente bien a la Phantomhive, digamos que está un 99.9% segura de que ella asesinó a su madre. En cuanto a lo de Scotland Yard, no sé cómo esté su situación en la actualidad. Eso de su inutilidad a la hora de atrapar crímenes, fue basado SOLAMENTE en lo que sé del manga/anime de Kuroshitsuji, así que no los maldigan si piensan que están así ahora xD. Porque quién sabe, hay algunos policías que… Pues como ya ven, mostré a una Amber que no hizo eso sólo por ser una 'alma caritativa'. Ella tiene sus razones. Y es una afortunada. Miren que estar en un automóvil con cuatro hombres y un niño que son de lo más sexy en el mundo no le sucede a cualquiera.
William. Sí, algo de OoC en él, por no decir demasiado. Pero quería que sintieran el dolor que él sintió y el por qué hiso lo que hiso, sabiendo de que podría estar mal. Fue algo precipitado que aceptara en seguida, que lo sé. Por eso puse sus sentimientos a flor de piel. Él en verdad quería a su hermana, así que no tenía anda que pensar.
Eva nos ha dicho el nombre del hospital en el que estaba. También nos contó desde su punto de vista la cronología de sus últimos cinco años. Si tienen alguna duda, háganmelo saber sin pena. Uhm, tenía planeado poner un hospital ficticio. Bueeeeno, no tan ficticio; lo mencionan en 13 Ghost, en donde se encerró el número once, El Chacal. Seeeh, amo a ese tipo aunque esté horrible. Pero debido a que no sabía en qué lugar podría estar, me dediqué a investigar profundamente, y el TC es el único hospital psiquiátrico que está abierto ahora. Al menos que me mientan, que es lo más seguro.
¡Amber llegó! ¡Nooo~, llegaron! Asdasdasdasd, ya empezó la emoción, la adrenalina. Eva con su espíritu asesino al por mayor y Ciel herido, asdasd. ¿Cómo reaccionará Sebastian?
Los asesinatos de Eva; amé escribirlos. En serio. LOS AMÉ. No es que sea sádica, pero ver The Woman in Black más de tres veces en un mismo día, dos días seguidos, no es NADA bueno. Charlotte, Charlie y el joven Willson, e incluso Kristen, fueron más o menos relatados en el capítulo anterior. Los que no saben de qué hablo, pues pasen a leerlo. Ahí habla de ellos. ¿Recuerdan el asesinato en masa del que habló Eva mientras Ciel estaba inconsciente? Sí, también relatado en el capítulo anterior. Fue un verdadero rompimiento de cabeza el tener que imaginarme todos esos nombres en menos de cinco segundos. Ahí está la viejita que la misma Eva mencionó, y el nombre del cura que asesinó en capítulos anteriores.
Ahora, puntos a aclarar:
[1] En 1888 se llamaba Buck's Row. Una calle ubicada en Whitechapel, en donde se encontró a Mary Ann Nichols, una de las tantas víctimas de Jack el Destripador.
[2] Es algo así como un pueblo en el condado de Essex, al este de Londres, Inglaterra. Es el punto más elevado del lugar
[3] Iglesia mencionada de igual manera en capítulos anteriores. Está ubicada claramente en Londres, y tengo entendido que es una de las más antiguas del lugar.
[4] Es algo así como un 'tianguis' de ricos. Te venden joyas carísimas, y se comienza a tempranas horas de la mañana. Dato curioso es que lo sábados no sucede así. Mencionado en el primer capítulo. Desconozco si están cerca de la iglesia anteriormente mencionada xDU.
[5] Consistía en vestir a un cadáver recién difunto con sus ropas personales y participarlo de un retrato grupal o individual
[6] Anteriormente como Tindal Hospital, es un centro hospitalario especializado en el tratamiento de enfermedades mentales. Forma parte del NHS del Reino Unido. Se encuentra en una zona conocida como Bierton Hill, justo en frente de la prisión de Aylesbury, en la ciudad de Aylesbury, condado de Buckinghamshire, Inglaterra. Eso quiere decir, que Eva no estuvo en Londres por un buen tiempo.
En lo personal, me gustó esa parte en donde Amber saca la pistola y dice "Whitechapel. El lugar de Jack el Destripador". Me dio risa, no lo sé.
Sin más, me despido. De nuevo me disculpo por toda la ausencia.
Les dedico este capítulo con mucho cariño. Muchas gracias a GracePhantomhive, VioletaBlack, camiSXN, fannyhikari, Akemi Nekoeda y, por supuesto, a Angelito-Negro. En serio, que son de lo mejor que hay. Se los agradezco mucho a todas por igual.
Las amo T.T.
¡Que anden bien! ¡Saludos&besos!
HirotoKiyama13
