He Vuelto Baby!
Si lamento haber desaparecido y están en todo su derecho a reclamarme... pero tengo una excusa. ¡Exámenes! Fue horrible T-T Prometo compensarlo.
Nos leemos abajo.
CAPITULO 8
El comienzo del fin.
Horas antes creyó pensar lo feliz que era su hermano, por el simple hecho de empezar a salir con Magnus (quien no parecía ser tan malo después de todo). Pero ahora toda aquella alegría se podía ir bien a la basura. En un principio aquel hombre no le caía muy bien, y aun no estaba muy convencido de si darle el visto bueno, pero ¿Que podía hacer? No confiaba en él por ser el hermano (mejor dicho hermanastro) de Jonathan. Claramente no se fiaba pero le daría solo una oportunidad. Max era mas inteligente de lo que se creía, sabia guardar un secreto y había aprendido muchas técnicas, de las cuales una de ellas era leer la conducta de la gente y jugar con sus pensamientos, pero Jonathan también lo sabia y hacia a la perfección. En un pasado, era un chico malo que fue cambiado por Alec, gentil y sin ninguna maldad; en otras palabras la carnada perfecta, solo para un motivo.
En ese mismo instante aquel hombre, lleno de oscuridad, estaba sentado delante suyo. La sonrisa socarrona y los ojos azules brillantes se estaban burlando de él, pero Max no se dejaba intimidar; era una de las cosas que ganas de ser un Lightwood. Prestigio, orgullo, y por sobretodo frialdad. Las cosas que se aprenden observando a uno eran interesantes, desde las pequeñas características hasta las de gran escala. El cabello de Jonathan, antes teñido de negro, ahora era de un rubio oro y su cuerpo delgado fue remplazado por músculos. El chico había cambiado para bien, incluso daba miedo.
—Como has cambiado "Maxi" —dijo Jonathan complacido por el ceño fruncido del niño. Este se enojaba al escuchar su antiguo sobrenombre que él le había dado. El otro en cambio estaba mas tranquilo que nunca, esperando la llegada de los hermanos mayores, para así hacer su vida un infierno.
—¿Que quieres? —arrastro las palabras en un gruñido. Intento tranquilizarse así mismo, no dejaría mostrarse de esa forma con él. Pero su interior deseaba que desapareciera. Lo bueno de aquella situación era la ausencia de los otros tres Lightwoods; Isabelle se hubiera puesto a gritar y lo mataría sin dudarlo, Jace emplearía sus técnicas de Taekwondo (pero le seria inútil, ya que Jonathan formaba parte de peleas callejeras... un pasado que incluso Max templaba por ello). Aparto el pensamiento de su hermano volviendo con aquel monstruo, nunca lo permitiría.
—No hace falta ser grosero, cuñado —la simple mención de la palabra fue lo suficiente para molestar al moreno. Max cerraba y abría las manos en un puño, a la vez que apretaba la mandíbula. Aquel hombre de veinticinco años no parecía el mismo de hace dos años, sus ojos era fríos y sin vida, el cabello estaba cortado irregularmente y revuelto, parecía mas joven de lo que era. Sin embargo, se notaba el peso en sus hombros, un cansancio sin fin. Quizás Alec le quito esa tristeza que reflejaba el rubio, aunque era imposible de decir, puesto que no lo conocía lo suficiente.
—¿Donde están? —pregunto recorriendo con la mirada la sala. El hombre estaba nervioso, pero Max no lo noto. Este ultimo pensó que era mejor no hacerlo enfadar y que se marchara. Mientras mas rápido mejor; luego se lo diría a sus padres. Al diablo con las promesas, pensó.
—Isabelle se fue con...
—No ella —aclaro. Entonces el adolescente entendió.
—Alec esta con... bueno, tu hermano.
Jonathan lo miro por el rabillo del ojo. Max le retuvo la mirada esperando alguna respuesta, pero simplemente recibió una media sonrisa. Antes de que saliera de la casa el ojiazul observo una foto de Alec colgada en la pared. Su sonrisa se ilumino al mirar el rostro de su antiguo novio. Dos años habían sido una eternidad, sin poder observarlo, sin recibir una sonrisa de Alexander y sin escuchar su voz.
Cuando se conocieron el mas joven estaba cubierto de moretones y arañazos, en aquella escuela privada lo molestaban y golpeaban por ser hijo de Robert. En un comienzo le dio lo mismo, por mucho que lo observara solo veía a un idiota sentado en un callejón, con el labio partido y la sangre derramándose por las sienes. Se había parado delante de él diciéndole lo espantoso que lucia, ademas de sucio. El otro simplemente levantó la cabeza dejando que las lagrimas corrieran por las mejillas sucias, fueron los ojos azules llenos de tristeza los que lo impactaron. Ayudarlo fue el comienzo del fin; y saber que su padre era el mismo que metía al suyo a la cárcel era lo que detono sus sentimientos. Alexander fue la carnada perfecta. Jonathan dejaría en bancarrota a Robert (como él hizo con Michael), luego a Lawrence (aunque este lo haya cuidado des hace años) y entonces su venganza estaría completa. Conocer a Alec fue buena suerte, pero enamorarse de él fue horripilante.
La sonrisa se le borro del rostro.
—Cuídalo —dijo sin mirar a Max. El otro no entendió—. Cuídate, tu y tus hermanos.
Con esa frase cerro la puerta dejando a un Lightwood confundido, y posteriormente asustado.
La diversión no parecía desaparecer con Isabelle. La chica estaba repleta de sorpresas, desde antiguos novios a situación divertidas; como la vez en que su madre la obligo a usar un vestido horrendo que termino por quemarlo al día siguiente. Clary no paraba de reír, era genial compartir tales cosas con alguien de su edad, ya que generalmente no hablaba con otras chicas. Sin embargo a la vez le resultaba incomodo, Isabelle era experta en esas cosas pervertidas que incluso podría escribir un libro. Ya pensó el nombre: "Como despertar a una diosa". Y, por si fuera poco, Isabelle era una diosa, a simple vista se parecía demasiado a una modelo con las piernas estilizadas y la piel un tanto tostada, ademas de poseer los ojos negros (que parecían comerte con la mirada) y los labios, a veces, pintados de carmesí.
Cuando la conoció parecía una chica superficial y una Barbie por decirlo así, pero cuando la pelinegra le dirigió la palabra toda aquella comparación con la princesa y la plebeya ya no existía. Hablaban de tantos temas que eran difícil de contar, y aunque Izzy atrajera mas miradas que los fuegos artificiales era divertido. Ella los ignoraba o en una pocas le guiñaba el ojo a un chico. Clary pensó que era como estar Madonna o mejor.
—Así que te gusta Alec —dijo Izzy bebiendo otro trago de su malteada de chocolate. La pelirroja levanto la vista sonrojada y asintió. Era extraño de hablar del atractivo Alexander cuando se sentía avergonzada. El chico le gusta, era muy atractivo, ademas de como sus ojos azules observaban a las personas (sin egoísmo). Durante el transcurso de la semana ella y Alec se convirtieron en buenos amigos. Sin embargo Clary quería algo mas que una simple amistad. Cuando comenzó a conocerlo le encanto el Alec invisible, aquel que pasaba desapercibido, pero no se daba cuenta de que destacaba incluso si no lo intentaba—. Clary me caes bien, pero la verdad no estoy segura de que debas estar con Alec.
La aludida la miro, Izzy observaba a un punto en el infinito.
—¿Por que? —pregunto intrigada por aquella palabras. Creyó que era por no ser lo suficiente bonita para estar con él pero se sintió mas dolida que otra cosa. Al parecer Isabelle le leyó la mente.
—Eres linda, no me malinterpretes... pero es que el... bueno esta saliendo con alguien —Izzy intento ser amable y tener tacto pero le era difícil expresar las palabras con claridad. No quería que su nueva amiga saliera herida solo porque su hermano fuera gay.
—Oh —susurro Clary desanimada. Se pregunto como seria aquella chica para arrebatarle el corazón al chico. Mas linda que yo seguro, pensó. A veces eso era lo malo de no saber como reaccionaras, quedarte con el nudo en la garganta y aguantar a que lo peor pasara. No es que él fuera su primer amor ni mucho menos, simplemente era lo malo de ser humano, sentir la presión en la caja torácica y aguantar el dolor hasta que despareciera. Algún día se iría... algún día.
Isabelle sintió la urgencia de contarle la verdad, esperaba que no albergara mas esperanzas. De un momento para otro Izzy salto del asiento y cruzo la calle con urgencia.
Alec estaba allí con la vista ida y todo desaliñado. Al llegar ella le agarro de los hombros asustando al pobre, Izzy lo examino de arriba a bajo y lo obligo a mirar. Alexander estaba mas que asustado, la respiración estaba mas que exaltada y los cachetes estaban traspirados.
—¿Que te ocurrió? —le pregunto su hermana sacudiéndolo. Clary apareció detrás suyo luciendo, igual que Isabelle, asustada. Alec observo a la pelirroja dirigiéndole una suave sonrisa, ella la correspondió sonrojada—. Contesta —repitió su hermana. Él dejo escapar un largo suspiro y se paso los dedos por el cabello desaliñado.
—Solo tuve un problema —a Alec no le gustaba la situación, por si no fuera suficiente las miradas de los desconocidos ahora tenia que aguantar a su hermana. Isabelle no muy convencida frunció el ceño. Alec continuo—. Me pelee con Magnus.
Clary sospecho algo que era irracionable, incluso espantoso.
—¿Que te hizo? —Alec se separo del agarre de la joven y desvió la mirada. No quería hablar de eso enfrente de Clary, quien sin duda le caía bien; si lo decía seria un completo fenómeno.
—Solo tuvimos un inconveniente. Nada serio —la pelirroja observaba a Alec como si armara un rompecabezas, intrigada y sin poder evitar tratar de que todas las piezas estuvieran en su lugar. Él noto la mirada constante de ella y miro hacia otro lado. A veces era extraño como Clary entendía las cosas, las miraba como si fuera una pintura (con sus trucos y secretos). Ahora sabia porque Isabelle le había dicho aquello. Alec es gay, se dijo. ¿Como no se había dado cuenta? Cuando existía la extraña insinuación de Magnus a él, no hacia falta decir que fue muy ciega como para no darse cuenta de las miradas secretas de esos dos. Quizás si lo había notado, pero preferiría ignorarlo.
Ahora aquel nudo en la garganta se volvió mas fuerte, y la cabeza le dolía. Los dos hermanos seguían discutiendo en vos baja para que ella no los oyera, pero ni susurrar sabían hacer. Decidió inventar una coartada para escapar de aquella charla que no le daba la bienvenida.
—Chicos me tengo que ir, hoy tenia algo pendiente —ellos asintieron y se despidieron.
Isabelle era, sin lugar a dudas, una buena amiga.
Los otros dos continuaron hablando, hasta que Alec no pudo mas y le contó lo sucedido. La pelinegra no oculto su sorpresa pero tampoco es que haya comentado mucho. No podía creer lo que escuchaba, ni un poco. Sin bien Magnus era un tanto tonto, no pensaba que arruinaría el momento sexy con un "Es sobre Jonathan". ¡Por favor! ni que fuera Hannah Montana, para dramas románticos esta ella ¿o no?.
Alexander notaba que su hermana estaba teniendo una lucha entre la inteligencia y el instinto. Por lastima siempre ganaba el segundo. Sin haber contado todo el relato Isabelle agarro su bolso y decidida se apoyo en el brazo de Alec.
—Me voy a casa, si sigo escuchando lo mas probable es que termine castrando a Magnus hasta que lo deje inconsciente —las piernas de Alec temblaban— Y tú, es mejor que escuches lo que te tengo que decir. Alejate de Jonathan, lamento decirlo de esta forma pero el esta mal de la cabeza. Alec, detestaría que pase lo mismo que hace dos años. Y si no quiero escuchar tu linda historia, no es por desprecio, sino porque no aguanto este tipo de cosas. Iré a cuidar a Max, adiós.
Se estaba despreciando así misma por dejarlo solo, pero iba a hacer algo mejor que eso. Iría a la casa de ese impotente y reclamaría por lo que le hizo a su hermano. Ademas, era SU hermano, lo defendería con colmillos y garras si era necesario.
New York, Cárcel Rikers Island.
El hombre de cabellos castaños claros caminaba de un lado a otro en su celda correspondiente. Su compañero de cuarto lo observaba un tanto cansado por el comportamiento de este. Desde ya hace una hora que estaban, su abogado y otro hombre que no conocía, hablando sobre su libertad. Extrañaba tantas cosas de la vida humana, que ya estar en una cárcel por diez años no se consideraba "humano". Mordía las uñas nervioso mientras se sentaba y levantaba una y otra vez, con el corazón bombeando sangre sin descanso. Por un momento pensó que tendría un paro cardíaco, pero eso era lo menos que le importaba en ese preciso momento.
—Tranquilízate viejo. Estas demasiado nervioso —dijo su compañero. El otro lo ignoro. Continuo caminando por otros treinta minutos pensado en las cosas que haría luego de salir de allí.
Al los pocos segundos el guardia abrió de la reja con el rostro inexpresivo.
—Felicidades Wayland. Eres libre.
Michael sentía por fin la libertad. Buscaría a su esposa e hijo, y nada en el mundo los volvería a separar. Ni siquiera quien lo metió en ese horrible infierno. Los nervios estaban mas que presentes, un montón de preguntas que responder y algo mas que acción se aproximaba a su vida. Nada podía salir también como él pensaba. Esperaba que la suerte estuviera de su lado... si es que existía.
Pero primero necesitaba ayuda, y seria de su mas fiel amigo.
La tarde paso tan rápido que cuando se dio cuenta ya estaba anocheciendo, luego de la pequeña pero excéntrica charla con Izzy las aguas parecían calmarse. La ropa de Jace estaba desaliñada y no sabría como explicárselo, lo mataría. Alexander traía consigo unos moretones y raspaduras en el codo y rodilla. Había sido tan tonto al escapar de Magnus que no fue ni capaz de fijarse por donde ir, sin contar que el otro lo estaba siguiendo y gritando su nombre. Quería llorar, gritar, desaparecer. Las palabras de Magnus estaban es su cabeza, hablaban, diciendo lo que no quería oír:
—El te abandono. Alec... yo le prometí no acércame a ti. Lo lamento.
¿Porque? ¿Porque? ¿Porque? Nada tenia sentido.
—Christopher... es Jonathan.
¡Basta! ¡Basta! Ya no quería acercarse a él ni a nadie. Maldecía el día en que conoció a Jonathan, maldecía el día en que se convirtió heredero de una estúpida fortuna, maldecía el momento en que Magnus Bane apareció en su vida. La vida a la estaba condenado era un puro asco. Recordó como en clase de Sociología la profesora decía con su voz calmada y fuerte:
—La Perfectiva Sociológica, es la relación entre la vida de cada uno y la sociedad en la que nos toca vivir. A su vez puedo relacionarlo con las categorías sociales, de acuerdo a cada sociedad y cultura.
Su vida era un tremendo caos y la sociedad en la que vive es egocéntrica ¿Que ejemplo le das a una persona con suficiente poder económico como para controlar a otros individuos? Nada bueno. Muchos se criaban con lujos, y con el paso de los años se convertían en herederos egocéntricos. En todo caso, Alec era lo contrario, tenia que obedecer las normas de su padre y ser siempre el mejor... La Clase Dominante (como así le llamaban) era puras tonterías inventadas por los políticos, nada era verdadero. Solo mentiras, mentiras y ¡ah! mas mentiras. Toda esa explicación se asociaba a Jonathan y Magnus.
En uno pensó que podía ser amable y sincero bajo esa mascara fría, y al final era todo lo contrario. Le mintió con respecto a su pasado, ademas de que ahora se supone es su profesor de historia y ¿Como no se dio cuenta? Tal vez su mente no quería o era muy tonto para no darse cuenta de que la persona que amaba (si, amaba) estaba delante suyo. Y que luego este el hermanastro atractivo, quien se lleva al mundo por delante pero es diferente de lo que había pensado; Bien hecho, has sobrepasado la estupidez, se dijo así mismo, pareces una adolescente enamorada.
Mientras caminaba con un leve dolor en la rodilla, el teléfono sonó profiriendo un sonido molesto. Alec le dedico una mirada al aparato abriendo en grande los ojos.
—Jonathan.
Susurro. La foto del chico aparecía en la pantalla, al momento en que sus manos comenzaban a temblar y se decidía si atender la llamada o ignorarla. Cuando iba a contestar el timbre se detuvo y al segundo le llego un mensaje de la misma persona:
Plaza. Treinta minutos. No tardes,
J.
Miedo, tenia miedo de volver a verlo; apenas pudo soportar lo que Magnus le declaro y ahora mágicamente Jonathan quiere que lo vea ¿Como lo sabia? Buena pregunta. Ademas como es que sabia su numero de teléfono, y luego le enviaba un mensaje con solo... tres palabras y una letras ¡espantoso!
La respiración se le entrecorto, dificultando que inhalara el aire. Las mejillas le ardían aun cuando la brisa del verano estuviera fresca. Intento acomodar las ideas, pero le fue imposible. Magnus también le había enviado un mensaje. Que oportuno, pensó.
Alexander, por favor necesitamos hablar. Estaré en mi casa.
Nunca quise lastimarte. Te esperare.
Mags.
Aveces el corazón actúa por razones que la razón nunca entenderá. Y eso era justamente lo que no le gustaba.
Sin pensarlo dos veces dio media vuelta y corrió.
En ese mismo instante una madre observaba a su hijo desde el auto.
6:16 P.M.
La mujer frunció el ceño al ver a Alec cruzar la calle como si su vida dependiera de ellos, incluso tenia una enorme sonrisa en su rostro. Dirigió una mirada a Robert quien también miraba la escena con la ceja levantada, acto seguido agarro la mano de su esposa:
—Estará bien —la tranquilizo. Su mano estaba fría y los ojos clavados en la calle. Malas noticias tenia para sus hijos.
Maryse correspondió el gesto preocupada por las amenazas que su familia estaba por enfrentar.
—Debemos decirles. Se enteraran tarde o temprano de que... el dinero ha desaparecido, debemos resolver esto Robert. Lawrence esta preocupado, las ganancias has estado bajando rápidamente y no ha pasado ni una semana. Si no fuera por el hecho de que tenemos dinero ahorrado en estos momentos estaríamos viviendo en la calle.
—No te preocupes resolveremos esto. Han liberado a Michael —dijo intentando sonar tranquilo. Maryse habría los ojos como platos y dejo escapar un grito ahogado—. El nos ayudara, no dejare que nos pase lo mismo que a él. Es mi amigo Maryse, sabe mas acerca de esto de lo que piensas.
—Espera un momento... Estas diciéndome que tu antiguo amigo fue liberado de un "supuesto" asesinato y ahora necesitamos su ayuda por el lavado de dinero. Estas loco, y si te hacen lo mismo que a él; Robert recuerda que el fue injustamente incriminado. Odiaría que te pase lo mismo que a él.
Su marido sonrió levemente feliz de la preocupación de Maryse. A veces le daba gracias a dios por tener a una mujer así.
—Sé que es una locura, pero lo mas probable es que su hijo, Jonathan, este detrás de todo esto —Maryse bajo la cabeza pensando en lo ocurrido hace dos años—. ¿Recuerdas como nos amenazo? Solamente por tener los papeles de la empresa de Michael... el piensa que fui yo. Hay que detener esto de una u otra forma, y solo lo lograremos con la ayuda de Michael.
La mujer aguardo un momento analizando la información. Cerro los ojos recordando como Alec había defendido a Jonathan de lo que hizo, como su hijo se puso en contra de ellos para defender a ese hombre que apenas conocía. Como de un día para otro Alexander les dejo de dirigir la palabra, pero luego de un tiempo volvió a la normalidad. Sabia lo mucho que su hijo aun guardaba ese rencor pero lo fingía, y eso era peor.
—Tienes razón. Debemos encontrar al verdadero culpable.
Cuando llegaron a la vivienda, encontraron a sus tres hijos jugando a los videojuegos. Robert y Maryse intercambiaron miradas a la vez que asentían:
—Chicos hay algo que tenemos que decirles...
Los otros esperaron abrazos, regalos, pero lo que recibieron era todo menos felicidad.
6:50 P.M
Acaricio al gato, mientras dormía en su regazo. Los nervios estaban presente provocando que el aire fuera casi insoportable. Una hora atrás Isabelle Lightwood apareció en su puerta con la cara sonrojada y gritándole no sé que prestigio familiar, era mas que obvio que estaba molesta por lo de Alec. Encima le obligo a mandarle un mensaje para que pudieran hablar, Magnus pensaba hacer eso también pero si La Reina del Drama lo obliga ¿Que mas hacer?
Cuando Alec se hecho a correr Magnus le había agarrado de la mano obligando a mirarlo, el chico estaba al borde de las lagrimas. Aquello le había roto el corazón, nunca había sentido algo igual. Fue tan estúpido que no había prestado atención a los sentimientos de Alexander, solo pensó en Jonathan y en lo que ocurriría si se enteraba de que estaba haciendo.
Presidente maulló en la puerta, al momento de bajarse del regazo de Magnus. Este esperanzado camino lentamente, como si un peso extra se alojara en sus piernas, y luego agarro el picaporte. Los latidos estaban acelerados y podía sentir una gota de sudor deslizándose por la nuca. Era tan difícil describir las sensaciones que sentía su cuerpo al ver el cuerpo de Alexander parado enfrente suyo.
La lucha de miradas parecía algo normal en ellos, los ojos de ambos se dilataron al observase. Magnus fue el primero en dar el paso. Rodeo a Alec con sus brazos, atrayendo el cuerpo pálido al suyo, que era bronceado. No era difícil de decir que sus cuerpos parecían estar hechos el uno para el otro. Se sentían cómodos en los brazos del otro, y sin mencionar la calidez que se profanaban. Querían besarse, sentir los labios del otro, las cálidas bocas violando los limites del placer... pero decidieron esperar, aprovechar el silencio. El espacio-perfecto.
Las manos de Alec se posaron en las mejillas de Magnus, cálidas. Todo lo relacionado con Magnus era cálido, en cambio Alec era friolento. Acuno la mejillas dejándose llevar por las distintas sensaciones que invadían su cuerpo. ¿Porque la vida no podía ser perfecta? ¿Porque todo ese momento parecía una simple ilusión? Igual que un circo; magnifico y deslumbrante, casi como un mundo distinto, pero luego toda esa belleza se acaba. Todo tiene un fin. Era tan malo imaginar un futuro sin problemas, con un final feliz, con la persona que quieres a tu lado que incluso eso parecía imposible, lejano.
Sabia dejado a Jonathan plantado, y ni siquiera le importaba, porque sabia que el lugar donde quería estar era al lado del asiático, de Magnus.
—Magnus —susurro. Ah, el nombre escapo como una suave melodía, mortífera, peligrosa y preciosa. Como la miel, que te deja el sabor contagioso en la boca y sin poder evitarlo te permites un poco mas de el. Magnus sonrió ante la mención de su nombre, esto era malo; y sin embargo lo malo es bueno.
—¿Que pasa... ojos azules? —dijo aquello recordando la primera vez que lo vio, como un trueno... como si le golpeara un trueno y de repente nada tuviera sentido. Sin evitarlo sus labios rozaron las mejillas de Alec, suave, adictivo. Dejo un rastro de beso hasta la barbilla y luego mordió su cuello, quería sentir la piel de él tocar la suya, estaba seguro de que temblaría si eso ocurría. La espalda de Alexander se arqueo buscando mas piel, esperando a que Magnus continuara. Las manos de este descendieron hasta sus caderas pero luego moldear su trasero. Dios, ese hombre era todo un experto.
Magnus acaricio la nuca de "ojos azules" dejando que recorrieran la mandíbula para luego alojarse en los labios carmesí. Los ojos de Alec estaban de un azul casi marino y muy dilatado, observo el verde eléctrico de Magnus y sin que lo pensara modio la punta del dedo, lo sintio temblar, vio como se lamia los labios resecos y dejar mostrar una sonrisa atrevida.
—Degenerado —dijo Magnus divertido por el recuerdo. Alec soltó el dedo y dejo que sus manos atrajeran el cuello de Magnus hacia él, soplo en la oreja de este y mordió el ovulo. ¿Desde cuando era tan atrevido?, se pregunto el asiático, pero ni le importaba.
—Lo aprendí de ti —Magnus no espero mas y cerro la puerta detrás de si, dejando que los maullidos de Presidente Miau se escuchar en la sala. Este sintiéndose ignorado se fue de allí a quien sabe donde. Magnus se despojo de su camisa mostrandole su pecho a Alec, quien se avergonzó por aquello. Ya no podía dar marcha atrás, su cuerpo no se lo permitiría.
—Alexander... yo no quiero presionarte —lo miro. Dejo que su mano recorriera los músculos de Magnus y sonrió levemente, mas bien tímido.
—No lo estas haciendo —comenzó a desabrocharse la camisa, pero las manos del otro se lo impidieron. Se asusto ante aquello pero fue Magnus quien se la saco. Las mejillas estaban mas que rojas y dio gracias al ángel por que no se notaba en la oscuridad. Él obligo a Alec a mirarlo y rozo sus labios con los de él.
Alec por su parte tembló al sentir las grandes manos recorrer su espalda, mientras él se aferraba al cuello jugando con los cabellos negros. El beso paso de ser dulce a necesitado y salvaje. Magnus violo la boca dejando que su lengua explorara la cavidad, los gemidos de Alexander eran música para sus oídos, ademas de que se notaba como quería estar mas cerca de él. Tan inocente e inexperto que parecía un lindo gatito buscando cariño. Alec abrió los ojos cohibido por la lujuria que su cuerpo estaba adquiriendo, Magnus lo estaba observando, aquello lo avergonzó demasiado. Sabia que una linea de saliva estaba cayendo por un costado de su boca a pesar de ser el quien había permitido a la lengua del otro entrar. Magnus rompió el beso recibiendo un quejido de Alec. Se rió por lo bajo.
Beso el cuello níveo y acto seguido descendió hasta los pezones, dejando que su boca explorara la nueva zona. Incluso se sentía como Colón descubriendo un nuevo continente. El estremecimiento de Alec lo estaba volviendo loco y no quería despegarse de ese lugar, aquellos pezones eran suaves y sabían a lujuria. A algo prohibido. Quizás el fuera la reencarnación de afrodita, espero que no porque Alec era mas hermoso que esa diosa.
—¡Ah! —gimió Alec al sentir la mano de Magnus tocar su miembro duro. Su boca estaba abierta y el aire parecía desaparecer, sus pulmones estaban pidiendo a gritos un descanso, pero no podía, su cuerpo estaba reaccionando por si solo. Entonces Magnus se detuvo, alzo a Alec en sus brazos y subieron las escaleras. Este estaba tan sorprendido por el acto que ni siquiera tuvo tiempo de protestar.
Lo dejo acostado en la cama, observando a un Alec sumiso y avergonzado, con las mejillas rebosantes de rojo. Deseaba tanto morder cada parte de su cuerpo y nunca dejarlo ir. Era igual a una droga adictiva e intoxicante. Beso sus mejillas, luego su cuello, sus pezones (jugo con ellos, los mordió y saboreo. Seguramente se convertirían en su parte favorita) El cuerpo temblaba debajo de él, provocando imaginaciones mas obscenas de las que ya tenia en mente. Oh, como disfrutaría esa noche. Magnus no solo quería sexo; No, no quería sexo, quería hacer el amor. Entendió que Alec no era un objetivo mas él era un sentimiento, pensamiento constante...
Le despojo de su pantalón dejando entrever el miembro excitado. Escucho los gemidos, los movimientos nervioso de Alec. Cada fibra de su cuerpo estaba pidiendo que lo tomara, que lo marcara como suyo. Y así seria pero lentamente. Aria que su primera vez fuera tan especial como él lo era. Con el dedo toco la punta de la virilidad enviando electricidad al cuerpo del otro. Pensó en tantas formas de hacerlo suyo que ninguna era la correcta o digna para él.
—Magnus... por favor —aquello fue música, la mejor de las melodías. Las suplicas de su ángel serian siempre las mejores. Magnus no dudo en sacarle el calzoncillo y lamer con su lengua la base del miembro. Alec en respuesta grito, estrujando las sabanas y retorciéndose de placer. Lo envolvió con la boca probando el néctar del ángel. Era dulce igual que todo lo demás. Estaba completamente seguro de que nunca se cansaría de Alec, y si algún día eso ocurría pediría que lo encierren en el hospital hasta encontrar una cura. Los gemidos aumentaron pero Magnus se alejo de él. No se vendrá todavía, pensó. Aveces podía ser perverso y sexy, extremadamente sexy—. No te vayas —dijo Alec suplicante.
—No me ire a ninguna parte, ángel. Solo te preparare —el ojiazul se pregunto para que, pero entendió cuando vio el miembro erecto de Magnus. Era grande. Saco de la mesa de luz un lubricante y acto seguido lo mojo en dos dedos. Alec abrió un poco mas la piernas observando como el asiático lo devoraba con la mirada. Magnus era un brujo, sus ojos parecían de un verde eléctrico y amarillo. Recordó lo que había dicho y se lo imagino con las pupilas verticales y la magia proveniente de sus dedos. Un extravagante brujo. A Alec le gusto la idea y sin evitarlo dijo:
—Brujo Bane, es usted todo un degenerado —Este sonrió ante las palabras pero no se dejo intimidar. Hundió un dedo en la cavidad jugando con ella. Alexander dejo escapar un gemido entrecortado cuando su boca fue atrapada por la de Magnus.
—Y tú pequeño ángel, eres un pervertido por dejar que entre en ti —se sonrojo pero no le importo. Así era como jugaba él, travieso y sin convicciones. Un segundo y tercer dedo violaron su entrado, provocando que se sintiera incomodo al principio pero lleno de placer. Era extraño y placentero. Perfecto y surrealista. Es porque estoy con un brujo, se dijo.
—No te dolerá, te lo prometo.
Y no le dolió. Sentir como Magnus entraba en él era mágico. Era un poco incomodo por la presencia de algo caliente y grueso dentro suyo pero le encanto. Su primera vez iba a ser mágica. Sonrió levemente. Magnus lo tranquilizaba y al momento de moverse fue suave y lento. Arqueo la espalda al momento de recibir una estocada profunda. Un gemido se le escapo, y luego atrajo a Magnus a él besando sus labios con una pasión desenfrenada. Las uñas de Alec se aferraron a su espalda y aumento las embestidas. Fue mas y mas rápido, las gotas de pre-semen estaban escapando pero Alec deseaba aguantar mas. Esperaría.
Magnus decidió dar embestidas fuerte y profundas golpeando con la cadera de Alec. No podia aguantar por mucho pero antes tenia que hacer algo mas. Magnus ayudo a Alec a levantarse.
—¿Que- ¡Ah! —Magnus cayo de espaldas a la cama y Alec quedo arriba. Ahora lo estaba cabalgando, recibiendo estocadas mas precisas y tocando un punto que Alec no imagino que existiera. Dios, eso era mejor de lo que imaginaba, movió sus caderas; subiendo y bajando, y repitiendo el proceso. En un ultimo esfuerzo Magnus se vino llenado a Alec, este a su vez arqueaba la espalda en un grito lleno de lujuria.
Se dejo caer en el pecho de Magnus, ambos con las respiraciones entrecortadas. No pudo evitar abrir los ojos y mirar la hora: 8:36 P.M.
—¿Estas bien? —pregunto sin poder evitar salir de la cavidad de Alec y atraparlo en sus brazos. Lo beso en la frente y acaricio su espalda.
Alexander se sonrojo al ver los ojos eléctricos de Magnus de un verde intenso y el pelo alborotado. Parecía un actor, o el modelo mas atractivo y sexy del universo. Beso su boca en un roce.
—De maravilla.
Magnus sonrió ampliamente. Ninguno supo en que momento pero ambos se dejaron llevar, una vez mas, por la lujuria.
Lo había dejado plantado. Estaba maldiciendo a todo el mundo por haberlo abandonado que se fuera a los brazos de su hermanastro. Esto de ninguna manera iba a quedar así.
Se sentó en una de las bancas de la plaza y dejo que sus pensamientos se relajara o desaparecieran. Pero los celos estaban allí y era inevitable no ignorarlo. Si solo Camille no lo hubiera llamado para decirle que los había visto besándose y despojándose de sus ropas en una hermosa cita a la intemperie, todo estaría perfecto.
En un momento un perro vino hacia él y comenzó a ladrarle, sino fuera por que su dueño apareció le habría tirado una piedra.
—Lo lamento —se disculpo. Jonathan lo observo pensando que conocía a ese chico de algún lado, pero lo ignoro.
—No pasa nada —el joven tenia unos increíbles ojos grisáceos. Se alejo con su perro un tanto nervioso por reconocer a Jonathan; no diría nada, no diría nada.
Jonathan volvió a lo suyo. Mas tarde se encontraría con Camille, había cosas que platicar.
—Demonios.
¿Lo compense? No se preocupen todo ira bien, todo ira bien. No tengo mucho que decir pero estoy casi segura de que escribiré (al final del fic) unos cortos capítulos sobre el pasado de Alec y Magnus. Desde el comienzo de los tiempos, o desde que cada uno conoció a sus exs.
Nos vemos. Sellie.
PD: Gracias por los Reviews.
