Hola de nuevo. Adivinen a quién le costó volver a poner el título al capítulo (la próxima ve lo dejaré en blanco...). Pues bueno, me falta poco para volver a los estudios, espero no ralentizar demasiado las actualizaciones. Ah, y quería responder a los coments de esta vez:

Mei: Agradezco tu advertencia, estuve leyendo atentamente la descripción de nuevo, en busca de alguna pista que pudiese hacer malpensar que esta es una historia Slash (porque no, no lo es). Llegué a la conclusión de que se puede confundir si alguien esta buscando expresamente yaoi y mete a Albus y Scorpius en la categoría de personajes; pero si te fijas, donde los géneros puse aventura y amistad y si los dos chicos son los protas... bueno ¿acaso no lo son? Aún así, agradezco muchísimo que te molestases en pasarte para avisarme, pero es que aunque quisiese poner un aviso en la descripción... lo cierto es que no me cabe ni un solo carácter más Me alegra que te haya gustado la historia.

Gelygirl: Lo cierto es que estoy completamente de acuerdo contigo. Cuando empecé a escribir este capítulo más o menos me di cuenta de que me estaba desviando un poco, supongo que me escondo tras la excusa de que tengo que tengo que introducirlos en Hogwarts y de que el mortífago se supone que todavía no llegó. Aún así debería de haber dosificado mejor, lo siento. De todas formas, en dos o tres capítulos empezaran ya con algunos asuntos de la misión, así que espero que podáis perdonarme xP Por cierto, me alegro que te haya gustado la historia, y gracias por comentar.

.:El Mapa de los Merodeadores:.

En el pasillo junto al Gran Salón solo se oían los pasos de las dos serpientes, que andaban con lentitud y cansancio. Lo cierto es que no les apetecía nada tener que ir a Herbología, pero la parte positiva es que en el resto de la mañana no tendrían ninguna clase más, hasta la tarde, en la que tendrían Pociones. Obviamente, la poca cantidad de asignaturas que tenían los alumnos eran compensadas con el tiempo dedicado a ellas, rara era aquella clase que duraba menos de dos horas.

Sin previo aviso, Scorpius paró a su amigo en medio del pasillo, moviendo asqueado la cabeza de un lado para otro. Albus lo miró con una ceja alzada.

-¿No hueles eso? – preguntó un tanto molesto.

-Si, se parece a las bombas fétidas de James – respondió el moreno tranquilo – seguramente es por eso que no hay nadie por aquí – razonó, pues desde que habían salido del comedor no se habían encontrado con una sola persona.

-Exacto – dijo el rubio con los ojos muy abiertos.

Tras unos segundos de confusión, en la cabeza del moreno se prendió un interruptor y lentamente los dos amigos miraron hacia atrás. El pasillo era bastante largo, y en el primer pasillo que se cruzaba con ese después de las puertas del Gran Comedor, un par de cabezas sobresalían, espiando sus movimientos; aunque una vez se sintieron observados se escondieron rápidamente, en un vano intento por no ser descubiertos. Albus juraría haber visto unos cabellos alborotados negros y otra mata de un tono rubio; así que debían de ser James y Peter. Si el grupo de merodeadores seguía con el mismo plan que de costumbre, Remus y Sirius estarían escondidos a diez metros de ellos.

Scorpius bajó la mano por fin y carraspeó un poco, atrayendo la atención de Albus, ambos debían pensar algo que hacer si querían pasar sin recibir ningún tipo de maleficio o sentir los vertidos de alguna extraña poción. Así que lo mejor era ganar tiempo.

-Espera un momento, Al - dijo Scorpius, que de momento no se le había ocurrido nada - ¿Ya acabaste la redacción para Herbología? Ayer dijiste que te faltaba poco – el rubio intentaba pensar rápidamente en algún medio de escape, pero la sonrisa del moreno le dio a entender que él ya la había encontrado.

-Sí, mientras tú hacías la de Pociones, pero... – hechizo sus pies y le hizo un gesto con la cabeza, indicándole que debían seguir avanzando – creo que me dejé el libro en la habitación.

El rubio miró maravillado sus pies cuando empezaron a andar de nuevo, los pasos en vez de alejarse del Gran Comedor parecía que se acercaban; pero el ceño fruncido de Albus le hizo recordar que el hechizo solo tenía un ratio de ocho metros, así que debían actuar con rapidez en cuanto se aproximasen al escondite de los dos miembros perrunos de los merodeadores.

-Mierda, Al – se quejó Scorpius – ahora tendremos que volver.

Con un suave golpe, el Malfoy llamó la atención una vez más de su amigo. El rubio había sacado la varita e hizo el movimiento correspondiente a un hechizo, al tiempo que movía los labios, como si pronunciase el conjuro. A Albus no le costó reconocerlo, la palabra "Aguamenti" llegó enseguida a su cabeza y comprendió las intenciones de su amigo. Si corrían en los últimos tres metros, tendrían oportunidad de atacar antes que los merodeadores. No sabían que trampa les tendrían aquella vez, si solo era un hechizo, el chorro de agua los desestabilizaría, pero si tenían una poción, seguramente conseguirían echarla a perder con el agua fría.

Anduvieron con paso seguro y cuando uno de los pies de Scorpius volvió a sonar con normalidad, fue como el pistoletazo de salida. Ambos chicos aceleraron el paso, cosa que no pasó desapercibida por los merodeadores, que cuando quisieron darse cuenta del extraño suceso, ya estaban siendo bañados por dos potentes chorros de agua.

-¡Pero que coj-! – comenzó a decir Sirius, mientras se secaba la cara con la mano.

-¡Se escapan! – anunció James a sus espaldas.

Scorpius miró hacia atrás, Peter y James ya habían salido de su escondite y los otros dos merodeadores ya se estaban colocando de pie. Todos tenían en sus manos una ampolla de cristal, con un líquido amarillo y bastante humeante. El chico abrió los ojos algo horrorizado y se lo indicó a su amigo; se habían salvado de una buena cantidad de poción crecepelo. Los seis chicos se sentían algo abochornados, los de Gryffindor porque les había salido el tiro por la culata, y por poco nos les había caído la poción a ellos; los dos de Slytherin porque les parecía algo estúpido y vergonzoso tener que escapar de cuatro chicos que deberían ser más maduros que ellos y que pretendían conseguir que les creciera el pelo hasta la cintura y les saliera barba.

Los merodeadores estaban cada vez más cerca de ellos, así que con un gesto desesperado Albus dirigió la varita hacia atrás y pronunció en alto:

-¡Locomotor Wibbly!

El hechizo salió despedido hacia atrás, pero el moreno no tuvo tiempo de comprobar si había acertado, o no de forma inmediata porque en cuestión de segundos un golpe seco les anunció que alguien acababa de estrellarse contra el suelo.

-¡Peter! – gritó sorprendido Remus, revelando el receptor del maleficio.

-¡Cornamenta! ¿Cómo no se nos ocurrió ese hechizo a nosotros?

-¿Y yo que sé, Canuto?¡Pero apurad, que se nos escapan!

La última frase de James fue dicha justo cuando los otros dos doblaban la esquina, esquivando así dos rayos con el mismo maleficio. En ese momento no sabían si había sido buena idea, porque los habían detenido, o mala, porque les habían dado una idea y una razón. Pero tampoco iban a pararse a resolver la duda. Unos murmullos detrás de ellos les informaron de que el hechizo que había caído sobre Pettigrew había sido anulado, y los pasos que se oyeron después que los merodeadores se volvían a poner en marcha.

Scorpius guió a Al por un camino hacia la derecha, pues se trataba de un atajo hacia la salida, pero cuando llegaron al rellano de las escaleras, la que les correspondía para bajar se movió de sitio y no pudieron cruzar.

-Mierda,... a este paso vamos a perder – sonó la voz de James, más cerca de lo que cualquiera de las dos serpientes hubiese querido - ¡Saca el mapa Canuto!

-No hace falta que me lo digas, Corn – respondió ofendida la voz de Sirius.

-¡Scor! En el único camino libre esta la Sra. Norris ¿Cómo vamos a avanzar? – preguntó de repente Albus, helando a todos los que lo oyeron.

El rubio se volvió con los ojos muy abiertos, intentando alejarse lo más posible del pasillo y con una voz de reproche se volvió un instante hacia el moreno.

-¿Eres idiota? – le preguntó en un murmullo - ¡Ahora sabrán cual camino cogimos!

-Ese es el plan.

-Mira Al – le dijo Scorpius con los ojos entrecerrados – me da igual que saquen el mapa ¡No quiero convertirme en un intento de oso!

-Te comprendo – lo apoyó el moreno, desconcertando al otro – pero no mentía sobre lo de la Sra. Norris – añadió sonriendo de medio lado.

El rubio lo miró confuso, normalmente la gata no traía nunca nada bueno; pero todo pensamiento sobre el tema desapareció de su mente en cuanto vio a los cuarto aparecer por el corredor. Peter iba algo más atrasado, seguramente temeroso de que otro maleficio de piernas de gelatina le golpease. James y Remus avanzaban con las varitas preparadas para atacar o defender, cualquier cosa valía. Y Sirius, aunque también llevaba la varita en la mano, parecía preocupado por volver a doblar el mapa, que por la expresión de su cara – o por la falta de algún gesto de asombro – parecía que no había utilizado.

Al verlos parados junto a las escaleras, los morenos sonrieron maliciosos, pero Remus intentó detenerlos, aquello le olía a trampa. Y no podía estar más en lo cierto, justo después de que James lanzase un maleficio de los mocos, Filch apareció por el pasillo, acompañado por su fiel gata, que recibió el rayo de lleno y no tardó en empezar a estornudar. El hombre miró extrañado a su gata, pero pronto su rostro adquirió una mueca de furia.

-¿¡Qué le has hecho a mi gata, Potter!?

-Y-yo fue un accidente...

El chico se puso pálido al ver al ver al conserje, no porque este le intimidase, estaban demasiado acostumbrados a sus inesperadas apariciones; lo que lo asustaba era el hecho de que había llegado antes de que su perruno amigo hubiese escondido el mapa, al que lanzó una mirada apremiante. Sirius ya se había dado cuenta también del problema, y el mapa se había deslizado a una velocidad impresionante entro de su bolsillo. Pero no lo suficiente.

-He oido demasiadas veces esa excusa Potter ¡Ahora cura a mi gata! – gritó furioso mientras se acercaba a Sirius - ¡Y tú! ¿Qué es lo que escondes?

-Nada – aseguró el chico rápidamente.

-Eso ya lo veremos ¡Vacía los bolsillos! – le ordenó mientras se acercaba a los chicos - ¡Y tú!¿Vas a quedarte ahí todo el día? – le preguntó irritado a James, que a regañadientes se acercó a la gata.

El moreno miró furioso a las dos serpientes, aún no habían podido irse, así que si apuraba, los cogerían. Sacó todo de sus bolsillos, a pesar suyo incluso el mapa, puesto que este estaba en la parte superior y por muy agrandados que tuviese los bolsillos era imposible sacar nada en ese momento sin mostrar el pergamino; y Filch lo miraba demasiado atento como para intentar algo. Una vez todo estuvo fuera, el conserje empezó a inspeccionar el material. Había varias bombas fétidas, la poción crecepelo, un par de plumas, varios de pergaminos – entre los que se incluía el mapa – y una bolsa de gangreas de sabores.

A los chicos les sudaban las manos, el mapa se camuflaba con los otros pergaminos, pero si por alguna razón se llevaba todo el material, sufrirían una gran pérdida. El hombre no miraba sus rostros estaba muy ocupado recogiendo las bombas fétidas sin mancharse las manos. Después alzó la poción y preguntó lo que era, pero como nadie respondió se la metió también en el bolsillo – aunque daba igual lo que hubiesen dicho, la habría requisado igual-. El hombre se levantó con un poco de dificultad y observó contento que su gata ya estaba bien.

-Me llevaré todo esto – anunció golpeando su bolsillo – pero no os preocupéis, ya le daré a la profesora McGonagall.

El hombre ya esta por marcharse cuando un ronroneo lo paró, al girarse se encontró con unos tres merodeadores algo pálidos y el cuarto, Sirius, forcejeando con la gata para que le devolviese uno de los pergaminos. Un bufido de Filch los paró a ambos. Extendió la mano, demandando ver el pergamino, en busca de lo que había llamado la atención de su gata. La Sra. Norris soltó el pergamino y se quedó mirando fijamente a Sirius, a quien no le quedó más remedio que dárselo a regañadientes.

El conserje desdobló el mapa, y a medida que lo hacía su ceño se iba arrugando. El papel alcanzaba el metro y medio, pero estaba doblado de una forma bastante extraña, como si solo lo utilizasen con determinadas posiciones. Eso no quitaba el hecho de que estuviese completamente en blanco, pero si la gata había notado algo y era posesión de los merodeadores, tenía que haber magia de por medio. El hombre miró sonriente a los chicos y zarandeó el pergamino en frente suya.

-¿Qué esto, muchachos?

-¿Cómo que qué es? – preguntó James intentando sonar seguro y natural – es un pergamino como cualquier otro – pero se arrepintió de haber dicho eso, porque el conserje ensanchó su sonrisa.

-Entonces no tendréis ningún problema en que me quede con esto ¿no?

Y con una sonrisa triunfal, se guardó el mapa en el otro bolsillo. Los merodeadores intentaron poner una expresión de indiferencia, pero resultaba un poco difícil. Sirius, que era quién menos paciencia tenía, se movió un poco hacia la izquierda, para mirar tras Filch. El hombre descubrió la mirada de odio que el muchacho dirigía hacia algún punto a sus espaldas, pero cuando se dio la vuelta no había nadie. Las dos serpientes ya se habían ido.


-¡Expelliarmus!

El objetivo móvil perdió instantáneamente la varita que tenía sujeta, mientras Scorpius Malfoy sonreía con suficiencia. Esos dos días habían sido impresionantes, ya que los dos chicos no habían podido estar más alegres; después del susto inicial del día anterior, los merodeadores habían perdido el mapa. No era extraño pensar que tratarían recuperarlo, pero si no les fallaba la memoria, del despacho de Filch era de donde los gemelos Weasley lo habían sacado, así que dudaban que lo lograran.

A pesar de la clase de Herbología en la que habían quedado llenos de barro, la interminable clase de Pociones, donde vieron recetas ya conocidas por todos, y que casi hace llegar tarde a Scorpius y Regulus al entrenamiento de Quidditch y la aburrida clase de DCAO de aquel día, donde estuvieron dos horas repasando teoría; los dos chicos habían permanecido relativamente contentos. Por eso habían incluso apurado sus deberes y aprovechar su buen humor para avanzar en los entrenamientos.

-Creo que ya tenemos ese hechizo perfecto – anunció Scorpius orgulloso, mientras veía como su amigo se sentaba en el sofá, añadiendo un par de notas en el pergamino del hechizo desarmador y buscando otros para empezar a practicar – Al, hazme caso – rogó el chico mientras se acercaba a él.

-¿Y que quieres que te conteste? – preguntó con un tono aburrido.

-Que en realidad sabes que yo soy mejor que tú y que a ti aún te falta mucha practica para llegar hasta mi nivel – contestó burlón mientras se sentaba en un sillón cercano, colocando las piernas en el brazo del asiento.

-No me gusta mentir Scor – le respondió el otro con suficiencia, pero su gesto cambio enseguida, mientras recogía uno de los pergaminos – oye, ¿estas tratando de aprender el hechizo Fiendlocked?

El rubio asintió tranquilamente mientras jugaba con su varita; todavía tenían una hora hasta que Transformaciones empezase y ya habían avanzado bastante ese día, así que podía tomarse la libertad de relajarse durante unos minutos. Por su parte, Albus observaba concentrado el papel que había frente a él; todas las indicaciones y detalles habían sido apuntados por el rubio. El Malfoy observó la expresión de su amigo y enarcó una ceja, extrañado.

-¿Cuál es el problema, Al? Es un hechizo bastante sencillo.

Albus lo miró, aquello era cierto, pero tampoco es como si no lo supiera. Fiendlocked no era denominado con normalidad un hechizo, sencillamente porque en realidad era un contrahechizo, y aunque podía usarse para otras cosas, normalmente solo era pronunciado cuando alguien tenía que enfrentarse al Fuego Demoníaco, ya que era el único conjuro capaz de hacerlo. Sonrió débilmente, si su padre hubiese sabido de ese hechizo se habría llevado un susto menos.

-Lo sé, Scor – respondió finalmente – creo que es un hechizo bastante útil; incluso podríamos usarlo en vez del aguamenti en algunas ocasiones – el chico hizo una parada, mientras miraba al otro seriamente – pero tengo una duda: después de aprender este ¿intentarás dominar el Fiendfyre?

El rubio se quedó callado durante unos instantes, con la mirada perdida. Albus comprendió que no había pensado en aquella posibilidad; la verdad era que si lograban dominar adecuadamente ese contrahechizo, no tendrían por que temer a las llamas. Sin embargo, al contrario que su contrahechizo, era mucho más difícil de aprender o de manejar – solo había que recordar lo que pasaría varios años después en aquella misma sala – así que ambos tendrían que estar muy atentos si algún día intentaban aprenderlo.

-La verdad es que no lo sé – admitió el rubio – pero supongo que podría resultar útil.

-De acuerdo – el chico le quitó importancia y se levantó al tiempo que le pasaba el pergamino al otro.

-¿Ya te has aprendido las indicaciones? – preguntó asombrado.

-No, primero quiero acabar de dominar el Expulso – Albus le apuntó con la varita divertido – y tú deberías hacer lo mismo, el otro día te gané precisamente porque moviste la varita en el sentido contrario – le recordó burlón.

Algunos días, cuando ya sentían que habían aprendido ciertos hechizos (y antes de empezar con los nuevos), probaban a batirse en duelo. No solían llegar muy lejos – los hechizos potentes los ensayaban con objetivos que preparaba la sala – y tampoco habían resultado nunca heridos, ya que lo más duro que recibían era el golpe contra el suelo, y la sala se había encargado de acolcharlo, amortizando la caída.

Scorpius rodó los ojos y se levantó aún escuchando las risas de su amigo, recordándole que aquello solo había pasado en ese asalto. De todas formas, ambos siguieron repasando los hechizos ya dominados, concentrándose más en el Expulso, hasta que se dieron cuenta que, por enésima vez en la semana, estaban a punto de llegar tarde a clase.


La pelirroja dejó caer con fuerza los libros sobre la mesa. A ambos lados de esta había un par de sofás, donde ahora descansaban en silencio los merodeadores. James permanecía inmutable creando chispas rojas y verdes con su varita, sin darse cuenta realmente del segundo color; Sirius miraba por la ventana que había a su derecha, poniendo de vez en cuando muecas de furia; Peter había estado dormitando desde que se había sentado, pero también fruncía el ceño cada cierto tiempo; y Remus parecía concentrado en uno de sus libros, pero ya había pasado bastante tiempo desde la última vez que había pasado página.

Varios alumnos habían estado atentos de su inusual comportamiento, en todos los años de Hogwarts nunca los habían vistos tan tranquilos. No, tranquilos no era la palabra, era deprimidos, alicaídos. Muchas veces se habían mantenido en silencio durante demasiado tiempo, pero siempre con esas sonrisas y esas miradas maliciosas, como el que planea dar el golpe de su vida. Sin embargo, ahora era diferente, como si todo hubiese acabado.

Más alumnos se giraron al oír el golpe, pero se arrepintieron en cuanto vieron la mirada que les dirigía la Premio Anual, así que volvieron a lo suyo. Atentos, eso sí, de todo lo que pudiese pasar. Sin embargo, ninguno de los bromistas hizo ninguna muestra de notar la presencia de Lily, o por lo menos que le importase. La chica soltó un bufido y se sentó bruscamente entre James y Peter, el cual abrió momentáneamente los ojos, para volver a cerrarlos enseguida.

-Vale ya, Evans – soltó de repente Sirius – Si quieres algo, dilo.

-Quiero saber que les pasa – respondió ella con el ceño fruncido – llevan dos días totalmente idos.

-Gracias pro preocuparte por nuestra salud mental, Lily – intervino Remus, acordándose de que ya había leído esa página tres veces y que ya era hora de pasarla – pero estamos bien.

-¿Bien, que están bien? – repitió ella cargada de ironía - ¡Nunca han estado peor!

-Creía que no te gustaban nuestras bromas – le recordó algo cabreado James - ¿Por qué te pones así entonces?

-Espera, yo no...

-James tiene razón, Evans – la interrumpió el otro moreno – llevas siete años dándonos el coñazo para que dejemos de hacer travesuras ¿Quieres decidirte de una vez?

La chica los miró furiosa, para una vez que se preocupaba por ellos. Sin embargo, si que tenían que encontrarse mal, Remus estaba demasiado ausente, Peter no miraba embobado a sus amigos, aprendiendo de sus ingeniosos comentarios, Sirius había cedido ante la furia en vez de jugar con ella, cabreándola y James... para la pelirroja era extraño que el chico no hiciese ningún comentario sobre ese amor que decía que ambos sentían y que estuviese de mal humor. Todavía estaba algo malhumorado por lo de la prueba de Quidditch de Slytherin, pero no la había tomado precisamente con ella.

-Una cosa es que quiera que dejéis de comportaros como niños – por un momento los cuatro merodeadores la miraron fijamente, alguno hasta enfadado – y otra muy diferente es que quiera permitir que estéis por los suelos – Lily suspiró pesadamente – en el fondo, muy en el fondo, hasta os tengo aprecio ¿sabéis?

En cualquier otro momento ese comentario habría sido una gran revelación y las consecuencias habrían sido muy diversas; pero esta vez ninguno le prestó demasiado atención. Algo cansados de su propia actitud, todos abandonaron sus ocupaciones – o sus aparentes ocupaciones – y se miraron entre ellos, como si por un momento Lily no existiera.

-Fue un golpe bajo – admitió Remus súbitamente, Lily enarcó una ceja.

-¿Qué?¿Por qué?¿Qué ha-?

-Seguro que se aliaron con Filch, no hay otra forma – supuso Sirius irritado.

-¿Con Filch?¿Quién? – volvió a preguntar la chica, nuevamente ignorada.

-Es imposible, Sirius; si hacer un pacto con Peeves es prácticamente imposible ¿Cómo lo van a hacer con Filch?

-¡Y yo que sé, James! – respondió exasperado – Pero es que parece que tienen la suerte de su lado... nadie nos lo había pillado en años. ¡Es más! Nadie sabía de su existencia.

-Podemos hacer otro – sugirió Peter.

A Lily le rechinaban los dientes, no soportaba ser ignorada y menos no saber de que estaban hablando ¿Desde cuando alguien habla de "algo" que nadie sabe que existe delante de una persona que obviamente no sabe qué es ese "algo"?

-¡Pero que dices, Peter! – exclamó Sirius, entrecerrando los ojos - ¿No te das cuenta? Llevábamos cuatro años con él ¡Cuatro! Volver a hacerlo supondría volver a reunir toda la información – le recordó, mientras miraba al otro animago con gesto de pocos amigos – Y hay uno que no quiso guardar los libros, aún menos apuntar los títulos.

-¡Nunca pensé que fuese a pasar esto! – se defendió James.

-Pero Sirius tiene razón – lo apoyó Remus – nos costó demasiado encontrar la información y recordar lo de la tinta – todos bufaron, claramente molestos ante el recuerdo – aquella vez tuvimos suerte, no sé si nos volverá a pasar.

-Para cuando lo tengamos hecho ya habrá acabado el curso – se quejó el animago raquítico.

-¡Ya basta! – gritó de repente Lily - ¿¡Queréis decirme de una maldita vez qué esta pasando!?

Los cuatro la miraron asombrados, sus ojos parecían querer fulminar a cualquiera que estuviese a su alcance y su gesto parecía no querer dar lugar a réplicas. El licántropo fue el único que se atrevió a tragar fuerte, Sirius tenía razón cuando decía que todo Potter tiene que enamorarse de una pelirroja de carácter explosivo.

-¿Seguías aquí?

-No te hagas el tonto Black – lo amenazó – Quiero que me cuenten que era de lo que hablaban – al ver que nadie contestaba se giró hacia el castaño – Remus – el chico miró hacia otro lado, incómodo por la situación – James... – susurró suavemente la chica, mirando esta vez hacia su derecha – si me lo dices prometo que iré la próxima vez contigo a Hogsmeade.

La Sala Común entera se quedó en silencio, todos mirando asombrados la escena, pero un nuevo grito de la pelirroja hizo que todos volvieran a sus cosas, temerosos de volver a levantar la cabeza. James miró asombrado, intrigado e incluso un poco asustado a su compañera de casa; aquello no pintaba bien, lo había llamado por su nombre y había propuesto algo que él llevaba buscando años. De todas formas tampoco podía decir nada acerca del mapa ¿no?

-Eh... lo siento Evans, pero no creo que... – empezó a decir, pero fue interrumpido por el nuevo bufido de la chica.

-Increíbles ¡Son increíbles! – aseguró molesta, mientras recogía sus cosas y se marchaba para su habitación – Y después somos las mujeres las difíciles de comprender.

Los chicos se quedaron mirando por donde se había marchado la chica, seguramente habría subido a dejar sus libros a la habitación, pero también sospechaban que tardaría bastante tiempo en bajar. Rápidamente y casi acompasados, dirigieron sus miradas a James, que enarcó una ceja sin comprender.

-Vaya, James – musitó Remus asombrado – nunca te imaginé capaz de eso.

-¿Qué?

-Cornamenta ha rechazado una cita de la pelirroja – Sirius lo miró asombrado, al tiempo que sonreía – este día pasará a la historia.

Le tomó unos segundos al de gafas comprender todo lo que había pasado. De repente alzó los ojos hacia sus amigos y empezó a boquear, pero sin llegar a decir nada. Hizo un amago de levantarse, queriendo seguir a la chica, pero rápidamente se dio cuenta que con solo poner un pie en las escaleras, caería estrepitosamente. El chico gruñó por lo bajo, mientras miraba molesto a sus amigos, que trataban de reprimir las risas. Al menos ellos podían reír.

No tardaron demasiado en abandonar la Sala Común, sin darse cuenta el tiempo se les había pasado y ya era la hora de la cena, uno de los momentos preferidos de Peter, junto al desayuno y el almuerzo. Tras ellos llegó también la pelirroja, pero sin siquiera mirarlos se dirigió hacia la otra punta de la mesa, junto a sus amigas. El resto de la cena fue bastante tranquila, o lo habría sido si minutos después no se hubiesen dado cuenta de un pequeño detalle: los alumnos seguían entrando, pero ninguno salía. La razón era simple, McGonagall lo había prohibido.

-¿Alguien puede decirme que gárgolas esta pasando? – preguntó inquieto Sirius.

-Por Merlín, Sirius ¿No escuchaste a la profesora? – el aludido le dedicó a Remus una mueca que revelaba su ofensa ante tal pregunta – Dumbledore está reunido y parece que quiere decirnos algo.

Como si las palabras del licántropo hubiesen hecho magia, la puerta tras la mesa de los profesores se abrió, dejando entrar al director. Pero no venía solo, tras él, un hombre alto y de anchas espaldas, con el cabello corto y negro, analizaba la sala. Sus ojos grises, mostraban una expresión bastante dura, al igual que el resto de la cara. Cubría su piel bronceada bajo una capa púrpura oscura. Los murmullos se extendieron por todo el comedor, al tiempo que el invitado tomaba asiento junto a Hagrid y Dumbledore avanzaba hacia el atril, donde siempre daba los mensajes.

-Queridos alumnos de Hogwarts, como sabéis, hace poco Hogsmeade sufrió un ataque – los que ya habían leído la noticia asintieron, el resto exclamó un grito ahogado – sabemos que han sido mortífagos, pero desconocemos sus razones – empezó a explicar el anciano – Así que mientras dura la investigación, el Auror aquí presente – movió el brazo, señalando al moreno, que se limitó a saludar con una reverencia de cabeza – llegado de Bulgaria se encargará de la protección del pueblo y del castillo.– Dumbledore se giró hacia el hombre - ¿Algo que añadir, señor Bulk?

-No, profesor Dumbledore, creo que eso fue suficiente.

-Esta bien. Espero que le den a nuestro invitado, Leonard Bulk, un buen recibimiento y un trato adecuado.

Pero ya nadie escuchaba, la sola insinuación de que Hogwarts necesitase más protección los preocupaba. Y desde la mesa de las serpientes, dos chicos de sexto curso observaban sospechosos al recién llegado.

Pues se terminó, otra vez son capítulos de relleno, pero necesitaba una excusa tanto como para que los chicos perdieran el mapa (comprendan que me arruinaría un poco la historia que de repente lean "Albus Potter" en medio de la sala de Slytherin), como para meter a Bulk en la historia ¿Podía haberlos hecho con menos palabras? No lo dudo ¿Voy a cambiarlo? También lo dudo. He visto demasiado anime y creo que eso me ha hecho aferrarme al relleno (aunque bueno, también estoy leyendo el quinto libro de Harry Potter, y hasta que el chaval vuelve a Hogwarts... aún pasan un par de siglos...).

Ya saben, dudas, comentarios, críticas constructivas (las destructivas intentaré ignorarlas si no les encuentro nada aprovechable), alagos, tomatazos... saben donde encontrar la cajita para hacérmelo llegar.