-¿Se durmio?-

Pregunto el dueño del bar, cuando su hermana ingresó a su oficina.

-Si, estaba muy mal...- se sentó en el sofá junto al cantinero -Hablar de ti, removió muchas cosas en ella-

-Si, lo sé...- froto su rostro con ambas manos -Hoy no abriremos- acotó desde su lugar junto a la ventana -No estoy de humor, para soportar a la gente-

-¿Cuando le dirás quien eres tu, amo?-

Pregunto su amigo cantinero y la chica junto a él, apoyo su cabeza en el hombro de él. Se sentía agotada, mantener forma humana, es extenuante para los dragones.

-No lo sé...- miró a ambos -Me preocupa que él no haya vuelto...- tomo asiento en las silla de su escritorio -Lo conozco, fuimos amigos y estoy seguro, que esta planeando algo-

-Maldito sea el día que te convertiste en su amigo, Elliot- renego la joven -Él supo de ella por ti-

-¡Basta, Zafira!- exclamó agotado -¡Nunca imaginé, que se sentiría traicionado por mí y buscaría venganza!-

-Es la verdad, amo- abrazo a la joven junto a él -Tu no tendrías que haberte acercado a él...- los dragones nunca mienten, eran sinceros por naturaleza -Los domadores de dragones, son tus enemigos naturales-

Un golpe irrumpió la charla y una cabecita rubia, se asomó por la puerta.

-Jefe...- mencionó la muchacha fregandose los ojos -¿Puede irme a casa?- se acercó a él -No me siento bien...- se abrazó a ella misma al sentir frío.

-Ven...- apoyo su mano en la frente de ella -No tienes fiebre- aseguró él -¿Que te ocurre?- le acaricio el rostro.

-No lo sé...No me siento bien-

Aseguró, sin mirarlo. Lo de ella no era un malestar físico, sino más bien, un malestar etéreo, dentro de su alma.

-Puedes quedarte aquí...- la abrazo, aunque ella estaba inerte -Te quedarás en la habitación que te gusta tanto...En la que se encuentra el piano-

Le hablaba como si fuera una niña.

-Está bien...- respondió sin ánimos -Amber, ¿Puedes llamar a casa por mi?- su amiga asintió -Bien...- salió de allí sin mirarlos.

-Esto no esta bien...- murmuró el cantinero.

-No, claro que no- dijo su jefe. Espero unos minutos y camino hacia la puerta -Voy a hablar con ella- salió de alli.

-Bien...Llamaré a su casa- suspiró la joven frotando su frente.

-Voy a cerrar todo y a preparar la cena-

Mencionó su amigo y se encaminó a cerrar el bar.

-Denisse- golpeó la puerta delante de él -Deni, abreme...-

Apoyo su cabeza allí esperando, sin respuestas.

-Entra- abrió sorprendiendolo -¿Que quieres?-

Pregunto, caminando hacia él balcón de la habitación y sentándose en el suelo.

-Quería saber como estabas. No te veías muy bien cuando fuiste a la ofina- tomó asiento junto a ella.

-Ya estoy mejor...- bebió de una botella que estaba junto a ella, que tenía una pera en su interior -¿Quieres?- le ofreció y él negó. Después de unos minutos, ella volvió a hablar -¿Como crees quehayan metido la pera aquí dentro?-

Analizaba la botella que ahora estaba vacía e intentaba sacar la pera con su dedo.

-Dejan crecer la pera dentro, cuando todavia sé encuentra en el árbol- explicó él -Denisse, muñeca mía...- se inclinó sobre ella quitándole la botella -¿Cuanto de esto bebiste?- le enseñó la botella en su mano.

-Pues...- se la arrebató -Hasta aquí...- señaló un poco más de la mitad -No era mucho...- volteo la botella e hizo un mohin -Ya no hay...Se acabo- negó con la cabeza y miró más allá del balcón -Quiero comermela- sacudia la botella y nada paso -No sale...- lo miró -¡Quitala!- exigió.

-No puedo hacer eso...- hizo lo mismo que ella -Ves-

Lo observó intentando pensar en una solución para extraer la pera de allí.

-Ni modo- se incorporó y volvió a quitarle la botella -¡Adiós!- se subió al balcón y la dejó caer, riéndose a carcajadas cuando escucho el ruido que hace el vidrio al quebrarse -¡Oye! ¡Matthew!- hablo arrastrando las palabras, sosteniendose del barandal junto a ella -¿Tu crees que pueda volar?-

Él se acercaba con cuidado y despacio, sin hacer movimientos bruscos a pesar del terror que sentía. Ella nunca le tuvo miedo a nada y era capaz de arrojarse al vacío si se lo proponía.

-No lo sé, hermosa- le abrazo las piernas cuando llegó a ella -Pero hoy no es el momento para que te conviertas en ave-

En un movimiento rápido, la cargo sobre su hombro y la introdujo a la habitación, cerrando la ventana con todas las cerraduras que podía tener, para que no volviera a hacer semejante locura. La arrojó a la cama, cuando sintió que ya estaba a salvo.

-¡Eres un maldito!- reclamó arrodillada en la cama -¿Por que hiciste eso!?-

Parecía una niña haciendo un berrinche, mientras él estaba sentado en una silla junto a ella, frotando sus ojos.

-Dime lo que quieras, Denisse- contestó indiferente -No saldrás de está habitación, mientras yo esté aquí- sintió un peso en sus piernas y destapó sus ojos -¿Que haces?- preguntó impactado.

-Buscó la llave de la ventana- metió la mano dentro de la camisa de él y en los bolsillos de sus pantalones -¿Donde está?- lo miró sería con su ceño fruncido.

-No te la dare-

Carraspeo y trago saliva. Ella sonrió sádica, cuando noto su nerviosismo evidente.

-Te pongo nervioso, ¿Verdad?- le abrazó el cuello. Él estaba mudo -Sabes...Desde que te conocí, me sentí terriblemente atraída por ti- le robó un beso -Y no sólo eso...Tengo que confesarte, que me molestó verte con Viviam- le desprendió la camisa de un tirón -Pero luego pensé, ¡Que rayos! ¡Es Viviam! ¡Una cualquiera y se acostó con el hombre más atractivo que haya visto jamás!-

Le acariciaba el torso con la yema de sus dedos, mordiendo sus labios y causando escalofríos en él.

-No hagas eso...- dijo con la voz ronca tomandola de la nuca con fuerza -Por favor...- suplicó mirándola con lujuria.

-¿Quieres morderlos tu?- sugirió rozando sus labios.

La beso con furia, pasión, desesperación y anhelo. No había nada más en esa habitación, que ellos dos en esa noche de otoño. Los instintos de ambos habían despertado y ya no había vuelta atrás.

-¡Mi cabeza!- se removió incómoda por los rayos de luz en su rostro. Rodó en la cama y chocó con algo o mejor dicho, con alguien -¡Otra vez no!- suplicó y abrió sus ojos de golpe, encontrándose con un torso de espaldas -¡Dioses!- cubrió su rostro -¡Lo hice de nuevo!- hablo con la voz amortiguada -¡Me avergüenzo de nosotras, Denisse!- exclamó por lo bajo -¿Quien es esta vez?- se incorporó e inclino sobre esa persona -¡Perfecto!- se sentó en la cama cruzando sus brazos -¡Dos compañeros de curso, un alquimista casado, un maestro con hijos...!- contó con sus dedos -¡Y ahora...lo que te faltaba!- miró de reojo al hombre junto a ella -¡Tú jefe!-

Se regaño a ella misma por su imprudencia.

-Hola...- susurró él, mirándola adormilado -¿Dormiste bien, mi amor?- le beso un hombro y la abrazo.

-No soy tu amor- indicó molesta sin mirarlo -Esto no tendría que haber pasado-

-Di lo que quieras...- le besaba el cuello, estaba hipnotizado -De todas maneras paso y fue...Uuuufff- ella cerró sus ojos fastidiada -No se ni como calificarlo...-

-Ya es suficiente...- sé apartó de él, cubriendo su cuerpo con una frazada -Esto...- señaló a ambos -No va a volver a pasar- él se incorporó, desnudo como estaba -¡Cubrete!- estiró uno de sus brazos y desvío la mirada -¡No se en que clase de sociedad vivas tu, pero aquí, las personas usan ropa y no andan por las mañana así!- no quería ni verlo.

-Ayer no decías lo mismo...- se acercó a ella que aún tenía los ojos cerrados -Mirame, Denisse- apoyo una mano en su rostro.

-No lo haré...- podía sentir que él le acariciaba el pómulo y los labios -¡Maldita pera!- bajo la mirada y froto sus ojos -Esto nunca antes me había pasado...- se quejó de su deshonra -Generalmente...Desaparezco por las mañanas- una risa ahogada salió de él -No se de que te ríes...Te estoy hablando en serio- abrió un ojo para mirarlo.

-Es que...Eres increíble- la beso cuando la tomó del rostro -No te arrepientes, pero tampoco estas feliz-

-Por supuesto que no...- se estremeció y se alejó -Tu no me obligaste a estar en esta situación- hizo un gesto con su rostro -No tengo porque arrepentirme por eso...- miró hacia arriba buscando una excusa para no sonar cruel -Pero...No volverá a ocurrir, porque no hay nada entre nosotros-

Dirigió sus ojos a él que se estaba colocando los pantalones.

-Déjame corregirte...- tiró de ella sentándola en sus piernas -Tu te sientes atraída por mi, ayer me lo confesaste- le tomó una mano y beso sus nudillos -Podríamos intentarlo-

-No...- apoyo su cuerpo en él -Es cierto que eres atractivo, no voy a negar que me atraes- miraba hacia la nada -Pero tú, no eres lo que quiero...- él sonrió besandole el hombro.

-Esta bien...- le besó el cabello y la mejilla -Yo estoy enamorado de ti- le susurró en el oído, pero ella, no se inmutó -Eres lo más hermoso y valioso que tengo en esta vida- escondió su rostro su cuello.

-Elliot...-

Susurró. Esas palabras le hicieron recordar a él.

-¿Que?- pregunto sonriendo.

-Nada...- se separó de él -Tengo hambre, resaca y me duele la cabeza...- era cierto.

-Bien...tengo la cura para eso- le robó un pequeño beso -Vístete, ya vuelvo...- salió del cuarto dándole paz.

-Llegó el momento de tomar decisiones, Denisse- se sentó en la cama, sintiéndose peor que antes -Juntaras el dinero trabajando aquí y volverás a Amestris-

-¿Te gusta?- pregunto él, mirándola encantado mientras desayunaban. Asintió -Eres hermosa...- mencionó con cara de idiota enamorado.

-Me voy a casa- sé levantó de su lugar dejando la servilleta sobre la mesa -Nos vemos en la noche- estaba molesta.

-Adiós, amor- la beso por la fuerza cuando paso junto a él, tirando de su brazo -Cuidate- mencionó hipócrita dejándola ir.

-Vete al diablo...-

Fomento saliendo de ahí. Era consciente que él se estaba burlando de ella.