Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi. No recibo beneficios con esta historia.

Reflexiona con lentitud, pero ejecuta rápidamente tus decisiones

Capítulo 9: Conociendo a su rival.

Inuyasha caminaba a paso ligero con pesadumbre, el sinuoso sendero se extendía por todo el bosque y las chozas que formaban la aldea se veían como un pequeño desfiladero de hormigas a lo lejos. El poder que emanaba Naraku era tan prodigioso que podía percibirse en cualquier lugar en el que se encontrasen, por lo que sus direcciones ya estaban fijadas. El silencio embargaba el ambiente y lo único que se podía oír era la respiración agitada de Shippo tratando de alcanzarlo.

- Podrías aguardar un poco más? Mis piernecitas no son como las tuyas.- Bufó el pequeño zorrito tomando una bocanada de aire.

- Será mejor que te acostumbres, hemos perdido demasiado tiempo.- Le aseveró el hanyou sin dirigirle la mirada. Kagome frunció el ceño molesta pero simplemente se limitó a callar, habían sido demasiadas discusiones por un día.

Pero la caminata se extendió durante varias horas más y se vieron obligados a parar forzosamente en una aldea con la que se habían hallado de paso. Una humilde familia había aceptado, a pesar de la cantidad, su hospedaje sin problema alguno. Kagome, Sango, Kirara y Shippo se depositaron en una habitación mientras que los muchachos ocuparon la recámara contigua.

- Inuyasha de nada sirve que vigiles durante la noche, nadie vendrá a atacarnos. Sabes perfectamente que Naraku aún está regenerándose.-

- No es que me preocupe alguno de los monstruos de Naraku, Miroku.- Le respondió el muchacho mitad bestia observando a Bankotsu de reojo. El mercenario soltó una risita.

- Estoy dispuesto a oír cualquier tipo de comentario que quieras hacerme.- Se defendió mirándolo directamente.

- Descuida, no deseo ensuciarme la boca.- El muchacho de cabellos azabaches se puso de pie inmediatamente y se aproximó hacia él, pero el joven monje se coloco delante de ambos apaciguando su pelea a duros puños.

- Creo que deberían dormirse y tener algo más de consideración por las personas que tratamos de conciliar el sueño.-

- Descuida yo... dormiré afuera.- Le respondió Bankotsu poniéndose de pie para desaparecer de la recámara en silencio.


La débil brisa en el aire mecía los cabellos del mercenario mientras que su cuerpo descansaba en la humedecida hierba. Luego de haber caminado durante un buen rato, Bankotsu había hallado un lugar en donde descansar plácidamente, aunque hubiese optado por alguna habitación o por lo menos un lugar con algo de techo, cualquier cosa sería preferible a tener que compartir una recámara con aquel híbrido detestable. La pesadumbre que había en su mente le permitió cerrar los ojos en un santiamén para conciliar el sueño, pero una voz tenue proveniente de los pastizales lo hizo sobresaltarse.

- Por qué es que aún continúas vagando por este mundo?- La interrogó frunciendo el ceño disgustado.

- Me sorprende que hayas llegado tan lejos a pesar de todo. Que extrañas coincidencias ocasiona el destino.- Aquella detestable mujer de extensa cabellera y tristes ojos lo observaba con una mirada furtiva, aproximándose a paso lento mientras que recibía las almas que varias serpientes cazadoras le otorgaban.

- Aquel híbrido está volviéndose loco buscándote y tú simplemente te escondes, que absurda eres.- Le respondió apretando los puños, tratando de tornarse indiferente.

- Puedo percibir la tristeza que embarga tu corazón, a pesar de ser una sola fracción de lo que era cuando estaba con vida.- La sacerdotisa reafirmó su cabello con una diminuta cintilla pálida y se acercó hacia él otorgándole una delicada mueca de tristeza.

- No te preocupes, estoy segura de que los lazos que te unieron a Kagome son verdaderos. Sin embargo… deberás estar seguro de la decisión que tomes cuando todo llegue a su fin.- Extendió su brazo hacia adelante para recibir a más serpientes cazadoras.

Un dolor punzante oprimió el pecho del joven mercenario al pronunciar esas palabras "cuando todo llegue a su fin" Aquel momento era la causa de su incomodidad y opresión, el solo hecho de saber que su vida tendía de un hilo le hacía erizar los pelos de la nuca. La realidad estaba saliendo a flote y debía afrontarla. Tal vez Kikyo comprendió aquella sensación de tristeza y pesadumbre porque se encontraba en la misma situación que él y ella ya había tomado su sentencia.

– En realidad, soy un cadáver que fue condenado a vagar por este mundo y mí tiempo está concluyendo rápidamente. La Kikyo a la que Inuyasha conoció alguna vez ya no forma parte de este mundo. Y cuando mi alma se despoje de este cuerpo hecho de huesos y barro la verdad abrirá sus ojos.- Agregó finalmente aclarando sus pensamientos y despojándolo de toda duda. Sí, aquella sacerdotisa había aceptado su destino y aclarado todas sus preguntas, pero Bankotsu aún permanecía allí. Los pensamientos carcomían su cabeza más que nunca y la realidad se volvía difusa.

- Todas las personas son víctimas de su propia confusión, por eso en este mundo no puede habitar un alma totalmente pura.- La frase se desprendió libremente de sus labios como una despedida.


El aire allí era bastante pesado y cansador, la temperatura parecía asemejarse a un verano inexistente y las ropas se adherían a su cuerpo a causa del calor. Varias hojas y ramillas se colaban entre los ojos del mercenario imposibilitándole descansar un poco más. Unas pequeñas y delicadas manos sacudieron su rostro vigorosamente para que se despertase de una vez por todas.

- Ya basta Kagome, basta.- Se quejó el muchacho mientras que trataba de apartar las manos de su rostro. Pero al abrir los ojos de una vez por todas reconoció la figura de un pequeño zorrito que lo observaba algo confundido ante la respuesta.

Bankotsu se puso de pie rápidamente y se separó de él con nerviosismo, sacudiendo sus ropas al mismo tiempo en que lo miraba desafiante. Shippo se alejó con terror y profanó una risita por compromiso, les hizo una seña a sus amigos y el resto del grupo se acercó hacia donde estaban inmediatamente.

- Por fin te hallamos, que manera de dormir es esta?- Lo regañó el pequeño observándolo de reojo. Pero la mirada de Bankotsu simplemente se volvió hacia Inuyasha con desagrado, quien comprendió el mensaje rápidamente.

- Vamos muchachos, Kagome no querrá que se comporten como dos niños.- Agregó Sango cruzada de brazos ante las frías miradas que los envolvían. En ese instante el muchacho de cabellos azabaches giró la cabeza y recorrió el lugar con la vista.

- En donde está ella? A donde fue Kagome?-

- La señorita Kagome regresó a su época durante unos días. Antes de irse mencionó algo de unos exámenes finales.- Le explicó el monje rascándose la cabeza, no muy seguro de a qué se estaba refiriendo la miko con aquellas palabras. Bankotsu respiró hondo y dejó las interrogaciones para después, había muchas cosas que no estaba comprendiendo pero en aquellas circunstancias mejor no saberlo.

Con la pesadumbre del clima y el estado de ánimo, todos volvieron a encaminarse hacia la aldea en donde se encontraba la anciana Kaede. Debían reorganizarse y determinar de que manera atacarían a Naraku ya que ahora la fuerza estaba de su lado con la ayuda de Bankotsu y las cosas, sin duda alguna, irían mucho mejor. Las pequeñas casillas podían diferenciarse al final del camino y el regocijo ante la llegada los incitó a continuar. Una mujer de avanzada edad con un parche en uno de sus ojos examinó al joven de pies a cabeza para hallar ese aspecto familiar totalmente reconocible.

- Q-Qué significa esto?-

- Descuide anciana, esta vez no vine con fines de asesinar a alguien.- La serenó Bankotsu colocando a Banryuu a un lado de su cuerpo y extendiendo los brazos hacia arriba paradójicamente.

Luego de una amplia y desarrollada explicación con lujo de detalles los muchachos le relataron acerca de lo sucedido con él y su nueva adición al grupo, y a pesar de no estar muy alegre ante la noticia, la anciana Kaede simplemente se delimitó a callar. Durante el resto del día Sango y Miroku se dedicaron únicamente a interrogar a Bankotsu, con la firme esperanza de hallar algún punto débil en Naraku, algún detalle pasado por alto o algún dato fundamental que solo él haya sabido. Pero aquel demonio a penas le había relatado acerca de Inuyasha y su grupo, de su falsa paga a cambio y de la perla Shikón, nada referido a su mismo ser, nada que logre perjudicarlo en un futuro.

- Qué irónico no es así? Al fin y al cabo no nos serviste ni como fuente de información.- Se burló el hanyou con una sonrisa llena de desdén en su rostro. El mercenario apretó los puños y se puso de pie para iniciar el desenlace de un conflicto.

- Qué estás diciendo híbrido?-

- A quién le llamas híbrido, asqueroso humano?-

- Bien creo que esta discusión ha llegado demasiado lejos…. Inuyasha que tal si vas con el pequeño Shippo y con Kohaku en busca de la cena y si estás de paso, te cercioras de que la señorita Kagome haya regresado?- Intervino Miroku con la fría convicción de que funcionara, pero lo único que recibió como respuesta fue una mirada escalofriante por parte de Bankotsu al verlo partir.

- No me malinterpretes, fue solo para calmar sus nervios. Inuyasha ha estado bastante inquieto desde que supo lo de ustedes, créeme, fue algo bastante inesperado para él.-

- La verdad es que fue algo bastante inesperado para todos.- Agregó Sango observando al mercenario con el rostro perplejo, haciendo que sus mejillas enrojecieran por completo.

- Pero gracias a esto noto a Kagome más distendida y alegre, de alguna manera le está siendo de gran ayuda tu compañía.- Le dijo finalmente la muchacha con una sonrisa esbozada en su rostro.

Bankotsu simplemente agachó la cabeza con algo de timidez y salió despavorido de la choza, ocultando así sus reacciones, poniendo a su orgullo delante de todo. Se dejó caer sobre el tronco de un árbol y suspiró agitado, preguntándose en que momento su actitud había sido modificada, un mercenario de alto rango como lo era, con seis maravillosos camaradas, todos y cada uno de ellos nacidos para la lucha y sin nada más que perder. Pero sin duda alguna la intervención de Kagome fue la respuesta, si no hubiera sido por sus palabras su destino estaría aún en manos de Naraku y su segunda oportunidad de vivir habría sido desperdiciada. A pesar de que aún su vida estuviese tendiendo de un hilo, el pensar en Kagome le traía esperanzas para continuar y reflexionar las cosas. Los lazos que lo mantenían atado a ella eran mucho más fuertes y modificaban su fuerza de voluntad para bien.

- Qué actitud tan holgazana es esa? Piensas quedarte aquí también mientras preparamos la cena?- Bankotsu logró atrapar justo a tiempo un par de troncos de madera que fueron redirigidos a su rostro cuando estaba desprevenido. Inuyasha lo observaba de reojo con los brazos cruzados mientras que se aproximaba a la choza.

- Ya deja de estar tan despreocupado y pon más atención.- El mercenario frunció el ceño a causa de su llegada, fue algo bastante extraño que él regresase tan rápido.

- No he ido por Kagome si eso es lo que piensas, ella aún no regresará.- Le respondió casi como si estuviese leyendo su mente.

- Descuida, tampoco dejaría que lo hicieras.- Replicó Bankotsu adentrándose en la diminuta cabaña detrás de él para ayudar a preparar la cena.


Kagome sintió caer sus párpados con pesadumbre, jamás imaginó que el regreso a casa sería tan extenuante luego de varios días. Ni siquiera exterminar monstruos se comparaba con los exámenes trimestrales, y cuando de estudios se trataba ella era la primera en consultar todas y cada una de sus dudas, tomar apuntes, sacar varias copias por si acaso e incluso llamar a cualquier hora de la noche a alguna de sus compañeras si es que surgía alguna duda. El escritorio estaba repleto de libros, cuadernos y carpetas con anotaciones tachadas y escritas encima.

- Me pregunto… si Bankotsu habrá tenido muchos problemas.- Pensó en voz alta para tomar una extensa bocanada de aire.

Sacudió la cabeza y solo decidió deliberar en positivo, de nada servía preocuparse en aquellas instancias. Bajó las escaleras y oyó a su madre preparar la cena mientras que su abuelo y Sota miraban la televisión.

- Hermana, no deberías estar estudiando?- Caviló el pequeño de nueve años con el ceño fruncido.

- Hm, No me reclames. Necesito un descanso después de todo. Además… estar en la época antigua solo me dificulta las cosas.- Le respondió con la pesadumbre de la verdad, ya que era demasiado agotar el ritmo de vida que sobrellevaba. Su abuelo se volvió hacia ella pensativo y se acarició la barbilla.

- Y bien Kagome, es cierto… que ya han reunido casi todos los fragmentos de la perla?-

-En efecto, solo nos queda uno. Espero que las cosas marchen bien.- Le respondió la muchacha al anciano.

- Qué es lo que harás a fin de cuentas?- Ella lo observó pensativa sin comprender a qué se estaba refiriendo exactamente. – Cuando la perla Shikón recobre todos sus fragmentos otra vez, te dará un deseo a elegir, pero a medida que las generaciones fueron avanzando se supo que la famosa Perla Shikón no cumple verdaderamente con los deseos que las personas formulan. Por esa razón jamás deja de existir y causa tragedias inesperadas en quienes trataron con aquel tema.-

Su cuerpo se estremeció completamente, el vago recuerdo de Naraku le llegó a la mente. Aquel monstruo, quien había deseado a la perla que la sacerdotisa Kikyo le perteneciese, simplemente había logrado el mal en sí mismo. La vida de Bankotsu dependía de ello y probablemente las intuiciones de su abuelo eran ciertas. Pero su posición era crítica y se encontraba entre la espada y la pared.

- Yo…-


Los comentarios abrumadores se desprendían de ellos innecesariamente, pero como un acto reflejo ya que sus personalidades eran muy similares. Aun así el plan para preparar la cena fue todo un éxito y el pescado asado resultó exquisito. Sango, Miroku y los pequeños muchachos estaban exhaustos, sobre todo Shippo y Kohaku, quienes habían cargado con la cesta llena de vegetales y comida hasta la cabaña por su cuenta. Bankotsu simplemente se limitó a regresar a su lugar de reflexiones para despabilarse un poco y disfrutar de la tranquilidad de la noche, aunque no se encontrase del todo solitario.

- Si no te conociera diría que tienes algo de admiración hacia mí para seguirme a todas partes.- Profanó Inuyasha desde la copa de un árbol con una sonrisa amarga en su rostro.

- Hm, que irónico no es así? Yo diría que este era el lugar en donde me quedé desde un principio.- Bajó la vista y recordó los sucesos de la noche anterior, Kikyo se presentó como un fantasma en su mente y algo en su interior lo incitaba a contarle a Inuyasha lo sucedido. Bankotsu sacudió la cabeza, lo único que lograría sería preocuparlo aún más… aunque después de todo era él quien estaba buscándola.

- Sabes... he visto a Kikyo la noche pasada.- Sus orejas se movieron incesantemente y con rapidez saltó del árbol para posicionarse al lado suyo.

- L-La has visto? Por qué no me lo dijiste antes? Yo...- Pero sus palabras se fueron apagando a medida que denotaba la expresión en su rostro.

- Me sorprende que te des por vencido tan rápido Inuyasha.- El mercenario soltó una risita llena de rabia y apretó los puños fastidiado. Volvió su vista hacia él con indiferencia pero inquietud al mismo tiempo, mientras que las palabras se depositaban de a poco en sus labios. El hecho de oír el nombre de Kikyo lo hacía verse como si Kagome ya no le importase en lo absoluto y ese tipo de cosas hacían rabiar muchísimo a Bankotsu.

– Te rindes solo porque Kagome te rechazó una vez? Solo porque salió a pulir tus desperfectos? Déjame decirte que jamás creí que serías esa clase de rival.-

El chico mitad bestia lo observó empalidecido, acaso le estaba diciendo que no flaqueara? Su mente ahora estaba totalmente distorsionada, a pesar de que dejarlo fuera de la competencia, que sería algo con mucha ventaja… Bankotsu lo estaba incitando a continuar y a no darse por vencido con sus sentimientos.

- Idiota! Yo jamás dejaré de querer a Kagome y siempre estaré para protegerla! Nunca me daré por vencido, Eso no tienes que decírmelo!- Vociferó él mientras que observaba una pequeña sonrisa en la comisura de los labios del joven pelinegro. Ambos compartieron aquel momento de silencio con un gesto de aprobación y orgullo.

Exacto, ninguno de los dos se daría por vencido ni bajaría los ánimos, sin importar que otros problemas existiesen o que tipo de conflictos internos fueran a generarse. Sus rivalidades cada día los hacían más fuertes y la confianza se forjaba lentamente en ellos. Pero solo uno de los dos llegaría al final y sostendría por fin la victoria.


-Bien, creo que después de todo el tonto muchachito se reveló en tu contra.-El espíritu de los vientos soltó algo parecido a un resoplido de sus labios con desdén. Naraku curvó sus labios y la observó de reojo.

- Solo es cuestión de tiempo, aquella gran hazaña me facilitará las cosas y podré acabar con todos de un solo golpe.- Kágura abrió los ojos desmesuradamente.

- Tú siempre… supiste que esto pasaría?-

- Era algo demasiado considerable, Kagome es una chica bastante persistente y valiente, y Bankotsu no es más que un humano débil con bastante debilidad.- A fin de cuentas las cosas habían salido tal y como lo esperaba, después de todo con un par de palabras de amor ese muchacho caería de lleno en sus redes y le costaría menos eliminarlo. El último paso del ataque estaba por darse.


Okey, este capítulo fue para que vayan conociéndose mejor y estudiando a su otro rival jajaj. Y además para que tooooodos reflexionen todo. Muchas gracias Hermosura Mortífaga Snatcher por unirte al fic y me alegro muchísimo de que te haya gustado! La semana que viene les traigo el próximo capítulo, espero no atrasarme mucho y publicar a tiempo el siguiente porque empecé otra vez las clases y mi profesor de fotografía me tiene al filo! Besos y buen fin de semana!