Autor Original: pikaace

ID: 2858667

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Capitulo 9: Confrontación final

"Creo que esto es una despedida, ¿eh?" preguntó América.

"Supongo que lo es" dijo Britain suavemente.

"¿Vendrás a visitarnos?" preguntó Sealand.

América sonrió "Por supuesto, tigre. Me pegaré a Alfred siempre que pueda" dijo.

"Gracias por ayudarnos, Señor América" dijo Wy.

"Te echaremos de menos" dijo Seborga. Entonces los gatitos se acercaron y se juntaron contra América.

"También os extrañaré. Recordad ser buenos, ¿vale?" dijo América haciendo lo mismo. Los gatitos asintieron y caminaron de vuelta con su padre.

Britain se acercó a América con un sonrojo en el rostro "América… Yo–" empezó pero fue cortado cuando América le dio un pequeño lametón en la mejilla "Nos vemos, Britain" dijo y siguió a Alfred fuera de la puerta.

Britain se sentó en la puerta de entrada, un poco confundido por lo que había ocurrido hasta que la voz de Arthur lo sacó de este "¿Qué tal si os hago a todos un poco de leche y crema especial? Debéis de estar hambrientos" dijo. Los gatitos maullaron, de acuerdo, y siguieron a Arthur a la cocina. Pasaron por delante de la sala de estar, donde Scott estaba esperando.

España bajó por las escaleras hacia ellos y gritó "¡Cuidado con el–!" pero fue demasiado tarde. Scott había cubierto a los gatos con un saco pequeño y empezó a atarlos con fuerza.

Los gatos maullaron y aullaron en alto mientras se retorcían, provocando que Arthur se girase para ser testigo de la escena "Tio Scott, ¿qué estás haciendo?" exigió Arthur.

Scott sostuvo el saco y sacó su pistola con la otra mano "Cierra la boca y no te dispararé" dijo. Los ojos de Arthur se abrieron ampliamente con horror y lentamente alzó las manos por encima de su cabeza un poco. Con la boca de la pistola presionada en su espalda, Scott dirigió a Arthur a su oficina y cerró la puerta antes de que España pudiese entrar tras ellos.

Colocó el saco que contenía a los gatos al lado de la puerta, metiéndose la pistola en el bolsillo y agarrando a Arthur por el brazo. Cruzó sus brazos tras él y empezó a atarlos con una cuerda gruesa y áspera, provocando que Arthur gritase por el dolor cuando apretaba los nudos. Entonces Scott acercó una silla, sentó a Arthur en ella y empezó a sujetarle con más cuerda por los tobillos y por encima de las rodillas.

"Scott, ¡¿qué estás haciendo?! ¡Suéltame!" gritó Arthur mientras luchaba contra las dolorosas ataduras.

"Lo siento, muchacho, pero la herencia de tu padre va a ir a un candidato mucho mejor" dijo Scott, poniéndose en pie.

Los ojos de Arthur se abrieron ampliamente "¿La herencia? ¿De eso se trata todo esto?" preguntó con incredulidad. No podía ser cierto. ¡Este no era el Scott que conocía!

"Me temo que sí. Si solo fueses tú delante de mí, sería diferente, ¡pero tus jodidos gatos tenían que ser los siguientes en la línea por delante de mí!" dijo Scott, señalando con el dedo la bolsa y sacando su pistola "Ahora, podría matarte a ti y a tu gato justo ahora" dijo, presionando la pistola en la frente de Arthur mientras el chico empezaba a sudar "Pero creo que ahogarte traería menos consecuencias para mí" dijo y apartó la pistola.

Antes de que Arthur pudiese decir algo más, Scott le metió un gran trozo de tela en la boca antes de colocar otro paño con fuerza alrededor de su cabeza para mantener en su sitio la primera.

España escaneó la puerta buscando desesperadamente un modo de entrar y escuchó las voces de los gatos desde el otro lado de la puerta "¡Te dije que fue Scott!" estaba diciendo Sealand.

"¡Oh, cállate Sealand!" respondió Seborga.

"¡Niños, este no es el momento para tal comportamiento!" regañó Britain.

"¡Britain! ¡Gatitos! ¿Podéis escucharme?" gritó España.

"España, ¿eres tú?" la voz de Britain llegó a través de la puerta.

"¡Sí! ¿Estáis bien?" respondió el ratón.

"¡España, tienes que buscar ayuda!" dijo Britain.

"¡Ve y busca a Señor América!" gritó Wy.

"¡Puede ayudar!" Seborga estuvo de acuerdo.

"¿América?" preguntó España.

"¡Es el gato de Alfred! ¡Ve a buscarles!" gritó Sealand. España asintió mientras que un plan se formulaba en su mente. Corrió hacia la habitación contigua a la oficina y entró por su agujero de ratón. Corrió a través de las paredes hasta llegar a la oficina. Se coló a lo largo de la pared y escaló al escritorio donde estaba colocada la carta para Roderich.

Desafortunadamente, Scott le vio en el último minuto. España cogió la carta e hizo su salida a través de la ventana. Scott se lanzó a por él mientras España saltaba por la ventana. El viento sopló bajo la carta en su boca, provocando que actuase como una cometa mientras se deslizaba con seguridad hacia el suelo.

Scott observó con ira como el ratón desaparecía por la calle y se giró hacia Arthur "Tendremos que acelerar tu entrega" gruñó, tirando de la cabeza de Arthur de nuevo por el pelo, lo que provocó un grito de dolor. Entonces Scott cogió una bolsa de tamaño humano y metió a Arthur dentro. Iba a tener que ser rápido si quería salir limpio de esto.

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España corrió por la carretera con la carta en la boca hasta que vio a Alfred y el gato a su lado, el cual asumió que era América "¡Hey! ¡Para!" trató de gritar España con la carta todavía en su boca.

Corrió frente a América, dejando caer la carta y alzando ambas patas "Para, ¿eres América?" preguntó.

"Si" respondió América "¿Y tú quién eres?"

"América, ¿qué está pasando?" preguntó Alfred, el cual se había parado y estaba caminando de vuelta hacia ellos.

"¡Mi nombre es España! Vine a decirte, que el tío de Arthur, ¡está planeando matar a Britain y a los gatitos!"

"¡¿Qué?!" gritó América aterrado mientras Alfred se arrodillaba para mirar al ratón. Entonces España vio su oportunidad de alertar a Alfred sobre la situación. Cogió la carta y caminó hacia Alfred, el cual extendió su mano para que escalase (Alfred era muy amable con los animales, por lo que los ratones no le molestaban).

"¿Qué tienes aquí?" preguntó mientras cogía la carta de la boca de España antes de volver a colocarle en el suelo. Alfred sacó la carta, sus ojos se ampliaron con enfado cuando acabó y daba sentido a lo ocurrido.

"América, vuelve a la casa e intenta entretener a Scott. Iré a por Prusia y los gatos callejeros, quizás necesitemos ayuda para eso" ordenó Alfred. América asintió y bajó la cabeza para dejar que España escalase antes de correr de vuelta a la casa.

Alfred corrió tan rápido como pudo hasta un callejón cercano a su apartamento "¡Prusia! ¡Chicos! ¡¿Dónde estáis?!" llamó. Un sonido colectivo de maullidos se escucharon antes de que cinco gatos apareciesen y corriesen hacia el conocido humano "Escuchad gatitos, Britain, los micro gatos y su dueño están en problemas. ¡América fue primero por su cuenta y va a necesitar ayuda!" explicó Alfred.

Prusia y los gatos asintieron, entendiendo, y siguieron a Alfred de nuevo hacia la casa de Arthur.

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América y España llegaron a la casa tan rápido como pudieron. América se arrastró hasta una de las ventanas donde localizaron a Scott con un pequeño saco en la mano y lanzando un saco mucho más grande por encima de su hombro antes de salir por la puerta de atrás. Corrió hacia el establo con América y España siguiéndole. Espiaron a través de una ventana donde observaron cómo Scott colocaba el gran saco dentro de un baúl grande y rojo antes de tirar el saco más pequeño encima de este.

"Adiós, Arthur. Ha sido divertido" dijo Scott mientras empujaba y cerraba con un candado maestro el baúl "¡Pero me temo que ha llegado el momento de separarnos para siempre!"

España rápidamente se coló en el establo y alertó a Bélgica, la cual estaba tomando su siesta de la tarde en su establo. Mientras tanto, América se escabulló por la puerta y subió hasta el pajar mientras Scott se encargaba de empujar el baúl hacia la puerta "Espero que le enseñases a tus gatos a nadar, Arthur, porque van a necesitarlo" dijo Scott.

América dejó escapar un maullido bien alto antes de tirarse sobre los hombros de Scott y hundió sus garras en su piel. Scott gritó mientras se quitaba al gato de encima; sacó su pistola y miró al siseante gato callejero "Bueno, parece que Britain y los gatitos hicieron un amigo durante su pequeño viaje, qué dulce" dijo Scott con sarcasmo.

Britain, el cual estaba escuchando todo eso, sintió que su corazón acelerarse al escuchar las palabras de Scott "¡América! ¡¿Eres tú?!" llamó, provocando que los gatitos se animasen "¿América?"

"¿El señor América está aquí?"

"¿Dónde está?"

Las orejas de América se movieron ante la conocida voz "¡Espera, Britain! ¡Os sacaré de aquí, promesa de héroe!" respondió.

El gato saltó sobre Scott de nuevo con sus garras ya listas para atacar y se las arregló para atrapar su brazo. América hundió los dientes en su mano, provocando que tirase la pistola. Bélgica vio su oportunidad y le golpeó lo más fuerte que pudo con sus patas delanteras; la pequeña pistola se hizo añicos y Scott gruñó con ira antes de sacudir de su brazo a América y le empujó contra la pared. América cayó al suelo un poco aturdido y observó a través de su visión nublada a Scott abrir la puerta del estable para empujar el baúl hacia afuera.

Pero rápidamente se arrepintió por la decisión al ser asaltado por Prusia y los gatos callejeros en el momento en que abrió la puerta. Alfred les siguió y la dio un fuerte puñetazo en la mejilla a Scott antes de cogerlo por el cuello de la camiseta y gritar "¡¿Dónde está Arthur, bastardo?!"

Los ojos de Arthur se abrieron ampliamente ante la voz. Intentó llamarle pero la mordaza estaba haciendo un trabajo efectivo al mantenerle callado, ya que solo podía hacerlo amortiguado.

"¡Como si te lo fuese a decir, chico del correo!" se burló Scott. América, que acababa de volver a sus sentidos, corrió hacia el baúl y maulló a Alfred.

Alfred corrió hacia el baúl mientras los gatos callejeros se encargaban de Scott y dio unos golpecitos en el baúl "Artie, ¿está ahí?" llamó. Apenas escuchó la amortiguada respuesta y rápidamente se puso a trabajar para abrir la cerradura, siendo empujado lejos por un arañado Scott con una hoz afilada ahora en la mano. Los gatos intentaron saltarle encima, pero agitaba la hoz en todas direcciones, manteniendo las distancias para evitar ser destripados.

Los ojos de América se pasearon por la habitación en busca de algo que pudiese ayudar a elaborar un plan a su mente. Miró a Alfred, el cual parecía estar pensando lo mismo. América dejó salir unos pocos maullidos a los otros gatos así como a Bella y España para dejarles saber su plan y todos se pusieron en acción.

Prusia y Alemania continuaron saltando hacia Scott para mantenerle entretenido mientras España se escurría entre sus pies. El ratón rápidamente desató los lazos de sus zapatos y los ató juntos, limitando la distancia y provocando que se tambalease. Esto permitió a Alemania saltar sobre su mano y hacer que cayese su hoz para que Alfred la cogiese. Scott dio unos pasos hacia adelante, hacia él, pero entonces descubrió que no podía moverse. Para su horror, Bella le había agarrado por detrás de la camisa con los dientes.

Dinamarca y Rusia, que habían escalado al pajar, arrojaron un gran arnés el cual rodeó los costados del hombro, cubriendo sus brazos. Korea, ante el toque extra, arrojó un balde lleno de agua el cual cayó justo sobre la cabeza de Scott. Alfred cogió un gancho agarrado a una cuerda y lo sujetó a la parte posterior del arnés que rodeaba a Scott y apretó el final de la cuerda para alzarle en el aire.

Scott se balanceó hacia arriba y hacia Bélgica, el cual le dio una fiera patada que le envió volando fuera del arnés. Temblorosamente, se puso en pie para solamente ser golpeado por Alfred. Se tambaleó hacia atrás en donde América estaba esperando en el pajar. Empujó un gran saco con todas sus fuerzas por el borde y aterrizó directamente sobre la cabeza de Scott, provocando que colapsase. Rusia agarró un palo largo y él y los otros gatos callejeros rodearon a Scot en caso de que despertase mientras Alfred y América volvían hacia el baúl.

"Aquí, permíteme" dijo Bélgica. El caballo se acercó y le dio una patada a la cerradura, haciendo que el cierre cayese. Alfred abrió el baúl, colocando el pequeño saco en el suelo y cuidadosamente alzando el saco grande al estilo novia. Tiró de la cuerda de alrededor con un brusco tirón y el saco cayó, revelando a un Arthur atado. Alfred rápidamente deshizo la tela de alrededor de la boca y quitó el pedazo húmedo de tela de su boca.

Arthur jadeó en busca de aire mientras Alfred se esforzaba con las cuerdas de sus brazos "¿Estás bien?" preguntó Alfred con preocupación mientras desataba los brazos de Arthur y empezaba a con las piernas "E-Eso creo" dijo Arthur temblorosamente, frotando ligeramente sus adoloridos y temblorosos brazos.

Mientras tanto, América estaba encargándose de la cuerda alrededor del saco de los gatos y se las arregló para abrirlo. Todos los gatitos salieron fuera mientras Britain se quitaba el resto del saco de encima. Los gatitos se apresuraron hacia América, felizmente "¿Todos estáis bien?" preguntó.

"¡Sí!" exclamaron los gatitos y Britain sonrió "Si, gracias a ti"

Alfred se quitó el abrigo y lo colocó alrededor de los hombros del tembloroso británico mientras le ayudaba a ponerse en pie y le dirigía hacia la casa "Mantened los ojos en él, gatos: si intenta algo simplemente dejadle inconsciente" les dijo Alfred a los gatos. Después de entrar dentro, llamó inmediatamente a la policía.

Unos momentos más tarde, todos los gatos, entre ellos España y Bélgica, estaba sonriendo mientras observaban como la policía se llevaba a Scott. Sealand siseó, escupió y arqueó la espalda tras Scott, provocando que Britain y América se riesen.