8. Enséñame
Aquello le dejó descolocado, aunque era algo que sospechaba. Pero darse cuenta de que era cierto le dejó sin saber cómo reaccionar durante unos segundos.
Entonces miró a Sherry a los ojos.
Ella se sentía fatal. Tenía un nudo en la garganta y en el estómago que le causaba un gran malestar, además estaba segura, por la forma en que Wesker dejó de gruñir, de que se había dado cuenta de sus sentimientos, ya que se lo acababa de decir con la mirada, por lo que a todo eso ahora se le sumaba la vergüenza y quiso dar marcha atrás, evitar toda esa conversación. Lo único que consiguió fue sonrojarse más.
-Mhfmfggmmhmm…
-…-Wesker la observó un poco más y la soltó de las muñecas, dejando que Sherry se escurriera un poco hacia el suelo. Después se colocó bien el pelo y se dio la vuelta, para marcharse, tratando de obviar el delicado momento, tampoco es que le apeteciera ahondar en eso ahora mismo. Además sus palabras de antes no le habían hecho gracia –La próxima subida de tono será la última porque no duraré en matarte ¿queda claro? - Hizo una pausa, como si analizara la situación y después prosiguió - Y, lo creas o no, preferiría no hacerlo porque eres lo que más aprecio -masculló.
En el momento en el que Wesker levantó el pie para caminar hacia la puerta Sherry reaccionó. Se levantó rápidamente y fue a por él, abrazándole por la espalda.
-¡Wesker…! –Pasó los brazos entre su cintura y le estrechó contra ella, abrazándole todavía más – ¡Lo siento! ¡Lo siento muchísimo! –Sollozó sintiéndose culpable y apretujándose más contra él, mientras que con las manos le agarraba del torso hasta hincarle los dedos–Perdóname... Por favor… -Apoyó la cabeza contra su espalda mientras le suplicaba, rozándole y acariciándole con la mejilla izquierda.
Wesker se giró hacia ella y la contempló. Nada más girarse, Sherry se lanzó contra su pecho y volvió a abrazarle, hundiendo la cabeza del todo, agarrándole con fuerza.
-Tendría que encerrarte como a Lisa y experimentar contigo, es lo que te mereces.
-Lo siento… -Balbuceó sin parar mientras subía la mano por su pecho y se apretaba contra él y de nuevo se apretujó contra su cuerpo de aquella forma tan incorrectamente sensual dado el momento.
Mientras tanto, ella deseaba dar marcha atrás, deseaba pedirle perdón de mil formas distintas, pero solo podía abrazarle. No quería que Wesker se fuera y la dejara allí sola después de una discusión, eso la terminaría por hundir aquel día.
-No te odio… Mhfmgmhmmm… yo jamás podría odiarte… -Lloriqueó mientras se seguía espachurrando contra su cuerpo hasta empezar a sofocarle.
-Basta –Por su parte, Wesker no paraba de sentir como su pupila estaba acariciándole por todos lados, sintiendo su caliente y suave piel acariciarle el torso. Probablemente ella no se había percatado de que le acariciaba de una forma casi sexual y no pudo evitar sentir placer físico por aquello.
Sherry empezaba a perder el control de sus acciones tocándole de esa manera, incluso separó las piernas levemente y rozó su muslo contra la rodilla de él, pero Wesker no la apartó. Le estaba excitando, y lo peor es que ella ni se estaba dando cuenta. Pero lo acabaría notando.
-No… - Giró un poco la cabeza, gimoteando todavía y le acarició sin darse cuenta con los labios. Soltó un gemido ahogado y siguió respirando fuertemente aún emocionada por el llanto.
-Para–Le ordenó. No quería que la situación se tornara de esa manera. Que Sherry era atractiva era un hecho, pero aquello era incómodo.
¿Por qué tenía que hacerlo así? El último abrazo que le dio no tenía nada que ver con lo que estaba recibiendo ahora. ¿Por qué tenía que tocarle de esa forma?
Era demasiado joven, demasiado atractiva... y demasiado joven. Era algo que siempre había pensado, no podía negar los atributos de Sherry, pero tampoco le había dado demasiada importancia, pues ella tenía edad suficiente para ser su hija. Sin embargo ahora la tenía pegada a él, frotándose y lo cierto es que en ese preciso momento, le importó muy poco sacarle 26 años a su alumna. Ya estaba en otro lado mentalmente. Le estaba provocando de una manera indescriptible y era lo único en lo que podía pensar. Pero sencillamente era una línea que no se podía cruzar. La cantidad de problemas que saldría de ahí si él le quitaba el vestido serían infinitos y no quería empezar algo así. Bueno, si quería, pero no debía. En ese momento lamentó profundamente haber ido allí aquel día.
-Sherry, apártate -Gruñó. Ella abrió los ojos y le miró fijamente.
-… –No pudo ocultar la sorpresa en su rostro al notar la excitación de Wesker sobre su vientre. Suspiró temblorosamente, como si le costara expulsar el aire de sus pulmones y separó los labios con ganas de decir algo aunque finalmente se quedó callada.
Todo el cabreó que sentía en aquel instante se disipó para dar paso a la sorpresa y el sofoco. Era la primera vez que notaba una contundencia así y sobre todo era la primera vez que notaba a Wesker de aquella manera contra ella. Jamás había considerado que él pudiera verla de ninguna forma, antes por motivos obvios y ahora porque simplemente… era su ahijada.
Aquellos pensamientos hicieron que se estremeciera y se apretara más.
Wesker se percató de que, obviamente acababa de notar su excitación y se tensó más. Aquello se le estaba yendo de las manos por completo, pero ¿qué más podía hacer? La excitación era suya, no podía lanzarla contra la otra parte de la habitación como si la culpa fuera únicamente de Sherry y limpiarse las manos en el asunto. Pero inmiscuirse en eso...
Inmiscuirse en Sherry…
La miró fijamente.
No. Por dios. No.
Era Sherry.
Era la hija de William.
No debía.
De repente, y mientras él aún estaba enfrascado en sus pensamientos, Sherry se puso de puntillas, temblando cual flan y se apoyó en los grandes hombros de su Jefe, acercándose peligrosamente a su boca, mientras la sangre le hervía y le latía con furia en los oídos.
-Wesker… -Susurró y antes de que él pudiera reprochar, Sherry ya estaba desfogando todo el placer contenido durante años contra los labios de su Jefe ansiosa y nerviosamente, incluso torpemente. Todas las veces que había querido besarle y no había podido porque habría sido hasta ilegal. Todas las veces que se había preguntado a qué sabían los labios de su tutor hasta que por fin aquella noche, en la sala más horrible de todas, halló las respuestas, latiéndole con furia en el corazón.
-¿Sherry…? –Él lo único que había intentado en todo momento era precisamente evitar ese momento y justamente era esa mocosa quien le robaba un beso de su boca.
Frunció el ceño fuertemente, mirándola pasmado, sin creérselo.
- ¿Q-qué haces…? –Susurró con premura, mirándola como si acabara de descuartizar a su pelotón sin motivo.
Por una pequeña fracción de segundo, Sherry le devolvió la mirada con timidez y de repente apresó sus labios con torpeza, mientras seguía besándole, sintiéndose sorprendida por el tacto suave de sus labios. Entonces suspiró fuertemente sobre su boca.
Aunque Wesker aun la contemplaba contrariado por haber entrado donde no quería, no dejó de corresponder el beso en ningún momento. Buscando su lengua primero con curiosidad y tras aquello con furia y urgencia, volviendo el beso más tórrido y salvaje.
Pero en ningún momento dejó de mirarla mal.
-… –Y aun así no podía creerse que estuviera besando los labios de Sherry.
Nunca habría imaginado eso con ella. Nunca. No la crio para eso. No la miraba de ninguna forma extraña por mucho que se diera cuenta de que era atractiva, como otras tantas mujeres y la cuestión tras aquella situación, no podía parar de imaginarse empotrándola en algún lado de aquella sala.
Ahora era él quien la odiaba con ganas. ¿Por qué le había besado?
Gruñó tan fuerte que el gruñido estalló en la boca de su alumna. Si no lo hubiera hecho… ¿Se habría contenido? No lo sabía, porque esa malnacida y maleducada no sabía cuándo parar tampoco.
-¡Sherry…! –De repente la apartó bruscamente, contemplándola enfadado. Aquello se podía calificar de mil maneras y ninguna sería buena -…-
¿Pero qué iba a decirle?
Ella le observó sorprendida, con la boca entreabierta, caliente, jugosa y lubricada por la saliva del beso que acababa de interrumpir.
-¡Hmph! ¿Qué estás haciendo…? ¿Qué te crees que estás haciendo? –Sherry frunció el ceño.
-¿Qué hay de malo…? –Le espetó confusa y enrojecida, y por cada palabra que salía de su boca, Wesker la percibía más excitante, lo que aumentaba su dilema.
-¡Que eres mi ahijada! Maldita imbécil–Pero daba igual lo que él dijera, porque ambos sabían que había correspondido al beso placenteramente. Sherry lo había percibido en sus labios y entre sus piernas.
-¿¡Y qué me importa lo que diga un estúpido papel!? ¡Hmgmhhm! ¡No eres mi tío! ¡No eres mi padre! ¡Ni siquiera tiene validez legal! –Comenzó a sonrojarse por el tono de la conversación, mientras él no podía dejar de contemplarla pasmado.
-¿Sabes cuántos años te saco? -La diferencia que había entre ambos era abrumadora.
-No me importa…-Jadeó ella, mirándole con urgencia.
Por un instante, Wesker no supo qué decir y la idea de largarse le resultó tentadora. ¿Pero qué pasaría luego? Ese beso cambiaba la perspectiva de ambos hacia el otro para siempre. Ya no era Sherry, la hija de William. Sería Sherry, la hija de su amigo, que además había conseguido excitarle.
Había tanta inmoralidad por tantos lados que no sabía ni por dónde empezar.
-¡Pues debería importarte!–Dio un paso hacia ella, recordando el tacto de su boca deslizándose por la suya y se estremeció. La contempló durante unos segundos y sintió ganas de estrangularla fuertemente.
Entonces alzó la mano con violencia hasta su cuello, agarrándoselo contundentemente.
-¡Aghhmmmm! –Sherry abrió los ojos por la sorpresa, y como acto reflejo posó sus manos sobre la de su Jefe.
-Eres….-Comenzó a espetar, sin saber con qué terminar la frase –Eres una….
-Mhgmghm…-Su pupila se encontraba enrojecida, no sabía si por el agarre o por el sonrojo del momento, pero no parecía incómoda del todo. Entonces Wesker supo que estaba excitada.
En ese instante, deslizó la mano con la que la agarraba hasta su nuca, pegándola contra su boca todo lo pudo, cuando sintió que el deseo se apoderaba de él de una forma infernal y le estrujó varios mechones de cabellos, desahogándose como podía.
-Maldita sea, Sherry. Creí que me odiabas -Se inclinó hacia ella, con actitud dominante, empujándola contra la pared y dejándola casi pegada, sin espacio para respirar. Mientras tanto, ella podía sentir su cálido aliento sobre su cara, así como su respiración acelerada.
Posó su mano en la mejilla sonrojada de su pupila, excitándose más y la acarició con suavidad. La respiración de ella se aceleró.
-No te odio- Balbuceó -Solo… estaba enfadada…. –Sus palabras sonaron casi como un susurro lastimero pero a Wesker se le antojaron deliciosamente excitantes e inclinó las caderas contra ella, apretándola completamente contra la pared.
-Sabes que eres la única persona que aprecio de este lugar -Ella pilló rápidamente el doble sentido de aquella frase y volvió a estremecerse. Todo lo que estaba ocurriendo era real, todo lo que estaba notando era cierto.
Entonces le miró fijamente, estando aún apoyada sobre su pecho y de repente notó como un calor intenso le recorría las entrañas mientras suspiraba intensamente.
-Uffghh. Wesker… puedo notarlo -Jadeó casi en un susurro y esta vez fue él quien se pegó contra ella.
-No deberías haberme besado -Gruñó. Sherry frunció las cejas, sintiendo un deseo incontrolable que la quemaba por dentro como si estuviera dentro de un volcán
-Wesker…. –suspiró por fin, con torpeza y le agarró con fuerza de la chaqueta.
Antes de que pudiera hacer nada más, se arrimó completamente a ella. La aferró por ambas mejillas con su mano derecha, la llevó contra su boca y la besó, apretando sus labios contra los carnosos labios de Sherry, obligándola a devolverle aquel beso lleno de furia.
Al principio abrió los ojos al sentir los labios de Wesker, sorprendida, después se dejó llevar. Dejó que sus sentimientos y su deseo tomaran el control de su cuerpo. Podía notar la respiración ligeramente acelerada de su Jefe, cada vez que se separaba para volver a besarla sentía la fuerte inspiración que precedía al beso. Y se derritió.
Era la primera vez que le tenía de esa manera sobre ella. Y le gustó demasiado. Para Sherry, en ese instante el tiempo se paró y todo lo que había alrededor dejó de ser importante. Dejó de notar el pinchazo en la espalda y el dolor que había sentido aquella semana. Simplemente se esfumaron. Cada beso la aturdía más y más, como si se tratara de una droga para ella.
En ese momento sólo se podía escuchar la respiración acelerada de ambos y el sonido de sus labios al besarse.
De repente, Wesker bajó las manos por el pecho de su pupila, notando su forma redonda y su volumen. Ella deseó que la estrujara, pero Wesker aún no tenía en mente llegar a eso; siguió bajando, recorriendo cada centímetro de su cuerpo hasta llegar a la cintura y terminó agarrándola con fuerza, levantándola del suelo.
Sherry, instintivamente enrolló sus piernas sobre su cintura y le aprisionó contra ella, pudiendo notar de esta manera la zona de su pantalón, lo que le provocó un suspiro. Aun sentía la zona lumbar ardiendo y escocida, pero estaba tan eclipsada que no le importaba el dolor. Todos sus pesares se habían desvanecido, aquel hombre la hacía llorar y gruñir demasiado a menudo, sin embargo de repente estaba acariciándola con una gran delicadeza y sintió un terrible estremecimiento desde el interior de su ser, que le recorrió todo el cuerpo como un calambre de placer.
Subió las manos hasta rodearle el cuello y tiró de él, acercándola de nuevo contra su boca, desesperada por abrazarle y besarle. Ahora que había probado el sabor de sus besos no se contentaría con menos, al menos esa noche no.
Cuando se dispuso a besarle, Wesker se detuvo, haciendo fuerza y la contempló. Sherry mantuvo su mirada. Veía lo que ella trataba de hacer, quería llevar las riendas. No fue algo que le molestara, pero negó con la cabeza.
-Aquí dirijo yo –Susurró, entonces la estrechó contra su torso y volvió a besarla fogosamente, besando sus labios con desenfreno, mordiéndoselos, sintiendo el placer que Sherry le provocaba al notar los lametones que le daba con aquella pasión. -… no lo olvides –Suspiró entre besos y tomó aire rápidamente para seguir.
Se apartó bruscamente y le miró a la boca con desesperación.
-Nunca lo olvido, Wesker… -jadeó abalanzándose de nuevo, cubriéndole de besos.
Él sonrió satisfecho y agarró a su pupila con firmeza por los muslos, mientras ella se abrazaba a su cuello, sin separar ni un segundo su boca de la de Wesker, respirando fuertemente y se dio la vuelta, avanzando hasta llegar al borde de la cama que había tras ellos.
Sherry observó de reojo, pero estaba más pendiente de saborear sus labios que de otra cosa. Había soñado muchas veces con ello, había suspirado infinidad de veces en mitad de la noche por él y ahora le tenía pegado a ella, provocándole un hormigueo que la mataba del gusto.
Aun cuando debería estar odiándole por cómo la trataba normalmente, lo que sentía distaba mucho de ser odio.
Wesker la fue tumbando lentamente en la cama, sin dejar de besarla, mientras a su vez se iba poniendo sobre ella, presionándole con su cuerpo. Descendió las manos hasta el caliente vientre de su joven alumna, notándolo incluso con aquel vestido por encima y se lo acarició.
Cuando hizo eso, el corazón de ella se aceleró por completo, imaginando lo que pasaría después y por un instante sintió pánico.
Tomó una gran bocanada de aire y contuvo la respiración durante unos segundos. Wesker estaba sobre ella, rozándola, besándola, acariciándola, dejándola en un estado de éxtasis, sin haber llegado si quiera al plato central. Era algo que llevaba deseando desde los 16 años, tenerle de esa manera, presionándola, sintiendo su peso empujándola hacia abajo, sintiendo su calor corporal, sintiendo su gran fuerza provocándola de una manera inhumana. El corazón le latía con tanta fuerza que por un momento pensó que se le saldría del pecho.
De cualquier manera que se mirara era un hombre que imponía. Cada vez que la tocaba, ella sentía un temblor de placer y miedo, derritiéndose, y eso él lo sabía muy bien. Las caricias de Wesker causaban estrago en ella, dejándola una gran marca. Sentía cada beso, cada caricia, cada aliento, quemándola en lo más profundo de su ser, dejando cicatriz.
Entonces quiso gritar.
Wesker sonrió y la rodeó con sus brazos, apretujándole el pecho, mientras notaba cómo subía y bajaba rápidamente.
Agachó la cabeza, besándola en el cuello, y Sherry respondió con un gemido ahogado, inclinando la cabeza hacia atrás, mientras le acariciaba la espalda. Sin cesar, su tutor fue arrastrando sus besos hasta llegar la barbilla, después volvió a acariciarle la cara y noto como Sherry volvió a temblar.
Sus manos siguieron deslizándose más abajo de su vientre y los latidos de ella se hicieron más fuertes y rápidos, notando como la sangre le golpeaba en el oído. En aquel momento, separó un poco las piernas para que se pudiera acercar mejor.
Como respuesta, se las acarició agarrándoselas con fuerza, sintiendo su suavidad y contorno, y le apretó el muslo hasta estrujárselo entre los dedos.
Ella ya no podía más, sentía la libido por las nubes y a punto de traspasarlas y volvió a gemir de ansia. Se estaba deshaciendo completamente. De repente le apretó contra ella y fijó su mirada en sus labios.
Wesker sabía lo que quería, y no la hizo esperar, pues era lo que él mismo deseaba en ese instante. La sujetó por la mandíbula y volvió a besarla. Entre aquellos besos, Sherry soltó un gran suspiro, aumentando su excitación.
Sin dejar de besarla, se incorporó un poco, cogiéndola de la cintura y la elevó un poco sobre la cama. Después se separó y la miro sonriendo.
-Wesker… -Suspiró ella sintiendo como su interior ardía. Él se quitó las gafas lentamente y volvió a sus brazos para besarla y acariciarla de nuevo. Pero no llegó a besarla aún, tan solo dejó sus labios rozando contra los de Sherry. Ella sin querer esperar más se alzó un poco y le dio un lametón seguido de un beso que llegó a estremecerle, pudo notar en cada pequeño apretón de sus labios la intensidad de los años que Sherry le había estado deseando. Su respiración era agitada, y las mejillas le ardían.
Frunció el cejo, sintiendo un escalofrío y la apretó más contra él. Aquella noche iba a hacer que Sherry sintiera todo lo que no había sentido los años anteriores. Le iba a devolver todo lo que ella le había dado hasta agotarla y extenuarla, hasta tenerla completamente para él. Hasta hacerla jadear su nombre.
La quería sólo para él. Y la tendría sólo para él.
Sin desprender sus labios, continuó bajando la mano hasta tocar la costura de su ropa interior Se detuvo en aquella zona y a continuación llevo la mano hasta el interior de su muslo, acariciándoselo suavemente. Después se dirigió hacia su entrepierna y arrastró la mano, acariciándola por encima.
Sherry dio un brinco, sintiendo como su cuerpo se retorcía de placer con cada caricia y él sonrió al ver su reacción. Le costaba horrores no temblar, mostraba una mezcla de miedo y expectación en el rostro que a Wesker le pareció tremendamente sensual.
De repente le agarró la ropa interior con ambas manos y tiró hacia abajo, dejándola tan solo con el vestido morado. Bajó la mirada hasta los muslos de ella y los acarició con mayor intensidad.
-Ah…. –suspiró sonrojándose.
Sin mediar palabra, subió la mirada de nuevo y le mordió el labio inferior, atrapándolo entre sus dientes, y acto seguido deslizó la lengua con lentitud, rozándole el labio y terminando con un lento pero intenso beso. Sherry le correspondió con ansia, mientras le abrazaba con fuerza y flexionaba las piernas para que la pudiera desnudar del todo.
Terminó de quitarle la ropa interior y luego observó a su pupila sobre la cama. Ella separó un poco más las piernas y Wesker la contempló.
-Sherry… -Negó con la cabeza, ensimismándose por un segundo con la imagen que tenía frente a sus ojos, hasta que una sonrisa emergió entre sus labios y se abalanzó sobre ella, echándose encima. Pudo notar la pasión de Wesker quemándola y se estremeció.
Deslizó la mano, abandonando sus muslos y volvió a su entrepierna de nuevo. En cuanto la acarició ella sintió como se le retorcían las entrañas, y un calor sofocante creció en su vientre. Wesker continuó con las caricias y la miró a los ojos, comprobando cómo cada segundo que pasaba, la cara de Sherry reflejaba más placer.
De repente la frotó con intensidad, haciéndola arquearse bruscamente hacia atrás. Ella resopló fuertemente. Le estaba gustando demasiado. Siempre había imaginado como sería el estar con él en esa situación, pero tenerle de verdad entre sus piernas superaba cualquier fantasía.
Wesker alargó una mano y la sujetó de la barbilla, obligándola a mirarle, y como si hubiera podido leer en el interior de su mente le susurró con una voz tremendamente profunda y sensual.
-Esto solo es el principio.
Por un momento, Sherry se sintió en un sueño y solo pudo emitir un gemido ahogado. Después reaccionó, siendo consciente de lo que vendría a continuación y le agarró de la mano, parándole en seco.
Se miraron a los ojos durante varios segundos, sin decir nada. Cuando Wesker por fin abrió la boca para preguntar por aquella actitud, Sherry se incorporó, quedándose de rodillas en la cama, haciendo que él se incorporara también con ella. Se apretujó contra su cuerpo, sentándose a ahorcajadas sobre Wesker prácticamente y le agarró de la chaqueta, tirando con fuerza, haciendo que se tuviera que agachar hasta la altura de ella, dejando que ambas bocas se rozaran.
-Wesker…. –Percibió su aliento y respiración nerviosa. Entonces ella le miró con total deseo-Enséñame… -Le pidió en un susurro y le estrujó la chaqueta.
Nunca había pensado en el hecho de que Sherry pudiera provocarle de aquella manera como sentía que le estaba provocando ahora. Aquellas palabras… Wesker se maldijo así mismo. Sherry estaba siendo demasiado excitante y su insinuación le trastocó en lo más hondo. En ese instante deseó estamparla contra la cama y satisfacerla de todas las maneras posibles, pero otra parte de él la odiaba por haberle besado y haber cruzado la línea que tan duramente había intentado mantener íntegra. Realmente sabía que si lo pensaba con frialdad, aquella decisión era pésima.
-…-
Qué más daba. La tensión sexual desde entonces iba a ser con total seguridad inevitable y la relación entre ambos como tal se iba a ir a la mierda.
Gruñó excitado y le mordió el labio inferior con saña.
-Auuuu- Se relamió sorprendida pero luego sonrió nerviosa.
Ella continuaba mirándole con deseo y expectación.
-¿Es eso lo que quieres...?-le susurró excitado, inclinándose hacia ella, apartándole un mechón rubio echándoselo hacia atrás y la sujetó de la garganta, atrayéndola hacia su boca.
Fue un agarre, distinto. Sexual. No había acto violento en ello. Sherry le dedicó una mirada coqueta, mientras cerraba sus manos alrededor de los brazos de Wesker y soltó un fuerte suspiro, a la vez que asentía con la cabeza.
-Ajá...
Permaneció unos segundos con la boca pegada a la de su pupila, sintiendo su respiración contra sus labios y entonces la besó salvajemente. Ella se apretó totalmente contra su cuerpo, volviendo a sentir su dureza y se deshizo por completo, Después bajó la mano por el torso de su Jefe, acariciándoselo con intensidad.
Wesker sonrió de lado y entonces la sujetó con fuerza del brazo, tirando de ella e hizo que la mirara.
-Entonces harás todo lo que yo te diga –Sus ojos brillaron ligeramente y con la mano que tenía cubriéndola la garganta la agarró de las mejillas, apretándoselas y la obligó a mirarle.
Sherry le miró a los ojos de una forma muy coqueta, como nunca le había mirado y se mordió el labio, mientras asentía y después se quedó en silencio un par de segundos hasta que volvió a abrir la boca.
-¿Qué quiere el señor Wesker que haga...?
Wesker le rozó el labio inferior con el dedo pulgar, arrastrándoselo levemente y sonrió con malicia. Aquello sonaba demasiado tentador.
