Antes de empezar me gustaría agradecerle a Mermaid Slayer por sus reviews, ¡que me animan mucho a seguir con el fic!
Espero que este capítulo (que es un poco más largo de lo normal) os guste tanto como a mi me gustó escribirlo :3
El gremio se despertó particularmente pronto aquel día.
Hoy era el primer día de la competición, el día en el que los cientos de gremios competirían entre sí para clasificarse, solo 6 podrían quedar al final del día.
La competición empezaría a las 10 de la noche y duraría aproximadamente dos horas, por lo que todos los participantes habían sido ordenados a permanecer en sus respectibas posadas a partir de las 9:30 de la noche para evitar problemas.
Si bien era cierto que todos estaban muy ansiosos por la clasificación, también se morían de ganas de visitar la ciudad a sus anchas y hacer un poco de turismo.
Levy aprovechó la oportunidad para, junto a las chicas (Lucy, Erza, Wendy, Juvia y Mira) ir a los grandes almacenes de la ciudad a comprar ropa, para ellas y para el bebé que Levy estaba esperando, que, gracias a la magia de Wendy, se había podido determinar de antemano que sería una niña.
La noticia había alegrado a Levy, que tenía ganas de tener una niña, pero nadie se esperaba que el poderoso Kurogane Gajeel fuera a acabar llorando de la alegría: por fin podría tener una hijita como Levy, no podía esperar.
Las chicas se entetuvieron comprando ropita de niña y hasta puede que se excedieran un poco, pero ya lo dice el refrán ¿no? más vale que sobre que no que falte, pues eso.
Rosemary y Reiki estaban en la sección de armas fascinados.
Reiki estaba necesitando de todo su autocontrol para no comprar la armería entera, su hermana mayor en cambio... Rose de dedicaba a hacerle fotos a un hacha de guerra enorme, más grande incluso que ella y con una hoja inmensa y afilada.
No es que tuviera ningún fetiche por las armas como su hermano, pero, aparte de su magia celestial (no la de las llaves, sino la que usa Jellal), Rose era una poderosa usuaria de magia de control del cristal.
No un cristal débil del que se usa en las ventanas no, un cristal negro y poderoso, mucho más que las espadas comunes.
La magia de control de cristal de Rose tenía muchas aplicaciones posibles, pero su favorita era la de reproducir armas que ella veía usando el material.
Storm y Gray estaban en una montaña nevada cercana a la ciudad, preparándose para la competición de aquella noche, Gray le daba unos consejos de última hora a su hijo mientras los dos practicaban en calzoncillos en la nieve, justo como Ur le había enseñado a él cuando era un niño.
Rin y Sylvia estaban visitando a sus amigos en Sabertooth junto con Nova, los tres salieron a recorrer la ciudad acompañados de Akatsuki, feliz de poder ver a sus amigos de Magnolia de vez en cuando.
Nash, Gale y Reiki se ponían morados a comer en un restaurante cercano al centro de la ciudad, ese mismo al que fueron hace un tiempo, pero como Reiki apenas pudo comer nada la última vez que fueron por el veneno de Sodom, los chicos decidieron repetir la experiencia una vez más.
Un fallo bastante grande por su parte el haber elegido aquel restaurane.
Al encontrarse en el medio de la ciudad, los chicos fueron reconocidos fácilmente, en especial Gale y Reiki, que al haberse anunciado en lácrima visión como participantes oficiales de Fairy Tail en los juegos mágicos de éste año, empezaron a atraer un gran número de admiradoras, si, admiradoras. Era cierto que también tenían algún que otro fan masculino, pero debido a su atractivo las chicas eran las que más atraídas hacia el dúo se sentían.
Nash y sus ojos de distinto color, su pelo rubio y su encanto natural, atraían por su parte a una cantidad de admiradoras no precisamente pequeña, claro, que, una vez más y sin motivo aparente, su corazón volvió a encogerse al ver Reiki pasándo un buen rato con las chicas.
Ya estaba acostumbrado a este tipo de situaciones, pero fué cuando Reiki decidió ponerse a hablar con una chica, rodeando con su brazo la cintura de ésta, algo que, de haber mirado con un poco más de atención, habría notado que era la chica quien estaba llevando la mano de Rei ahí, pero claro, Nash, inconscientemente hizo algo que definitivamente no se esperaba.
-Tengo que irme, seguid vosotros.- Dijo el rubio con la cabeza agachada, de manera que el flequillo le tapaba los ojos y la sombría expresión que tenía en aquel momento.
De no haber estados rodeados de gente, tanto Gale como Reiki habrían seguido al chico, pero, desgraciadamente para ellos, no fué hasta las 8 de la tarde que consiguieron llegar a la posada.
Cuando llegaron ahí rápidamente fueron en busca de Lucy para preguntarla por el paradero de su hijo.
-¿Nash? Yo pesaba que estaba con vosotros.- Dijo Lucy ahora un tanto preocupada.
-Lo estaba, hasta que un grupo de chicas nos rodearon y entoces él dijo que tenía algo que hacer y se fué sin más.- Dijo Reiki a toda velocidad, muy preocupado.
Al escuchar esto, Lucy sonrió con un poco de tristeza, ella sabía perfectamente la razón por la que su hijo había salido corriendo. Era su madre al fin y al cabo, y aunque ni él mismo fuera consciente de sus sentimientos, Lucy sabía de sobra lo que le pasaba a su hijo.
-Está bien Reiki, deja a Nash que pasee solo un rato, a veces a todos nos viene bien, ¿no? .- Dijo ella sonriendo. A veces parecía que Lucy Drageel era la única en toda su familia capaz de tratar con cosas del amor.
Gale y Reiki aceptaron lo que ella les había propuesto... hasta las 9 de la noche.
Eran las 9 y Nash no aparecía por ninguna parte, ya había llegado todo el mundo, y nadie parecía saber nada del mago celestial.
-Se acabó, voy a salir a buscar a ese idiota.- Reiki, decidido salió de la posada, y Natsu estaba a punto de salir a buscar a su hijo cuando Lucy le puso una mano en el hombro y le hizo un gesto de negación con la cabeza.
El torpe mago de fuego no entendía lo que su mujer pretendía, pero con los años había aprendido que en estos casos hacerla caso era lo mejor, por lo que se giró y empezó a dar vueltas preocupado por su pequeño.
Nash por su parte, hacía horas que estaba tumbado en la misma colina de Crocus, el lugar más alto de toda la ciudad, y el que estaba más cerca del cielo.
Por la noche, cuando algo rondaba la cabeza del chico, este solía tumbarse a mirar la estrellas, algo que puede sonar hasta cursi, si, pero había algo en la inmensidad del cielo, en el calor de las estrellas... que simplemente calmaba al chico siempre que él lo necesitaba.
Había habido solo dos ocasiones en toda su vida en las que mirar el cielo nocturno no había cesado sus lágrimas: aquella vez que se perdió en la ciudad cuando era un niño pequeño y esta noche.
Había una gran diferencia en su situación, no obstante.
Nash era perfectamente consciente de por qué era que lloraba aquella vez que le salvó ese chico de pelo escarlata.
Sin embargo, y muy a su pesar, el rubio no alcanzaba a entender la razón de sus lágrimas ésta vez.
Ni el por qué de que estas no cesaran.
Ni el por qué de no poder dejar de pensar en Reiki.
Es cierto que Nash no era la persona más ábil del mundo en lo que al amor se trataba, pero no era un ignorante tampoco.
Nash sabía que quería a su madre, a su padre, a su hermana y a todo el mundo en Fairy Tail.
Nash también sabía que quería a Reiki. Le quería mucho, nadie dudaba eso.
¿Pero por qué se sentía tan vacío cuando él no estaba?
De haberse tratado de una mujer, Nash sabría perfectamente que se trataba de amor.
Era de Reiki de quien estábamos hablando, sin embargo.
Reiki era otro hombre, como él, no era posible que estuviera enamorado de él... y aun así sus lágrimas parecían gritar lo contraio.
Nash miró al cielo, miró las constelaciones de aquellos espíritus con los que tenía contrato, y le dijo a las estrellas, medio de broma, que desearía que aquel muchacho apareciera y le salvara como aquella otra vez que estaba perdido e indefenso.
Como si las estrellas le respondieran cumpliendo su deseo, Nash se incorporó y alcanzó a ver la silueta de un chico de su edad con el pelo del mismo escarlata que su salvador.
Reiki.
Era la silueta de Reiki.
Y de pronto Nash recordó todo, recordó el momento en el que conoció por primera vez al chico, cuando apenas eran unos niños pequeños y Reiki le tomó la mano y le sacó de aquel callejón oscuro.
Como si le estuviera leyendo la mente, Reiki tendió su mano en dirección a Nash y le sonrió como lo había hecho aquella vez hace tantos años.
El chico vió las lágrimas en el rostro del rubio, y preocupado le preguntó:
-¡¿Nash, estás herido?! ¿por qué lloras? ¡¿estás bien?!
-¡No estoy bien Reiki!
Dijo Nash, agotado mentalmente, apartando la mano de Reiki.
-¡No entiendo nada!
Reiki, que estaba cada vez más confuso se acercó a Nash.
-¿Que es lo que no entiendes?- Dijo intentando ayudarle.
Nash decidió que había alcanzado su límite, por lo que ya no se contuvo.
-¡No entiendo nada Reiki! ¡no entiendo por qué me siento tan vacío cada vez que te vas! ¡no entiendo por qué me estremezco cada vez que me tocas! ¡no entiendo por qué me se me encoge el corazón cuando una chica se te acerca! ¡y definitivamente no entiendo por qué tengo que sentirme así!
Reiki estaba en blanco.
Esperad un momento, ¿acaso Nash se le estaba declarando? ¿o le estaba culpando por ello?
-Yo...yo no..-Nash intentaba hablar entre sollozos, pero el nudo en su garganta se lo estaba impidiendo, y no pudo hacer más que apretar los puños impotente.
Reiki, que decidió que también había alcanzado su límite se acercó más a Nash, le miró a los ojos, y, sin previo aviso: le besó.
Nash estaba de piedra, tardó solo unos segundos en darse cuenta de que Reiki le estaba besando.
Intentó separarse de él, pero los fuertes brazos de Reiki no se lo iban a permitir.
En algún momento del beso, Nash sintió una lágrima que no era suya en su mejilla y levantó la mirada.
Con suavidad se separó de Reiki y le miró a los ojos ahora calmado.
-Reiki, tu...-Dijo sorpendido, pero, por alguna razón parecía que su corazón iba a estallar de felicidad en aquel momento. Ahora todo tenía sentido: estaba enamorado de Reiki Fernandez, y no había nada que pudiera hacer para evitarlo.
-Escúchame Nash.- Dijo Reiki con lágrimas en los ojos y una expresión triste pero decidida.- Estoy enamorado de, hace ya años que lo estoy, y nunca pensé en decírtelo pero... yo... lo siento mucho y entiendo perfectamente que no quieras volver a verme nunca.
Reiki dijo ésto mientras sentía como su corazón se rompía poco a poco y se dio la vuelta, decidido a irse cuando notó un fuerte brazo tomar el suyo.
Nash, triste de ver así a la persona que amaba, le tomó con fuerza del brazo, le giró y le dió un beso a Reiki en los labios.
Reiki al principio no sintió nada, fue como estar muerto unos segundos hasta que sintió los labios de Nash sobre los suyos, prácticamente devolviéndole la vida. Tenía los ojos abiertos como platos ¿Nash no estaba enfadado? ¿le estaba besando? ¿seguro que no era un sueño? ¿estaba bien sentir tanta felicidad?
Dejó de hacerse esas preguntas cuando sintió como el rubio le secaba las lágrimas con las manos.
-Reiki, te quiero, no como un amigo, ni como parte de mi familia, estoy enamorado de ti y no se cuánto tiempo lo he estado, pero te pido perdón por estar tan ciego y por haberte hecho sufrir: estoy enamorado de ti.
Ya ninguno de los dos tenía remordimiento alguno, se amaban, y eso era todo lo que les importaba.
