¡Hola a todos!

Ha llegado el final de esta historia. Pronto el epílogo.

Gracias y mil gracias a todos por haberla seguido.

¡Espero no decepcionarlos!

¡LOS REVIEWS SON GRATIS, ASÍ QUE PUEDEN DEJARME UNO!

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Mi Amante Griego

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Capítulo 9: ¡Demonios!

Hanabi frunció los labios tratando de aguantar una risa, Konohamaru se giró para verla y darse cuenta de que su prometida no era más que una traviesa en serie. Hinata sin embargo no estaba muy contenta, de pronto Naruto se le plantaba en frente y le gritaba que la amaba, ¡que no se casara!

Se miró a los pies, siguió subiendo la vista empezando por el final del largo y hermoso vestido blanco. ¡Blanco!

¡Maldición! Se giró a ver a Hanabi que trataba de no reírse, de nuevo se había salido con la suya.

- Hinata, perdóname. - Naruto se acercó a ella dando pequeños pasos tímidos. - No quise hacerte sufrir. Me arrepiento de cada una de mis tonterías y mi mala indecisión. - respiró ahogadamente tratando de retener las lágrimas que amenazaban con salir. - Regresa conmigo por favor. -

- Naruto...- pero él seguía como un parlanchín.

- Sé que no soy perfecto, que cometo errores y que tal vez no supe decirte cuanto en realidad ya te amaba. Cuando nos conocimos quise ser yo el que mandara en la relación, pero lo cierto es que terminaste allanando cada parte de mí. Hiciste salir mis miedos, mis celos y mis temores. - siguió acercándose.

- Naruto...-

Hinata quería hablarle, decirle que parara. Que todo estaba bien por ahora y que luego hablarían y arreglarían las cosas, que lo amaba cada día con más intensidad; pero lo importante de todo, que ella no...

- Puedo desaparecer de tu vida si deseas...- como si eso fuese posible con su vida de glamour. - Prometo tratar de olvidar cada beso y cada caricia. ¡Pero no te cases por favor! Que te amo tanto justo en este preciso momento...-

Naruto siguió caminando acercándose mucho más a ella, cogió su mano entre la suya, quería besarla ahí y demostrarle al patán con el que se casaba que ella, Hinata Hyuga, era solo de él. Cada una de las partes de su cuerpo y su alma. Pero cuando ya creía poder rozar sus labios una vez más, una fuerte e imponente se puso frente a él.

Los ojos del hombre destellaban furia y muchos celos. ¿Era él con el que 'su' Hinata se casaba? No podía ser, era viejo y entonces recordó el por qué Shion lo dejó. - Por lo menos éste tiene cabello - pensó tratando de quitarse el miedo que el hombre le producía. Soltó la mano de Hinata con algo de brusqueda y sintió un espamo profundo recorrer su espalda, el hombre empezó a caminar mientras él daba grandes zancadas hacia atrás.

- Escúchame muy bien, cara de tabla...- la voz le sonó áspera y autoritaria. - Darás la media vuelta y moverás tu lindo culito de modelo hasta la puerta de salida. Luego arreglaremos éste problema. - Hiashi se dio la vuelta caminando hasta su puesto, pero Naruto al parecer estaba dispuesto a morir ése día.

- ¡No me iré, no hasta saber que Hinata no se casará! - empuñó las manos.

Los murmullos empezaron a sonar por toda la iglesia siendo seguidos por unas grandes y fuertes carcajadas de parte de los invitados, el sacerdote estaba absorto en la situación nunca en sus años de sacerdote había presenciado un matrimonio tan problemático, la atmósfera se relajó pero las facciones de Hiashi seguían más duras que de costumbre. Hanabi cogió la mano de Konohamaru mientras éste le picaba el ojo, y Hinata, ella estaba más perpleja que de costumbre aunque quería revolcarse de la risa.

- ¿Eres pendejo o te haces? - Hiashi giró el cuerpo endureciendo mucho más la voz.

- ¡No me importa que usted sea el padre de Hinata, no permitiré que se case y menos contra su voluntad! -

- El cerebro lo tienes entre las dos bolas. - levantó el pulgar señalando a su hija menor. - ¿Ves esa de allá? - Naruto asintió. - Es mi hija menor Hanabi y el que esta a su lado es Konohamaru, su prometido y futuro esposo a no ser que...-

Pero Naruto tenía ganas de pelear.

- ¿Qué tiene eso que ver? - gritó. - ¡Estoy aquí por Hinata! -

- ¡Cállate y escúchame cara de tabla! - respiró tratando de calmarse, ya que si perdía la paciencia lo mataba lentamente ahí frente a todos. - Quién se esta casando es Hanabi, no Hinata. - idiota, susurró para sus adentros.

Naruto tragó saliva mientras veía de un lado a otro, todos se reían de él y su estúpidez. Entonces recordó que Hinata varias veces trató de hablarle, ¿por qué ¡demonios! no le dejó terminar?

- Hola Naruto, soy Hanabi Hyuga y me alegra conocerte por fin. - alzó la mano y Naruto la aceptó ensimismado. Sus ojos era idénticos a los de Hinata, ahora entendía la boda Hyuga.

- Lo siento, no quise armar éste escándalo y menos en tu boda. - se rascó la nuca.

- No te preocupes. - se acercó a su oído. - Gracias por hacerle vivir a mi hermana una gran historia de amor. - susurró, le sonrió y volvió donde Konohamaru.

- Hinata, regresa a tu puesto. Y tu te sentarás también cara de tabla. - Hiashi habló tan duro y recíproco como acostumbraba, aunque su enojo se mostraba hasta por los poros.

Naruto quiso sentarse al lado de Hinata pero Hiashi se le adelantó sentándose en medio. La boda transcurrió tranquila y amena, todos reían y compartían miradas hasta que llegó el tan ansiado beso. Hanabi chilló de emoción colgándose del cuello de su ahora esposo, Konohamaru la besó feliz cargándola unos centímetros, todos aplaudían y silbaban extasiados excepto Hiashi que no le despegaba un ojo a Naruto, éste sudando frío y tratando de ver para otro lado, Hinata funcía los labios para no soltar una gran carcajada delante de ellos. Pero resultó ser ella la que más feliz estaba ese día, el hombre perfecto de su vida y sus sueños la amaba tanto como ella a él, su hermana estaba felizmente casada y su padre la amaba con cada fibra de su corazón... y de sus puños.

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Un año después...

- ¿Para cuándo la boda? - preguntó Hanabi sobándose la enorme barriga de seis meses.

- Aún no tenemos fecha, pero será pronto. - la hermosa mujer pelirroja le sonrió llevándose una taza de té a los labios.

- Kushina no debes beber té, recuerda que le hace daño a tu intestino. - un Dios rubio apareció por detrás arrebatándole la taza de las manos.

- Devuélvemela, Minato. - rechinó los dientes.

- Lo hago por tu bien. - se hizo el desentendido.

- ¡Si no fueses mi marido ya estarías ferozmente golpeado! - se paró del enorme sofá empuñando las manos.

- Créeme, al vivir contigo aprendí a lidiar tensiones. - la cogió por los hombros. - Ven cariño, siéntate. Te haré un masaje en los pies cuando lleguemos a casa. -

- ¿Lo prometes? - un perfecto y suave puchero salió de sus labios.

- Lo prometo tanto como te amo. -

- Oh, Minato...- le dio un pequeño beso.

Hanabi soltó una pequeña risita, desde que los había conocido siempre le habían parecido tan tiernos. Ella era una asesina en serie y él era peor que un bibliotecario, tenían tanto gustos como personalidades distintas, y aún así, cada día se amaban más.

- ¿Donde está Hiashi? - preguntó Minato mirando a los lados.

Resultaron ser grandes amigos de la escuela, Hiashi y Minato eran los líderes del equipo de física y matemática. Al Hiashi saber que Naruto era su hijo, le perdonó un poco la estupidez pero aún así, le vive vigilando al estar cerca de Hinata. Aunque éstos ya estaban felizmente casados.

- Lo vi salir con Konohamaru al patio de la casa, seguro estarán poniendo la carne en la parrilla. -

- Iré con ellos. - Minato sonrió dándole un beso a Kushina en los labios y desapareció.

Kushina resopló aburrida mientras miraba su hermoso reloj de diamantes en su muñeca derecha.

- ¿Cuánto tardarán? -

- El vuelo se ha atrasado, no deben tardar. -

- Iré por algunas papas, ¿quieres un poco de refresco? -

- Sí, gracias. - sonrió al ver a Kushina desaparecer por la cocina.

Hanabi suspiró emocionada, hoy Naruto y Hinata regresaban de su luna de miel por Grecia. Él le había prometido llevarla a conocer su ciudad natal y que mejor hacerlo de esta forma. Se habían casado hace tres semanas y nunca había visto a su hermana tan feliz, también recordó a una hermosa rubia despampanante llamada Shion que cogió a Naruto del cuello de la camisa, y casi lo mata de tantas zacudidas, le hizo prometer que haría funcionar su matrimonio y al escuchar el enérgico sí, abrazó a Hinata deseándoles felicidad. Sakura y Sasuke asistieron algo enojados el uno con el otro, no supo bien los motivos pero en la gran fiesta, cuando quiso ir por algo de aire fresco, escuchó la fuerte voz del Uchiha detrás de los arbustos y a Sakura gritar y gemir cada vez más alto.

Sin duda, que cuando vea a dos esposos enojados, no volverá a acercarse al jardín.

- ¡Han llegado! - con dificultad se paró del enorme sofá sin quitar la mano de su enorme barriga. Tendría gemelos y la mantenían agotada la mayor parte del tiempo.

- Cariño, no hagas tantos esfuerzos. - Konohamaru apareció corriendo sosteniéndola en un delicado abrazo.

- Estoy embarazada, no discapacitada. -

- Pero lo quedarás si no te cuidas...-

Hanabi rodó los ojos. De pronto la puerta principal se abrió mostrando a Naruto cargando todo el equipaje.

- ¡Hola! - lo soltó sin mucho cuidado y abrazó a Hanabi con delicadeza.

- ¿Cómo les fue? - Konohamaru sonrió recibiendo un apretón de manos.

- Muy bien, aunque Hinata viene algo mareada. - se mordió el labio inferior traviesamente.

- ¿Qué le has hecho a mi hija? ¡Cara de tabla! - Hiashi entró a la sala totalmente malhumorado.

- ¡Pues esta cara de tabla me da quince millones de dólares cada dos meses! -

- Estarán ciegos... - silbó a un lado recibiendo un fuerte peñizcón de Kushina.

- Deja a mi hijo, cara de pasa - frunció los labios molesta.

- ¡Toma! - gritó Naruto señalando a Hiashi con el dedo índice.

- ¡Y tú te callas, Naruto! No puedo creer que no nos hayas avisado que regresabas hoy...-

Naruto bajó la cabeza regañado.

- Hola familia. - Hinata apareció detrás de Naruto quitándose unas grandes gafas negras.

- ¡Hermana! - Hanabi la abrazó feliz.

- Los gemelos estan grandes, ya quiero que nazcan. - con una tranquilidad nunca vista saludó a los demás.

- Estas cambiada Hinata, ¿nos ocultan algo? - Minato los miró suspicaz.

- ¿Les decimos? - Naruto le pasó una mano por su espalda. - Igual tendrán que enterarse algún día. - Hinata asintió y sonrió.

- Pero se lo decimos los dos. ¿Vale? -

- Hecho. -

Se chocaron las palmas para luego contar 1... 2... 3...

- ¡Estamos embarazados! - gritaron al unísono recibiendo felicitaciones de parte de todos.

Pero Hiashi solo pudo abrir los ojos de sorpresa.

- Hinata. - habló autoritariamente dejando el ambiente en silencio. - ¿De cuánto estas? -

Ella sonrió al verlo.

- Un mes. -

De pronto sus facciones se endurecieron dándole una protuberancia gorda y áspera a su ceja levantandola, su cara se tornó roja, morada, verde, azul. Y una vocecilla inocente apareció en la cabeza del rubio. - ¡Corre Naruto! -

- ¡Demonios! - como pudo corrió y corrió siendo perseguido por Hiashi.

- ¡Maldito cara de tabla, te voy a matar idiota! - saltaban o tumbaban cosas a medida que corrían.

- ¡No puede, Hinata y yo ya estamos casados! - el pánico invadió su rostro, estaba seguro de que si paraba estaría tres metros bajo tierra en pocos minutos.

- ¡Pero concibieron ese bebé fuera del matrimonio, te aprovechaste de ella! -

De pronto Naruto paró la carrera y Hiashi se alarmó.

- ¡Un momento, suegrito, no hablemos de quien se aprovecha del otro! - una alarma de incendio resonó en su cabeza diciendole que se callara, pero ya era tarde. - ¡No sabe como su hija me encadenó anoche, tocó mi pecho y luego me...! -

¡Maldición! Estaba hablando de su hija, de su hermosa e inocente hija.

- ¡Ahora si estas muerto! - Hiashi se tronó los dedos.

- ¡Lleguemos a un acuerdo! - siguió corriendo siendo de nuevo perseguido.

- ¡Ven aquí, cara de tabla! -

- ¡Ni loco! -

De pronto se vio acorralado entre su enojado suegro y una de las paredes que daban al baño. Sintió el miedo recorrer su cuerpo y su labio tembló.

- ¡Hinata! -

Ésta sonrió escuchando los golpes y los gritos de su padre y su marido, sabía que Naruto no podría hacer el amor esa noche ni las que venían, pero seguro su padre no lo dejaría esteril. Ya había tiempo para disfrutar de su amor tanto afuera como encima de la cama. Sobó con felicidad la enorme barriga de su hermana y trató de verse en ese espejo, así estaría ella de rechoncha y enamorada. Su vida se había convertido en todo lo que una vez deseó, estaba felizmente casada con un hombre que amaba y que la amaba a ella con cada fibra de su ser, una hermana que adoraba y cuidaba, un padre que peleaba por ella demostrandole su amor, un cuñado elocuente y unos suegros divertidos. Pero lo más importante es que tenía un futuro por el cual sonreír y un pasado al que recordar con orgullo.

- ¡Te amo, Hinata! - sintió a Naruto abrazarla y besarla apasionadamente, él sabía muy bien que eso le bajaría un poco el enfado a su padre.

- Yo también te amo, Naruto...- volvió a besarlo.

Y para siempre...