Hola mi gente bonita! Disculpen la tardanza aproveché subir este capítulo junto a la pequeña historia que realicé ayer y también aproveché este derroche de inspiración que he tenido, ya el capítulo siguiente está en proceso y espero actualizar la historia pronto pero como siempre no prometo nada.
Que disfruten este capítulo, odien, amen y golpeen si es necesario!
MUCHISIMAS GRACIAS POR SEGUIR ESTA HISTORIA Y AGREGARLA A FAVORITOS!
Aclaro:
Universo alterno.
Pensamientos.
Capítulo 9
¿Dónde estás?
Abrió los ojos
Dos semanas habías pasado desde ese fatídico día, el día que no quería recordar. Con el dinero que aun le quedaba junto con el que le mandaba Sumire, podría sobrevivir unos meses más en el país sin ningún trabajo.
Sumire…. Había sido difícil volver a hablar con su abuela, le había dicho lo orgullosa que estaba de ella después de saber su historia de Tezuka, ella en cambio se rompió en llantos mientras le decía que había sido despedida, había sido una de las cosas más difíciles que había hecho.
Sacudió su cabeza, no quería seguir recordando aquello ni mucho menos recordar nada referido a su trabajo, le había negado las visitas a Ann y a Momo, no quería ver sus caras preocupadas ni escuchar "lo injusto" que había sido Fuji al despedirla, claro que… ellos no sabían nada al respecto del por qué, se sentía tan decepcionada de sí misma que no quería ni imaginar que pensarían los demás de ella.
Justo en esas semanas seguramente estaba de boca en boca por todos los integrantes del Seigaku. Oh si… Eso era prácticamente una directriz en todos los lugares que contenían a una comunidad empresarial, donde se podía fantasear y hablar de quien fuera, improvisando algún cuento con malas intenciones, sobretodo si el lugar estaba superpoblado de mujeres y si algo tenía Seigaku – al menos en Gruidae - eran bastantes mujeres.
¿Qué pensaría Nanako de ella?, ¿Los pelirrojos juguetones, su propio jefe, Kurumi? ¿Sentirían su ausencia? ¿La recordarían como una buena empleada y compañera de trabajo o su jefe se habría encargado de difamarla a los cuatro vientos? ¿Se había marchado con dignidad o como un perro con la cola entra las piernas? Y lo más importante ¿Qué pensaría Ryoma de ella?
Regalada...
Se tumbó sobre la cama y rompió en llantos por décima vez, jamás se había sentido tan desarmada y herida al mismo tiempo. También sentía rabia, una profunda y rotunda rabia hacia la chica que la había grabado, recordaba su mirada cargada de recelo hacia ella en la fiesta ¿Acaso le gustaba alguien que tenía cerca a ella? Y si fuera así, ¿Quién sería? ¿Tezuka, Ryoma, Fuji, Momo? Decidió no prestarle atención a eso y olvidarlo… no valía la pena pensar más en ello. Con la mente en blanco y el ánimo por los suelos, concilió el sueño.
…
La mañana siguiente tardó en llegar para ella, más si se había despertado a altas horas de la madrugada y desde entonces no había logrado retomar el sueño. Mientras buscaba la manera de ordenar sus ideas y retomar su brillante futuro – al menos en calidad de vida – se fueron las horas y allí se encontraba ella, a las 4 de la madrugada buscando lápiz y papel para plasmar sus objetivos y cumplirlos, no le tomó mucho tiempo escribirlos y suspiró luego de hacerlo, era demasiado simple:
Prosperar en un nuevo empleo
Olvidar a Ryoma
Así de fácil y concreto. Y es que debía tener claro todo aquello, nunca se lo había propuesto de aquella manera ni mucho menos lo había pensado con tanta seriedad, pero allí lo tenía. Se había enamorado de Ryoma Echizen. Por nunca haberlo pensado detenidamente fue el porque la había tomado desprevenida ese sentimiento, era tan obvio que lo había dejado pasar y ahora se intercalaba hasta en sus venas, todo en ella replicaba su amor por su príncipe.
El sentimiento se había infiltrado de manera tan meticulosa en su interior que le resultaba increíble, pensar todos los días con él, estar nerviosa a su lado, admirarlo y sonreír, sentir como aquella inmensa felicidad abarcaba todo su ser cuando lo encontraba de casualidad, hasta podría pensar que el destino lo había puesto allí para ella.
Eran pocos factores pero cada uno influenciaba de manera fundamental en su ser y sabía que cuando se lo imaginaba junto a ella besándola, tomándola de la mano o sonriéndole, ya estaba perdida y enamoraba; por más que le molestara el sentimiento estaba presente y sería difícil deshacerse de él.
La culpa era del maldito beso que él le había dado, todo recaía en ese momento. Si no la hubiera besado ella no se habría dado cuenta de lo embobada que estaba por él y nunca habría perdido su trabajo, aquel beso había arruinado todo por lo que había luchado con tanto esmero y por tanto tiempo. Sus ojos se llenaron de lágrimas, la vida le había dado un regalo y ella no lo había aprovechado. En cambio, se había enamorado.
Golpeó su cara con sus manos y se dio ánimos, había sido sorprendida con el sentimiento más hermoso del mundo y aquello requería méritos, si tan sólo fuera correspondido ¿Y si lo era? Sonrió mientras sacudía la cabeza, le sorprendía con que velocidad la esperanza se instalaba su alma.
Abrió el grifo de la ducha y dejó que el agua fría tranquilizara su mente agitada. El agua refrescó su cuerpo y la baja temperatura la devolvió a su realidad. Mientras se enjuagaba repasó su lista mentalmente.
Prosperar en un nuevo empleo
Olvidar a Ryoma
Lo que nadie sabía y para suerte suya, era que ya la primera parte de su lista estaba siendo cumplida. Había logrado conseguir un nuevo trabajo de mesera, no se sentía emocionada pero no despreciaría su empleo. Y es que no era el trabajo sino su desenvolvimiento en el. Era torpe, tímida y hasta tosca si la malentendían. Suspiró para luego apretar los puños inspirada, aquella sería una prueba de fuego para ella y ganaría las mejores experiencias del mercado. Sería difícil pero lo lograría, la vida no era un cuento de hadas, a veces le sonreiría y otras veces no, el secreto era como saber afrontarse a las decisiones y como adaptarse según lo que le daba el destino.
Salió del baño y se dedicó a prepararse para su primer día de trabajo, un nuevo ciclo de su vida comenzaría aquel día.
…
Altas horas de la noche, 11pm… Luces apagadas, sus tacones resonaron por todas partes y cuando cayeron al suelo sintió como martilleos justo en la coronilla en su cabeza, joder odiaba ese sonido. Sus jadeos se escuchaban más lentos y cansados, caminó descalza hasta su habitación y se tumbó en la cama, de inmediato quedó rendida.
La alarma la levantó agitada como siempre a las 4 am, se sentó a la orilla de la cama y suspiró. Viernes, se levantó presionada por al responsabilidad puntual, ni siquiera tenia de consuelo que ya era fin de semana porque – al menos ella – trabajaba sábados y domingos. En treinta minutos estuvo lista. Tomó sus cosas y salió rápidamente de su hogar.
En ese periodo de tiempo usaba el autobús local, el restaurante estaba lo suficientemente cerca para llegar por ese medio, si no saliera tan temprano se atrevería a ir caminando pero no confiaba en las calles oscuras, en ningún lugar, nunca lo había hecho y en su adultez menos lo haría.
Se maquilló en el autobús para luego peinarse como le habían indicado en el restaurante, ahora comprendía a las mujeres atareadas que se maquillaban hasta paradas, su vida tranquila se había convertido en un remolino de sucesos en muy poco tiempo. Se le pasaba de las manos, no le alcanzaba ni para detenerse a pensar en alguna cosa.
Por ejemplo , la cantidad de personas que se deslumbraban al verla maquillándose, no le hacía falta colocarse rubor porque hasta sus orejas se tornaban rojas, a veces temblaba presa del pánico escénico, era intimidante como todas las personas la miraban detenidamente, a veces creía que algunas mujeres tomaban nota y aquello la incomodaba. ¿Por qué tanto escándalo? Siempre dejaba pasar la situación pues cada vez que terminaba su labor de arreglarse, llegaba a su lugar de trabajo.
Llegó al restaurante, ya se encontraban 10 de las 30 meseras, todas respondieron sus buenos días con sonrisas amables que en menos de un segundo tornaron a rostros con ceños fruncidos, facciones tensas y miradas estresadas. El ambiente era como siempre había sido… hostil, tanto que a veces deseaba salir corriendo de allí. Cada una tenía una máscara, detrás de las sonrisas y rostros acogedores se encontraban mujeres deplorables, que vivían de denigrar a las demás e iniciaban arduas peleas por cualquier tontería. Lo odiaba.
Perras desgraciadas
Si una sobresalía una noche todas la envidiaban, por mala y buena suerte ella no había recibido alguna propina extraordinaria ni halagos extravagantes. Ella era lo suficientemente insignificante para que las demás no notaran cuando algún cliente le sonreía o tenia algún detalle amable con ella y eso lo agradecía
Otra de las cosas que le había sorprendido de ella misma era el autocontrol sobre su cuerpo. Sus movimientos torpes y manos resbalosas aun conseguían llenarla de nervios e inseguridad; había conseguido mantener todo en calma en esos momentos, los tropiezos, platos rotos y desastres de comida no habían faltado en su comienzo, incluso estuvo a punto de ser despedida, después de unos días y con una voluntad seria logro ser hábil y pronto los accidentes acabaron
Se dedicó a colocarse el uniforme, su estadía allí no se comparaba con la de Gruidae, a veces de odiaba a sí misma y otras a su jefe, últimamente le estaba guardando un rencor injustificable a su jefe, pero no podía ser exquisita en esos momentos y mucho menos cuando su salario incrementaba acorde a sus buenos días. Debía esforzarse más.
La puerta del lugar donde se encontraban se abrió bruscamente y todas posaron con posturas firmes, su jefe había llegado. Él era disciplinado, perfeccionista y terco, no se cansaba hasta que todo quedara tal y como él quería.
Era egocéntrico, arrogante y sobretodo fanfarrón. Lo más temerario de él era su humor y lo estrechamente que dependía éste de su ánimo. Sin importar su estado siempre terminaba lastimando algún sentimiento de las camareras. Si estaba feliz, proyectaba sus sentimientos humillando a cualquiera de las chicas y si su humor se tornaba a todo lo contrario, lo mejor era no acercarse a él y realizar su trabajo lo mejor que podía. Pobre de aquella que sufriera las consecuencias de su molestia.
— ¿Acaso tengo algo en la cara? –Miró a todas por encima del hombro mientras soltaba aquellas palabras toscas, él era filoso en todos los sentidos, sino lastimaba a alguna su día a día no tendría sentido.
Luego de aquellas palabras ninguna despegó su concentración de lo que estaba haciendo, ella al estar preparada y lista para su itinerario decidió dirigirse a la cocina a ayudar a la mayor victima de su jefe. La pobre cocinera principal, la chica tenía talento y su sabor era inigualable, por algo era la mejor de aquel grupo y la principal pero muchas veces le costaba trabajar bajo presión y ella lo entendía, no debía ser bueno trabajar bajo la mirada punzante de Atobe Keigo.
— Key -
La morena volteó a mirarla y le sonrió, su tez tostada siempre la distraía más ese cabello azabache, a veces le recordaba a la oscuridad en la que ella se sumía en algunos momentos, negra, vacía como si le faltara algo, allí es donde ella sentía melancolía y hasta cierto punto confort, quizás por ello su única amiga en aquel lugar era ella.
Ayudó a cortar algunos vegetales y afilar los cuchillos, sorprendentemente su jefe no la reprendía por ello, si alguna persona que no fuera personal de cocina entraba al lugar inmediatamente recibía la furia de Keigo pero ella no y eso le parecía aterradoramente bueno.
Sonrió con gracia, producto de sus pensamientos. Había recordado aquel documental sobre plantas carnívoras y lo logró asociar con aquel momento. Parecía una mosca atrapada en una planta carnívora, esperando ser devorada, estaba segura que Atobe algún momento la sorprendería, estaba preparándose para comérsela viva y ella como estúpida dejaría que eso sucediera, y es que cuando se trataba de cocinar y de ayudar a alguien que se lo merecía, ella lo hacía sin poder evitarlo y sin pensar en las consecuencias
El trabajo minutos después comenzó, tan atareado como siempre, con una sonrisa plastificada en su rostro recibía a sus clientes, unos les respondían y otros apenas le dirigían la mirada, con el paso de los minutos pudo con la ansiedad del momento y comenzó a atender a más clientes, sabía que mientras más eficiente fuera su trabajo más propina obtenía y eso la inspiraba. A veces se distraía mientras esperaba la comida viendo la variedad de público que tenía restaurante, desde colegialas en busca de alguna cita, ancianos celebrando su quincuagésimo aniversario, viejas chismoseando, compañeros de trabajo viéndose a escondidas, madres reencontrándose con sus hijos universitarios… Le fascinaba lo que el lugar significaba para aquellas personas, la primera cita o el lugar que otorgaba felicitaciones, quizás para divertirse y otras para molestarse.
Como justo ese momento.
— ¡SAL DE AQUÍ!-Escuchó un grito estruendoso.
Todo su entorno se detuvo y ella volteó para ver de donde provenía el grito, la cocina. Quedó en shock por unos segundos. Su jefe salió de la cocina y comenzó a mirar por todos lados hasta encontrarla a ella, tragó en seco, su jefe hizo un ademán con su dedo y sin emitir algún sonido habló.
— Ven aquí -
Se metió dentro de la cocina y ella comenzó a caminar hacia el lugar, allí estaba la mosca, tratando de escapar de la boca de la planta, sus flujos serían absorbidos, su energía vital acabaría, su cuerpo se dispersaría y dejaría de existir. Así se sentía en esos momentos y su autoestima sería la mosca, lo aseguraba.
Entró y se encontró con los ojos furiosos de su jefe.
— ¿¡Quién te dijo que podías cortar los tomates de esta forma?! –con el poco tiempo que tuvo logró identificar la cocina hecha un desastre, junto a la pobre Key que la miraba con ojos llorosos - ¡Cada rodaja debe lucir igual y ésta inútil no puede seguir el patrón que tu le planteaste! -
— Y-yo solo quería… -
— Si tan bien crees cocinar hazlo tú -
— P-pero –
Sabía que refutarle a su nuevo jefe no sería una buena idea pero no sabía que más hacer, miró alarmada a su amiga.
— ¡Tú estas despedida! –Su jefe le gritó a la morena y los presentes quedaron estáticos -incompetente ¡ni siquiera saber lavar bien una lechuga! –la sacó a empujones de la cocina por su parte trasera para que los comensales no vieran el show.
Todo le pasaba muy rápido, enseguida la chica desapareció de su campo visual y ahora ella tenía puesto el delantal, tragó en seco de nuevo y miró las órdenes que le esperaban, su nuevo equipo, un grupo de hombres listos para cocinar la miraba con expectativas. Los siguientes 90 minutos todo fue un desastre en su mente.
…
En las dos horas siguientes había alcanzado sacar tres pedidos cada 10 minutos y a pesar que su jefe la atosigaba aún más, su nivel de ansiedad había bajado y el desorden en su mente se había disipado. Ahora solo había blanco… blanco y luz. Nada la distraía y parecía un robot. El grupo de hombres trabajaban aun más rápido que ningún otro, le corregía sus errores y le ofrecían sugerencias, pero solo cuando estaban solos, si Atobe aparecía ninguno abría la boca, ni siquiera eran notables, solo Keigo y sus regaños hacia ella.
Por un momento dejaron de aparecer pedidos y fue entonces cuando notó lo aturdida que estaba, sus oídos descansaban del bullicio, su cabeza retumbaba a cada latido de su corazón, su respiración era sobreagitaba y hasta sudaba.
Suspiró liberando toda carga que se había acumulado en ella mientras cerraba los ojos. Pero su calma no duro mucho, de improvisto su jefe abrió las puertas, todos reaccionaron de manera firme esperando sus palabras.
— No puede ser posible –Murmuraba y farfullaba mientras caminaba de un lado a otro.
Quedó en silencio unos momentos y la tensión apareció en el ambiente
— Han llegado personas importantes niña –Aquella última palabra la sacaba de quicio, no deseaba escucharla nunca más - vas a hacer este tipo de platillo – en aquel momento era que había procesado lo de "personas importantes" ¿acaso el alcalde se había presentado? - tendré que estar contigo debo cerciorar que todo salga perfecto –él suspiró e hizo muecas de disgusto mientras le entregaba la orden.
Sus ojos casi salen de sus órbitas al ver el nombre del platillo "Filete Strogonoff ". Su corazón comenzó a latir rápido ¡No tenía ni al menor idea de lo que era eso! Keigo se posicionó detrás de ella y comenzó a dar órdenes, corta esto, prende aquello, sazona lo otro….
De nuevo su mente entró en un caos y su cuerpo comenzó a moverse rápida y nerviosamente. Los minutos pasaron y de nuevo quedó en blanco y comenzó a maquinar como una robot. Revolvía, agregaba, degustaba, horneaba…A los 40 minutos terminó y los platos salieron enseguida.
Ella traumada sonrió y se miró a través del reflejo que le daban las ollas sonriente, orgullosa de sí misma. La presentación del plato había quedado realmente bonita y por primera vez en su vida sintió una mirada apacible por parte de su jefe, volvió a suspirar cansada y en un abrir y cerrar de ojos volvió a regodearse en la cocina.
Las horas pasaron rápidamente para ella, Atobe no volvió más a la cocina y de pronto todo se volvió una rutina. Recibía vegetales, agregaba sazón y servía, era realmente simple y se le hacía mucho más fácil cuando aquello le daba felicidad y le gustaba.
Su tiempo corto de felicidad había acabado cuando vio a su jefe entrar hablando rápidamente para luego tomarla de la mano.
— Tu niña ¿Cómo es que te llamas? -
Ni siquiera le dio tiempo para sentirse indignada
— Responde –Aquel hombre la enervaba.
— Ryuzaki Sakuno –Dijo con voz tenue.
Él le quitó el delantal como si de niña pequeña inútil se tratara y la sacó de la cocina. Ella lo miraba extrañada y molesta. Como podía estar más de un mes trabajando para él y ni sabia como se llamaba.
— Prepárate, te van a felicitar -
Camino detrás de él y lo siguió hasta una de las mesas VIP, situadas en la parte más alta del lugar, como en una especie de tarima, frente a unos ventanales donde se apreciaba la vista de la ciudad. No le daba mucha importancia a que unas personas la felicitaran por su plato, no en ese punto donde su cerebro aun seguía maquinando para procesar todo lo que había pasado en su día.
Fue entonces cuando todo su mundo se detuvo…realmente.
No puede ser
Cayó en un hoto negro profundo donde la sostuvo la desesperación, su corazón comenzó a agitarse anormalmente y por un momento creyó haber sentido su alma escapar de su cuerpo. La persona que menos quería ver justo en esos momentos – y quizás más nunca en su vida - se encontraba allí, junto al hombre que había evitado por completo por semanas.
El terror tocó su puerta y la atravesó sin pedir permiso invadiéndola por completo cuando su mirada se encontró de nuevo con el azul arrebatador que creía no vería mas, aquel mar profundo que la ahogaba en esos momentos, por supuesto que los ojos de su exjefe estaban abiertos como platos, pero estaba tan nerviosa que no podía desperdiciar su tiempo deleitándose y regocijándose al ver a Fuji Syusuke sorprendido y mucho menos cuando estaba cierta persona mirándola con desconcierto.
— ¿Pequeña? -
Tragó en seco y notó como Fuji también lo hacía. Atobe colocó sus dedos en la cien y resopló.
— ¿Cómo una vulgar cocinera puede conocer a estos dos? - Se preguntó Atobe, el cual se ganó una mirada asesina por parte de los hombres.
— ¿Es por esto que ella no está contigo? ¿La botaste? –Tezuka comenzó a mirar con indignación a Fuji.
— Tezuka te lo puedo explicar ella incumplió mis doctrinas –Nunca había visto al ojiazul tan nervioso como lo estaba en ese momento.
— La botaste –Aseguró el castaño.
— Tezuka ¡Se besó con Echizen! –Tezuka la miró acusadoramente y luego la reprochó en silencio mientras ella cerraba los ojos avergonzada.
— Hasta cuando Echizen y sus amoríos ¿ésta es otra de sus perritas? - Aquello le atacó por la espalda y la rompió en mil pedazos - ¿Hasta cuando con el proxeneta? –Se sintió aún más impotente para luego permitir que la rabia la albergara, pero se disipó al ver como Keigo se alejaba de unos pasos y Tezula se levantaba, él la tomó del brazo y la sacó de aquel lugar.
La sacó de una manera tan brusca y rápida que comprendió que él se alejaba de esa manera para no golpear a Atobe ni formar algún espectáculo en aquel restaurante, el castaño temblaba de la furia y la miraba decepcionado. Alejados del restaurante la encaró.
— Por eso no me contestabas -
— Temía decepcionarte –Se excusó, sencillamente no estaba preparada para verlo todavía.
— No lo hiciste, lo esperaba -
— ¿Cómo? –Aquello la había tomado desprevenida.
— Una corazonada, eso no importa, no me gusta que pierdas el trabajo por el que tanto te esforzaste -
— Me gusta donde estoy –Le mintió.
— Mientes -
— No -
— Ese hombre es un desalmado animal, lo conozco, mejor de lo que me gustaría admitir –Ella también lo conocía, sabía cuanta razón tenía Tezuka en lo que le decía, pero no podía darse el lujo de que aquel hombre la viera hecha pedazos que era como estaba.
— Estoy bien -
— Ninguna mujer puede estar bien con él –touché - ven conmigo -
— ¿A dónde? -
— Alemania –Aquella oferta le causó gracia, sonrió irónica.
— Estás demente -
— Es el único cupo que te puedo dar en Seigaku -
— Estoy bien aquí -
— Me aseguraré de que no trabajes más para él –Comenzó a molestarse, no le gustaba que alguien manejara así como así su futuro. Que hiciera y deshiciera con ella como a él le daba la gana, sencillamente le daba impotencia.
— Esto es una estupidez, puedo cuidarme sola -
— Sigues siendo una niña -
Suspiró cansada de convencer a Tezuka y en la mayoría de convencerse a sí misma que bajo el mandato de Keigo estaría bien, sus ojos se llenaron de lágrimas cuando la frustración inundo su corazón y su mente dejó de emitir órdenes, solo una última...
Escápate.
Sin apresurar el paso y aun vestida con su uniforme se dirigió hacia la estación más cercana al subterráneo, volteó más de una vez esperando ver a Tezuka detrás de ella pero nunca la siguió. Había pensado que Tezuka comenzaba a consentirla y ella de idiota optaba por asumir su actitud más malcriada, tonta y niña que poseía.
Sacudió su cabeza, no quería pensar negativamente en esos momentos ni que haría con su jefe ahora que había sido avergonzado a causa de ella porque terminaría derrumbándose. ¿Iría a Alemania? No ni en lo más remoto de sus pensamientos, no volvería por más acabada que estuviera su vida, no desistiría a forjar un futuro estable en un ámbito donde ella se desenvolviera cómodamente y que evidentemente le gustara.
Entró en el andén con la mente en blanco y la mirada gacha, escuchaba el bullicio que le ofrecía el lugar, conversaciones ajenas en voz baja, un pequeño llorando, pisadas estruendosas y el típico sonido del tren viajando a través del túnel. Se cerró completamente en todo sentido, su mente quedó en blanco, cerró los ojos y simplemente realizó un viaje.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que su futuro pendiera de un hilo. En que sintiera que estaba deambulando como si de un alma en pena se tratara, detestaba la ansiedad profunda que se formaba en su interior, por la indecisión y el irracional miedo de no saber que hacer, también el deseo inapropiado de cerrar los ojos y no abrirlos más hasta que su vida se acomodara de nuevo. Era la impotencia y el anhelo de volver a ser niña para que toda su vida fuera rosa de nuevo lo que le molestaba, el no poder hacer nada como una adulta que se suponía debía ser.
Comenzó a arrepentirse de todo lo que había hecho, por supuesto todo se centraba en Ryoma y si es que en ese entonces hubiera sabido que aquel hombre que el quitaba el aliento destrozaría su vida entonces nunca hubiera fantaseado con él, porque tenía lógica y era lo único que podía deducir ¡todo era su culpa!
Si él no la hubiera mirado todas aquellas veces en el vagón, si no le hubiera dedicado simples murmullos y ademanes quizás no lo hubiera considerado tan misterioso. Si el destino no jugara tanto con ella aquel hombre habría quedado en el pasado como solo "un chico lindo del metro" pero ¡no! Tuvo que trabajar en la misma asociación que ella y además ser un directivo.
Es que además… ¿Por qué carajos la miraba tanto? ¿Por qué tanta atención y empeño a ella? Se lo creía si ella fuera alguna modelo, bonita o una zorra. Su corazón se arrugó y sintió ganas de cachetear a Tomoka ¡claro que siempre la miraba con odio! Si Ryoma se la follaba cada vez que podía. Cubrió con sus manos su rostro tratando de no caer en el hoyo profundo pero ya era tarde, sus pensamientos la envolvían y aparecían desenfrenadamente como si de un huracán devastador se tratara. Recordó las palabras de Atobe
"Hasta cuando Echizen y sus amoríos ¿ésta es otra de sus perritas? ¿Hasta cuando con el proxeneta?" ¡Era un singón! ¡Un maldito gigoló adicto al sexo! Solo quería eso de ella seguramente pero ¿por qué? Si no era sexy, nunca lo había seducido ni nada por el estilo ¿Por qué ella? ¿Por qué la tuvo que besar aquel día tan inmoralmente? Y ¿por qué ella nunca supo preverlo? Desde el momento en que entablaron conversación, desde que trabajaron juntos ella debió haber sentido algo por parte de él pero no era el caso, Ryoma nunca le había dado a entender que la quería, sin importar con que intenciones, estaba confundida.
Abrió sus ojos, los sintió cansados y vio borroso, supo que los tenía llorosos. Respiró lentamente intentando disipar aquel sentimiento que tenía y pensar con mente fría, debía llegar a una conclusión para poder decidir que haría con su vida pero primero debía hacer algo muy primordial.
Quiero verlo
Tenía que verlo, necesitaba hacerlo solo una vez más antes de hacer cualquier otra cosa trascendental en su vida y preguntarle el por qué de sus acciones. Debía escuchar sus palabras claras y disolver cualquier luz de esperanza que tuviera con él, porque eso era lo peor de toda su situación…
Si se sentía como se sentía, mal, pesimista, rencorosa, celosa, molesta y hasta cierto punto rechazada era porque en algún lugar de su corazón había una luz que le decía "él te ama" porque como toda mujer tenía ese estúpido pensamiento, debía sacárselo, debía asegurarse que no era así y deshacerse de ello. Tenía que convencerse que aquello que sentía era un sentimiento momentáneo, lleno de anhelos ilusos, quizás hasta un capricho, un deseo imbécil que solo existía para complacerse a sí misma.
Lo odiaba…
En esos momentos tenía mucha rabia en su corazón y no con él, sino con ella misma.
Miró por cual estación iba, se sorprendió al ver que había hecho un viaje largo pues volvía a la estación donde ella se había montado, solo le quedaba esperar unas estaciones más. No iría a la empresa pues seguramente se formaría un escándalo, lo esperaría en la estación y lo encararía.
Nada podría salir mal, porque ya tenía expectativas de todo…
…
Salió del vagón y comenzó a caminar por el andén, fue entonces cuando su período robótico y de deambular acabó y comenzó a reflexionar sobre sus acciones: lo que había hecho, hacía y sus consecuencias futuras. Comenzando por el estúpido deseo de querer ayudar ¿Para qué había ayudado a la cocinera? La pobre no hubiera cometido errores, no la hubieran botado, su jefe no la habría mandado a cocinar, ¡nunca habría conocido aquel dichoso plato y nunca conseguiría a Tezuka! No estaría allí haciendo el ridículo, decidió irse varias veces del andén pero la incertidumbre y curiosidad la convencían de quedarse, se fue a una de las partes escondidas del andén, esas donde podía quedar invisible al lado de una escalera, estaba llena de vergüenza y debilidad
Esperó allí por más de una hora caminando de un lado a otro dudando en si quedarse o irse. Suspiró mirando hacia las escaleras, las cuales daban la entrada al anden y entonces sintió lo que juraba no sentiría más, su corazón salto acelerado y una enorme sonrisa se asomó en su rostro. Tapó su cara tratando de neutralizarse, no podía dejar que sentimientos así asaltarán su corazón era estúpida por dejarse llevar por sus emociones y alegrarse cuando debería odiarlo.
Pero no necesito mucho tiempo para deshacerse de aquella sonrisa, junto a él reconoció a una fémina. Él caminaba rápido y ella se arrinconó un poco para que nadie la viera, comenzó a tener un mal presentimiento y odiarse a si misma por tener tal terrible idea. La chica era Kurumi, la cual seguía a Ryoma casi corriendo, llamándolo a gritos desesperada.
Ella comenzó a negar con la cabeza y decidió irse, debía escapar de aquel lugar. Volteó a esperar el tren que la llevaría a su hogar y fue entonces cuando ambos aparecieron en su campo visual.
Mierda no…
No quería verlos, aquella presencia y aura que ambos tenían no le daban buena espina
— ¡Ryoma! -
Kurumi lo agarró por el brazo y él se volteó bruscamente para tomarla por los hombros y besarla de improvisto, acción que solo la sorprendió a ella. Su corazón había sido estrujado sin piedad alguna, había perdido todo el aliento, Kurumi cerró los ojos y correspondió el beso en el momento justo en el que llegó su tren.
Sonrió irónica, eso no le podía estar pasando a ella.
Entró dándoles la espalda. Se sentía estúpida, insultada, traicionada por el destino, insignificante, como esas personas a las que les sucedían mil y un malogros y a nadie le interesaba su vida. Maldición, no podía ser que aquella situación tan patética le hubiera pasado, no podía creer que su vida fuera tan mierda ni que el destino la odiara tanto como para azotar su corazón de aquella manera.
La rabia comenzó a albergar su corazón, la vida no podía ser tan injusta con ella. ¿¡Por qué carajos le tenía que pasar aquello?! ¿Por qué tuvo que ilusionarse como una adolescente como aquel hombre? Cayó en un gran vacío cuando descubrió la verdad, la misma que le había dicho Tezuka.
Seguía siendo una niña inocente…
Suspiró, reprimiendo sus lágrimas lo más que podía y respiró profundo. Se sentía tan terriblemente mal en esos momentos, no quería volver a ver más a ese ser. Nunca se había sentido tan idiota….
Cerró los ojos mientras retenía todo el dolor y rabia que sentía, el transcurso hacia su casa se le hizo corto mientras intentaba pensar que haría de ahora en adelante. Tomó la decisión valiente de volver a hablar con Tezuka, en el momento justo en el que estuviera preparada para rechazarle la oferta que él mantenía.
Por más terrible que se sintiera en aquel lugar debía ser fiel a sí misma y eso ameritaba no tener que escapar del país, no volvería a Alemania sólo porque – de nuevo – no tenía un futuro rentable en los próximos días. Decidió también buscar a Ann, necesitaba a una amiga cercana en aquellos momentos y quizás ella le pudiera encontrar un puesto con sus conocidos. No dejaría que nada la detuviera, ni siquiera su corazón partido…
Excepto aquella noche…y quizás las siguientes.
Llegó a su departamento y se tiró de bruces a la cama, abrazó sus almohadas y lloró cual niña pequeña, chillando desenfrenadamente, drenando todo el dolor que sentía…
Aquella noche fue la peor de todas…
...
N/A
Espero que al menos les haya gustado!
Gracias por sus reviews! RyoSaku-FanficChibi-Luci , a Tinavb y a Fireball28. También a daii91alm que a pesar que no hay reviews de verdad aprecio tus mensajes!. Sin ustedes no soy nada enserio muchas gracias!
Buen día/noche
