Formando equipos

~ ~ ~ Fitz Mcintosh- Distrito 3 ~ ~ ~

Beetee me ha levantado a las siete para que tenga tiempo de bañarme y de desayunar antes de empezar con nuestras lecciones de preparación.

Los mentores tienen básicamente dos roles dentro del gran sistema que son los Juegos del Hambre: el primero es preparar a los tributos y sus estrategias antes de entrar en la Arena. El segundo se da una vez que estemos dentro de ella e inclusive un poco antes de eso: deben conseguir y administrar los patrocinios.

La lógica dice que son los distritos que envían profesionales los que consiguen patrocinadores más rápido y según Beetee, este año no han sido una excepción. Ya se ha hecho público que los seis estarán juntos, lo cual no es precisamente una novedad, pero algunos años hay tributos que no congenian, de manera que no se unen los tres distritos. Este año parece que los seis han llegado a un acuerdo y alguien ha filtrado la información de que ellos han estado entrenando juntos ayer, así que según Beetee las apuestas han subido como espuma y los seis mentores ya tienen gente haciendo cola para entregar el dinero que se traducirá en medicinas, armas y comida en la Arena.

El problema es que las buenas noticias para los profesionales suelen ser malas noticias para todos los demás, pero Beetee y Pulvya parecen estar tranquilos. No es raro que nadie haya ofrecido patrocinarnos a nosotros aún, especialmente porque los del Tres no solemos ganar los Juegos. Después de los profesionales los más recurrentes como Vencedores son los Distritos Siete y Cinco, aunque tampoco tienen tantos. El que menos tiene es el Doce, en cincuenta y tres ediciones solo han conseguido sacar a dos Vencedores.

Nosotros tenemos cuatro.

-Buenos días, Fitz. ¿Pudiste descansar?- me pregunta Beetee amablemente cuando entro en el comedor mientras él lanza dos azucarillos dentro de su taza de café.

-Así es, gracias.

-Raven me ha dicho que quiere estar presente en la sesión de esta mañana. ¿Está bien eso para ti?

-¿Raven no está con Pulvya?

Beetee me sonríe con suavidad y se encoje de hombros.

-Parece que Raven no quiere tener mucha relación con Pulvya en los próximos dos días.

-Ella se lo pierde- dice Pulvya mientras entra en el comedor- Igual dependerá exclusivamente de mí en cuanto ponga un pie en la Arena, así que sería bueno que la princesa se bajara de su nube y tuviera más sentido común. Está siendo demasiado presuntuosa.

-Eso lo aprendí de ti- responde la aludida mientras se recarga en el marco de la puerta. Trae el cabello húmedo, colgando de su espalda y mojando la tela de su camiseta.

-¿Tú crees? – masculla Pulvya mientras empieza a untarle mermelada a una tostada.

-Estoy bastante segura- le responde la rubia mientras se sienta en el puesto de la mesa más alejado a ella, que es el que está justo a mi lado.- Ahora ¿por qué mejor no te largas y dejas que Fitz y yo podamos aprovechar la lección con Beetee?

Me sorprende la familiaridad y la falta de respeto con la que Raven trata a su mentora. Beetee se quita las gafas y las limpia con la servilleta de tela que aún no ha usado. Para mi sorpresa Pulvya se mete la tostada a la boca, toma otra, llena un vaso con jugo de naranja y sale del comedor con su botín.

La postura de Raven se relaja en cuanto Pulvya sale de la habitación. Se llena un plato de fruta y luego lo cubre con un derivado de la leche revuelto con fruta al que la gente del Capitolio llama yogurt. Había leído sobre esto, utilizan un tipo de bacteria llamado bacilo para prepararlo, pero no lo conocí hasta que llegué al Capitolio, no me gusta mucho su consistencia, es demasiado espesa. Raven termina de preparar su desayuno cubriendo todo con una generosa porción de granola, luego lo revuelve todo y, cuando acaba, se gira hacia nosotros.

-¿Ya habían empezado? ¿He llegado tarde? Estaba lista desde hace un buen rato, pero no quería cruzarme con Pulvya en el pasillo.

-Has llegado justo a tiempo, Raven- dice Beetee mientras se levanta y llena un cuenco con la misma mezcla que ha hecho la chica.

-Bien.

Me sorprende lo diferente que puede ser Raven. Ayer en el entrenamiento se mostró fría y distante con casi todo el mundo, pero aquí parece otra persona.

-Pues lo primero que necesito saber si tendré que ser mentor de ambos por el momento, es si tienen algún reparo en que el otro se entere de lo que pretenden hacer. Anoche dejaron muy en claro que no van a estar juntos en la Arena y sé que ambos ya tienen sus aliados. ¿Están completamente seguros de que no considerarían unir a los dos equipos?

Raven y yo nos miramos por un momento. Nuestras personalidades no coinciden mucho que digamos y sé que mis comentarios a veces la desesperan. He tratado de llevarlos al mínimo mientras estoy con ella, pero a veces es duro frenar los hábitos arraigados.

-No creo que Laure lo apruebe- dice mientras se encoje de hombros.

-Sí, Deberg no parece estar muy cómodo alrededor de mucha gente.

-Claro, porque termina matándolos.

Mi mano golpea uno de los recipientes y tira al suelo un montón de panecillos cuadrados, los típicos del Tres. No los recojo.

-Deberg no ha matado a nadie.

-Eso no fue lo que oí ayer- dice mientras se echa despreocupadamente el cabello húmedo hacia un lado-. He oído que causó la muerte de toda su familia e incluso de unos cuantos amigos. Y sin ir muy lejos, mira lo que ha hecho en el desfile a su compañera.

-¿Qué? ¿En serio Raven? ¿Cómo es posible que puedas ser tan crédula? ¿Realmente le das crédito a todo ese asunto de que es un espíritu y lo que sea? No hay ningún dato científico que le pueda dar crédito a semejante cantidad de tonterías.

Beetee no interviene en la discusión. Nos ve a uno y a otro sin decir palabra.

-¡Por supuesto que no!- dice resoplando- Creo que se encargó de hacer el trabajo y realmente supo encubrir todo muy bien. Yo siendo tú me andaría con cuidado, Fitz, no vaya a ser que su mala suerte te alcance también. – dicho eso se levanta y se dirige a Beetee- He decidido que será mejor que sí mantengamos en secreto de lo que haremos. Son casi las ocho. Te veré en una hora, Beetee.

Raven toma el cuenco con su fruta con ambas manos y sale, con dignidad, por la puerta.

-Bueno, bueno, bueno. Eso ha sido interesante. ¿No crees, muchacho?

Lo miro sin entender.

-La primera lección que aprenderás de mí es cómo explotar el potencial de lo que tienes a mano. Si ese chico provoca tanto temor en los otros tributos, yo no me apresuraría a quitarle mérito a su… talento sobrenatural.

-Pero…

-Yo también dudo mucho que realmente tenga una maldición encima, pero con algo de suerte los otros chicos no son tan listos como tú.

Oficialmente me he perdido.

-Así que si los demás prefieren evitarte a ti y a tu aliado durante los Juegos por temor a sucumbir a su mala suerte ¿no crees que podrías aprovecharte de eso?

~ ~ ~ Saimon Keane- Distrito 6 ~ ~ ~

Kates me regañó después del desfile porque fui malo. Me porté muy mal tirando del cabello de la chica que estaba tratando de ayudarme. Me regañó más cuando se dio cuenta de que había guardado bajo mi almohada el mechón de cabello del fuego que no quema. Lo tiró por el sanitario y yo solo me sorprendí porque, aún mojado, seguía ardiendo.

Kates me ha dicho que habló con mamá y que ella se puso a llorar porque yo había sido malo, pero que me enviado un abrazo, que Kates no me ha dado, y me pidió que me portara bien. Así que he tratado de ser bueno desde entonces. Mi mentor me dijo que si no quería ser bueno, al menos no me metiera en problemas. Le he dicho que podía hacer eso. Por eso he evitado a la chica con cabello de fuego que anda por ahí lanzando cuchillos y riéndose.

Se llama Gianni, me lo ha dicho Kiara cuando hemos subido en el ascensor. Gianni me da miedo, porque tiene un cabello rojo que me dan ganas de tocar con la mano para no quemarme, pero sé que si lo hago haré que Kates se enfade y que luego mamá llore. Yo he llorado mucho, porque me sentí triste cuando supo que había hecho a mamá llorar. Así que cuando me he levantado para el primer día de entrenamiento tenía los ojos hinchados y rojos. Me he vestido con la ropa que Kates me ha dado y luego he ido a desayunar.

Cuando entré al comedor me encontré con Rail, la mujer a la que Kiara hizo llorar el primer día. Ella me ha dado una bebida que ella misma ha preparado. Me ha hecho sentir más tranquilo. Hizo que dejara de pensar en abejas y en fuego, pero también me ha dado mucho sueño. Tanto sueño, que tuve ganas de echarme a dormir en cualquier parte, pero entonces vi a la chica con el cabello dorado. Parecía la llama de una vela: suave y cálida. He querido tocarlo, así que me he acercado a ella. Por un momento pensé que ella lloraría o gritaría, pero me ha dejado tocar su cabello y llevármelo al rostro. Ella huele a fresas y a vainilla, como un postre.

Su cabello es de un color distinto al de Kiara, que es más oscuro y rizado. El cabello de Kiara no me gusta. El de la otra chica, la de las estrellas de plata, es más bonito. Sus cabellos son hilos dorados de un fuego que no queman mis dedos, pero que despiertan una sensación muy cálida en mi interior, como si la llama creciera dentro de mí. No he tirado de su cabello. La he soltado y me he apartado, pero no mucho, porque cuando estoy a su alrededor la niebla que me envolvió después de beberme lo que Rail me ha dado ha desaparecido.

Además, anoche Kates me felicitó porque le dijeron que no había causado problemas. Así que he decidido que Gianni me da miedo, porque podría hacer que me metiera en problemas, pero la otra chica, la del cabello dorado me agrada. Ella me hace sentir tranquilo.

Kiara está dando pequeños saltitos sobre sus pies mientras esperamos a que el ascensor se abra para que nos lleve hasta el piso en el que vamos a ir a aprender nuevas cosas. Ayer me divertí mucho, después de tocar su cabello he ido a un puesto donde un hombre me ha enseñado como hacer fogatas sin usar cerillos. Ahora puedo encender el fuego usando solo palos, ramas y rocas. Lo curioso es que no he sentido ganas de prenderle llamas a nada. Cuando tuve dominada la nueva técnica apagué las llamas echándole tierra encima como él me ha enseñado y luego me he ido a ver a la chica de nuevo. Ella ha notado que yo la estoy viendo, pero no me ha dicho nada ni se ha puesto a llorar, así que me quedo cerca, pero no tan cerca cómo me gustaría.

Las puertas del ascensor se abren y Kates nos empuja adentro. Él me recuerda que debo ser bueno, que no debo meterme en problemas. Le digo que sí, las puertas se cierran y Kates desaparece.

Veo la oportunidad y la tomo. Necesito hablar con Kiara. Me esfuerzo por escaparme de la niebla.

-¿Kiara?

Ella se voltea, extrañada de que la llame por su nombre. Nunca lo he hecho. De hecho nunca le he hablado, siempre es ella quien me habla a mí, aunque no me habla mucho. Ella prefiere hablar con Kates sobre un chico con el que ha estado entrenando. Se llama Ayrtron y ella dice que es muy fuerte. Kiara parece contenta, así que decido que Ayrtron me agrada también.

-¿Sí, Saimon?

-¿Puedo hacerte una pregunta?

Ella parpadea tres veces y se muerde el labio antes de asentir.

-¿Sabes cómo se llama la chica con el cabello como una llama?

-¿Cómo una llama? ¿Hablas de Gianni?- pregunta confusa.

-No- le digo mientras niego con la cabeza-. Como la llama de una vela.

Ella se lo piensa por un segundo.

-¿Rubia entonces? ¿Cómo yo?

-No, no como tú- le digo negando de nuevo con la cabeza- Su cabello es más bonito.

-¡Vaya! ¡Gracias!- hace una mueca y tengo miedo de que se ponga a llorar, pero entonces ella se ríe.- Pues hay muchas rubias, Sai. ¿A cuál estarás buscando?

Me gusta que me llame Sai. Caddie solía decirme Sai.

-Ayer estuvo lanzando unas estrellas plateadas.

-¡Oh! Entonces estás hablando de Raven.

-Raven- el nombre se desliza por mi lengua y casi siento como mis labios lo acarician.- Raven.

-Ajá. Es la chica del Tres. ¿La has visto lanzar? Es muy buena. Le he preguntado a Kates anoche como logró ser tan buena con un arma tan rara. Me ha dicho que seguro ha conseguido que alguien la entrene a escondidas. ¿Te imaginas?

-Raven tiene un pelo muy bonito.

Ella se echa a reír.

-Bueno, pareces ser un tipo de ideas fijas ¿eh?

El ascensor se abre y los dos entramos en la sala. Busco a mí alrededor pero no logro encontrar a Raven en ninguna parte. En cuanto me cercioro de ello dejo que la niebla vuelva a llenar mi cabeza.

-Aún no han bajado. Pero es temprano.- la voz de Kiara me llega de muy lejos- Seguro que llega en cualquier momento.

Kiara saluda a un chico con cabello rubio agitando la mano.

-Ese es Ayrtron. Iré con él. Hazle caso a Kates y sé un buen chico. No te metas en problemas, ya tendremos muchos cuando entremos a la Arena. ¿De acuerdo?

No le respondo y ella me mira preocupada. La niebla me abraza y empiezo a sentir sueño. En ese momento se abren las puertas del ascensor y la veo a ella. A Raven. Y la niebla se dispersa gracias a un rayo de luz. Como el sol saliendo de entre las nubes.

~ ~ ~ Tre Terrel- Distrito 7 ~ ~ ~

-¿Ya te sientes mejor?- pregunta por quinta vez Aristta desde que llegamos al centro de entrenamiento.

-Estoy bien- repito- sólo algo cansado.

Ella toca con un dedo las ojeras violáceas que han vuelto a oscurecerse bajo mis ojos.

-Deberías hablar con Olive o Cypress, tal vez podrían darte algo para dormir.

Estudio su rostro y veo que ella también tiene ojeras. No es de extrañar. Estuvo tres veces anoche ante mi puerta, demasiado preocupada por los gritos que soltaba en mis pesadillas como para poder conciliar el sueño.

-Lo siento. Tampoco pudiste dormir por mi culpa.

-Estoy bien. Pero de verdad creo que deberías hacer algo, Tre. No te escuché gritar en el tren, pero no has dormido nada la noche del desfile y creo que anoche tampoco pudiste descansar.

-Estoy bien- le digo con una sonrisa, porque es lo que yo hago. Sonrío aunque esté hecho pedazos por dentro, porque no está bien que los demás se preocupen por mí, no lo merezco…

"Porque es mi culpa"

-Tal vez si hablaras con alguien al respecto, entonces te sentirías mejor. ¿Qué es lo que te ha pasado?

-De verdad no quiero hablar sobre ello. Estoy bien. Prometo pedirle algo a Cy cuando volvamos en la tarde.

-No podemos darnos el lujo de que estés agotado en la Arena.- me dice muy seria.

-Tal vez nuestro patrocinador misterioso pueda mandarme una taza de café cuando estemos dentro.

La frase tiene el efecto esperado, el rostro y cuello de Aristta se ponen rojos como una amapola.

-Tal vez, pero la comida y las medicinas serían más útiles ¿no crees?

-Hablando de nuestro patrocinador ¿quién crees que sea?

Su sonrojo se vuelve más profundo con cada palabra. Sé que ella sí sabe de quién se trata, pero por algún motivo no ha querido decir una palabra.

-¿No te parece raro que hayamos conseguido patrocinadores tan pronto?

-¿Te molesta?

-Pues no- admito- Pero creo que es muy raro. Es decir, puede que los dos seamos increíbles en la Arena, pero también podríamos ser pésimos. ¿Cómo fue que decidió patrocinarnos?

-Tal vez es un tipo con una fijación por el Siete. O tal vez le gustamos en el desfile.

-O tal vez conoce a alguno de nosotros. - su sonrojo reaparece y sé que he dado en el clavo.- ¿Por qué no quieres decirme quien nos patrocina?

-¿Por qué es tan importante para ti saberlo? ¿No te basta con saber que nos patrocinará y ya?

-Ah, pero ese es el otro punto. Olive entró diciendo que te patrocinaría a ti.

-Pero somos parte del mismo paquete. Estamos juntos en esto ¿no?
-Sí. Y es precisamente por eso que no entiendo que no quieras decirme quién es. ¡No deberíamos tener secretos el uno del otro!

-De acuerdo, te contaré quien es nuestro patrocinador si tú me dices porque no dejas de gritar por las noches ¿Hecho?

La propuesta me deja helado por un momento, mi pecho sube y baja rápidamente en una respiración superficial que amenaza con ahogarme.

-No sé de qué hablas.

Ella me mira por dos segundos y luego suspira.

-Sálix era algo así como mi novio hasta hace unos meses. Lo manteníamos en secreto, en teoría porque yo no tenía permiso de tener ese tipo de… relación. Es hijo de unos importantes comerciantes del Capitolio, heredó el negocio familiar cuando cumplió la mayoría de edad.

Me quedo mirándola, con la boca abierta, sorprendido de que haya decidido abrirse conmigo.

-Me acompañó a casa una tarde después del trabajo y… me besó. Las cosas se dieron de manera natural después de eso. El siempre encontraba excusas para pasar tiempo conmigo y yo lo adoraba. -Su voz se quiebra cuando llega a esa parte. Ella toma aire y mira hacia arriba, como si estuviera obligando a las lágrimas a que volvieran a su interior. Cuando logra volver a hablar, su voz es dura. -Una tarde no apareció en la entrada, el lugar en que siempre nos encontrábamos para que me acompañara a casa. Creo que pasaron como treinta minutos hasta que me convencí de que algo muy malo debía haberle pasado. Durante las semanas que habíamos estado juntos no había habido una sola ocasión en que él hubiera llegado tarde. Recuerdo que el corazón empezó a latirme muy rápido cuando comencé a correr hacia la oficina que él tenía al otro lado de la cuadra. Intenté abrir la puerta, pero había echado el pestillo y yo tampoco lograba recordar una sola ocasión en que eso hubiera sucedido antes.

Sus ojos están fijos en mi cara, pero sé que no me está viendo en lo absoluto. Su mirada está en alguna parte del pasado.

-Las manos me temblaban como locas cuando intenté convertirlas en un puño para tocar la puerta. Al final terminé golpeándola con la palma de la mano…. y me pareció curioso que la puerta fuera de metal y no de madera… La toqué cuatro veces antes de que se abriera…- hace una pausa y debe tomar aire de nuevo para seguir hablando- No sé qué era lo que esperaba encontrar ¿a Sálix desangrándose en el suelo? ¿Él llorando en el teléfono ante alguna terrible noticia que le había llegado desde el Capitolio? Ciertamente no esperaba encontrar a la hermosa rubia que me abrió la puerta– ella suelta una risa amarga-. Se llama Emylett. Tiene diecinueve años y se presentó a sí misma como su prometida.

Ella guarda silencio por unos segundos. Su mirada deja de ser vidriosa y me da una triste sonrisa.

-No recuerdo muy bien lo que pasó después de eso. Para cuando me di cuenta estaba en casa, llorando en mi habitación… lloré mucho esa noche. Sálix fue a buscarme al día siguiente. Me dijo que lo sentía y que había querido contármelo, pero que las cosas eran complicadas. Que el matrimonio había sido concertado cuando él tenía ocho años. La chica era hija del dueño de la competencia directa del padre de Sálix y habían planeado todo para que cuando ellos dos se casaran se convirtieran en socios en lugar de en rivales. Él había estado bien con eso hasta que me conoció a mí, o al menos eso fue lo que me dijo.

-¿Y entonces… se acabó? ¿No le dijiste nada más?

-Lo golpee. Un par de veces, en realidad. Le dije que era un cobarde y que no debió jugar con mis sentimientos si sabía que no podía corresponderme.

-¿Y qué te dijo?

Su voz se vuelve afilada.

-Me dijo que me quería. Pero que lamentablemente eso no hacía la diferencia.

-Vaya… que cretino.

-Lloré mucho ese día también… y los días siguientes. Hasta que un día desperté y ya no me quedaban lágrimas. Aprendí a vivir con ello. No lo olvidé, pero logré sobreponerme.

-¿Por qué me estás contando todo esto?

Aristta me dedica una triste sonrisa.

-Tú querías saber quién es nuestro patrocinador- se encoje de hombros-. Es él.

La observo en silencio por unos segundos y me decido:

-Bueno. No es una historia tan mala. ¿Quieres saber mi secreto? Yo maté a mi padre.

~ ~ ~ Gessa (Zamarat) Larkeen- Distrito 1 ~ ~ ~

Emeraude, mi mentora, estaba bastante satisfecha con mi desempeño en los entrenamientos de ayer. Al parecer el instructor del puesto de materiales de construcción y otras herramientas catalogó mi partición como "mortífera, atemorizante y precisa"; cosas aparentemente buenas en este contexto. La verdad fue casi un golpe de suerte el haber encontrado los picos en este lugar.

Papá solía llevarme a las minas en las etapas tempranas de lo que yo llamo "la preferencia de mamá por Gessa", lo cual fue más o menos cuando cumplimos nueve años y mi hermana empezó oficialmente su entrenamiento. En un principio mamá empezó entrenándonos a ambas, pero Gessa siempre fue una persona de gustos unidireccionales mientras que yo solía enfocarme en varias cosas a la vez. El resultado fue que después de dos meses de entrenamiento mamá decidió que yo no era material de vencedora y que por lo tanto no iba a desperdiciar su tiempo conmigo cuando podría dedicárselo a Gessa.

Así que a ella la matricularon en la academia y papá empezó a llevarme con él a su trabajo.

La demostración de ayer fue básicamente una representación de cómo controlaba mi descontento ante la clara diferenciación que hacía mi madre entre mi hermana y yo: en resumen me internaba en las minas y destrozaba todo lo que podía imaginando el rostro de mi hermana, mi rostro, en cada pedrusco.

No es que me queje, al parecer esa distracción se ha convertido el día de hoy en lo que bien podría ser la diferencia entre la vida y la muerte para mí. Si por mí fuera podría dedicar los tres días que dura el entrenamiento a proyectar mi resentimiento hacia mi madre y hermana destrozando maniquíes, pero Emeraude dice que debo diversificarme, así que aquí estoy, parada frente al puesto de los cuchillos.

Al principio me mostré odiosa y prepotente con ella, aún y cuando sabía que solo estaba buscando lo mejor para mí. Sin embargo, desde que Alexandrite me descubrió, he decidido empezar a pasar cada una de mis acciones por el filtro QHG: ¿Qué haría Gessa? Así que me he comportado como una idiota durante los últimos dos días, a pesar de que eso sea un pase seguro para una muerte dolorosa: provocar a un chico rudo y sediento de sangre como Zadlen no es valiente, es suicida, pero necesito que la gente me respete y actuar como mi hermana parece un buen modo de lograrlo.

Especializarse en una sola arma puede ser un problema cuando no tienes la garantía de que podrás encontrarla en la Arena. Los cuchillos son una apuesta ganadora. Gessa se especializó en esgrima y lanzamiento de cuchillos, dos armas que mamá sabía encontraría en la Cornucopia. Ni soñar con aprender a emplear una espada en dos días, pero sé algunas cosas sobre cuchillos, pues de algo me ha valido utilizar a escondidas los blancos de Gessa imaginando su rostro en cada uno de ellos, así que decido meterme en ello.

El instructor sonríe ampliamente cuando me ve parada frente a la amplia selección de cuchillos, pero no se adelanta a ofrecerme su ayuda. Asume que soy autosuficiente, como todos los profesionales. Tomo un cuchillo delgado y afilado, pero cuando lo siento entre mis dedos noto la falta de equilibrio entre el mango y la hoja, así que lo cambio, frunciendo el ceño en el proceso. El instructor sonríe. Elijo uno de tamaño mediano, con un mango recubierto de cuero. Su centro de gravedad está justo en el medio. Me paro en una de las marcas, a unos cinco metros de la diana. Mi hombro sube con el cuchillo en alto entre mis dedos. Apunto y logro que la punta se clave en el anillo blanco que rodea el centro.

-No pasa nada- interviene rápidamente el instructor- Te he visto machacar unos cuantos muñecos ayer. El pico es tu arma primaria, así que seguro estás algo fuera de práctica con los cuchillos.

Tiene razón, no ha sido perfecto, pero es un inicio. Arrojo otros cuatro hasta que el quinto se clava en el centro negro. Sonrío y el instructor aplaude.

-Eso ha estado mucho mejor. Voy a mostrarte algo que seguro te encanta, tus amigas lo han utilizado ayer y les ha ido muy bien.

Mis amigas… seguro que habla de Gianni y Charlotte, pero yo no iría tan lejos. Puede que ellas se lleven bien una con la otra, pero tengo en claro que no he venido aquí a hacer amigos. El instructor aprieta un botón y activa alguna clase de mecanismo en el piso. Los blancos, que hasta ahora habían sido estáticos, comienzan a oscilar de un lado a otro, ganando velocidad hasta que el círculo central en cada uno de ellos se convierte en un borrón negro. Trago con dificultad y tomo otro cuchillo con la mano.

¡Demonios! Nunca he utilizado objetivos móviles...

Intento fijar la vista en los círculos negros, pero cuando arrojo el cuchillo este pasa justo al lado de la que debe ser la cabeza del blanco. Si mi objetivo hubiera sido arrancarle a alguien la oreja habría estado bien, pero tomando en cuenta que aquí todos creen que soy una maldita profesional, como mi hermana, el intento resulta francamente trágico.

-Lo estás haciendo mal- dice una voz profunda, muy cerca de mi oído.

Doy un respingo y me aparto. La cercanía resulta tan sorpresiva que sé que he dejado, solo por un momento, que la careta de Gessa salga despedida de mi cuerpo.

Reconozco su voz a pesar de que solo lo he escuchado hablar una vez, justo ayer. La rapidez con que saltó hacia adelante para resguardarme después del encuentro verbal que tuve con Zadlen ha sido, como mínimo, desconcertante, casi tanto como encontrarlo aquí, aparentemente observándome, aunque ciertamente he estado tan ocupada en fingir que soy mi hermana que no he reparado mucho en lo que pasa a mi alrededor.

-Vaya, gracias por la observación.- le digo mientras lo fulmino con la mirada de una manera que habría hecho que mi hermana se sintiera orgullosa.

Ante mi sorpresa él no retrocede ni se excusa. Se encoje de hombros y se lleva una mano a la nuca, despeinándose.

-Es la verdad. Estás tratando de fijar el objetivo, pero funciona diferente cuando el blanco se mueve.- su observación reactiva un triste recuerdo de mi infancia. Hago una mueca de dolor y su mirada, de un mezcla extraña entre verde y gris, toma nota de ello. Me obligo a mi misma a mantener mis expresiones bajo control.

-Te enseñaré- dice mientras me hace girar para encarar de nuevo los objetivos. Me pasa un cuchillo y pone su mano sobre mi hombro.

¿Qué está haciendo?

Mi corazón se acelera dentro de mi pecho, latiendo dolorosamente contra mis costillas y soy curiosamente consciente de la posición que ocupa cada uno de sus dedos sobre mi hombro izquierdo. Su mano, grande y delgada, se envuelve alrededor de la mía, la que sostiene el cuchillo.

-Tienes que anticipar la posición que ocupará el blanco cuando el cuchillo llegue a él, no calcularla con respecto a la que tiene cuando lo lanzas- su aliento se siente cálido contra mi mejilla.- Observa la velocidad a la que se mueven. Calcula el movimiento con respecto al peso del cuchillo- continúa él y cada palabra envía un cosquilleo sobre mi piel- ¿Cuánto crees que tardará en llegar hasta ahí?

Su mano empuja la mía hacia adelante y libera su agarre un segundo antes de que yo deje que el cuchillo salga disparado hacia adelante, donde se clava en el centro de la diana.

La emoción resulta aplastante y antes de darme cuenta estoy saltando, de la manera en que Zamarat lo haría. Resulta natural que mis brazos se envuelvan alrededor de su cuello, se siente… correcto. Pero cuando siento los músculos de su espalda tensarse bajo mis dedos me doy cuenta de algo: esto definitivamente no es lo que haría Gessa. Me aparto, como si me hubiera dado un empujón y su mirada busca ansiosa la mía.

Él se adelanta un paso:

-Escucha… yo…- empieza a decir él, pero en ese momento aparece Zadlen.

~ ~ ~ Ayrtron Ritchet- Distrito 5

Entrenar con Kiara ha resultado más divertido de lo que habría esperado de las actividades previas a los Juegos.

Siempre parece estar enterada de todos los detalles de los otros tributos, como el hecho de que la chica del Nueve le tiene pánico a su compañero porque aparentemente estuvo involucrado en una serie de muertes inexplicables en su distrito. Según Kiara, él es un asesino despiadado que ha logrado encubrirse bastante bien, así que no han podido comprobarlo y por eso seguía suelto hasta que salió elegido para los Juegos. Yo no iría tan lejos como para afirmar que él mató a toda su familia, pero a juzgar por la reacción de los otros habitantes del Nueve cuando él salió elegido, todos estaban más que felices por el hecho de que muy posiblemente se muera en los próximos días.

También ha hablado de la chica del Cuatro, que aparentemente es una modelo de trajes de baño y cosméticos sumamente popular en el Capitolio. Al parecer nuestros anfitriones no están muy felices de que ella se haya metido a los Juegos, pero supongo que la chica es lista y sabe que tendrá garantizados un montón de patrocinadores para cuando entre, lo que sin duda le dará la ventaja..

No tengo idea de cómo consigue esa información, pero sin duda hace que los entrenamientos sean más entretenidos. Hemos dejado de lado la lucha cuerpo a cuerpo, aunque seguramente será lo que ambos mostremos mañana frente a los Vigilantes, porque necesitamos adquirir otros conocimientos, ninguno de los dos sabe mucho sobre la vida al aire libre así que estamos metidos en el puesto para aprender a hacer fogatas.

La observo mientras ella toma una rama y empieza a hacerla girar entre sus manos, friccionándola contra un matojo de ramitas y hojas secas, intentando hacer una chispa que las encienda. Es mona, con sus ojos azules, su piel blanca y las pecas que le cubren el puente de la nariz. Siempre me he pasado más tiempo intentando molestar a mis padres y metiéndome en peleas que interesándome en chicas y tampoco tengo intenciones de empezar ahora. Puede que no sea precisamente la persona más centrada del mundo, pero un interés romántico no es precisamente lo que necesito en este momento. Sólo uno sale con vida y pretendo ser yo. No importa que tan fuerte sea mi alianza con Kiara, debo recordarme a mí mismo que si ella gana es porque yo estoy muerto.

-Mira eso- dice mientras señala algo con el dedo. Sigo su dirección y me encuentro con que alguien por fin ha decidido utilizar la gran pared de escalar que han colocado al fondo de la sala. Es la chica del Ocho, si no me equivoco.

-Oí que golpeó a su estilista después de que le cambió el color del cabello antes del desfile- me confía Kiara por lo bajo mientras observo como la chica escucha atentamente las instrucciones del instructor. – Su escolta le contó al mío que a la chica la habían nombrado con base al color de su cabello. ¿Te imaginas? Aparentemente no se tomó muy bien que le hayan tintado el pelo.

El instructor se aparta de la chica, para darle espacio para que empiece a ascender por el muro. Está hecho de cemento y mide unos cinco metros de alto. Está hecha para que podamos practicar como escalar árboles, paredes y rocas. Así que asumo que la Arena será al aire libre.

Cuando yo tenía unos diez u once años, antes de ser elegible, recuerdo una que era en interiores. Era un edificio de quince plantas, con puertas que no llevaban a ninguna parte, trampillas en el suelo que te hacían caer cinco pisos, lo cual no siempre te mataba, pero te fracturaba las piernas, lo cual te convertía en carroña para profesionales. También tenían una gran variedad de mutos insecto que se escondían en los rincones y que picaban a los tributos, que un rato más tarde aparecían cubiertos de pústulas asquerosas o con los rostros tan hinchados que resultaban casi irreconocibles. La mayoría murieron por las trampas en la Arena, no fueron los Juegos más populares de la vida…

La chica se acerca a la pared y la toca con la mano, la veo estirarse para encontrar algún asidero en la roca. Se impulsa hacia arriba y empieza a trepar.

-¿No te parece raro que no le den equipo de protección? Arneses o algo así…-murmura Kiara mientras observa a la chica mordiéndose el labio.

-No los tendremos cuando comiencen los Juegos. Supongo que quieren jugar con su instinto de supervivencia. Si sabe que puede quebrarse el cuello si se cae, seguro que tiene más cuidado al sujetarse. Además han puesto colchonetas en el suelo.

La chica es buena. Tiene una agilidad que no adivinarías nunca a partir de su físico curvilíneo.

-¿Quieres ver más de cerca?

-¿En qué estás pensando?

-Luce fuerte. Y si lo que he oído sobre ella es cierto, parece que es bastante decidida. Podría ser una buena aliada-dice mientras se inclina hacia adelante y continúa frotando la rama.

Observo a la chica encontrar asideros imposibles en la roca y empezar a subir en la pared. Un metro, dos, tres… llega hasta arriba y toca la campana que cuelga del techo. A mí alrededor veo como otros tributos se han girado para verla.

-Deberíamos hacerlo ahora- le susurro a Kiara y ella sonríe.

Cuando la chica desciende de la pared, nos encuentra a ambos esperándola.

-¿Si?- pregunta con cautela mientras echa a un lado su larga cola de caballo multicolor.

-Ayrtron y yo te hemos visto escalar eso- dice señalando la alta pared con el pulgar- ¡Eres muy buena! ¿Solías hacer algo como eso en casa?

La chica la mira con el ceño ligeramente fruncido, sin saber a dónde quiere llegar mi aliada.

-En realidad no.

-Tienes un equilibrio increíble.- apunto yo.

-Oh…Eso. Pues supongo que eso es algo que sí practicaba en mi distrito. –sus ojos se humedecen y ella los seca con impaciencia.

-Yo también extraño mi casa- apunta Kiara, jugando con la carta de la empatía- Extraño a mi padre, a mi abuela y a mis amigas.

La chica le da una débil sonrisa.

-Yo también extraño a papá y a mis hermanos… mis amigos…

Ambas se voltean a verme, como esperando a que yo me eche a llorar y confiese lo mucho que extraño a mi familia. Seeeh… eso no va a pasar…

-Extraño a mis amigos- es lo único que digo.

-Tu no… ¿no tenías familia?- pregunta la chica.

-Supongo que sí, sí la tenía. Es decir, tenía a mis padres y una hermana.- pienso en la idiota de April y frunzo el ceño.

-¿Y no los extrañas?

-Cómo te digo, extraño a mis amigos. ¿Vienes con nosotros o no?

Ella nos echa un vistazo a los dos y al final asiente.

-Vale.

~ ~ ~ Zadlen Rome- Distrito 4 ~ ~ ~

Mi cuerpo está cubierto por una ligera capa de sudor, producto del entrenamiento matutino.

Se siente bien utilizar los músculos. Ayer me pasé la mayor parte del día utilizando los tridentes, pero Crees me ha mandado a diversificarme después de ver el reporte del día uno, de manera que he utilizado la mañana para ponerme al día con los arpones y tengo planeado usar la tarde para estrechar lazos con mis compañeros de alianza.

Ayer no fue un día particularmente bueno para mi propuesta, había pasado la mayor parte de la noche viendo, de manera bastante vívida, los detalles del incidente en que perdí a mi padre y mi pierna, en mis pesadillas, de manera que para el desayuno y las primeras horas de entrenamiento mis escudos estaban arriba y de alguna manera acabé pagándola con los otros profesionales.

Por lo general reacciono ante mis recuerdos del trauma suavizándolos con humor, pero cuando desperté estaba tan afectado que terminé recurriendo al último recurso: la violencia y la ira. Por más que me fastidie admitirlo la movida ante los otros profesionales no fue inteligente y definitivamente no me vi venir la actitud de la chica del Uno, que saltó ante mis palabras como un resorte. Lo que Gianni dijo activó mis instintos y me hizo reconocer el error, tal vez unos segundos demasiado tarde, pero al menos se selló el pacto entre los seis tributos de distritos profesionales y ahora estamos los seis en el mismo barco.

Crees me ha dicho que a veces los planes cambian sobre la marcha, pero que no está bien visto que un tributo abandone a su alianza después de que los demás te han visto aceptarla, así que está fuera de toda discusión el retirarme. De cualquier manera el día uno trajo agradables sorpresas. A pesar de que ninguno de ellos llega a mi nivel, he visto entrenar a cuatro de ellos y no lo hacen tan mal.

La chica rubia del Dos era la que generaba más dudas, especialmente porque fue Cosechada, y por lo tanto es la única de los seis que está aquí por casualidad y no por decisión, sin embargo la vi arrojando cuchillos junto con Gianni y es precisa y rápida. Alexandrite acaparó el puesto de las dagas durante casi todo el día y logró derrotar con relativa facilidad al instructor y la chica problema del Uno, Gessa, se encargó de reducir a pedazos a unos cuantos objetivos, así que tal vez si se sintió genuinamente ofendida cuando la catalogué como un potencial estorbo.

Al único al que aún no he visto en acción ha sido al chico del Dos, posiblemente porque se pasó andado de un lado para otro sin entrar a ningún puesto en especial. No lo descarto, porque posiblemente estaba haciendo lo mismo que yo, sopesando a la competencia. Sin embargo no creo que sea un gran problema, puede que esté entrenado, pero es más bajo y ligero que Alexandrite y yo, así que a menos que logre un ataque a distancia, no podrá con nosotros.

En el Capitolio tienen dos tipos de arpones, el manual y el de aire comprimido. Crees me ha dicho que me enfoque en el manual porque es más probable que logre encontrarlo en la Cornucopia y como tiene algunos años de experiencia siendo mentor, he preferido hacerle caso. El arma se siente bien en mi mano, como una extensión natural. Resulta fácil tomarla entre mis dedos y arrojarla contra los objetivos, pero el tridente sigue siendo mi favorito.

Gianni aprovechó mi cambio de arma y estuvo entrenando un par de horas con los tridentes. Se le da bien, aunque nuestras técnicas son diferentes. Yo prefiero usarla como arma de contacto mientras que ella los arroja. El hecho de que ambos nos hayamos especializado en la misma arma podría llegar a ser un problema si resulta que los tridentes son armas limitadas en la Arena, pero siempre puedo llegar antes que ella a la Cornucopia.

-Es hora de ir a comer- señala el instructor mientras señala el reloj en la pared.

Le devuelvo el arpón sin dar las gracias y busco a mi alianza con la mirada. Los encuentro con facilidad: Gianni y Charlotte están a un par de puestos a mi derecha, riendo entre un montón de arcos y diferentes tipos de flechas. A pesar de tener personalidades bastante distintas parecen haber congeniado con facilidad. A su lado, con una guadaña en la mano veo al chico del Nueve, el que tuvo que acabar solo el desfile. Alexandrite continúa practicando con las dagas, en el quinto puesto a mi derecha; mientras que a mí izquierda, tres puestos más allá, encuentro a Gessa y a Ahren. Frunzo el ceño ante la inusual postura en la que están. Él está de pie, tras ella, tiene su mano izquierda apoyada en su hombro mientras con la otra mano envuelve la suya, una mano que sujeta un afilado cuchillo.

El susurra algo a su oído y ella permanece muy quieta. Cuando avanzo hacia ellos veo que ella se está mordiendo el labio inferior y tiene una mirada de completa concentración. La mano de él guía la suya y la suelta en el último segundo, justo antes de que ella afloje su agarre sobre el cuchillo y lo deje ir. El arma se clava en el centro de una de las dianas de los objetivos móviles.

La chica da un salto de júbilo y suelta una carcajada, se gira y rodea el cuello de él con sus delgados brazos, sólo por un segundo. Él se congela y luego la mirada de Gessa se endurece como si hubiera recordado algo de golpe y se parta de él como si la hubiera quemado.

El intercambio es casi gracioso, exceptuando el hecho de que parecen estarse formando subgrupos dentro de la alianza profesional. Primero Gianni y Charlotte y ahora estos dos, aunque a juzgar por la postura rígida de la chica no parece algo de lo que tenga que preocuparme. Pero eso me dice que tengo dos opciones: o disuelvo cuanto antes esa relación, aún frágil, o encuentro la manera de garantizarme la lealtad de Alexandrite si no quiero estar en desventaja.

Ahren se inclina hacia adelante y le dice algo a ella con gesto grave y entonces yo aprovecho para hacer mi entrada:

-¡Hola! ¿Vamos a almorzar?

La reacción de ella es casi exagerada, salta como si la hubiera pillado en medio de una travesura, pero se controla rápidamente y asiente. Apoyo mi mano, con los dedos separados, en su espalda y la empujo ligeramente hacia adelante, instándola a avanzar. Ella echa a andar hacia los ascensores. Ahren pasa a mi lado, cerca, pero sin tocarme, siento su mirada sobre mi rostro, sus ojos se clavan en los míos y veo un músculo saltar en su mandíbula.

-¿Qué?- le digo con una sonrisa- ¿Pasa algo?

Él respira hondo hasta que logra controlar su expresión.

-No. No pasa nada.

~ ~ ~ Deberg Pesyn- Distrito 9 ~ ~ ~

Las guadañas están alineadas en uno de los anaqueles. Hay de diferentes tamaños. Algunas tienen hojas curvas, otras son más angulares, con forma de escuadra.

Mi mano se cierra sobre el mango metálico de una de ellas. Debe medir un metro y medio de largo y es considerablemente más pesada que las que tenemos en casa. La tomo con las dos manos y dejo que mis músculos se adapten al peso del arma. Nunca pensé mucho en la posibilidad de venir a los Juegos, sin embargo es bueno ver que las típicas herramientas que usamos en casa puedan servir para algo como esto.

Catrinna está en el puesto de primeros auxilios con el chico del Ocho y la chica del Doce. Me alegra ver que ha conseguido una alianza que le pueda brindar cierta protección, especialmente por el hecho de que aún y cuando su brazo está sanando rápido y bien, se encuentra en cierta desventaja, al menos para aprovechar los entrenamientos.

Fitz está cuatro puestos a mi derecha, examinando una serie de pequeñas armas: dardos y cerbatanas. Nos hemos pasado la mañana en el puesto de venenos y supongo que por fin ha encontrado una buena herramienta para utilizarlos. Fitz no es del tipo fuerte, pero es muy listo y sin duda sabe un montón de datos curiosos sobre muchas cosas, así que su compañía ha sido más que bienvenida.

Ha sido la única persona que se ha acercado a mí después del accidente en el desfile. No sé hasta qué punto los otros tributos se hayan enterado de la serie de desgracias que cargo sobre mis espaldas, sin embargo siento que los otros veintidós chicos me ven con cautela. Aunque puede que sea mi imaginación.

Algunos han pasado bastante ocupados. La compañera de Fitz, Raven, ha repartido su tiempo entre el puesto de venenos, el de anatomía y el lanzamiento de unas estrellas metálicas a las que Fitz llama shurikens. No son un arma muy común es los juegos y me sorprende lo versada que parece la chica en su uso. Fitz dice que históricamente no son un arma primaria sino un arma de distracción y que Raven hace mal en centrarse tanto en su uso, pues es muy difícil matar a alguien con ellas, pero supongo que para eso la chica está aprendiendo sobre venenos.

Las chicas profesionales no han perdido su tiempo. La pelirroja y una de las rubias están en este momento en el puesto de al lado, entre un montón de arcos y flechas de diferentes tamaños y colores. Son de los poco tributos que he escuchado reír en un lugar como este, pero supongo que puedes darte ese lujo cuando la muerte no es una cuestión ineludible para ti.

Sacudo mi cabeza y me concentro en el arma que tengo en la mano. No debería darme el lujo de distraerme con un objeto tan peligroso en las manos, especialmente cuando tomas en cuenta que no soy precisamente ágil de pies y que podría tropezar en cualquier momento. Ya es suficiente con que Catrinna me haga responsable de su accidente, que algún otro tributo sufra una lesión cerca de mí sería catastrófico, pero sin duda la suerte nunca parece estar de mi lado.

Fitz está convencido de que mis desgracias son un producto de mis autosugestiones y de una serie de eventos desafortunados con las que tengo una terrible coordinación, pero claro, él es, según sus palabras, un hombre de ciencia. Tal vez la vida sería más sencilla si yo hubiera nacido en el Tres, si lo que Fitz dice es cierto allá la gente cree más en los manuales y las enciclopedias que en la esotérica, así que tal vez si hubiera vivido todo lo que viví en el Tres y no en el Nueve, sería una víctima y no un repudiado.

Agito la guadaña repitiendo la trayectoria que habría realizado si estuviera segando grano. La hoja produce un silbido bajo cuando corta el aire. Asiento y me acerco a los objetivos. Estos son diferentes a los que hay en algunos de los otros puestos. Están hechos de lo que parece ser paja y están envueltos en lino. Alguien le ha pintado una cara sonriente con lo que luce como las pinturas del puesto de camuflaje.

Echo el brazo hacia atrás y afianzo mi agarre sobre el mango. Mis dedos se resbalan unos centímetros a causa del sudor de mis manos. Siento la resistencia del material cuando la cuchilla lo alcanza, flexiono los músculos de mis brazos y arqueo mi espalda hacia adelante para vencer su dureza y el borde afilado de la guadaña atraviesa limpiamente el maniquí, partiéndolo a la mitad, desde el pecho derecho hasta la cadera izquierda de la figura humanoide.

-¡Oh! ¡Eso ha estado muy bien!- alaba Fitz- ¡No sabía que fueras tan fuerte!

Le sonrío débilmente.

-Nah… la cuchilla está muy afilada. ¿Has terminado de ver lo que querías?

Fitz asiente y me dedica una sonrisa.

-¿Tienes hambre? Es hora de ir a almorzar. Ya se han ido casi todos.

Cuando me giro compruebo que los únicos tributos que seguimos dentro de la sala somos nosotros dos, los chicos del Diez, los del Siete y tres de los seis profesionales: las dos chicas en el puesto de al lado y el tipo grande del Uno.

-Vamos- le digo asintiendo.

-Tienes que poner eso en su lugar- me advierte el instructor con tono aburrido.

Me acerco al anaquel y empujo el arma para fijarla a los soportes.

Todo sucede en cuestión de segundos: en cuanto la guadaña queda asegurada en su puesto el anaquel se tambalea y mis ojos buscan por inercia la base que lo mantiene en pie. Detecto, con horror, como uno de los tornillos gira rápidamente en su agujero, como si un destornillador invisible lo estuviera moviendo hasta que cae con un tintineo en el piso. El anaquel se inclina hacia nosotros y luego retrocede. Las risas de las chicas se han apagado. El mueble vuelve a moverse hacia nosotros y luego se inclina hacia atrás, con un chirrido. El peso de las armas combinado con la gravedad hace que finalmente pierda su precario balance y veo a la chica del Dos, pequeña y rubia, congelada justo en el lugar en el que la pesada armazón metálica caerá.

"¡Cuidado!" intento gritarle, pero las palabras no pasan a través de mi garganta.

Los ojos de la chica, castaños y rodeados de espesas pestañas oscuras se abren con horror. No se moverá, el miedo parece haberla clavado en su sitio. Intento correr hacia ella, pero termino tropezando con mis pies. Caigo de rodillas en el suelo y veo, impotente, como el anaquel continúa moviéndose hacia ella.

Entonces el chico del Uno se mueve a una velocidad de vértigo. Salta hacia adelante, la tumba en el suelo y la envuelve entre sus brazos. La armazón cae sobre los dos en medio de un estrépito metálico.

Se necesita de cuatro instructores, del chico del Siete, de Fitz y de la chica del Cuatro para quitarles el anaquel de encima. No logro ayudarles porque estoy anclado en mi lugar en el suelo.

Pero en cuanto se cercioran de que se encuentran bien, todas las miradas se concentran en mí.

~ ~ ~ Bernesse Friesian- Distrito 10 ~ ~ ~

Cowie y yo estamos aprendiendo a camuflarnos en diferentes tipos de ambientes. El instructor es un tipo con tres papadas que me hace pensar en un cerdito. Se llama Colsius Mahone.

Nos ha mostrado a los dos como obtener tintes de algunos frutos, mezclándolos con agua, lodo y savia para luego pintarnos el cuerpo y el rostro. Ha sido bastante divertido cubrirnos con la pintura para imitar los patrones de la naturaleza, hay troncos, brotes de maleza, montículos de arena… un montón de posibles escenarios para que aprendamos a disfrazarnos.

Cowie se ha preocupado porque hemos dejado nuestros uniformes hechos una pena, pero según Colsius podemos reducirlos a jirones y a la gente del Capitolio no le importará. De hecho, si queremos, podemos solicitar otro para estar presentables durante el almuerzo.

-Creo que es hora de ir a comer- dice Cowie mientras me pasa un paño húmedo para que limpie la pintura café que tengo en el rostro.

Cowie ha sido el mejor aliado que he podido encontrar. La dulzura parece impregnar cada una de las acciones que lleva a cabo y se la pasa haciendo comentarios positivos sobre todo el mundo. Creo que si me hubiera juntado con cualquier otra persona pasaría muy deprimida, pero por fortuna ha aceptado ser mi aliado y su optimismo es contagioso. Bermeya y Angus también parecen haber caído bajo el "hechizo Cowie", así que las noches en nuestro piso en la torre han sido bastante agradables.

Es bonito poder conversar con ellos sobre nuestro hogar. Nosotros, los chicos del Siete, los del Once y los profesionales somos los únicos que nos hemos aliado con nuestros compañeros de distrito. Los otros tributos se han mezclado entre ellos, al menos la mayoría, y han generado algunas alianzas interesantes.

El chico del Cinco y la chica del Seis están juntos desde ayer, igual que la chica del Cinco y la del Tres. Los primeros se han enfocado en la lucha cuerpo a cuerpo, los cuchillos de contacto y las plantas comestibles. Las segundas han pasado los dos días con la rubia lanzando shurikens o estudiando venenos y la otra chica idolatrándola, parece que no es una relación muy equitativa. Observo al chico del Nueve mientras utiliza una afilada guadaña para partir por la mitad uno de los maniquíes de paja que están en el puesto. El chico del Tres aparece un momento después y los dos charlan por unos momentos antes de que el castaño coloque el arma en el anaquel.

Todo sucede muy rápido a partir de ahí. La base en la que se alinean las armas se tambalea y cae sobre una de las profesionales, la rubia. Uno pensaría que la chica, con todos sus entrenamientos, tendría una rápida reacción, sin embargo es necesario que el chico grande del Uno la tire al suelo y coloque su cuerpo como una jaula protectora a su alrededor para que el pesado anaquel no le fracture todos los huesos.

Cowie y yo nos miramos con los ojos muy abiertos antes de correr hacia allá. No tiene sentido que queramos cerciorarnos del bienestar de dos de los chicos que posiblemente se conviertan en los verdugos de todos nosotros en un par de días, sin embargo lo hacemos por inercia, siguiendo ese instinto tan humano de brindar ayuda a quien lo necesita. Cuando llegamos al puesto de tiro con arco ya han conseguido quitarle de encima el anaquel a los dos.

La rubia está pálida y temblorosa, pero aparentemente ilesa. Sus manos se mueven frenéticas frente al chico del Uno que luce algo pálido. El instructor del puesto de primeros auxilios llega corriendo para revisar el estado de ambos chicos. El chico del Uno insiste en que revisen primero a la rubia, pero ella niega frenéticamente con la cabeza y consigue que verifiquen primero el estado del chico, Alexandrite, lo llama ella.

Nos hacen a todos retroceder hasta dejar un espacio de dos metros con respecto al chico y al instructor. Mientras revisan a Alexandrite las miradas de todos los presentes, incluyendo al instructor que estaba en el puesto en que estaba entrenando el chico del Nueve se vuelven hacia él.

-¿Qué ha pasado?- le pregunto a Cowie entre susurros.

-¿No lo has visto?- me responde con el mismo tono y yo niego con la cabeza- El chico del Nueve estaba devolviendo la guadaña al anaquel, en cuanto lo tocó se ha caído.

-¿Ha sido a propósito?- le digo mientras estudio el rostro aterrorizado del chico.

Cowie se encoje de hombros.

-Seguramente el mueble estaba descompuesto, pero este es el segundo accidente que ocurre cerca de él en tres días.

Lo pienso por un momento. Tiene razón. Primero fue su compañera de distrito y ahora, de no ser por la intervención de Alexandrite, la chica del Dos, la más pequeña en tamaño de todos nosotros, posiblemente estaría muerta.

Me giro para ver la revisión que le hacen al profesional. Primero comprueban sus pupilas con una linterna que el instructor se saca de un bolsillo. Verifica su presión sanguínea con un brazalete y luego revisa su pecho con un aparato que introduce en sus oídos para luego colocar una pieza redonda sobre la zona en que debe estar su corazón. El instructor asiente con la cabeza y luego continúa con el examen.

Le pide a Alexandrite que se quite la camiseta, dejando al descubierto un torso esculpido y un vientre dividido por unos marcados abdominales. La chica pelirroja del Cuatro se permite bromear con ello cuando se cerciora de que la integridad física de Alexandrite, quien le sonríe sin dejar de fruncir el ceño, no está comprometida, pero se calla cuando el instructor hace que el profesional gire para revisar su espalda, el lugar en que ha recibido el impacto.

Me estremezco cuando, al hacerlo, veo las marcas rojas en su espalda, que sin duda serán dolorosos cardenales para cuando llegue la noche, y los surcos que atraviesan su espalda, como dos latigazos, justo en donde el filo del anaquel se ha incrustado en su piel.

El chico del Nueve, aún de rodillas en el suelo, empieza a vomitar ruidosamente.

~ ~ ~ Charlotte Mederek- Distrito 2 ~ ~ ~

Cuando acaban de revisar a Alexandrite el instructor continúa con el chico del Nueve. Envían a Alex a la enfermería para darle un analgésico y no permiten que ni Gianni ni yo lo acompañemos.

Mi cuerpo tiembla como loco cuando pienso en lo que acaba de pasar. Tanto así que Gianni, que no es precisamente la persona más cariñosa del mundo, me pasa el brazo sobre los hombros y me atrae hacia su cuerpo para reconfortarme en nuestro camino hacia el comedor.

-No fue tu culpa- me dice mientras adapta sus largas zancadas a las mías.

-Me congelé- le digo en un susurro.- Si hubiera reaccionado más rápido podría haberme echado a un lado y ahora Alex…- la voz se me quiebra y tengo que morderme los nudillos para resistir el impulso de echarme a llorar.

Permanecemos en silencio hasta que entramos al comedor. Todos están sentados en parejas o en tríos.

-No creo que el Capitolio deje que Alex entre con una lesión importante a la Arena. ¿Viste lo que hicieron con el chico del Seis? – dice mientras lo señala con la barbilla. Es el único que está sentado solo. Sus pies rebotan contra el suelo y tiene la mirada clavada en la chica del Tres, que come con una mano mientras se peina su sedosa cabellera dorada con la otra. El gesto es estudiado, hecho para provocar.- Cuando llegó aquí tenía los brazos llenos de quemaduras recientes y míralo ahora.

Lo hago. La piel que se asoma por debajo de las mangas de la camiseta luce algo distinta a la de su cara y cuello. Es piel nueva, como la que sale después de que te haces un raspón.

-Si lograron hacer eso con él, seguro que se las arreglan para que Alex tenga solo un par de moretones para esta noche. ¿De acuerdo?

Asiento, pero no termino de liberarme de la sensación de incomodidad y culpa.

-Gracias- susurro.

-De nada.

Gianni me conduce hacia la mesa más apartada de la sala, donde están sentados Ahren, Gessa y Zadlen. Ella me pega un débil codazo en las costillas y cuando la miro Gianni señala al trío de profesionales con la barbilla. Ahren y Gessa están sentados en uno de los lados de la mesa rectangular, cerca pero sin tocarse. Zadlen está sentado frente a la rubia. Gianni enarca sugerentemente sus cejas antes de soltar una risita. El cuerpo de Ahren está sutilmente inclinado hacia un lado, hacia Gessa, mientras ella mantiene lo que parece ser una acalorada discusión con Zadlen sobre las ventajas y desventajas de usar armas poco comunes en la Arena.

-Lo digo en serio Zadlen ¿arpones? ¿tridentes? ¿Qué harás si los Vigilantes deciden jugar de crueles y no poner ninguna de las dos cosas en la Cornucopia?

-Lo harán cuando me vean demostrar lo asombroso que soy mañana en las sesiones privadas. Además ¿qué me dices de tu pico?

Ahren masculla algo por lo bajo que hace que Zadlen frunza el ceño. Ella rueda los ojos y luego se ríe. Cuando lo hace, los labios de Ahren se curvan hacia arriba y escucho un sonido ronco y profundo, como si saliera de lo más hondo de su ser, abrirse paso a través de él.

Lo miro con los ojos muy abiertos, porque he pasado tres días con él y no lo había visto sonreír de verdad y mucho menos reírse. El sonido de su risa hace que la rubia le dé una mirada fugaz, que hace que sus mejillas se tiñan de un suave rosa, antes de echarse hacia atrás y cruzarse de brazos, sus ojos de color avellana se tornan fríos.

-Como digo siempre pueden no poner un tridente solo para fastidiarte- continúa la rubia.

-O podrían poner solo uno y yo llegaría primero a él.- completa Gianni mientras se sienta junto a Zadlen y toma algo de su plato. Una manzana. Le da una mordida y el jugo resbala por sus labios. Ella se limpia la boca con el dorso de la mano y hace revolotear sus largas pestañas.

-¿Estás pasándola bien, colega? – pregunta Gianni mientras golpea, juguetona, el hombro de Ahren.

Mi compañero no detecta el tono burlón de Gianni, o tal vez lo hace y decide pasar de él, porque se encoje de hombros y le dice:

-Bastante.

-¿Y Alexandrite?- pregunta Gessa. Su mirada va de mí, que sigo de pie detrás de Gianni, a la puerta, donde no hay rastro de Alex. Veo el sutil hundimiento de hombros de Ahren, junto a ella.

Gianni me ahorra la pena de tener que contestarle:

-Hemos tenido un accidente antes de salir de la sala.

Gianni se mueve, dejándome lugar en la banca y yo me siento. Ahren y yo estudiamos la reacción de Gessa, pero ella mantiene su expresión controlada, casi como si le aburriera. Aun así, ella pregunta:

-¿Y bien? ¿Qué pasó?

-Oh, ya sabes, anaqueles que se caen, damiselas en apuros…- le doy un codazo cuando dice eso y ella se ríe. A Gessa no parece hacerle gracia.

-¿Qué sucedió, Charlotte? – pregunta Ahren cuando al fin consigue separar su mirada de Gessa.

-El chico del Nueve tiró un anaquel. Estuvo a punto de aplastarme, pero Alex saltó sobre mí y recibió la mayor parte del impacto con su cuerpo. Lo han llevado a la enfermería para tratar sus heridas.

-¿Es grave?- pregunta Gessa mientras sus dedos juguetean con un tenedor.

-No lo creo- dice Gianni antes de morder de nuevo la manzana. Mastica, traga y le devuelve la mirada a Gessa.- ¿Has visto el tamaño de Alexandrite? Alguien debería ir a comprobar si el anaquel está bien.

Zadlen empieza a reírse ruidosamente.

-¿Por qué? ¿Quieres ir a jugar a la enfermera, Gessa? - ¿Es mi imaginación o Zadlen ha visto malévolamente a Ahren cuando hace esa pregunta?

Gessa apenas si parpadea ante la burla de Zadlen.

-No, pero le diré que estás interesado en darle un baño de esponja, seguro que le encanta la idea.

-Gracias por el gesto, pero en realidad paso.

Alexandrite se deja caer en el espacio restante en la banca, justo al otro lado de Gessa. Es tan grande que hace que ella se mueva instintivamente hacia un lado. Ahren permanece cerca y está sutilmente girado hacia ella, así que cuando Gessa se retira, para darle espacio a Alex, su cabeza termina pegada en el hombro de él y su espalda se apoya en su pecho.

Ambos se congelan ante el repentino contacto. Finalmente Gessa hace como que no ha pasado nada. Se acomoda a cómo puede en el reducido espacio y mira a Alexandrite:

-Pensé que estabas en medio de uno de esos rollos de "no vayas a la luz" y todo eso.

-Dudo que la gente en casa se tomara a bien que un anaquel de armas pudiera conmigo antes de entrar en la Arena.

-Sería una persona menos de la cual preocuparse- responde ella encogiéndose de hombros. Alexandrite le dedica una mirada curiosa y le resta hierro al asunto con una sonrisa.

-No tendrás tanta suerte, Gessa.- la frase parece estar cargada de un significado que los cuatro nos perdemos, porque ella lo observa con las mejillas encendidas por unos segundos.

-He terminado. Volveré a entrenar.- aparta su bandeja, casi intacta y se levanta con agilidad del encierro que han provocado los dos chicos a su alrededor. Sale del comedor caminando con energía mientras recorre sus rizos rubios con una coleta.

Zadlen se levanta casi de inmediato y la sigue. Un músculo salta en la mandíbula de Ahren antes de que él también se levante.

-Bueno ¿qué rayos ha sido eso?- pregunta Alex mientras toma la bandeja de Gessa y empieza a comerse su comida.

-¿Quién sabe?- dice Gianni mientras continúa comiéndose su manzana.- ¿Cómo siguen tus heridas de guerra?

-Sobreviviré.

-¿Alex?- mi voz sale baja y temblorosa, pero él me escucha.

-¿Sí?

-Gracias.

-No ha sido nada- dice mientras agita una mano.- Pero habrá que trabajar en eso de congelarse, no quiero tener que mantener un ojo encima de ti durante el baño de sangre. Necesitamos de esa puntería mortífera ¿eh?

Y ese comentario, cargado sutilmente de burla, es lo que consigue que se deshaga el nudo que se me había formado dentro del pecho.

~ ~ ~ Der Kepa- Distrito 11~ ~ ~

Maeva ha decidido que como ayer dedicamos prácticamente todo el día a que ella se entrenara con su espada y visitamos los puestos que quiso, hoy es algo así como el "día de Der". Así que pasamos la mañana aprendiendo a usar cuchillos.

El centro de entrenamiento tiene tres puestos dedicados al uso de cuchillos. Dos están en los puestos de la derecha, los que enseñan a utilizarlos como armas y uno está a la izquierda, donde te enseñan cómo emplearlos como herramientas.

Hemos tomado las horas previas al almuerzo para trabajar en los tres. Maeva, el chico del Doce y yo.

Nos ha costado trabajo convencerlo, pues aparentemente tenía planes de entrar solo a la Arena, del mismo modo en que alguno de nosotros conseguirá salir, pero la lógica de Maeva lo ha desarmado: puede que sea tan bueno como ella con la espada, sin embargo ella al menos cuenta conmigo, podemos turnarnos las guardias y nuestros conocimientos como habitantes del Once nos garantizan que reconoceremos sin problemas las variedades de frutas, verduras y plantas comestibles de las venenosas. Más personas de tu lado significan más descanso y menos estrés dentro de los Juegos.

Maeva puede resultar bastante convincente y tiene un liderazgo natural. Yo me he desempeñado durante los últimos cuatro años como el jefe de un buen grupo de personas y tuve que aprender por las malas como hacerme respetar. No era una característica que se me diera naturalmente, sin embargo ella tiene una autoridad innegable y creo que Skarp también ha sabido reconocerla.

A pesar de que dudó bastante, terminó apareciendo en el puesto de cuchillos arrojadizos en que estábamos entrenando y se ha quedado con nosotros desde entonces. Así que ahora los tres estamos aprendiendo a destripar animales, y cortar ramas para que puedan sernos útiles como armas, aunque claro, para ello en primer lugar necesitamos tener un cuchillo.

Sólo he utilizado un arma en toda mi vida, la vara de madera que se les entrega a todas las personas que, como yo, debemos vigilar que los cultivos no sean robados por animales ni por personas. Resulta muy útil cuando quieres herir a una persona, especialmente cuando eres fuerte, como yo, pero tienes que dar golpes demasiado precisos y contundentes si quieres matar a alguien sin utilizar un objeto punzocortante o venenoso.

Estos Juegos prometen ser particularmente terribles. Los profesionales siempre son los que mantienen la cosa "interesante", según los estándares del Capitolio, pues aparecen sabiendo blandir espadas y lanzas o empleando con terrible precisión los arcos y cuchillos, los demás distritos cuentan prácticamente con lo que sus tributos hayan podido aprender en sus labores diarias que pueda ser extrapolado a la tarea de matar personas. Los chicos del Siete tienen sus hachas, los del Nueve sus hoces y guadañas… cosas por el estilo.

Sin embargo he visto auténticas rarezas en este lugar, empezando por mis aliados. Maeva y Skarp monopolizaron ayer el puesto de las espadas, cosa curiosa porque casi siempre aparece algún profesional especialista en ellos, sobre todo en el Uno y el Dos, pero todos parecen haberse decantado por armas menos tradicionales, como la rubia del Uno que ayer hizo pedazos algunos maniquíes empleando un pico.

El instructor me pasa un conejo y me enseña cómo debo hacer el corte en su piel para poder arrancar su pelaje completo. Tomo el cuchillo con firmeza, mientras a mi lado Skarp aprende como fabricar bastones ante eventuales lesiones en las piernas o espalda para ayudarse a caminar y Maeva descubre la manera más rápida de cortar zarzas y espinos con un cuchillo, aunque ella confía en que contará con su espada para esos menesteres.

El animal debe haber sido sacrificado recientemente, pues su cuerpo aún está cálido entre mis dedos. Me ha tocado matar topos y varias clases de aves en mi trabajo, así que no me siento particularmente perturbado por esto, pero aun así el instructor me dice:

-Le hemos quebrado el cuello hace unos veinte minutos. Por eso ya no se retuerce, pero sigue caliente. Algunos chicos se han quejado, pero si consiguen cazar algo en la Arena será mejor que se lo coman cuanto antes, pues sin refrigeración la carne no durará mucho en buen estado y si dejan que el animal se enfríe, el rigor mortis hará que sea más difícil el despellejarlo y destriparlo.

-¿Rigor…?

El hombre se echa a reír, haciendo que su poblado bigote tiemble.

-Lo siento, a veces olvido que ustedes chicos no saben nada sobre nada- Maeva deja caer el cuchillo ante el insulto, pero no dice ni una palabra-. El rigor mortis es un proceso de cambio químico en los músculos de los animales de sangre caliente que hace que las extremidades se tornen rígidas. Es más difícil manipular el cuerpo si está en ese estado, así que lo mejor será que conozcan de primera mano cómo tratar de la manera más rápida posible a sus presas, si no quieren tener complicaciones innecesarias.

-Lo entiendo.

-Ahora haz un corte de aquí hasta aquí- dice mientras señala con el dedo dos puntos en el cuerpo del animal. Debe ser lo suficientemente profundo como para que se desprenda su piel, pero hazlo con cuidado, no quieres perder la carne.

Dudo por un segundo. El conejo tiene el pelaje de un suave color café y tiene la punta de la lengua fuera de su hocico. Es una imagen algo lastimera, pero no puedo ponerme a sentir lástima por la criatura porque necesito comer en la Arena. Así que desplazo el filo del cuchillo, siguiendo la línea imaginaria que ha indicado el instructor. Cuando lo hago sale una cantidad de sangre mínima de la herida.

-De acuerdo, ahora engancha los dedos debajo de la piel y tira de ella. Debes ser rápido y firme o se…- el hace una pausa cuando un pedazo de piel, del tamaño de un naipe, se queda entre mis dedos- romperá.

Skarp y Maeva se echan a reír ante la mirada atónita en mi rostro.

-Bueno, no ha estado mal para un primer intento.- dice comprensivo el instructor- Ahora hazlo así- dice mientras toma su propio conejo, le realiza un rápido corte en el vientre y tira de la piel como si fuera un envoltorio plástico. Cinco segundos después tiene en una mano el cuerpo, ahora rojo de la criatura y en la otra el interior de su piel, de un brillante rosado por un lado y de un suave café en el otro, en una sola pieza. Él le da vuelta al pellejo y en su mano queda lo que parece una triste parodia de un animal de felpa.

-Uhhh… creo que podría pasar un buen rato antes de que consiga hacerlo así- le digo con sinceridad.

-Pues entonces deberías empezar a practicar cuanto antes.

~ ~ ~ Ariadna Salvatore- Distrito 12~ ~ ~

-¿Es esta?- pregunta Catrinna mientras me muestra un pequeño ramo de flores blancas, cada florecilla es más pequeña que la uña de mi dedo meñique, sin embargo veo las pequeñas motas naranja en su centro y las detecto como venenosas.

-Se parece mucho- acepto yo- pero no. ¿Puedes ver esas manchitas naranja? – ella acerca el ramo a su rostro y lo estudia con atención.

-¡Oh! No las había visto. ¿Son venenosas?

-Así es.

-Lo intentaré de nuevo- dice mientras se une a Clother en la revisión de hileras e hileras de muestras físicas y digitales de plantas con fines curativos.

Ayer enfoqué mi entrenamiento en la práctica de primeros auxilios y el uso de dagas y puñales. Fue ahí donde conocí a Clother y Catrinna, con quienes finalmente me he aliado para nuestra estadía en la Arena. Ambos se han mostrado bastante amables, aunque son personas de pocas palabras. Clother es más reservado que Catrinna, que una vez entrada en confianza ha empezado a compartir más cosas conmigo, e inclusive me ha dejado echarle un vistazo a cómo va sanando su brazo.

Ayer cuando los conocí a ambos le he dicho que utilice las hojas del grosellero negro para hacer una tizana que le ayude a bajar la inflación e incluso la acompañé a este mismo puesto para que le pidiera unas cuantas al instructor. Son grandes y de un brillante color verde. Ella se ha llevado un puñado y esta mañana me ha mostrado, bastante contenta, los progresos que ha logrado.

La movilidad de su hombro ha mejorado bastante, aunque es casi seguro que tendrá que usar el cabestrillo mañana en las pruebas, pero la inflamación ha desaparecido casi por completo y seguro que podrá ir a la entrevista sin él.

Me alegra haberme podido aliar con ellos dos, aún y cuando a Haymitch no le hiciera mucha gracia mi nueva alianza anoche cuando la mencioné de pasada en la cena. Aunque claro, él estaba más interesado en inspeccionar el contenido del bar que en prestar atención a lo que Skarp y yo teníamos para decir. Tampoco es como que Skarp comparta muchas cosas con nosotros, aunque parte de la culpa la tiene Haymitch y lo que hasta ahora parece una ligera adicción a las bebidas alcohólicas.

A mi compañero le molesta que la persona que estará a cargo de cuidar de nosotros fuera de la Arena se le vaya la cabeza cada vez que encuentra algún nuevo vino que probar, y la naturaleza hedonista del Capitolio parece incentivar precisamente eso. En el tren había un compartimento dedicado exclusivamente al consumo de cigarrillos y de bebidas alcohólicas. Haymitch lo bautizó como su nueva habitación y no hubo nadie que lograra sacarlo de ahí.

Haymitch ganó el segundo Vasallaje de los Veinticinco hace cuatro años y se convirtió en una leyenda no solo en el Distrito 12, sino también en el resto de Panem. Logró sobrevivir cuando cuarenta y siete chicos no lo hicieron y no sólo eso, sino que de paso utilizó una herramienta que nadie había considerado jamás: el campo de fuerza que rodeaba la Arena.

Tuvieron que remendarlo bastante cuando salió Vencedor. Yo tenía once cuando coronaron a Haymitch, de manera que cuando llegó mi primera cosecha, a los doce, existía un renovado optimismo en el distrito sobre las probabilidades que teníamos los chicos y chicas del distrito más pobre de Panem de ganar los Juegos. Sin embargo la suerte no estuvo de nuestro lado ese año. Nuestros tributos fueron un chico de trece que murió en el baño de sangre y una chica de quince a la que asesinaron los profesionales en la primera noche de los Juegos.

Haymitch se rompió después de eso, aunque ya había pasado una época bastante mala cuando su casa se incendió, dos o tres semanas después de que él volviera de su Gira de la Victoria, matando a su madre y a su hermano pequeño. Él iba un año por debajo de mí y fue horrible. A Haymitch tuvieron que noquearlo para que no intentara entrar a su casa para tratar de salvarlos.

La cosa no mejoró cuando un mes después su novia murió en la mina en que trabajaba, pero los accidentes no son tan poco comunes en las ellas. Los canarios dejan de cantar y si los mineros no están lo suficientemente atentos para salir de ahí, entonces las historias finalizan con un montón de lágrimas y la entrega de medallas a las familias de las personas que perdieron la vida.

En retrospectiva no culpo a Haymitch por beber tanto. Papá lo hizo durante un tiempo después de la muerte de mamá. Es una forma desesperada de lidiar con el dolor, de anestesiar la mente lo suficiente para no recordar el motivo por el cual comenzaste a beber en primer lugar. Sin embargo Skarp y yo necesitamos a un Haymitch alerta, dispuesto a ayudarnos a salir de la Arena. Aún y cuando solo uno de los dos pueda salir de ahí.

Tal vez Haymitch se animaría si pudiera devolvernos a Skarp o a mí a casa…

-¿Ya sabes qué vas a mostrar mañana?- pregunta Catrinna mientras compara otro ramito de flores blancas, esta vez el correcto, con las venenosas que me trajo hace un rato.

-Pues no. Pensaba discutirlo con Haymitch esta noche.

-He oído que tendrán un sistema que analiza tus conocimientos sobre esto- dice mientras utiliza su brazo sano para hacer un gesto que abarca todo el puesto en el que estamos metidos.- Creo que te da algo así como un caso y te pregunta qué clase de plantas puedes utilizar o te presenta imágenes para ver si sabes diferenciar esta - dice mientras toma el ramo de florecillas venenosa con la mano izquierda- y esta otra- murmura mientras me muestra el de flores curativas que tiene en el brazo lesionado.

-¿En serio? Suena como algo que podría hacer bien.

-¡Por supuesto! Creo que eres la única persona en la Arena que tiene probabilidades de sobrevivir o de ayudar a alguien si resultaran heridos.

-Eso no es completamente cierto.- interviene el instructor- El chico del Tres ha estado ayer aquí y lo ha hecho muy bien.

Clother le dedica una mirada envenenada, posiblemente por meterse en una conversación ajena, pero yo le dedico una sonrisa.

-¡Oh! ¿El del Tres?

-Pues ha sido bastante listo, si de verdad piensa estar con Deberg en la Arena deberá conocer todos los métodos posibles que lo ayuden a mantenerse con vida. – dice mi aliada mientras se estremece-. Hoy se las ha arreglado para lesionar a un profesional. Si ni siquiera los profesionales están a salvo de su… cosa, ¿qué probabilidades tenemos los demás?

-Creo que es algo exagerado, no creo que lo haya hecho a propósito- le digo mientras miro al chico del Nueve, que está cabizbajo en el puesto de pesca junto con el chico del Tres, que habla animadamente con él.

-Si alguna vez llega a alcanzarte su mala suerte, hablaremos al respecto.- sentencia ella.

-Vale- le digo echándome a reír.

-Igual me alegra que no esté solo. El que traiga mala suerte no significa que sea malo. Sin embargo espero que la suerte realmente acompañe a su aliado, de lo contrario no durará mucho.

Un agente de paz empieza a caminar entre los puestos anunciando, igual que lo hizo ayer, que se ha acabado el tiempo de nuestro entrenamiento.

Caminamos juntos hasta el ascensor, donde subimos en compañía de los chicos del Siete. Clother se despide de nosotras en el piso ocho, Catrinna hace lo mismo en el nueve, dejándome sola en el cubo de metal.

Cuando llego a mi piso y la puerta del ascensor se abre, me encuentro con Haymitch desmayado en la entrada, con un fuerte olor a alcohol por todas partes.

~ ~ ~ Bluedie Sharespot- Distrito 8 ~ ~ ~

-Bluedie, cielo ¿acaso tienes algo que contarnos? ¿Cómo han ido los entrenamientos hoy?

Sugarian me habla con cautela, como si temiera que en algún momento me vuelva loca y empiece a arrojar las fuentes, llenas hasta el borde de comida, por el aire. Sin embargo he estado en completa calma. Lo más difícil fue mantenerme serena durante el desfile, cuando la impresión ante el cambio radical del que había sido víctima estaba aún muy fresco.

Verme en el espejo y no reconocer a la persona que me devuelve la mirada desde el reflejo ha sido brutal y esa primera noche me he sumido en la autocompasión durante un buen rato, sin embargo en medio de mi ataque he reparado en algo que no había tomado en cuenta hasta ahora: la marca en mi brazo. El trébol de la suerte de mamá sigue conmigo, no han podido arrancarme eso. No han podido llevársela a ella con mi cabello y no permitiré que lo hagan. Mamá sigue aquí conmigo. Y tengo que volver a casa… se lo prometí a papá, se lo prometí a mis hermanos, se lo prometí a Clea y a Jim. Tengo que volver a casa.

Pero para lograrlo tuve que sepultar a la vieja Bluedie y abrazar a esta criatura desconocida que se presenta ante mí en el espejo.

-¿Blue?

Levanto la mirada de mi escolta. Él y Dril, mi mentora, me miran con aprehensión desde el otro lado de la mesa. Me concentro en lo que me han preguntado. ¿Tengo algo que contarles?

-Uhh…

-¿Alguna alianza? ¿Algún contacto inusitado?

-Sí. He estado entrenando con un par de chicos… No hemos hablado de si continuaremos juntos dentro de la Arena pero es lo más probable.

Sugarian aplaude entusiasmado y entrecruza sus dedos regordetes.

-A ver ¿quiénes han sido? Oí que ayer la alianza de profesionales tuvo algunos problemas. ¿Has logrado infiltrarte?

Recuerdo sus rizas y bromas durante el almuerzo y frunzo el ceño. ¡Vaya! ¿Problemas entre los profesionales?

-No sé quién te haya dicho eso, Sug, pero los profesionales parecen llevarse bien.- interviene Clother repentinamente alerta.

-¿Ah, sí?

-Eso parece- le digo mientras me encojo de hombros.

Uno de los avox aparece llevando una bandeja plateada con dos carpetas encima. Tienen un brillante ocho en la cubierta.

-Los reportes- dice Dril mientras estira su mano y toma la carpeta que debe tener mi nombre. Woof hace lo mismo con la otra.

Ambos estudian los papeles con el ceño ligeramente fruncido, luego intercambian carpetas y repiten el proceso. Sugarian se levanta de su asiento y revolotea a su alrededor, tratando de leer por encima del hombro de los mentores.

-Bueno, parece ser que ambos lo están haciendo bien- asiente Dril mientras le pasa el reporte a Sugarian y luego vacía su copa de un trago.- Blue, querida, no nos habías dicho que tenías aptitudes para escalar.

-No sabía que las tenía. – le digo mientras me llevo la copa a los labios y bebo otro trago de zumo- ¿Era importante?

-¡Claro que lo es! ¡El instructor te ha puesto un sobresaliente! ¿Ya has pensado en que le mostrarás mañana a los Vigilantes?

La mención de las pruebas de mañana hace que mi estómago se retuerza dolorosamente. Se me quita el apetito de golpe.

Aparto mi plato con una mueca.

-En realidad no.

-¡Pues va siendo hora!- apunta Dril- ¡Va para los dos! ¿O acaso piensan improvisar mañana?

-Supongo que no.- le respondo con sequedad, la conversación me ha dado dolor de cabeza.

-Bueno, más les vale- dice mi mentora mientras se sienta y rellena una vez más la copa. Empiezo a pensar que tiene problemas de bebida.

-¿Cómo van tus alianzas, Clother?- el tono de Woof es engañosamente suave, especialmente para una persona que logró ganar sus juegos matando a cuatro tributos en un día. Por más dulces y bienintencionados que quieran lucir, estas personas son asesinas experimentadas. Como lo terminaré siendo yo si logro volver viva. La perspectiva no es precisamente halagadora.

-He quedado en firme con Catrinna y Ariadna- dice mi compañero mientras me lanza una fugaz mirada.

Pensé en aliarme con él, pero la verdad es que la Bluedie en la que me he convertido hará lo que sea necesario para sobrevivir y eso incluye el acabar con quien sea un obstáculo para volver a casa. No quiero estar cerca de Clother cuando eso suceda. Así que opté por aislarme, pero hoy Kiara y Ayrtron se aparecieron mientras estaba entrenando y ciertamente la idea de aliarme con ellos dos resulta tentadora. Ambos son agradables y, hasta donde he podido ver, fuertes. Sin duda podríamos sernos mutuamente beneficiosos.

Posiblemente mañana hable con ellos para determinar si seguiremos juntos en la Arena. Una avox entra con un tembloroso flan en sus manos. Cuando lo coloca sobre la mesa olor a café y caramelo inunda mis fosas nasales.

-Bueno, puede que el Ocho haga un buen papel este año ¿no creen?- dice Sugarian mientras se relame al ver el postre.

-Brindo por eso- dice Dril mientras levanta su copa con unas manos que tiemblan ligeramente. Observo su rostro con atención y noto que está teniendo dificultades para enfocar.

¡Fantástico! Mi mentora definitivamente tiene problemas de bebida. Solo espero que se comporte cuando ya me encuentre dentro de la Arena o tendré problemas más serios que un cambio de imagen extremo.

Me levanto y me inclino hacia adelante para tomar la fuente con las patatas horneadas.

-Bluedie, antes de que lo olvide, Adrindite me ha preguntado que si puede venir a cenar con nosotros mañana, antes de ver las puntuaciones.

Mi reacción me toma por sorpresa, los ojos se me llenan de lágrimas y mis manos se convierten en garras ante la mención del nombre de mi estilista. Mis nudillos se tornan blancos alrededor de la fuente metálica que aún sostengo, entonces las fuerzas me abandonan y se me resbala entre los dedos.

El flan emite un sonido pegajoso cuando la pesada fuente, llena hasta la mitad aún, le cae encima. Y todos quedamos salpicados de la pegajosa mezcla.

-Tomaré eso como un no- es todo lo que dice Dril antes de lamerse la mejilla, cubierta con la mezcla color caramelo y rellenar una vez más su copa.


Bueno, me tardé más de lo pensado, pero aquí tienen su nuevo capítulo. Está laaargo, pero espero que les haya gustado.

Estamos a dos capítulos del Baño de Sangre. ¿Ya empezaron a tener miedo por sus tributos? ¡Deberían!

El próximo capítulo será de las pruebas ante los Vigilantes y podrán ver las puntuaciones de sus tributos. El que le sigue a ese será la noche de las entrevistas y tantán… estaremos dentro de la Arena.

Les recuerdo que sus tributos se aseguran parcialmente la supervivencia gracias a sus comentarios tanto en ff como en el blog. Así que los autores que tienen a sus bebés en estado de abandono de verdad deberían preocuparse por ello y saber que a si no se ponen las pilas, serán material de baño de sangre. Triste pero cierto.

Dentro de unos momentos actualizo el blog con la información de las alianzas, ¡no se lo pierdan! ¿Les han gustado los grupos que se formaron? ¿Si? ¿No? ¿Por qué?

Vamos con las preguntillas:

¿Cuál crees que sea la alianza o alianzas que cause más problemas a los otros tributos en la Arena?

¿Crees que se den cambios en las alianzas después de que aparezcan los puntajes de entrenamiento?

¿Qué POV te ha gustado más?

¿Cuáles son tus cinco tributos favoritos?

¡Volvemos con las apuestas! Va a funcionar así (siii! He creado un sistema). Existen tres tipos de "monedas" para las apuestas. Los oros, las platas y los bronces. Cada uno tiene su valor. Cada oro vale mil, las platas cien y los bronces 10. Le entrego a cada uno de ustedes para que lo distribuyan como deseen (EDITADO: No se vale darle monedas a su propio tributo) entre los competidores la siguiente cantidad de monedas:

Un oro

Diez platas

Cincuenta bronces

Esto les da un total de 2500 que pueden dividir como deseen, pero no pueden reservarse nada. ¡Vamos a ver qué pasa ahora con las apuestas!

Por si alguno lo olvidó, amo los reviews LARGOS! Así que quedan advertidos! :D

Les contaré ahora algo personal que va a afectar el SYOT: me dieron una pasantía por seis meses en un puesto muy interesante. Estoy sumamente contenta por ello, pero como es a tiempo completo, también tendré menos tiempo para escribir, así que tendré que bajarle al ritmo de las publicaciones, pero les juro que terminaré con la historia.

Gracias a todos por su comprensión.

Un abrazo, E.