Capítulo IX.

Algo cambió, ya no discutíamos como antes y me sentía a gusto con él a mi lado. El trabajo y los días eran más llevaderos y agradables, reíamos como no lo hacíamos antes y nos tuvimos la confianza de abrir nuestros corazones para contar nuestro sentir…al igual que yo, Iván sufría de la soledad aunque no lo quisiera aceptar.

Quizás era mi imaginación, sin embargo le notaba tan atento y animado cuando hablaba yo sobre mis historias de guerra y cruzadas, ''los días de Gloria del reino de Prusia'' gritaba mientras el aplaudía cuando actuaba las escenas donde vencía a mis enemigos, no importaba cuantas veces le platicara lo mismo, el siempre me escuchaba y yo me sentía feliz de tener a quien hablarle ahora…claro no siempre fue así, ocasionalmente éramos interrumpidos por cierta…persona.

- Cuéntame más sobre ti Prusia. –

- ¡Claro!, ahora te contaré como es que vencí a Francia en la guerra Franco-Prusiana, kesese. –

- Ah…muy bien, muy bien. –

- Verás, todo empezó con una car… -

- ¡Rusia onii chan!. –

- ¡AH!...e…es…B…Bela..rus…¡nyaaaa!. –

- ¡Shhh!, no llores Russland, comportate. -

Lo abofetee un par de veces para que cobrara calma, jajaja, honestamente me parecía tan divertido verlo de esa manera.

- Bien…ahora…haremos esto, pero debes prometer que no llorarás… -

- Ujum…. –

Asintió algo asustado y no estaba de más, Belarus es muy hermosa pero…ciertamente intimidante con su obsesión por Iván. Le tomé del brazo y lo escondí debajo del escritorio que se movía por que no dejaba de temblar.

- Te dije que dejes de moverte, te descubrirá si sigues lloriqueando. –

- Ah…p..pero…no funcionará…ella me huele… -

- ….Solo cálmate y todo saldrá bien. –

- Onii chan, hoy te preparé algo delicioso para co….mer….¿tú que haces aquí?. –

Interrumpió ella en la oficina, empujando la puerta como en veces anteriores; sentía su mirada algo despectiva, era obvio que le molestaba que pasara tanto tiempo con Russland y me lo hacía saber cada vez que podía.

- Jum..bueno, eso no importa…¿en dónde está onii chan?. –

- No lo sé, el me dejó encargado momentáneamente de sus asuntos, creo que salió a una junta. –

- ¿Qué?...y no me dijo nada…ahora no podrá comer la Ukha que le he preparado. –

- Es…una lastima…pero te aseguro que en cuanto vuelva, le diré que coma lo que le has prepara.. –

- No es necesario que hagas nada…yo se lo diré personalmente, compermiso. –

- …Adelante… -

La puerta se cerró, pasaron unos segundos y me asomé buscando a Iván que se veía más calmado…diré que me pareció encantador verlo de esa manera abrazando sus piernas y me miró.

- ¿Puedo salir ya?. –

- ….Ja [si], se ha ido. –

- Nee…Prusia, gracias. –

- Ksé…no lo hice por ti, aún tengo que contarte como fue que patee a Francia…y si te intoxicas con la comida de Belarus me hubiera sido imposible. –

Me sonrió mientras salía de su escondite, le di la mano para ayudarle y en cuanto estuvo de pie, me abrazo con fuerza. Eso no me lo esperaba.

- En verdad gracias. –

- ….De nada. –

- …Y bien…sigue platicándome tus estrategias. –

- Jajaja…claro pero…¿no sería algo complicado hacerlo aquí?...ella podría regresar. –

- Ah..e…es verdad…no quiero…entonces…salgamos… -

- Muy bien… -

Agarramos nuestros abrigos y las bufandas rápidamente y atravesamos el extenso lugar, sus largos pasillos, sus escaleras a hurtadillas, me sentía como cuando pequeño, la diferencia es que ahora tenía con quien reírme de mis travesuras. Al salir, corrimos lo más que pudimos alejarnos del palacio hasta la ciudad. Moscú estaba envuelta en nieve, el frío después de octubre aumentaba de modo considerable y pequeños copos de nieve caían del cielo en un bello espectáculo invernal.

La caminata duró largo tiempo, se preguntarán por que les estoy contando esto…creo que lo podrían considerar muy trivial y de poca importancia pero para mí significó mucho en su momento y hasta la actualidad.

Cansados, tomamos asiento en la entrada de una biblioteca que tenía un gran árbol, el cual perdía su follaje poco a poco.

- Y así fue como ganamos la guerra contra Francia. –

- Vaya, que grandiosa historia, lo hiciste bien. –

- Claro que lo hice bien, ¿con quién crees que estás hablando?. –

- Jajaja, es verdad. Nee…Prusiya… -

- Dime. –

- ¿Eres feliz conmigo?. –

- …Creo que me estoy acostumbrando a estar contigo. –

- Costumbre…sabes…desde que llegaste… -

- .¿….? –

- Mi vida ha cambiado… -

- ¿Para mal?. –

- Nyet… -

Se puso de pie y tomó dos hojas de un ''mandschurische Esche'' [árbol común de Rusia y países asiáticos] al igual que dos frutos de este. Acumuló la nieve en un bultito sin forma aparente y trato de moldearlo colocando las hojas largas a los lados y los dos frutos como ojos y descubrí lo que era.

- ¿Un conejo?. –

- Da…un lindo conejo blanco. –

- ¿Y eso que tiene que ver con todo esto?. –

- Eso representas para mí. –

- No entiendo. –

- Eres mi conejo blanco…aquel que ha traído suerte y felicidad a mi vida…aprendí algunas cosas con China…y una de ellas era el significado de los conejos. –

- … -

- Por eso Prussiya…quiero que seas feliz aquí conmigo. –

- ….Lo intentaré. –

- Gracias. –

Si me ruboricé, estaba algo incómodo…más bien nervioso…jamás me habían dicho que le causaba felicidad a alguien…por parte de West recibía admiración y amabilidad…después de todo soy su hermano mayor pero…jamás tuve un amigo que me hablara de esa manera.

- Nein [no] Rusia…vielen dank an sie [Gracias a ti].

Ambos sonreímos y continuamos hasta el anochecer caminando bajo la nieve de la fría capital de Moscú.

''¿A que horas dejamos que esta amistad se nos escapara de las manos?''.