Después del vendaval… ¡Granizada

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling (asesina de ilusiones y personajes maravillosos) y algunos otros a mi imaginación. Sin fines de lucro, aunque yo gano algo: la satisfacción de perder el tiempo en algo que me gusta, y sus maravillosos reviews.

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Capítulo VIII. El mundo de Sev

Oo—oO

Harry miraba al anciano en el retrato como si estuviera loco. Aquello que le acababa de decir era completamente demente. Había visto cosas raras en el mundo mágico: fantasmas, inferis, ecos de personas, pero… ¿resurrecciones? Descartando lo de la piedra de la resurrección, e incluso, su propia vuelta a la vida durante la batalla de Hogwarts, preguntó:

—¿No dijo usted alguna vez que ninguna magia podía revivir a las personas?

—Y eso sigue siendo una verdad absoluta, Harry. Yo no creo que ninguna magia, tal como la conocemos tú y yo, haya revivido a Severus. Es otra cosa, algo que no está a nuestro alcance. Quizás, algo como lo que te sucedió a ti.

A Harry le comenzaba a doler la cabeza, había tenido un día muy agitado en el Ministerio, apenas hacía unas semanas que había comenzado su labor en el departamento de Aurores, por lo que había decidido visitar Hogwarts y ver a Ginny un ratito, además de saludar a la profesora McGonagall. La directora no estaba, y en su lugar, Albus Dumbledore le decía aquella rimbombante noticia ¿Snape vivo? ¿En qué mundo paralelo se había metido?

—Entiendo que esto sea muy confuso para ti, incluso para mí lo es.

—Y entonces ¿no recuerda nada?

—No—concedió el anciano con tristeza—. Minerva ha estado observándolo las últimas semanas. Está bien y goza de salud, pero vive como cualquier otro muggle.

—¿Y por qué no lo traen aquí?

—No lo creemos prudente, Harry. Si no recuerda nada, creo que será mejor que se quede ahí. Por lo menos hasta que su situación cambie.

—¿Sabe? No sé si sentirme aliviado, furioso, o qué—exclamó Harry dándole la espalda y fingiendo interés en los cachivaches en la mesa de McGonagall.

—¿Por qué, Harry?—se aventuró Dumbledore.

—Porque mis padres fueron buenas personas y murieron, Remus, Tonks, Fred, Colin… ¡Tantos que murieron en la Batalla! ¡Usted! Y Snape, aunque hubiera sacrificado su vida y salvado la mía, resulta que no murió. Creo que eso no es justo.

—Severus murió. Eso tienes que entenderlo. Pero, Harry, tus padres murieron para que tú vivieras, no necesito recordártelo. Las guerras traen perdidas que a todos nos duelen, pero es algo de lo que todos estábamos concientes. Severus murió injustamente, a causa de un lamentable error de Voldemort.

—¿De eso se trata? de justificar a Snape…

—Harry, lamento que te sientas así. Pero créeme, yo también ansío conocer el verdadero trasfondo de esto.

"Si no te incomoda, preferiría que esto se quedara entre nosotros, por lo pronto. Nadie en nuestro mundo sabe que Severus está vivo, y creo que eso será lo más correcto. ¿Comprendes, Harry?

El joven resopló con reconcomio. Y Albus Dumbledore suspiró con resignación. Harry Potter, a pesar de todo, a veces era tan receloso como el que más.

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Era el lugar más extraño que había visto jamás: sucio, oscuro y destartalado. Pero ello podía asimilarse fácilmente. Lo que en verdad la dejó con los ojos desorbitados fue la gente. Señores vestidos con túnicas de diversos colores, fumando pipas que sacaban humo rojo, verde o magenta. Señoras con sombreros puntiagudos bebiendo de tazoncitos en forma de calderos de bruja de cuento.

¿Qué era eso? Quizás un club de locos, acaso una fiesta atrasada de Noche de Brujas, pensó Jessica.

—¡Oh! Disculpe—le dijo un hombrecillo, sonriendo a modo de disculpa pues había colisionado con ella.

Estaba chocada, pero también estaba segura de que en ese lugar encontraría alguna respuesta sobre Sev. Se dio valor y caminó hasta la barra, tras la que había un hombre completamente calvo. Uno de los asientos se desocupó y ella lo tomó. Se sentó cohibida y temerosa, rogando que no se notara mucho su turbación. Pero, al parecer, nadie le tomaba atención.

—¿Qué le sirvo, madame?

Jessica se obligó a mirar al calvo; el hombre le sonreía y notó que le faltaban un par de dientes.

—Eh… uh… ¿qué me sugiere?—inquirió despacio.

—¡Oh! Así que nunca había venido al Caldero Chorreante. Sea pues, bienvenida. Le daré una copita de hidromiel con especias, una rica bebida para una bella mujer.

Jessica sonrío ante el comentario. No sabía lo que era el hidromiel con especias, pero el tono amable y despreocupado del tabernero le tranquilizó un poco.

Tomó la graciosa copita alargada, llena de un líquido rojizo y una sombrillita que se movía en la orilla. Lo probó y… ¡WAW! Aquello sí que sabía bien.

—¿Va usted a ingresar al Callejón? Ahora que la guerra terminó las tiendas cierran más tarde, un espectáculo inmejorable por las noches, no cabe duda—le dijo el hombre mientras limpiaba la barra.

¿El Callejón?

—Eh… disculpe…

—¡Tom! Puede llamarme Tom, todo mundo lo hace—sonrió él— ¿Y usted es…?

—Jess… Jess, nada más—. No creía prudente decir su nombre completo, Tom asintió y ella se sintió un pizca más segura— ¿Puede decirme… qué es un muggle?—inquirió en tono confidencial.

Tom la miró extrañado ¿Qué bruja o mago no sabía lo que era un muggle? Excepto que ella… no, pero tenía que ser una bruja, porque nadie podía entrar al Caldero Chorreante si no tenía una chispa de magia en sus venas o en su defecto, entrar acompañado de un mago, pero ella había entrado sola.

—Ejem… ¿Cómo es que no sabe lo que es un muggle?—inquirió Tom en el mismo tono confidencial.

—En realidad… yo, bueno. ¿Sabes, Tom? Acabo de llegar a Londres, y me dijeron de este sitio, pero hay algunos términos que aún no entiendo muy bien.

Esperaba que aquella sarta de estupideces que acababa de inventarse, más el paso a tutear al hombre, diera resultado. Tom la miró un poco receloso, pero contestó al fin y al cabo:

—Bueno, no sabía que otras partes les llamaran de otro modo, pero puede ser. Los muggles son las personas sin magia, por supuesto. Seguramente has tenido que lidiar con ellos todo el tiempo.

Jessica se atragantó con la bebida. ¿PERSONAS SIN MAGIA? ¿Eso quería decir que aquel hombre calvo que servía bebidas como cualquier tabernero normal tenía magia?

—Ah, vaya. Pues sí, he tenido que lidiar con ellos toda la vida—dijo Jessica con voz amortiguada por haberse casi asfixiado con la bebida—. Oye, Tom… disculpa si te pregunto todas estas cosas, pero…

—Adelante, adelante. Siempre es bueno charlar y más en estos tiempos de paz. Porque supongo que sabes que Quién-Tú-Sabes se fue ¿verdad? ¡Y está vez para siempre!

—Eh… sí, claro—mintió Jessica, a saber quién era quién ella sabía—. Tom, ¿Sabes quién es un hombre apellidado Snape?

Preguntó aquello con cierta resistencia. Esperaba que aquel hombre volviera a fruncir el ceño y la mirara como si estuviera loca. No fue así. Tom arqueó ambas cejas, o donde se supone que debían estar, y la miró con nostálgica sonrisa.

—Claro que sé quién es Snape. Al principio todos pensábamos que era aliado de Quién-Tú-Sabes, bueno, Voldemort—susurró—, sobre todo con los rumores de que él había asesinado al buen Albus Dumbledore, pero luego pasó a ser un héroe de guerra. Yo no creo nada de lo que dice esa Rita Skeeter en su libro. No es más que una gran bocona, deberías haber visto el escándalo que se formó cuando publicó esa horrible biografía sobre Dumbledore, pero claro, estábamos en guerra y teníamos miedo…

Tom siguió hablando, pero Jessica ya no podía asimilar nada de lo que decía. No podía concebir aquello: ¿Sev un héroe de Guerra, asesinado a ese Dumbo… como sea?

—Bueno, creo que mejor me voy. Sólo tenía curiosidad—dijo ella. Quería alejarse de ahí. Era demasiado para ella. Todos estaban locos de remate— ¿Cuánto te debo?

—No, nada. Una cortesía por ser la primera vez que vienes. Espero verte pronto por aquí, Jess.

La mujer sonrío sin ganas. Se levantó para marcharse de ahí, pero entonces, una mujer pasó a su lado y casi la tira. Enfadada, se giró a mirarla ¿Es que todo mundo atropellaba en ese lugar o qué? No le vio la cara que era ocultada por una capucha, pero siguió mirándola. Caminó lentamente preguntándose que hacía la mujer dirigiéndose al otro extremo del lugar ¿el baño, tal vez? Pero no, aquella se había internado en lo que parecía el cuarto de servicio de la taberna; había varios cubos de basura. No le dio importancia y pensaba ya marcharse cuando se quedó petrificada: ¡Aquella mujer había sacado un palito de su túnica verde, tocado con él unos ladrillos y…! ¡Los ladrillos se habían movido dejando un boquete enorme en la pared!

Jessica se frotó los ojos, miró alrededor para ver si alguien más se había sorprendido como ella, pero no. Todo mundo seguía en lo suyo, incluido Tom, que ya charlaba animadamente con otro hombre de sombrero de copa.

Respirando con dificultad, Jessica se adelantó hasta la pared de ladrillos. La otra mujer parecía estar buscando algo dentro de su túnica y hasta que Jessica estuvo a unos pasos de ella, se internó por el boquete.

La curiosidad la mataba, así que también pasó por el ajuero y, volteando un segundo, descubrió anonadada que los ladrillos volvían a su lugar. Estaba a punto de imaginarse que estaba atrapada, pero no le dio tiempo. Volteó el rostro hacía el camino que se habría delante de ella. No se desmayó por milagro de Dios.

Aquello era extraordinario y a la vez terrorífico. Era una calle llena de tiendas, gente, ruido y color. Caminó por inercia, como si sus piernas no la obedecieran. La gente era igual a la del Caldero Chorreante: hombres, mujeres y niños vestidos con túnicas y capas (se apretujó más en la de Sev), riendo, caminando alegres y despreocupados por el lugar.

Miró atónita las tiendas: "Calderos-Todos los tamaños -Latón, Cobre, Peltre, Plata- Automáticos-Plegables"

Tragó saliva sin dar crédito a lo que veía. Se obligó a seguir caminando y descubrió más tiendas. Todas raras.

"Droguería. Todo para sus pociones" y bajo el rótulo: "¡Oferta! Cuernos de Unicornio con rebaja del treinta por ciento" ¿Cuernos de Unicornio? Jessica tuvo que pellizcarse para comprobar que no estaba soñando.

"El Emporio de la Lechuza" un montón de aves ululando fuertemente.

"La Escoba voladora", varias escobas que bien podrían servir para barrer todo el polvo y las pelusas bajo su cama, lucían radiantes en el ventanal de la tienda. Escobas que vuelan…

"Madame Malkim. Túnicas para toda ocasión"

Caminó turbada, mirando para todos lados, cada tienda era por demás rimbombante: heladerías, tiendas de bromas… ¿Qué demonios?

"Ollivander: fabricantes de excelentes varitas desde el 382 a.C." ¿Varitas mágicas? No, eso debía ser una locura, seguramente le había echo daño el hidromiel con especias ¡Estaba alucinando!

Retrocedió unos pasos, totalmente asustada y temblando. Dio de espaldas contra una pared y se volteó para poder ocultarse el rostro y evitar gritar, pero no pudo, porque se había detenido en un escaparate de lo que al parecer era una librería. Y abrió los ojos y el alma se le fue hasta el suelo. Ahí, frente a ella, estaba Sev.

Pero no era el Sev real, pudo constatar casi enseguida. Era verdad que parecía moverse, pero no era más que una reproducción de él en pequeño. Como una fotografía en movimiento, pensó absurdamente. Descubrió entonces que era la portada de un libro grande forrado de piel marrón. En letras estilizadas y plateadas se leía: "Severus Snape ¿héroe de Guerra o un asqueroso mortífago?" bajo el título se leía "Rita Skeeter"

Creyó que se le había detenido el corazón ¿Qué guerra? Bretaña no estaba en Guerra. Y eso de mortífago… pero… una de las palabras de la hoja en la que había escrito Sev era, precisamente, mortífago.

Estaba segura que mucha gente se detenía a mirarla. Debía de lucir patética ahí, con las manos pegadas en la ventana de la librería, temblando como loca, con sus jeans bajo la capa, con sus zapatos de descanso…

Se puso derecha, respirando hondo. Si ya estaba ahí, tenía que saber la verdad. Entró a la librería que, según leyó, se llamaba Flourish & Botts. Un hombre mayor dirigía un plumero a distancia. Jessica creyó que se vomitaba ¿¡Qué diablos hacía un plumero moviéndose solo?!

—¡Buenas noches! ¿Puedo servirla en algo?

Jessica dejó de mirar al plumero para posar la vista en aquel hombre de aspecto arcaico. Trato de sonreír, aunque supuso que había fracasado.

—Este… sí. Yo… ¿cuánto cuesta el libro sobre Severus Snape?—preguntó señalando el ejemplar en el escaparate.

—¡Oh! Ese libro. Esas biografías se han vendido muy bien. Rita Skeeter ha de estar forrándose. Tengo también la de Albus Dumbledore y la de Harry Potter, todos de la misma autora.

—Me interesa el de Snape—dijo ella.

—Bueno. Pues cuesta dos galeones y veinte knuts. ¿Se lo envuelvo?

Así que las monedas que había recogido si eran, después de todo, monedas útiles. Pero no tenía más que un galeón y tres sickles. No sabía lo que era un knut, aunque ya se imaginaba que era otra moneda.

—¿Recibe libras?—se aventuró a preguntar.

—¿Libras? ¿Habla usted del dinero muggle?—se sorprendió el tendero.

Ella asintió entrecerrando los ojos ¿Y si el hombre apuntaba con esa cosa… varita o lo que fuera hacía ella?

—Bueno, siempre se puede cambiar en Gringotts. Está bien, déjeme hacer la conversión— con la varita dibujó en el aire unos números, y éstos habían aparecido ahí, frente a ellos, flotando.

Jessica cerró los ojos, impedida para ver otra cosa de esas. Pura brujería.

—Serían veinte libras.

Volvió a abrir los ojos, totalmente descompuesta.

—Está usted muy pálida. Debería pasarse por la droguería y prepararse una buena poción relajante. Creo que tengo por ahí un libro sobre ese tipo de pociones.

—Estoy perfectamente. ¿Veinte libras, dijo? Bueno, pues…—. Jessica sacó del cuello de la capa su bolsito de terciopelo y sustrajo las monedas normales, junto con la de oro y las de plata.

—¡Oh! Debió decirme que traía sickles. Déme el galeón y dos sickles y nos ahorramos el numerito de ver a los gnomos.

—Preferiría pagarle con libras. Es que… me gusta el galeón.

—Bueno, está bien, ya mandaré a mi ayudante. Permítame envolverle el libro—el hombre se imaginó que aquella mujer debía ser una completa muggle, quizás la pareja de algún mago. Pero no rechistó y recibió las libras a cambio de la biografía de Severus Snape.

Jessica salió verde de la librería. Se sentía enferma, confundida… ¿Sev era un brujo? ¿Tendría una varita mágica y la usaría como si fuese el hada madrina de la cenicienta? ¿Qué diablos era todo aquello?

Con la sensación horrible de querer llorar de frustración, regresó a grandes zancadas calle abajo, esperando ver la entrada del Caldero Chorreante. Apretaba el libro envuelto en papel contra su pecho. Llegó al fin, pero se detuvo abruptamente: los ladrillos seguían apretados y no parecía que hubiera algo detrás.

—¡Diablos! ¿Y ahora cómo voy a salir de aquí?

Y como si su plegaria hubiera sido escuchada, los ladrillos se movieron para darle paso al patio trasero del bar. Se apresuró a salir, con el corazón en un puño; y no vio a Minerva McGonagall guardar su varita y mirarla con pena.

Oo—oO

N/A:

¡Hola!

Pues, como bien dicen, lo prometido es deuda y aquí está el nuevo capitulo. Mhhh… no salió Sev, pero bueno… ¡no me maten!

Aclaraciones: Jessica NO es una bruja. No tengo la menor idea de cuánto equivale en libras el dinero muggle (¿Alguien lo sabe?), pero como me imagino que el oro es muy bien apreciado, pues no menos de veinte libras debe valer.

Y bueno, este capítulo fue inspirado por una canción de Shuarma: El Universo.

Finalmente, muchísimas gracias a: Lupita. Snape, Hara preciosa, MoonyMarauderGirl, Alexander, Arcano, Esme!! (un besote para ti y gracias por los videos); Dany Snape, Lady Azuky, cris.17 y Replika ¡bienvenidas!

Vale, pues entonces, nos leemos pronto. Si consideran que el capítulo es corto, nomás avisen y en cuanto me haga de un tiempecito, subo el que sigue.

Mil besos!!

Látex.