Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto
Sólo la trama de esta historia pertenece a mi autoría
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Number 13
VIII
Awaken
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— ¿Cuánto ha pasado, poco más de un mes?, ¡no puedo creer esto!
Observó con gesto adusto como Namikaze protestaba impotente ante el hallazgo de la víctima número veintiuno. La nieve cubría casi completamente el tieso y congelado cuerpo, solo algunas partes del estropeado cadáver estaban expuestas. Si se dejaban llevar por el superficial repaso ocular, podían percatarse que esta vez el coleccionista había actuado con más saña y crudeza.
—Estaba enfadado —murmuró para sí.
— ¡Estoy harto!, ¿hasta cuándo dejaremos de ser la burla de ese mal nacido? —Naruto se acomodó a su lado.
— ¿La victima pertenece a personas desaparecidas? —preguntó en tono plano.
Empezaba a preocuparle hacer de aquello su rutina. Él era prácticamente nuevo en el caso, no quería que la desesperación ni la desesperanza lo alcanzaran, como al resto de sus compañeros, quienes ya lucían cansados y desanimados, y lo peor de todo, derrotados.
—Probablemente —asintió el rubio, resoplando y metiendo sus entumidas manos en los bolsillos de su gabardina.
— ¿El testigo? —completó el ya tan conocido interrogatorio.
—En la jefatura, ese pobre chico tendrá suerte si logra dormir dentro de los próximos días. Debiste ver su cara.
—Me la imagino —respondió ausente.
Después de asegurar la escena y de guardar en su mente todos los detalles de esa noche —para repasarlos después—, volvió a concentrarse en su preocupación principal. La número trece. No.
Sakura Haruno.
Por fin tenía un nombre, por fin una identidad que le llevaría a descubrir lo ocurrido con esa pobre chica cuatro años atrás. Hacía pocas horas que la había visto por última vez. Sedada, y más pálida de lo normal, tuvo que dejarla prácticamente sola —únicamente acompañada de una enfermera—, para correr a la escena del más reciente crimen del coleccionista.
Aún permanecía incrédulo por lo sucedido esa noche, rememoró sus lágrimas, su dolor, su desesperación y, por último su terror. Todavía no comprendía la causa de aquel shock emocional. Ella había mostrado un gran progreso, recibiéndolo con aceptación, mirándolo directamente a los ojos cuando le hablaba, poniéndole absoluta atención a los libros que le leía, comiendo lo que podía.
Por supuesto que quería ver más avances en ella, pero no si eso le costaba la poca cordura que le quedaba. Se estremeció por el frío, comenzaba a comprender a Itachi. Su hermano puso el bienestar de Sakura por encima de la investigación del coleccionista, él empezaba a desear hacer lo mismo. Pero no podía, no con una nueva víctima y con ese asesino escalando a niveles más sanguinarios.
Tenía que presionarla, porque a ese paso, era la única oportunidad que tendrían para llegar a él. ¿Podría hacerlo?, solo el pensamiento de verla llorar de nuevo con tal desolación, le generó dolor en el pecho. Quebrar a Sakura por milésima vez, convertirla de nuevo en el espectro sin vida que era antes de Itachi. ¿Cuánto más resistiría ella hasta que de verdad ya no quedara nada que rescatar?
No.
No podía. No quería. Su hermano le encomendó su cuidado, estaría fallándole si, en su persecución por el coleccionista, la sacrificaba a ella.
Pero, ¿Qué hacer entonces?. Subió a su auto, ni siquiera tuvo que pensar hacia dónde dirigirse ahora. El camino al psiquiátrico de Konoha era un sendero demasiado conocido por él. Lo recorría a diario. Necesitaba estar a su lado, ella probablemente dormiría toda la noche y parte del día, pero no permitiría que estuviera sola. Si de él dependía, ella no se sentiría abandonada nunca más.
Sabía que debería estar conduciendo hacia la estación de policía, pero allí no habría más de lo que ya tenían. Que otra víctima se sumaba a la lista, que el testigo no reportaría información importante, que los padres de la joven llegarían en algún momento para reconocerla…el mismo rito, la misma sensación de fatalidad e inutilidad.
Aprovechó el primer semáforo en rojo que encontró, para enviar un mensaje a su capitán, el apoyo de Kakashi había sido fundamental en esos últimos días. Su jefe comprendía a la perfección, la titánica labor que él estaba llevando a cabo con Sakura, por lo que no le sorprendió su disposición a dejarlo actuar por su cuenta. Él serviría mejor en el psiquiátrico, intentando averiguar más de la información que Sakura poseía, que en la oficina, dándole vueltas al fracaso que otro de los asesinatos del coleccionista significaba.
Eran las cuatro de la madrugada cuando por fin pudo acomodarse de nuevo a su lado. La enfermera que designó a su cuidado, lo miró con sorpresa al verlo aparecer. Ellos no esperaban que se entregara con tanta devoción al cuidado de la pobre paciente, la psiquiatra había sido muy directa, al dejarle claro en el pasado, que esperaba que fracasara como todos los demás lo hicieron.
Ocupó la silla que se quedó vacía, la amable señora de arrugado uniforme blanco, le dedicó una lastimosa sonrisa. Captando seguramente sus ojeras y la fatiga en su expresión.
—No ha habido ningún cambio en su condición —informó con tono profesional—, le traeré un café, seguro será una larga noche para usted —cabeceó a modo de respuesta, agradeciendo mudamente el gesto cortés.
Al quedarse solo, acercó un poco más su silla a la camilla, no quiso frenar el impulso de tomar la delicada mano que Sakura extendía hacia él. La tenue luz apenas iluminaba sus facciones. ¿Cómo podía un ser tan frágil como aquel, haber sobrevivido a una experiencia tan aterradora?. No dejaba de asombrarle la enorme fuerza interior de aquella mujer.
Con el pasar de lo días, había aprendido a conocerla. Ella no le dio otra opción. Sabía que era obstinada, la mirada feroz que le lanzaba cuando la reprendía, era prueba de ello. Sensible, una vez vio correr una lágrima por su mejilla, al finalizar una historia de amor que él a duras penas le leyó. Inteligente, dejaba a propósito las bandejas de comida intactas, así él podía traerle todo tipo de comida basura, la cual ella comenzaba a adorar. Con un temerario sentido del humor, ya que gozaba haciéndolo enojar, sacarlo de sus casillas, era su principal diversión.
Sonrió, apretando sus dedos entre los suyos. Después de aquella horrenda y fría noche, su cálida piel era un placer reconfortante. La puerta volvió a abrirse, él ni siquiera hizo el intento de alejarse. La enfermera evitó con toda intención, posar su mirada en la indebida situación. Colocó el café al alcance de su mano, cuando pensaba que ella saldría sin más contratiempos, se detuvo a unos metros de la salida:
—Usted es bueno para ella, hágale saber, que ella también es buena para usted. Ella necesita algo que la haga querer volver.
Sin más, la sabia mujer salió de allí.
—Sakura… —murmuró cerca de su rostro, acariciando su frente y cabello.
¿Sería eso posible?
¿Podría sentir ella algo más allá, del miedo o del dolor?
Más importante aún, ¿se atrevería él, a reconocer la posibilidad de que ya estaba enamorado de ella?
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Tenía algo a lo que aferrarse. El abismo amenazaba con tragarla en sus oscuras profundidades, sin embargo, ella todavía no estaba cayendo.
Colgaba. Luchaba por mantener esa sujeción. Si soltaba esa luz de esperanza, estaría abandonando toda posibilidad de escapar de aquel tenebroso vacío.
Debía soportar. El fino hilo del que pendía su sensatez, era tan delgado como cualquiera de sus cabellos. Sería tan fácil perderse para siempre, cortar la frágil cuerda que la unía al mundo real, no pensar jamás, no experimentar de nuevo aquel indescriptible sufrimiento.
No. Necesitaba resistir.
Abrió los párpados, la mano que la mantenía, no era otra que la de Sasuke. Su cabeza estaba recargada en la impecable superficie del colchón, él dormía. Los estragos del cansancio, crudamente evidenciados en su pacifico rostro. A pesar de eso, era tan perfecto.
El anhelo de acariciarlo la paralizó, convirtiéndose en un dolor físico. No podía hacerlo, ¿con qué derecho se imaginaba tocándolo?, ella no era nadie, no valía nada. Él estaba allí para ayudarla, para que ella, a su vez, los ayudara. Cumplía los deseos de Itachi de no dejarla sola, de continuar con la labor que él empezó. ¿Y ella cómo le pagaba?, ambicionando algo que jamás poseería, alimentando fantasías sin sentido.
Siempre era así con los hombres, todo destinado al fracaso. Primero él. El error que la había llevado hasta donde ahora estaba. Después Itachi, a quien le costó la vida haberla conocido. Ahora su hermano, Sasuke. Un hombre inalcanzable, al que también terminaría perdiendo si no hacía algo.
Lo observó dormir, su respiración tranquila, acompasándose con los latidos de su propio corazón. Apretó su pequeña mano, con la más grande y áspera mano de él. No comprendía bien sus emociones, sólo sabía que era Sasuke quien las dominaba. Su duro aspecto, su fuerte y difícil carácter, su filoso ingenio, su inesperada ternura. Todo él era maravilloso. En cambio ella…
Salió de la cama con mucho cuidado de no despertarlo. Entrando al pequeño baño, se acercó al espejo que estaba encima del lavabo, ese en el que nunca reparaba. Examinó con desprecio su imagen. Su cabello era una grasienta mata de mechones alborotados que le llegaban más allá de los hombros. En su rostro, la palidez de su piel era de un blanco enfermizo, sus ojos opacos y hundidos, asemejaban a los de un cadáver. Pasó los dedos por sus labios resecos, contemplando con repulsión sus descuidadas y sucias uñas. La vieja sudadera le quedaba enorme, la alzó algunos centímetros, gracias a las últimas comidas que Sasuke le había hecho consumir, ya no se notaban sus huesudas costillas, pero su vientre aún era plano, su estómago encogido apenas empezaba a volver a la normalidad.
¿Cómo podía alguien fijarse en eso que se reflejaba en el espejo?
¿Qué era lo que había estado haciendo?
Huyendo.
Corriendo de todo y de todos, principalmente de ella.
Muriendo lentamente.
Languideciendo víctima de sus temores.
Pero ahora de repente, por él…deseaba quedarse. Arriesgarse a surgir.
¿Era el mundo un lugar más seguro para que ella saliera ahora?. Dudosamente. Pero si no ayudaba a Sasuke, él no lo lograría solo. No era con el interés de que él correspondiera a sus sentimientos, eso estaba fuera de la cuestión, ella ni siquiera sabría dar nombre a lo que sentía. Necesitaba cumplir con su deber, escondida allí no era más que una carga. Además, cerca de Sasuke lo protegería, no tenía idea de cómo, pero lo haría.
Recordaba prácticamente todo... menos lo más importante, se estremeció de preocupación.
Su bloqueo mental todavía le impedía ponerle una cara al terror. No sabía cómo diablos lucía él, su cerebro se resistía a reconocer el color de sus ojos, o de su cabello.
—Poco a poco —se tranquilizó con paciencia.
Cerró la puerta del minúsculo cuarto, no queriendo hacer ruido. Abrió la regadera, dejando el agua correr mientras se desvestía, la venda que cubría su cicatriz estaba de nuevo en su lugar. La arrancó y la tiró al cesto de basura, sin darle otra mirada al número que palpitaba en su muñeca. No le importó que las gotas heladas golpearan su cuerpo, sintió la sangre correr de nuevo por sus venas, despertándola…sacudiéndola. Levantó la cara, las lágrimas descendieron por sus mejillas, acompañadas de los ríos del agua que caía de la ducha.
¡Estaba viva!
Había sobrevivido.
Lavó su cabello, frotó su cuerpo. Dejó que el llanto limpiara su alma. Que sus miedos escaparan por el drenaje.
Si quería detener a aquel asesino y, salvar a Sasuke, no podía seguir sin hacer nada, matándose a sí misma desde el interior.
Se secó con una toalla enorme que colgaba al lado de la puerta, hizo una mueca ante las viejas y feas prendas que tiró en el piso. No volvería a usarlas. Apretó con fuerza el nudo de la toalla que cubría su desnudez.
Con pasos cortos pero firmes, regresó a la habitación, había algo que le faltaba hacer.
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Apretó los párpados cuando sintió la luz impactando con sus ojos. Se removió incómodo, le dolían la espalda y el cuello, también tenía el trasero adormecido. Se levantó con pereza, sentándose correctamente en la silla. Al instante comprendió dónde se encontraba, ¡era un estúpido, se quedó dormido cuidando a Sakura!, ¿Qué clase de cuidador era, que lo vencía el sueño a los diez minutos?
Se irguió alterado. Ella no se hallaba en la cama. Además, ¿Por qué la habitación estaba tan iluminada?
—Había olvidado lo hermosos que son los días soleados…
Viró asombrado. Aquella mujer que miraba por la ventana, con el cabello mojado y el cuerpo cubierto con una simple toalla, no podía ser la número trece. Imposible, ella era incapaz de acercarse a las persianas cerradas, mucho menos de abrirlas y mirar hacia afuera.
— ¿Crees que la nieve se derrita pronto?, siempre quise hacer un muñeco, pero nunca he tenido la oportunidad —por fin giró en dirección a él.
— ¿Qué…cómo…? —negó con confusión— ¿Sakura...? — ¿aquella era la chica que existió antes del ataque? Ella lo miraba a los ojos, el bosquejo de una sonrisa, comenzaba a asomarse por su rostro.
—Sí, ése es mi nombre. He terminado Sasuke —se aproximó hasta él, quedando a escasos centímetros.
— ¿A…a qué te refieres? —cuestionó preocupado. Refrenó las ansias de estirar sus brazos hacia ella y tocarla, comprobar si era real. No salía de su asombro, ella era una persona completamente distinta a la joven desvalida que él recordaba, a la que ansiaba proteger…
—No voy a esconderme más. Me niego a permitir que él siga dominando mi vida, no puedo dejar que gane. No quiero seguir existiendo sólo como su víctima…
—¿Estás…segura?. No tienes que hacerlo, sé que te asusta. No pondré su captura por encima de tu bienestar —aclaró con voz firme.
Era más que obvio que ella estaba de vuelta. Dispuesta a hacer lo que desde un principio él esperaba que hiciera, llevarlo hasta su atacante. Pero como bien le acababa de decir, ella era su principal prioridad. Atrás quedaban los días en que su ambición por encontrar al coleccionista, era su único objetivo.
Verla tan entera, tan confiada…hablándole y mirándolo con facilidad, lo llenaba de orgullo, y por qué no, de expectativas. ¿Era demasiado pronto para hacerse ilusiones?. Desechó esos pensamientos, sobretodo porque sus sentimientos eran lo último que debería importarle, mientras el coleccionista continuara con su cacería de jóvenes inocentes, él no podía pensar en ningún futuro con Sakura. Asimismo, no debía poner ningún tipo de presión extra a su milagrosa recuperación.
—Estoy aterrada —confesó con sinceridad—. Pero confío en ti, ¿me ayudarás Sasuke?... ¿estarás a mi lado por si me fallan las fuerzas?, ¿cuando tenga que enfrentarme de nuevo a él, me sostendrás? —pidió esperanzada.
—Siempre. No permitiré que vuelva a dañarte —juró tomando sus manos entre las suyas, distinguiendo su ligero temblor.
—Yo tampoco, dejé que me arrebatara mi vida y a Itachi…pero no a ti Sasuke…no a ti —aseguró con vehemencia.
La vio respirar hondamente, mostrándole al fin, su valor.
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"Para darse cuenta de que la oscuridad no es lo único que podemos ver, sólo hace falta abrir los ojos y dejar la luz entrar"
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¡Hola, que gusto saludarlos/as de nuevo!
Ha pasado tiempo, yo lo sé, es que estaba decidiendo algunos aspectos de este nuevo capítulo. Cómo se habrán dado cuenta, empieza a moverse la trama. Sakura por fin ha logrado sacudirse el estado catatónico en el que estaba. La narración estará alternándose entre los tres personajes principales como en un principio, sólo que ahora no será cada uno por capítulo, sino intercalándose como fue el caso en esta actualización. Eso con el fin de agilizar la historia.
OK, ya me dirán ustedes que les pareció, ya comienzan a dejarse ver los sentimientos, aunque el romance no ha sido lo principal en este fic, si será imprescindible, hehe, no puedo contar una historia SasuSaku sin nada de amor, claro que no, sería un pecado mortal =P.
Bueno, sin más que añadir, deseo que hayan disfrutado del capítulo, se vienen cosas interesantes. Ansío regresar pronto, aun así, espérenme con toda la paciencia que tengan, por fis. Gracias por leer, gracias por comentar, gracias por cualquier forma de apoyo que me den.
Un saludo, un abrazo fuerte. Que estén perfectamente bien, cuídense mucho. ¡Nos leemos luego!
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SasuSaku CANON
