Aspros les ha reunido alrededor de la mesa del salón. Los tres hermanos esperan su aparición, mirándose alternativamente en silencio hasta que Defteros se convierte en el blanco de toda atención.

Sus dedos siguen siendo asaltados, con menos frecuencia, pero con idéntica intensidad cada vez que asumen el papel de ser las únicas herramientas capaces de saciar su ansiedad. Saga y Kanon se fijan en él, y los mudos interrogantes dibujados en sus verdosas miradas le detienen su particular tortura a las uñas, que esconde bajo la protección de sus axilas mientras sus brazos se cruzan y ayudan a guardar las manos, alejándolas de la destreza de sus peculiares colmillos.

- ¿Qué? - lo pregunta encogiéndose de hombros y arqueando las cejas mientras sus ojos recorren las curiosos rostros de sus hermanos menores.- ¿por qué me miráis así?

- ¿Qué quiere Aspros?

Es Saga el que toma la iniciativa, sin poder esconder cierto temor en su pregunta. Y ahora es Kanon el que materializa sus dudas y temores ante repentina reunión.

- ¿Hemos hecho algo malo?

- ¡No! Vaya, no creo...Yo qué sé lo que quiere. Estoy igual que vosotros...

La mano izquierda se rebela y huye del frágil enclaustramiento al que la someten la axila y el costado de su torso. El pulgar encuentra de nuevo sus labios, y el colmillo sigue con su tarea, arrancando una pequeña fracción de uña que sale despedida por la propulsión que le imprimen sus labios, aterrizando sobre la mesa. Los menores observan el minúsculo cadáver. Defteros se da cuenta que no está ofreciendo lo que precisamente se podría definir como un buen ejemplo de modales, y se apresura a barrer el resto con un rápido desliz de su mano por la madera.

Defteros rehuye la atención a la que le someten sus hermanos menores y se inspecciona los dedos de la mano, perfilándoselos con el pulgar al tiempo que su vista se concentra y se pone bizca por la proximidad de su objeto de estudio. Kanon resopla sonoramente y hace balancear su cuerpo sobre las patas traseras la silla donde está sentado, apoyando su nuca en sus entrelazadas manos mientras su vista rueda hacia el techo. Saga cruza sus brazos sobre la mesa y apoya su cabeza en ellos, con evidentes muestras de aburrimiento debidas a la espera de Aspros.

Un repentino y descendente galopar de pasos por la escalera hace que Defteros vuelva a esconder las manos bajo sus brazos, que las cuatro patas de la silla que sostiene a Kanon prueben el suelo y que Saga se desperece y se yerga mostrando fingido interés. Aspros se acerca a ellos y deja caer un montón de papeles sobre la mesa antes de arrastrar sonoramente la silla libre entre Saga y Defteros y tomar asiento en ella.

- Aspros...¿nos puedes decir a qué se debe tanto misterio?

Defteros emite la pregunta que ronda por la mente de los tres desde hace rato, y Aspros se toma su tiempo antes de responder, esbozando una satisfecha sonrisa mientras pasea su mirada de uno a otro, regocijándose en la sensación de sentirse el centro de atención. Sus manos se deslizan extendidas sobre la superfície de la madera, a ambos lados del fajo de papeles que ha bajado con él, y al fin desvela el misterio.

- Os informo que acabamos de inaugurar nuestro primer "cónclave".

- ¿Qué dices? - Kanon se estraña, y arruga su ceño y sus labios en señal de incompresión.- ¿Ésto no es lo que hacen los curas cuando se les muere el Papa?

Aspros sonríe aunque la salida de Kanon, o mejor dicho, la manera tan tosca que tiene de expresarse, en realidad le despierta ganas de reír abiertamente. Pero el momento necesita solemnidad, y quizás alguna aclaración.- Un cónclave también es una reunión de personas para tratar un asunto.

Defteros se lo mira de refilón alzando sólo una ceja. Y la curiosidad de Saga despierta con rapidez.

- ¿Y lo que debemos tratar nosotros es...?

La expectación crece, y Aspros vuelve a repasar los divertidos rostros que le ofrecen sus tres hemanos menores con satisfacción. Sabe que su expectación cesará en el mismo instante que pronuncie el tema que les ha reunido, pero se ha propuesto tomárselo bien. No enfadarse. Escuchar las críticas y pasar de ellas, imponiendo al fin su autoridad.

- Muy sencillo. El tema a tratar de hoy es...organizar el reparto de las tareas del hogar.

Defteros alza su otra ceja y pierde su mirada sopesando la propuesta, asintiendo y aplaudiendo en silencio la decisión de quién hace un par de meses que se ha hecho con el timón.

El rostro de Saga se ensombrece.

Y la rebeldía de Kanon florece.

- ¡Y una mierda! ¡Nosotros estudiamos! ¡Y tenemos los entrenos de fútbol! El final de temporada se acerca...y además ¡no quiero convertirme en una "chacha"!

La reacción de Kanon no sorprende a Aspros en absoluto. Es más, se la esperaba, y el menor de todos no le ha defraudado, así que ahora está a punto de recibir toda una sarta de justificaciones que anularán sus excusas de un plumazo.

- Estoy de acuerdo contigo, Kanon, en parte. Es cierto que vosotros tenéis vuestras obligaciones fuera de casa. Pero Defteros también está retomando su proyecto final de carrera, en breve empezará a trabajar en el bar de la playa de cada verano, y yo ya sabéis que paso muchas horas fuera de casa. Todos pringaremos, chavales. Todos.

- ¡Antes venía una asistenta! Que vuelva.

Kanon lo ordena. Y Aspros se dispone a poner el dedo en una llaga que les dolerá, y mucho.

- ¿Queréis que vuelva la asistenta?

Defteros sigue mirándole de refilón, mudo y a la espera de ver cómo Aspros despliega toda una estrategia que no ha compartido ni siquiera con él. Y los dos menores responden al unísono un alto y escueto "¡Claro!".

- De acuerdo. Dejamos de pagar vuestra ficha federativa del fútbol, os olvidáis del equipo y llamo a la asistenta.

- ¡¿Qué?!- Saga se desespera, más ahora que está recuperando la ilusión y el tacto del gol.

- ¡¿Y qué más?! ¡No puedes ser tan cabrón! - le espeta Kanon, que se abalanza sobre la mesa con pretendida expresión amenazante, no consiguiendo otra cosa que transmitir un puro terror al sentir que algo que le ayuda a liberar tensión está a punto de serle arrebatado.

- ¡Kanon! ¡Ésa lengua!

Defteros no soporta que Kanon se esté dando tanto a los insultos gratuitos, y no puede reprimir azotarle en todo el cogote sin mucha delicadeza, haciendo que Kanon agache el rostro un instante y que enseguida una mano acuda a frotarse la zona afectada, enviándole una mirada cargada de infantil odio. Hallando como única respuesta una silenciosa advertencia proferida por la agudización de la mirada que le ofrece Defteros.

- A ver chicos...- Aspros está manteniendo la calma magistralmente, y sin hacer caso de los improperios de Kanon, prosigue con su exposición.- Nuestra situación económica no es para tirar cohetes. Es cierto que cuando Defteros empiece con la temporada iremos mejor, pero aún así no nos podemos permitir gastos que podemos solventar entre todos.- Los menores callan frente a la ineludible verdad que plantea Aspros, y la resignación empieza a vislumbrarse en sus rendidas miradas.- El otro día los dos me dijísteis que ya érais mayores para muchas cosas...¿me equivoco? - Saga y Kanon asienten sabiéndose fuera del partido, y le miran con las cabezas gachas, esperando la resolución del tema.- Pues ya es hora que también adquiráis responsabilidades en casa.

El mutismo de Defteros es suficiente para darle a entender a Aspros que está de acuerdo con su decisión, pero lo que no acaba de comprender es la presencia de tal papeleo encima de la mesa.

- Todo ésto está muy bien...pero...¿y estos papeles qué significan?

Aspros le mira. Y le sonríe. Y lo hace de esa manera que le pierde, y que le obliga a cortar su contacto visual antes que el rubor aparezca en su rostro.

- El reparto de tareas para la semana próxima. Lo colgaremos en la nevera, y se deberá seguir escrupulosamente. Luego, cada sábado haremos de nuevo nuestro pequeño "cónclave" dónde nos reasignaremos las tareas, así no haremos siempre lo mismo, y dónde hablaremos de todos los problemas y cuestiones que hayan surgido durante la semana.

- ¿Y si tenemos un problema grave durante la semana, qué? - espeta Kanon, cruzándose de brazos mientras intenta mostrar una expresión de superioridad que más que respeto causa gracia y ternura.

- Pues se habla sin demora cuando ocurra. No quiero que os guardéis nada importante, lo del "cónclave" será para cosas de la casa, no vuestras. ¿Entendido?

Los menores asienten. Defteros se atreve a mirarle de nuevo. Aspros no necesita más que una mirada suya para saber que no está solo en ésto. Y esta complicidad con su gemelo le da una seguridad que casi nunca comparte con nadie.

- De verdad...cualquier duda, problema o cuestión que os preocupe, la habláis con Defteros o conmigo sin falta. Ésto es algo que me debéis prometer.

Saga vuelve a asentir en silencio, sumiéndose en una pequeña pesadumbre que no percibe nadie, y es Kanon el que acaba con esa parte del discurso que ya le está aburriendo.- ¡Que sí, pesado! Ya te hemos entendido...

Aspros sonríe, y finalmente toma los papeles en sus manos, rebuscando el que guarda la información principal.

- Bueno, pues aquí os presento el planning para esta semana que empezaremos ahora mismo.

Un papel es deslizado al centro de la mesa, y las miradas de los tres menores se apresuran a desentrallar el misterio que la voz de Aspros se resiste a desvelar.

- ¡¿Qué?! ¡¿Yo lavar la ropa?! - Kanon lanza su mirada llena de terror hacia Aspros mientras Saga aprovecha el momento para hacerse con el papel y leerlo con atención.- ¡Ni siquiera sé cómo va la lavadora!

- Kanon...la lavadora tiene menos botones que los mandos de la Play...

Kanon refunfuña y se deja caer sobre el respaldo de la silla con forzada resignación, cruzándose de brazos otra vez mientras observa a Saga, presunto cómplice en sus tareas de la semana.

Saga devuelve el papel al medio de la mesa, y también toma su turno para presentar unas excusas que sabe de sobras que Aspros ya tiene previsto desarmar.

- Aspros...no sabemos qué ropa se puede poner junta, el jabón...los programas...

El mayor sonríe con superioridad y satisfacción, agarrando otro de los papeles, esmeradamente redactado, y el cuál será colgado en la pared al lado de la lavadora.

- No os preocupéis. Aquí está anotado qué puede ir junto, qué se debe lavar siempre por separado, los colores que se pueden mezclar, las temperaturas y la cantidad de jabón a usar. Hay que ser muy tonto para hacerlo mal con toda esta información. Y vosotros dos, tontos no sois. Así que no os empeñéis en hacerlo mal adrede para libraros de vuestra obligación.- Ambos resoplan con rendición y con los labios mostrando morritos de disconformidad, delatando que aún que la adolescencia haga tiempo que los asalta sin compasión, la infancia aún se empeña en no desaparecer por completo.- Y claro, no es solo poner la lavadora. También deberéis tender la ropa, recogerla cuando esté seca, doblarla y guardarla. Plancharla de momento lo haremos Defteros y yo...

Defteros no puede evitar soltar una risilla. Sabe que Aspros adora sus camisas. Y sabe que su gemelo teme dejarlas en manos de los pequeños, temiendo por su integridad una vez hubieran pasado por los efectos de la plancha.

- ¿Y vosotros qué haréis?

Saga lo pregunta, deseando saber si durante la semana próxima ellos van a ser los únicos explotados o si todos van a pringar por igual.

- Nosotros nos encargaremos de la limpieza general y de las comidas. Supongo que habéis dado por entendido que la cama cada cuál se hace la suya, y el fin de semana cocinaremos entre los cuatro. Creo que algunas clases prácticas no os vendrán mal...

Dicho ésto Aspros busca con su mirada la de su gemelo, hallándola divertida y cómplice en su intención de no tener que pasar de nuevo por el suplicio que supuso cenar las consecuencias de las artes culinarias de Saga y Kanon.

- ¿Y qué? ¿ya ha acabado el "cóclave"?

Kanon quiere huir de la reunión sea como sea, sin esperar cuál será la siguiente orden de su general al mando, el cuál ahora sí que se echa a reír con ganas.

- "Cónclave", Kanon..."cónclave", con "n". Y ahora ya podéis empezar. Hay un cesto repleto de ropa que os está esperando ansiosamente.

Los menores rechistan, pero la sonrisa de Aspros hoy parece que no quiere abandonar su apuesto rostro. Ambos le miran clamando piedad, rogando en silencio demorar el afrontar las tareas un poco más. Pero Aspros sigue sonriendo, alzando su mentón y señalándoles con el expresivo gesto su próxima destinación: el cuarto de limpieza.

Kanon se levanta con decepción y emprende el camino cabizbajo, entre improperios y maldiciones. Saga le sigue, pero de repente retrocede y se hace con el papel que deberá guiarles en su misión.

Defteros ladea su rostro hacia Aspros y le sonríe. Admirándole. Y secretamente extrañándole.

- Eres bueno liderando, Aspros...

Aspros se encoge de hombros y suspira, ahora dejando fluir un pequeño atisbo de tristeza.

- No soy bueno. Sólo quiero hacerlo bien...educarles dignamente para que crezcan sin prejuicios, y para que asuman que la vida está repleta de pequeñas obligaciones que también deben aprender a atender.

- Lo conseguirás, Aspros.

Defteros lo dice con sinceridad, y sin ser consciente de ello su mano busca la de Aspros y la estrecha, sintiéndose correspondido sin pudor.

- Lo conseguiremos. Juntos, Defteros...

Las manos se despiden y cada una busca un buen recaudo para refugiarse de nuevo. Y ambos se levantan para asumir sus propias tareas. El planning es colgado en la nevera por Aspros, sujetándolo con cuatro imanes , y Defteros lo lee con atención.

- Así que a nosotros hoy nos toca barrer, quitar el polvo y fregar cocina y salón.

Aspros deja que su hombro descanse contra la nevera, cerca de Defteros, el cuál le devuelve la mirada y se la sostiene sin fingir su devoción.

- ¿Puedes dormir bien?

El mayor lo pregunta intuyendo cual será la verdadera respuesta, por mucho que Defteros pretenda maquillarla a consciencia.

- Sí...claro...¿por qué no iba a dormir bien?

- Pues yo apenas pego ojo, Defteros. Te extraño.- Defteros baja la mirada, y asume que él no es distinto a Aspros. Que también le extraña...y que tampoco duerme bien sin su cómplice y secreta proximidad.- Hoy...cuando estén dormidos...podrías venir...

Aspros ruega con la mirada, bajando la voz hasta niveles imperceptibles. Y Defteros duda, ansía y teme a partes iguales.

- Ya veremos...

La respuesta es abierta, y no aclara nada al mayor, que ve cómo un par de escobas salen del pequeño armario de la limpieza y una aterriza en sus manos.

Defteros le mira. Y le sonríe. Le desea...y se reprime.

- De momento, tú cocina y yo salón.