Sé que no tengo perdón de Dios por lo que he hecho con esta historia, pero sí que quiero agradeceros de todo corazón todos y cada uno de los reviews que me habéis mandado desde que empecé a escribirla, y en especial ahora mismo los que me han llegado desde el último capítulo. He tardado lo que no está escrito (nunca mejor dicho) en volver a este fic, pero es que de verdad de la buena que me quedé en blanco con Castle y con esta historia. A pesar de que tengo claro desde que empecé cuál quiero que sea el final y la trama en general, no sabía cómo llegar hasta ahí, y antes de hacer algún desastre con la historia y destrozarla para siempre he preferido esperarme hasta saber mejor cómo llevarla. Espero que me entendáis y no haberos perdido para siempre!

Espero de verdad que os siga gustando, y para lo que sea adoro los reviews, tanto buenos como malos eh! Y si queréis escribirme de una forma que pueda contestaros a cada uno, id a mi cuenta de Tumblr o de Formspring escribidme, que yo contesto a todo lo que me llega por ahí, lo prometo!

P.D. Me preguntaban en un review cuándo llegaba la acción. Bueno, nos os preocupes, que la acción llega, y si todo va como tengo planeado, bastante! :D Mi idea es que el fic tenga de todo, y aunque a veces me incline más por la parte romántica, intento que tenga de todo, porque es lo que me gusta de los fics ;)

SI TE PIERDO

Capítulo 9

- Para mí siempre serás Castle. Me dice mucho más de ti mismo que "Rick". Ese eres tú, solo Castle. Pero si quieres que te llame por tu nombre de pila solo…

Pero se calló al ver la mirada que le estaba dedicando él.

- ¿Qué pasa? – Dijo, soltando una pequeña risita nerviosa.

- Puedes llamarme Castle el resto de tu vida.

Sentado en las penumbras de una pequeña habitación, un hombre revolvía una y otra vez unas fotos que tenía esparcidas por toda la mesa. Cogía una, la miraba, se pasaba la mano por el pelo y la soltaba, exasperado. Sus manos le temblaban incontrolablemente, pero él parecía encontrarlo normal. Con un gruñido se levantó de la silla y empezó a pasearse por la habitación de un lado a otro. Encendió una luz que apenas alumbraba más allá de una pared y se quedó mirando más fotos que tenía por todas partes.

De pronto empezó a arrancar una a una las fotos, sin importarle herirse con las chinchetas que las mantenían sujetas a la pared. Una de ellas llamó su atención, y en lugar de arrancarla la quitó cuidadosamente y se quedó observándola. Pasó la mano con cuidado como si acariciara el rostro de la mujer que salía en un extremo de la fotografía, dejándola manchada de sangre y dándole un aspecto grotesco. Sus ojos vagaron entonces al hombre que salía al lado de la mujer. Era la única en la que aparecía ese hombre. Sintió la rabia apoderarse de él y sin embargo sonrió de una forma macabra. Podía ver el brillo de la vida irradiando a través de los ojos de aquel hombre, y sonrió todavía más, sabiendo que dentro de poco él sería el responsable de que ese brillo desapareciera. Para siempre.

Un delicioso beneficio colateral, pensó.

Dejó la foto encima del escritorio, se limpió las manos heridas y salió por la puerta. El asesino continuaba con el juego, y la siguiente ficha no tardaría en entrar en acción.

Habían pasado dos días desde que las cosas habían cambiado para siempre entre Castle y Beckett. No habían hablado "formalmente" de en qué punto estaban, pero parecía bastante claro a juzgar por las miradas que se dedicaban de vez en cuando. Ellos creían que nadie más se había dado cuenta. Sin embargo era realmente obvio, y Ryan y Esposito se lo estaban pasando en grande fingiendo que no les veían. En este momento, mientras Beckett observaba su pizarra y Castle permanecía de pie tras ella, los dos amigos discutían sobre cómo y cuándo podían hacerles saber que les habían pillado.

En ese momento el capitán se les acercó demandando su inmediata atención sin emitir palabra alguna. Los cinco se acercaron a él.

- Hemos hablado con el laboratorio donde se estaba analizando la carta que el asesino dejó encima del cuerpo de la niña. Ya tienen los resultados de las pruebas, y como sospechábamos no hay ninguna huella que pueda decirnos quién es.

- Pero… - Continuó Beckett, sabiendo que si el capitán en persona venía a darles esa información es porque había algo detrás, algo importante.

- Pero sí que han encontrado algo. Estaba escrito con una tinta diferente, imperceptible al ojo humano a simple vista pero fácil de detectar cuando se realizan las pruebas pertinentes. Lo que había escrito era una dirección de aquí, en Manhattan. Obviamente debemos a ir, pero no podemos arriesgarnos contigo Beckett. El asesino te quiere a ti y si vas ahí posiblemente sea igual a meterte en la boca del lobo – Beckett dirigió una mirada al capitán que a cualquier otro le hubiera costado su placa – Pero sé que no puedo obligarte, a ti no, por lo que te lo digo: no debes ir. Ahora es tu elección.

- Gracias señor, pero iré de todos modos. Este hombre ha hecho demasiado daño a demasiadas personas en mi nombre y no pienso simplemente quedarme sentada sin hacer nada al respecto.

- Me lo imaginaba… - Suspiró Montgomery.

Castle simplemente no daba crédito.

- ¡Alto, alto, alto! ¿Estás diciendo que después de que ese… ese… nos haya dicho claramente que quiere matarte, tú vas a ir directa a donde él quiere que vayas?

- Castle, si lo que estás insinuando es que deje a un lado mi trabajo y lo que se supone que debo hacer simplemente porque un loco se ha empeñado en que quiere matarme, no sigas por ahí. Acepté quedarme en tu casa ya que asegurabais que no estaría segura en otro sitio, acepté no venir a trabajar hasta que no fue indispensable, pero ya está bien. Este es mi trabajo, esto es lo que hago, y no voy a dejarlo siempre que se ponga peligroso.

Los cuatro hombres se quedaron mirando a la inspectora sin saber qué decir. Sin más, Castle la agarró del brazo y se la llevó fuera de la vista del resto. Ella no protestó y cuando él cerró la puerta tras ella y se quedaron solos, simplemente le miró en silencio esperando que hablara. Sabía de qué iba a ir esta conversación, pero no la haría cambiar de idea dijera lo que dijera.

- Kate, en serio, piénsalo. No puedes hacer esto… - Dijo Castle, acercándose al tono suplicante.

- Caslte, por favor, déjalo. No voy a cambiar de idea. Además, ¿por qué todos os preocupáis tanto? Hemos hecho esto un millón de veces, ir a las casas de los sospechosos. Y si sabe que vamos, no va a estar ahí, no hay ningún...

- ¿Pero es que no ves que es una trampa? No sé cómo ni por qué pero te conoce y sabe que vas a ir, quiere que vayas. ¡Kate, por el amor de Dios, estás haciendo exactamente lo que él quiere, y lo que quiere es matarte! Vamos, no puede ser más obvio…

- ¡Hablas como si yo no lo supiera! Sé perfectamente que él quiere que vaya, pero es que ¡no me importa! Ese hombre ha matado a 4 personas y lo va a pagar, Castle. ¡Punto!

- No, no, ¡no! ¡Lo vas a pagar tú! ¿No entiendes que no… no podría soportar que te pasara algo? – Castle dijo esto bajando la voz a la vez que se iba acercando a ella – Estoy muerto de miedo Kate. Tengo mucho, mucho miedo por ti… No…

Kate levantó la mano y le acarició dulcemente la cara. No podía culparle ni enfadarse con él. Simplemente estaba intentando mantenerla a salvo.

- Rick… - El corazón de Castle se aceleró al escuchar su nombre de sus labios – Entiendo por qué me estás pidiendo que no vaya, pero por favor entiéndeme tú a mí. Me conoces, sabes que no me puedo quedar. Necesito, necesito seguir con esto y meter entre rejas a ese tío. No puedo sentir que le estoy dejando actuar a su voluntad. Claro que sé que lo más seguro es que sea una trampa, pero tengo que correr ese riesgo, es lo que he hecho siempre.

Antes de que Castle pudiera rebatir lo que le estaba diciendo, Kate puso un dedo en sus labios para que se callara y continuó hablando.

- Igual que tú siempre has sabido que seguirme en todos mis casos era peligroso y que posiblemente estarías cerca de la muerte día a día, pero aun así siempre has venido. Siempre has estado ahí, corriendo el riesgo.

- Mis motivos no son los mismos que los tuyos, espero… - Bromeó Castle, tratando de relajar la tensión sabiendo que la batalla ya estaba perdida.

- Ya me entiendes – Rió Beckett, siguiéndole la broma. La discusión se había terminado.

Permanecieron un momento en silencio, mirándose el uno al otro sin decir nada pero diciéndolo todo.

- Sólo te pido que por favor tengas cuidado Kate…

- Sabes que siempre lo tengo, no te preocupes… Además, imagino que tendré a mi guardaespaldas personal conmigo, ¿no? – Dijo ella, sonriendo como sólo podía hacerlo con él mientras se acercaban todavía más.

- Siempre – Contestó él, terminando con la distancia que los separaba y besándola con pasión.

Se habían dedicado miradas cargadas de entendimiento, caricias furtivas en la mano cuando él le llevaba el café… pero desde aquella noche que habían pasado juntos no habían vuelto a besarse, y ambos sentían ahora que les había hecho falta como el aire.

Castle la abrazó fuerte contra él sin dejar de besarla, sosteniéndola entre sus brazos como si en cualquier momento fuera a evaporarse para siempre. Ella respondió al abrazo con ternura. Cuando estaban juntos no sentía miedo. Ningún asesino psicópata podía asustarla si estaba con Castle. Él era su salvavidas, su medicina contra todo lo malo que había ocurrido en su vida. Y ya no iba a dejarlo escapar.

Cuando por fin se separaron ella enterró la cabeza en su pecho sin dejar de abrazarle, mientras él la estrechaba fuerte.

- No puedo perderte Katherine Beckett… - Susurró Castle en su oído.

Ella levantó la mirada para encontrarse con sus increíbles ojos azules mirándola.

- Nunca. Te lo prometo – Y volvió a besarle.

- ¡Policía de Nueva York! ¡Abran la puerta!

El grito de Espósito resonó por todo el pasillo y por descontado debió escucharse en el interior de la casa. Sin embargo ni un sonido salió del interior de la misma. Como respuesta a este silencio y a un asentimiento de cabeza de Beckett, Ryan tiró la puerta abajo y todos los presentes se adentraron dentro del apartamento, con la pistola por delante y cien ojos en cada rincón. Castle y Beckett entraron en medio de los demás, casi como escoltados por todos ellos.

- Despejado. No hay nadie en la casa. Registrad todo para asegurarnos de que no haya nada que pueda ponernos en un aprieto.

El Captián Montgomery, que había decidido acudir él personalmente en este caso, dio órdenes a sus hombres y todos se dispersaron.

Castle y Beckett caminaban por la casa observándolo todo, y él el triple de atento que de costumbre a cualquier posible trampa que pudiera ponerles en peligro, en especial a ella. Anduvieron todo el pasillo y entraron en la última puerta que encontraron.

Y entonces ambos tuvieron claro que realmente aquello estaba yendo demasiado lejos.

Decenas, posiblemente centenares de fotografías de Kate poblaban la habitación. Ella en el trabajo, en el coche, en la calle, incluso entrando en su antigua casa, trabajando… Prácticamente todo el día a día de la inspectora estaba reflejado en esa habitación. Mezcladas entre ellas había fotos de los cuatro cadáveres, incluida la niña. Era como una forma más del asesino de decirle a Kate que todo eso era únicamente culpa suya. Un puñado de fotos habían sido arrancadas de la pared y ahora yacían en el suelo hechas pedazos. Se acercó y se percató de que algunas de ellas estaban manchadas de sangre y rodeadas de chinchetas.

Con un gesto, la inspectora llamó a Ryan y Esposito, que se quedaron helados al ver la habitación. Todos habían visto ya algo parecido con el caso en el que el piso de Kate voló por los aires, pero esto superaba aquello con diferencia. En aquella ocasión se vislumbraba en esa habitación una obsesión clara hacia ella, pero no tenía el grado de perturbación que tenía todo esto. Era absoluta y completamente enfermizo.

- Hay sangre manchando la mayoría de estas fotos. Coged unas muestras y mandadlas al laboratorio, a ver a quién pertenecen. Él nos ha traído hasta aquí, quería que lo viéramos y sabía que encontraríamos la sangre: la ha dejado aquí para nosotros – Estableció la inspectora.

Tras eso se separó de los otros chicos, que continuaban observando las fotos del suelo y la pared y recogiendo las muestras de la sangre, y se acercó al escritorio, ya que algo en él le estaba llamando la atención. Encima de él, solitaria, había una única foto. Las manos le temblaban cuando la cogió y la observó. Salía ella, en la calle, y su rostro aparecía manchado de sangre como si alguien hubiese pasado el dedo por la foto.

Pero lo que realmente le puso los pelos de punta fue que a su lado aparecía Castle.

No, no, no. Eso estaba mal, muy mal. Se suponía que la cosa iba con ella, solo con ella, no con él. Se suponía que si alguien podía estar en peligro no sería él. No pensaba meterle en esto. No tenía ni la menor idea de por qué ese hombre iba a por ella, pero no iba a permitir que Castle pagara por lo que fuera que había iniciado toda esa locura…

- Lo siento tanto Castle… - Murmuró Kate cuando le sintió a su lado.

Castle tardó un momento en contestar, ya que la visión de la foto le había perturbado. Ya no porque saliera él, sino por ver el rostro de ella con esa mancha de sangre.

- No tienes nada que sentir, Kate – Le susurró para que solo lo escuchara ella – Estoy contigo en esto, pase lo que pase. Y francamente, si este tío pretendía retratar tu vida en esas fotos me habría sentido muy decepcionado si no pensara que yo merecía estar en ellas, después de todo.

Kate levantó la vista para mirarle y no pudo evitar dejar escapar una pequeña risa. Él siempre sabía sacar un lado amable a cualquier situación, aunque fuera una como la que estaban viviendo en ese momento.

Castle le devolvió la sonrisa, tratando de darle ánimos con ella y, tras comprobar que nadie les miraba, le dio un furtivo y cariñoso beso en la frente.

De vuelta en comisaría Kate repasaba todo lo que tenían. Cuatro personas habían muerto hasta el momento, aunque algo en su interior le decía que la cosa no iba a quedarse ahí. En las tres primeras víctimas los detalles a destacar eran las rosas encima de los tres cuerpos, con pétalos en las mujeres y solo el tallo con espinas en el hombre, y las 23 puñaladas que habían sufrido ellas (número al que, por la llamada que habían recibido, el asesino le daba bastante importancia). En el cuarto cadáver, el de la niña, habían encontrado una muñeca y la carta que los había conducido hasta la casa. En esa carta, al igual que en la llamada, volvía a amenazarla, pero además le decía que todo lo estaba haciendo por ella, para que… para que pensara en él. Eso desquiciaba a Beckett, porque no podía dejar de culparse a sí misma por todo lo que estaba pasando. No tenía ni idea de por qué, pero ese hombre estaba matando por ella.

Por otro lado, si seguían el patrón que había iniciado con las rosas, la muñeca que había dejado encima del cadáver de la niña tenía que tener algún significado acerca de por qué o cómo la había elegido a ella, pero todavía no habían encontrado nada. No tenía ningún tipo de marca ni nada que les indicase siquiera a qué tienda pertenecía. Tendrían que esperar a que llegase la madre de la niña y hablar con ella a ver si podía aclararles algo…

Y además estaba el asunto de las fotos. Ya habían deducido que tenía una especie de obsesión macabra con ella, pero llegaba a un punto extremo. Y a Beckett no le gustaba nada haber encontrado esa foto de Castle, ya que eso implicaba que de un modo u otro él también estaba en el punto de mira del asesino por el simple hecho de estar con ella… Pero si fuera así, ¿eso no implicaría también que todos los demás estaban igualmente en peligro? Si la había estado siguiendo (y eso parecía) la habría tenido que ver con todos… ¿Por qué solo Castle?

Un café posándose delante de ella en la mesa la sacó de sus pensamientos.

- No entiendo nada… - dijo la detective como saludo – ¡Tengo la sensación de que lo único que hacemos es caminar por donde él nos abre paso intencionadamente! No hemos descubierto prácticamente nada por nuestra cuenta, todo nos lo está diciendo él. Él nos dijo los nombres de las víctimas, cómo las había encontrado, nos condujo hasta su casa, ¡y la única posible muestra de sangre suya que tenemos también nos la ha proporcionado él! Es de risa, está jugando con nosotros y está ganando… Estamos a oscuras Castle, no tenemos nada, vamos cien pasos por detrás de él.

- Eh, eh, eh… Vamos, no, no te rindas, nunca lo has hecho y no vas a hacerlo ahora. Sabes que al final le ganaremos, cometerá algún error y le pillaremos. Nadie es perfecto y tú lo sabes – Trató de animarla el escritor.

- Sí, pero, ¿qué es lo que te asegura a ti que no seremos nosotros los que cometeremos ese error?

- Nunca te he visto fallar Kate, y no voy a verte hacerlo ahora. Eso es lo que me lo dice – Dijo él con solemnidad, mirándola a los ojos.

Ella le devolvió la mirada, agradeciendo al cielo internamente tenerlo con ella. Y se preguntó cuánto haría que habría caído si no le tuviera a él con ella. Era una mujer fuerte y se había sobrepuesto a infinidad de cosas. Pero todo el mundo tiene un límite, y calculaba que el suyo habría estado cerca si no fuera por la fuerza que él le había dado en todo el tiempo que llevaban juntos, e incluso antes.

De pronto, un golpe en una de las mesas de alrededor les hizo volver a la realidad de golpe dando un respingo. Se volvieron y lo que se encontraron fue a Ryan y a Esposito mirando con furia a la pantalla del ordenador. Castle y Beckett se levantaron y se dirigieron a donde estaban los dos detectives para ver qué pasaba.

- ¿A qué ha venido eso, chicos? – Preguntó Castle, mirando él también lo que aparecía en la pantalla. Pero Ryan y Esposito no le contestaron a él, sino que miraron directamente a Kate, la cual tenía la vista fija en la pantalla.

Y lo que Castle vio en sus ojos le dejó petrificado. Miedo, puro y real miedo.

Entonces fue Esposito el que habló, y el tono de su voz detonaba algo que nunca había escuchado en él hasta ahora.

- Es él Beckett… No sé cómo, pero es él…