Vuelvo con un capítulo un poco más largo que los anteriores, y también algo más polémico. Ya veréis el por qué al final del mismo ;)
Siento haber hecho que os quedarais con la intriga al final del capítulo 8, pero era necesario para poder introducir este, espero que no me odiéis demasiado por ello T^T
Como siempre, agradecer con un beso y un abrazo enorme a todos aquellos que comentan el fic: erza10, AryDann, Melissa Swan, Marymontoya17, MClementineD, franchiulla, FPhoenix, helena4love, anaxis, Raquel Emanuele, QueenLanaP, venus1485, Parricion, dianaquintanilla, Carolina Rivergron, LastTargaryen, MissRegal93, Dadnelis, Alex1619, evilthoughts, marisagarmzn, IsabellaMartins, Guest y followyourheart21. Me ilusiona leer cada uno de vuestros comentarios, con algunos incluso no puedo evitar echar alguna que otra sonrisa jajaja (hay quienes me leéis la mente e intuís qué rumbo va a tomar la historia!)
También dar las gracias a los nuevos favs y follows y, a lo sumo, a todo el que lee esta entramada historia :3 Gracias!
Atendiendo a la demanda general, he intentado actualizar lo más rápido que he podido y debo añadir que también tengo el capítulo 10 en marcha, por lo que creo que la espera tampoco será excesiva (o eso intentaré).
Espero que os guste!
Capítulo 9. El comienzo del fin
El sol brillaba con fuerza aquel mediodía, era uno de esos días en que hubiera preferido que nada sucediera. Lo habría pasado tumbada en su cama, con aquel pijama de sus años de instituto y jugando a Batman Arkham City o, en su defecto, a cualquiera de la saga de God of war. Pero no, algo había hecho que saliera de su cueva, concretamente alguien. Kayla Jones, la misma mujer semidiosa que había dejado plantada en aquel precioso restaurante en cuanto recibió la llamada de Ruby. Ahora se dirigía a toda prisa hacia el bloque de pisos de su ex representada con todo tipo de pensamientos negativos invadiéndole la cabeza. ¿Qué demonios podía haber pasado? Apretó el puño con angustia y respiró hondo, dejándose caer en el asiento del taxi. La situación, si se analizaba desde un punto de vista externo, era incluso hilarante. ¿Ella, Emma Swan, la mujer que había abandonado su cargo era la única a quién recurrir en este tipo de emergencias? Y lo peor de todo... ¿Por qué había corrido sin importarle nada ni nadie a la salida del restaurante en busca de un taxi? Reprimió un gruñido al recordar el modo en el que había abandonado el local. Kayla se había quedado observándola, atónita, y la llamaba desde la lejanía mientras la rubia se limitaba a repetir una y otra vez "debo irme", como si una fuerza sobrehumana la empujara a hacerlo. Pero es que aquella conversación con la directora de Bewitched la había dejado demasiado tocada como para no hacerlo...
-Es Regina...
-¿Qué? –el tono de voz de Emma se resquebrajó por completo al oír aquel nombre.
-Regina, Emma... No sabemos absolutamente nada de ella desde hace cinco días.
-¿Habéis llamado o ido a su casa? –sabía que era una pregunta algo infantil y de contestación fácil, pero en aquellos momentos su mente no estaba al cien por cien.
-Claro, si nos hubiera contestado en algún caso no habríamos tenido que recurrir a ti –lo que imaginaba– ¿Tú sabes algo de ella?
-Nada, la última vez que la vi fue cuando dimití... –pronunció en un hilo de voz.
-Desde entonces que no ha vuelto a dar señales de vida, por eso pensé que habría contactado contigo... Hacía mucho tiempo que Rina no desaparecía de este modo –recordó entonces lo que Ruby había comentado días atrás sobre la desaparición de Regina después que Danielle la abandonase. ¿Se habría sentido igual de traicionada por ella? Se mordió el labio.
-¿Qué podemos hacer? –su preocupación iba en aumento e ignoraba por completo las caras de incomprensión que estaba poniendo una confundida Kayla.
-Llamar a la policia, al menos así igual consiguen entrar en su piso y ver qué está ocurriendo –la voz de Ruby subió a un tono más severo– no solo estamos preocupados por ella los miembros de la agencia, sino la mayoría de empresas para las que tenía que dar imagen y a cuyas sesiones no se ha presentado... –¿La policia? ¿Iban a llamar a la policia? ¿Qué demonios estaba pasando?
-Creo que puedo entrar en su piso –espetó, sin estar completamente segura de lo que estaba diciendo.
-¿Cómo?
-He sido su manager todo este tiempo, sé dónde esconde Rina la llave de repuesto de su casa –intentó armarse de confianza, no quería que Ruby tuviera que llamar a la policia. Es más, sentía que si ocurría eso el tema iba a tomar una relevancia superior y eso la aterraba. No quería pensar en la posibilidad que algo tan grave pudiera ocurrir.
-Está bien, podemos esperar a que intentes entrar pero si esta noche no tengo noticias tuyas o suyas entonces llamaré a la policia, al FBI y a quien sea necesario –respiró profundamente– no podemos permitirnos estos arrebatos de inmadurez, pero al mismo tiempo deseo que solo haya sido eso.
-Lo sé...
Suspiró. ¿Aquel jodido taxi no podía ir más deprisa? Puso los ojos en blanco y dejó caer la frente en la ventanilla. ¿En qué demonios estaría pensando Rina? ¿Por qué narices era tan egoísta? Ya podría pensar un poco en todas aquellas personas a las que estaba haciendo sufrir, incluida ella. No tenía ningún derecho a hacerles esto. Ninguno. Sin embargo, no podía evitar ese instinto protector que afloraba cuando se trataba de algún asunto relacionado con la modelo. Tenía una mezcla de sentimientos demasiado fuertes hacia Regina. Era como una especie de amor bipolar.
-Ya casi llegamos, señorita –agradeció las palabras del taxista como agua de mayo.
-Muchas gracias por el aviso –exhibió una de sus mejores sonrisas y volvió a fijar la vista en la calle. Empezaba a reconocer los edificios que en ella se iban sucediendo. "Ya estamos cerca" contuvo la respiración por un instante. Los nervios que había estado intentando calmar desde que salió del restaurante ahora afloraban con más fuerza que nunca. Se veía incapaz de controlarlos.
El vehículo se detuvo, dejándola frente a la entrada del majestuoso bloque de pisos en el que la modelo tenía su residencia. Emma pagó al taxista el importe correspondiente, demasiado caro para su gusto, y bajó del automóvil a toda prisa.
-¡Las prisas no son buenas, señorita! ¡Vaya con cuidado! –escuchó la advertencia de aquel hombre pero continuó corriendo hacia el vestíbulo.
La entrada estaba completamente vacía, a excepción de la conserje que la observó extrañada avanzar como alma lleva el diablo hacia las escaleras. No tenía tiempo de esperar al ascensor. Maldijo haberse puesto aquellos zapatos de tacón en cuanto avanzó por un par de escalones, pero tampoco tenía tiempo para quejas "vamos, Emma, en peores te las has visto" se dio fuerzas y continuó subiendo. El aire empezaba a serle de lo más preciado y lo inhalaba a ritmos frenéticos cuando, por fin, llegó al pasillo en el que se encontraba la puerta del piso de Regina. Detuvo su paso unos segundos, respirando con fuerza y se quedó de pie, observando aquel largo recibidor donde se había despedido cinco días atrás de la morena. Una sensación extraña se apoderó de su cuerpo, era como si todo aquello fuera algo malo, como si recordar aquella despedida la torturase brutalmente. Se armó de todo el valor que pudo y se encaminó hacia la puerta. Una vez estuvo delante, rebuscó debajo de la alfombrilla que daba la bienvenida hasta dar con la llave de repuesto. Siempre le había parecido que aquel era un escondite demasiado común y, por tanto, poco seguro, pero en aquel momento agradecía enormemente que así fuera. Acarició el borde de la llave metálica con la yema de los dedos y suspiró, temiendo encontrarse con lo peor en cuanto abriera esa puerta.
Introdujo con delicadeza la llave en la cerradura, como si temiera despertar a alguien. Una soberana idiotez debido a las circunstancias, pero lo cierto era que sí tenía miedo, y mucho. Miedo de perder a Regina, de no poder volver a ser víctima de sus bromas y su mal genio. La llave hizo contacto y la puerta emitió un leve crujido en cuando empezó a abrirla. Empujó de ella hacia delante y se abrió paso hacia lo que era un recibidor totalmente sombrío. El aire del lugar también estaba algo cargado.
-¿Hola? ¿Regina? –pronunció en un suspiro, cerrando la puerta a su paso. No hubo respuesta– Soy yo, Emma ¿Estás ahí? –volvió a intentarlo, de nuevo sin éxito. Aquello empezaba a asemejarse a una película de medio de serie B. Ahora tan solo cabían tres posibilidades. La primera era que Regina no se encontrase en casa, la segunda que estuviera durmiendo y la última... la última no quería ni pensarla.
La rubia avanzó por el pasillo, precedida por el sonido de sus tacones. Emitió una mueca de desagrado ante el ruido y decidió desabrochárselos y dejarlos en un rincón del recibidor. Todo estaba a oscuras. Abrió la puerta del comedor con cautela y entró dentro. El sofá estaba mal hecho, con los cojines tirados de cualquier modo en el suelo, las cortinas y las persianas echadas y la televisión encendida, pero sin ningún canal puesto. Parecía que hubieran abandonado el piso hacía mucho e incluso su mente divagaba la idea que unos ladrones pudieran haberlo asaltado. Siguió avanzando cuando su pie tropezó con un objeto en el suelo. Emma se agachó para cogerlo y su sorpresa creció al darse cuenta que se trataba de la revista en la que Kayla y ella salían en portada. El magazine estaba arrugado y sucio "¿Has estado todo este tiempo mirando la revista?" un atisbo de culpabilidad invadió su ser. Dejó la revista sobre la sucia mesa del comedor y se dirigió hacia la habitación de la modelo. Deseó de todo corazón encontrársela estirada en su cama, durmiendo como si nada hubiera pasado. Con aquella firme creencia, giró el pomo de la puerta y la abrió. Jamás pensó, o al menos no quiso creer, que lo que se encontraría al otro lado fuera cierto.
-¡Regina! –exclamó, completamente fuera de si. El cuerpo de la modelo yacía, inerte, en el suelo de la habitación. En su mano derecha se encontraba lo que parecía ser un pote de pastillas. La rubia no pudo contenerse y se abalanzó sobre él, cayendo de rodillas al suelo. Rodeó a la morena con los brazos y hundió la cabeza en su pelo, sollozando– ¡Regina! –la peor de sus posibilidades se había hecho realidad. No quería pensarlo, no quería vivirlo. No quería estar en un mundo sin Rina, era algo que no podía hacer.
La necesitaba, muchísimo y ahora se daba cuenta de todo. Se aferró con todas sus fuerzas al cuerpo de la modelo, llorando como una niña pequeña, llorando con completa desesperación e impotencia. Había llegado tarde, todo había sido su culpa... todo, el final de Reg.. "un momento" se separó unos centímetros, aún con lágrimas en los ojos, puesto que algo había llamado su atención. Acercó la cara a la nariz de la morena y aguardó unos segundos hasta que notó, débil, la respiración de esta. "¡Está viva!" una desbordante sonrisa se apoderó de sus labios y no pudo evitar reír, completamente aliviada y al borde de un ataque de nervios por el pánico que había pasado segundos antes. Verla en aquel estado la había alarmado tanto que no se le había ocurrido ni tomarle el pulso. Aún tenía a Regina pegada a ella y ahora estaba segura que podía notar el latir de su corazón. Con todo, el problema seguía allí y no tenía ni idea de qué debía hacer "llamar a una ambulancia" se dijo al segundo. Pero primero, debía poner a la morena en algún lugar más cómodo. La sujetó como pudo y la levantó, haciendo acopio de todas sus fuerzas, para dejarla con cuidado sobre la cama. En cuanto estuvo allí, la tapó con una de las sábanas de algodón egipcio, Regina se encargaba de recordarle muchas veces lo bien que se dormía con él, y le acarició la mano.
-Menuda idiota estás hecha –pronunció, con la misma sonrisa. Verla en su cama hacía que algo dentro de sí se sintiera a salvo. Contemplar su rostro, sereno y sumamente precioso la tranquilizaba. Era como si aquellos cinco días hubiera estado muerta y volver a ver a la morena la hubiera devuelto a la vida. Pasó la mano que le quedaba libre por la cara de Regina, a modo de caricia "está ardiendo" emitió una mueca de preocupación. Sí o sí debía avisar a una ambulancia. Se puso de pie y dio media vuelta, a punto de dirigirse hacia el comedor en busca del teléfono cuando una mano la agarró con fuerza.
-¿Emma? –la débil voz de Regina sonó a sus espaldas, haciendo que se volteara para mirarla y se cruzara con unos ojos marrones que irradiaban dolor.
-Sí, soy yo –pronunció con afabilidad mientras volvía a agacharse y se ponía a su altura.
-¿Por qué has vuelto?
-¿No es obvio? Porque estaba preocupada por ti, y viéndote creo que hice bien –intentó que sonara como un reproche, pero el tono de dulzura en su voz la delató.
-Gracias –balbuceó la morena.
-No tienes que dármelas –Emma le sonrió con ternura– voy a llamar al hospital, creo que tienes fiebre y es mejor que te echen un vistazo –con esas palabras, hizo el intento de volver a dirigirse al comedor, pero de nuevo la mano de Regina la detuvo, esta vez con más fuerza.
-No. Quédate, por favor –la suplica de la modelo era sincera, se notaba a leguas que necesitaba algo de compañía y la rubia lo sabía. Ahora tenía un debate interno sobre si permanecer a su lado o hacer caso omiso y llamar una ambulancia.
-Está bien –finalmente decidió acatar lo que Rina le pedía y se sentó en el borde del colchón, sin soltar la mano de la morena– ¿Cómo te encuentras?
-He estado mejor –un atisbo de sonrisa brilló en los ahora pálidos labios de la modelo.
-¿Qué demonios has hecho para acabar así?
-Bueno... –carraspeó– cuando te fuiste intenté seguirte, pero me perdí y acabé en un barrio de mala muerte. Salí de allí, cogí un taxi y me vine a casa... Quizás cogí algo de frío por el camino, no lo sé... lo único que recuerdo es que empecé a encontrarme mal y al día siguiente no podía levantarme de la cama –volvió a carraspear, esta vez tosiendo un poco– no quería hablar contigo por lo estúpida que me había sentido al ir tras de ti así que acabé llamando a Danielle... No me cogió el teléfono y, bueno... empecé a empeorar y verlo todo gris así que no tenía ganas de saber nada de la agencia ni de nadie. Lo último que recuerdo es haber ido esta mañana al lavabo a por antiinflamatorios...
-Definitivamente, eres idiota –intentó mirarla de forma severa pero no pudo, en su lugar le acarició la mejilla– deberías haberme llamado.
-Debería –Regina rió con dulzura tras lo cual dio unas palmadas al colchón con la mano que le quedaba libre– túmbate a mi lado.
-Dudo que sea una buena idea –Cama, Regina, a solas... no era una buena combinación, por no hablar que esta última estaba enferma y por poco la mata a ella del susto.
-Por favor –de nuevo aquel tono suplicante y esa mirada de cordero.
-Está bien... –sin soltar la mano de Rina, Emma pasó por encima de la misma y se situó a su lado, rodeándole la cintura con el brazo a fin de mantener ambas manos pegadas– ¿Así le parece bien, majestad? –bromeó.
-Así me parece perfecto –ésta sonrió y acomodó la cabeza en el hueco de la clavícula derecha de la rubia. Emma notó la elevada temperatura corporal de la morena "sin duda tiene fiebre". Apoyó la barbilla en la cabeza de la modelo y se apegó tanto como pudo. Pasaron unos segundos en esa posición, deleitándose del confort mutuo, hasta que la rubia se percató que la modelo se había dormido. Lo más probable es que estuviera agotada y cansada por el estado en el que se encontraba. La miró y sonrió desde lo más profundo de su ser, le daba igual ser su manager o no, lo único que necesitaba era poder estar cerca de ella, por muy egoísta, vanidosa y estúpida que esta pudiera ser en ocasiones. "A todo esto... debería llamar a Ruby..." suspiró e intentó llegar a su teléfono móvil sin hacer demasiados movimientos bruscos. Cuando dio con él, abrió la aplicación de mensajes y se dispuso a teclear.
Ruby, soy Emma, he encontrado a Regina. Está en su casa, enferma, quizás deberías llamar a un médico para que le hiciera una visita...
Corto, conciso y preciso. La directora no necesitaba más información por el momento y ella tampoco quería darla, puesto que aún no había podido hablar largo y tendido con Regina sobre lo sucedido "cuando despierte tendré que intentarlo" por el momento lo que iba a hacer sería acomodarse e intentar dormir ella también.
[...]
La visita del médico no se hizo esperar, parecía que Ruby se había puesto manos a la obra en cuanto había recibido el mensaje. Era de agradecer lo mucho que se preocupaban todos por Rina. El doctor llegó, despertándolas a ambas y haciendo que salieran de su pequeño trance. Tras un, demasiado extenso para su gusto, examen a Regina, el hombre concluyó que había estado al borde de la neumonía y que debía tomarse una serie de medicamentos que le recetó y guardar reposo absoluto durante, al menos, dos o tres días más. Diagnóstico que no convenció para nada a la directora de la agencia, Ruby estaba que echaba humo por la boca en cuanto se enteró que tenía que seguir aplazando las sesiones fotográficas. Regina, por su lado, parecía mejor y bastante animada. Claro que no era para menos, ya que el simpático médico la había dejado a su cuidado.
-Cuide mucho de ella, Emma. Estos días necesitará apoyo constante ya que su cuerpo aún puede encontrarse algo débil –le ordenó el doctor, subiéndose las gafas.
-¿No puede estar sola? –tenía la esperanza de acabar con aquello cuanto antes. Ahora sabía que Regina estaba relativamente bien y, por ende, ella seguía con la firme convicción de querer alejarse de ella. Lo de dormir juntas había sido un desliz pero, siendo honestos, pocos rechazarían la oferta de una mujer como ella y menos aún si estaba en estado febril.
-No sería lo recomendable –tajante. Justo como temía, iba a tener que convertirse en la sombra de la modelo durante esos días de convalecencia.
Allí estaba ella, Emma Swan, en la cocina de su ex representada preparando algo de comer. Con lo bien que se le daba a ella la cocina "si no la quemo será un milagro" resopló. No tenía ni idea de por qué siempre acababa metida en follones de ese calibre, pero éste se lo había buscado por ir perdiendo el culo tras el pánico de perder a Rina. Terminó de añadir el parmesano al arroz y le dio un par de vueltas, ayudada por una cuchara de plástico. El risotto con setas era uno de los pocos platos que sabía elaborar medianamente bien, claro está que porque de pequeña había tenido que aprender a cocinar ya que la alternativa era morirse de hambre. Sirvió una porción en un pequeño plato de cerámica blanca y cogió un tenedor, dejando ambos sobre una bandeja para poder transportarlo más cómodamente.
Al llegar a la habitación, se encontró con Regina sentada en la cama y apoyada en un par de cojines. Tenía las mejillas algo enrojecidas y gotas de sudor le caían por el cuello, bajándole sinuosamente hacia el escote. Tragó saliva "¿Cómo es posible que esta mujer sea endiabladamente sexy incluso enferma?" y se acercó a ella, dejando la bandeja sobre la mesita que había a un lado del colchón.
-Te he preparado la comida –acertó a decir, evitando tomar contacto visual con aquella sugerente modelo.
-¿Qué es?
-Risotto de setas.
-Vaya... no imaginaba que supieras cocinar, señorita Swan –rió con dulzura.
-Ya ves, soy una caja de sorpresas –Emma ladeó la sonrisa– ¿Te has tomado ya la medicación?
-Sí, pero lo que más me molesta es este asqueroso sudor –paseó los dedos por el contorno de su cuello y los bajó delicadamente hasta su clavícula– Tengo una toalla en el armario, ¿Podrías secarme un poco? –¿¡Qué!? Regina Mills le acababa de pedir que le sacara el sudor del cuerpo, no eran imaginaciones suyas. Su mente se quedó completamente en blanco durante unos segundos– ¿Emma?
-¿Eh? –parpadeó– ¿No puedes hacerlo tú?
-Me duele incluso moverme, Swan. ¿A ti qué te parece? –la modelo puso los ojos en blanco, consternada.
-Entiendo –emitió un leve suspiro fastidiado y se dirigió hacia el armario, bajo la atenta mirada de Regina.
-Es el de la derecha, tercer cajón –le indicó con un breve movimiento del dedo índice.
-¿Aquí? –preguntó la rubia, a la par que abría las puertas de dicho armario y recibía el gesto de confirmación de la morena. Cogió la primera toalla que encontró y volvió a encaminarse hacia la cama. Se sentó con cuidado al borde del colchón– Veamos... –acarició sutilmente la frente de la modelo, ayudada por la toalla y empezó a quitarle las pequeñas gotas de sudor que por ella caían. Bajó lentamente hasta el resto de su cara y continuó con la labor, prosiguiendo después por su cuello "no pienses en nada erótico, Emma, no pienses en nada erótico" se repetía una y otra vez. Al llegar a su escote tuvo que desviar la mirada e intento secárselo haciendo el menor contacto posible.
-No sé cómo pretendes secar nada con tan poco énfasis –gruñó Regina– y tampoco te va a ser de ayuda esto –con un movimiento rápido, se deshizo de la parte de encima de su pijama de seda, dejando a la vista sus perfectos y turgentes pechos. La piel de la morena estaba mojada y brillaba debido al sudor, volviéndose incluso más apetecible. Su voz, algo más grave y su respiración jadeante completaban un cuadro en el que Emma no sabía cuánto iba a resistir– ¿Vas a seguir o te vas a quedar mirando? –su tono había cogido un aire más sugerente y tenía una ceja alzada.
-Perdón –llegó a balbucear la rubia, quien continuó paseando la toalla por el escote de la modelo.
-Un poco más fuerte, Emma –Rina apoyó la mano sobre la suya y empujó ambas contra su cuerpo, haciendo que la rubia notara la suavidad del mismo a través de la toalla– Así, ¿ves? –empezó a mover la mano sobre la suya, haciendo pequeños círculos sobre su piel y deslizándose por la misma. La morena echó la cabeza hacia atrás, apoyándose en el cojín, a fin de dejar más piel al descubierto y guió a Emma hacia el contorno de sus pechos. La rubia paseó la toalla por ellos, conteniendo la respiración hasta que un leve jadeo de la morena terminó de alertarla. Necesitaba escapar cuanto antes o no iba a ser capaz de detenerse.
-Si puedes enseñarme cómo hacerlo creo que también puedes secarte sola.
-Quizás –Regina ladeó la sonrisa con cierta picardía– tal vez quiero que me lo hagas tú –había vuelto la Rina de siempre, la misma a la que le encantaba tentarla una y otra vez con sus jugadas.
-Sigue tú, anda –se deshizo del agarre de su mano y soltó la toalla– aunque creo que ya estás suficientemente seca –echó un último vistazo al cuerpo semidesnudo de la morena y ladeó la cabeza, impidiendo que esta viera cómo se mordía el labio. Ahora la que parecía tener fiebre era ella.
-Tan aburrida como siempre, Swan –la modelo rió en tono jovial y volvió a ponerse la parte correspondiente del pijama– bueno... entonces dime, ¿Cuándo podemos volver al trabajo?
-¿Podemos? –parpadeó.
-Sí, ambas –dijo como si tal cosa, como si la discusión de hacía cinco días jamás hubiera ocurrido.
-Te recuerdo que he dimitido.
-Lo sé, pero quiero que vuelvas –los ojos de la modelo la miraron fijamente.
-¿Por qué?
-Porque te necesito, Emma –la rubia se quedó en shock ante aquella afirmación y la morena carraspeó– como manager y como chica de los recados, hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien al lado de alguien –la sonrisa que se dibujó en los labios de la morena era del todo sincera, incluso infantil, como si decir aquellas palabras le hubiera quitado un gran peso de encima.
-No lo tengo claro, Regina... –estaba muy tentada a aceptar la oferta sin más, pero sabía que a la larga solo acabaría herida y no tenía claro si el riesgo merecía la pena.
-Por favor, no me hagas rogarte más... –los castaños y profundos ojos de Rina reflejaban una soledad poco común, soledad que ella quería llenar cómo fuera.
-De acuerdo –respiró hondo– pero hay ciertos límites que debemos poner.
-¿Qué límites?
-A partir de ahora no quiero que te inmiscuyas en mi vida privada. Lo que yo haga fuera de horas de trabajo será solo asunto mío –se cruzó de brazos, intentando aparentar autoridad.
-Lo veo comprensible, ¿Algo más?
-No, eso es todo –concluyó, satisfecha.
-Siendo así –Regina la deleitó con una de sus perfectas e hipnóticos sonrisas– bienvenida de nuevo, señorita Swan.
[...]
El día había pasado más deprisa de lo que le hubiera gustado. Ahora se dirigía de vuelta a su apartamento, donde una preocupada Mary Margaret la estaría esperando. Decidió subirse en la primera parada de Metro que encontró y no fue hasta que estaba sentada que recordó a la persona con la que había quedado esa mañana "Kayla" se llevó la mano a la boca, tapándosela. Con todos los nervios que había pasado, había olvidado por completo que unas horas antes había dejado plantada a la morena en aquel lujoso restaurante "seguramente estará hecha una furia" se mordió el labio con acritud. Sin pensarlo dos veces cogió su teléfono móvil y empezó a marcar el número de teléfono de la modelo. Un tono, dos tonos, tres tonos...
-¿Diga? –la voz de Kayla denotaba su enfado.
-Hola, quería haberte llamado antes para poder disculparme por lo de hoy –vomitó prácticamente de carrerilla– sé que me he comportado como una egoísta dejándote allí sola y sin darte a penas explicaciones, pero necesitaba irme y, bueno... –tragó saliva– lo siento.
-Unas simples disculpas no van a hacer que te perdone, Emma –era la primera vez que la modelo se enfadaba con ella, y no era para menos.
-Lo sé y lo entiendo, permíteme que te lo explique en persona y que pueda justificarme y pedir perdón como es debido –silencio– ¿No hay ninguna posibilidad para arreglar las cosas?
-Puede que la haya... –esgrimió con suficiencia.
-¿Y qué debo hacer? –la señora que tenía al lado en el metro hacía rato que la miraba con caras de lo más extrañas, estaba claro que seguía la conversación al pie de la letra.
-Quedar conmigo, ahora. El resto te lo explicaré luego.
-¿Ahora? –parpadeó– voy de camino a casa en transporte público... no sé si es buena id-...
-Ahora –la cortó en seco– estaré esperándote delante de tu portal –colgó.
Emma la había cagado y muchísimo. Debía empezar a hacer las cosas bien en todos los sentidos o al final sería ella quien acabaría hiriendo a los demás, y eso era algo que no se podía permitir. Guardó el teléfono móvil dentro de su bolso y resopló aire con fuerza. La mujer que había estado siguiendo la conversación la miró con una sonrisa divertida y después volvió a centrarse en la revista que tenía en las manos. Revista que, curiosamente, también era un ejemplar de Poisoned. Los ojos de la rubia se abrieron como platos al percatarse de ello "¿Habría visto la portada en la que salgo?" tragó saliva y ladeó la cabeza con disimulo. El trayecto se le iba a hacer más largo de lo esperado.
Tras unos largos veinte minutos, se encontraba bajando ya del dichoso Metro. Pasó por el andén, como de costumbre, y se apresuró en empezar a tomar las escaleras. Después de todo, al menos le debía a Kayla el intentar ir lo más rápido posible a su encuentro. El problema que vendría después con Mary Margaret por faltar a la cena ya era distinto. Empezó a ver las luces de las farolas de la calle y respiró hondo, cogiendo fuerzas. La carretera estaba prácticamente desierta a aquellas horas y las personas que paseaban por las oscuras callejuelas se podían contar con los dedos de la mano. El ruido de sus tacones resaltó en medio de la noche y alertó a un vehículo estacionado unos metros más adelante. Su conductor encendió las luces y Emma pudo divisar que se trataba del Aston Martin de la modelo. Echó a correr hacia allí, medio de puntillas para no armar un jaleo excesivo, y dio un par de golpecitos a la ventana del automóvil. En cuanto Kayla la vio, quitó el seguro de la puerta, permitiéndole la entrada y la rubia no tardó en adentrarse en el vehículo.
-Hola –musitó con timidez mientras cerraba la puerta.
-Buenas noches –el tono de la morena era bastante seco y fuera de lo normal. Esperó a ver si la modelo arrancaba el motor, pero en su lugar la vio cruzarse de brazos. No tenía del todo claro qué era lo que quería exactamente.
-Kayla, yo... –intentó iniciar el discurso, pero las palabras salían torpemente de sus labios– siento mucho lo de hoy, de verdad...
-Lo sé –los ojos de la estrella de Exclusive brillaron, chispeantes, con las luces de la calle.
-Ya, me he disculpado antes pero es que no se me ocurre nada para poder compensarte... Tenía que salir, Ruby me llamó diciéndome que Regina estaba desaparecida y...
-Y fuiste perdiendo el culo a por ella –volvió a cortarla con la misma frialdad– lo he captado.
-No es así... –agachó la mirada, incapaz de sostenérsela un segundo más.
-Lo es, Emma... y me duele reconocerlo –la morena se movió, acercándose un poco más a ella y poniéndose sobre el hueco del cambio de marchas– siempre he estado sola porque siempre han acabado dándome de lado, así que no es algo nuevo para mí –el dolor en la voz de la modelo era palpable y la rubia se reconocía a sí misma en ella. Le dolía saber que en parte era la culpable de su soledad.
-Yo no voy a dejarte de lado, Kayla –volvió a alzar la vista, fijándola en aquellos ojos cristalinos.
-¿Seguro? –pasó el brazo derecho por encima del asiento, acercando más su cuerpo al de la rubia.
-Sí –balbuceó, tenerla tan cerca empezaba a ponerla nerviosa.
-Entonces demuéstramelo –la modelo ladeó la sonrisa– me has dicho que no sabías qué hacer para que te perdonara, pues bien... yo sí tengo algo en mente –los ojos de Kayla bajaron hasta centrarse exclusivamente en sus labios. Aquella situación era peligrosa. Notaba cómo su respiración empezaba a serle de lo más pesada y cómo el cuerpo de aquella mujer se acercaba hasta invadir por completo su espacio, llenándolo de aquel dulce aroma. La morena usó la mano que tenía libre para reposarla en su mejilla y se la acarició con dulzura a la par que aproximaba los labios a los de ella– ¿Me lo concederás? –llegó a pronunciar en un susurro, haciendo que ambas respiraciones se entremezclaran y Emma sintiera que estaba a punto de perder el juicio. No tuvo tiempo a dar su respuesta que los labios de la morena ya reposaban sobre los suyos, delicadamente. Captó su extrema suavidad, su sabor a cerezas y su aliento mentolado, todo ello era como una extraña combinación de sensaciones que hacían que su piel se erizase. Sensaciones que fueron al alza cuando Kayla decidió permitir a su lengua entrar en el juego, primero lamiéndole con delicadeza la comisura de su labio inferior y después atacándola con fiereza, juntando ambas lenguas en un frenesí incontrolable. Se besaron sin pausa, tan solo paradas por algún jadeo inoportuno o la necesidad de coger aire. Las manos de la modelo la sujetaron con fuerza de la cintura y su cuerpo la aprisionó contra la ventana del vehículo, haciendo que notara la suavidad de sus pechos. Emma, por su parte, tenía los dedos enredados en el pelo de la morena, aferrándose por completo a ella, saboreando el beso. Fue entonces cuando, entre mordiscos, Kayla comenzó a bajar por el cuello de la rubia, lamiéndolo con la punta de la lengua y encendiendo todo su ser. Las manos que antes reposaban en sus caderas ahora iban subiendo, trepando por su cuerpo, hasta sus pechos y los acariciaban con fervor. No sabía cómo había llegado hasta esa situación, pero empezaba a sentir que aquello no estaba bien por muy placentero que pudiera resultarle. Esa alerta sonó dentro suyo e hizo que separara de golpe las manos de la morena y se apartara, como pudo, de ella.
-Basta –espetó, jadeante– esto no está bien...
-¿Por qué? –Kayla la miró, perpleja.
-Porque no, nos conocemos de muy poco...
-¿No te gusto? –preguntó con una mirada de lo más que provocativa, llevándose el dedo índice de la rubia a la boca y lamiéndolo a consciencia.
-No es eso... –intentó reprimir como pudo el alto exceso de lívido que aquella mujer le estaba provocando– ni siquiera estamos saliendo, no veo bien hacer este tipo de cosas –fue la primera excusa que le había venido a la cabeza, realmente tenía un cúmulo de sensaciones y sentimientos que no la dejaban continuar. La figura de Regina el más importante de ellos.
-¿Es por eso entonces? –Emma asintió, con no demasiada convicción, y la modelo se apartó unos centímetros– en ese caso... –posó ambas manos en las mejillas de la rubia y apoyó su frente con la de ella, sonriéndole con aquellos hipnóticos labios suyos– Emma Swan... ¿Quieres salir conmigo?
¿Qué os parece la pregunta de Kayla? ¿Creéis que Emma aceptará o por el contrario la mandará a pastar (finamente hablando)? Me encantaría leer vuestras opiniones y si tenéis sugerencias, teorías, conspiraciones maquiavélicas (?) para la historia, también son bienvenidas! :D
