Este fanfiction fue escrito por el autor Scuttlest, a quién le agradezco darme el permiso para traducirla.
Origen del Príncipe de la Luz
–¡Abran! – Un soldado de Macedonia, con la lanza en mano, golpeteó la puerta de una casa de Aurelis. –Debo hablar con ustedes. Abran.
Después de unos segundos, la puerta se abrió, dejándolo entrar. –Um… gracias señor.
Con el sol del verano calentando el aire en ese día sin brisas, y con una pesada armadura puesta, el soldado pareció aliviado por entrar al edificio fresco. Era una simple casa de granja sin nada en especial, solo que el hombre que la habitaba no parecía ser granjero.
El hombre que había hecho de esa casa su residencia no tenía cara de ser nativo de Aurelis. Tenía que ser un inmigrante de algún tipo… el soldado parecía ignorar el hecho de que Aurelis no recibía más visitantes extranjeros.
–¿He hecho algo sospechoso? –Preguntó el hombre, mirándose preocupado, escondiendo sus manos tras su espalda y balanceando su peso entre sus piernas.
–No, no ha hecho nada para hacer sospechar al capitán Bentheon. Lamento molestarlo, soy Matthias de Macedonia, solo vengo a preguntar si ha visto a algún mago por aquí. –
El hombre pareció sorprendido un momento, pero se relajó. –No puedo decir que he visto a algún mago. Creo que se han mantenido lejos de aquí, considerando todos los ataques que ha habido. –
La cara de Matthias, que apenas rozaba en lo profesional, se tornó en una expresión de miedo. –¿Esta… esta seguro que no ha visto a algún mago? Alguien reportó a uno por el área. Todos con los que he hablado han dicho que debo venir acá si estoy buscando a un mago. –Suspiró sosteniendo su lanza en su mano temblorosa. –El capitán Bentheon siempre pareció odiarme. Prefiero… no decirle que las pistas se enfriaron. Me mandaría directo a la corte de los milagros…–
–Lo siento, en definitiva no he visto ningún mago. –El hombre se sintió mal por Matthias, claramente no era la clase de caballero que participaría en una invasión.
Matthias dejo que sus dientes rechinaran temiendo dar el reporte a su superior, pero con un poco de esfuerzo, recuperó algo de compostura. –Ya… ya veo. Siento molestarlo, señor. –Matthias se giró y dejó la casa, regresó a su caballo para treparse en él, sentarse y tragar saliva, nervioso.
Tenía una sensación de náuseas. Ya era subestimado en el ejército de Macedonia y sus superiores, como el capitán Bentheon y el general Eremeus, claramente lo odiaban. Si fuera a entregar malas noticias, ellos… no, mejor no pensar eso.
"¿Por qué me involucré en esto? No soy un soldado…"
–Pobre tipo. – El hombre dijo cuándo vio a Matthias alejars. –No es buen observador, debo decir. – Sonrió, mirando la tela azul de su túnica, que era claramente una túnica de mago. El hombre, Merric, un mago de Altea, cerró la puerta y se sentó en la mesa.
–Me pregunto que será eso de la corte de los milagros. –Merric pensó un momento acerca de lo que ponía nervioso a Matthias, pero luego lo olvidó.
Por dos años, se había estado moviendo por el continente, cambiando de residencia, tratando de encontrar al príncipe Marth. Después de estar sumamente preocupado por un tiempo, se logró convencer de que Marth había escapado de Altea. La noticia le cayó bien, Merric temió por un momento que no hubiera escapado a tiempo. Pese a que no se sabía a donde había ido Marth Merric, un miembro de la realeza de Altea y un buen amigo del príncipe, estaba seguro de que Marth buscaba una manera de hacerle frente al imperio de Dolhr.
Fue una suerte que Merric haya decidido irse cuando lo hizo. Si se hubiera quedado en Khadein, perfeccionando su magia, Gharnef seguro hubiera echado el ojo a tal prodigio y lo hubiera obligado a luchar para él o lo mataría. Se preguntó por su maestro, Wendell, qué estaría haciendo en ese momento. Wendell se había quedado en Khadein cuando la situación comenzó a salirse de control. Donde fuera que estuviera, dudaba que fuera placentero.
Ahora Merric estaba en Aurelis, siguiendo un rumor de que los aurelios le daban refugio a un miembro de la familia real de otra nación. No tenía garantía que fuera Marth, ni siquiera sabía el género de esa persona, o siquiera si era cierto el rumor. Aun así era la mejor pista que tenía en meses. Tenía que ponerse en contacto con alguien llamado Coyote, el hombre que manejaba la resistencia, antes de poder confirmar algo.
No estaba teniendo ningún progreso. Los aurelios que aún quedaban no se daban a encontrar si los buscabas activamente. Parecían estar asechando todas las bases de Macedonia a la vez, pero desaparecían si alguien los buscaba por cualquier razón. Estaban en todos lados y a la vez en ninguno… se preguntaba como siquiera alguien se enlistaba en aquel ejército.
La llegada de Matthias fueron malas noticias para el mago. A pesar del esfuerzo de Merric por no llamar la atención, alguien lo notó. Era buena suerte que Matthias no se hubiera dado cuenta de que hablaba con el mago que estaba buscando. Lo que sea que Matthias reportara, involucraba que debía alejarse de ese lugar y mudarse a otro sitio.
Hiciera lo que Macedonia hiciera, Merric tenía las horas contadas. Tratar de contactarse con Coyote estaba resultando ser más difícil desde que llamó la atención de Macedonia. No estaba listo para irse, al menos no hasta saber la identidad de Coyote.
Coyote… de hecho, ese era el sobrenombre del príncipe Hardin, el hermano menor del rey de Aurelis. No era sorpresa que el príncipe, como el rey, fueran imposibles de encontrar. Tales figuras de la insurgencia estarían bien escondidas de ojos curiosos. Merric dudaba que los miembros de la resistencia supieran donde estaban.
Habían reportes de que Hardin guiaba ciertos movimientos, y que siempre estaba acompañado de cuatro individuos cuyos nombres no eran conocidos.
Con un suspiro, Merric se recostó en la mesa, jugando con sus dedos. El tiempo era corto y tal vez tendría que huir de la nación antes de poder contactar a Coyote. Solo podría esperar encontrar a Coyote, sin que la situación le sea favorable a Macedonia.
Levantándose, salió de la casa. Otro día que moría y que lo dejaba sin pistas, pero no estaba listo para rendirse.
Matar para proteger. Norne aún se estaba adaptando a ese concepto.
Una sensación de culta, sutil pero poderosa, se apoderaba de ella. No importa cuán cruel haya sido el pirata, no se sentía a gusto con haber clamado su vida.
Al mismo tiempo, se convencía a si misma de que no había hecho nada malo. Ese pirata estuvo a punto de matar a Gordin, el caballero que más estaba con ella. No había manera en la que pudo haber vivido consigo misma de no haber hecho nada. El pirata merecía morir.
Gordin incluso había tratado de consolarla cuando supo cuál fue su problema y logró hacerla sentir mejor. Ahora estaba más animada, como antes del ataque.
Colocó su mano en su pecho. "No me falles ahora, corazón mío." Sus miedos y sus dudas tendrían que desaparecer rápido. Sabía que debía ser un buen soldado. No soportaría ser dejada atrás.
Sus pensamientos rápidamente pasaron a cómo sería aquel viaje, y una sonrisa genuina apareció en sus facciones, la sensación de aventura que nunca sintió antes volvía y arrollaba todo lo demás. Estaba involucrada en algo que jamás hubiera imaginado y eso le gustaba. Por un momento, se imaginó a sí misma como una pieza clave de una armada invencible contra Dolhr y sus aliados…
El fuerte sonido de un ronquido fue captado por sus oídos y la distrajo de sus sueños, se volteó molesta a los otros que estaban en la habitación.
No había muchos cuartos que se pudieran usar en como habitaciones en el barco. Marth y Caeda tenían sus propios cuartos, Jagen y Malledus compartían juntos, Ogma y sus hombres igual. Norne fue forzada a quedarse con Draug, Abel, Caín y Gordin.
Draug podría ser calmado despierto, pero dormido era molesto. El caballero casi parecía hacer sonidos como los que hacía un puerco durante su descanso, que erizaban los vellos de la piel de Norne. Los otros caballeros, Caín, Abel y Gordin, respiraban normal, con un ruido suave. Sorprendentemente, parecían inmunes a todo el sonido de Draug.
Se acostó en su cama y se cubrió por completo, luego tapó sus oídos con sus manos en un vano intento de amortiguar los ronquidos. Este iba a ser un viaje muy largo, aun cuando Galder quedaba solo a un día de distancia.
Marth corria hacia el enemigo, estoque en mano. Corría directamente hacia ellos, el solo contra todos.
Sus enemigos lo recibieron en perfecta formación, sus movimientos coreografiados. Era la clase de formación imposible de romper. Marth alzó su arma, los soldados respondieron lanzándose sobre él en gran número. Parecía indestructible, los cuerpos caídos se acumulaban a su alrededor, la victoria parecía ya obtenida.
Luego, de la nada, un soldado enemigo apareció montado. Atacó, lanza en mano, justo hacia la espalda de Marth. El príncipe solo veía a aquellos frente a él. El soldado de la lanza galopó hacia él, cada vez más cerca…
Marth no giró a tiempo, la lanza perforó su espalda y la punta sobresalía por su pecho. El soldado levantó su lanza, con el cuerpo del noble aún en ella y aulló en victoria.
Luego Caeda despertó. Se sobresaltó tanto que no notó cuando fue que se sentó en su cama, respirando fuertemente.
¿Una… pesadilla? Miró a su alrededor, notando que aún seguía en el barco que su padre le dio a Marth. Se quedó sentada, temblando y tratando de regularizar su respiración por varios minutos, luego se quitó las cobijas, necesitando asegurarse que solo había sido un sueño y nada más. Incluso con los ojos abiertos, la imagen de Marth muerto en la lanza de aquel soldado seguía en su mente.
Salió de su habitación, directo a la cubierta. Era de noche, todos seguramente dormitaban.
–¿Princesa Caeda?
Una voz sonó en la oscuridad y ella se giró. –Ah, Jagen. –Tomó una gran bocanada de aire al reconocer al viejo caballero. El veterano casi le ocasionó un ataque cardiaco, acercándose a ella sin hacer un sonido aún con su armadura. –¿Do-dónde está Marth?
–Dormido, princesa Caeda. –Respondió. –Acabo de salir de su habitación, fui a checarlo. ¿Sucede algo?
–N-no. Nada. –Dijo ella, sin poder fingir que, efectivamente, algo estaba mal. Las palabras del soldado no la consolaron. –¿Puedo ir a su habitación? No lo despertaré.
–Siendo una petición suya, no puedo negarme. –Jagen dijo, apuntando a una de las habitaciones. –Sin embargo, haga un esfuerzo por no despertarlo, necesita descansar para lo que le espera.
–Entiendo. –Ella asintió agradeciendo y caminó a la alcoba.
El cuarto de Marth parecía como cualquier otro, y no había nada que lo hiciera remarcar lo importante que era la persona que en él dormitaba. Echando un vistazo, encontró a Marth dormido en su cama. Caeda se sentó en una silla, respirando difícilmente.
Esa pesadilla había sido demasiado vívida. Por un momento, realmente temió que Marth estuviera acostado con un agujero en su pecho. Estuvo tentada a acariciar su mejilla o abrazarlo protectoramente pero se resistió para dejarlo dormir.
Escuchó sus respiraciones lentas, temiendo que en algún momento dejaran de producirse. Sin poder estar tranquila consigo misma se levantó y paso sus dedos por su cabello, sin despertarlo.
Marth, oh… Una sensación de miedo por él aplastaba su corazón. Estaba preocupada y sentía que no dormiría a gusto esa noche. Volvió a sentarse.
De pronto, los quiso a todos de vuelta en Talys. La rutina, comodidad y seguridad aguardaban ahí. Era demasiado tarde pero…
Solo pudo orar para que nada le pasara al príncipe. Si muriera… no, el simple pensamiento era demasiado doloroso. Cerró sus ojos y tembló.
Una fría neblina, tan densa como para ver a través de ella, les daba la bienvenida al par de hombres que estaban en cubierta.
El viaje de Talys a Galder era corto, pero aquella neblina les hacía creer que estaban a mitad del océano a bordo de algún bote fantasma.
Abel caminaba de un lado a otro. Como sus compañeros, era un hombre de tierra firme y el constante movimiento de la marea le resultaba desconcertante. No le había molestado cuando huían de Altea años atrás, pero ahora con más ánimos, le parecía mal no estar sobre su caballo.
Altea tenía marina, sí, pero él nunca estaba sobre los barcos y siempre lo agradeció. Ese viaje, aunque solo durase un día, era algo que ya ansiaba que terminara.
Ogma, el otro hombre, parecía ajeno a los balanceos del bote. Aún sin ser ciudadano de Talys por nacimiento, ya se había acostumbrado a aquella sensación. Simplemente siguió practicando con su espada. Sus habilidades serían puestas a prueba en el futuro. Dudaba que los piratas de Galder fueran un verdadero desafío, pero los que vendrían después…
No tenía dudas de que necesitaba más entrenamiento. Era una pena que hubiese sido desarmado por un pirata durante la ocupación, pirata más fuerte o no de la tripulación, Ogma no lo vio como excusa. Necesitaba un agarre más firme y reflejos más rápidos.
Momentáneamente, se giró para ver la canastilla del mástil. A pesar de ser el mejor barco de Talys, la canastilla lucía inestable, aun así estaba ocupada. Como los arqueros viven y mueren dependiendo de su vista, era natural que Gordin fuera el elegido para hacer de vigía. El arquero no dio indicación de ver algo. Ogma esperó que la neblina no fuera tan espesa allá arriba.
Marth se estiró en su cama. Se despertó lentamente, encontrándose con que se había cubierto con las sábanas durante sus sueños. Se descubrió, encontrando el ambiente muy helado para su gusto. Temblando, miró a su alrededor y para su sorpresa se encontró con Caeda.
Estaba dormida en una silla. Se veía… ¿estresada? O tal vez exhausta. Cualquiera que fuera el caso, salió de su cama, completamente despierto. Tomó las sábanas y cubrió con ellas a Caeda.
–Ah, príncipe Marth, ya está despierto. – Jagen entró a la habitación. El sol matutino se reflejó un poco en su armadura, a Marth le costó no desviar la mirada. En este punto del día ya todos debían estar despiertos y en cubierta, Caeda debía ser la única dormida. –¿Cómo se siente?
–Bien, Jagen. – Respondió Marth, alejándose de él. –Estoy algo confundido acerca del porque Caeda esta durmiendo en mi habitación.
–Ella pidió entrar a su habitación señor. –Respondió Jagen. –Aunque lo negó, algo parecía preocuparla.
–Bueno, está durmiendo en mi cuarto. La dejare dormir por ahora.
–Es apropiado que se haya despertado señor. Gordin acaba de alertar que vio tierra. –Jagen apuntó a la distancia. La neblina aún bloqueaba la vista pero estaba cediendo. Marth podía ver tierra, un puerto.
–¿Están todos listos?
–Ya me he asegurado de que todos tuvieran sus armas a la mano. Están listo para sus órdenes.
–Bien. –Dijo satisfecho. Confiaba en que los piratas del puerto, si eran los mismos que habían atacado Talys, fueran silenciados sin problemas. Se volteó a ver a Jagen. –Asegúrate de que todos se concentren en la batalla. Debo hacer una última cosa.
–Claro, señor.
Jagen salió de la habitación y Marth se acercó a Caeda, aún dormida, y con un suspiro la tomó del hombro.
Ella casi se cae de la silla, pero de inmediato recuperó la compostura. –Marth…–Se veía confundida y desorientada. Negó para alejar la confusión y logró una sonrisa. –Marth, buenos… buenos días.
Su mente, aún dormida, ni siquiera recordó la pesadilla que tanto la preocupó en la noche.
–Caeda, –Suspiró él. –Llegaremos a tierra pronto, y probablemente lucharemos contra los piratas de Galder inmediatamente después. Pareces… cansada, tal vez deberías quedarte en el barco en lo que…
–No. – Ella dijo firmemente. –Puedo hacerlo, solo tomaré mis lanzas y me montare en mi pegaso. Estaré bien.
–Pero, Caeda… no pareces haber dormido bien…
–Te dije que estoy bien Marth. –Caminó a la puerta. –No le veo sentido a estar aquí si no estoy luchando.
Y protegiéndote. Esas palabras quedaron sin ser dichas.
Galder enfrentaba otro día en la miseria. Aunque el puerto ya había sido saqueado de todas sus riquezas, Gomer había, de nuevo, exigido oro de su gente.
Gomer dio estrictas instrucciones de asesinar a todo aquel que no diera dinero. Aun cuando había dinero que dar, las órdenes de Gomer daban la excusa perfecta para cometer asesinatos en masa. Ya habían muchos cadáveres de hombres y mujeres tirados en las calles. Los ciudadanos del puerto que sobrevivieron la ira de los piratas retiraban los cuerpos de sus vecinos caídos.
No se veía ningún cuerpo de niños. Los piratas no mataban niños. No era por misericordia ni por honor que salvaban a los jóvenes, si no el pensamiento de que los niños hacían buenos esclavos. No había ninguna familia en el puerto que aún conservara a sus menores de 16 años.
Ninguno de los cuerpos fueron muertos por Darros. Este era el último día de pirata. Era tiempo de lavar sus manos de aquella vida, de una vez por todas, y encontrar otro grupo al cual unirse. Su único arrepentimiento era no haberlo hecho antes.
No deseaba continuar formando parte de aquel pillaje. Comenzó a caminar hacia la casa donde Gomer se estaba hospedando. Un hacha en la cabeza del capitán y luego se iría. Planear no era su fuerte, pero sabía que no habría mucho que pudiera detenerlo. Gomer no lo estaría esperando y Darros esperaría a que su esclavo fuera la única persona en su habitación. Gomer era más fuerte que él, pero no era tan rápido.
Mientras más lo pensaba, más confiado se sentía. Gomer moriría hoy.
–¡Darros! – El hombre apretó el mango de su arma al escuchar su nombre. Alguna pregunta o respuesta que no era de su agrado y quien fuera el pirata que haya dicho eso moriría. No levantaría sospecha, piratas luchando ante la menor provocación con resultados letales era algo común. Girando, se sorprendió al ver a Castor. El exhabitante de Talys estaba frente a él, sin saber lo que planeaba hacer. –Darros, hemos visto un barco aproximarse.
–¿Qué…?– Curioso por un momento, Darros le prestó atención a Castor. –¿Hay un barco acercándose?
–Sí. Es… difícil de creer, todos saben que este es un puerto pirata, nadie en su sano juicio vendría. – Se volteó y apuntó a la distancia. Darros siguió su dedo y sus ojos se abrieron a la vista. Una nave se acercaba y no era un barco mercante.
–¿Un … barco de mercenarios? ¿Vendrán a arrestarnos? –Darros estaba sorprendido, la gente del pueblo no podía contratar a nadie, no después de haber sido robados. ¿Quiénes podrían ser estos sujetos? Se preguntó a sí mismo, su siguiente pensamiento fue en aprovechar las circunstancias, aprovecharía la confusión de la pelea entre mercenarios y piratas y…
Darros parpadeó al notar que el barco se acercaba. Estaba bien construido. Demasiado bien para ser un barco de mercenarios… parecía más el barco comandante de una armada. Pero la única nación cercana era…
En contra de todo pronóstico, Darros sonrió. Estaban esperando el regreso de Gazzak, el segundo al mando de Gomer, con las riquezas de su pequeña expedición, pero parecía ser que Gazzak había hecho algo para provocar una reacción de Talys. Dudaba que siguiera vivo, lo cual le importaba en lo más mínimo. El segundo al mando era más cruel que Gomer.
–¡Capitán Gomer! ¡Barco a la vista! – Un pirata entró a la habitación de Gomer. En ese momento, Gomer bebía ron, pero al instante se detuvo cuando registró lo que le habían dicho.
–¿Qué bandera?
–Talys. Las personas parecen estar armados hasta los dientes.
–Talys. ¿Se creen héroes? – Gomer alejó sus bebidas, salpicando el ron por todos lados. Esa no eran buenas noticias, esperaba que su tripulación regresara con lo que fuera que hubieran robado. –Enséñenles a esa tripulación lo que le pasa a lo que se interponen en nuestro camino.
El mensajero asintió, luego dejó el cuarto. Gomer gruño y volteó a ver a su esclavo, quién estaba en un rincón temblando de miedo.
–No te atrevas a moverte, gusano. –Tomó un hacha y apuntó al niño. –Cuando vuelva, me servirás más ron. No esperes un rescate.
La tripulación pirata se formó fuera del pueblo, hachas y arcos listos, esperando hacer un ejemplo de alguien que los retara. Los aldeanos se habían refugiado en sus hogares, aunque algunos se subieron a los tejados esperando ver que hacían los piratas.
Gomer se encontró en la playa. El barco no parecía querer acercarse al puerto mismo. Posiblemente para mantener la pelea lo más alejada del pueblo. Gomer no tenía el mínimo interés de donde se desarrollaría la pelea. –Mátenlos a todos. Muéstrenles que no nos arrodillamos ante nadie.
Los piratas gritaron, agitaron sus armas preparándose para la pelea y avanzaron con la intención de cortar la madera y abordar el barco. La tripulación de éste estaba totalmente al aire libre, su número considerable, comparado con un pequeño ejército.
Castor tembló, sin querer matar a los talisianos que estuvieran en el bote, ni quería morir él. Puso una flecha en su arco retrocediendo mientras los otros avanzaban. Se preguntó qué diría la princesa Caeda si lo viera ahora. Llamarlo traidor y matarlo en el acto, sin duda.
En comparación, Darros ansiaba la batalla. No tenía intención de ayudar a los piratas, planeaba algo diferente. Ahora no tenía forma de matar a Gomer sutilmente, pero estaría ahí para ver a su capitán morir, si… si esos talisianos lo aceptaban.
El barco atracó en la playa. Los piratas veían varios individuos armados en la cubierta, algunos montados en caballos y una en un pegaso. A sus ojos, presas fáciles. No podían imaginar que aquella fuerza moderada fuera una amenaza.
Era tanto su entusiasmo que no notaron a dos figuras en el mástil del barco y atacaron por atacar.
–Okay, estoy lista para esto. –Norne soltó aire y luego miró a los piratas. Venían hacia ellos en línea recta, como blancos fáciles. Estaba algo disconforme pero debía superarlo si quería ser un soldado.
A su lado, Gordin ajusto su arco. –Mejor aprovechemos el elemento sorpresa. Hay muchos piratas, quitar a algunos del camino los ayudaría mucho allá abajo.
–Claro– Norne también ajustó su arco y apuntó. Ninguno parecía importante, así así que apunto al azar a un pirata con un arco. Gordin apuntó a uno con un hacha.
Los dos dispararon.
Ninguno de los piratas notaron las flechas. Un hachero anónimo murió, al igual que el hombre parado a lado de Castor, arquero. Éste se espantó al ver que tan cerca había estado de morir.
Muchos se detuvieron, notándolos. Norne se asustó al ver al pirata morir por su mano, pero alejó ese sentimiento y colocó otra flecha en su arco, seguida por Gordin. Los piratas con arcos les apuntaron.
–¡Ahora! – Gritó Malledus. –Con cuidado, no permitan que los rodeen. – La tripulación desembarcó y arremetieron contra los piratas. Las hachas chocaron contra el hierro y el acero. Los piratas eran demasiados en números pero no pudieron contra la pequeña tripulación. Pronto, su desorganización se notó al ver que solo podían mantener su terreno. Ninguno de sus ataques parecía penetrar las armaduras de sus enemigos.
Ogma y sus tres hombres estaban al frente del ataque, viéndose demasiado felices por exterminar a los piratas de una vez por todas, por la memoria de sus compañeros caídos en Talys. Ogma parecía una verdadera máquina de matar, y sus hombres seguían su ejemplo, masacrando piratas hasta la muerte con sus hachas.
Jagen se posicionó a lado de Marth para ser su defensor. Un trío de piratas fue hacia ellos, pero Jagen mató fácilmente a dos de ellos con su lanza de plata. El tercero llegó demasiado rápido para que lo pudiera interceptar, pero Marth solo esquivo el ataque desorganizado y respondió con una estocada letal en el pecho de su atacante.
Marth giró antes de que el cuerpo del pirata cayera al suelo, muerto, su arma ya había perforado el cuerpo de otro atacante. Notó a otro pirata ir hacia él, pero antes de que ocurriera el ataque, el filo de una lanza atravesó el torso del pirata y arrastró el cuerpo lejos.
"Por favor, cuídate mucho Marth." Caeda ascendió al aire después de matar al pirata que trataba de matar a Marth. Ella sabía que no podía simplemente patrullar el área sobre él, así que guió a su pegaso hacia otro blanco.
Desde el cielo, Caeda pudo observar fácilmente el baño de sangre. Los piratas podrían dominar la playa, pero caían más rápido de lo que podían reponerse. La falta de un verdadero oponente combinado con sus ataques sin experiencia los había condenado.
Draug entró a la batalla con su lanza. Los piratas eran demasiado veloces, pero sus hachas no tenían la fuerza necesaria ni para raspar su armadura. Draug los atacaba de uno a uno pacientemente. Incluso estando completamente rodeado, no cedió ni un paso mientras les atacaba.
Darros avanzó hacia la tripulación de otra forma que los otros piratas. Vio a dos caballeros montados, uno con armadura verde y el otro, roja. Les llamó y ellos le vieron sorprendidos.
—Pirata. —Susurro Cain, poniéndose en posición. Estaba a punto de atacar, pero Abel extendió su mano para detenerlo.
—¿Por qué nos alertas de tu presencia? —Pregunto Abel, manteniendo una distancia suficiente para responder a algún posible ataque del pirata.
—Yo… quiero rendirme, caballeros. —Dijo éste tirando su hacha al suelo. —Estoy harto de la piratería. La vida que ofrece el capitán Gomer no es para mí.
—Un cambio de corazón. —Observó Abel, con obvio escepticismo. Aunque Darros tiró su arma, no bajó la guardia. Los piratas estaban cayendo, era el momento en el que alguien, de la nada, se arrepentiría de ayudarlos. —¿Por qué esperar a que los piratas fuesen atacados para cambiar tus modos?
—Yo… ya había querido cambiar desde antes. Pero… nunca actué. —Negó con su cabeza, las preguntas que le hacían le hacían sentir como un cobarde oportunista. —Pero si las palabras de un pirata no son suficientes, dejen que hablen por mi las acciones de un marinero. —Se agachó para recoger su arma.
—¿…Y cómo sabemos que no es un truco? —Preguntó Cain, aun sujetando su lanza firmemente. —Tú no eres de la clase de personas a la que le puedas dar la espalda.
—No necesitan darme la espalda. Déjenme dirigir el ataque, podrán verme mientras yo les muestro lo que pienso de mi antigua tripulación. —Darros les miró a ambos seriamente. Ninguno de ellos le quitó la vista de encima, hasta que después de un momento Abel suspiró. —Ok, puedes luchar con nosotros…
—¡Abel! ¿Te has vuelto…?
—Pero…—Continuó ignorando a su compañero. —Haz algo que no me guste y te mueres. Hablaremos de esto cuando la batalla termine.
Darros asintió. —Gracias, señor caballero. Le juro que no le defraudaré. —Tomó posición de batalla y corrió alejándose de los caballeros.
La batalla continuó y Abel notó que Darros debió querer muy poco a su antigua tripulación. En unos minutos, estaba asesinando a los piratas a la misma velocidad que Ogma. Abel no estaba seguro de estar satisfecho con la habilidad de Darros, o sentirse mal acerca del poco remordimiento que el expirata sentía por sus exaliados. No eran exactamente sus amigos pero…
Abel salió de sus pensamientos, para interponer su espada entre él y un atacante, cortándole su pecho. Volvió a ver a Darros, que había matado a otros cuatro en lo que él estaba distraído.
El pirata era efectivo en su trabajo. Sin palabra alguna, los alteos y talisianos entendieron que estaba de su lado. Era una situación afortunada de que uno de los piratas más fuertes tuviera morales.
Los arqueros al servicio de la tripulación pirata estaban casi muertos. Gordin y Norne habían reducido sus números lentamente, sin temor alguno a las flechas que volaban hacia ellos con una trayectoria sumamente desviada. Cain y Abel marcharon a matar al resto.
En la formación pirata, si es que se le puede decir así, Castor era casi el único arquero restante. Ya había apuntado a Ogma y a sus hombres, y al reciente cambia-bandos Darros, que eran sus mayores amenazas, pero les reconocía, los conocía y les estimaba. Lo hacían dudar. Buscó con la mirada a alguien a quien no conociera. Escaneó el área, todos excepto ellos tenían un rostro extraño, así que busco atacar a la jinete pegaso.
Apuntó hacia ella mientras descendía para atacar, y fue cuando la vio de cerca. Un hermoso cabello azul…
¿Acaso es…? El arco de Castor dejó la posición de ataque, mientras un sentimiento de culpa lo llenaba. Dime que ella no es…
Negó con su cabeza, pensando que era algún truco de su mente. No había forma de que ella estuviera ahí, fuera de Talys. Tenia que ser otra jinete con cabello similar. Volvió a apuntarle, para tener una visión perfecta que resultaría en un tiro letal.
Se tomó un segundo extra para asegurar el resultado y fue ahí que la jinete volteó a donde estaba él, notó que no era ningún truco. Miró su rostro, sereno, gentil y… reconocible.
No… no ella…. No la princesa Caeda…
Perdió la voluntad de disparar, incluso cuando ella descendió directamente sobre él con su lanza, debió haber creído que era un pirata. Estaba a unos centímetros, cuando se detuvo.
—¿Castor? — Sus ojos mostraron sorpresa al reconocerlo, detuvo su ataque por completo. A pesar de que la batalla se estaba librando detrás de ellos, desmontó y se acercó a él. —¿Eres tu cierto?
Castor se congelo en su lugar, sus únicos movimientos fue su rostro cambiar expresiones a vergüenza y remordimiento por haber sido ella la que lo encontrara con los piratas. —Princesa… yo…
—¿Qué estás haciendo aquí Castor? — Preguntó con voz preocupada, como si se hubiera encontrado con un aliado y no estando en diferentes bandos. Ella trató de acariciar su mejilla, pero él retrocedió. — Castor, todos el mundo parece estar traicionando y matando a sus aliados. ¿Has caído tu también tan bajo?
—No-no es lo que cree, princesa. — Castor le respondió con voz temblorosa. —N-no quería hacer esto, pero…
—¿Cuál es una buena razón para volverse un pirata?
—Mi madre está enferma. — Le comentó. —Y, no hay otra manera de conseguir dinero…
—¿Tu madre está enferma?
—Si princesa. — Se forzó a mirar a Caeda a los ojos. —Ni siquiera puede salir de su cama, está volviéndose ciega, y ahora está alucinando. Solo repite mi nombre una y otra vez… Yo, necesito hacer algo, necesito obtener medicina para ella…
—¿Todo por tu madre? — La princesa de Caeda quedaba en blanco, pero luego mostró una sonrisa. —Si dinero es lo que necesitas, entonces…—Alcanzó una bolsa que traía en la cintura y le ofreció un puñado de monedas. —Ten, toma mi dinero, ve y ayuda a tu madre.
—¿¡Que…?!—Castor solo miro las monedas. —Pe-pero princesa, la traicioné, soy su enemigo, usted…
—Solo tómalo. —Caeda le entregó las monedas. —Mucha gente estuvo confundida cuando dejaste Talys tan abruptamente, pero veo que lo hiciste por ayudar a tu madre. Puedo entender eso, pero ¿rebajarte al nivel de un pirata? Tu…
—Princesa…—Castor miró las monedas en sus manos. —Ah, lo… lo siento mucho princesa. —Se había sentido increíblemente avergonzado durante toda la conversación y de pronto, se puso peor. Casto se alejó un poco de ella, sintiéndose poca cosa para estar a su lado. —Princesa Caeda… ¡Dejeme compensarla! Aun tengo la puntería que me caracterizaba en Talys… Yo…
—¿Qué está pasando aquí? — Una voz familiar se escuchó detrás de Castor. El taliseo se giró para ver a Gomer acercarse. —Mi tripulación cayendo como moscas y tu aquí, ¿platicando con una burguesa? —Miró a Caeda y sus ojos se iluminaron. —Ah, pero que buena burguesa. Tal vez pueda venderla cuando todo esto termine.
Caeda retrocedió, molesta por el comentario. Gomer sonrió, era una sonrisa perturbadora, pero luego miró a Castor. —Volverás a la pelea Castor. O recibirás un hachazo en tu cara.
Castor tembló, y miró a Caeda, luego a su antiguo capitán, su rostro con una expresión desafiante, algo que Gomer no había visto antes en él. —Me… me rehuso a seguir tus ordenes. No soy más uno de tus hombres.
—¡Eso es motín Castor! —Elevó su hacha, el filo apuntando al arquero. —Pero no es como si un niño como tú hubiese durado mucho en mi tripulación. —Se burló, decidido a acabar con su vida en un solo ataque. Caeda se interpuso con su lanza y lo forzó a retroceder.
—¡Princesa! —El estomago de Castor se revolvió ante la visión de Caeda justo frente a Gomer para salvarlo, cuando él la había traicionado. Sin pensarlo, sacó una flecha de su portaflechas y cargó su arco.
—Ninguna noblecita clamará mi vida. —Gomer se burló de nuevo, pero Caeda esquivó su nuevo ataque cuando le apuntó. Corrió hacia su pegaso para montarlo. Gomer trató de cortarle el cuello al animal, pero su hacha solo atravesó aire. Miró como el animal se elevaba rápidamente… y luego una flecha se clavó en su espalda.
Soltó un grito de dolor, luego giró hacia Castor. —Te arrepentirás de eso, traidor.
—Usted será el que se arrepienta de todo este pillaje, capitán. —Una nueva voz interfirió. Gomer sintió un fuerte jalón, alguien le había arrancado la flecha de la espalda salvajemente. Se volteó y atacó con su hacha, pero el ataque fue bloqueado por otra hacha.
—¡Darros! —Los ojos de Gomer se abrieron en sorpresa al ver quien lo atacaba. —Ustedes traidores vienen en par. ¡Los rebanaré a ambos! — Luego miró a Caeda en el cielo. —Y no creas que me he olvidado de ti, perra. Conseguiré un buen precio por ti…
—Castor y tu…— Darros miró a los jóvenes. —Regresen a combatir a los piratas. El capitán Gomer es mio.
—¿Darros quieres… luchar por tu cuenta? — Castor no estaba totalmente sorprendido con eso. Los últimos días Darros había estado en silencio renegando de su estilo de vida. Aun así… —Darros, el capitán es un monstro, no dejare…
—Habla luego Castor. Déjame lidiar con el capitán. —Darros corrió hacia el pirata.
—¿Lidiar con el capitán por tu cuenta? ¿Te has vuelto loco?
—Dije que hables luego, me tocan unas palabras con el capitán.
—Pero…
—Castor. —Caeda volvió a descender. —Has lo que dice Darros, es probable que tenga algún asunto pendiente con él. Acompañame al barco, aun está la lucha ahí.
El arquero miró a Caeda, le dolia dejar a Darros atrás, pero asintió. Corrió hacia el sitio que le indicó la princesa, seguido por ella y su montura.
—Ahora que se fueron…—Darros se alistó para la batalla. No buscaba matar al capitán, pero disfrutaba que muriera por su mano. No solo Gomer sería derrotado, si no toda su tripulación.
—Perro sarnoso. Pude hacerte un hombre muy rico Darros. —Dijo Gomer tranquilamente. —Me encargaré de ellos cuando termine contigo. Déjame decirte, la moral es lo último que necesitamos en esta vida.
—Se exactamente lo que necesito en mi vida capitán. —Le respondió. —Y asesinar no está en mi lista.
—Te has suavizado Darros. No tienes más un lugar en mi tripulación. Tu único lugar ahora es en un agujero en el suelo.
—Quédate a mi lado Gordin. —Norne comentó al arquero mientras se unían a la lucha en el suelo. —No quiero que otro pirata te ataque de nuevo. —Mantenía un ojo en su compañero, antes de enfocarse en la batalla. Ambos cargaron sus flechas y apuntaron a los piratas, cuyos números decaían rápidamente.
Wrys estaba de pie, báculo al aire y recitando su hechizo para canalizar su energía en él. El poder sagrado se enfocaba en sus aliados, sanando las heridas que recibían y ahuyentando la fatiga. Ignoraba su propio cansancio, su disconfort no era nada a comparación.
Un pirata surgió detrás de él, hacha en mano. Wrys lo notó, pero no se movió, manteniendo su atención en la batalla. El pirata se preparó para matarlo, pero una flecha le atravesó el cráneo entre los ojos.
Un poco confundido, Wrys se giró y miró que el pirata ya era un cadáver. Ni Gordin ni Norne estaban cerca como para hacer un tiro como ese. Siguiendo la dirección de la flecha, miró a un arquero que no reconoció, uno de los piratas. El arquero estaba a lado de Caaeda, y ya apuntaba a otro. Wrys supuso que era un aliado y regresó a su antigua labor.
Wrys sabía que la batalla estaba decidida. Los piratas restantes se podían contar con una mano, pero no renegó su labor, no hasta que el último pirata expirara.
—¿Son todos? —Preguntó Marth escaneando el área, no veía a ningún pirata con vida.
Castor caminó hacia él, forzándose a no mirar a nadie mientras que todos lo veían confundidos. —No exactamente… señor…
—¿Quién eres? —Preguntó Draug, moviéndose hacia él. —¿Un voluntario del pueblo?
—Um…—Castor no podía pensar en una manera de decirle la verdad. —No, pero…
—¿Castor? ¿Eres tú? —Los ojos de Bord se sorprendieron al reconocerlo, y le sonrió cálidamente caminando hacia él, tomándole por el hombro. —Me preguntaba que había pasado contigo luego de que dejaste Talys. Me preocupé por que hubieras tomado una mala desición, pero aquí estas, exterminando piratas.
—Si… es bueno verte de nuevo, Bord. —Asintió al mercenario y miró nerviosamente a Caeda. El prefería obviar que había pertenecido a la tripulación pero la princesa podía ponerlo en evidencia y avergonzarlo cuando quisiera. Se lo merecía..
—Primero lo primero. —Interrumpió Marth. —Dijiste "no exactamente." ¿Hay más piratas?
—S-si… Falta uno. El capitán esta luchando cerca de aquí, contra Darros, el pirata que se unió a usted.
—Ya veo. —Asintió Marth sujetando su estoque, ahora cubierto en sangre. —¿Entonces, el puerto esta libre de piratas?
—Si, señor. El capitán Gomer es el único que queda. Darros debería ser capaz de combatirlo por su cuenta… y dejó en claro que quería ser el él que acabara con el capitán.
Marth asintió en respuesta. —Si los traicionó, supongo que luchar contra su antiguo capitán es algo que a él le concierne. Debemos confirmar que Gomer haya muerto, si queda alguno con vida, solo irá a atormentar a la gente después. Interferiremos si es necesario, lo quiera o no.
—Siempre le tuve un poco de miedo capitán. —Darros comentó mientras blandía el hacha hacia Gomer, quien saltó antes de que el arma le alcanzara. —Debí intentar rebelarme mucho antes, se siente bien.
—Tu perro sarnoso. ¡Soy el terror de Galder! ¡Nadie puede vencerme en batalla! —Gomer contraatacó pero, al igual que él, Darros lo esquivó, logrando herirlo en el pecho.
—No serás más un terror. — Darros volvió a atacar con más fuerza. Logró tomar la muñeca con la que Gomer sostenía su arma y le clavó el hacha en el costado. Gomer rugió de dolor y logró empujarle.
—No seas idiota Darros. Debiste quedarte en la tripulación.
—¿Qué tripulación? —Preguntó el aludido. —Por como se ve, creo que no quedamos más que usted y yo.
—Ningún talisiano derrotará a los piratas de Galder. —Gomer avanzó de nuevo, más rápido. Su arma apuntaba el cuello de su contrincante, pero Darros saltó y escapó del filo, para luego contraatacarle.
El arma dio contra el bíceps del pirata. El capitán gritó salvajemente al soltar su arma. Darros retiró su hacha de la herida y esta manó sangre abundantemente. También le soltó un puñetazo a su mandíbula.
Gomer cayó de espaldas, sujetando su hombro herido.
—Dar…Darros…—Comenzó a hablar con dificultad. —Nunca vivirás bien… con esa actitud.
—No desperdicies tus palabras Gomer. —Darros se acercó a su antiguo capitán, quien rápidamente se puso de pie, chorreando sangre.
—Mis palabras son ciertas Darros. Los talisianos no ganarán cuando regrese. Mis hombres tomarán revancha.
—Estás en negación Gomer. —Darros avanzó hacia el. —Has perdido Gomer, no importa lo que hagas. Es tu fin.
Los ojos de Gomer mostraban miedo, pero sus piernas se congelaron en el sitio. ¿Miedo? ¿O era solo demasiado orgullo como para huir? Cualquiera que sea el caso, el hacha de Darros cayó y la vida de Gomer terminó, cayendo su cuerpo al suelo.
—Con eso debería bastar…—Darros asintió, sintiéndose aliviado de que Gomer estuviera muerto. —Ahora, a regresar al puerto. —Se giró para toparse con aquellos a los que había enviado al barco. —Pensé que los había enviado a pelear contra el resto de la tripulación.
—El… el resto de la tripulación está muerta, Darros. —Castor le comentó, mirando sobre su hombro la sangrienta costa. Tragó saliva nervioso, pensando que hubiera terminado como ellos, si no hubiera sido por Caeda. —La batalla terminó. Debemos dirigirnos al puerto.
Darros asintió y caminó mirando a todos los miembros de la pequeña armada. El caballero de la armadura verdosa le dirigió una mirada disconforme, aunque de aprobación.
—Al puerto entonces. Necesitamos decirle al pueblo que no tienen por que vivir con miedo.
Unas horas después, Galder, que había iniciado el día con horrores, estaba lleno de felicidad. Los piratas estaban muertos y el puerto libre. Los cadáveres fueron recolectados y arrojados a una fosa común.
Los alteos y talisianos fueron tratados como héroes, mientras recorrían el pueblo ayudando a que regresara a la normalidad. Wrys en particular estaba patrullando las calles, curando heridas de las víctimas de los piratas. No podía hacer nada por los muertos, salvo asistir a sus funerales y ofrecer una plegaria por sus almas.
Los niños que los piratas habían secuestrado pudieron regresar con sus familias. La dicha en la cara de sus padres era indescriptible. Creyeron que nunca los volverían a ver y ahora los tenían de vuelta… sus sonrisas eran las más grandes y felices.
El tesoro de los piratas fueron distribuidos por igual a todo el pueblo, y se procuro que cada cosa regresara con su dueño. Marth autorizó que el barco fuera despojado de sus tesoros, para ayudar a la gente del pueblo. Esperó que el rey Mostyn no se molestara por su desición.
Darros también estaba ahí, aunque muchos ciudadanos no confiaron en el, vieron que quería remendarse. El y Draug hicieron el trabajo pesado para permitir que los trabajadores del puerto descansaran por ese día.
Norne sujetaba la mano de Gordin firmemente. La molestia que sentía era menor, pero aún se veía un poco perturbada. Los dos se sentaron en la base de uno de los edificios, tomando un pequeño descanso de la labor.
Ella tomó aire y soltó un gran suspiro.
—¿Estas… bien Norne? —Tragó saliva preguntándole. —La batalla de hoy… ¿te sientes…?
—Estoy bien Gordin. —Le sonrió y cabeceó un poco, se iba a quedar dormida en cualquier momento. Con un suspiro se recargó en el edificio. —Lo hice bien hoy. No puedo esperar a que se traguen sus palabras.
—Bien…— Sabía que estaba hablando de Abel y Draug, en que tendría que irse si dudaba en matar. Solo esperó que no tratara de jactarse, aún podrían correrla si se volvia arrogante.
No habría dado el primer paso en convertirse en un buen soldado, sin él. En Talys, ella era la confiada pero ahora el que ofrecia consuelo era él. En un futuro, podrían revertirse los papeles de nuevo. Mientras mas confianza gane, mejor arquera se volvería. Esperaba pronto volverse una buena compañera para Gordin.
Gordin miró a su alrededor y esperó que los otros caballeros no confundieran las cosas con un momento íntimo…
—Debo agradecerle, a usted y a todos sus hombres. —Un hombre on barba sentado en la mesa habló, acariciando el cabello del esclavo de Gomer. Sonrió ante la reunión, era su propio hijo. El chico también sonrió y comenzó a comer lo que no pudo hacer mientras estuvo preso. —Hemos soportado a esos piratas demasiado tiempo, incluso se quedaron cuando no había nada más que robar.
El cuarto había sufrido el robo de los piratas. En el pasado, era hogar de vasillas finas, pero no por el momento. Algún día regresarían los tesoros, pero ahora era el momento de agradecer que regresaban a la vida que conocían.
Los otros acompañantes eran Marth y Malledus. Ellos tomaban una simple copa de agua, no querían demandar algo más fino.
—No hay necesidad de agradecer. —Marth respondió. —Talys fue atacada también hace dos días. Después de repelerlos, el rey quizo eliminar a todos los piratas por temor a una segunda ola de ataques.
—Ya veo. —La sonrisa del hombre no desapareció. —Bien, en lo que a Galder concierne, los piratas se han ido y ahora son libres. —Tomó un sorbo antes de continuar. —Señor, ¿podría decirme su nombre?
—¿Mi nombre? Soy… el príncipe Marth, de Altea.
—¿Altea? —El hombre arqueó una ceja. Marth se incomodó por el movimiento. Miró a Marth y el hombre entendió que no estaba enterado de la situación. —Altea… es un nombre que no había escuchado en mucho tiempo.
—¿Sabe… el estado actual de mi nación?
—Me temo que no, príncipe. Por mucho tiempo, cualquiera que tratara de saber de Altea o siquiera pronunciara aquella palabra, era capturado y muerto a manos de Dolhr, acusado de "simpatizar" con ellos. Los piratas solían vender a gente inocente a los soldados solo por eso.
—Ya… veo. —Marth negó con la cabeza, si encontrar información de Altea te garantizaba ese trato, no quería imaginar como era tratada los nativos del lugar. Trato de repimir su furia con todo su ser, deseando desesperadamente marchar a Altea y liberarla. No tenia suficiente fuerza para hacerlo en ese momento, pero podía unir fuerzas con Aurelis…
—Príncipe Marth, asumo que pretende oponerse a Dolhr.
—Por supuesto. —Marth le miró atento. —Me he pasado dos años entrenando para esto. Mi primer movimiento es marchar a Aurelis y establecer una alianza.
—¿Aurelis? Es la única nación capaz de luchar contra Dolhr. Pero no hay manera de saber que tanta ayuda podría recibir de esa nación. —El hombre bajó su copa. —Aurelis esta acorralada. Un subordinado de Dolhr, Macedon, ha hecho un excelente trabajo en llevarla a la ruina. Solo queda una modesta resistencia. Una resistencia feroz pero no podría contra la alianza.
—¿La alianza? —Habló Malledus. —No creo haber oído una organización con ese nombre.
—Las naciones que sirven a Dolhr, Macedon, Grust, Gra y Khadein, son conocidas como la alianza de Dolhr. La organización es, por supuesto, subordinada del Imperio de Dolhr.
—Así que tienen un nombre para referirse a ellos. —Murmuró Malledus. —Cuatro naciones bajo Dolhr, son muchos oponentes, especialmente si solo somos Altea y Talys. Supongo que en realidad necesitamos aliados, incluso si… está tan débil.
—Dicen los rumores que la resistencia aureliana esconde a un miembro de la familia real de una nación. Asumí que era usted, pero…
—Es obvio que no soy yo. —Completó Marth. —¿No tiene idea de a quién esconden?
—Ninguna. —Respondió. —Solo sé que es alguien que de algún modo escapó de su nación, como por un milagro, después de que les hubieran capturado.
Casi de inmediato, la imagen de Elice apareció en su mente. La idea de reunirse con su hermana lo emocionaba. Con esfuerzo, escondió el gusto que sintió de pronto y habló calmadamente. —No importa la ayuda que puedan darme, aún así planeo ir a Aurelis.
—Bueno, si tan seguro está de ir a Aurelis, la ruta más rápida seria por el Paso de Ghoul, por los picos del norte, aunque es una ruta peligrosa.
—¿Peligrosa? —Preguntó Malledus. —¿En qué sentido?
—Bandidos. Son más crueles y sanguinarios que los piratas. Estos se llaman a sí mismos como Soothsires, y cazan a quien sea que entre a las montañas. Para la mayoría de la gente, la única esperanza es pasar sin que te vean. Los Soothsires matan a quien sea que sospechen que esconde algo de valor. Oh, las historias que he oído…—Pareció recordar todas las historias que oía, cuando recordó algo más. —Recientemente contrataron a un mercenario. No se su nombre, pero se dice que es tan hábil con la espada, que puede acabar con los Soothsires por su cuenta.
Malledus solo asintió. —Hábil o no, no creo que un solo mercenario pueda acabar con un ejercito.
Marth tomo un sorbo de agua antes de continuar. —Tengo toda la intención de llegar a Aurelis lo más rápido que pueda. Bandidos o no, mientras más rápido llegue, más ayuda podrían darme.
—Entiendo príncipe. Solo que siento que es mi deber informarle.
La gente de Galder había tratado de ofrecerles regalos, pero Marth se negó. Debían gastar su tiempo y recursos reconstruyendo su ciudad. Además en términos económicos, la armada de Marth estaba estable.
Luego de que hubieran terminado en el puerto, la armada se movió al norte. Marcharon desde la mañana hasta el atardecer, hasta llegar al sitio conocido como los Dientes de Ghoul.
Marchar a territorio enemigo en la noche esta lejos de ser una buena idea, y se tomó la desición de llegar y formar un campamento para continuar en la mañana.
Al final del primer día, los soldados discutieron sus expectativas y esperanzas para el futuro.
Darros parecía encajar bien. Su buen comportamiento honorable y naturaleza relajada encajó bien con sus nuevos aliados. También insistía mucho en hacer su parte en la armada, así que contaban con un nuevo hachero confiable.
Ogma, Bord, Cord y Bast parecían felices por reunirse con Castor. No sabían la verdadera razón de su partida. Simplemente concluyeron que había decidido hacer su vida combatiendo piratas y bandidos. Castor no hizo esfuerzos en corregirlos. Solo esperaba que nunca supieran la verdad. Si la princesa Caeda les decía… nunca le hablarían de nuevo. Su madre estaba a salvo en casa, podría ir con ella, y enmendarse, para luego regresar a su lado.
Los dientes de Ghoul era todo lo que se interponía entre Marth y Aurelis. Recostado en la cama, Marth veía el cielo sobre él y se encontró deseando que algo más hubiera pasado ese día. No le fue suficiente haber vencido a unos piratas.
Se sentía como si no hubiera hecho algo, y realmente no lo haría hasta no derrotar a Dolhr o a sus aliados. Derrotar piratas y bandidos era una buena acción pero sentía que debía hacer más. Algo que realmente afectara al continente como un todo.
Se giró y sus ojos vieron a alguien frente a su tienda. Se puso de pie y tomó su arma, listo para defenderse.
—Tranquilo Marth. Soy yo.
Marth se quedó sorprendido y luego se relajó al ver a Caeda.
—¿Sucede algo?
—Oh, no Marth. Solo tenía curiosidad de cómo te sentías, ahora que tu primera batalla terminó. —Se sentó en su cama y le tomó del hombro para recostarlo.
—Siento como si no hubiera hecho gran cosa. —Respondió Marth—Quiero derrotar naciones, no…
—Hiciste algo bueno hoy Marth. Las personas de Galder son libres de los piratas.
—No reniego de mis acciones. Solo digo que siento que no logre nada.
—Bueno Marth, piensa en los piratas y bandidos… como entrenamiento real. —Concentró su mirada en el rostro de él. —Aun con todo el entrenamiento que hiciste en Talys, nunca experimentaste lo que es una verdadera batalla, alguien que realmente trate de matarte. Tienes que acostumbrarte a combatir con gente que no dudará en matarte.
Le acarició la frente delicadamente. Marth cerró los ojos y se quedó en silencio por unos segundos. Por un instante, Caeda creyó que se había quedado dormido.
—Eso creo. —Respondió abriendo los ojos y se enderezó. —Aunque eso tampoco me satisface del todo.
—Bueno, probablemente lucharemos contra Macedon pronto. Podrás luchar contra naciones más pronto de lo que crees. — Su tono era de broma, y Marth sonrió unos momentos, luego regresó a su expresión neutral. — Debería volver a mi tienda. Necesitamos descansar para mañana. —Respondió ella, saliendo de la tienda. Marth estuvo tentado a detenerla, pero no hizo movimiento alguno.
Caeda regresó a su tienda, para sentarse en su cama. No quería recostarse, la pesadilla de Marth muriendo en la lanza de algún soldado regresaba a ella. Temía ver otra forma en la que Marth terminara muerto. No siempre podría estar ella para protegerlo, pero debía estar lista por si la necesitaba.
A esa hora de la noche, las antorchas iluminaban el castillo de los Soothsires. Desconocían el origen de la fortaleza, quizá era de alguna antigua orden, pero ahora era el fuerte de los bandidos.
Los Soothsires estaban muy por encima de los piratas. Conocían su territorio y aunque eran modestos en numero, conocían de formaciones y defensas. Esa era la razón por la cual habían resistido todos los intentos de eliminarlos.
La ambición de Dolhr parecía facilitarle la vida a los bandidos. Mientras cada milicia estaba preocupada por defender a su nación, no había nadie encargado en detener a los banditos. Solo debían ocuparse del héroe local que quería vengar a algún caído, ocasionalmente.
—Señor por favor. No tengo nada de valor. Solo he venido a curar a los enfermos.
Una clériga estaba detrás de las rejas del fuerte. En contra de todo lo lógico y racional, había ido a atender a los enfermos que vivían en los Dientes de Ghoul por su cuenta.
Como cualquiera que viajara solo por esos rumbos, su destino fue el ser capturada por los bandidos. Ser capturado significaba largas semanas de tortura antes de la muerte, seguido por una decapitación para que la cabeza fuera mostrada como advertencia. Era mucho mejor ser asesinado en el momento, en lugar de ser capturado.
Hyman, el jefe de los bandidos, la miro. Ella se encogió por la mirada tan fría y cruel que poseía.
—Si no tienes nada de valor, entonces ¿qué es esto? — le mostró un báculo que cargaba en su persona.
—¿Mi… báculo de sanación? Esta es una herramienta para tratar a los heridos, no es algo para tirar a un montón de basura.
—Todo puede tirarse a un montón de basura—De un movimiento le arrebató el báculo. —Es mucho mejor que un simple baculo de sacerdote. Esto vale oro.
—Por favor, señor…
—Callate. —Se alejó de ella y miró el báculo por un momento, para luego hablarle a otro bandido. —Julian, vigilala.
Otro bandido, Julian, caminó hacia ella. No se veía tan intimidante como Hyman, era más un ladrón de ciudad que un guerrero de montaña. Julian miró a la clériga en la celda y pareció ofendido por el trato que le daba a la joven.
—Mañana experimentará lo que es meterse con los Soothsires. Sufrirá lo usual. Vigila que no escape, aunque dudo que pueda llegar lejos. —Con una sonrisa cruel, Hyman abandonó la sala.
La clériga, quien parecía dolida por perder su instrumento de trabajo, miró a Julian.
—Relajate. —Le dijo el bandido, sonriéndole tímidamente. —No te haré daño.
—Gracias, señor. —La clériga también sonrió. Podía sentir moral en ese hombre. —Señor debo pedirle que me ayude a escapar.
Julian miró a ambos lados antes de regresar su vista a ella. —Um… sacarte de la base de operaciones de los Soothsires sin que nadie vea es imposible. Incluso si lo hiciera solo.
—Señor, no le pido esto por mí. Vine a ayudar a todos aquellos que sufren. Si me ayuda, los estaría ayudando a ellos también.
—Si, verás, eso de ayudar a otros interfiere con mi imagen de bandido. —Le dio la espalda. —Tengo una reputación que mantener.
—estoy segura de que si ayudas a otros, tendras más placer que si los atormentas.
—técnicamente soy un ladrón amigable, no uno de "mátalos y despojalos de lo que tengan", pero…
—Si tiene disgusto por matar, entonces…
Julian suspiró y volvió a mirarla. —Eres persistente. ¿Lo sabías? —Metió una mano a la celda y le quitó su hábito de clériga para rebelar… una hermosa cabellera rojiza. Julian se sorprendió, pero luego negó con su cabeza. —¿Cuál es tu nombre?
—Ah…—Ella se alejó de él, apenándose de haber sido despojada de su hábito. —Si… mi nombre… es Lena, de Macedon.
Sé que me atrasé mucho en esta historia. Mi semestre fue horrible y casi antes de salir, tuvieron que internarme. ¡Nada grave! Solo me atrasé en los estudios y por ende en esto. Así que, una disculpa a todos los lectores de esta historia.
