IX

Clarke no dejó de sonreír durante toda la cena y Lexa no pudo apartar los ojos de ella. Verla así de contenta, disfrutando de la gente que la quería y que se lo demostraba cada día, era algo que llenaba a Lexa por dentro de una forma especial. No soportaba que Clarke siempre antepusiera los deseos de los demás a los suyos y había muy pocos momentos como aquel, en los que se permitía disfrutar de verdad.

Una persona tan joven, con toda la vida por delante para equivocarse y aprender de sus errores, no debería tener que renunciar a su felicidad de aquella manera, pero era la decisión que Clarke había tomado y Lexa sabía que no podía repetirle algo que ya sabía. Lo único que podía hacer era procurar hacerla feliz con detalles como aquel y disfrutar de las sonrisas de agradecimiento que Clarke le regalaba de vez en cuando a través de la mesa.

El ferry había salido del puerto mientras ellos cenaban y Lexa observó que Clarke salía a la cubierta cuando el camarero les indicó amablemente que pronto volverían a tierra firme. Fue tras ella para buscarla entre alguna pareja y las familias que también habían salido para observar el mar y la encontró en la popa, apoyada con los codos en la barandilla, prácticamente sola menos por una pareja abrazada que admiraba las vistas a unos metros de ella, ajenos a su presencia.

Lexa se tomó unos segundos para admirar la forma en que su cabello dorado se movía por la brisa que provocaba el movimiento del barco, con la mirada perdida en algún punto del mar, arropada con una chaqueta negra por encima de los hombros y aquel vestido que no podía sentarle a nadie mejor que a ella.

Si hubiese tenido que elegir una única imagen para ver el resto de su vida, sin duda habría elegido aquella.

-¿Te he dicho ya lo preciosa que estás hoy? -preguntó al colocarse a su lado y sonrió cuando Clarke la miró sorprendida, sonrojándose ligeramente después.

-Gracias, pero tú no te quedas atrás. ¿Te has visto? -señaló el vestido negro que la morena llevaba puesto y Lexa negó con la cabeza.

-Tenía cosas más interesantes en las que fijarme esta noche -dijo mirándole a los ojos, provocando que Clarke apartara la vista al sonrojarse por segunda vez.

-Lex, no sé cómo empezar a agradecerte todo esto…

-No tienes que agradecerme nada, es tu cumpleaños y quiero que lo disfrutes. Aunque espero que estés a la altura cuando llegue el mío -Clarke se rió ante aquello.

-No me lo has dejado nada fácil -dejó de reír y la estudió durante unos segundos-. Para entonces ya estarás en Nueva York. ¿Estás nerviosa?

-¿Por mi cumpleaños? -se rió.

-Por irte, idiota -puso los ojos en blanco pero acabó riéndose con ella.

-Un poco -confesó encogiéndose de hombros y permanecieron unos segundos en silencio.

-No sé cómo podremos celebrar tu cumpleaños si estás allí…

-Puedo venir aquí, solo está a una hora en avión.

-No vas a venir hasta aquí por tu cumpleaños, Lexa -protestó-. Deberíamos ir nosotros a verte.

-Pues hacemos eso -dijo tranquilamente-. Si estás tú me sirve cualquier cosa -la rubia le regaló una pequeña sonrisa y luego volvió a concentrarse en el mar, recuperando aquel gesto serio que Lexa había intuido en el coche-. ¿Va todo bien? -preguntó cogiendo su mano en la barandilla.

Clarke observó sus manos juntas y entrelazó los dedos con ella mientras asentía.

-Es solo que hay cosas en las que no quiero pensar.

-Entonces no pienses en ellas -apretó ligeramente su mano y sonrió cuando la rubia lo hizo-. Sabes que puedes contarme cualquier cosa, ¿no? Lo que sea, Clarke.

Clarke cerró los ojos cuando pronunció su nombre y volvió a asentir. Al abrirlos, Lexa notó que luchaba por contener algunas lágrimas y llevó la mano de Clarke a su cintura para acercarla a ella, al mismo tiempo que alzaba las suyas hasta su rostro.

-Hoy es tu noche -susurró acariciándola con ternura y se inclinó para besar su mejilla, ignorando las ganas de besar sus labios-. No estés triste, por favor.

Clarke negó con la cabeza y sonrió abrazándose a su cintura.

-No lo estoy -suspiró estrechándola contra ella y Lexa se abrazó a su cuello, hundiéndose en el aroma de su perfume-. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto.

Cuando llegaron a puerto y se bajaron del ferry Clarke se tomó su tiempo para despedirse de sus amigos, agradeciendo uno a uno que hubiesen sacado tiempo para ella entre sus exámenes, mientras Octavia, Raven y Lexa la esperaban ya metidas en el coche.

-¿Se lo decimos ya o esperamos a que lo vea ella misma? -preguntó Octavia apoyada en el volante.

-No me creo que no se lo haya olido todavía -contestó Raven a su lado.

-No lo ha hecho -afirmó Lexa desde el asiento trasero-, así que nada de hablar -ordenó a sus amigas al tiempo que Clarke se dirigía ya hacia ellas.

Unos minutos después, cuando ya llevaban un rato en movimiento, Clarke rompió el silencio que se había formado entre ellas a excepción de la música que sonaba en la radio.

-Chicas, gracias por lo de esta noche, de verdad, sé que habéis hecho un esfuerzo por poder venir.

-Para eso estamos, Clarke -murmuró Raven mirando a su móvil.

Octavia le dedicó una sonrisa rápida y Lexa hizo lo mismo antes de volver a mirar por la ventanilla. Ninguna habló después de eso y Clarke frunció el ceño confundida.

-¿Pasa algo?

Octavia carraspeó y miró a Lexa desde el retrovisor, que volvió a sonreír a Clarke de forma natural y negó con la cabeza. Aquello pareció tranquilizarla durante un instante, pero cuando Octavia aparcó frente a un local del que salía música a todo volumen, donde había una cola de gente quizás demasiado grande en una de sus puertas y algunos de sus amigos esperaban en la otra, Clarke las miró aterrorizada.

-¿Qué hacemos aquí?

-¿Tú qué crees? -contestó Raven animada antes de salir del coche y acercarse con pasos rápidos hasta Anya, que esperaba con los demás en la puerta.

-No -dijo rápidamente-. Chicas, lo de hoy ha estado bien pero no puedo salir de fiesta toda la noche.

-Tarde -Octavia se encogió de hombros y abandonó también el coche, dejándolas solas por un momento.

-¿De verdad creías que estos se iban a contentar con una simple cena como si tuviéramos cincuenta años? -dijo Lexa divertida y alzó una mano cuando Clarke quiso protestar-. Recuerda lo que te he dicho antes: es tu noche. Disfrútala.

Abrió la puerta y una vez fuera esperó pacientemente hasta que Clarke salió detrás de ella para cerrarla, momento que la rubia aprovechó para sorprenderla con un abrazo. Lexa sonrió en su hombro y rodeo su cintura disfrutando de su contacto una vez más aquella noche.

-Gracias -susurró en su mejilla antes de dejar en ella un suave beso que le erizó la piel. Después se separó de ella y miró un instante hacia la puerta donde se encontraban sus amigos-. ¿Juntas? -preguntó mientras le tendía la mano y Lexa sonrió al ver que, por una noche, volvían a ser las mismas de siempre.

-Juntas -contestó cogiendo su mano para ir con ella hasta la puerta del local.

/ / /

Clarke se dejaba guiar por la mano de Lexa entre la gente mientras seguían a sus amigos por aquel local oscuro, que celebraba una noche de música ochentera y se había ambientado con luces de neón para la ocasión, hasta que llegaron a una zona con asientos.

Raven tardó menos de un segundo en dejarles para ir a la barra a por bebidas seguida de cerca por Murphy, y cuando Clarke quiso hacer lo mismo Jasper y Monty comenzaron a sacar de los bolsillos de sus chaquetas un montón de mini-botellas rellenadas de alcohol, dejándolas en la mesa frente a ellos con una gran sonrisa en sus caras.

-Ni de coña -Anya se cruzó de brazos con cara de asco-. Prefiero beber veneno antes que tu brebaje, Monty.

-Venga, tía, enróllate -Jasper le pasó una mano por el hombro sujetado una botella delante de ella-. Encima de que tenemos el detalle de traerlo para que no tengas que pagar…

-La última vez que me bebí esa cosa tuve pérdidas de memoria durante tres días y fui al baño cada diez minutos durante una semana.

-¿Pero a que te lo pasaste bien esa noche? -insistió alzando las cejas.

-No puedo saberlo porque ni siquiera me acuerdo, genio -apartó la botella de su cara y se quitó a Jasper de encima-. Yo paso.

-Está bien, si quieres aburrirte… -se acercó hasta Lexa y Clarke y alzó la pequeña botella entre las dos recuperando la sonrisa-. ¿Qué me decís vosotras?

-Gracias, pero no -contestó Clarke rápidamente-. Pediré una copa de verdad.

-¡Pero si eso no es ni alcohol de verdad!

-Y aún así lo prefiero antes que eso -señaló la botella y después se giró hacia Monty-. No te ofendas, Monty.

El aludido sonrió desde su asiento y negó con la cabeza mientras repartía el resto de botellas entre los demás. Jasper bufó y se giró hacia Lexa sabiendo que era su última oportunidad de convencer a alguien.

-¿Y tú?

Lexa observó el líquido frente a ella y después de unos segundos de indecisión, para sorpresa de Clarke, acabó aceptando la oferta de su amigo y la cogió, provocando una gran sonrisa de satisfacción en la cara de Jasper, que alzó los brazos como símbolo de victoria.

-¡Esta noche promete! -gritó antes de alejarse de ellas para mezclarse entre la gente en la pista de baile.

-¿En serio? -preguntó Clarke a su amiga alzando una ceja.

-Se han tomado la molestia de traerlo -sonrió encogiéndose de hombros-. Además, cuando lo mezclas no está tan malo.

Clarke la estudió durante un instante y acabó riendo, no podía evitar hacerlo cada vez que la morena sonreía de aquella manera despreocupada que le iluminaba el rostro a pesar de la oscuridad, y que a ella siempre le quitaba el aliento. Sacudió la cabeza y le dio un apretón en la mano antes de dejarla para ir a la barra.

Tardó un poco en encontrar a Raven y Murphy entre la gente que se peleaba por conseguir la atención de alguno de los tres camareros que atendían aquella noche y se coló con ayuda de los codos, ignorando las malas caras y los murmullos de algunos, hasta que estuvo a su lado.

-Caray, esto está lleno -suspiró-. ¿Qué le pasa a la gente con los ochenta?

-Quizás solo que es la mejor época de todos los tiempos -dijo su amiga ofendida.

-Los noventa fueron mejores -respondió Murphy a su lado.

-Tienes que estar de broma -Raven le miró perpleja y Clarke puso los ojos en blanco-. ¿Qué dieron los noventa a parte del inicio de la pandemia de las girl bands y las boy bands?

-¿El mejor pop de la historia, a lo mejor?

-¿Habéis pedido ya? -preguntó Clarke ignorándoles.

-Yo sí -contestó Raven y luego señaló a Murphy-, otros aquí son demasiado lentos.

-Otros no nos dedicamos a tirarle fichas a la camarera para que nos atienda -contestó él.

-Lo que pasa es que desde que estás con Bellamy has perdido facultades, reconócelo -se burló.

-Murphy, quizás te conviene saber que Monty ha traído… de lo suyo -Clarke dijo lo último en voz más baja para que los camareros no la oyeran.

-Joder, Clarke, haberlo dicho antes -gruñó dándose la vuelta para marcharse, dejando un hueco en la barra que pronto fue ocupado por otro chico.

-Hay que estar muy necesitado para beberse eso -se rió Raven.

-Lexa lo va a hacer.

-¿Lexa? -preguntó sorprendida-. ¿De verdad?

-Sí -Clarke intuyó la pequeña sonrisa que se empezó a formar en los labios de su amiga y rápidamente le golpeó el brazo, sabía que cuando Raven sonreía de aquella manera no podía estar pensando nada bueno-. Ni se te ocurra -le ordenó.

-¡Pero si no he dicho nada! -protestó.

-Me da igual, no vas a meter a Lexa en ninguno de tus estúpidos juegos bebiendo esa cosa.

-¿Esa es la confianza que tienes en mí?

-Raven…

-Vale, vale… está bien -dijo resignada-. Te prometo que no le propondré nada que no pueda soportar.

-¡Raven! -volvió a golpearla haciendo que la morena se quejase del dolor- No le propongas nada y punto, ya sabes lo competitiva que se pone.

-Y exactamente por eso es por lo que lo hago -sonrió y Clarke la fulminó con la mirada-. Lexa no es estúpida, ¿sabes? Relájate un poco, que pareces su madre.

Clarke suspiró y se llevó una mano a la frente sabiendo que cuando a Raven se le ocurría algún estúpido juego de los suyos era imposible detenerla hasta que acababa cerca de desmayarse y no quería que arrastrase a Lexa hasta eso.

Uno de los efectos del alcohol de Monty era la pérdida completa de la capacidad de razonar y si Lexa se ponía en modo competitivo no estaba segura de que fuese a ser capaz de detenerse en el momento oportuno.

-Así que… ¿estáis bien otra vez? -preguntó Raven recuperando la atención de la rubia, que la miró confundida-. Lexa y tú, digo.

-Claro, ¿por qué no íbamos a estarlo?

-No sé, como quedan pocos meses para que se vaya y eso… -dijo estudiando a su amiga con cuidado.

Clarke sonrió ligeramente y asintió apartando la vista. Todos los días se esforzaba para no pensar en el momento en que se separaría de Lexa, a partir del cual no sabía cómo iba a sobrevivir, y aunque sabía que Raven solo se estaba preocupando por ella prefería no hablar de aquello.

-Oye, siento lo de antes -añadió Raven y al mirarla notó el arrepentimiento en sus ojos-, no debí hablarte así.

-No pasa nada -sonrió para tranquilizarla-, ya está olvidado.

Volvieron con sus amigos un rato después cuando Clarke consiguió su copa y a pesar de que habrían pasado menos de veinte minutos ya se podían notar los efectos del brebaje de Monty en alguno de ellos, como Lincoln, que bailaba pegado a Octavia a pocos metros de sus amigos sin parecer darse cuenta de que no estaban en la pista de baile, o Jasper, que pegaba saltos en medio de la discoteca y gritaba las letras de las canción que sonaba cuando se las sabía, aunque eso no era muy raro; o Bellamy y Monty, que se retaban el uno al otro a beber de sus botellas sin mover un músculo de la cara y que al ser casi imposible era solo una excusa para seguir bebiendo.

Clarke vio que Lexa le dedicaba una sonrisa desde su sitio y se sentó a su lado, sorprendiéndose ligeramente cuando la morena colocó una mano en su muslo de forma distraída mientras miraba entretenida a sus amigos, provocando que la rubia sintiera un cosquilleo y se mordiera el labio disimuladamente. Lexa tenía la habilidad de despertar su cuerpo tan solo con rozarla pero debía controlarse.

Después de que Monty perdiera cuatro veces seguidas y anunciara que ya no podía beber ni un solo trago más sin morirse, Bellamy se marchó con Murphy para bailar en la pista y Raven ocupó rápidamente su lugar.

-Muy bien, tengo sed así que... ¿quién es el valiente? -preguntó frotándose las manos.

Sus amigos comenzaron a alejarse de la mesa todos al mismo tiempo, hablando con la primera persona que tuvieron cerca para evitarla. Todos excepto Lexa, que alzó una ceja al ver lo rápido que la gente huía de Raven cuando proponía algo.

-¡Venga ya! -protestó y miró en dirección a la morena suplicando con los ojos-. ¿Qué me dices, Lexa? ¿Te apetece probar suerte?

-Raven… -comenzó a murmurar Clarke pero rápidamente fue cortada por su amiga cuando siguió hablando.

-Si tienes problemas digestivos te recomiendo que no lo intentes, porque te vas a hinchar a beber… lo que sea que es esto -dijo alzando la pequeña botella con una sonrisa malévola.

-Yo me preocuparía más por la salud de tu hígado, Raven, porque si juego la única que va a beber aquí eres tú -contestó Lexa divertida pero aún sin moverse de su sitio, y Clarke creyó que quizás esa vez no le seguiría el juego.

-¡Ja! Cuéntale eso a quién se lo crea, soy la reina en esto.

-Tú te crees la reina en todo -rió.

-Hasta ahora nadie ha podido conmigo.

-¿Ah, no? -Lexa se irguió y Clarke se tensó de inmediato sabiendo que aquella era la única frase que necesitaba para querer derrotarla.

-Lex -agarró su muñeca pero la morena estaba demasiado metida en la conversación con Raven para notarlo.

-No -contestó Raven poniendo una botella frente a ella en la mesa-, pero estás invitada a intentarlo.

-Muy bien -sonrió y Clarke resopló cuando soltó su pierna para acercarse a la mesa-, tú lo has querido. La mejor de cinco gana.

-Hecho.

-Lex -le repitió en el oído y por fin consiguió su atención-, ¿estás segura? Es Raven, no he visto a nadie que tolere mejor el alcohol que ella.

La morena alzó una ceja y la miró con aquella media sonrisa que la hacía demasiado atractiva para que Clarke pudiese fijarse en cualquier otra cosa.

-¿Y has visto a alguien que juegue mejor al póker que yo? -preguntó y Clarke solo pudo negar con la cabeza porque de pronto se había quedado sin palabras.

Pegaron el primer trago a sus botellas y Raven rápidamente hizo un gesto de asco mientras que Lexa consiguió mantener una expresión seria.

-Joder, ¿de qué coño está hecho esto? -protestó mientas tenía que beber el trago de castigo.

Ocurrió lo mismo la siguiente vez y cuando a la tercera ya se había hecho al sabor consiguió controlarse durante más tiempo, aguantando hasta que Lexa frunció ligeramente el ceño y tuvo que contener una arcada. Raven suspiró, sonriendo orgullosa cuando observó cómo la morena tenía que beber un trago más y le dio unos segundos para recomponerse antes de alzar la botella de nuevo.

Bellamy y Murphy habían vuelto a acercarse a la mesa para verlas y ya habían empezado a hacer apuestas, mientras que Anya y Clarke estudiaban con cuidado los gestos de sus amigas, cada vez más descompuestas y afectadas por el alcohol. Aquel líquido era mucho más fuerte de que lo que bebían normalmente y no tardaba en hacer mella en quien lo probase.

Lexa respiró hondo antes de beber su cuarto trago y a pesar de la oscuridad Clarke pudo notar que una pequeña gota de sudor descendía por su sien al tiempo que intentaba reprimir otra arcada mirando fijamente a Raven, que como la vena hinchada en su frente indicaba estaba teniendo las mismas dificultades que ella para controlar su expresión. Ninguna de las dos hizo ningún gesto durante varios minutos hasta que Lexa no pudo aguantar la tos, dejando el último trago como el definitivo para saber cuál de las dos ganaba.

Raven alzó una mano para indicar que necesitaba unos segundos antes de beber el siguiente y Lexa asintió rápidamente sacudiendo las manos para relajarse.

-¿Estás bien? -Clarke apretó su mano y la morena volvió a asentir sonriendo.

-No pienso beberme dos tragos más de esa cosa, tranquila -dijo confiada antes de volver a centrar la atención en la mesa sin soltar la mano de Clarke.

Finalmente, Raven acabó tosiendo a los pocos segundos de beber el último trago y Lexa saltó de su asiento inmediatamente para celebrarlo, tambaleándose ligeramente al hacerlo pero controlando el equilibrio después. Raven gruñó algo entre dientes pero Clarke no pudo oírlo porque Lexa ya estaba tirando de ella para llevarla a bailar, avanzando a través de la gente hasta que estuvieron en el centro de la pista y comenzó a bailar frente a ella con una sonrisa.

No sabía cómo era capaz de mantenerse en pie después de todo lo que había bebido en pocos minutos, pero la confianza que mostraba mientras se movía al ritmo de aquella música ochentera hizo que Clarke se relajase. La tenue luz de los neones iluminaba a Lexa con tonos rosas y azules que parecían conjuntar extremadamente bien con su piel y su pelo moreno, y la hacían destacar de forma natural entre cualquiera de todas las personas que podía haber en la atiborrada pista de baile.

De hecho, Clarke se olvidó por un momento de que estaban rodeadas de gente y solo pudo mirarla a ella y la forma en que sonreía mientras se movía.

Entonces todo ocurrió muy deprisa. Alguien la empujó al pasar por detrás suya haciendo que diera varios pasos hacia delante, tropezara y acabase chocando con Lexa, que llevó las manos a su cadera para sujetarla haciendo que la rubia se tensara de inmediato por el contacto.

-Eso te pasa por quedarte pasmada ahí en medio -dijo riendo, arrastrando ligeramente las palabras por el alcohol que corría por su cuerpo, y Clarke apartó la vista para ocultar su sonrojo; si se había quedado parada era porque la estaba admirando a ella como una boba.

-Lo siento -murmuró notando la garganta seca. No sabía por qué esa noche Lexa estaba causando aquel efecto en ella y era incapaz de pensar frases coherentes cuando la tenía cerca.

Quiso separarse y volver a dejar espacio entre ellas con la esperanza de que eso ayudara pero la música pasó a ser más lenta en ese instante y Lexa la sujetó con fuerza para impedirlo. Después la atrajo aún más y descansó la cabeza en su hombro mientras comenzaba a seguir el ritmo de la música.

Clarke tardó unos segundos en reaccionar hasta que llevó los brazos a su cuello para moverse con ella y al notar que la morena sonreía en su hombro no pudo evitar hacer lo mismo. Lexa dejó en ese momento un suave beso en el lateral de su frente y después apoyó la cabeza en la suya con un suspiro.

Solo entonces se dio cuenta de lo poco acertada que era la canción que estaban bailando para ese momento. A pesar de ser una balada agradable, la letra contaba la historia de un amor que se había acabado. El cantante explicaba que la chica de la que había estado tan enamorado ya no le parecía la misma persona, que las expectativas que se habían creado el uno del otro se habían desvanecido con el tiempo y su relación ya no funcionaba, y lo que a ella le ocurría con Lexa era exactamente lo contrario, desde que la conocía cada día que pasaba sentía que la necesitaba más a su lado y jamás podría cansarse de ella.

El paso del tiempo solo había servido para aumentar la intensidad de sus sentimientos y cuando la tenía entre sus brazos, como ocurría en aquel momento, no podía pensar en otra cosa más que en besarla y decirle que la amaba con tanta fuerza que le dolía el pecho. Conocía y adoraba cada aspecto de Lexa, cada pequeño detalle ya fuera bueno o malo, y se negaba a imaginar ningún futuro en el que no estuviera a su lado.