–Yo –dijo Reyna– El capítulo se llama Capturamos una bandera.
Los siguientes días me acostumbré a una rutina que casi parecía normal, si exceptuamos el hecho de que me daban clase sátiros, ninfas y un centauro.
–Todo muy normal –dijo Leo con una sonrisa
Cada mañana recibía clases de griego clásico de Annabeth, y hablábamos de los dioses y diosas en presente, lo que resultaba bastante raro.
–Más raro sería que hablen de ti en tiempo pasado –replicó Atenea.
–Tienes razón –admitió Percy– Pero igual era raro.
Descubrí que Annabeth tenía razón con mi dislexia: el griego clásico no me resultaba tan difícil de leer. Al menos no más que el inglés. Tras un par de mañanas, podía recorrer a trompicones unas cuantas frases de Homero sin que me diera demasiado dolor de cabeza.
–Yo aún no puedo entender el griego –dijo Jason
–Pues yo si puedo hablar latín –dijo Percy sonriendo.
El resto del día probaba todas las actividades al aire libre, buscando algo en lo que fuera buena. Quirón intentó enseñarme tiro con arco,
–Suerte con eso –dijo Will, divertido
Pero pronto descubrimos que no era ningún as con las flechas.
–Otra cosa rara –dijo Apolo– Eres mi legado, deberías ser buena en tiro con arco.
–Tal vez Percy tenga más de un legado –dijo Atenea– Y por eso sus habilidades chocan. Porque Orión era bueno con el tiro con arco, aunque Teseo no. Por eso que sea hija de sesos de alga no tiene nada que ver.
–Hay una forma de comprobarlo –dijo Hades– Pero necesito una fracción de tu alma. Después te la devolveré, obviamente.
–Claro –dijo Percy encogiéndose de hombros.
–Lo haremos mañana –dijo Hades.
No se quejó, ni siquiera cuando tuvo que desenmarañarse una flecha perdida de la cola. –Todos estallaron en carcajadas–
– ¿Dónde estabas? –le preguntó Lupa a Quirón
–Detrás de ella –dijo Quirón, aumentando la risa de todos.
–Es enserio –dijo Percy– La flecha rebotó y le llegó a Quirón.
¿Carreras? Tampoco. Las instructoras, unas ninfas del bosque, me hacían morder el polvo.
–A todos –dijo Lacy.
Me dijeron que no me preocupara, que ellas tenían siglos de práctica de tanto huir de dioses enamorados. Pero, aun así, era un poco humillante ser más lento que un árbol.
–Es horrible –dijeron todos los griegos
–Es interesante que usen esas criaturas para que les ayuden –dijo Reyna.
–Ellos también son parte del campamento –dijo simplemente Percy.
¿Y la lucha libre? Olvídalo. Cada vez que me acercaba a la colchoneta, Clarisse me daba para el pelo. «Tengo más de esto, si quieres otra ración, pringada», me murmuraba al oído.
–Tan dulce como siempre ¿No Clarisse? –Preguntó sarcásticamente Silena. Clarisse solo sonrió
En lo único en que sobresalía era la canoa,
–Otra señal de tu padre –dijo Annabeth
Que desde luego no era la clase de habilidad heroica que la gente esperaba descubrir en la chica que había derrotado al Minotauro.
Sabía que los campistas mayores y los consejeros me observaban, intentaban decidir quién era mi padre, pero no les estaba resultando fácil. Yo no era fuerte como los hijos de Ares,
–Gracias a los dioses –murmuró Percy, para gracia de los griegos.
Ni tan bueno en el arco como los de Apolo.
–Aún me pregunto por qué –se dijo Apolo a sí mismo.
–Tal vez lo único que tienes de Apolo son lo de los sueños –le dijo Malcom a Percy quien solo se encogió de hombros.
No tenía la habilidad con el metal de Hefesto
–Sería genial que fueras mi hermana –le dijo Leo a Percy.
–Fuera genial –coincidió Percy– ¿Te imaginas todo lo que podríamos hacer?
– ¡No! –exclamaron todos los griegos, menos los recién llegados (Luke, Silena, Charlie, etc.…)
– ¿Por qué? –preguntaron ambos
–Ya tenemos suficientes problemas con los dos separados –dijo Annabeth– No me imagino que pasará cuando los dos estén en el campamento mestizo –los romanos se miraron confundidos.
–O en el campamento Júpiter –replico Reyna. Los griegos se miraron interrogantes. Entonces en la sala surgió una gran interrogante ¿Percy se quedaría con los romanos o con los griegos?
Ni —no lo permitieran los dioses — la habilidad de Dioniso con las vides.
–El sentimiento es mutuo, Perry –dijo Dioniso.
Luke me dijo que tal vez fuera una hija de Hermes,
–Ojalá –dijeron varios hijos del dios
Una especie de comodín para todos los oficios, maestro de ninguno. Pero tuve la impresión de que sólo intentaba hacer que me sintiera mejor. Él tampoco sabía a quién vincularme.
–Nadie podía –afirmó Luke– Eras un caso muy extraño.
–Tal vez si hubiéramos visto las señales… –dijo Annabeth
A pesar de todo, me gustaba el campamento. Pronto me acostumbré a la neblina matutina sobre la playa, al aroma de los campos de fresas por la tarde, incluso a los sonidos raros de los monstruos de los bosques por la noche.
–Eso es lo que más cuesta acostumbrarse –dijo Lou Ellen
Cenaba con los de la cabaña 11, echaba parte de mi comida al fuego e intentaba sentir algún tipo de conexión con mi padre real. No percibí nada, sólo el sentimiento cálido que siempre había tenido, como el recuerdo de su sonrisa. Intentaba no pensar demasiado en mamá, pero seguía repitiéndome: «Si los dioses y los monstruos son reales, si todas estas historias mágicas son posibles, seguro que hay manera de salvarla, de devolverla a la vida…»
–Esos pensamientos no me gustan –murmuro Poseidón
Empecé a entender la amargura de Luke y cuánto parecía molestarle su padre, Hermes. –Los griegos alzaron una ceja, interrogantes– Sí, de acuerdo, a lo mejor los dioses tenían cosas importantes que hacer. Pero ¿no podían llamar de vez en cuando, o tronar, o algo por el estilo? Dioniso podía hacer aparecer de la nada una Coca–Cola light. ¿Por qué no podía mi padre, o quien fuera, hacer aparecer un teléfono?
–Tiene razón –dijo Hermes– Podríamos hacer eso.
–Tenemos cosas más importantes que hacer que reclamar a un hijo –dijo Zeus, sus hijos lo miraron incrédulos, y en el caso de Thalía, con rabia.
– ¿Es enserio? –Preguntó Poseidón– Son nuestros hijos, son muy importantes.
–Hay cosas más importantes –aseguró Zeus.
–Y luego te preguntas porqué Perseo no te quería como padre –dijo Poseidón.
–Teseo no te quería como su padre tampoco –replicó Zeus, Poseidón tuvo en su mirada un poco de tristeza al recordar eso
–Pero ahora amo que sea mi padre –dijo Teseo– A diferencia de Perseo ¿No, amigo?
–Es verdad –dijo este. Reyna siguió con la lectura antes de que se armara otra pelea.
El martes por la tarde, tres días después de mí llegada al Campamento Mestizo, tuve mi primera lección de combate con espada. Todos los de la cabaña 11 se reunieron en el enorme ruedo donde Luke nos instruiría.
–Extraño esos tiempos –dijo Luke con nostalgia.
Empezamos con los tajos y las estocadas básicas, practicando con muñecos de paja con armadura griega. Supongo que no lo hice mal. Por lo menos, entendí lo que se suponía que debía hacer y mis reflejos eran buenos.
– ¿Solo buenos? –le susurró Luke a Percy en el oído, Percy solo sonrió.
El problema era que no encontraba una espada que me fuera bien. O eran muy pesadas o demasiado ligeras o demasiado largas. Luke intentó todo lo que estuvo en su mano para pertrecharme, pero coincidió en que ninguna de las armas de prácticas parecía servirme.
–Hasta ahora solo contracorriente me ha servido –dijo Percy
Después empezamos a enfrentarnos en parejas. Luke anunció que sería mi compañero, dado que era la primera vez.
—Buena suerte —me deseó uno de los campistas—. Luke es el mejor espadachín de los últimos trescientos años.
–Era –dijo Luke con orgullo– Ahora Percy lo es.
—A lo mejor afloja un poco conmigo —dije.
–Si claro –bufaron todos los que habían entrenado con Luke en su primera clase.
El campista bufó.
Luke me enseñó los ataques, las paradas y los bloqueos de escudo a la manera dura. Con cada golpe, acababa un poco más machacada y magullada.
—Mantén la guardia alta, Percy —decía, y me asestaba un cintarazo en las costillas—. ¡No, no tan alta! — ¡Zaca!–. ¡Ataca! — ¡Zaca!–. ¡Ahora retrocede! — ¡Zaca!
–Me gustan las onomatopeyas –dijo Atenea
Cuando paramos para el descanso chorreaba sudor. Todo el mundo se apiñó junto al refrigerador de bebidas. Luke se echó agua helada sobre la cabeza, y me pareció tan buena idea que lo imité. –Sonrisa de Poseidón y su familia– Al instante me sentí mejor. Mis brazos recuperaron fuerzas. La espada no me parecía tan extraña.
— ¡Vale, todo el mundo en círculo, arriba! —Ordenó Luke—. Si a Percy no le importa, quiero haceros una pequeña demostración.
«Vale —pensé—, vamos a ver cómo golpean a Percy.»
Los chicos de Hermes se reunieron alrededor de mí. Se aguantaban las risitas. Supuse que antes habían estado en mi lugar y se morían de impaciencia por ver cómo Luke me usaba como saco de boxeo. Le dijo a todo el mundo que iba a hacerles una demostración de una técnica de desarme: cómo girar el arma enemiga asestándole un golpe con la espada de plano para que no tuviera más opción que soltarla.
—Esto es difícil —remarcó—. A mí me lo han hecho. No os riáis de Percy. La mayoría dura años en dominar esta técnica.
–Apuesto 10 dracmas a que Percy lo hizo en su primera clase–le dijo Leo a Jason
–Trato hecho –dijo este
–Gracias por la confianza, Jason –dijo Percy sarcásticamente
Hizo una demostración del movimiento a cámara lenta. Desde luego, la espada cayó de mi mano con bastante estrépito.
—Ahora en tiempo real —dijo en cuanto hube recuperado el arma—. Atacamos y paramos hasta que uno le quite el arma al otro. ¿Listo, Percy?
Asentí, y Luke vino por mí. De algún modo conseguí evitar que le diera a la empuñadura de mi espada. Mis sentidos estaban alerta. Veía venir sus ataques. Conté. Di un paso adelante e intenté imitar la técnica. Luke la desvió con facilidad, pero detecté el cambio en su cara. Aguzó la mirada y empezó a presionar con más fuerza.
Me pesaba la espada. No estaba bien equilibrada. Sólo era cuestión de segundos que Luke me derrotara, así que me dije: «¡Qué demonios, al menos inténtalo!»
Intenté la maniobra de desarme. Mi hoja dio en la base de la de Luke y la giré, lanzando todo mi peso en una estocada hacia delante. La espada de Luke repiqueteó en las piedras. La punta de mi espada estaba a tres dedos de su pecho indefenso.
Los demás campistas quedaron en silencio. –Al igual que todos los que no sabían de esto en la sala del trono–
Bajé la espada.
—Lo siento… Perdona.
– ¡¿Es enserio?! –Preguntó Thalía– ¿Te disculpas por eso?
–Es que todos me estaban mirando como si hubiera hecho algo malo –se defendió Percy.
–Paga, hermano –le dijo Leo a Jason, quien le dio las dracmas de mala gana.
Por un momento Luke se quedó demasiado aturdido para hablar.
— ¿Perdona? —Su rostro marcado se ensanchó en una sonrisa—.
– ¿Porqué? –Preguntó Frank– Te acaban de derrotar –Luke iba a responder, pero Percy se le adelantó
–Ya lo sabrán.
Por los dioses, Percy, ¿por qué lo sientes? ¡Vuelve a enseñarme eso!
No quería. El breve ataque de energía frenética me había abandonado por completo. Pero Luke insistió. Esta vez no hubo competición. En cuanto nuestras espadas entraron en contacto, Luke golpeó mi empuñadura y mi arma acabó en el suelo.
Tras una larga pausa, alguien del público preguntó:
— ¿La suerte del principiante?
Luke se secó el sudor de la frente. Me observó con un interés absolutamente renovado. –Muchos lo miraron pícaramente–
—Tal vez —dijo—. Pero me gustaría saber qué es capaz de hacer Percy con una espada bien equilibrada…
–Muchas cosas –se dijo a si mismo Luke.
El viernes por la tarde estaba con Grover a orillas del lago, descansando de una experiencia cercana a la muerte en el rocódromo. Grover había subido a la cima a saltos como una cabra montesa, pero la lava por poco acaba conmigo. Mi camisa tenía agujeros humeantes y se me había chamuscado el vello de los antebrazos.
–Si, definitivamente vamos a poner uno –dijo Reyna, los romanos le pidieron a los dioses que cambiara de opinión
Estábamos sentados en el embarcadero, observando a las náyades tejer cestería subacuática, hasta que reuní valor para preguntarle cómo le había ido con el señor D.
Se le puso la cara algo amarilla y dijo:
—Guay. Genial.
— ¿Así que tu carrera sigue en pie?
Me miró algo nervioso.
— ¿Te ha dicho Quirón que quiero una licencia de buscador?
—Bueno… no. —No tenía idea de qué era una licencia de buscador, pero no parecía el mejor momento para preguntar—. Sólo dijo que tenías grandes planes, ya sabes… y que necesitabas ganarte la reputación de terminar un encargo de guardián. ¿La conseguiste?
Grover miró hacia abajo, a las náyades.
—El señor D ha suspendido la valoración. Dice que no he fracasado ni logrado nada aún contigo, así que nuestros destinos siguen unidos. Si te dieran una misión y yo te acompañara para protegerte, y los dos regresáramos vivos, puede que considerara terminado mi trabajo.
Me animé.
—Bueno, ¿no está tan mal, no?
— ¡Beee–ee! Habría sido mejor que me trasladara a limpieza de establos. Las oportunidades de que te den una misión…
–Puff, nada más me han dado unas seis misiones –dijo Percy
–Aparte de algunas en las cuales te colaste –dijo Thalía
–O las que no son oficiales –dijo Nico
– ¿Es enserio? –Preguntó un pálido y desesperado Poseidón– ¿Por qué mis hijos nunca tienen una vida tranquila? –estos se encogieron de hombros.
Además, aunque te la dieran, ¿por qué ibas a quererme a tu lado?
– ¡Pues claro que te querría a su lado! –exclamó Nico. Percy le dirigió una sonrisa
— ¡Pues claro que te querría a mi lado! –Nico se sonrojo, aunque pasó desapercibido por todo–
Alicaído, Grover observó el agua.
—Cestería… Tiene que ser estupendo tener una habilidad que sirva para algo.
Intenté animarlo, asegurándole que poseía muchísimos talentos, pero eso sólo lo puso más triste. Hablamos un rato de canoas y espadas, después debatimos los pros y contras de los distintos dioses. –Los dioses los miraron, preguntándose exactamente que dijeron– Al final, acabé preguntándole por las cabañas vacías. –Los romanos prestaron más atención–
—La número ocho, la de plata, es de Artemisa —dijo—. Juró mantenerse siempre doncella. Así pues, nada de niños. La cabaña es, ya sabes… honoraria. Si no tuviera una se enfadaría.
–También es que necesitaba un lugar para mis cazadoras cuando se quedaran en el campamento –dijo Artemisa
—Ya. Pero ¿y las otras tres, las del fondo? ¿Son ésas los Tres Grandes?
–No –dijo Hades
Grover se tensó. Era un tema delicado.
—No. Una de ellas, la número dos, es de Hera, otra de las honorarias —dijo—. Es la diosa del matrimonio, así que por supuesto no va por ahí teniendo romances con mortales. Esa es tarea de su marido.
– ¿Qué quieres decir, sátiro? –le preguntó Zeus a Grover.
–Está diciendo la verdad –dijo Hera– Así que mejor no hables –Ya nadie respeta al rey de los dioses pensó Zeus.
Cuando decimos los Tres Grandes nos referimos a los tres hermanos poderosos, los hijos de Cronos.
—Zeus, Poseidón y Hades.
—Exacto. Ya sabes. Tras la gran batalla contra los titanes, le quitaron el mundo a su padre y se echaron a suertes a quién le tocaba cada cosa.
—A Zeus le tocó el cielo, a Poseidón el mar y a Hades el inframundo —dije.
–Aunque no los dividieron justamente –gruñó Hades.
–Perdón por eso, hermano –se disculpó Poseidón. Zeus, en cambio, no dijo nada.
—Aja.
—Pero Hades no tiene cabaña.
–Ahora si –dijo Nico.
—No, y tampoco trono en el Olimpo. Digamos que se dedica a sus cosas en el inframundo. Si tuviera una cabaña aquí… —Grover se estremeció—. Bueno, no sería agradable. Dejémoslo así.
–Perdón por eso Nico –dijo Grover– En ese momento no conocía a los hijos de Hades
–No pasa nada Grover –dijo Nico, aunque Percy y Thalía pudieron notar que eso le había dolido.
—Pero Zeus y Poseidón… Los dos tenían infinidad de hijos en los mitos. ¿Por qué están vacías sus cabañas?
Grover movió las pezuñas, incómodo.
—Hace unos sesenta años, tras la Segunda Guerra Mundial, los Tres Grandes se pusieron de acuerdo para no engendrar más héroes. Los niños eran demasiado poderosos. Influían bastante en el curso de los acontecimientos de la humanidad y causaban mucho derramamiento de sangre. La Segunda Guerra Mundial fue básicamente una lucha entre los hijos de Zeus y Poseidón por un lado, y los de Hades por el otro.
–No sabía eso –dijo Piper
El lado ganador, Zeus y Poseidón, obligó a Hades a hacer un juramento con ellos: no más líos con mortales. Todos juraron sobre el río Estige.
–Es irónico que solo Hades lo haya cumplido –dijo Hermes.
El trueno bramó.
—Ese es el juramento más serio que puede hacerse —dije. Grover asintió—. ¿Y los hermanos mantuvieron su palabra?
–Puedes ver que no –dijo Thalía. Percy solo sonrió mientras rodaba los ojos.
–Nosotros somos la prueba de eso –dijo Percy
–A mi no me metan –dijo Nico– Yo nací antes de ese tratado.
–Pero igual eres un hijo de Hades –se encogió de hombros Percy– solo que de otra época
La expresión de Grover se enturbió.
—Hace diecisiete años, Zeus se cayó del tren. Había una estrella de televisión con un peinado de los ochenta… En fin, no se pudo resistir. Cuando nació su hija, una niña llamada Thalía…
–Y cinco años después nació Percy –dijo Nico.
–Dos años después de eso nació Jason –dijo Thalía.
–12 años después Bianca y yo salimos del Lotus –dijo Nico.
–Y dos años después Hazel llegó –dijo Percy.
Bueno, el río Estige se toma en serio las promesas. Zeus se libró fácilmente porque es inmortal, pero condujo a su hija a un destino terrible.
— ¡Pero eso no es justo! ¡No fue culpa de la niña!
–Y por eso Percy es mi prima favorita –dijo Thalía.
Grover vaciló.
—Percy, los hijos de los Tres Grandes tienen mayores poderes que el resto de los mestizos.
–Lastimosamente –dijeron estos
Tienen un aura muy poderosa, un aroma que atrae a los monstruos. Cuando Hades se enteró de lo de la niña, no le hizo ninguna gracia que Zeus hubiera roto el juramento. Hades liberó a los peores monstruos del Tártaro para torturar a Thalía. –Jason miró a su padre para ver si decía algo, pero él no dio señales de hacerlo. Thalía, por otro lado, sabía que a su padre no le importaría ni un poco, por lo cual no se hizo ilusiones–
–Perdón por eso, Thalía –se disculpó Hades
–No importa –dijo esta, aunque Luke gruñó imperceptiblemente
Se le asignó un sátiro como guardián cuando tenía doce años, pero no había nada que pudiera hacer. Intentó escoltarla hasta aquí con otro par de mestizos de los que se había hecho amiga. –Annabeth, Luke y Thalía se sonrieron– Casi lo consiguieron. Llegaron hasta la cima de la colina. —Señaló al otro lado del valle, el pino junto al que yo había luchado con el Minotauro—. Los perseguían las tres Benévolas, junto a una horda de perros del infierno. Estaban a punto de echárseles encima cuando Thalía le dijo a su sátiro que llevara a los otros dos mestizos a lugar seguro mientras ella contenía a los monstruos. Estaba herida y cansada, y no quería vivir como un animal perseguido. El sátiro no quería dejarla, pero Thalía no cambió de idea, y él debía proteger a los otros. Así que se enfrentó a su última batalla solo, en la cumbre de la colina. Mientras moría, Zeus se compadeció de ella.
–Si claro –bufó Thalía
La convirtió en aquel árbol. Su espíritu ayuda a proteger las lindes del valle. Por eso la colina se llama Mestiza.
Miré el pino en la distancia.
La historia me dejó vacía, y también me hizo sentir culpable.
–Claro que si –bufaron todos
Una chica de mi edad se había sacrificado para salvar a sus amigos. Se había enfrentado a todo un ejército de monstruos. Al lado de eso, mi victoria sobre el Minotauro no parecía gran cosa. Me pregunté si de haber actuado de manera diferente, habría podido salvar a mi madre.
–Percy, debes dejar de menospreciarte –dijo Piper.
–No lo hago –se defendió esta– Solo digo la verdad.
—Grover —le dije—, ¿hay algún héroe que haya cumplido misiones en el inframundo?
—Algunos —respondió—. Orfeo, Hércules,
–Hablando de el –dijo Percy– ¿Dónde está?
–Está en mi enfermería –dijo Apolo– Posiblemente volverá para mañana.
Houdini.
– ¿Quién? –preguntó Frank.
–Ni idea –respondió Percy
—Y… ¿han traído de vuelta a alguien de entre los muertos?
—No. Nunca. Orfeo casi lo consiguió… Percy, ¿no estarás pensando seriamente en…?
—No —mentí—.
–Si claro –dijeron todos los amigos de Percy, y el propio Grover.
Sólo me lo preguntaba. —Y cambié de tema—: Así que ¿siempre hay un sátiro asignado para velar por un semidiós?
Grover me estudió con recelo, poco convencido de que hubiese abandonado la idea del inframundo.
–Y no lo hiciste –dijo Grover.
—No siempre. Acudimos en secreto a muchas escuelas. Intentamos detectar los mestizos con potencial para ser grandes héroes. Si encontramos alguno con un aura muy poderosa, como un hijo de los Tres Grandes, alertamos a Quirón. Éste intenta vigilarlos, porque podrían causar problemas realmente graves.
—Y tú me encontraste. Quirón dice que crees que yo podría ser alguien especial.
Grover hizo una mueca.
—Yo no… Oye, no pienses en eso. Aunque lo fueras (ya sabes a qué me refiero), jamás te asignarían una misión, y yo nunca obtendré mi licencia. Probablemente eres hija de Hermes. O puede que incluso de uno de los menores, como Némesis, dios de la venganza.
–Mi madre te matará si se entera de que la confundiste con un hombre, sátiro –dijo Ethan. Grover tragó saliva
No te preocupes, ¿vale?
Me pareció que lo decía más por confortarse a sí mismo que a mí.
Esa noche, después de la cena hubo más ajetreo que de costumbre. –Los griegos sonrieron– Por fin había llegado el momento de capturar la bandera.
Cuando retiraron los platos, la caracola sonó y todos nos pusimos en pie.
Los campistas gritaron y vitorearon cuando Annabeth y dos de sus hermanos entraron en el pabellón portando un estandarte de seda. Medía unos tres metros de largo, era de un gris reluciente y tenía pintada una lechuza encima de un olivo. –Atenea y su cabaña sonrieron– Por el lado contrario del pabellón, Clarisse y sus colegas entraron con otro estandarte, de tamaño idéntico pero rojo fuego, pintado con una lanza ensangrentada y una cabeza de jabalí. –Ares y sus hijos también sonrieron–
Me volví hacia Luke y le grité por encima del bullicio:
— ¿Esas son las banderas?
–No ¿Cómo crees? –preguntó sarcásticamente Clarisse
—Sí.
— ¿Ares y Atenea dirigen siempre los equipos?
—No siempre —repuso—, pero sí a menudo.
–Hasta que llegó Percy –dijo Katie
—Así que si otra cabaña captura una, ¿qué hacéis? ¿Repintáis la bandera?
Sonrió.
—Ya lo verás. Primero tenemos que conseguir una.
— ¿De qué lado estamos?
Me lanzó una mirada ladina, como si supiera algo que yo ignoraba. –Percy se estremeció al recordar al perro del infierno, Luke la miró con arrepentimiento– La cicatriz en su rostro le hacía parecer casi malo a la luz de las antorchas.
—Nos hemos aliado temporalmente con Atenea. Esta noche vamos por la bandera de Ares. Y tú vas a ayudarnos.
Se anunciaron los equipos. Atenea se había aliado con Apolo y Hermes, las dos cabañas más grandes; al parecer, a cambio de algunos privilegios: horarios en la ducha y en las tareas, las mejores horas para actividades.
–Es una buena forma de conseguir aliados –admitió Larry (N/A: Es el centurión de la segunda cohorte)
Ares se había aliado con todos los demás: Dioniso, Deméter, Afrodita y Hefesto. Por lo visto, dos chicos de Dioniso eran bastante buenos atletas. –Ambos hermanos sonrieron– Los de Deméter poseían grandes habilidades con la naturaleza y las actividades al aire libre, pero no eran muy agresivos.
–Ahora gracias a ti –dijo Travis– Katie es agresiva
–Solo le enseñé como defenderse de ustedes dos –dijo Percy, sonriéndole a su amiga
Los hijos e hijas de Afrodita no me preocupaban demasiado; prácticamente evitaban cualquier actividad, miraban sus reflejos en el lago, se peinaban y cotilleaban. –Piper y Silena rodaron los ojos– Por su parte, los únicos cuatro niños de Hefesto no eran muy lindos, pero sí grandes y corpulentos debido a su trabajo en la herrería todo el día.
–Leo –dijo Percy– Eres un completo fenómeno.
–Soy único, que es otra cosa –dijo Leo, para risa de los demás
Podrían ser un problema. Eso dejaba, por supuesto, a la cabaña de Ares: una docena de los chavales más grandes, feos y marrulleros de Long Island, y de cualquier otro lugar del planeta.
–Hey –se quejaron estos
Quirón coceó el mármol del suelo.
— ¡Héroes! —anunció—. Conocéis las reglas. El arroyo es la frontera. Vale todo el bosque. Se permiten todo tipo de artilugios mágicos. El estandarte debe estar claramente expuesto y no tener más de dos guardias. Los prisioneros pueden ser desarmados, pero no heridos ni amordazados. No se permite matar ni mutilar. Yo haré de árbitro y médico de urgencia. ¡Armaos!
Abrió los brazos y de repente las mesas se cubrieron de equipamiento: cascos, espadas de bronce, lanzas, escudos de piel de buey con protecciones de metal.
— ¡Wow! —exclamé—. ¿De verdad vamos a usar todo esto? –Todos los semidioses se palmearon la frente–
Luke me miró como si yo fuese tonta.
–Es una sesos de alga –corrigió Thalía
—A menos que quieras que tus amiguitos de la cinco te ensarten. Ten. Quirón ha pensado que esto te iría bien. Estás en patrulla de frontera.
–Odio ese lugar –dijo Percy– Y a Annabeth le encanta ponerme ahí –Annabeth sonrió, afirmando lo dicho por su amiga.
Mi escudo era del tamaño de un tablero de la NBA, con un enorme caduceo en el medio. Pesaba mil kilos. Habría podido practicar snowboard con él, pero confiaba en que nadie esperara de mí que corriera muy rápido.
– ¿No crees que exageraste, Quirón? –preguntó Teseo. Quirón no dijo nada, pero se veía su sonrojo.
Mi casco, como todos los del equipo de Atenea, tenía un penacho azul encima. Ares y sus aliados lo llevaban rojo.
— ¡Equipo azul, adelante! —gritó Annabeth.
Vitoreamos, agitamos nuestras armas y la seguimos por el camino hacia la parte sur del bosque. El equipo rojo nos provocaba a gritos mientras se encaminaba hacia el norte.
–No puede haber un captura a la bandera sin provocaciones ni insultos –declaró Clarisse
Conseguí alcanzar a Annabeth sin tropezar con mi equipo.
— ¡Eh! —Ella siguió marchando—.
–Gracias Annie –dijo Percy sarcásticamente
Bueno, ¿y cuál es el plan? —pregunté—. ¿Tienes algún artilugio mágico que puedas prestarme?
Se metió la mano en el bolsillo, como si temiera que le hubiese robado algo.
–Eso lo harían los hijos de Hermes, no yo –dijo Percy
–No sabía que Hermes no era tu padre en ese momento –se defendió Annabeth
—Ojo con la lanza de Clarisse —dijo—. Te aseguro que no te conviene que esa cosa te toque. Por lo demás, no te preocupes. Conseguiremos el estandarte de Ares. ¿Te ha dado Luke tu trabajo?
—Patrulla de frontera, sea lo que sea.
—Es fácil. Quédate junto al arroyo y mantén a los rojos apartados. Déjame el resto a mí. Atenea siempre tiene un plan.
–Un plan que siempre termina conmigo como carnada –masculló Percy
Apretó el paso, dejándome en la inopia.
—Vale —murmuré—. Me alegro de que me quisieras en tu equipo.
Era una noche cálida y pegajosa. Los bosques estaban oscuros, las luciérnagas parpadeaban. Annabeth me había ubicado junto a un pequeño arroyo que borboteaba por encima de unas rocas, mientras ella y el resto del equipo se dispersaba entre los árboles.
Allí de pie, sola, con mi gran casco de plumas azules y mi enorme escudo, me sentí como una idiota.
–Lo eres –aseguró Clarisse
La espada de bronce, como todas las espadas que había probado hasta entonces, parecía mal equilibrada. La empuñadura de cuero me resultaba tan cómoda como una bola de jugar a los bolos. Pero nadie me haría daño, ¿no? Vamos, que el Olimpo debía de tener algún tipo de responsabilidad a terceros, digo yo.
–Si claro –bufó Percy.
En la lejanía se oyó la caracola. Escuché vítores y gritos en los bosques, entrechocar de espadas, chicos peleando. Un aliado emplumado de azul pasó corriendo a mi lado como un ciervo, cruzó el arroyo y se internó en territorio enemigo.
«Vale —pensé—. Como de costumbre, me pierdo toda la diversión.»
–Creo que tuve demasiada diversión en ese captura la bandera –declaró Percy.
Entonces, en algún lugar cerca de donde me encontraba, oí un ruido —una especie de gruñido desgarrador— que me provocó un súbito escalofrío.
–Lo sentiste primero –dijo Jake (N/A: Por si no se acuerdan. El hermano de Leo).
Levanté instintivamente mi escudo, con la impresión de que algo me acechaba. Entonces los gruñidos se detuvieron. Percibí que la presencia se retiraba.
–Tienes excelentes instintos, Percy –dijo Artemisa– Serías una genial cazadora
Al otro lado del arroyo, de pronto la maleza explotó. Aparecieron cinco guerreros de Ares gritando y aullando desde la oscuridad.
— ¡Al agua con la pringada! —gritó Clarisse.
–Es una excelente idea –dijo Teseo– Vayan al agua.
Sus feos ojos porcinos despidieron odio a través de las rendijas del casco. Blandía una lanza de metro y medio, en cuya punta de metal con garfios titilaba una luz roja. Sus hermanos sólo llevaban las espadas de bronce típicas; tampoco es que eso me hiciera sentir mejor.
Cargaron a través del riachuelo. No había ayuda a la vista. Podía correr. O tratar de defenderme de la mitad de la cabaña de Ares.
–Sería mejor que corrieras –dijo Hermes
Conseguí evitar el lance del primer chaval, pero aquellos tipos no eran tan tontos como el Minotauro. Me rodearon y Clarisse me atacó con la lanza. Mi escudo desvió la punta, pero sentí un doloroso calambre por todo el brazo. Se me pusieron los pelos como escarpias y el brazo del escudo me quedó entumecido. Jadeaba.
–Lastimosamente ya estoy acostumbrada a esa sensación –dijo Percy. Thalía le sonrió a su prima
Electricidad. Su estúpida lanza era eléctrica. Me replegué.
Otro chaval me asestó un golpe en el pecho con la empuñadura de la espada y caí al suelo.
Habrían podido patearme hasta convertirme en gelatina, pero estaban demasiado ocupados riéndose.
—Sesión de peluquería —dijo Clarisse—. Agarradle el pelo.
– ¡No! –exclamaron muchos chicos, para después sonrojarse
Conseguí ponerme en pie y levanté la espada, pero Clarisse la apartó de un golpe con la lanza, que chisporroteaba. Ahora tenía entumecidos los dos brazos.
—Uy, uy, uy —se burló Clarisse—. Qué miedo me da este tío. Muchísimo.
—La bandera está en aquella dirección —le dije. Traté de fingir que estaba enfadado de verdad, pero me temo que no lo conseguí del todo.
–En realidad –dijo Clarisse– Resultó estar del lado contrario
—Ya —contestó uno de sus hermanos—. Pero verás, no nos importa la bandera. Lo que nos importa es un tipo que ha ridiculizado a nuestra cabaña.
–Lo hacen sin su ayuda –dijeron Nico y Luke al mismo tiempo, antes de girar a verse, confundidos.
—Pues lo hacen sin mi ayuda —respondí. –Nico se sonrojó, mientras Luke solo sonreía– Admito que quizá no fue lo más inteligente que pudo ocurrírseme.
– ¿Tu crees? –preguntó Rachel
Dos chavales se abalanzaron sobre mí. Yo retrocedí hasta el arroyo, intenté levantar el escudo, pero Clarisse era demasiado rápida. Su lanza me dio directamente en las costillas. De no haber llevado el pecho protegido, me habría convertido en kebab de pollo. Como sí lo llevaba, el aguijonazo eléctrico sólo me dio sensación de arrancarme los dientes. Uno de sus compañeros de cabaña me metió un buen tajo en el brazo.
Ver mi propia sangre —cálida y fría al mismo tiempo— me mareó.
—No está permitido hacer sangre —farfullé.
—Anda ya —respondió el tipo—. Supongo que me quedaré sin postre.
– ¡¿Ese es el castigo?! –preguntaron los romanos y algunos dioses.
–Creo que debería cambiarlo –meditó Quirón
Me empujó al arroyo y aterricé con un chapuzón. –Poseidón y su familia sonrieron– Todos rieron. Supuse que moriría tan pronto terminaran de divertirse.
–Exagerada –bufó Clarisse– Solo te hubieras desmayado
Pero entonces ocurrió algo. El agua pareció despertar mis sentidos, como si acabara de comerme una bolsa de las gominolas de mi madre.
Clarisse y sus colegas se metieron en el arroyo para acabar conmigo, pero yo me puse en pie dispuesta a recibirlos. Sabía qué hacer. Al primero le aticé un cintarazo en la cabeza y le arranqué el casco limpiamente. Le di tan fuerte que le vi los ojos vibrar mientras se derrumbaba en el agua.
El feo número dos y el feo número tres –Muchos se rieron por los apodos– se me arrojaron encima. Le estampé el escudo en la cara a uno y usé la espada para esquilar el penacho del otro. Ambos retrocedieron con rapidez. El feo número cuatro no parecía con demasiadas ganas de atacarme, pero Clarisse llegaba embalada, y la punta de su lanza crepitaba de energía. En cuanto embistió, atrapé el asta entre el borde de mi escudo y la espada y la rompí como una ramita.
— ¡Ah! —exclamó—. ¡Idiota! ¡Aliento de gusano!
Y me habría llamado cosas peores, pero le aticé en la frente con la empuñadura y la envié tambaleándose fuera del arroyo.
Entonces oí chillidos y gritos de alegría, y vi a Luke correr hacia la frontera enarbolando el estandarte del equipo rojo. –Los que estuvieron en ese juego sonrieron– Un par de chavales de Hermes le cubrían la retirada y unos cuantos apolos se enfrentaban a las huestes de Hefesto. Los de Ares se levantaron y Clarisse murmuró una torva maldición.
— ¡Una trampa! —exclamó—. ¡Era una trampa!
–La más vieja de todas –aseguraron Malcom, Annabeth y Atenea
Trataron de atrapar a Luke, pero era demasiado tarde. Todo el mundo se reunió junto al arroyo cuando Luke cruzó a su territorio. Nuestro equipo estalló en vítores. El estandarte rojo brilló y se volvió plateado. El jabalí y la lanza fueron reemplazados por un enorme caduceo, el símbolo de la cabaña 11. –Los hijos de Hermes empezaron a festejar– Los del equipo azul agarraron a Luke y lo alzaron en hombros. Quirón salió a medio galope del bosque e hizo sonar la caracola.
El juego había terminado. Habíamos ganado.
Estaba a punto de unirme a la celebración cuando la voz de Annabeth, justo a mi lado en el arroyo, dijo: —No está mal, Percy —Miré, pero no estaba allí—. ¿Dónde demonios has aprendido a luchar así? — me preguntó. El aire se estremeció y ella se materializó a mi lado quitándose una gorra de los Yankees.
Me enfadé. Ni siquiera me alucinó el hecho de que acabara de volverse invisible.
—Me usaste como carnada —le dije—. Me has puesto aquí porque sabías que Clarisse vendría por mí, mientras enviabas a Luke por el otro flanco. Lo habías planeado todo.
Annabeth se encogió de hombros.
—Ya te lo he dicho. Atenea siempre tiene un plan.
—Un plan para que me maten.
—Vine tan rápido como pude. Estaba a punto de saltar para defenderte, pero… —Se encogió otra vez de hombros—. No necesitabas mi ayuda. —Entonces se fijó en mi brazo herido—. ¿Cómo te has hecho eso?
—Es una herida de espada. ¿Qué pensabas?
—No. Era una herida de espada. Fíjate bien.
La sangre había desaparecido. Donde había estado el corte, ahora había un largo rasguño, y también estaba desapareciendo. Ante mis ojos, se convirtió en una pequeña cicatriz y finalmente se desvaneció.
– ¡Poderes de pescado! –exclamaron Nico y Thalía
—Yo–Yo no entiendo —dije.
– ¿Cuándo lo haces? –preguntó burlonamente Connor
Annabeth reflexionó con repentina concentración. Casi veía girar los engranajes en su cabeza. Me miró a los pies, después la lanza rota de Clarisse, y por fin dijo:
—Sal del agua, Percy.
— ¿Qué…?
—Hazlo y calla.
Lo hice e inmediatamente volví a sentir los brazos entumecidos. El subidón de adrenalina remitió y casi me derrumbo, pero Annabeth me sujetó.
—Oh, Estige —maldijo—. Esto no es bueno. Yo no quería… Supuse que habría sido Zeus.
– ¿Porqué sería yo? –preguntó el aludido
– ¿Será porque siempre me estás engañando? –preguntó Hera
Antes de que pudiera preguntar qué quería decir, volví a oír el gruñido canino de antes, pero esta vez mucho más cerca. Un gruñido que pareció abrir en dos el bosque.
Los vítores de los campistas cesaron al instante. Quirón gritó algo en griego clásico, y sólo más tarde advertí que lo había entendido a la perfección:
— ¡Apartaos! ¡Mi arco!
Annabeth desenvainó su espada.
–Odio usar espadas –dijo esta– Prefiero mil veces mi daga.
En las rocas situadas encima de nosotros había un enorme perro negro, con ojos rojos como la lava y colmillos que parecían dagas.
Me miraba fijamente.
–Claro, porque no podía ser a otra persona –gimió Poseidón
Nadie se movió, y Annabeth gritó:
— ¡Percy, corre!
Intentó interponerse entre el bicho y yo, pero el perro era muy rápido. Le saltó por encima —una sombra con dientes— y se abalanzó sobre mí. De pronto caí hacia atrás y sentí que sus garras afiladas perforaban mi armadura. Oí una cascada de sonidos de rasgado, como si rompieran pedazos de papel uno detrás de otro, y de pronto el bicho tenía un puñado de flechas clavadas en el cuello. Cayó muerto a mis pies.
–Agradécele a Will, Lee y Michael –dijo Chris– Ellos fueron los primeros en disparar –los mencionados se sonrojaron levemente
–No fue nada –dijo Will
Por algún milagro, yo seguía viva. No quise mirar debajo de mi armadura despedazada. Sentía el pecho caliente y húmedo, sin duda tenía cortes muy feos. Un segundo más y el animal me habría convertido en picadillo fino.
Quirón trotó hasta nosotros, con un arco en la mano y el rostro sombrío.
—Di immortales!—exclamó Annabeth—. Eso era un perro del infierno de los Campos de Castigo. No están… se supone que no…
—Alguien lo ha invocado —dijo Quirón—. Alguien del campamento. –Luke bajó la cabeza, avergonzado–
Luke se acercó. Había olvidado el estandarte y su momento de gloria se había esfumado.
— ¡Percy tiene la culpa de todo! —Vociferó Clarisse—. ¡Percy lo ha invocado!
–En mi defensa –dijo esta cuando todos la miraron– Estaba enfadada.
—Cállate, niña —le espetó Quirón.
Observamos el cadáver del perro del infierno derretirse en una sombra, fundirse con el suelo hasta desaparecer.
—Estás herida —me dijo Annabeth—. Rápido, Percy, métete en el agua.
—Estoy bien.
– ¿Porqué siempre dices eso cuando sabes que no es verdad? –preguntó exasperada Annabeth
–No me gusta que se preocupen por mí –respondió Percy
—No, no lo estás —replicó—. Quirón, mira esto.
Estaba demasiado cansada para discutir. Regresé al arroyo, y todo el campamento se congregó en torno a mí. Al instante me sentí mejor y las heridas de mi pecho empezaron a cerrarse. Algunos campistas se quedaron boquiabiertos.
—Bueno, yo… la verdad es que no sé cómo… —intenté disculparme—. Perdón…
–Tienes que dejar de echarte la culpa por todo –dijo Deméter– Y también tienes que comer más cereales.
Pero no estaban mirando cómo sanaban mis heridas. Miraban algo encima de mi cabeza.
–Ahí fue donde te reclamé –dijo Poseidón. Percy asintió
—Percy —dijo Annabeth, señalando.
Cuando alcé la mirada, la señal empezaba a desvanecerse, pero aún se distinguía el holograma de luz verde, girando y brillando. Una lanza de tres puntas: un tridente.
—Tu padre —murmuró Annabeth—. Esto no es nada bueno.
—Ya estás determinada —anunció Quirón.
Todos empezaron a arrodillarse, incluso los campistas de la cabaña de Ares, aunque no parecían nada contentos.
–No lo estábamos –aseguraron estos
— ¿Mi padre? —Pregunté perpleja. —Poseidón —repuso Quirón—. Sacudidor de tierras, portador de tormentas, –Annabeth abrió los ojos como platos en esta parte– padre de los caballos. Salve, Persephone Jackson, hija del dios del mar.
–Fin del capítulo –dijo Reyna.
–Ya es todo por hoy –afirmó Hestia– Vamos a sus habitaciones –los semidioses asintieron, mientras se paraban de sus asientos. Muchos se estiraron mientras seguían a la diosa.
Todos se dirigieron al pasillo, y después de un minuto de caminar encontraron una puerta en la que decía Invitados. Al abrirla se encontraron con una sala de estar que podía albergar hasta 500 personas tranquilamente, tenía una mesa, un gran televisor, unos muebles, entre otras cosas. A una parte había 13 habitaciones, 12 con el símbolo de cada dios olímpico y una que decía Otros. Los semidioses agradecieron a Hestia y se despidieron para proceder a entrar, aunque Percy le pidió las galletas a Hestia y le dio un abrazo antes de entrar. Cada quien se fue a ver su habitación.
¬Habitación de Zeus ¬
La habitación era de color azul cielo con nubes blancas pintadas de blanco. Tenía una estatua similar a la del campamento mestizo. Había un gran televisor en una pared, así como una gran mesa. En el centro había 10 camas matrimoniales. Apenas Thalía entró hizo una mueca.
–Me voy con las cazadoras –y se fue, dejando a Jason y Perseo
–Supongo que tendremos que dormir aquí –dijo Perseo, mirando la habitación.
–Espero que los demás tengan más suerte que nosotros –dijo Jason
¬Habitación de Poseidón¬
La habitación era de color azul oscuro. Tenía una fuente de agua a un costado que se semejaba a una cascada. Al igual que la de Zeus, tenía un gran televisor en una pared y una mesa. Había 8 camas individuales y una sola cama matrimonial. Rápidamente Teseo fue corriendo a la cama matrimonial.
– ¡Mía! –exclamó. Orión solo rodó los ojos y fue hacia una de las camas individuales, Percy por otra parte hizo un puchero
–Yo quería esa –dijo cruzando los brazos
–Yo llegué primero –dijo Teseo, sacándole la lengua. En eso apareció una nota sobre la mesa. Orión, que era el que estaba más cerca, la agarró.
–Dice que es para Percy –anunció, entregándole la nota. Percy mientras la leía no pudo evitar sonreír.
–Toma –dice, entregándole la nota a Teseo. Este la leyó en voz alta
Hija, dile a tus hermanos (más que todo a Teseo) que la cama más grande es para ti.
También diles que los quiero a todos
Atte.: Poseidón
–Aww –se quejó Teseo– ¿Porqué papá tiene preferencia contigo?
–Usa la cabeza, hermano –dijo Orión– Ella es su única hija.
– ¿Porqué ustedes no juntas dos camas individuales y ya? –Preguntó Percy– Es lo mismo, después de todo.
–Podría –dijo Teseo– Pero es fastidioso mover una cama.
–Eres un idiota –dijo Orión– En fin, iré a la sala ¿Vienen?
–Si, tengo que buscar a Thalía y a Nico para planear lo de esta noche –dijo Percy. Orión y Teseo se miraron entre si
– ¿Qué harán exactamente esta noche? –preguntó Orión
–Vamos a ver unas películas –dijo Percy, saliendo del cuarto. Teseo y Orión se quedaron en silencio unos segundos
– ¿Sabes que es una película? –preguntó Teseo
–No tengo la menor idea –respondió Orión
¬Sala¬
Los siete, menos Percy, se encontraban en la sala. Annabeth quería discutir algo muy importante, aunque no encontraba a su amiga. Cuando Percy porfían llego –diciendo que estaba buscando a Thalía y Nico– Annabeth empezó.
–Chico, me acabo de dar cuenta de algo muy importante… –empezó Annabeth
– ¿Que? –preguntaron Percy y Leo
–No sé si Frank y Hazel han escuchado sobre la segunda gran profecía – dijo Annabeth, estos dos negaron– Es una profecía que nos dieron apenas terminó la segunda guerra. Dice así:
Siete mestizos responderán a la llamada
Bajo la tormenta o el fuego, el mundo debe caer.
Un juramento que mantener con un último aliento,
Y los enemigos en armas ante las Puertas de la Muerte
–La primera parte se refiere a nosotros –comenzó–Y la segunda habla de que la tormenta o el fuego serán los que derroten a Gea. Hasta ahora siempre pensé que con la tormenta y el fuego se refería a Jason y Leo.
– ¿Acaso no? –preguntó Piper
–No –respondió– Porque durante el capítulo anterior noté que Poseidón era el dios de las tormentas.
–Por lo cual esa parte se podría referir a Leo o… –comenzó Jason.
–O a Percy –terminó Annabeth.
–Genial –gimió Percy, golpeándose la frente– Otra gran profecía de la cual puede depender de mí el mundo.
–La tercera aún no entiendo de que trata –reflexionó Annabeth– Al igual que la cuarta.
–La cuarta se refiere a que tenemos que buscar las puertas de la muerte para que el ejercito de Gea no vuelva –explicó Percy. Todos, menos Hazel y Frank, se le quedaron mirando– Cuando fuimos a liberar a Tánatos, el no los dijo.
–Eso quiere decir que la única que debemos descifrar es lo del juramento –analizó Annabeth
–Supongo que eso es todo –dijo Percy– Ahora, tengo que buscar a Thalía y a Nico –y se fue.
Al día siguiente Hestia despertó a todos los semidioses. Poco a poco todos fueron llegando (aún en pijamas) al comedor. Los últimos en llegar fueron Percy, Thalía y Nico, quienes tenían unas grandes ojeras
– ¿Qué Hades les pasó? –le preguntó Annabeth a Thalía.
–Nos quedamos hasta tarde viendo películas y comiendo galletas de la señora Hestia –respondió esta, justo en ese momento Percy se quedó dormida sobre sus panqueques azules– Percy fue la última en dormirse.
–Era eso –dijo Hazel– Me preocupé porque Nico no llegó a dormir ayer.
– ¿Dónde se quedaron? –preguntó Piper
–En el cuarto de Percy –dijo Nico, luego de bostezar– Convenció a sus hermanos de dormir en el cuarto de Jason.
– ¿Creen que deberíamos despertarla? –preguntó Perseo viendo a su prima
–No –dijo Luke– Eso solo la pondrá de mal humor.
–Pero tiene que comer algo –dijo Teseo.
–Le guardaremos comida –dijo Annabeth– No es agradable soportar a una Percy hambrienta.
–O en cualquier estado de mal humor –dijo Nico.
–De todas formas –dijo Frank– Tenemos que llevarla a la sala del trono, al menos podrá dormir ahí y cuando despierte no se perderá la lectura.
–Buena idea –dijo Luke. Cuando todos terminaron de comer (y Poseidón terminó de interrogar a sus sobrinos sobre el porqué su hija estaba así) se dirigieron a la sala del trono. Luke iba a llevar a Percy, pero Tritón lo miró amenazadoramente y la llevó el.
– ¿Quién quiere leer? –preguntó Atenea.
–Yo –dijo Teseo– El capítulo se llama Me ofrecen una misión
Hola, perdón por no publicar este cap ayer, es que tuve los mil y un problemas (incluyendo quedarme accidentada en plena avenida). Aparte de que edité un poco el final.
En fin, más vale tarde que nunca.
Como siempre, espero que me avisen si hay algún error
Aquí las respuestas a los reviews anónimos:
Silverlight: Que bien VAMPIREPRINCESSM: Yo creo que pobre de cualquier chico que dañe emocionalmente a Percy.Creo que el cap de hoy te respondió eso
Son pocos... Ñee.
Hasta la próxima
Daap
