Aclaración: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling
Capítulo 8- Clases de miedo.
Habían transcurrido ya casi dos semanas desde su secuestro. Cada día que pasaba Hermione lo dedicaba en avanzar en el hechizo que le garantizaría algo de tiempo libre para su cordura, por poco que fuera. Tenía que aguantar miradas asesinas allí donde fuera con Voldemort y para colmo estaba viendo una parte de él que nunca habría imaginado. Su parte inteligente y perspicaz. Incluso había conseguido llevarse bien con Nagini, al que consideraba como su único amigo en aquel lugar.
Una vez cuando ya casi estaba terminando el hechizo y le había mostrado sus avances a Voldemort, no se pudo contener y se lo preguntó.
-¿Por qué me volviste a besar?
El mago elevó la mirada de los apuntes para clavarla en ella.
-No necesito ninguna razón para hacerlo.
-¿Cómo que no? ¡Soy una sangre sucia! ¡Tú quieres eliminarnos a todos!
-Tú eres distinta, Hermione- que usara su nombre logró calmarla- pero no tanto como para que te permita elevar el tono. No suelo dar tantas oportunidades.
-¡Sólo dime por qué me besaste!- no iba a suplicar pero se lo estaba poniendo difícil.
-Ya te he dicho que no necesito ninguna razón. Desde el momento en el que te toqué por primera vez, desde que mi magia quedó absorbida en ti, fuiste mía. Yo cuido mi propiedad y hago con ella lo que yo deseo. Y te advertí que no me volvieras a elevar la voz.
Efectivamente logró que cerrara de una vez la boca. Se volvió a su sitio a seguir leyendo el último libro que le ayudaría a terminar con el conjuro, mas no lograba avanzar más de una línea. Algo en su pecho se lo impedía.
Aquella vez no pudo elegir entre ningún vestido. Voldemort lo eligió él mismo. Desde que le había faltado el respeto el mago había puesto un nuevo tipo de límites. Más bien le había hecho ver todas las elecciones que le había permitido hacer hasta el momento. La comida, las horas de ir al baño, los libros que leía e incluso qué peinado se hacía. Y no le había soltado más que tres minutos al día. Estaba a punto de buscar el perdón, mas todo su orgullo e incluso honor se lo impedía. Ella no iba a ser otro Mortífago y Lord Voldemort lo tenía que ver. Con un movimiento de varita él la peinó de forma que el pelo cayera suelto y el cuello se viera lo menos posible. Luego le llevó agarrada hacia una de las zonas de desaparición.
El jardín seguía tal y como lo recordaba. Era de las pocas que le gustaba de los vampiros. Sabían cuidar de todo aquello que no tuviera sangre, y desde luego que hacían un precioso trabajo. Lástima que tuvieran aquella ansia por beber.
Esa noche se les concedió la entrada mucho más rápido y al llegar las puertas ya estaban abiertas. Avanzaron por el conocido pasillo sin hacer caso de los vampiros que aparecían entre las sombras hasta llegar a la misma sala de la última ocasión.
-Buenas noches, caballero, señorita- saludó Blaine. Aquella vez no tenía un vaso con el líquido rojo pero se encontraba exactamente en la misma posición que le dejaron hace poco más de una semana.
-Blaine- se limitó a responder Voldemort. Hermione hizo una pequeña inclinación de cabeza.
-Tu mujer no tiene muy buena cara, Voldemort- comentó Blaine.
-Ha sido una larga noche.
Hermione no pudo contener la exclamación indignada ante el doble sentido. Blaine soltó una carcajada, claramente entretenido.
-No seas vergonzosa, pequeña, que un macho te tenga satisfecha es motivo de alegría. Y si lo que buscas es otro macho, no dudes en venir a mí.
-Blaine,- interrumpió Voldemort con una mirada letal en su dirección- vinimos a discutir el ataque.
-Oh, sí. El ataque- con un suspiro el vampiro se puso serio- Al ser un sitio cerrado y con el número de alumnos que habrá no enviaré a más de siete vampiros y en esta ocasión admitiré que uno de tus magos les acompañe.
Voldemort tardó en responder.
-Me parece un número adecuado. El ataque se efectuará sin previo aviso así que mantén listos a tus vampiros.
-Mis vampiros siempre están listos. No pueden esperar a saborear la sangre joven de todos esos alumnos.
Hermione se tensó de golpe, logrando un tirón en su cuello. Voldemort lo notó ya que le mantenía sujeta por la cintura.
-Todavía no es necesario un gran número de muertes. Hay muchos alumnos de nuestra parte y otros que son hijos de mis Mortífagos. En la guerra ya podréis alimentaros sin límite.
Al ver que el rey asentía Hermione se tranquilizó pero no apartó la vista de Voldemort. ¿Había hecho aquello por ella o de verdad la razón es la que había dicho?
- Accederé a tu petición, pero sólo porque tu querida hembra se ha vestido de forma tan suculenta para mí- Hermione no pudo contener el sonrojo, lo que le hizo sonreír al vampiro-. Os invito a cenar y no aceptaré una negativa, Voldemort.
Ahora fue el mago quien apretó el agarre en ella.
-Sólo una cena y nos retiraremos, Blaine.
Con un asentimiento el rey vampiro se levantó. Se movía de forma grácil, como si estuviera flotando en vez de caminando. Les indicó que les siguiera a través de los pasillos. No tuvieron que andar demasiado para llegar a la inmensa sala donde se extendía la mesa más grande y robusta que había visto nunca. Sobraba mucho sitio con sólo tres asientos preparados. El rey a la cabeza, Voldemort a diestra y Hermione a su siniestra.
-Blaine, no me gustaría que mi mujer se sentara en otro lugar que no fuera a mi lado.
El vampiro asintió. Hermione quiso gritar que ella tenía nombre.
-Por supuesto, que obre tu magia.
Con su permiso Voldemort cambió los platos de sitio con un simple hechizo para que Hermione se sentara a su lado. Al mismo tiempo había comprobado que su comida no tuviera nada añadido.
-Hacía algún siglo que no cenaba con humanos- comentó el rey- así que decidí que todos cenaríamos lo mismo, claro está con contenidos diferentes.
A lo que se refería es que todos tendrían sopa de primero, pero la de él mucho más espesa y rojiza.
Voldemort mantuvo el agarre de Hermione bajo la mesa, obligándole a comer con una sola mano.
-Me gustaría saber cuándo será vuestra unión- comentó el vampiro comenzando a comer. Hermione dio gracias a no tener nada en la boca.
-Todavía le estoy dando un tiempo a Hermione a acostumbrarse- esa vez sí se atragantó cuando usó su nombre, mas lo logró disimular bien- pero en cuanto tengamos una fecha decidida serás de los primeros en saberlo.
¿No estaría hablando en serio?
-Bien, será una pena dejar marchar a una joven con esta sangre, pero ya te dije que nada le sucedería- lástima que los magos no se fiaran mucho de otras promesas que no fueran los pactos inquebrantables- ¿Habías conocido a algún otro vampiro antes que a mí, pequeña?
Hermione tardó en darse cuenta de que la pregunta iba directamente a ella.
-No,- dudó en agregar algún título de respeto- ésta ha sido la primera vez.
-Qué honrado me siento entonces- parecía feliz de verdad- ¿Soy como habías pensado?
Volvió a dudar al responder.
-En realidad me habían contado que los vampiros tenían una piel de aspecto casi blanquecino, sobre todo los de más edad, pero es increíble que mantengáis vuestro cuerpo sin un solo cambio y con el mismo tono de piel que teníais al principio.
El vampiro asintió.
-Circulan muchas leyendas falsas sobre nosotros. Aunque no culpo a los humanos, el miedo es capaz de cegar muchas mentes- echó un vistazo a Voldemort y luego siguió hablándole- Tengo curiosidad, ¿cómo es que eres su hembra?
Aquella pregunta fue más acertada de lo que creían ambos magos, y el vampiro parecía saberlo.
-Es difícil…- sintió su mano ser apretada bajo la mesa- al principio no me di cuenta pero con el tiempo pude apreciar muchas otras facetas que no destacan tanto entre las que suele mostrar- le miró de reojo para ver que la estaba mirando fijamente. Continuó aún con el sonrojo- y vi que él tampoco era como me lo habían descrito.
-Nunca pensé decir esto, Voldemort, pero eres un hombre son suerte- Blaine cerró los ojos como si estuviera recordando algo- hembras como ésta sólo hay una en una eternidad. Una pena, una pena que ya estés enamorada de él.
El instinto le gritó que lo negara. Luego recordó que con los vampiros tenía que fingir ser la mujer del Señor Oscuro. Lo que estuvo claro fue que no pudo relajar su corazón en toda la cena.
Esa noche se acostó muy rápido sin dar opción a que saliera ninguna conversación.
Con todo, Voldemort no dejó que se escapara. A la mañana siguiente, tras comer el desayuno y tener otra reunión con su círculo interno de Mortífagos, Voldemort se quedó sentado con Hermione en su regazo hasta que el último mago hubo salido.
-Como ya sabrás, los vampiros son capaces de leer entre las personas- comentó ligeramente- Me gustaría que me explicaras… lo que Blaine quiso decir anoche.
Hermione tragó saliva. Se lamió los labios resecos.
-No lo sé. Debe de haberse equivocado. Yo…
-Un vampiro no se equivoca en sus veredictos,… Hermione.
-¡Te digo que no lo sé! ¡Es cierto que tienes un lado que nunca muestras pero tampoco ocultas! ¡Pero no lo sé porque tú matas a gente! ¡Matas a personas! ¡A personas como yo! ¡A personas como tú! ¡Por Merlín, si eres mitad muggle!
Se congeló en el acto al decir aquello. Le miró a los ojos para ver unos asesinos devolverle la mirada.
-¡Crucio! ¡ ¡ ¡NO HAGAS ESO! ! !
No recordaba muy bien qué sucedió después. Se revolvió por instinto y puro miedo. Sabía de sobra lo mucho que dolía aquella maldición y no quería volver a vivirlo. Sintió algo golpearle fuertemente la cabeza y algo del potente crucio del Señor Oscuro. No consiguió asestarle golpe alguno, lo único que cayera al suelo con él sobre ella. Se hizo un ovillo, acurrucada en el suelo con el cuerpo temblante sin atreverse a mover un músculo. La cabeza le dolía demasiado y aunque por segundos, el crucio la había llegado a atravesar todos los músculos del cuerpo. Se congeló aún más al escuchar las palabras del mago más tenebroso de todos los tiempos.
Voldemort se encontraba sobre ella, con su cuerpo cubriéndole por completo y sus manos trazando círculos en sus brazos y espalda, con la cabeza enterrada en su pelo.
-Shh,… no temas… shh, no te cierres, - Hermione se encogió todavía más de terror- shhh, tranquila… déjame ver…
Gimió de dolor cuando sus manos tocaron el lugar donde se había golpeado la cabeza contra la mesa.
-Hay que aplicarte una poción- murmuró Voldemort. Con gran cuidado le cogió en brazos y le llevó tal que la última vez a la sala donde guardaba sus pociones. Esta vez la chica iba medio consciente, algo atontada por el golpe en la cabeza seguido del crucio, una mezcla que no le gustaba.
Le sentó sobre la silla y rápidamente cogió el frasco que necesitaba. Con una delicadeza nunca vista en él apartó el pelo de la chica y aplicó la poción. Cuando terminó miró sus ojos medio cerrados, todavía con miedo. Desde que le lanzó el crucio no había vuelto a recibir su magia.
-Hermione,- llamó sin que tuviera efecto- Hermione, no voy a… no voy a hacerte daño.
-Mentira- la chica elevó el rostro mirándole con esfuerzo- lo harás, una y otra vez, lo harás.
Voldemort negó con la cabeza.
-Sabes que no puedo prometer nada respecto de tus amigos, pero a ti no te voy a volver a dañar.
Algo se había apretado en su interior al ver su cabeza golpearse y caer al suelo hecha un ovillo. Sin pensar alzó los brazos hacia ella, le cogió y le sentó sobre él, aliviado de volver a sentir su propia magia.
-¿De qué sigues teniendo miedo?
Hermione soltó un gemido de dolor. No iba a volver a intentar negar con la cabeza. Lágrimas salieron de sus ojos.
-N-No p-puedo- sollozó- soy una traidora… n-o puedo…
-¿No puedes qué?
-… Quererte…
Ahora quien se congeló fue él. Se limitó a sostener a la bruja contra él, teniendo por primera vez dificultades para continuar el pensamiento. No había dicho que le quería, dudaba que alguien pudiera hacerlo, pero ella tenía miedo de acercarse a ese nivel.
Pasaron las horas con ambos magos en la misma posición hasta que finalmente Hermione acabó rendida en sus brazos del agotamiento del crucio, el golpe y las lágrimas. Voldemort le continuó sosteniendo contra él. Algo no le dejaba soltarla.
Pasaron más horas hasta que decidió levantarse con Hermione en sus brazos. Fuera increíblemente se había hecho ya de noche. Habían pasado todo el día en el cuarto sin que se diesen cuenta.
Se fue directo al cuarto, donde ya les esperaba Nagini. Con sumo cuidado depositó a Hermione sobre la cama ya cambiada por el pijama más cómodo que tenía para ella. Se tumbó a su lado y le cubrió con su cuerpo, acariciándola. Aún en sus sueños seguía temiendo por su vida. La magia todavía no llegaba a él.
Nagini contempló la situación, decidiendo que era mejor no intervenir. Había cosas que su amo tenía que hacer por sí sólo.
Voldemort no durmió en toda la noche. Sólo hizo dos cosas: pensar y contemplar a la pequeña chica a su lado. Por primera en su vida no estaba seguro de la decisión que tomar. La mañana se acercó y cogió su hilo de pensamientos. Hermione no tardó en despertarse con los músculos algo entumecidos. Se sorprendió de encontrarse siendo acariciada por Voldemort.
-Como disculpa por lo que te hice ayer he decidido devolverte parte de tu libertad- anunció como buenos días- Dado que el hechizo también está casi completado podrás disfrutar de más tiempo para ti. Pero agradecería que no mencionaras asuntos personales que no he compartido contigo.
Hermione asintió. No le parecía tan mal trato.
-¿Terminamos el hechizo?- fue todo lo que respondió la chica. Ahora asintió él. Todavía en pijama cogieron las notas de ambos y tras discutir un breve efecto decidieron ponerlo en práctica. Voldemort le sujetó por la mano y pronunció su nuevo conjuro. Hermione sintió salir algo de ella en una rápida ráfaga, yendo a través de su brazo y terminando por pasar en Voldemort.
-Bien, probaré a irme quince minutos. No estaré muy lejos y Nagini se quedará contigo.
Antes de salir hizo un último conjuro sin tocarle. Su ropa se cambió por la que llevaba habitualmente. Sin poder evitar esbozar una sonrisa cerró con magia tras él.
Hermione se tiró sobre la cama sin tener ganas de enfrentar al mundo. Sintió el peso de Nagini deslizarse sobre ella.
-¿Ocurre algo malo, Herrrmione?
La chica negó con la cabeza.
-¡No lo sé, Nagini! ¡Estoy a punto de sufrir un infarto cerebral por culpa de todo esto!
-¿Qué esss?
-¡Voldemort! ¡Toda maldita cosa tiene que ver con Voldemort! ¡Aghh!
-¿Acabas de ver que le amasss?
Hermione elevó el rostro de la almohada, quedando a poca distancia de la cabeza de la serpiente.
-¿Qué? ¿Cómo sabes tú…? Ni siquiera lo sé yo… s-sólo sé que puede que le pued-da llegar a q-quierer…
La mandíbula de Hermione se desencajó cuando la serpiente rodó los ojos.
-Esss obvio que le amasss. Hasss tenido numerossasss oportinadadesss de esscapar, y sssin embargo ssólo lo intentasste en una ocassión. Ni ssiquiera cuando te encontrasste con tu amigo Potter lo intentasste. No quieresss alejarte de él.
-¡No! Es-es sólo que nunca nadie me había admirado por mi inteligencia, me había dejado trabajar a su lado,- fue bajando el volumen de su voz- había estado siempre junto a mí, me había besado,…
-Muuujer, admítelo ya.
Hermione negó cabezotamente. Esa serpiente estaba compinchada con su amo. Nagini suspiró apoyándose contra su cabeza.
-¿Quieresss una buena noticia?
La serpiente sintió a la chica asentir.
-No ssé sssi alguien puede cambiarle, pero tú ya esstasss a mitad de camino.
