Capitulo IX.

¿Orgullo y prejuicio? O ¿prejuicio y orgullo?.

Oh esta iba a ser una noche muy larga.

Rosalie estaba recostada en la puerta con los brazos cruzados mientras me miraba con cara de pocos amigos, me lanzo una mirada gélida, su rostro era realmente impenetrable, y su voz fue tosca y áspera cuando hablo.

— ¿que quieres?

Esta chica realmente era intimidante; pero de todos modos no iba a desistir así como así quería hablar con Edward, corrección, necesitaba hablar con Edward.

— ¿Edward se encuentra? —dije sonando lo menos intimidada posible, y mirándola fijamente. Realmente no sabía cual era su problema conmigo, no la conocía así que no sé porque tiene que ser tan antipática; pero ahí recordé las palabras de alice:

si, bells anoche después que tú te fuiste él empezó a beber y llamo a jasper, pero como estaba el celular apagado no tuvo más remedio de llamar a su hermana y publicista rosalie para que lo fuera a buscar evitando a la prensa.

Si, ella tenía un problema conmigo. Pero lo único que deseo ahora es hablar con Edward.

—no, el no se encuentra—dijo mirándome más fijamente. ¿Qué le sucede a esta familia con mirar fijamente?; mientras mascullaba cada palabra y tratara de lucir mas intimidante. Como si se pudiera! —y te agradecería...que no te volvieras a aparecer por aquí. —en ese momento se acerco mas a mí podía sentirla a pocos centímetros míos, sentí su aliento en mi rostro y una fragancia de jazmines. —bella.

—disculpa, ¿rosalie cierto? —le dije con la misma voz con la cual ella me había hablado y aunque ella fuera unos centímetros más alta que yo, me empine un poco para quedar casi de su misma estatura. —ella al escuchar su nombre, solo alzo una ceja y asintió con gesto afirmativo, mirándome con más odio. —yo no he venido a hablar contigo si no con Edward, así que la única persona que tiene derecho a decirme que no me aparezca mas por esta puerta es él, no tu. —espete.

Rosalie, soltó una carcajada seca.

—tienes carácter, lo reconozco pero no te quiero cerca de Edward, punto. Te vuelves a aparecer por aquí, y créeme que no te reconocerías, tu tan linda cara no volverá a aparecer en ninguna revista. —soltó mientras se daba la vuelta e intento cerrarme la puerta en mis narices, pero yo fui más rápida y se lo impedí.

—tú a mi no me amenazas. —le conteste mientras sostenía la puerta con una mano y con la otra la señalaba.

—y lo que tú quieras o no, a mi me tiene sin cuidado, así que deja de tratar de intimidarme con miradas asesinas y palabras acidas. Yo vine a hablar con Edward y no me voy sin hacerlo—dije mientras trataba de calmarme.

Rosalie estaba claramente que echaba humo...Si pudiera; sus pupilas estaban dilatadas y podía notar como claramente estaba a punto de perder el control, bueno había que reconocerlo que estaba siendo un poco intimidante.

—mira niña te lo dije antes no te quiero cerca de Edward…punto—grito y estaba intentando cerrarme la puerta en la cara…otra vez.

—te dije que no me voy hasta hablar con Edward—espete por enésima vez.

—y yo te dije que no te quiero cerca de mi hermano—grito exasperada.

— ¿Qué pasa aquí? — se escucho al fondo una voz bastante conocida para ambas.

Rosalie se quedo de piedra y yo…bueno también; realmente creo que subconscientemente había considerado la posibilidad de no poder hablar con él.

Edward estaba detrás de su hermana no lo podía ver con claridad ya que la habitación estaba a obscuras, pero podía vislumbrar su cabello de ese color tan peculiar debido a los tenues rayos que lo iluminaban.

—Edward—susurre para mí misma, mientras lo miraba fijamente.

—Rosalie…déjanos a solas por favor. —pidió en tono condescendiente.

—Ni loca! —grito ella, mientras se volteaba y lo enfrentaba. —tú con esta no tienes nada de que hablar, así que vuelve a tu cama y sigue descansando. —exclamo rosalie furiosa.

—Se llama bella, además rosalie no te estoy pidiendo permiso, te estoy diciendo que nos dejes a solas por favor—dijo Edward en un tono bastante serio, se podía notar que estaba a punto de perder la paciencia.

—y yo te dije que no te pienso dejar con esta ni un momento. ¿Ya se te olvido lo que te dijo? —pregunto de forma claramente retorica. —pues a mí no, créeme que yo nunca te había visto así ni siquiera cuando…—

—basta!. —exclamo Edward acercándose a su hermana y tocándose las sienes.

—rosalie, déjanos a solas, ahora. —mascullo cada palabra, y en su tono pude ver que estaba enojado. Me maldije internamente por mi estupidez, si no hubiera sido por mi inseguridad y terquedad el no estuviera discutiendo con su hermana.

—Como quieras—respondió con desdén rosalie dirigiéndose hacia adentro, pensé que iba a desaparecer. Por fin! De mi vista, pero yo nunca tengo tanta suerte. Rosalie se dio la vuelta y me miro con todo el odio que sus ojos azules podían hacerte sentir, y una sonrisa casi macabra surco su rostro.

—recuerda lo que te dije, nadie te reconocería. —se acerco y me susurro al oído.

Esta chica realmente puede ser algo atemorizante.

—tú y tus estúpidas amenazas me tienen sin cuidado. —le espete mientras le sonreía de vuelta de la misma manera que ella lo hacía.

—rosalie, por favor. —exclamo Edward claramente exasperado.

Esta desapareció con un andar que me recordaba el andar de felina de naomi Campbell; si, al parecer rosalie podía ser tan fiera como la diosa de ébano, aunque claro esta ultima tenía razones de peso; Edward era su hermano.

Ahí estaba el, en todo su esplendor mirándome fijamente, aunque su rostro era impenetrable.

Respire profundo, realmente no sabía que hacer el estaba al frente de mi y no sabía que decirle sentía como si me hubieran comido la lengua los ratones.

—Edward—volví a susurrar como para mí misma.

El solo asintió con la cabeza.

—bella, siento esto es que rosalie es…—suspiro como tratando de encontrar las palabras adecuadas. —rosalie.

Sonreí, tenía razón su hermana es bastante peculiar.

—Sí, ya me pude dar cuenta—medio sonreí, realmente era un momento incomodo. Tenía tantas cosas que decirle pero no sabía cómo.

Suspire.

—Edward yo…—balbucee mientras intentaba encontrar las palabras correctas y jugueteando con una pulsera que tenía un dije de forma de estrella. Mi favorito.

—espera, espera bella. —me detuvo Edward mientras se acercaba y lo pude ver por fin claramente; lucia cansado, tenía unas ojeras de un purpura oscuro que contrataban con su piel pálida, tenía la barba incipiente y su cabello seguía igual de indomable, pero aun así seguía luciendo irremediablemente atractivo.

—por favor entra—comento mientras se hacia a un lado y me indicaba que entrara.

Ingrese a la habitación en penumbras guiándome por la tenue luz que se filtraba por la puerta, me dirigí hacia la sala y me senté en uno de los sillones. Busque a tientas con la mirada a Edward quien se encontraba recostado a la puerta mientras miraba hacia mi dirección.

Se acerco hacia donde yo estaba pero en vez de sentarse en uno de los sillones decidió permanecer de pie recostado en una de las ventanas. Ni Edward ni yo decíamos algo, un silencio sepulcral circulaba en la habitación y el ambiente era realmente incomodo; lo peor de todo es que yo no sabía que hacer para remediar la situación.

—Edward yo…—balbucee por enésima vez sin saber que decir para disculparme y arreglar todo lo que había hecho el día anterior; pero mis intentos estaban siendo bastante infructuosos Edward no decía nada, como esperando a que yo hablara y su actitud hacia mí era fría por no decir hostil, aunque de todos modos lo entendía él no había hecho otra cosa que intentar acercarse a mi mientras yo lo único que hice fue juzgarlo sin fundamento; sin embargo al parecer mi prejuicio era el que nos coloco en esta situación y por lo que se puede ver el orgullo de Edward no ayudara en mucho a solucionarlo.

—Edward la verdad…—respire profundo tratando de infundirme valentía; una la cual por cierto siempre se había hecho notar…por su ausencia. Pero de todos modos Edward me interrumpió con voz seca.

— ¿Qué haces aquí, Isabella? — su voz era seca, tajante y cortante.

—Edward quería hablar contigo. —conteste como si fuera lo mas obvio.

—lo estás haciendo te escucho— continuo con una frialdad que realmente no esperaba. Aunque bueno el no debería comportarse muy amable conmigo después de la manera en que yo me comporte con él.

Mis manos sudaban y me sentía en extremo nerviosa, sentía como si estuviera siendo vigilada bajo microscopio, además esperaba no continuar arruinando las cosas, yo realmente deseaba arreglar lo que había sucedido.

—Edward yo…—suspire mientras seguía jugando con la pulsera de estrellas de forma nerviosa—realmente lo siento, yo no sabía que tu y Heidi no eran novios, tampoco sabía que tu…

— ¿Qué yo que Isabella? —me interrumpió de forma brusca.

—Responde— me insto— anda, has venido hasta aquí, has enfrentado a mi hermana rosalie y ¿eso es lo único que tienes que decir? —comentaba mientras miraba fijamente hacia afuera de la habitación por medio de la ventana y la tenue luz iluminaba su rostro, podía ver esos hermosos ojos verdes los cuales lucían fríos, fríos como hielo.

—puedo ver que todavía estas enojado créeme si yo fuera tu también lo estaría entiendo que…—me interrumpió.

— ¿Qué entiendes? —pregunto alzando la voz.

—No, tú no entiendes Isabella—dijo mientras se volteaba y me miraba fijamente. — ¿Qué puede entender una niña como tú? —respiro profundo y se agarraba el cabello mientras me decía todo esto.

— ¿entiendes como me sentí? —Pregunto alzando sus cejas— ¿entiendes que se siente intentar hablar con alguien que realmente te interesa, hacer hasta lo imposible por ver a esa persona por así sea unos segundos, perseguirla por toda la ciudad? ¿Confabularte con su mejor amiga, solo por hablarle? ¿Incluso tratar de superar tus malditas inseguridades ya que la crees totalmente inalcanzable?; ¿para que? ¿Para que ah? Respóndeme bella ¿para que? —sonrió de forma cínica.

—Para que te trate de la peor manera, incluso cuando ya has hecho hasta lo imposible por acercarte, para que te ignore y te haga sentir que tu tiempo no vale la pena y para que al final de todo, tú, tú seas el culpable—soltó una carcajada seca. — ¿culpable de que? Me pregunto. ¿De querer conocerla? ¿De tratarla bien en invitarla a tomar algo? De incluso escribirle una frase con su poesía favorita, vaya—bufo— soy lo peor. Si, tienes razón soy culpable y tú me entiendes a la perfección ¿no es así Isabella? —mascullo mi nombre con desprecio.

—ed…ed...Edw— hipé y una lagrima rodo por mis mejillas me sentía de lo peor, realmente había herido los sentimientos de Edward y el estaba en todo su derecho de reclamarme y no querer verme. De hecho soy una persona insegura, siempre lo he sido y me es demasiado difícil dejar entrar a las personas en mi vida. Me sentía miserable, vil y cruel. Sabía que lo que había hecho lo hice influenciada por mis miedos, siempre en tu vida construyes muros no tanto para aislarte de las personas si no también esperando que alguien que realmente le importes se atreva a derribarlos.

Y Edward lo había hecho el se había atrevido y yo, yo fui la que evito que él lo hiciera.

Mis malditos miedos.

No pude evitar llorar y las lágrimas caían sin que yo las pudiera controlar; sin darme cuenta tenia a Edward a mi lado abrazándome y me encontraba llorando desconsoladamente mientras él me sostenía y mis lágrimas caían una a una traidoramente en su pecho. Edward susurraba en bajito palabras que yo realmente no entendía y acariciaba mis cabellos suavemente, podía sentir su olor, la fragancia era entre una esencia masculina y un olor algo dulzón; pero en conclusión olía exquisito. Me perdí en su olor mientras me tranquilizaba dejaba de llorar y de hipar, Edward seguía acariciándome el cabello, poco a poco fui recuperándome y tranquilizándome aunque los latidos de mi corazón eran demasiado erráticos. Permanecimos un buen tiempo en silencio, solo se escuchaban los latidos de mi corazón y nuestras respiraciones, estuvimos así no se cuanto tiempo. Los latidos de nuestros corazones era el sonido que inundaba la habitación.

—Lo siento—murmure contra su pecho. Lo sentí tensarse y dejo de acariciarme el cabello, aunque después continúo y respiro profundo; tome aire para intentar hablar con él una vez más.

—De verdad Edward lo siento yo…—sus dedos acallaron mi intento de verborrea.

—bella, no tienes nada de que disculparte, si alguien lo tiene que hacer ese soy yo. —comento con su voz sedosa y calmada.

Eso no me lo esperaba; ¿realmente él pensaba que debía de disculparse? Yo me comporte como una estúpida niña malcriada, insegura y arrogante, Que piensa que siempre tiene la razón incluso cuando las pruebas le demuestran lo contrario, me escude en mis miedos y no pude concebir el hecho de que Edward realmente no me estaba mintiendo y de verdad intentaba acercarse a mí.

El no tiene nada porque disculparse.

Me levante súbitamente y lo mire fijamente, Edward al sentir que me separe abruptamente abrió los ojos y me miro sorprendido.

—bella…—ahora fue mi turno de interrumpirlo, acercándome y tocando sus labios con las yemas de mis dedos.

Realmente eran suaves.

—Edward tu realmente no tienes nada porque disculparte—iba a protestar pero lo acalle una vez mas. —es en serio tú no has hecho nada, la única que tiene que disculparse soy yo, me porte realmente como una estúpida.

—no te menosprecies bella, no eres ninguna estúpida por favor. —bufo mirándome reprobatoriamente.

Sonreí, realmente es adorable.

—no estoy diciendo que lo sea, estoy diciéndote que me comporte como tal. —asegure.

—ahora si me dejas continuar…—comente mientras el sonreía de una forma bastante…diferente.

—Edward tengo que decirte que fue lo que sucedió, tienes que saber que fue lo que paso, porque me comporte así, yo…—mi voz tembló un poco, Edward intento callarme una vez mas pero se lo impedí. —simplemente yo necesito que conozcas mi versión, alice me conto que fue lo que paso y yo necesito que sepas que fue lo que me sucedió.

Edward sonrió y me insto a que le contara, nos encontrábamos sentados frente a frente, yo seguía jugueteando con mi pulsera de estrella y la habitación estaba todavía a obscuras la única luz que entraba era la que se colaba por la ventana podía ver a Edward un poco en penumbras, pero de todos modos lo podía observar perfectamente. Lucia arrebatadoramente atractivo…como siempre.

—nunca me han gustado los superhéroes, ni mucho menos las películas basadas en ellos. —intente continuar cuando la carcajada de Edward me interrumpió.

— ¿que? ¿De que te ríes? —dije enojada.

—vienes aquí para hablar conmigo, después de que me trataste un poco…—titubeo— digamos que no fuiste muy cálida; peleas con mi hermana, lloras, me dices que me vas a explicar que fue lo que paso anoche, el porqué de tu actitud y me dices que nunca te han gustado los superhéroes? —sonrío, mientras me miraba por medio de sus largas y tupidas pestanas, y tomaba mi mano haciendo círculos en la palma de mi mano. —lo siento bella, pero te habrás dado cuenta que no soy un superhéroe. No puedo volar, tampoco leer mentes y la kriptonita no tiene ningún efecto en mi. —dijo con algo de sorna.

—oh!, cállate cullen! —comente mientras le daba un golpe en el pecho.

— ¿podrías callarte y dejarme continuar con mi historia, por más ridícula que sea? —pregunte, mientras miraba fijamente mis manos como si fueran lo más interesante del mundo. Sentí que Edward levanto mi barbilla, logrando que lo mirara. Sus ojos estaban algo obscuros. Parecían un verde olivo, en vez de uno esmeralda.

—continua… —susurro. —por...favor. —susurro aun más bajo que no estaba segura de haberlo escuchado bien.

—Como te iba diciendo…—comente sarcásticamente, y no pude evitar rodar mis ojos. —a mi las historias todas fantásticas nunca me han llamado la atención, y toda esa parafernalia que rodaba a esta película, me parecía estúpida. Hasta que la vi, por obligación…

— ¿por obligación? —me interrumpió.

—sí, mi agencia renovó el contrato, y cada vez que lo hacen pues renuevan mi book; querían otras fotos y la inspiración era basada en tu película, me negué en rotundo obviamente pero digamos que...bueno o ellos fueron muy persuasivos o yo no fui lo suficientemente fuerte respecto a mi posición; de todos modos la tenía que ver para saber que era lo que ellos querían que yo hiciera. Tengo que decir que me gusto…y mucho.

—era la primera vez que te veía, casi nunca veo películas de Hollywood, al menos que algún amigo participe, o que yo sepa sea una película buena, no esa basura comercial que colocan hoy en día. Y bueno…—titubee. Empecé a sudar, en pleno invierno!, mi corazón latía mas desbocado, dios! Esto era lo más vergonzoso que iba a hacer o decir en mis veinte años de vida.

—bueno…—me insto Edward con voz dulce.

—Bueno ya podrás suponer el resto—dije como si fuera lo mas obvio.

A lo que Edward no pudo evitar sonreír.

—no, no puedo suponer nada, bella dios! Me es tan difícil leerte. No entiendo a donde quieres llegar. ¿Podrías explicarme?, estás dando vueltas y evasivas, ni siquiera me miras a los ojos, y cuando no haces eso estoy aun más perdido. —dijo con voz dulce pero firme.

—Edward, me gustaste desde que te vi, en esa película. —solté de golpe, mientras lo miraba fijamente para que no tuviera dudas de lo que realmente quería decir. Edward fue muy claro anoche, mis inseguridades me llevaron a no decirle lo que realmente pensaba, o sentía.

Si cometes un error una vez, significa que eres solo un ser humano…y si cometes el mismo error dos veces quiere decir que eres un estúpido.

Y yo no soy estúpida. Bueno al menos…no hoy.

Edward se quedo de piedra mientras me miraba, y no decía nada, maldecía internamente al estar en la penumbra porque no lo podía ver con claridad. Y eso era aun más confuso. No sé cuánto tiempo paso solo el permaneció mudo, mientras estábamos sentados uno al frente del otro.

Y ahí todo se vino abajo.

Me di cuenta que había malinterpretado todo, el solo sentía una atracción hacia mí, mientras bueno mientras…yo suspiraba como una estúpida adolescente hormonal.

Acababa de decirle a alguien que me gustaba!

Por primera vez en mi vida y el…solo se quedaba callado.

O en shock.

Quizás en estado catatónico.

Tonta bella!.

Mis ojos empezaron a escocer y solo quería desaparecer.

Me levante corriendo y cuando quise salir a la puerta, me tropecé con un sillón, pegándome justo debajo de la rodilla. Genial! Maldije por lo bajo y cuando quise salir unas manos férreas me atraparon impidiéndomelo.

Lo único que pude sentir fue su respiración en mi cuello.

Y ahí todo se fue abajo.

—bella, bella, bella, bella…—suspiro. En mi cuello mandándome millones de descargas eléctricas. —mi bella.

Edward me volteo colocándome justo en frente de el, atrapada entre la puerta y su cuerpo, su aroma me tenia encantada, impidiéndome pensar coherentemente. O hilvanar alguna palabra.

Estaba perdida.

Cada vez sentía a Edward más y más cerca de mi acorralándome, como un cazador con su presa, si anteriormente sus ojos me parecían de un verde olivo, ahora me parecían negros, negros con el carbón, negros como una noche de luna nueva.

Y ahí todo se vino abajo.

Lo último que pude recordar fueron sus labios posándose delicadamente sobre los míos, besándome con dulzura, con delicadeza, como si fuera una pequeña muñeca de porcelana que se fuera a romper por sus besos.

Al principio, quede en shock. Realmente no podía creer que me estuviera besando a mí.

A mí!.

Poco a poco empecé a devolverle el beso, y Edward al sentir mis torpes intentos por besarlo no pudo más que sonreír y aferrarme más cerca a su cuerpo, mientras más pasaba el tiempo más mis labios parecían amoldarse a la perfección a los suyos, nos besábamos con una necesidad imperante, como si nuestra vida dependiera de ello, pero a la vez este beso era tranquilo, suave, tierno, delicado. Pero no por ello carente de pasión.

Era la expresión de lo que sentíamos, sin necesidad de decirlo, nuestros cuerpos lo expresaban bien…bastante bien de hecho.

Era aceptar que había una atracción entre nosotros, era afrontar nuestros miedos de dejar a otras personas entrar a nuestra vida, era aceptar lo que sabíamos y sentíamos, pero por inseguros y orgullosos no decíamos.

Éramos solo Edward y bella.

Que bien sonaba!.

No sé cuanto tiempo duramos besándonos, ¿segundos, minutos horas?

Oh! Horas.

No tengo ni idea.

Cuando nos separamos un poco para tomar algo de aire, Edward descendió con sus besos hacia mi cuello, y luego de forma lenta y ascendente empezó a mordisquearme el lóbulo de mi oreja, donde solo susurraba: mi bella!. Con su voz condenadamente sexy.

Y volvía a atacar mis labios sin piedad.

Como si la necesitase!.

Pero claro lo bueno no dura para siempre. Solo pude sentir de repente que Edward se tenso y súbitamente la luz me dejo algo ciega, unos gritos empezaron a resonar por toda la habitación y solo fui consciente de algo.

Rosalie.

Gritando.

Genial!.

Oh! esta noche iba a ser una noche muy larga.