THE COSTUME OF SIN; Cap IV. Heaven 2/2

3:36 de la mañana. Sin razón alguna, Dean despertó y se vio en su cuarto, en su cama, con Castiel al lado, dándole la espalda y acurrucado entre el cubrecama, muy abrazado a la almohada. Le miró con una sonrisa y se movió a abrazarle. El ángel sólo se movió un poco y se acurrucó contra él, sin despertar.

Dean se movió con cautela, tratando de no despertar al ángel a su lado, y se levantó, caminando hacia el baño y encendiendo la luz con molestia. Aún era muy temprano.

De todos modos dejó correr el agua y se mojó un poco la cara; no recordaba cuándo se había dormido, simplemente había despertado. Al levantarse y verse en el espejo, vio el reflejo de Lucifer tras él, que le miraba, como siempre, sonriente y de brazos cruzados.

Se volteó de inmediato, intentando retroceder un par de pasos y chocando contra la pared.

—Dean—sonrió—Tanto tiempo sin verte—

— ¿A qué demonios vienes ahora? —gruñó.

Dean estaba nervioso; Castiel estaba a tan solo una vuelta y tres pasos de Lucifer. Estaba demasiado expuesto y él no se encontraba en un lugar muy ventajoso como para correr hacia él. Lucifer bloqueaba la puerta. Ante cualquier cosa, él llegaría primero.

¿Dónde estaba Balthazar cuando en verdad se le necesitaba? ¡Mierda!

—Sabes a lo que vengo. Castiel me debe algo—

—No voy a dejar que te lleves a Cass—

—Aww… Cass. Qué lindo suena eso—el arcángel dio un par de pasos, avanzando hacia Dean. Al menos dejaba la puerta un poco más libre—Éhh… te acostaste con él ¿Qué se siente? Se siente bien, ¿no?—

— ¡Fuiste tú!—gimió el cazador. Sintió como la rabia le invadía y trató de apartarle— ¡Lárgate, maldita sea! ¡Déjalo tranquilo! —gritó, sin importarle mucho si despertaba a su alrededor.

—Aún no. Pero mientras… me gustaría que vieras algo—dio un par de pasos más hacia Dean y él no alcanzó a reaccionar. Cuando se dio cuenta, veía todo negro, tenía frío, y estaba en un lugar duro y cuyo olor a sangre le inundaba.

Tampoco sabía hacia dónde avanzar, todo estaba muy oscuro.

— ¡Cass! —llamó.

Su primera prioridad en aquel momento era el ángel. No quería pensar que Lucifer se había deshecho de él para tomar al ángel y llevárselo de vuelta al Infierno ¿Qué demonios había pasado con la guardia que había establecido con el maldito ángel de acento inglés?

Escuchaba una respiración difícil de fondo; tal vez era mejor investigar un poco. Quiso dar un paso, pero se tropezó y se dio de bruces contra el suelo. Sintió sus manos humedecerse con algo que reconoció enseguida como sangre. Frente a él, una sombra. Era un cuerpo recostado sobre la roca del suelo. Le escuchaba jadear. Apenas se dio cuenta de que la ropa que le cubría la espalda era beige se levantó de golpe y se detuvo a su lado, intentando voltear al ángel que se acurrucaba contra el suelo, abrazándose así mismo y cerrando los ojos, intentando tal vez, conciliar algo de sueño.

En el infierno no existían ni la inconsciencia ni el dormir.

Le volteó con cariño, tratando de despertarle. Pero claro, Castiel no le escuchaba. Él sólo estaba de testigo en ese infierno.

Veía a Castiel tratando de cerrar los ojos y herido, con su camisa blanca manchada de sangre, el rostro golpeado y un labio roto, dejando que su sangre cayera al suelo. Sus ojos estaban cubiertos de lágrimas. Dean sabía perfectamente lo que había pasado y le dolía los efectos que provocaba. Porque había escuchado lo que había pasado, le había visto asustado y gimiendo que lo quería fuera, pero jamás le había visto de esa forma.

Castiel se limpió con la manga la sangre del rostro y las lágrimas; se incorporó un poco con dificultad, gateando hasta una de las esquinas y acurrucándose allí a abrazar sus piernas y cubrirse con un gabán medio roto. Dean seguía en el mismo lugar, mirándole con dolor. El ángel gimió raro y comenzó a llorar, ocultando su rostro entre sus brazos. Dean no soportaba ver aquello; le oía gemir y maldecir contra él, le oía decir cuánto odiaba a Dean Winchester.

Quiso abrazarlo; pero sabía que de todos modos el ángel no le iba a sentir. Aquello ya había pasado; hace mucho tiempo. Y por mucho que el ángel le dijera que ya no tenía demonios encima sabía que eso iba a recordarlo y que cada vez que le viera iba a recordar lo que sucedió en el infierno.

Casi creyó que le habían hecho vivir los mismos 75 años que al ángel; se veía forzado a ver cómo Lucifer le golpeaba y cómo le violaba. Y lo que era peor, no veía al arcángel sino que así mismo. Había tratado más de una vez de detener el castigo del ángel pero simplemente no lograba intervenir en la situación, que seguía su curso ignorando que el cazador estaba ahí.

Pero claro, eso había pasado y él no había estado ahí.

No importaba cuánto tapara sus ojos, podía seguir escuchando el dolor y los ruegos del ángel.

No. No podía soportar aquello.

— ¡Lucifer! ¡¿Qué es lo que demonios buscas de mí? —Gritó a los cielos, aunque siguiera viendo todo oscuro— ¡Estoy listo! ¡¿Qué es lo que mierda quieres? —

Y si era necesario bajar al infierno para que Cass quedara libre de Lucifer, lo haría.

Casi de inmediato vio a Lucifer frente a él, sonriendo siempre muy tranquilo.

—Sabes lo que quiero. Quiero a Castiel de vuelta. Tengo su alma en mis manos y voy a ir a buscarlo luego—

— ¿Por qué lo devolviste? —

—Me estaba aburriendo de lo mismo. Quería ver cómo resultaba todo aquí. Y aparentemente… resultó como esperaba—juró que su rabia saldría de una forma u otra. Su mano se empuñó y se lanzó contra el arcángel pero no alcanzó a lastimarle. Había atrapado su mano y ahora le hacía arrodillarse a medida que la doblaba mirándole un poco más serio.

—Despierta—le susurró.

Y despertó en su propia cama, con la sensación de que se ahogaba; la habitación estaba más iluminada, estaba amaneciendo, y Castiel seguía muy dormido y muy envuelto entre su cama. Nada había pasado en esa habitación.

Se incorporó y se sentó en el borde de su cama, mirando de reojo al ángel que le daba la espalda. Por más que trataba de olvidarlo el recuerdo de cómo le había escuchado gritar de dolor no se iba. Cubrió su rostro con sus manos, simplemente no resistía aquel peso.

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No estuvo muy consciente de cuánto tiempo perdió en sus pensamientos. Sólo reaccionó al sentir un leve peso sobre sus hombros; levantó un poco la mirada y vio a Sam mirándole preocupado.

— ¿Qué te pasa? —

—Sólo un mal sueño—susurró, negándole la mirada a su hermano.

Pero aquello no había sido un sueño; no. Había sido demasiado real como para ser un sueño.

— ¿Cass, verdad? ¿Qué era? —

— ¿Qué cosa? —

—En tu sueño ¿Qué viste? —

—Sé que Lucifer es el responsable de esto—

— ¿Y te aseguras de eso en un sueño? —cuestionó Sam.

— ¡No fue un sueño, maldita sea! —se quejó.

Sam le calló un poco; pero de todos modos Castiel había abierto los ojos y los había vuelto a cerrar. No quiso moverse todavía.

Y como Dean no vio signos de él de haber despertado, siguió respondiendo.

—Yo sé que fue Lucifer, estuvo aquí. Quiere llevarse a Cass de vuelta—Ahora sí Castiel había abierto los ojos, pero seguía sin moverse; sólo se mantenía escuchando—Vi lo que pasó—

—O sea que…—

—Sí. Vi lo que le hicieron… me vi a mí mismo—volvió a ocultar su rostro entre sus manos—Es… ¡arght! —

—Hey. Calma. Entendemos que pasó todo. Cass está tranquilo, ¿no? Sabemos que no se va a olvidar de eso pero al menos ya te separó del infierno—le susurro Sam.

Castiel se detuvo a pensar que tal vez era verdad que estaba más tranquilo. Pero no necesariamente había desligado la figura de Dean de su infierno.

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Dean no dormía. No bien, al menos. Lo más que esos dos días había logrado cerrar sus ojos habían sido 4 horas durante la noche. Estaba ansioso por lo que Lucifer le había dicho; ni siquiera estaba seguro de si aquello había sido un sueño o dentro de su sueño había sido verdad o tal vez, simplemente, sólo verdad.

—Estás nervioso—le susurró Castiel al sentirle recostarse a su lado y abrazarle por la cintura—Yo también tengo miedo. Mucho—se volteó hasta mirar al cazador de frente y enroscarse abrazando su vientre—No dejes que me lleven—

Dean sólo rodeó a Cass con sus brazos y apoyó la cabeza sobre la suya. Después de todo, era él quien tenía que mantener la calma por ambos.

—No voy a dejar que nadie te lleve. Nunca más. No importa lo que tenga que hacer para conseguirlo, no voy a permitir que vuelvan a hacerte daño—le acurrucó entre sus brazos y le apretó con ellos. No confiaba mucho en que pudieran detener a Lucifer usando sólo la fuerza bruta, pero tenía que haber una solución para todo el asunto.

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Pasaron apenas seis días desde que Lucifer se apareciera frente a Dean. Estaba oscuro y el ángel subía las escaleras para enroscarse en la cama nuevamente. Sam le seguía casi en un bostezo y Balthazar había establecido su punto de vigilancia en el primer piso.

Y nuevamente, el cuerpo de Nick se aparecía aparecido en el reflejo del espejo, con su sonrisa eterna. Sobresaltado, Dean se volteó. No había nada allí.

—Estoy atrás—escuchó que le sonreían.

Volteó nuevamente y le empujaron contra la pared.

—Vamos a jugar un ratito, ¿te parece? Anda y recupera a Cass por mí—

Comenzó a sentir un ardor en el pecho; dolía cada vez más. Todo se le oscureció y cayó inconsciente sobre la baldosa fría del baño.

Apenas Castiel llegó arriba en lo primero que se fijó fue en Dean que estaba tirado sobre el suelo, con la cabeza ladeada para el otro lado. Iba a lanzarse sobre él cuando los brazos de su hermano se enredaron en su vientre y le voltearon.

—No te acerques—gruñó.

Eso no importaba; Dean estaba tendido sobre el suelo y parecía herido. Se libró del amarre de Balthazar y sólo se detuvo al llegar al lado de Dean a tratar de despertarle. No alcanzó a reaccionar sino hasta que el cazador le tomó de ambos brazos con violencia, mirándole serio. La espada de Balthazar atravesó su antebrazo e hizo que le soltara, quejándose de dolor y mirando con rabia al ángel que alejaba a su hermano.

— ¡Si te dicen que no te acerques es porque no te acerques, carajo! —se quejó

Le vieron quitarse el puñal ensangrentado y arrojarlo con rabia hacia un lado. Volteó un poco la cabeza y sonrió, juntando ambas manos.

—Vine a llevarme a Cass de vuelta—murmuró.

Sam apareció al lado del ángel rubio cargando y apuntando un rifle, sin disparar.

—Te lo han dicho tantas veces que sigo sin entender cómo es que sigues haciéndolo. No vas a dispararme, ¿verdad? No a tu hermano—

Sam sólo siguió apuntando.

—Vete a buscar lo que te pedí hace unos días—le ordenó Balthazar.

—Pero…—

— ¡Ahora, maldita sea! —

Sam dudó un momento, pero de todos modos salió de la habitación y descendió las escaleras. Balthazar sólo apretó más a un estremecido Castiel bajo su brazo derecho, y buscaba la forma de recuperar su arma.

—No vas a poder tenerlo por mucho tiempo—le sonrió Dean. Un puñal atravesó su vientre y Lucifer le arrojó a la pared, logrando que soltara al ángel a su lado y a éste acorralándolo contra la pared. Balthazar comenzaba a derramar sangre y a costarle un poco la respiración. Pero aquello no importaba. Veía a Dean avanzar decidido hacia Lucifer y hacia Castiel y él tenía que levantarse rápido. Antes de llegar junto al arcángel, Dean fue arrastrado hacia atrás, golpeándose la espalda con una pared y con Balthazar de pie frente a él, con la camisa gris manchada en sangre y sosteniendo su espada.

—No lo tomes de forma personal, yo sé que tú hubieras querido esto para ayudar a Cassie—su espada atravesó su pierna y dio un giro. Balthazar dejó su arma ahí, dejando al cazador quejándose y apoyándose en la pared para levantarse. Sam se apareció con espada en mano y antes de que pudiera poner un pie dentro de la habitación Lucifer ya le observaba con rabia y cerraba la puerta frente a él. Por más que se lanzara contra ella no podía abrirla.

—Juro que te la pago después—susurró.

Sacó su arma con prisa, quitó el seguro y disparó a la cerradura, entrando de una patada y tirando puerta abajo. Sin necesidad de entregársela al ángel de cabello rubio la desenfundó y trató de apuñalar a Lucifer. Éste alcanzó a detener la espada con ambas manos, quitársela a Sam y lanzar a Sam hasta golpearlo contra la pared.

—Gracias por devolverme mi espada, Sam, sin duda hay unos cuantos favores que te debo—le sonrió el arcángel.

Balthazar miró un segundo con rabia a Sam y luego volvió a mirar al frente. Ahora que Lucifer tenía su espada se hacía más difícil el ataque frontal. Pero tenía que descuidarse alguna vez para mirar al ángel.

De pronto Castiel se volvía en una forma de ataque.

Y Castiel pareció comprenderlo sólo con la mirada que de su hermano.

Juntó el poco valor que pudo y trató de zafarse. Lucifer se volteó a sostenerle de ambos brazos y apretarle contra él cuando sintió que le apuñalaban en el brazo y le quitaban la espada. Lucifer empujó al ángel, quien cayó entre los brazos de Sam, refugiándose en ellos, y mirando a Dean ya inconsciente sobre el suelo, desangrándose en la pierna.

—De todos modos ya logré lo que quería. Cassie fue mi entretención por mucho tiempo y ahora lo fueron ustedes ¿La pasaste bien volviendo a Tierra firme? —le sonrió el arcángel—Cass, pasé un tiempo excelente con tigo, espero recuperar todo aquello—

Balthazar volteó la espada en su mano y se lanzó contra el arcángel, tomándole de ambos brazos. Antes de chocar contra la pared, ninguno de los ángeles estaba ya en la habitación. Casi desesperado, Castiel se lanzó a ver a Dean, ante la desconfianza de Sam que le detuvo y le sostuvo entre sus brazos.

—No estemos seguros todavía—le negó.

Castiel se abrazó a Sam, pensando que si hubiera tenido sus poderes toda la situación hubiera sido diferente. Pero Lucifer le había susurrado, antes de azotarle contra Sam, que no volvería a ser un ángel.

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Balthazar se apareció a los casi 10 minutos, soltando de inmediato una espada ensangrentada y dejándose caer sobre la pared, botando sangre por l aboca y con la camisa manchada.

—No te ves bien ¿Qué pasó? —le preguntó Sam, ofreciéndole su mano, mano que el ángel negó y se apoyó en la pared para levantarse.

—Dudo que vuelva en un tiempo, pero de todos modos voy a estar muy de cerca viendo a Cass—se acercó a la cama, donde su hermano ya estaba sentado, acariciando a Dean en silencio— ¿Y Dean? —

—Nada aún—

—Mal de ti dejarlo acercarse, puede que aún esté poseído—

— ¿Cómo es eso de poseído? Creí que estábamos protegidos contra eso—

—Lucifer es diferente, creí que sabrías eso—Apoyó su mano en el hombro de Castiel y se limpió la sangre de la boca con una manga—Quédate tranquilo—le susurró a su hermano.

Castiel suspiró y se abrazó a su hermano, aún sin dejar de ver a Dean.

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—No voy a volver a ser ángel—susurró, mirando a su hermano.

Después de aquel incidente, no había podido dormir y ahora estaba sentado en el sofá al lado de un Balthazar sin sangre.

—No digas eso—

—Lucifer me dijo que no volvería a ser ángel. Que me iba a quedar viviendo como humano—

—No digas eso—repitió su hermano, pasando un brazo por su hombro y atrayéndolo hacia él, revolviendo tiernamente su cabello y besando su frente.

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Dieron seis meses. Sam se desaparecía unas cuantas horas al día para trabajar y Dean seguía sin atreverse a desaparecerse por mucho tiempo por temor a dejar a Castiel solo.

Tal y como temían, el ángel de ojitos azules seguía sin recuperar sus alas ni ninguna de sus habilidades. Dean ya le había encontrado varias veces en medio de la noche, escondido en una esquina del baño, abrazándose y llorando desconsolado porque se había atascado en la vida humana.

En esos casos, Dean le levantaba y le abrazaba, le llevaba de vuelta a la cama y le quitaba las lágrimas y le consolaba ya acariciaba hasta que se volvía a dormir.

—Balthazar no te va a dejar de venir a ver. Sam no te va a dejar solo y cada vez que necesites a alguien yo voy a estar ahí para ti—

A los dos meses de espera había cambiado el "volverán a crecer" por un "no vamos a dejarte solo".

Sam, por su parte, había dicho al mes que Cass no volvería a ser ángel y éste le había oído, a pesar del "cállate, no digas eso" de Dean y el "si vuelves a decir algo como eso te rompo las piernas" de Balthazar.

Pero ambos empezaban a creer que eso podía ser verdad.

Un mes más y Dean perdió la esperanza de seguir esperando que Castiel volviera a ser ángel. Medio más y Balthazar se le unió.

Balthazar podía ser un desgraciado altanero y un hijo de perra con ambos Winchester, pero cada vez que Sam le veía abrazar a su hermanito sonreía porque en parte le recordaba al suyo.

Tal vez Dean y Balthazar se llevaban mal por ser demasiado iguales.

A pesar de su altanería, miraba a Dean de forma diferente cada vez que abrazaba a Castiel; ya no ponía trabas ni gestos de desaprobación. Y eso era bueno.

Mes 7:

21:00 Hrs. Sam estaba en la ducha, Dean termina do su café y Castiel llevaba 45 minutos escondido en la habitación.

— ¡Dean! —le llamaron.

Y el aludido tomó un último sorbo de su café y subió las escaleras. Al poner un pie en el segundo escalón Cass le detuvo.

—Quédate ahí—

Y Dean decidió obedecer, porque notaba algo más lúdica la voz del ángel y se quedó esperando apoyado en la pared de brazos cruzados. Al llegar a los apenas 10 segundos, el cazador se aburrió de esperar y subió las escaleras. Llegando al cuarto escalón, sintió un aleteo tras él, que tomaban su mano y la voz emocionada de Castiel con una enorme sonrisa que era difícil ver en él le decía "te dije que esperaras aquí".

Al principio Dean no entendió lo que sucedía. Tampoco no alcanzó a pensarlo por sí mismo porque el ángel se lanzó a él a abrazarle con una sonrisa perdida en el tiempo diciéndole "recuperé mis alas".

— ¿Seguro? —

— ¡Seguro! —

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Fue una semana de espera. Una semana que a Dean se le hizo eterna, porque apenas el ángel había recuperado sus habilidades había querido volver a Heaven. Claro, no lo culpaba. No había estado ahí en tanto tiempo y era justo, que quisiera verlo de nuevo, que era su casa… pero el cazador tenía miedo de volver a perderlo y que las cosas entre ellos volvieran a ser como eran antes; nada más que una mísera relación "laboral".

Apenas se cumplió la desesperada semana de Dean, el ángel volvió a aparecerse y se abrazó a Dean apenas le vio, preguntándole como se había sentido esa semana. Balthazar estaba tras ambos, preguntándole a su hermano si estaba seguro.

—Voy a seguir volviendo a Heaven… pero tampoco quiero irme de aquí—susurró.

— ¿Te vas a quedar con nosotros? —le susurró Dean.

El ángel sólo asintió y el cazador le sacó la lengua a Balthazar.

—Qué maduro—gimió—Pero bueno… como tu hermano… voy a aceptarlo. Pero no creas que voy a dejar de venir a vigilarte, Dean, estás bajo vigilancia constante, te advierto, cualquier cosa rara que yo vea y voy a bajar a molerte las piernas a palos—le gruñó.

Un aleteo y ya no estaba, gesto que era satisfactorio para Dean.

— ¿Y en serio vas a quedarte aquí con migo? —

—Si, ya me pasé bastante tiempo aquí y siento que me acostumbré—

Se dejó caer sobre la cama y con Dean al lado, abrazándole y mirándole con seriedad.

—Voy a admitir que me gustaba cuando eras humano—

— ¿Por qué? —

—No lo sé. Supongo que vi una parte de ti que como ángel no mostrabas—

— ¿Y ahora que volví a ser ángel? —

—Sí. También me gustas. Tengo que acostumbrarme al hecho de que ahora vuelas… y te apareces en cualquier lado de la casa pero… —Dean se sonrió como rememorando viejos tiempos, pero tomó el rostro el ángel y se acercó a besarle—Prométeme que no vas a volver a desaparecerte de ese modo—

Castiel sólo se sonrió leve y se acurrucó entre los brazos del cazador.