1975 Mayo
Severus no paraba de darle vueltas a lo que Black había dicho, casi más para sí mismo que para él, el sauce. Estaba claro que el más famoso de los sauces de Hogwarts era el Sauce Boxeador, además tenía sentido que "acabara con él". Esa frase dicha en ese contexto algo tenía que ver con el secreto de Lupin no hacía falta ser un genio.
Decidió observarlos, no era algo sencillo ciertamente. Aunque ellos ya no se dedicaban a mortificarle, había comprobado que eran meticulosos a la hora de elaborar sus planes. Aquel cuarteto se comunicaba y se mantenía a un nivel que él siempre había envidiado. Pero la observación que estaba llevando a cabo le estaba dando nuevos datos interesantes.
Tenía claro el rol que desempeñaban cada uno dentro del grupo: Potter era un líder, estúpido si alguien le preguntaba; Black jugaba el papel de rebelde, siempre bordeando los límites que se le pusieran por delante, ¿no había sido él mismo uno de ellos?; Petegriew era un secuaz, aquel que siempre apoyaba cuanto los otros decían y bajo su punto de vista exento de mayor virtud, pero no por ello menos útil en un grupo; y por último Lupin, este era el que más le había estado intrigando últimamente, era el más sensato, el que ponía a los demás los pies sobre la tierra, pero era obvio la protección que todos ejercían sobre él, algo que no entendía el Slytherin.
Lupin a sus ojos no era el más indefenso de los cuatro, era buen estudiante, y salvo esos días en la enfermería el chico parecía completamente sano. Pero era obvio por el comportamiento de los otros tres que se anteponían a cualquier tipo de peligro, discusión o afrenta que pudiera sufrir el ojimiel.
Curioso, sumamente curioso, también notó que el comportamiento con el moreno no era romántico ni tan siquiera sexual, tan solo de camaradería con tintes protectores. ¿Había sido Black tan sumamente estúpido de usar a su amigo para darle celos? Algo dentro de sí se calentaba al pensar en ello, un calor que le hacía sonreír bobamente unos segundos. No quería ni pensar en lo estúpido que debía verse con ese tipo de sonrisa en su rostro.
Otra cosa que observó, y tristemente constató, fue la soledad en la que se estaba sumiendo su querida Lily. No le había dado explicaciones y se odiaba por ello, pero eran difíciles los momentos en los que podía verse con ella a solas y para qué, ¿para decirle que sus nuevos "amigos" no la toleraban? Aquello era cruel y mezquino, además de hipócrita, ¿no lo había defendido ella del cuarteto de leones cuando le insultaban o gastaban pesadas bromas? ¿No había estado ella con él cuando todos los demás le habían rechazado?
Se sentía despreciable, pero no por ello la amaba menos, y sabía que enfocar en ella la atención de ese grupo de Slytherin era una mala idea, más aún después de la advertencia de Malfoy.
Él quería protegerla, incluso si debía ser de sí mismo.
Severus sabía del empecinamiento de Potter con Lily y de que esta jamás le había correspondido. Pero en su observación había podido identificar cuánto de real había en esos sentimientos, Potter realmente se preocupaba por ella. Con sus brabuconas maneras quizás no fuera el mejor de los métodos, pero desde que ella estaba triste él había absorbido parte de su tristeza. Le veía mirarla preocupado e instar al ojimiel, el más cercano a la pelirroja, a que se acercara a ella a sabiendas de que la chica no aceptaría la ayuda del líder del grupo.
No tenía porque gustarle a él, pero era obvio que era bueno para ella, que con su absurdo enfrentamiento con el cuarteto, si bien el pensaba no haber hecho nada para merecerlo. "Existir" le había dicho un día Potter entre risas. Como fuera, ese enfrentamiento había alejado a Lily de los que serían sus amigos naturales, un motivo más para alejarse de ella.
Severus rió para sí dándose cuenta de lo bueno que era autoconvenciéndose.
Pero quizás ese distanciamiento no fuera malo para unirla a Potter, si su amiga tan sólo viera que él, finalmente, sí era bueno para ella.
Cambiando a su "él" había constatado que Black no le prestaba la más mínima atención, ni siquiera sus miradas coincidían en el comedor, como si él no existiera. No se había dado cuenta de cuál era el poder que ejercía el arrogante león sobre él, su indiferencia fuera de cualquier acto que hubiera acometido contra él en el pasado era lo peor que había sentido.
Vacío.
Pero al igual que sabía que Potter era bueno para Lily, Severus sabía que Black no era bueno para él.
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La nueva estrategia de Sirius era ignorar al azabache, ese delgado y seco chico no existía en el mundo del Gryffindor, y se prometió no dedicar ni una mirada ni un pensamiento al mismo.
Indiferencia, por alguna de sus anteriores conquistas que le había escupido a la cara, era la peor de las afrentas, saberse indiferente para el otro.
Y siendo sinceros, estaba harto, ya no sabía qué más hacer, y le resultaba menos doloroso hacer como si él no existiera. Ignorarlo completamente, no entendía bien su mente, no entendía sus motivos .
¿Lo malo de todo aquello? Que ya no era el Casanova que había sido, la chica bonita de Ravenclaw no le atraía nada, siendo sinceros, es que no le atraía nadie. Pero haciendo gala de su excelente e ingenuo positivismo, se dijo que en breve estaría recuperado y listo para la acción como siempre.
Una pequeña parte de su cerebro, le decía que tenía que tomar en cuenta lo que había dicho Snape de descubrir el secreto de Remus. En pocos días sería de nuevo luna llena, pero ellos llevaban años haciendo eso y jamás habían sido descubiertos, no tenía sentido que lo fueran a ser ahora. No contando con la capa de invisibilidad de James.
James y Remus abandonaban el castillo hacia el sauce boxeador bajo la capa desde la sala común, Peter y él adoptaban su forma animaga, Peter era casi indetectable y él con su pelaje negro se camuflaba perfectamente entre las sombras.
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No notaron como unos ojos oscuros como el azabache estaba completamente pendientes de ellos a diario, cómo había descubierto un túnel bajo el sauce boxeador, y su cuerpo aún sufría los daños por descubrir el tocón que le hacía permanecer inanimado.
Snape estaba sorprendido de todo lo que había descubierto, un túnel que lo conducía a la Casa de los Gritos en Hogsmeade, allí mismo en Hogwarts, y si sus cálculos no habían fallado, el color del ojimiel le decía que esa sería la noche en la que descubriría su secreto.
Escondido entre los primeros árboles del Bosque Prohibido, Severus aguardó a que ocurriera algo.
Y no se equivocó, aún no había anochecido, pero sorprendentemente el sauce se quedó paralizado, él no había visto aparecer a nadie, algo sorprendido se quedó aguardando por unos momentos. Lo que no esperaba era ver aparecer a una rata y un gran perro negro, que se escurrieron por el pasadizo debajo del túnel.
¿Era cierto? ¿Podían ser ellos? ¿El secreto era que Lupin era un animago? Aquello no concordaba con sus suposiciones, se estaba volviendo todo extremadamente raro.
Aguardó por media hora, dándole tiempo de que aquellos que iban por delante llegaran a su destino y esperando que si alguien más iba a entrar lo hiciera antes que él.
Asegurándose de que nadie le veía, presionó el tocón no sin antes llevarse un nuevo golpe de aquel maldito árbol.
El camino estaba oscuro, pero ya lo había recorrido antes, con un mínimo Lumus, emprendió la marcha. Estaba rígido pero motivado a su vez, sabía que aquello era peligroso, y que el cuarteto no iba a estar nada contento con él si lo sorprendía.
Pero se maravilló de cómo estaba disfrutando con aquella "misión", cómo había descubierto el secreto del Sauce tras horas en la Biblioteca y sonsacándole información a la profesora Sprout, que había disfrutado pudiendo charlar sobre el tema con un alumno.
Notaba la adrenalina correr por su cuerpo, pero una voz en su interior le decía que si aquellos a los que estaba espiando tenían la capacidad de convertirse en animagos a su edad, es que estaba ante personas con un gran poder mágico, nada a no tener en cuenta.
Cuando la luz al final del túnel fue haciéndose más notoria, Severus apagó su varita, el corazón le palpitaba estruendosamente, ahí estaba, a metros de conocer el secreto del cuarteto dorado de Hogwarts.
Estaba tras la puerta de acceso, no escuchaba nada, pero no se atrevía del todo a abrirla. Esta daba a una habitación del sótano de la casa, una especie de escobero, dudaba que estuvieran allí, pero por si acaso aguardó a estar seguro de que allí no había nadie.
Pasado unos minutos se aventuró, abrió la puerta para descubrir que estaba solo, y que la puerta estaba abierta.
Escuchaba pasos en la planta superior, y se armó de valor, con su varita por delante, estaba lejos de Hogwarts con cuatro chicos que siempre le habían despreciado a punto de descubrir su secreto. Ahora era consciente del peligro que estaba corriendo pero era incapaz de no subir a saciar su curiosidad.
Despacio fue subiendo las viejas escaleras, estaban en una de las habitaciones de la planta alta, los podía escuchar con más precisión. A pocos metros de la puerta, escuchó la inconfundible voz de James Potter, no sabía cómo había llegado allí, ¿era la rata o el perro?
Todo ocurrió como a cámara lenta, él mirando por la rendija de la puerta que no estaba completamente cerrada, Potter parecía estar sujetando a su amigo, que lucía realmente mal, ante la atenta mirada de una rata y un perro. Aquello no tenía sentido, pero no le dio tiempo a cuestionarse nada más, quedó conectado con los ojos miel de Lupin, y ante su asombro vio como el muchacho comenzaba a convulsionar perdiendo poco a poco su aspecto humano mientras con una voz completamente animal gritó su nombre.
—Snape.—Jamás su nombre le dio tanto miedo, aquello fue dicho como un ataque, como un cazador a su presa.
Severus estaba completamente paralizado, y no se percató de la cara de espanto de James Potter, este salió corriendo hacia él, no lograba entender lo que decía atrapado en la mirada asesina de Lupin.
—Corre, Snape—logró entender cuando el de gafas colisionó contra él, el enorme perro negro estaba frente a lo que quedaba de Lupin gruñendo y enseñando sus colmillos, pero aquel ser medio bestia que estaba tomando a Lupin estaba enfocado en él.
Severus se dio cuenta de lo mortal de su situación cuando el cuerpo de Potter chocó contra el suyo agarrándolo para que saliera corriendo de aquella casa.
—Vamos imbécil, corre—le suplicó este.
Y ya no pudo hacer otra cosa, Severus corría todo lo que sus piernas le daban, sabiendo que la bestia iba a darle caza y comérselo allí mismo.
Una única mirada hacia atrás, eso fue lo que se permitió, y lo que vio lo dejó horrorizado y maravillado a la vez.
Ya no existía Lupin por ninguna parte, una enorme bestia gris, un hombre lobo, salía rompiendo la puerta de la habitación. Sus ojos desquiciados, la saliva cayendo de su hocico relamiéndose al saber que hincaría el diente sobre su presa.
Y por otro lado, James Potter convirtiéndose en un majestuoso ciervo con una enorme cornamenta que envistió contra el que fuera su amigo, a la espalda el enorme perro negro se lanzaba contra la bestia desde atrás.
Severus no miraría atrás, no hasta que salió del pasadizo a los pies del Sauce boxeador, hasta que pisó el suelo del colegio, pero antes de entrar sintió como era jalado del brazo. La vida le pasó por sus ojos, una vida miserable, su triste madre, su colérico padre, los insultos que había recibido toda su vida, una maravillosa pelirroja sonriéndole y unos ojos grises profundos.
—Severus, espera.—Era él, el dueño de los ojos grises.
Severus no podía dejar de temblar, su cuerpo no respondía, su lengua no respondía, estaba dominando por el pánico, y lo que menos podía imaginar, es que sería arropado por los brazos de Black.
—Ya está, ya pasó, nadie va a hacerte daño—le susurraba el moreno con sus labios enterrados en su pelo.
Severus se dejaba mecer por sus brazos, se dejaba consolar y expulsar todo el miedo que había en su cuerpo.
—Sirius—fue lo único que podía decir. No era más que un pequeño susurro que dejaban escapar sus labios—.Sirius.
El moreno le mantenía cobijado bajo sus brazos mientras le hacía caminar, cuando fue consciente que le estaba llevando a un lugar intransitado, un aula vacía.
Severus aún estaba en shock, tanto como para no oponer resistencia al mayor de los Black que le seguía abrazando.
Y él no quería salir de esos brazos, eran un lugar seguro, aún podía ver los ojos rojos del lobo que estaba dispuesto a devorarlo.
Un líquido caliente le cayó en el rostro, sacándolo de su letargo. Alzó los ojos y vio como el moreno estaba sangrando, tenía un horrible arañazo en su cuello.
La sangre le hizo reaccionar, Black estaba herido, Black había enfrentado a su amigo, Potter también, aquello era de locos. Remus Lupin, un mismísimo hombre lobo en Hogwarts.
—¿Cómo es posible que esté pasando esto?—se preguntó más para sí mismo que para que el Gryffindor le contestara.
—Lo siento, Severus—le dijo en baja voz—.Jamás pensé que tomaras en serio mis palabras, no soportaría que él te hubiera herido, no era mi intención.
Aún seguían abrazados, pero Severus poco a poco se iba desligando de él, consciente de todo lo que aquello suponía.
—¿Cómo puede haber un hombre lobo en Hogwarts?—EL horror se reflejaba en su cara desencajada—¿Cómo podéis estar protegiendo a una bestia así?
La hasta entonces triste cara de Sirius Black se tornó en un rostro duro, aunque sus brazos no se atrevían a soltarle.
—Remus es la mejor persona que he conocido nunca.—Aquello sonó a sentencia, nada que objetar podría decir Severus, pero aún así no podía permanecer callado.
—Aquello que protegéis es un Hombre Lobo, es que sois estúpidos, un hombre lobo en Hogwarts.—Severus no podía aceptar aquello.—Tengo que hablar con Dumbledore.
—Él lo sabe—dijo soltándolo el ojigris—.Jamás hubiera entrado si Dumbledore no hubiera dispuesto todo para la seguridad de Remus y los alumnos.
—No puedo creerlo—dijo saliendo completamente de su estupor—.Mientes.
Corriendo abandonó el aula vacía, aquello era una total locura, un hombre lobo en Hogwarts, aquellas criaturas eran peligrosas, el Ministerio no las aceptaba dentro de la Comunidad Mágica y tenía claro el motivo, era imposible que el Director de la escuela más importante de Reino Unido estuviera incumpliendo tan abiertamente una Ley.
Escuchó pasos tras de sí, Black le perseguía, no le estaba intentando detener. No iba a cejar en su intento de hablar con el Director.
Como si pudiera leerles las mentes el director salía de su despacho, muchas veces pensaba que ese viejo de aspecto chiflado ocultaba mucho más tras de sí, un poder mucho mayor del que su simple apariencia reflejaba.
—Buenas noches, caballeros.
—Profesor Dumbledore, necesito hablar con usted—dijo antes de perder la oportunidad.
—Claro, muchacho, adelante.
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Aquello se les había escapado completamente de las manos, sólo de imaginar que Snape hubiera podido ser atacado por Remus le retorció las entrañas, todo por su culpa, los había expuesto a todos y casi mata al Slytherin.
La clara mirada del profesor Dumbledore parecía como si le pudiera leer el alma, él sabía perfectamente de la maldición de Remus, él había hecho posible que hubiera podido asistir a Hogwarts y ahora sentía cómo le decepcionaba al haberlos expuestos a todos.
—Profesor Dumbledore—volvía la firme voz de Snape—.Remus Lupin es un licántropo.
Dumbledore no dijo nada, sin embargo se movió hasta su escritorio y recogió un cuenco de la mesa.
—¿Un caramelo de limón?—Aquello los descolocó a ambos, Sirius luchaba contra la ansiedad de haber expuesto a sus amigos, y Snape sencillamente bufó ante la idea.
Es cierto que el Director de Hogwarts a veces era una persona tremendamente peculiar.
—Bien, bien.—El anciano se llevó uno de ellos a la boca—.Severus, muchacho, al parecer has descubierto la naturaleza del señor Lupin, y por lo que parece, en el peor momento posible de éste.
—¿Usted está al tanto?—El pelinegro parecía absolutamente sorprendido—¿Ha dejado entrar a una criatura tan peligrosa en un colegio lleno de niños?
—Eso no es cierto...—replicó Sirius al instante.
—Me temo que esta noche no vamos a poder resolver nada—dijo sencillamente el profesor, en su voz había un dejo de cansancio, aquella situación no parecía gustarle nada—.Para poder hablar de ello necesitamos a todas las partes y por lo que veo, algunas de las partes están gravemente heridas.
Su mirada azul cielo se posó en Sirius, el moreno no entendía bien lo que aquello implicaba hasta que notó como el dolor y el agotamiento le llegaban.
—Señor Snape, por favor acompañe al Señor Black a la enfermería—dijo Dumbledore—.Mañana continuaremos con el tema.
Podía notar como el ojinegro seguía en un estado de shock, Dumbledore era consciente de todo, y además le despachaba para el día siguiente, tenía que llevar a Sirius a la enfermería cuando podía verse a la legua que era él el que se sentía la víctima allí.
Sirius notaba cómo se iba debilitando, sentía la sangre caerle por el cuello de la camisa y el pecho adolorido.
Ya no estaban más en el despacho de Dumbledore, estaba por los pasillos dirección la enfermería acompañado por el pelinegro, en silencio, tenso y culpable pero algo ausente por el dolor físico que estaba sintiendo.
—Severus—salió aquello casi como un gemido.
El Slytherin lo miró con rencor, estaba tremendamente furioso. Pero algo cambió en su mirada cuando Sirius fue cayendo hacia el suelo lentamente.
Sus brazos le tomaron rápidamente, Sirius no tenía fuerza para mantenerse, pero aún así pudo sentir su cercanía y su olor, cómo le estrechaba para mantenerse. El pelinegro nunca le había tendido su mano, salvo en aquellas clases de apoyo de pociones y siempre en el modo distante del Slytherin.
No quería engañarse, sabía que en estos momentos le detestaba, a él y a sus amigos, incluso más de lo que en aquellos años había demostrado. Pero su cercanía le aliviaba, tenerle cerca era algo que durante aquellas semanas habían anhelado.
Pero su cuerpo le resultaba pesado, y la consciencia se le escapaba por momentos.
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Severus no podía estar más irritado, sabía que tras esa insistencia en que acompañara a Black a la enfermería había intenciones ocultas, era reacio a ir, pero cuando el moreno se desmayó en sus brazos, no tuvo más remedio que hacer lo que le habían ordenado.
Tenerlo en sus brazos inconsciente le hizo tener sentimientos encontrados, él no debía preocuparse por el Gryffindor que le había hecho correr hasta los brazos de una dolorosísima posible muerte. Pero entre sus brazos, vulnerable, sintió un estúpido instinto de protección, vulnerable y herido, Severus se supo mucho más afectado de lo que hasta el momento había sospechado.
Resignado y conmovido, les llevó a ambos hasta la enfermería, queriendo desentenderse de ese sentimiento que le inundaba. Pero estaba claro, que sus deseos, como siempre no iban a ser satisfecho, debería haberlo imaginado. La señora Pomfrey no le dejó escapar de la enfermería, haciéndole tomar una cama junto a Black.
No se había equivocado en que Dumbledore había tramado aquello para retenerlo por unas horas, aquella estratagema solo haría que él pudiera estar aislado del resto del colegio para que no contara el secreto del licántropo. Tenía que hablar con Malfoy y contarle lo que había averiguado, pero una punzada de culpa le atizó cuando miró a la cama colindante y supo que a él también lo expondría.
¿Realmente debía importarle?
La madrugada se iba adentrado pero Severus no podía dormir dándole vueltas al tema, sin poder apartar sus ojos del moreno dormido.
No estaba en su naturaleza sentir nada por los demás, "mentira" dijo su conciencia "tu amas a Lily", ella era su única excepción, él si sentía todo lo que a ella pudiera sucederle, pero ¿Black? Del amor al odio solo hay un paso, había leído, ¿estaba dispuesto a andarlo por el moreno?
En la inconsciencia de éste, se permitió un único momento de debilidad, y mirándolo, suspiró derrotado, su largo cabello se arremolinaba al rededor de su rostro, parecía que estaba tomando color tras la poción reconstituyente de sangre que le habían dado. Era hermoso, irresistiblemente hermoso, y deseaba ver sus intensos ojos grises mirándolo con ese fuego que le incendiaba, pero sus párpados estaban cerrados en un sueño reparador.
Sólo una vez, se dijo, sólo por esta vez. Y bajando su rostro, posó sus labios sobre los del dormido Black, aquel roce le hizo sentir un cosquilleo por todo su cuerpo, incendiándose en sus labios.
Sus ojos cerrados no podían ver como unas largas pestañas negras se habían abierto aún somnolientas.
Tras un segundo de debilidad, Severus se separó y quedó consternado a verle despierto. El moreno estaba débil, pero aún así se incorporó sobre sus codos, y le tomó de las manos.
No hubo palabras, el suave tirón que le dio hizo que volvieran a estar pegados por sus labios de una manera suave; Black le introdujo una dubitativa lengua dentro de sus labios, y no tardó en obtener una respuesta de la suya, parecía ser el agua que había estado necesitando para aplacar la sed que no sabía haber sufrido.
Sabía lo que pasaba cuando se dejaba vencer por lo que sentía por el moreno, no podía dominar lo que su cuerpo ansiaba, y en poco tiempo ellos estaban abrazados volviendo su beso mucho más ávido.
Se estaba dejando llevar, en la oscuridad de ese momento no encontraba ningún motivo para parar aquello, sentado sobre la cama que ocupaba el moreno, abrazado a él, introduciendo sus dedos por su pelo a la vez que sentía unos cálidos dedos acariciar su piel y pegarlo a sí. Más cerca, más contacto. Aquello era una locura, pero tan deliciosa que Severus no podía frenar.
Pero la interrupción fue hecha, un quejido del moreno les hizo separarse, aún herido en el cuello.
Tomó aire, aunque su ojos habían tomado la consistencia del hielo derretido, intentó enfocarlos, Sirius aún lo tenía tomado de la cintura, y con su otra mano acunaba su rostro. Sus labios hinchados y rosados eran pura tentación.
—Severus—le susurró, como quien susurra al deseo. Sin arrogancia, sin burla, solo necesidad. Le necesitaba, le quería, a él.
Sin poder engañarse, el sentimiento era mutuo, y dejar salir su propia verdad a la luz le ahogó y le llenó a partes iguales.
Pero sus momentos no duraban mucho, la puerta se abrió y él se levantó de la cama.
—Señor Black—dijo la enfermera—¡Qué bueno verle despierto!
El moreno seguía observando a Severus sin hacer caso a la enfermera pero no tuvo más remedio cuando esta se acercó tapándole la visión al pelinegro. No podía apartar la mirada, pero solo podía ver la espalda de la enfermera.
—Está bien que haya recuperado la consciencia, pero sanará antes si duerme señor Black.— Aquello no era una sugerencia, el moreno dormiría por todo lo que quedaba de noche. Y en el fondo Severus sabía que era lo mejor para ambos.
Se había dejado llevar por un arrebato, nada propio en él. Sabiendo que no podía abandonar la enfermería, agradeció la interrupción, con suerte Black olvidaría lo que ambos habían hecho en mitad de ese sueño inducido.
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Sirius despertó desorientado, hasta que pudo enfocar bien dónde se encontraba, en cuanto se ubicó los recuerdos de la noche pasado se fueron agolpando en su mente uno detrás de otro. A cada cual más importante, el corazón se le encogió cuando recordó los suaves labios del pelinegro.
Maravillado por el recuerdo se llevó los dedos a los labios, esperando quizás que se le hubieran quedado grabados.
A su lado no había nadie, por lo que Snape seguramente estuviera en clase ya. Intentó incorporarse pero cuando estaba a punto de hacerlo escuchó un grito de la Señora Pomfrey.
—Nada de eso, aún es pronto para dejar la cama—dijo sin opción a réplica. Sirius frustrado quiso rebatir pero no llegó a despegar los labios cuando vio aparecer a Peter y James cargando de un maltrecho Remus. Pocos pasos detrás aparecía la negra figura de Snape escoltado por el profesor Dumbledore.
Sirius respiró hondo, no pudo no buscar la mirada del pelinegro. Necesitaba contactar, comprobar que lo que había ocurrido no era un sueño, que todo estaba bien. Pero no encontró ningún tipo de reconocimiento, sólo un gélido muro negro en sus ojos. Se le notaba claramente molesto e incómodo allí, sus hombros, sus puños cerrados. Quería levantarse y abrazarle, tranquilizarle. Pero un murmullo bajo y ronco salió de los labios de su amigo ojimiel.
—Lo siento, Snape.—Remus no parecía estar del todo consciente aún, a veces si la transformación había sido dura el castaño tardaba días en recuperarse.
La culpabilidad le recorrió todo su ser, él era el culpable de aquella situación, del estado de abatimiento total de su "hermano" y de haber puesto en peligro a Snape.
—Toda la culpa es mía—dijo levantándose, no podía estar en la cama en ese momento—.Lo siento, amigo—dijo dirigiéndose al castaño. Encarando al azabache, tragó antes de hablar—.Severus cometí un estúpido error, Remus es una de las mejores personas que he conocido nunca, nosotros pasamos su transformación juntos, él no es ningún peligro.—La mirada del chico era de desconcierto—.Te pido mi más sinceras disculpas por todo, todo, lo que ha pasado.
Nadie dijo nada, todos aguardaban en silencio la reacción del Slytherin, pero este tampoco dijo nada, seguía igual de tenso que antes.
—Señor Snape, espero que entienda la delicada situación de su compañero.—Sirius no podía dejar de mirar al chico, de su reacción dependía en parte el futuro de su amigo, no quería tener que elegir entre ninguno de los dos, pues dentro de su corazón sabía qué decisión tomaría finalmente.
De momento la expresión de Snape era neutral, estaba claro que estaba protegiendo cualquier tipo de sentimiento que tuviera en el momento.
—Le puedo asegurar que el señor Lupin no es una amenaza para nadie—la ceja de Snape se levantó hasta casi desaparecer entre su pelo—salvo para sí mismo—añadió Dumbledore.
El rostro del Slytherin se fue volviendo más sombrío, Sirius sabía que su amigo era inofensivo, y salvo esas noches de luna llena, en las que habían hechizado la Casa de los Gritos para que el lobo no pudiera escapar, no había más peligro. El fallo fue suyo cuando le habló a Snape del Sauce, no pensó que hilaría cabos y se presentaría allí, toda la culpa era suya, y por el rostro del pelinegro, sabía que este se estaba sintiendo profundamente herido. Y en esta ocasión, mal que le pesara, Remus sí había sido un peligro, un peligro mortal para él.
—Es decir, ¿Nada va a cambiar?— la voz de Snape no era más que un susurro, pero tan lleno de rabia que le puso a Sirius los pelos de punta.—Podría haber muerto en aquella casa, y nada se hubiera hecho porque "Él" no es peligroso.
—Estamos llevando las cosas más allá de lo que ha sucedido, no hay que dramatizar—en esos momentos los labios del Slytherin eran dos blancas líneas de lo fuerte que los estaba apretando.—Además el Señor Potter actuó con celeridad y le protegió—el aludido no mostraba un gran aspecto, todo lleno de arañazos y con visibles ojeras.
—Bien, puesto que todos hemos entendido que esto ha sido tan solo un desafortunado accidente, tenemos que pedirle Señor Snape que guarde el secreto del Señor Lupin— Ahora sus suaves labios se habían quedado abiertos de par en par, estaba perplejo y a Sirius le costaba estarse quieto mirándole en ese estado. Pero sabía que sólo complicaría más la situación para todos.
—Ya veo—dijo con toda la rabia que un cuerpo podía contener.
—Siento que tengamos que llevar este procedimiento a cabo, pero es un tema peliagudo.—El profesor sacó pergamino y pluma y lo hizo levitar delante de Snape.
Aquello era algo más que una promesa, aquello era un contrato de confidencialidad. No podía mirar más al pelinegro le dolía verle tan desprotegido pero era de su amigo de quien estaban hablando y sin poderlo evitar se sintió un traidor, hiciera lo que hiciera sintiera lo que sintiera traicionaría uno de sus seres queridos.
Sin poder mirarle a los ojos, notó como el Slytherin abandonaba la enfermería y su corazón se rompía.
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Era sábado y el tiempo empezaba a ser realmente bueno, Severus estaba disfrutando de los rayos de sol que colaban entre los árboles de camino a Hogsmeade.
A sus espaldas iban el menor de los Black y Rosier, sabía que no iba a entablar conversación con ellos, seguía sumido en sus pensamientos desde hacía días.
Estaba claro que no todos eran iguales en aquel maldito colegio, siempre lo había intuido pero comprobarlo de la manera más directa posible dolía. Ahora sabía que para Dumbledore el cuarteto siempre estaría por delante de un alumno como él, y aunque en otro momento se hubiera conformado, no sería ni la primera ni la última vez que alguien lo despreciaba frente a otros. Ahora él pertenecía a algo, algo que iba contra lo que acababa de pesar en aquella enfermería.
Malfoy le había dicho que habría una reunión con el Lord a finales del mes próximo, ya no iban a ser unas charlas en una sucia taberna de Hogsmeade, aquello iba a ser algo mucho más serio. Hasta hacía unos días había pensado que quizás se estaba metiendo en algo demasiado oscuro, pero a día de hoy, sabía cual era su decisión, total y absolutamente.
Este era el último fin de semana que iban a poder salir de la escuela, los exámenes comenzarían a primeros de Junio y no podrían reunirse.
Incapaz de contar nada sobre Lupin a Malfoy, había intentado bordear la verdad, pero bien sabía que Dumbledore era un poderoso mago que no dejaría nada sin atar, y ató bien, tanto su lengua como su mano para que no pudiera revelar aquel secreto.
Aquellos estúpidos Gryffindor le tenían vigilado de lejos, siempre podía notar sus ojos sobre él, el lobo le miraba arrepentido, no, no era el peor de ellos en apariencia, pero aquel chico inofensivo era aún más peligroso que sus tres compañeros; uno no podía fiarse de las apariencias.
Potter lo miraba serio, no habían dicho nada sobre ello, pero Severus sabía suficiente de magia como para saber que le debía la vida y aquello no era algo con lo que quisiera vivir, de momento no había habido ningún reclamo de aquella deuda, pero no era estúpido, las deudas de vida se pagan, antes o después.
Y se negó a mirar a Black, aquello se había acabado, se arrepintió de aquel estúpido desliz en la enfermería, y el moreno no se atrevía a acercarse. Al menos era listo, le hubiera cruciado de haberlo intentado.
Malfoy le había pedido reunirse con él en Las tres escobas, solos, quería que le informara sobre su "misión", y lo encontró imponente caminando hacia él, realmente era un hombre apuesto y poderoso, y le miraba a él. Sentía no poder darle la información que había obtenido, realmente se sentía orgulloso de haberlo descubierto.
—Snape—le saludó con una inclinación de cabeza.
—Malfoy—saludó cortesmente.
Ambos se unieron y caminaron hacia Las tres escobas, el resto de Slytherin tomaron otro rumbo sabiendo que ellos no estaban invitados a esa reunión.
Vio como entraban los cuatro Gryffindor al local, y Malfoy notó su incomodidad.
—Demos mejor un paseo—le dijo amablemente.
Él sólo asintió, y cambiaron de rumbo en el último momento. Lo que él no se dio cuenta es de que Sirius los seguía con la mirada.
—¿Alguna noticia de nuestro pequeño león?—preguntó el mayor.
Severus quería contarle, sentía que aquello que había ocurrido en la enfermería había estado mal y quería su venganza. Pero su palabra esta sellada, tan solo negó con la cabeza cabizbajo.
—¿Te están volviendo a dar problemas?—le preguntó, no esperaba aquella pregunta.
—No, realmente ya no—reconoció—.He pasado al estatus de invisible.
Malfoy sonrió ante la afirmación que acaba de hacer, ¿realmente era invisible? Antes del episodio de la Casa de los Gritos podía sentirse ufano de haber descubierto su secreto sin que nadie le descubriera. Sus guardaespaldas le protegían en silencio, pero realmente no tenía relación con nadie tras perder a Lily. Bien pensando, Malfoy era la única persona con la que hablaba últimamente y le resultaba extrañamente cómodo el modo en el que siempre lo hacían. Podría decirse que él no era un gran conversador, pero el rubio siempre le tenía en consideración y pedía su opinión.
Una parte de él se sentía mal por no poder darle la información que le había solicitado, le hubiera gustado verle la cara que hubiera puesto al conocer el secreto del inocentón Gryffindor.
—Severus, ser invisible en muchos casos es una cualidad muy valiosa, sé que nuestro Lord lo sabrá valorar—le dijo cobijándolo bajo su brazo, el rubio gustaba de aproximarlo a sí, y él no encontraba incómodo el gesto.
Siguieron caminando y Malfoy no retiró su brazo de sus hombros, habían llegado caminando casi al mismo borde del pueblo, por aquella zona no había nada más que casas de vacaciones en las que aún no había nadie habitando.
Una suave mano del rubio se posó en su mejilla haciéndole levantar su rostro para enfrentar al mayor. Era realmente apuesto, y sin rastro de la arrogancia aristocrática que exhibía en público, además era sumamente agradable.
—Tú jamás serás invisible para mí—le dijo con voz ronca Malfoy. Severus notó sus mejillas arder, sobre todo en el punto en que sus fríos dedos hacían contacto con su piel.
Casi como acto reflejo buscó más contacto con su mano y se inclinó sobre ella. A los pocos segundos el rubio lo había aproximado totalmente a su cuerpo y a escasos centímetros pudo notar su cálido aliento.
Sus labios eran suaves y cálidos, si bien no pudo evitar comparar que no existía ese ardor que le abrasaba cuando era los de Black los que le besaban, era un beso que por otro lado sí le calmaba, le hacía sentir bien y seguro.
Un leve quejido le hizo abrir los ojos, aún unidos por sus labios, identificó a un enorme perro negro lloriqueando no muy lejos de donde ellos se encontraban.
Black, la sangre le hirvió, recordó los besos robados y aquel que voluntariamente le dio en la enfermería. Aquello iba a acabar.
Se abrazó del cuello del rubio mientras este le tomaba más fuertemente entre sus brazos, profundizó el beso convirtiéndose en uno mucho más necesitado.
Y Severus se olvidó de Sirius Black, en su mente ya no había cabida para él, nunca vio cómo el perro negro abandonaba el lugar al trote como si fuera perseguido por una horda de acromántulas.
