¡Hola! Como siempre, vengo a actualizar después de mil años. De verdad lo siento por eso. Pero decidí que lo último que quería hacer este año, era subir un capítulo de este fic xD Fue todo un record terminarlo antes de que acabe el año jajaja

De verdad fue difícil ponerme a escribir antes por culpa de la universidad, pero ya estoy de vacaciones así que ya no tengo excusa. Y el próximo año de verdad que me pongo las pilas! No prometo nada, lo único que se es que no abandonaré este fanfic aunque me lleve toda la vida en ello xD

Lo segundo… este capítulo me quedó, emmm raro. No sé, no me terminó de convencer del todo (pero más por la forma en que está escrito, que por el contenido en sí). Quizás quedó algo dramático xD Además, tenía miedo de seguir escribiendo, no quiero decepcionarlos. Sólo espero que les guste y recuerden que todas las críticas son super bienvenidas, me gustaría que me dijeran lo que no les gusta y todo eso, para poder mejorar.

En fin gracias a todos los que leen. Este capítulo va dedicado a cada una de esas personas que siguen mi historia, de verdad lo aprecio mucho! Y a Angie por su super bonus de complot, con el cual quedé loca y me dieron ganas de terminar esto ya xD

9- Adiós

Ryoma cerró rápidamente la puerta. No quería escuchar nada más. Cada palabra que salía de aquella boca le hería profundamente.

No quería asumirlo, pero Momoshiro había roto su promesa. Se sentía muy dolido, traicionado.

Muchas emociones lo invadían. Sentía mucha impotencia al pensar que Ann era la esposa, ella tenía todo el derecho. Ante los ojos del mundo, Momoshiro no le pertenecía.

Pero por el amor que a escondidas se profesaban, le dolía demasiado el que Momoshiro rompiera aquel pacto de amantes jamás dicho con palabras. Ryoma pensaba que desde hace un tiempo aquel matrimonio era sólo un empaque… mas se había equivocado.

Y aquel sentimiento de culpa que de vez en cuando le había asaltado, ahora se esfumaba por completo. La rabia y el dolor no daban cabida a nada más. Pensamientos egoístas inundaban su mente, pero ¿Quién era realmente el egoísta?

Ahora, con un niño en camino todo era distinto, Momoshiro era el padre. ¿Acaso sería Ryoma quién destrozaría una familia?

Estaba realmente confundido.

Al otro lado de la puerta, Momoshiro continuaba dudando. ¿Irse? ¿Insistir? Realmente no quería que esto acabara así.

Y ahí estaban los dos, separados tan solo por una puerta, cada uno en sus propios pensamientos, casi podían sentir los latidos del otro.

Momo apoyó su cabeza en la puerta. No podía quedarse allí para siempre.

-Ryoma- pronunció fuerte. El aludido levantó la cabeza, sorprendido y lentamente se acercó al punto de donde provenía la voz.

-Esto no acabará así- Volvió a hablar el mayor. Echizen apoyó ambas manos y su frente en la puerta. Le hubiera gustado sentir el cálido cuerpo de Momoshiro en lugar de esa fría barrera- No acabará así, Ryoma- susurró Momo.

El menor cerró los ojos imaginando aquellas manos que aprisionaban las suyas, aquellos ojos… aquellos labios.

-Momo…- Abrió los ojos y sin dudarlo mucho abrió la puerta ¿Qué rayos estaba haciendo? Sin embargo sólo se encontró el pasillo desierto.

Ryoma miró a ambos lados. ¡El ascensor! Corrió y presionó el botón, pero éste ya no regresaría. Demonios… las escaleras ¿Alcanzaría a llegar? No lo pensó demasiado y se dispuso a correr.

Ya en el primer piso y con la respiración agitada tampoco vio rastro de él.

-Él… Mo…Momoshiro…- Se acercó al conserje sujetándose un costado.

-¿mmm? ¿El Joven alto?- El muchacho lo miró casi con desesperación- Acaba de salir hace algunos minutos.

Escuchadas estas palabras Ryoma corrió hasta la salida. Lo último que alcanzó a ver fue el auto de Momoshiro doblando la esquina.

Intentó calmarse, aún con la respiración agitada. Había corrido hasta él, había cedido ¿Cuántas veces más tendría que perdonar?

Algunos días habían pasado. A pesar de las palabras que había dicho, Momoshiro no había tenido el valor de insistir, al menos no todavía.

Era un viernes por la tarde cuando aún seguía en la oficina. El teléfono sonó.

-¿Kippei Tachibana?

-Sí, insiste en verlo – Confirmó la secretaria

-Muy bien, que pase.

Esta inesperada visita no le agradó demasiado a Momoshiro ¿Qué podía ser tan importante para que el hermano de Ann viniera a verlo a su oficina? Realmente no quería pensar en ello.

Nervioso, aguardó hasta que Kippei Tachibana estuvo adentro. Amablemente le ofreció asiento.

-Momoshiro, tenemos que hablar- Esta vez Tachibana no se anduvo con rodeos- Acerca de ti y Echizen.

-¿Qué?

-Quiero que dejes de ver a Echizen.

-¿Qué demonios…? ¿Crees que puedes venir y decirme ese tipo de cosas? ¿Quién te crees para…?

-Hay algo que nunca te he dicho- lo interrumpió – Antes de que tú y Ann se casaran, tuve una conversación con Tezuka.

-¿Tezuka?

-Sí, necesitaba confirmar algunas cosas… algunas sospechas

-¿Sospechas… sobre mí?

-No fue mucho lo que Tezuka me dijo, pero parecía sorprendido de que fueras a casarte. Aunque no me lo dijo, yo sé que él sabía…

-¿Estuviste averiguando acerca de mí a mis espaldas?

-Era necesario…

-¡Y por qué no me preguntaste lo que querías saber!

Tachibana suspiró

-Quizás cometí un error… Por eso estoy aquí. Si no evité a tiempo que ustedes se casaran, al menos ahora debo velar por que no sigas dañando a mi hermana.

Momoshiro estaba muy sorprendido ¿Cuántas cosas más se habría estado guardando Kippei Tachibana todo este tiempo?

-Por eso… Por esa antigua relación que tuviste con Echizen… ¡Tienes que dejar de verlo!

-¡Si tuve algo con Echizen es cosa mía! ¡Tú no tienes nada que ver en esto!

-¡Por supuesto que tengo que ver!- ambos habían comenzado a gritar- ¡No puedo quedarme de brazos cruzados viendo como engañas a Ann!

Había sido bastante directo, el menor no supo bien cómo contestar.

-Yo… qué… ¡Qué estas diciendo!- reaccionó por fin- ¿Engañar a Ann?- fingía muy bien a pesar de que evitaba su mirada.

-¡Si no es eso entonces explícame porque las cosas están tan mal entre ustedes!

-Eso… ¡No es asunto tuyo! ¡Deja de meterte en nuestro matrimonio! Podrás ser el hermano, pero yo soy su esposo, lo que pase con nosotros no es de tu incumbencia.

-¡Si el esposo la tiene así de abandonada, a alguien tiene que recurrir! ¡Yo siempre estaré cuando ella me necesite!

Aquellas palabras habían calado hondo en Momoshiro… La tenía abandonada, tanto daño le estaba haciendo sin darse cuenta…

-Yo…- Comenzó, se veía bastante afectado- Yo tengo claras cuales son mis responsabilidades. Si tanto te molesta… dejaré de ver a Echizen- Tenía un nudo en la garganta, le dolía lo que estaba diciendo- Ya no necesitas preocuparte más, de Ann me hago cargo yo y ese niño estará orgulloso de su padre- sentenció fríamente.

-Bien- dijo Tachibana poco convencido- Espero que cumplas tu palabra.

Sin más, el ex capitán de Fudomine se retiró. Momoshiro volvió a sentarse, con el calor de la discusión se había levantado. De verdad ya había llegado el momento de tomar una decisión, ya no era un adolescente, no podía seguir fingiendo que esto duraría para siempre. Aquella conversación con Tachibana le había hecho ver que era hora de sentar cabeza. Ésta si que sería la decisión definitiva.

No esperó más. A pesar de la confusión, por una vez hizo caso a su razón.

Saliendo de la oficina, se dirigió al auto, tenía claro su destino. Por el camino evitó que todo tipo de dudas lo asaltaran, cerró su mente por completo a aquello que su corazón intentaba decirle.

Con decisión subió los ocho pisos hasta llegar al departamento de su amante. No sabía cuántas veces antes había hecho esto, pero esta vez ya nada le detendría.

Lentamente Ryoma abrió la puerta y lo hizo pasar.

-Pensé que te demorarías menos en aparecerte por aquí- dijo con su clásico tono de arrogancia. Se notaba que estaba molesto, quizás cuantos días llevaba esperando ver al mayor cruzar esa puerta. Pensar en eso hizo que fuera aún más doloroso.

-Ryoma- al tenista lo sorprendió el tono serio y distante con que dijo su nombre- he tomado una decisión.

Ryoma lo miró a los ojos y el mayor no pudo evitar aquellos iris color miel. Esto iba a ser más difícil de lo que parecía.

-Ryoma, sé…- esta vez su voz parecía algo afectada- Sé lo mal que lo has pasado por mi culpa… y sé… sé también que no te mereces todo aquello… por lo que has tenido que pasar- hablaba lentamente, le costaba articular las palabras.

Ninguno de los dos sabía bien lo que vendría a continuación.

- Ryoma, tú… mereces ser feliz- Ya apenas podía seguir hablando. Respiró hondo- Yo… esto… debe acabar- sentenció, Ryoma lo miró asustado- Sé que es repentino, pero yo… seguiré mi vida con Ann… y mi hijo.

Ryoma continuaba mirándolo, sin decir palabra alguna.

-¡Perdóname, por favor!- dijo al tiempo que hacía una reverencia. Continuó un rato inclinado, pero el otro seguía sin decir nada. Alzó la vista para mirarlo, pero el tenista le daba la espalda.

-Ryoma… De verdad espero que seas feliz- Ya apenas podía contenerse, su cuerpo y su voz temblaban. Por último, susurró- Yo nunca te olvidaré. Adiós… para siempre.

El joven tenista pudo escuchar la puerta cerrarse a sus espaldas.

Ya fuera del departamento, Momoshiro fue rápidamente al ascensor. Dentro, y lejos del alcance del menor, pudo liberar todas esas emociones reprimidas. Se llevó ambas manos al rostro, temblando, y en aquel silencioso cubículo lloró amargamente. No supo cuánto tiempo estuvo así, sollozando. Sólo supo que nunca en su vida había llorado de esa manera.