Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Akira Amano.

Narración.

—Dialogo

—Aclaraciones del narrador. —

(Intervenciones en la narración).

"Pensamientos o frases que se dijeron".

Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OCC. Una historia random con sus debidos momentos serios. (?)

Summary: Su hermana iba a concederle algo que nadie de su calaña se merecía: Tendría un año de libertad antes de asumir el liderazgo de su Famiglia. ¿El problema? Precisamente al único lugar al que se quiso largar para alejarse de la Mafia esta plagado hasta la medula por la estirpe más alta de mafiosos. Carajo, y ella que quería un año normal. [OC's x Personajes.]

Bajo el mismo techo.

Pasó como por quinceava vez la blanca toalla por su cabello mojado, era inútil ya que el trozo de tela estaba impregnado de humedad así que no podía continuar su labor. Suspiró, tratando inútilmente de concentrarse en algo; Michelle estaba incómoda en aquella sala de estar, usando una ropa que no le pertenecía ni a ella ni a la mujer llamada Nana, ¿sería de la hija de ésta? Tal vez. Sabía que no era de la dama de cabellos cortos porque sencillamente no era algo que una madre japonesa llevaría puesto. La Cacciatore vestía en ese momento una negra camiseta sin mangas, que a decir verdad le quedaba apretada en el área del busto, y un par de pantalones del mismo color. Dicho sea de paso que las prendas parecían decididas a asfixiarla.

¿Que cómo terminó en esa situación? Lo que sucedió fue que, apenas estando a media cuadra de la casa de Nana, una lluvia torrencial azotó; la adolescente no se lo pensó dos veces antes de refugiar a la mujer y los niños bajo su sombrilla, acción que terminó con una Michelle empapada de pies a cabeza. Si Nana antes estaba empeñada en llevarla a su hogar desde que se toparon en la zona comercial, luego de aquella pequeña acción la mujer estaba determinada a que entrara, y no cedió hasta que la adolescente se resignó accediendo quedarse hasta que la lluvia parase. Luego la señora se había ofrecido a lavar su ropa como agradecimiento, le preparó una ducha caliente y le había prestado aquellas ropas.

La mujer tenía una decisión tan grande refulgiendo en la mirada que la siciliana no le pudo decir 'no'.

Suspiró por enésima vez desde que se quedó abandonada en la sala de estar, Nana estaba en la cocina haciendo quién-sabe-qué y los niños estaban vistiéndose tras darse un baño. Michelle observó su bolso, agradeciendo que no estuviese mojado y sacó su celular; estaba casi segura de que Alessia la iba a matar si no le informaba qué demonios estaba haciendo, después de todo eran ya las siete de la noche y aún no regresaba al departamento. Le envió un mensaje fugaz, sin dar muchos detalles, pero con suficiente información para que la pelirroja se quedara quieta.

El sonido de la lluvia hacía eco dentro del hogar de Nana, junto con los gritos del niño vaca y los regaños del niño/a chino/a, que al parecer ya habían terminado lo suyo. Justo cuando Michelle pensó que se moriría de aburrimiento, la mujer de cortos cabellos apareció sosteniendo una bandeja con algunos dulces caseros; segundos después el trío de infantes corrió escaleras abajo, como si el aroma los hubiese llamado.

—¿Ara? —Nana observó preocupada la lluvia a través de la puerta de cristal que daba acceso al jardín lateral—, no parece que vaya a dejar de llover esta noche —observó, más para ella que para su invitada.

La adolescente de todas formas le dirigió la palabra.

—No se preocupe, puedo marcharme con este clima. No quiero ser una molestia.

Realmente no le importaba mojarse. Aunque aparentara ser una chica femenina la realidad es que a Michelle le daba lo mismo, tampoco es como si pudiera enfermarse fácilmente.

—¡Nada de eso! —Nana sonrió—, esta casa siempre tiene las puertas abiertas para las visitas. Además, hoy me ayudaste y quiero recompensarte.

—No hice nada en especial —trató de ser modesta, aunque sinceramente ni siquiera comprendía por qué le daban las gracias. No entendía la lógica de esa mujer ¿En qué, exactamente, la había ayudado? ¡No había hecho nada!

—Eso no es cierto —la mirada de la mujer se dulcificó—. Te preocupaste por alguien a quien nunca habías visto y te acercaste a ofrecerle una mano, eso no lo haría cualquiera.

—"Claro que sí. Un idiota lo haría, y una idiota lo hizo, de hecho".

Se abstuvo de decir algo puesto que no lo creyó conveniente.

Nana se sentó en el sillón frente a la extranjera, a su lado derecho I-pin regañaba a Lambo por monopolizar los dulces. La Sawada miró a la chica frente a ella, casi con ternura; si tan solo los colores de su cabello, ojos y piel fueran distintos, sería la hija que nunca tuvo. Ella era capaz de ver las cosas buenas dentro de la gente, sin importar cuan extraña fuese, por eso podía asegurar que aquella chica era, en el fondo, como el Dame de su hijo… pero no en el mal sentido, Nana adoraba Tsuna a pesar de todo. Si antes tenía dudas, solamente al ver el semblante confuso de la menor estas se disiparon.

La castaña menor se percató del escrutinio, sintiendo nuevamente esa rara sensación de confort cerca de esa mujer al observar sus grandes ojos castaños. Se preguntaba cómo era posible tener un sentimiento tan agradable viendo a otra persona a los ojos. Michelle normalmente sólo notaba los sentimientos negativos latentes de la gente, pero Nana era diferente; sí, como todos los seres humanos de seguro tenía sentimientos negativos, pero ninguno se reflejaba en su mirada. Eso era lo que la hacía sentir tan rara: los ojos de Nana. Sus ojos sencillamente le traían paz, le hacían sentir segura y a gusto, a pesar de que no le conociera de nada. Era como si te lanzara un embrujo.

Esa mujer debía tener llama del cielo, y una bastante pura.

Ambas se quedaron en silencio, examinando a la otra, mientras que los niños acaparaban los dulces. En el caso de Fuuta, este observaba de reojo a la invitada con cierta curiosidad.

—Me llamo Michelle —dijo la adolescente, rompiendo la extraña atmósfera.

Con todo lo que había pasado hasta ahora se le olvidó que nunca dijo su nombre.

—Un gusto en conocerte, Mi-chan —sonrió la señora Sawada—. Estos son Lambo, Fuuta e I-pin —señaló a cada uno al tiempo que decía su nombre correspondiente.

Los mencionados dejaron de discutir por las galletas y prestaron atención a la charla.

—Encantada —I-pin hizo una reverencia.

Se notaba que era educada.

—¡Inclínate ante el gran Lambo-sama, gyahahah! —exigió el niño de afro mientras se erguía arrogantemente.

Lo ignoró, tal como hizo el resto.

Fuuta saludó con un asentimiento, aún observándola con sus grandes ojos. ¿Qué tanto está mirando? Se preguntó curiosa la heredera mafiosa. Luego de un rato el niño sonrió y de la nada le llamó 'aneue', que si Michelle no se equivocaba era una forma respetuosa de decir "hermana mayor" en japonés.

—Oh —Nana se puso de pie al escuchar sonar su pequeña alarma de cocina. Aquello significaba que se requería su presencia para culminar la cena—, debo ausentarme un rato —se excusó.

—No se preocupe.

Apenas la figura de la Sawada se perdió en la cocina, los tres niños y la adolescente se quedaron sumidos en silencio.

—Agh, esta lluvia es horrible. Encima con el frio que hace —Tsuna no podía evitar quejarse del mal clima mientras infructíferamente trataba de encontrar su estúpida llave.

Su día no había sido el mejor de todos, aunque tampoco era el más desastroso en su historial.

La noche anterior tuvo que quedarse con Enma, ya que para cuando acabó de contarle todas las veces que Reborn le había convertido en el foco de su retorcida diversión al hacerle andar semidesnudo por Namimori, eran las tres de la mañana. El dame-dúo se quedó dormido, lo que les costó una paliza por parte de Adelheid por holgazanes y un interrogatorio del cual no se pudieron escaquear hasta que le contaron la razón por la que Enma regresó a casa sin pantalones. Tras librarse del interrogatorio tuvieron que ir en búsqueda de Gokudera, puesto que a Tsuna se le había olvidado completamente su mano derecha y quería asegurarse de que Shitt-P! no violó a su Guardián. En el camino los persiguió una horda de perros callejeros, se encontraron con unos matones, los pantalones de Enma volvieron a romperse y ya pasado todo eso fue que al Décimo se le ocurrió llamar a su autoproclamada mano derecha, que confirmó que estaba bien y casto.

Y como si las cosas no pudieran ser peor, una lluvia de los mil demonios les cayó encima.

Dada su tragicómica experiencia, ambos Capos decidieron que el Shimon pasaría la noche en casa de los Sawada, puesto que ni de chiste volverían con la bestia, es decir, Adelheid.

—Seamos positivos, al menos no estás en ropa interior.

Si Enma intentó ser gracioso, fracasó épicamente. Por supuesto que el pelirrojo no esperaba lograr algo con su comentario, era pésimo expresándose y en lo que a escoger palabras en el momento correcto se refiere… y en varias cosas más, pero sobre todo en ese par.

Al final, y por suerte divina, Tsuna encontró su llave; el Vongola la insertó e hizo girar la cerradura casi jurando escuchar un coro celestial tras él, mientras Enma lo miraba con pena. Entraron en la residencia Sawada empapados hasta el punto en que inevitablemente chorreaban el líquido vital con cada movimiento, por más pequeño que fuera.

—Ya vol– ¿…?

Enma observó el confundido semblante de su amigo, que se quedó observando los pares de zapatos en escalón de la entrada; como él no vivía allí, no entendía qué era lo que Tsuna veía con tanto interés. Si hubiera preguntado, el castaño inmediatamente le habría contestado que había un par de zapatos que no eran de su madre ni de Bianchi, porque eran muy pequeños para serlo.

"¿Tenemos visita?"

Ingenuamente quiso pensar que se trataba Kyoko Sasagawa, pero desechó aquella idea casi al instante; lo normal a esas alturas de su vida es que se tratara de su stalker, es decir, Haru.

—Tsuna-kun —el llamado de Enma sacó al castaño de su ensoñación—, ¿sucede algo?.

—N-no… bueno, eso creo —admitió el cielo con cierto nerviosismo—. ¿Recuerdas a Haru?

El Shimon tuvo que buscar muy a fondo en su memoria, incluso entrecerró los ojos, sin perder su habitual inexpresividad facial, para concentrarse mejor. ¿Haru? El nombre no le sonaba de nada.

—S-supongo que no la recuerdas —sentenció el Décimo al ver la expresión de Enma, que a cualquiera que no lo conociera le daría grima verla, pero a él se le hacía adorable. Tsuna era otaku de closet después de todo, era normal que pudiera encontrar moe las expresiones de su amigo; aunque el que Enma fuera Yangire era un hecho altamente peligroso, pero al menos no era Yandere.

—Ah, la chica vegetal —reaccionó el pelirrojo tras un largo rato de análisis.

"No lo culpo por recordarla de esa forma tan peculiar…" s-sí, bueno, creo que está de visita —le comentó—. Espero no te moleste.

El pelirrojo frunció ligeramente el ceño, pero luego negó para tranquilizar a su amigo. No era muy bueno tratando con mujeres, como ya le había dejado claro a Tsuna la noche anterior, pero podía hacer un esfuerzo por tratar de convivir con ellas. De todas formas últimamente las mujeres aparecían en su vida como plaga desde que Michelle llegó al curso, aunque era muchísimo más fácil tratar con las nuevas y Chrome que con Sasagawa y Kurokawa; las primeras lo dejaban en paz si no quería hablar, a diferencia de las últimas que insistían o le criticaban (Hana) por su comportamiento tan aislado.

Ambos se adentraron en la casa intentando no hacer mucho desastre, sin embargo se vieron obligados a detenerse cuando apareció ante ellos una escena que no se esperaban. Dicho sea de paso, una escena por demás bizarra.

—¡Es tu fin, bruja malvada! —exclamó Lambo en lo alto del sofá, riendo tan odiosamente como sólo él podía.

La 'bruja malvada', que no era otra que Michelle (los Capos la reconocieron aún de espaldas), alzó su pecho y rió arrogantemente, cual villana de Manga Shojo.

—¿Bruja malvada? ¿Yo? ¡Keh, mocoso! ¡Ya verás! —señaló al niño vaca con el índice, exagerando el tono ofendido en sus palabras para que se entendiera que estaba actuando.

¿Cómo llegaron a aquello? Sencillo, se aburrieron mientras Nana estaba en la cocina y Lambo declaró que quería jugar al súper héroe. Tras un '¿por qué no?' general, terminaron donde estamos ahora.

—¡Lambo-sama nunca te perdonará por lo que hiciste! —Juró el niño vaca—. ¡Usurpaste los dulces de uva del Gran Lambo-sama!

—Lambo, seguir el guión —regañó I-pin en un susurro, quien estaba tirada en el suelo fingiendo estar muerta.

—Y también mataste a mi fiel compañera, I-pin —dijo con fastidio el niño, para luego retomar el dialogo con entusiasmo—: ¡Lambo-sama te castigará en el nombre de los dulces!

La adolescente emitió una risa malvada, digna de una bruja. Cerró los ojos en su papel de villana y se giró, confiada que podría detener un ataque del 'héroe', mientras recitaba su parte del guión escrito por Fuuta en quién-sabe-qué-momento:

—¿Ah, sí? —Abrió sus orbes azulinas—, ¡entonces ven por mí, ena…! —La reacción al ver a Tsuna y Enma de pie tras ella, con la boca abierta y la mirada incrédula, fue inmediata—: ¡HYAAAAA! —Apuntó al castaño por inercia—. ¡¿T-Tsuna?!

—¿Tsuna-nii? —Fuuta dejó su papel de 'rehén de la bruja' y también se giró en dirección al castaño.

—¿Dame-Tsuna? —Lambo también se salió de su papel, lástima que ya había saltado del sofá para 'atacar a la bruja' por lo que se golpeó contra el duro suelo.

Reacción de Tsuna en 3… 2… 1

—¡¿Michelle-san?!

Kozato instintivamente se escondió tras el castaño cuando le escuchó gritar, ¿la razón? Bueno, pantalones rotos es igual a Enma en calzoncillos.

—¡¿Qué haces aquí?! —preguntaron los tres adolescentes al unísono.

—¡Esta es mi casa! —aclaró el Décimo.

"No me jodas" —la pequeña Donna maldijo su suerte en su fuero interno—. "Ya sé por qué algo me parecía raro. Entonces ese niño es Ranking Fuuta, Lambo es el heredero de la Famiglia Bovino y Guardián del Trueno Vongola, e I-pin es la aprendiz del ex Arcobaleno de la Tormenta… no, espera, ese no es el verdadero problema aquí. ¡Estoy en la casa del Décimo Vongola! ¡EN SU CASA! ¡CARAJO!"

Que el ex Arcobaleno del Sol no se le hubiese aparecido todavía era un autentico milagro.

Nana salió de la cocina en ese preciso instante, iba avisar que la cena se encontraba lista cuando notó a su invitada especial, a su hijo, y al mejor amigo de su hijo, mirándose como si acabaran de ver a un fantasma.

—¿Ara? ¿Se conocen? —preguntó con toda la ingenuidad del mundo.

Tsuna tragó sonoramente. Aún no se explicaba qué hacía Michelle en su hogar, pero supuso que tendría que ver con su madre; no es que le molestara tener a la chica en su casa, pero no era el mejor momento teniendo en cuenta que Enma estaba posiblemente muriendo de la vergüenza escondido tras él.

—S-somos compañeros de clase, mamá —explicó.

Michelle reaccionó en el momento que la mirada castaña de Nana se posó sobre ella. Tsuna observó entre sorprendido y extrañado como la extranjera se sonrojó, pero también le pareció lindo; eran raras las ocasiones que Tsunayoshi la había visto sonrojada, y por lo general Yamamoto con sus comentarios jodidamente honestos eran los causantes.

—Llegué hace poco a la ciudad, pero Tsuna ha sido muy amable conmigo, Nana-san —declaró la Cacciatore mientras asentía.

—¡Que sorpresa! —Sonrió inocente la señora Sawada—. Pues me alegra que se lleven bien, eso sólo hará más fácil las cosas.

La Súper Intuición made in Vongola hizo que en la cabeza de Tsuna se disparara una alarma.

—¿A qué te refieres? —preguntó con recelo.

—Oh, sí. Verás Tsu-kun, Mi-chan me ayudó hoy —la mayor comenzó a relatarle su propia versión de cómo 'heroicamente' la castaña le había dado una mano con su paraguas hasta la situación actual—, por eso como agradecimiento le invité a cenar.

"¿Cuándo lo hizo? Porque que yo sepa solamente me arrastró hasta acá" —pensó la extranjera con una gotita resbalándole por la sien.

—Le ofrecí quedarse hasta que la lluvia cesara, pero parece que no va a dejar de llover hasta mañana —continuó Nana, mientras su sonrisa se ampliaba.

"No me está gustando como se está tornando esto…" —pensaron los tres Capos al unísono.

—¡Así que he decidido que se quedará a dormir esta noche! —sentenció chocando sus palmas.

El cerebro de Michelle lo procesó rápidamente, mas tuvo una reacción tardía en lo que algunas palabras se repetían en su mente: Quedarse a dormir. Ella. Residencia Sawada. Tsuna. Enma. Reborn.

—¿¡Qué?! —nuevamente los Capos parecieron estar sincronizados, puesto que el grito fue en conjunto.

—¿Enma-kun se quedará también, cierto? —inquirió Nana sin notar lo tensos que se habían puesto los chicos repentinamente—. ¡Entonces los tres tendrán una pijamada! —exclamó sin siquiera dejar al pelirrojo contestar—. Oh, estoy emocionada —entonces recién se dio cuenta que Kozato y su hijo estaban mojados a más no poder—. Iré a preparar el baño. ~

Nana desapareció tarareando una canción mientras subía las escaleras al segundo piso.

La expresión de los mayores era todo un poema desde la perspectiva de los infantes.

"¡Dijo que lo decidió! ¡¿Ósea que mi opinión no cuenta?! No es que me moleste, pero… ¡Nana-sama, recapacite! ¡Podría violar a su hijo y al mejor amigo de éste!" —este y más lamentos se filtraron en la mente de la Donna mafiosa.

Superada (a medias) la sorpresiva decisión de su madre, Tsuna agradeció al dios de turno que ni Bianchi o Reborn aparecieran en casa esa noche. Sin embargo, se lamentó el hecho de que su madre se empeñara en hacer a los tres adolescentes dormir en la habitación del Décimo Vongola ¿Qué madre en su sano juicio deja a dos chicos y una chica pasar la noche juntos? No es que fueran hacerle algo, ellos eran especialmente inútiles, torpes, densos e inocentes, pero no dejaba de ser incomodo, especialmente para Enma.

—Está será una noche terriblemente incomoda —suspiró Tsuna mientras terminaba de arreglar los tres futones en el suelo. Su amigo pelirrojo asintió, teniendo deseos de acariciar a Natsu para calmarse y lamentándose el no poder hacerlo; Tsuna le había dicho que por nada del mundo Michelle debía enterarse de la existencia del felino. Lo último que el castaño quería era meterla en problemas de mafiosos a ella también o a las demás chicas que se habían sumado a su vida.

Con Kyoko y Haru ya había suficientes problemas, gracias.

Mientras acababa de alistar todo, no pudo evitar divagar sobre el comportamiento de su compañera de clase; hoy había sido diferente. Recordó vagamente la cena y el comportamiento de la extranjera junto a su madre y los niños, se veía vivaz y muy enérgica. Ahora entendió cuál era la diferencia que existía entre la Michelle de la escuela y la real: mientras que en Namimori Chu se portaba cordial con todos sus compañeros de clase y se soltaba ocasionalmente al hablar con Tsuna y los demás, hoy la había visto moverse por todas partes, conversar, gesticular exageradamente, reír y hacer bromas a los niños cada que tenía la oportunidad.

Tsuna comprendió que Michelle no era un personaje tipo Ojou-sama, todo lo contrario: Michelle era un personaje tipo Heroína. Y aunque ambas apariencias le iban bien, la segunda extrañamente la hacía más atractiva. No le extrañaba que Fuuta tuviera tanto interés en ella, porque incluso él notó eso.

—No es como si yo hubiera elegido quedarme en tu casa, Tsunayoshi.

La voz de la dueña de sus pensamientos lo sobre saltó, bueno, a Enma también, pero el castaño fue el único que gritó como niña.

En el umbral de la puerta se encontraba Michelle, con un camisón negro de tirantes que seguro era de Bianchi. La prenda estaba ajustada en la parte del busto con un listón y caía suelta con gracia, el Décimo agradeció que por lo menos la prenda era decente, larga hasta las rodillas y nada traslucida, de lo contrario le habría dado un infarto; en varias ocasiones anteriores había visto a Bianchi en su ropa de dormir en casa, después le había costado volver a mirarla sin avergonzarse.

—A-ah, ¿Cuánto llevas ahí?

—El tiempo suficiente —contestó ella con simpleza, adentrándose en la habitación para luego dejarse caer en el futon del medio sin sentir algún tipo de vergüenza. Lo único que sentía era molestia por el camisón, en serio que la ropa que le prestaban parecía dispuesta a matarla allí—. Ahora, yo realmente siento estarte molestando, pero tu madre no me aceptó un 'no'.

—L-lo sé. N-no es que me moleste… e-es sólo… no estoy acostumbrado a dormir junto a una chica —Tsuna miró a Enma para que dijera o hiciera algo, pero el pelirrojo estaba hecho un ovillo en el futon a la izquierda de Michelle y no parecía querer decir nada. Tsuna sabía que estaba muriendo de los nervios por la situación, incluso más que él, el sonrojo en la cara de Enma lo delataba.

La Cacciatore observó el intercambio en silencio, conteniendo una risilla, sin duda aquel par era lindo.

—Creí que tenías una hermana —habló nuevamente, tratando de poner menos tenso el ambiente.

Tsuna reaccionó.

—¿H-hermana? Soy hijo único, si te refieres a I-pin…

—No, no. Hablo de la dueña de esta ropa.

Claro que Michelle sabía de sobra que Tsunayoshi era hijo único, así como también sabía que la ropa que estaba usando era de la cuarta amante de Reborn, Escorpión Venenoso. Pero en su papel de 'chica normal ignorante' era aceptable preguntar esas cosas.

—¿Bianchi? Es la hermana de Gokudera-kun.

Tal como supuso.

—¿Entonces vives con la hermana de Gokudera? —fingió sorpresa.

Tsuna se fijó en lo que acababa de decir e inmediatamente entró en pánico. ¿Qué se supone que iba a decirle? Bueno, que más da, diría parte de la verdad ya que era pésimo mentiroso.

—E-es que Gokudera no puede verla sin sentirse mal, y mamá le tomó cariño así que vive con nosotros —explicó—. Antes nos llevábamos pésimo, pero ahora nuestra relación es… decente —bueno, era un hecho que ahora Bianchi no trataba de matarlo—. De cierta forma agradezco que Lambo, Fuuta, Bianchi e I-pin estén aquí, mamá ya no se siente sola y nunca la había visto sonreír tanto.

Sin duda estaba siendo completamente honesto en la última parte. Tsuna tal vez odiaba que sus días fueran tan agitados e impredecibles, pero al mismo tiempo adoraba que su madre estuviera tan feliz. Desde que su padre iba y venía según le diera la gana, el castaño entendía que su madre se sentía triste por no poder estar siempre junto a la persona amada, una de las razones por las que más odiaba a su padre era por eso; sin embargo, desde que Reborn y compañía se instalaron en la casa, Nana no paraba de sonreír, los niños eran la distracción perfecta para la ausencia de Iemitsu.

—Hm… ya veo. ¿Y qué hay de ti, Enma?

El nombrado giró violentamente, entre espantado y sorprendido. Hasta el momento el Shimon se había mantenido callado con la vaga esperanza de que la chica no lo notara, cosa que al parecer fue en vano.

—¿E-eh? —se señaló a sí mismo buscando confirmación, a lo que Michelle asintió divertida.

—No conozco a otro Enma, duh.

—B-bueno…

¿Qué se supone tenía que hacer? ¿Debía contarle algo como hizo Tsuna? Si su amigo lo había hecho entonces era lo adecuado, pero no sabía qué contar.

La Cacciatore decidió echarle una mano al verlo en apuros.

—Según me han dicho, eres muy apegado a la Presidenta del Comité de Liquidación.

Enma pareció entender.

—B-bueno… e-es algo así —admitió el pelirrojo—. Adel, Koyo, Shitt-p, Rauji, Kaoru, Julie y yo no tenemos a nadie más, crecimos juntos. Aunque no nos aguantemos y a veces nos faltemos el respeto, nos divertimos juntos y nos apoyamos mutuamente —prefirió no decir nada más por temor a estropearlo todo—. ¿Q-qué hay de ti? —preguntó, ligeramente curioso. Tsuna y él ya habían hablado, además de que no sabían mucho de ella.

—Pues ya que me contaron…

'¿Qué más da?' Se dijo. 'Una información por otra', eso era lo que Carmine llamaba intercambio justo, así que al igual que ellos contaría la versión censurada de su historia.

—Soy hija de una amante —soltó sin anestesia—, mi madre era pobre y vendía su cuerpo para poder sobrevivir. Sí, eso mismo —dijo al ver la expresión de incredulidad de ambos jóvenes—. Yo seguramente era una carga que ella no podía aguantar en su situación, por eso me entregó a mi padre, que me aceptó a regañadientes a pesar de estar casado. Tengo dos medios hermanos mayores, una hermana y un hermano; son un par de lunáticos y a primera vista parecen seres completamente insensibles —llevó la diestra hecha un puño a la altura de su corazón, como si eso le ayudara a que las palabras fluyeran—, pero incluso si mi propio padre no me reconocía públicamente como hija, ellos me aceptaron a pesar de lo que soy. Nunca me juzgaron por mi origen o me trataron como un ser inferior, es por eso que esos idiotas lograron tocar mi corazón.

Michelle sonreía con dulzura, con los ojos brillando aún en la oscuridad y la mano firmemente cerrada a la altura del corazón. Los Capos observaban absortos a la castaña, que mantenía una expresión que hasta el momento jamás se habían figurado en ella; ambos pudieron sentir la intensidad de los sentimientos, lo puro, incondicional y sincero.

Y se agobiaron.

Porque para que ella se aferrara y apreciara tanto a la aceptación de otro ser vivo significaba que en algún momento debió estar completamente rota, claramente ella tuvo una infancia dura. Sin embargo, sólo Enma fue capaz de darse cuenta de que aquella linda chica, cuyo corazón debió quebrarse tantas veces que se volvió polvo, apenas estaba empezando a reconstruirlo.

"Y aún así es capaz de sonreír… que extraña es" —pensó el Shimon.

Pero ahora podían entenderla un poco más, e incluso decir que la admiraban; porque aún siendo tan frágil hacía lo que quería, se lanzaba al mundo sin vacilación, a diferencia de ellos que siempre se escondieron hasta que alguien se metió en sus vidas y los obligó a encarar sus miedos.

No recordaba cuándo se había dormido, pero sí se acordaba que después de dejar la platica 'familiar' y acosar levemente al Shimon para subir los ánimos, los tres se pusieron a hablar de cosas triviales sin relación con la vida de mafiosos de ninguno hasta que los tres niños (Lambo, Fuuta e I-pin) arribaron a eso de las diez de la noche al cuarto de Tsuna y pidieron unirse a la 'fiesta'. Si tenía que ser honesta consigo misma diría que se divirtió mucho, incluso se llegó a olvidar del temor que tenía por que el ex Arcobaleno del Sol apareciera repentinamente; en algún punto muerto de ayer había decidido que le daba igual seguir fingiendo ante Tsuna, porque igualmente la descubrirían en algún momento. Independientemente de lo que le deparara para cuando aquel momento se presentase, decidió que era mejor dejar de contenerse.

La luz apenas y se filtraba en la habitación por las cortinas, pero ella pudo sentirlo aún en su estado semi-adormecido; sabía que era temprano, no serían más de las seis por la poca intensidad de los rayos. Aunque normalmente Michelle acostumbraba a levantarse a eso de las tres de la madrugada (hora en la que normalmente entrenaba cuando estaba en Italia) y luego volverse a dormir a la media hora, pero aquello no pasó hoy.

—¿Hn? —Abrió los ojos con pereza—, "¡¿pero qué…?!"

Trató de frotar sus orbes para ver si no estaba alucinando o viendo mal, sin embargo ni siquiera pudo mover sus brazos cómodamente ya que algo los estaba inmovilizando, por lo menos el derecho.

Aquella escena era similar a lo que ocurría cuando dieciséis personas jugaban twister y se caían al mismo tiempo: un desastre. La pierna izquierda de Michelle estaba bien dormida, ya que Tsuna la usaba de almohada mientras dormía a pierna suelta con Lambo sobre él; unos brazos delgados pero fuertes rodeaban la cintura de la chica, así que por descarte el que la abrazaba por la espalda debía ser Enma; el leve peso sobre su cabeza tenía que ser I-pin, ya que no veía a la niña china por ninguna parte; y para rematar la escena extraña, Michelle abrazaba a Fuuta contra su pecho, siendo el peso del niño lo que no le dejaba mover el brazo derecho.

"¿Y cómo acabamos así?" —un tic invadió su ojo derecho mientras trataba de ignorar el sentimiento extraño de agrado que, por su bien, no quería analizar la causa—. Chicos, despierten —dijo quedito, removiéndose en un vano intento de quedar libre, pero Enma y Fuuta sólo se aferraron más a ella—. Están tentándome, así más vale que despierten ahora o sufrirán las consecuencias —habló esta vez más alto mientras, como pudo, zarandeaba a Fuuta, que no parecía tener ganas de levantarse y como consecuencia se aferró más—, ¡eso no es una almohada, Fuuta!

El tic aumentó. Michelle estaba entre la línea que dividía sus más fieles opciones:

1) Levantarlos a base de una paliza y un susto de muerte.

2) Violarlos.

Lamentablemente, antes de poder decidirse sintió que el peso sobre su cabeza se desvaneció. No pudo verla, pero supo que la pequeña china había despertado cuando escuchó su pequeña vocecita con el típico acento de su tierra natal.

—Días.

—Gracias al cielo —suspiró, aunque le pareció medio irónica la frase—. ¿Sabes cómo despertar a estos dormilones?

La pequeña tuvo que sacar sus anteojos, de vete-a-saber-dónde, para contemplar con claridad la escena ante ella. Tras unos minutos de silencio, preguntó:

—¿Fuuta no despertar?

—No, llevo rato agitándolo pero parece que no quiere levantarse —confesó.

—Ser raro —declaró la pequeña china, que no era de mucha ayuda pero igual la mayor no la culpó. I-pin solamente tenía cinco años.

—¿Cómo despierto a Tsuna? —inquirió.

La pequeña ni siquiera dudó a la hora de responder.

—Tsuna-nii-san duerme como tronco.

Eso lo decía todo. Alargó un suspiro.

—Tch, bueno… a mí modo será —masculló—. ¿Me harías un favor, I-pin? —la pequeña asintió sin pensárselo demasiado—. ¿Te llevarías a Lambo?

El niño ya tenía suficientes malas influencias a su alrededor como para venir ella y sumárseles.

—Ok.

Ni corta ni perezosa la china se llevó al niño brócoli tirando de su esponjoso cabello, Lambo al parecer también era de sueño pesado ya que no se inmuto aunque fue golpeado con la mesa y el marco de la puerta durante el trayecto a la salida.

Una vez los infantes se retiraron, la fémina suspiró.

—Yo se los advertí —dijo a sí misma, como si intentara no sentirse culpable por lo que estaba a punto de hacer—. Ne, Fuuta —se acercó lo mejor que el agarre de Enma le permitió al cuerpo medio dormido del menor y empezó a susurrarle algo en el oído. A medida que hablaba el rostro del niño se coloreaba, pasando de un rojo brillante al más oscuro de todos; Michelle pensó que Fuuta iba sacar vapor de las orejas cuando lo vio levantarse de un salto.

—¡HIII!

O Tsuna le había contagiado el gritillo, o realmente lo avergonzó a niveles inimaginables. Quizá ambas cosas.

—Lindo —sonrió picaronamente.

El niño le miró, todavía con el rostro enrojecido.

—¡A-aneue, por qué…!

—Es que no te despegabas —le interrumpió con falsa inocencia—. Hn, igualmente no te dije nada malo, sólo lo que te haría si fuerasde mi edad. ~

El pequeño salió corriendo tratando de ocultar su bochorno.

—Bien, un moe menos —suspiró—. Hey, Enma —trató de cambiar de posición, pero el Shimon tenía complejo inconsciente de boa constrictora—, despier… ¡¿dónde crees que estás tocando?!

Al carajo con la delicadeza.

Por reflejo movió el brazo izquierdo hacia atrás y golpeó al pelirrojo en el abdomen, obligándolo a despertar por la mezcla de dolor y la repentina falta de aire.

—¡Ouch! —Se quejó Kozato por el brusco despertar, tocando la zona adolorida mientras abría con pereza uno de sus ojos—. Hm… ¿Qué sucedió? —murmuró confundido al ver como Michelle, semi acostada, le apuntaba con el índice acusadoramente.

—¡Nada de "¿qué sucedió?"! ¡Quien viola aquí soy yo, señorito!

Enma definitivamente no entendió a lo que ella se refería.

—¿Eh?

—Nada —resopló por lo bajo la castaña—. Levántate, es lunes ¿recuerdas? —El aludido obedeció con lentitud ya que aún le dolía el golpe—. Ah, y Enma —lo llamó antes de que terminara de incorporarse, jalándole del brazo al mismo tiempo para quedar a la misma altura. Mientras le daba una mirada demasiado penetrante, dijo—: la próxima que pongas una cara tan linda mientras dices "¿Eh?" te voy a dar un beso francés, ¿oíste?

Y al igual que a Fuuta, al Moeus Torpeus se le subieron los colores y huyó más rápido que el correcaminos.

—Dos moes menos, falta uno —asintió satisfecha, para luego dirigir su mirada al Décimo Vongola—. ¿Cómo es que no te despiertas con este griterío, Tsunayoshi? —se deshizo del castaño con suma facilidad en comparación a los otros dos, sin embargo este seguía durmiendo. Como no podía dejarlo así, Michelle intentó despertarlo—. A ver, levanta —lo sacudió con algo de violencia, pero el castaño no despertaba—. Tsuna, mi paciencia no es infinita, así que despiértate por las buenas o voy a tener que recurrir a la violencia, y yo odio eso.

Durante el desayuno Nana ni siquiera preguntó por qué Tsuna tenía marcas rojas en las mejillas con la forma de una mano. Como era de esperarse, Tsuna no despertó por más que se intentó levantarlo y Michelle al final cumplió su amenaza.

—Ni Lal me cacheteaba tan fuerte… —gimió bajito el Décimo Vongola tras haberse despedido de su madre y los niños.

—A mi me golpeó en el estomago —comentó Enma, adolorido solo de recordar el golpe, el cual por cierto le había dejado un lindo moretón.

—Tú tocaste donde no debías, así que no te quejes —Michelle traía puesta su ropa del día anterior, lavada y planchada; agradeció la amabilidad de Nana y se despidió de los niños, jugándole una última broma a Fuuta antes de abandonar la casa Sawada con el Dame-dúo.

—¡E-estaba dormido! —trató de defenderse el Shimon.

—¿Pues que clase de hábitos violadores son esos, Ko-za-to~? —le pokeo la mejilla mientras canturreaba su nombre, riendo al ver el bochorno de Enma evidenciado en sus mejillas.

A media cuadra del hogar de Tsuna se encontraron a Gokudera y Yamamoto. Apenas la chica vio al beisbolista la sonrisa se le borró con lentitud, tendría que hablar con él más tarde.

—¡Yo, Tsuna! ¡Buenos días a ti también, Enma! ¿Are? —Se extrañó por la tercera presencia—, ¿Michelle?

La aludida simplemente asintió en forma de saludo. El cambio en su comportamiento fue inmediato, los Capos efectivamente se dieron cuenta de que ella puso una especie de barrera en cuanto el par de Guardianes se les terminó de acercar.

—¡Décimo, buenos días! —Saludó a Tsuna con respeto, haciendo una exagerada reverencia—. ¿Por qué está con la mujer estúpida? —preguntó tras observar a la chica con recelo.

—Ah, verás —el castaño intervino antes de que fuera la extranjera quien contestara—, ayudó a mi madre ayer en medio de la lluvia y ella le insistió a Michelle que se quedara a pasar la noche aquí, emm… —rascó superficialmente su mejilla, no sabiendo como continuar la explicación. Se puso rojo solamente recordando que tuvieron que compartir cuarto.

—¿Ósea que anoche estuvieron juntos los tres?

—¡Yamamoto! —chilló el jefe Shimon al percatarse de un doble sentido en la oración.

—Jajá.

—C-como sea, es mejor irnos o llegaremos tarde —el Vongola zanjó el tema con nerviosismo antes de que Gokudera empezara a decir cosas al respecto.

La voz de Michelle los detuvo.

—Primero: son las siete de la mañana, falta una hora para comenzar las clases. Segundo: creo que no iré hoy. Tsuna ¿se te olvida que no tengo mi uniforme? —Señaló su vestimenta—. Ni loca me aparezco en la escuela con ropa de calle, los pingüinos aprenderán a volar antes de que Hibari Kyoya permita que eso suceda.

—Jajá, cierto —Yamamoto le dio toda la razón.

—Yo vivo unas cuadras más allá de la zona comercial, no me dará tiempo de llegar a clase a tiempo—resolvió tranquilamente—, así que supongo que los acompañaré en el camino pero nos veremos maña…

No completó la frase.

Tsuna se dio cuenta de por qué la chica se interrumpió gracias al instinto de supervivencia que tenía y a la súper intuición Vongola. Se movió dispuesto a evitar lo que iba a suceder, pero ella fue más rápida y acabó retrocediendo de manera abrupta, sorprendiendo al Décimo. Sus compañeros de clase les miraron extrañados, pero segundos después notaron la bala incrustada en el muro justo a la altura en la que había estado la cabeza de la siciliana. Tsuna giró la cabeza a su izquierda, hacia el muro contrario de la acera en la que caminaban, observando fijamente al agresor.

Michelle lo supo sin necesidad de voltear, supo quien era el que trató de matarla y por qué.

—Ciaossu —el ala de la fedora cubría parcialmente su aniñado pero serio rostro, el arma aún estaba visible y apuntándole a la chica.

En efecto, se trataba del mejor Hitman del mundo.

—¡Reborn! —Tsuna saltó preocupado, al mismo tiempo aterrado por que casi matan a Michelle sin razón aparente—. ¡¿Q-qué estás haciendo?!

—Me aseguraba que nuestra invitada especial no se fuera antes de tiempo —sonrió maliciosamente.

A Sawada le recorrió un escalofrió al ver esa sonrisa. El bebé planeaba algo, lo que significaba que habría problemas, lo que no entendía es qué tenía que ver su compañera de clase.

—¿D-de qué estás hablando?

La joven suspiro. Era la hora de la verdad.

—Yo te lo puedo explicar —las palabras de Michelle llamaron la atención del grupo, haciéndolos salir de la sorpresa experimentada por el repentino intento de asesinato—. Chicos, puede… no, tengo algo que decirles. Aunque eso solamente si me dejas, ex Arcobaleno del Sol.

Reborn decidió ser benevolente, solamente porque esto le parecía divertido y la chica parecía dispuesta a colaborar, así que asintió sin dejar de apuntarle con León transformado en pistola.

—¿Q-qué es lo que sucede M-Michelle-san?

Tsuna empezaba a intuir algo, que esperaba no fuese cierto; sin embargo, a pesar de que imaginó muchas cosas, nada lo preparó para enfrentar la declaración de la castaña.

Michelle decidió que lo mejor era decir las cosas sin anestesia.

—Bueno, para acortarlo: soy la próxima líder de la mafia más asquerosa del mundo.

Y sin poder evitarlo, un grito en conjunto salió de la garganta de los Capos y el Guardián de la Tormenta:

—¡¿QUÉ?!

Continuará

Nota de la Autora:

17 paginas de Word, no se quejen (?) hubiera subido el cap. ayer pero como siempre lo corto en la mejor parte y todavía no llegaba a esta, tenía que llegar al clímax antes de poder darle fin. xD

¡Y ya ven! Reborn ha hecho su aparición triunfal luego de tantos caps. desaparecido. Ojojo, en el siguiente veremos como acaba esto, ¿Cómo tomará Tsuna esta revelación? ¿Lograrán Reborn y Mich llegar a un acuerdo? Por fin Alegra aparecerá luego de varios caps. desaparecida, junto a Aya, Rose y otras más.

Ahora es cuando la historia se pone en marcha. Ju, ju.

¡Ya saben que hacer si quieren continuación! *cejas, cejas* además, aprovéchenme que estaré de vacaciones estas tres semanas.