Capítulo 8. DragonSoul

Cerca del claro del bosque. Al amanecer.

Ken estaba sentado sobre el césped con la espalda apoyada sobre un árbol cuando empezaban a salir los primeros rayos de sol por el horizonte. El chico no había vuelto con sus amigos aquella noche por aquel mago. Todo en él le molestaba: su voz, su manera de hablar, de moverse, de luchar...

-¡¿Cómo puede haberme ganado ese mago?! -pensaba furioso mientras se revolvía el pelo castaño despeinado.

Pero eso no era todo lo que le fastidiaba de él. También estaba la enorme facilidad con la que el chico había conseguido acercarse a Shiori. El modo con el que le hablaba, la manera de mirarla... Y lo peor de todo es que ella también era así. ¡Si es que hasta le había dado un beso! No en los labios, ¡pero un beso al fin y al cabo! Ese mago le irritaba ¡y mucho!

-Malditos magos... -pensó Ken en voz alta- ¡Maldito Ryu! Como vuelva a cruzarme con él le... -paró de despotricar contra el mago para levantarse y mantenerse en guardia. Había oído algo, un ruido muy cerca suyo. Entonces una sombra saltó hacia el chico, indefenso ante aquel ataque sorpresa. Al que solamente pudo reaccionar con un grito de terror.

Claro del lago. Amanecer.

Los tres chicos se levantaron sobresaltados por un grito.

-¿Habéis oído eso? -preguntó Ryu, quién estaba alerta a pesar de haberse acabado de despertar.

-Sí, ha sonado como si fuese... -el rubio no pudo acabar la frase.

-¡Cuidado chicos! -de repente una raíz oscura gigante se abalanzó sobre Ryu, aunque antes de que pudiera alcanzarle el rubio le empujó, siendo atrapado y arrastrado por lo que fuese aquel monstruo.

-¡No! -gritó Shiori. Ryu se alzó del suelo y ayudó a la chica a levantarse.

-¿Estás bien, Shiori? -preguntó el chico.

-Sí, pero ellos no. Vamos a salvarlos, Ryu -el mago asintió.

Ambos corrieron siguiendo la dirección por la que había venido el ataque para rescatar a sus compañeros. Siguiendo el camino habían llegado a un árbol negro gigante rodeado de raíces enormes.

-¡Un Kronka! -gritó Shiori aterrorizada.

-¡¿Un qué?! -preguntó Ryu intimidado por ese monstruo.

-¡Un árbol maldito! Debe de tenerlos atrapados dentro...

-¿¡Y qué hacemos!? -preguntó otra vez Ryu.

-No me acuerdo del punto débil pero lo primero es no dejar que nos inmovilice. ¡Muévete lo más rápido que puedas! -lo último lo dijo esquivando una raíz que le había atacado de frente.

-¡Vale! -respondió- ¡Separémonos, así no nos cogerá tan fácil!

-¡Voy por la derecha! -Shiori se movió rápidamente hacia la derecha, haciendo que la mitad de las raíces la persiguieran. Ryu se dirigió a la izquierda mientras activaba su DragonSoul. La otra mitad de las raíces se le dirigieron a él. Vio desde lejos que su compañera tenía problemas para esquivar los continuos ataques del monstruo-árbol. Cada vez se movía más lentamente, hasta que una le dio de lleno. Ryu dio la vuelta y se dirigió hacia ella con el truco de velocidad, rezando para llegar a tiempo antes de que otra raíz le diera. Casi se le salieron los ojos cuando se dio cuenta de que así era: una de las raíces se preparaba para atacarla y él no iba a llegar a tiempo.

"No voy a llegar", pensó- ¡Shiori! -gritó. Intentando hacer algo se le ocurrió utilizar la bola de fuego. Se sabía los sellos, no sabía cómo.

-Espero que esto funcione -hizo los seis sellos de mano con gran velocidad y concentró su energía- ¡Katon: Gokakyuu no jutsu!

Para su sorpresa, una gran bola de fuego salió de su boca y colisionó con la raíz, haciendo que esta explote. La explosión mandó fuego a las raíces cercanas, haciendo que explotasen también. Ryu llegó donde Shiori y se la llevó unos metros más alejados del fuego.

-Shiori, ¿estás bien? -preguntó un preocupado Ryu.

-Ryu... Me has salvado... -Shiori intentó moverse pero hizo una mueca de dolor al intentarlo.

-Quédate quieta, no te muevas -ella asintió.

-¿Eso de ahí es fuego? -preguntó débilmente la chica.

-Sí, es fuego. He usado una Katon para rescatarte.

-¿Katon? Pero... tú eres un mago... No puedes usar...

-¿Chakra? Sí, sí que puedo, aunque me deja agotado.

-¿Cómo? Eres un mago... -ella seguía sin creérselo.

-Descansa. Iré a por los otros dos -intentó levantarse pero cayó al suelo sin fuerzas- Ah... Estoy molido... No me puedo levantar...

-Suficiente habéis hecho vosotros dos -una mujer de unos treinta años con el pelo castaño y ondulado apareció delante de ellos dos.

-¡Sensei! -la chica gritó alegrada y soltó otra mueca de dolor.

-¡No te muevas! -dijo Ryu, agachado a su lado- Estás malherida.

-¿Qué ha pasado aquí? -preguntó la mayor- ¿Y tus compañeros?

-El Kronka los ha cogido... -respondió la joven.

-¡¿Qué?! -la maestra se alteró- ¡Tú! -señaló a Ryu- ¡Cómete esto! -lo que la mujer le daba a Ryu era una fruta pequeña dorada con forma de manzana. El chico se la comió sin rechistar y se levantó de inmediato. Sintió cómo regresaban sus fuerzas y su poder mágico.

-¡Guau! ¿Qué era eso? -preguntó alucinado el mago.

-Una Hera -dijo la maestra con cara de enfado- ¡Y ahora sálvalos!

El chico miró a Shiori y ella le asintió débilmente mientras sonreía.

-Estaré bien. Ve -el chico asintió también.

-Muy bien -se giró hacia el árbol maligno y preguntó a la maestra- ¿El punto débil del Kronka?

-La fuente de su poder es una gema oscura dentro del tronco. Destrúyela.

-De un solo golpe -el joven sonrió de forma segura y valiente.

Ryu activó el DragonSoul y corrió cargando contra el árbol. Las raíces le atacaron y él las esquivó con facilidad. Su cuerpo empezó a sentirse ligero y aumentó más su velocidad. Saltó una raíz, se impulsó en otra, saltó a otra, iba moviéndose hacia el árbol y apuntó hacia el tronco, donde se veía la parte más oscura. Su brazo se volvió de color azul eléctrico cuando hizo contacto con la corteza del tronco. Del golpe saltaron trozos de madera y corteza pero lo más impactante fue la luz azul increíblemente brillante que secundó al choque. Las dos mujeres se quedaron ciegas un momento y lo que vieron a continuación les dejó sin habla:

El árbol había quedado tal cual, de no ser por el enorme boquete de cinco metros de diámetro que había provocado el chico. Ryu estaba al otro lado del árbol con una enorme sonrisa de superioridad y con una gema negra del tamaño de su mano.

El chico se acercó a las dos que le observaban impresionadas y le dio la gema a la mayor.

-Aquí tienes la gema. Como he dicho, de un golpe.

La maestra cogió la piedra negra y la rompió con su mano. El árbol se deshizo y los dos chicos aparecieron en medio de las raíces.

-¿Quién eres tú? -pregunto Kiribi al joven mago mientras él sonreía.