Toda la historia peretenece a la increíble Jennifer L. Armentrout. Nombres de los personajes a la maravillosa Sthepenie Meyer.
Capítulo 9
Edward PDV
No me gustaba esta trampa en absoluto. Tener a Bella en un auto diferente era lo suficientemente malo, pero dejarla con Tanya y Royce me daba ganas de querer estampar mi puño en la cabeza de alguien.
Alice se encontraba sentada en la parte delantera, al lado de uno de los recién llegados, vestida como una mini-tanya, usando un pantalón de sastre. Dios, eso me hacía querer arrancarme la piel de los huesos. Existían al menos cientos de cosas que no me gustaban sobre eso, y todas ellas me hacían querer golpearme en la cara.
Me encontraba de ánimo para golpear.
Eso era tan jodido después de la dicha que experimenté esta mañana con Bella. El tiempo que pasé con ella, dentro de ella, ahora parecía haber sucedido hacía mucho tiempo atrás. Había una extraña y desesperada inquietud en mis pensamientos que no me podía quitar.
Como la sensación de sus labios, y como que casi parecía ser algo del pasado.
Mi hermano me dirigió una larga mirada antes de volver su atención a la ventanilla. Se encontraba tenso, prácticamente tan tenso como un arco.
El alcalde vivía en el culo del mundo, y todavía estábamos al menos a cinco kilómetros de la ciudad. Quería decirle al hombre detrás del volante que se apresurara de una puta vez.
De repente, el auto de policía delante de nosotros frenó de golpe, y salté hacia delante cuando la Hummer hizo lo mismo. Agarrando la parte de atrás del asiento delante de mí, maldije en voz baja.
—¿Qué está pasando? —preguntó Alice, frunciendo el ceño—. No deberíamos estar deteniéndonos.
Más adelante, un Sedán negro giró bruscamente hacia la izquierda sin ninguna advertencia, y vi algo que hizo que mi corazón se detuviera un maldito segundo. El horror formó una bola en la boca de mi estómago.
La limosina en la que Bella viajaba se desvió hacia el carril derecho, y luego se fue hacia un lado. Golpeó una motocicleta de policía, y mientras giraba, justo en la dirección de otra, el conductor cambió de forma un segundo demasiado tarde y se golpeó contra el parabrisas del Sedán. La limosina se encontraba en el aire, yendo en punto muerto, varios metros antes de caer invertida. El metal destrozado.
—¡Detén el auto! —gritó Emmett.
Ya estaba en busca de la puerta cuando la Hummer se sacudió hasta detenerse. Abriendo la puerta de un tirón, no me detuve a pensar como lucían más de una docena de Luxen saliendo de sus respectivos vehículos. No me importaba.
Me abrí camino, empujando a uno con uniforme, y corrí hacia la limosina destrozada. Sólo sabía que Bella seguía viva porque yo también respiraba, pero eso no significaba absolutamente nada. Podía estar lastimada, y pensar que podía estar gravemente herida era suficiente para casi ponerme de rodillas.
Emmett y Alice se encontraban justo detrás de mí mientras rodeaba el destrozado cuerpo titilante del Luxen que había estado en la motocicleta.
Una brillante luz blanca estalló dentro de la limosina.
Me detuve en seco.
La puerta trasera salió volando hacia al otro lado de la carretera con tal fuerza que rasgó justo por la mitad a un Luxen en un uniforme de policía. Como si un Luxen de repente se hubiera convertido en dos Luxen no tan unidos.
—Santos híbridos —murmuró Emmett.
No antes de que esas palabras salieran de la boca de mi hermano, una forma azul, roja y blanca siguió el camino de la puerta, volando al otro lado la carretera y estrellándose contra un pino. El viejo árbol se balanceó. Agujas de pino cayeron a la tierra, mientras el borrón caía de bruces en el suelo.
Tanya.
Mis ojos abiertos como platos se movieron de regreso a la limosina cuando una pequeña mano delicada apareció en el asfalto, y luego le siguió un brazo delgado, revelando la corta manga de un suéter negro.
Bella salió de la abertura arruinada donde solía estar la puerta.
Poniéndose de pie, quitó su largo cabello de la cara. Sangre brotaba de su boca, y el pantalón en su pierna derecha estaba rasgado alrededor de su muslo, cubierto de sangre.
Comencé a caminar hacia ella. Dos palabras me detuvieron.
Me miró, aspirando profundamente mientras la luz blanca, teñida de rojo se apagaba en sus brazos.
—Ellos saben.
Emmett maldijo mientras la comprensión se propagaba sobre nosotros. Alice gritó cuando me deslicé fuera de mi forma humana. Era como quitarse una chaqueta. El juego había terminado. La única cosa en la que era capaz de pensar en ese momento era en sacar a quienes me importaban lo más pronto posible de allí.
Me di la vuelta, soltando la Fuente en el conductor antes de que tuviera una oportunidad de ponerse todo Luxen especial sobre nosotros.
Nuestra especie no era muy fácil de matar. Éramos como conejos Energizer alienígenas. Seguíamos levantándonos y levantándonos. El golpe tenía que ser catastrófico para el sistema. Más o menos como con los zombies —una analogía que Bella aprobaría—. Arrancar la cabeza era una forma. Un golpe en el corazón era otra. Una ráfaga de la Fuente no siempre nos mataba.
El conductor se tambaleó poniéndose de pie, retrocediendo para soltar su pequeña bola de felicidad, y lo golpeé de nuevo, y luego otra vez, justo sobre su pecho.
Múltiples golpes de la Fuente resolverían el problema.
Luz blanca brilló sobre el conductor, ondeando a través de la red de venas, y luego toda la luz se apagó cuando el conductor se vino abajo como un saco de papel en el viento.
Emmett sacaba un montón de agresión reprimida mientras iba tras un Luxen vestido de oficial. Bella había regresado a la limosina, con los brazos levantados, dándole la vuelta al auto destrozado y poniéndolo de nuevo sobre sus ruedas.
El alto Luxen, quien a duras penas hablaba, salió corriendo del auto, y yo comencé a caminar hacia él, fácilmente esquivando una ráfaga de luz, pero me detuve en seco cuando grandes longitudes del cabello de Bella se levantaron de sus hombros. La estática crepitaba en el aire a su alrededor.
Una ráfaga de la Fuente salió de su mano golpeando al Luxen y lanzándolo al aire. No se detuvo, enviando otra y otra hasta que se estrelló de nuevo en el capó. Una brillante piscina líquida incandescente se formó rápidamente debajo de la forma inmóvil.
Oh, partes de mi cuerpo sintieron todo tipo de hormigueos viendo eso.
Bella se giró hacia mí, sus ojos brillaban desde el interior. En ese momento, se veía como una diosa, una diosa de la venganza.
«Si no estuviéramos en medio de una pelea, te tendría contra un árbol en estos momentos.»
La comisura de sus labios se curvó. «Hombre tenías que… ¡Detrás de ti!»
Me giré, atrapando el brazo del Luxen.
Trat aaie, bufó enfurecido, llamándome traidor.
Como sea. Girándome a un lado, agarré fuertemente al Luxen mientras lo levantaba y lo tiraba como un platillo volador. El Luxen giró por el aire, golpeando un poste telefónico. La madera se hizo astillas. Las líneas se quebraron y la electricidad se movió trazando un arco, enviando chispas.
Bella pasó corriendo junto a mí, uniéndose a un Luxen que se acercaba sigilosamente hacia Emmett, mientras él remataba a otros dos.
El recién llegado se giró hacia ella, gritando mientras agarraba su hombro y luego la cargaba.
Tenía dominada la situación.
Sumergiéndose a un lado en el último minuto, hundió su rodilla en el abdomen y luego golpeó con las manos su cabeza inclinada. La Fuente estalló de sus palmas, sobre el Luxen, en un tiro directo a la cabeza.
Otro caído.
Maldición, era jodidamente gloriosa.
Junto a la carretera, Tanya se encontraba de pie y tambaleándose.
Plantó una mano en el capó de un auto de policía, levantándose. Bella la acechó, determinación fija en las líneas de su pálido rostro. Se abalanzó, agarró la puerta dañada del auto, y la balanceó como un bate de béisbol. La puerta atrapó a Tanya por el pecho, alejándola del auto y derribándola sobre una sola pierna.
—¡Eso fue por ser una completa perra! —Atrapó a Tanya por la espalda, empujándola hacia delante—. Y esto es por incluso pensar que estaba bien tocarme. —El último giro vino desde frente, golpeando la cabeza de Tanya, dejándola débil—. Y esto es por incluso decir el nombre de Edward.
Tanya cayó sobre su trasero, con las rodillas dobladas debajo de ella.
Bella respiró profundamente y se giró hacia mí.
«Maldición, gatita, eres asombrosa, casi das miedo, y a la eres vez tan malditamente sexy.»
Tiró la puerta al suelo.
—No creo que esté muerta.
«Parece muerta.»
Su labio se curvó.
—Es una Origen. Ni si quiera sé cómo matar a uno de ellos, pero realmente quiero averiguarlo.
Antes de que pudiera procesar esa revelación, un Luxen corrió desde detrás de nuestro pequeño Caravan, esperando para entrar en nuestra brutal fiesta patea-traseros. Retrocediendo, miré alrededor y tanteé el poder dentro de mí mientras divisaba el arma perfecta.
Una intensa oleada salió de mí, agrietando el asfalto y volteando un auto de policía hacia un lado. Las sirenas sonaron cuando la bola golpeó los pinos que bordeaban el camino. Dos temblaron violentamente y luego se desarraigaron. Gruesas raíces colgaban embarradas, y el olor a vieja tierra fértil llenó el aire.
«¡Al suelo!»
Envié el mensaje, y Bella y Emmett se tiraron al suelo como profesionales.
Los pinos volaron por la carretera como un gigante tendedero, atrapando y alzando la línea de figuras brillantes, llevándolos por la carretera hacia el otro lado donde se ubicaban otros pinos gruesos.
Bajando mis brazos, me sacudí la tensión arrastrándose por mis hombros y di un paso hacia delante. Unos cuantos parecían como insectos aplastados en un parabrisas, cubiertos en líquido brillante. No se levantarían de nuevo en un futuro cercano, pero los otros lo harían.
Bella se puso de pie. Enderezándose, señaló la limosina. Royce se balanceaba, todavía en su forma humana. —¡Mátalos! —gritó, luego se puso todo repetitivo en nuestra lengua materna.
Había al menos unos siete de pie, y mientras me lanzaba hacia Emmett y Bella, sabía que las posibilidades no se veían buenas. Les estábamos haciendo un poco de daño, sacando a unos cuantos aquí y allá, pero todavía quedaban muchos. Demasiados.
Durante todo esto, Alice se quedó parada allí. No se metió en la pelea, y no vino en nuestra ayuda tampoco. Sólo se quedó parada a un lado de la carretera, con sus manos empuñadas, observando a los Luxen que todavía nos rodeaban. Levanté mi mano mientras me acercaba a ella. Tenía que unírsenos. De ninguna manera. No importaba cuán fuerte era la atracción, nosotros éramos su verdadera familia.
Pero no se movió cuando los otros se acercaron.
«¿Alice?»
Me miró y negó con la cabeza, alejándose. No lo podía creer. Mi pecho se oprimió mientras la miraba. No podía estar tomando esta decisión. De ninguna manera.
Los Luxen se acercaban.
Esto es malo. La voz de Emmett flotó a través de mí. «Esto es realmente malo.»
Lo era, pero no nos iban a derribar de esta manera. Envolví mi mano alrededor de la de Bella y ella la apretó en respuesta, causando que la luz ondeara por mi brazo. La acerqué más mientras Emmett se movía para pararse delante de ella. No era que ninguno de nosotros pensáramos que no podía defenderse por su propia cuenta. Pero en última instancia, éramos más fuertes de lo que ella era. Podíamos soportar más golpes, definitivamente había algunos golpes viniendo en nuestra…
Lo que sonó como cientos de pájaros de grandes alas, descendió en el bosque que nos rodeaba. Nos giramos, al igual que los otros Luxen, mientras seis helicópteros de color oscuro coronaron los altos pinos.
Se inclinaron mientras se acercaban a la carretera, con las puertas abiertas en todos excepto uno, el cual voló en círculos, abriendo las puertas.
Había visto la película La Caída del Halcón Negro un par de veces.
Sabía lo que veía.
Cuerdas caían del borde, dando vueltas hasta la carretera. En cuestión de segundos, soldados aparecieron en las puertas de los helicópteros, vestidos completamente de negro, con los rostros escondidos detrás de cascos protectores. Algunos se fueron por las cuerdas, descendiendo en rappel2. Otros se arrodillaron en los bordes de los helicópteros, apuntando sus armas, las que me recordaban a un pequeño lanzador de cohetes.
Eran las mismas armas atadas en las espaldas de los soldados que corrían por la calle, armas de energía, proyectiles impulsores de energía.
Armas letales para los Luxen, híbridos y Orígenes.
Ay mierda.
Bella PDV
Cada parte de mi cuerpo dolía. Las cosas pasaron de "Ay mierda" a "Estamos jodidos" en cuestión de segundos. De verdad estábamos jodidos de cada manera posible.
Los hermanos se deslizaron en su forma humana, empujándome hacia atrás contra un auto de policía destrozado mientras los soldados caían en la calle. No teníamos ni una posibilidad. No con tantos soldados descendiendo como lluvia alrededor de nosotros.
La mano de Edward se apretó alrededor de la mía mientras uno de los Luxen retrocedía, enviando un rayo de la Fuente al helicóptero más cercano. La energía golpeó justo debajo de las hélices. Chipas volaron mientras el helicóptero viró bruscamente, girando fuera de control hacia los pinos. El impacto hizo temblar el suelo, y la ola de calor proveniente de la bola de fuego me obligó a retroceder más contra el auto de policía.
Un solado se inclinó sobre una rodilla, elevando su arma. Hubo un destello azul al final de la boca, y luego la luz salió, muy parecida a la de la Fuente, pero era de un radiante brillo azul. Se estrelló contra el Luxen, iluminándolo como si hubiera sido golpeado por un rayo. Hubo una vibrante onda de color roja-blancuzca, y luego el Luxen cayó hacia atrás.
Mientras el brillo se apagaba en él, era obvio de que se encontraba sin vida.
Todo un infierno se desató.
Ondas de las armas de energía salieron sin parar hacia el otro lado de la calle, como lo hacía la luz de la Fuente. Ambos lados caían rápidamente, derribándose como una fila de dominó.
—Jesús —gruñó Edward cuando me empujó hacia un lado.
Golpeé el pecho de Emmett mientras un rayo perdido de energía caía en el auto de policía. Me empujó alrededor del capó y siguió empujándome, pero me clavé en mis talones, estirándome alrededor del auto así podía ver a Edward.
Él se movía alrededor de los autos abandonados, luces azules y blancas parpadeaban a través de su forma.
—¡Alice! —gritó.
Mis ojos buscaron a su hermana, encontrándola más lejos de la carretera, cerca de Royce, que se retiraba rápidamente. Se dirigía hacia ella, esquivando por poco ráfagas de luz. Mi corazón saltó en mi pecho cuando una explosión del arma de energía golpeó el suelo a sólo unos pocos centímetros de sus pies.
—¡Edward! —Comencé a caminar hacia él, pero fui agarrada desde atrás.
—¡Vas a conseguir que te maten! —Emmett me tiró contra su duro pecho, y mientras luchaba para liberarme, levantó mi pie lejos del suelo.
Agarré sus antebrazos, pateando.
—¡Suéltame!
Emmett siguió tirándome hacia un lado de la carretera mientras Edward saltaba sobre un Sedán, corriendo hacia su hermana. Edward se giró, y cerca de la limosina, los destellos de luz eran casi cegadores.
—Dios mío —murmuró Emmett en mi oído—. Míralos.
Por un momento, todo lo que podíamos hacer era mirar. Me puso abajo, aflojando su agarre. Compartíamos el mismo objetivo, quizás morbosa fascinación.
Uno por uno, los Luxen eran cargados e interceptados por una ráfaga de las armas de energía de los soldados, quienes se formaron en una línea casi impenetrable.
Todos los luxen se hallaban conscientes de las armas, pero ellos no parecían comprender el hecho fundamental de que todo lo que se necesitaba era una ráfaga. Pero en lo que a mí respecta, podían seguir corriendo directo hacia los soldados todo lo que quisieran. ¿¡Qué esperaban!?
Como sea, dos soldados corrían por el centro de la carretera, entre los autos, buscando a los Luxen que parecían tener una pizca de sentido común y huían.
Uno de los soldados se dirigió directo hacia Edward, quien había atrapado a Alice y la tenía por los hombros, sacudiéndola. Royce se encontraba a un lado de la carretera, demasiado cerca de ellos. Un grupo con nada más que malas cosas escritas por todas partes iba a bajar.
Todo en lo que podía pensar era en llegar a Edward.
Golpeé con mi pie el de Emmett, sorprendiéndolo, y me liberé, corriendo hacia el lado de la carretera, sus maldiciones siguieron cada uno de mis pasos. El dolor se entrelazaba en mi pierna mientras corría a toda velocidad entre una Hummer y un auto de policía.
El soldado se puso sobre una rodilla, nivelando el arma.
Más adelante y delante del soldado, Alice se liberó de su hermano, con el rostro contorsionado.
—¡No!
—¡Por favor…! —La agarró otra vez.
—No. ¡Tú no lo entiendes! —Lo empujó, y él se tambaleó, más que todo por el asombro que por su fuerza—. Por una vez, no me duele. No me preocupo. Quiero esto.
Una luz azul ondeaba en el extremo de la boca del arma, pero ya no podía utilizar más de la Fuente. Me sentía agotada, aniquilada. Empujé con todas mis fuerzas, más que dispuesta a ir mano a mano.
No me encontraba a más de tres metros del soldado arrodillado cuando otro soldado abruptamente salió delante de mí. Patinando hasta detenerse, perdí el equilibrio y caí sobre mi trasero.
El extremo de una arma de energía fue plantada en mi rostro.
—No te muevas —dijo una voz ahogada desde detrás del casco.
Una luz azul se encendió de la otra arma, y el horror zumbó a través de mí mientras gritaba. Edward se dio la vuelta, protegiendo a su hermana incluso cuando se liberó de él una vez más. El arma de energía disparó una ráfaga a través de los autos, forjando la distancia entre el arma y donde Edward y Alice se encontraban parados, golpeando a su blanco en el pecho.
Detrás de ellos, Royce fue lanzado hacia atrás, entrando y saliendo de su forma humana. Su cabeza golpeó la carretera mientras gritaba. El brillo que lo rodeaba palpitó una vez, y luego no había nada.
El soldado no había estado apuntando a Edward… y Edward se quedó mirando fijamente, con los ojos abiertos como platos y su pecho subiendo y bajando bruscamente.
Alice dudó, y luego se giró, cambiando a su forma de luz y desapareciendo entre los gruesos árboles de pino. Luz azul rebotó en los troncos de los árboles, después de su retiro. Edward comenzó a girarse, para ir tras ella, pero se detuvo cuando me vio. Por el rabillo de mi ojo, vi a Emmett caminar hacia donde yo seguía sentada.
—Te dije que no te movieras —dijo entre dientes sin apartar la mirada del soldado con el arma apuntándome.
—Parece que eso resultó bien para ti —le respondí.
El otro soldado ahora tenía a Edward rodeado, acarreándolo de vuelta hacia donde nos encontrábamos. Cuando llegó a nosotros, lentamente se agachó.
—¡Quédate quieto! —gritó el soldado.
Ira salió de Edward mientras seguía avanzando, disparándole una mirada al soldado que gritaba que intentara detenerlo. El dedo en el gatillo convulsionó cuando Edward envolvió sus manos debajo de mis hombros y me levantó. Me colocó en el refugio de sus brazos, inclinando su cuerpo para que muy poco de mí se mostrara.
Un músculo vibró a lo largo de la mandíbula de Emmett.
—Bueno, mierda.
Hélices golpearon el aire, y en cuestión de segundos, otro Halcón
Negro coronó los pinos, descendiendo en medio de la calle, a un par de metros de nosotros, levantando viento y haciendo que mi cabello saliera de debajo de los brazos de Edward mientras me presionaba con más fuerza contra él.
Exhausta y golpeada, drenada como una esponja retorcida, sabía que estábamos acabados. Los tres. Si ellos abrían el fuego, todo terminaría.
Una sensación de malestar se arrastró por mi garganta. Quería cerrar los ojos, pero eso parecía como la escapatoria de un cobarde.
Hubo un sonido de metal pulido, y luego la puerta del helicóptero se abrió, lentamente revelando quien se encontraba arrodillada en el interior, mirándonos. Esperando. Como siempre.
Victoria Husher.
